lunes, 8 de agosto de 2016

Facimoutreach P-953

¿Por qué debería molestarme en defenderme cuando se me trata injustamente en mi negocio?

P-953: Mi marido y yo dirigimos una pequeña tienda. Últimamente hemos tenido una racha de experiencias en las que los proveedores nos enviaron mercancías dañadas, o se comportaban de un modo ligeramente hostil. Entiendo que estas experiencias simbolizan mi miedo a Dios, que produce culpa y la creencia en el castigo. Lo que es nuevo es que siento como que no puedo soportar discutir por nada de esto —estar enfadada con los proveedores, preocuparme por el dinero, ¡o hacer algo con respecto al asunto! Es como si simplemente no pudiera hacer nada más. «En mi indefensión radica mi seguridad» ((L.153)) se ha convertido en mi lema. Simplemente no puedo soportar la idea de defenderme en la mayoría de las situaciones. Eso me duele mucho. Y sin embargo, ahí está el (¿ego?) miedo de que estoy usando el Curso para evitar la confrontación, o malinterpretando la guía que busco pero sin nunca estar segura de haber escuchado correctamente. Siento como si en esta vida hubiera cobrado de más, o entregado bienes defectuosos de diversas maneras diferentes. ¿Por qué debería defenderme contra (o enfadarme por) el maltrato que otras personas me dispensan, cuando quiero perdonarlas? Preferiría simplemente ignorar (hacer caso omiso de) este tipo de incidentes y dejar que sucedan. Sólo quiero dejarlo a un lado y perdonar a todos, incluso si me cuesta dinero o me causa inconvenientes. Esto parece un precio pequeño a pagar por la paz mental. ¿Me estoy engañando a mí misma?

Respuesta: Como Un Curso de Milagros es una guía para cambiar tu mentalidad y no tu comportamiento, no hay un modo correcto ni incorrecto de manejar las cosas como estudiante del Curso. Sin embargo, puede ser útil aclarar a qué se refiere Jesús por indefensión. El concepto de indefensión del Curso no tiene nada que ver con el comportamiento. Es estrictamente sobre lo que sucede en la mente. Cuando elegimos al ego como maestro interno, empezamos con la premisa de que somos culpables por haber robado de Dios nuestra misma existencia. Entonces reprimimos esa idea y la proyectamos sobre los demás, convenciéndonos de que ellos nos robaron la paz de Dios. A nivel de la forma, reflejamos esta dinámica cada vez que nos enfadamos con otra persona. Si estamos molestos de que alguien que conduce otro coche nos cierra el paso en la autopista, o furiosos de que la gente nos roba nuestro dinero, subyacente a nuestra molestia está la acusación de que ellos robaron la paz de Dios.

Por otra parte, cuando elegimos al Espíritu Santo como Maestro interno, independientemente de lo que experimentemos en el mundo, sabemos que el Amor de Dios sigue estando en nuestra mente. Y puesto que está ahí, es obvio que ninguna de las cosas de las cuales nos acusamos han tenido ningún efecto, y por lo tanto tienen que ser imaginarias. Eso significa que somos inocentes, y si lo somos, entonces todos los demás tienen que serlo también. Sabiendo eso, es imposible hacer otra cosa que extender amor. Esta es entonces la definición de Jesús de la indefensión: cuando no sentimos la necesidad de defendernos porque nada tiene el poder de arrebatarnos nuestra paz.

Obviamente, muy pocos de nosotros podemos afirmar que hemos alcanzado ese estado (y la última cosa que deberíamos fingir es que lo hemos alcanzado). De hecho, el propósito del Curso es ofrecernos un mapa de carreteras para que logremos llegar a ese estado. Nos envía a un viaje interior, que consiste en convertir cada experiencia de nuestras vidas en un aula en la que aprender el perdón. Desafortunadamente, debido a nuestro condicionamiento para decidirlo todo basándonos en la forma en lugar de en el contenido, muchos estudiantes inadvertidamente pierden el rumbo (el juego de palabras es intencionado) ((se refiere a un juego de palabras en inglés, "get off course", que puede interpretarse a la vez como "perder el curso" en el sentido de perder el rumbo, o "perder el curso" en el sentido de dejar el Curso de lado al malinterpretar su enseñanza)) al suponer que perdonar significa —como has afirmado— hacer caso omiso de todo y dejar que suceda. Jesús no nos está pidiendo que hagamos eso. De hecho, dejar que los sucesos en los que parecemos ser la víctima simplemente sucedan, ya que tratamos de perdonar al agresor, a menudo nos conduce directamente a una cruel trampa del ego. No sólo hacemos que los sentimientos de ser víctima sigan en su sitio (y seguro que serán proyectados a otro lugar), sino que también nos hace sentirnos superiores a quienes parecen haberse portado mal con nosotros.

Por ejemplo, has dicho que quieres perdonar incluso si el incidente te hace perder dinero y te causa inconvenientes. Eso podría estar bien, pero asegúrate de que no estás suponiendo una relación causal que no existe. No creas que permitir que otra persona te quite algo o se aproveche de ti (en otras palabras, no creas que sacrificar algo) es una parte indispensable para que experimentes el perdón. En realidad no existe ningún tipo de vínculo entre el sacrificio y el perdón. Ni tampoco mereces ser maltratada ahora porque en el pasado hayas cobrado de más o hayas entregado bienes defectuosos. Al igual que el sacrificio, el sufrimiento y la venganza (o desquite "compensatorio") no desempeñan ningún papel en el perdón.

Es el ego el que ama estas maquinaciones porque implican que te conviertes en un héroe en tu propia mente (y quizás a los ojos del mundo) mientras que la otra persona se queda en villano. Y además mantienes tu creencia en los intereses separados. La otra persona ha hecho algo aparentemente deshonesto o poco amable y tú has decidido que lo que a ti te conviene es simplemente aceptar eso y por el bien de esa otra persona no afrontar en absoluto lo sucedido. Esto muy bien podría estar negándoos a ambos vuestras aulas ((por ejemplo, puede ser que, a veces, callarse haciendo caso omiso de un asunto prive a las personas implicadas del aprendizaje que se produciría si reclamas tus derechos, lo cual podría ser una oportunidad de aprendizaje para practicar el perdón mientras se hace tranquilamente —pero de manera firme, si es preciso— la reclamación)).

Hay muchas probabilidades de que se podría facilitar una mayor curación al hacer lo que hacen las personas denominadas normales, pero dando un propósito diferente a las acciones. En otras palabras, tomar las medidas adecuadas para evitar que otros se aprovechen de ti, pero hacer eso sin odiarles o atacarles mentalmente. Eso, por supuesto, requiere que antes de que hagas algo, le pidas ayuda al Espíritu Santo para que mire contigo la culpa, el miedo y la ira que aún siguen en tu mente. Esto siempre te llevará a descubrir el proceder (las medidas a tomar o a no tomar, la manera de relacionarse) que será mejor para los intereses que compartes con tu hermano —despertar de este sueño. Y entonces sentirás una verdadera sensación de paz que dejará claro que no te habrás engañado a ti misma.

Link original en inglés: http://www.facimoutreach.org/qa/questions/questions192.htm#Q953

Índice de las P&R traducidas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/11/indice-de-traducciones-de-p-de.html

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