viernes, 17 de febrero de 2017

El mito de las 4 divisiones de la mente

La Verdad ES. No hay alternativa. No hay dualidad. No hay sueño de apariencias. No hay engaño o ilusión, y por lo tanto en realidad no hay necesidad de despertar. Nuestro Ser ya está despierto, como siempre lo ha estado y siempre lo estará. Pero puesto que parecemos habernos colocado a nosotros mismos en la imposible situación de que nuestra experiencia parece ser la de habernos separado de la Unidad, y por lo tanto nos experimentamos divididos, carentes, limitados, en medio de los conflictos de la dualidad, entonces no tenemos nada mejor que hacer que partir de lo que parece ser nuestra experiencia actual (este es nuestro punto de partida) y desde aquí aceptar la única ilusión relativamente útil: la ilusión de despertar de la dualidad.

Nunca olvidemos que sólo la Verdad ES, y que todo lo que hablemos con respecto al despertar es siempre relativo, metafórico: no es la pura verdad, sino un mito útil para acelerar que experimentemos la última de las ilusiones, el despertar. Tras el despertar, todo estará claro. Sólo entonces podremos desprendernos de todas las ilusiones, incluso de las ilusiones beneficiosas que nos ayudan a despertar. El proceso del despertar, aun siendo también ilusorio, es la ilusión que pone fin a todas las ilusiones, incluida ella misma. Muchos sabios han dicho que un clavo saca otro clavo, una espina puede servir de herramienta para sacar otra espina. Cuando un clavo o espina (la creencia en la separación) nos produce sufrimiento, podemos usar otro clavo/espina (el proceso de despertar en cualquiera de sus variantes) para librarnos así del clavo que nos causa dolor. Sin embargo, finalmente ambos clavos serán desechados, tanto el "bueno" como el "malo", pues ambos son ilusorios. Esto quiere decir que en la Verdad pura no hay "clavos" de ningún tipo (ni sufrimiento, ni despertar del sufrimiento), pues sólo hay plenitud ininterrumpida y nunca ha habido ni habrá otra cosa. Pero mientras nos parezca estar fuera de la Verdad pura, nos será muy útil el proceso del despertar, por muy ilusorio y metafórico que sea en última instancia.

Así pues, hablemos de metáforas útiles.

El mito de la separación

El mito de la separación es la idea de que hemos salido de la Unidad y, al separarnos de Ella, nos hemos dividido en carencia/dualidad. Es un mito o metáfora porque en realidad eso no ha sucedido: seguimos siendo la Unidad. Pero es una metáfora útil, dado que creemos estar experimentando una situación de dualidad. Esta metáfora, bien usada, puede ayudarnos a dejar atrás este absurdo de la apariencia de dualidad, y a que experimentemos de nuevo y para siempre la perfecta dicha de nuestro verdadero ser, nuestro estado natural o Verdad Absoluta.

Según este mito de la separación, hemos producido la apariencia de dualidad al haber proyectado nuestra mente hacia un supuesto "afuera" de nuestro Ser. De esta proyección "externa" de la mente emergen todas las ilusiones, incluso el llamado "mundo físico". Nuestra tarea ahora es volver la mente hacia dentro, lo cual deshace por completo la ilusión, al dejar uno de creer en la separación.

Lograr volver completamente la mente hacia dentro no es tan fácil como se podría pensar, porque no es suficiente con saber o comprender intelectualmente que la separación es irreal. Una parte de nuestra mente, a nivel inconsciente para nosotros, se aferra insistentemente a la separación, temerosa de perder la ilusión de individualidad. Y la clave de la práctica espiritual es ayudarnos a deshacer esta resistencia inconsciente a despertar.

Así que aquí proponemos las palabras "volver la mente hacia dentro" como un modo de referirnos al proceso (ilusorio, pero de momento necesario) del despertar. Para entender el uso práctico que le damos aquí a esta idea, son útiles algunas metáforas complementarias, relacionadas con el mito de la separación, y en este post vamos a describir una de ellas: "El mito de las 4 divisiones de la mente".

El camino espiritual o proceso del despertar es un "viaje sin distancia" porque, como ya hemos dicho, es en última instancia un proceso ilusorio, porque solo la Verdad ES y no hay nada más; la separación nunca ha ocurrido. Algunos buscadores se confunden y utilizan palabras que expresan la verdad absoluta, pero usándolas como un modo de justificar patrones egoicos. Por ejemplo, uno puede, bajo la influencia del sistema de pensamiento del ego, creer que no necesita llevar a cabo ninguna práctica espiritual, debido a que el Ser ya ES, así que "¿para qué tratar de esforzarme para ser lo que ya soy?". Sin embargo, con esta actitud no se hace más que retrasar el despertar. Es una actitud de "reprimir las lágrimas", en la que uno se cierra a reconocer el sufrimiento/carencia que en realidad está experimentando. Mientras no haya una plenitud constante e ilimitada, más allá de todo límite y de todo lo corporal, uno estará dormido en dualidad, y aunque crea que no es así, tarde o temprano sentirá como que experimenta una "recaída". Y seguirá siendo un buscador, aunque niegue serlo. La búsqueda está en todos los durmientes, simplemente unos son conscientes de estar buscando, mientras que en otros la búsqueda es inconsciente. Pero el mero hecho de no estar experimentando plenitud es una carencia, un sufrimiento, una búsqueda, un grito de dolor pidiendo encontrar algo que llene ese hueco o vacío aparentemente producido por la creencia en la separación/dualidad.

Por lo tanto, lo más sensato es tener la humildad de reconocer que tal como nos estamos experimentando ahora no somos completamente felices, y así estaremos receptivos a los ecos del despertar, que provienen de nuestro interior aunque pueden reflejarse también en forma de símbolos "externos" como podrían ser libros, charlas, maestros, intuiciones, etc.

De un modo u otro, acabamos dándonos cuenta de que hemos proyectado la mente hacia fuera, lo cual nos ha causado sufrimiento e infelicidad, y entonces nos mostramos dispuestos a utilizar alguna práctica espiritual, es decir, alguna de las maneras de "volver la mente hacia dentro".

Para comprender mejor la práctica de nuestro regreso a Dios, conviene que primero echemos un vistazo a cómo nos hemos alejado —aparentemente— de Dios, para darle la vuelta a la situación (volver la mente hacia dentro). Y por consiguiente es útil la siguiente propuesta del mito de la separación, titulada "Divisiones de la mente", pues es un esquema útil que nos ayudará en nuestra práctica, acelerando el discernimiento, el desapego, el proceso del despertar.

El mito de las 4 divisiones de la mente 

Esta es una metáfora muy útil y vamos a detenernos un rato a describirla. Aun así no vamos a entrar en tantas explicaciones como en dos libros que han servido de inspiración para esta descripción. Estos dos libros pueden ser útiles para aquellos que quieran profundizar en este esquema de las divisiones de la mente. Son «La Desaparición del Universo», de Gary Renard, y «El Mensaje de UCDM», de Kenneth Wapnick.

Repito una vez más que es muy importante tener en cuenta que la siguiente descripción es una metáfora o mito, no algo verdadero en términos absolutos. Recordemos, incluso el proceso del despertar es ilusorio. Solo Dios ES. En términos totales (la verdad absoluta) no hay nada más. Pero como nosotros parecemos sufrir o vivir en carencia en dualidad, queremos despertar. Y el siguiente mito puede sernos enormemente valioso en la práctica de nuestro proceso de despertar. Así que vayamos con ello.

Antes de la primera división 

CIELO - ESPIRITU
(el puro Ser, sin límites de ningún tipo, total Unidad y Plenitud) (Antes de las divisiones del sueño de la dualidad)

Antes de la separación todo era perfecto. Decimos que así "era", como si fuese algo del pasado. Sin embargo, Eso sigue siendo eternamente nuestra Realidad, ahora, siempre. Es la Verdad Absoluta. Pero nos viene bien hablar de Ella con verbos en tiempo pasado porque en nuestra experiencia "presente" (nuestro falso presente) parecemos haber perdido la vivencia o conocimiento no-dual que es la Verdad. Así pues, hablemos como si la Verdad fuese algo pasado. Antes de la separación, todo era perfecto. No había ilusiones, apariencias, ni conflictos, límites ni problemas. No había espacio, ni tiempo, ni un mundo de cuerpos y formas. No había mente limitada, por lo que no había opuestos de ningún tipo (ni "integrados" ni separados). No había miedo, ni incomodidad, ni la más mínima interrupción del gozo de Ser. Lo único que había era total y constante plenitud. Esta vida tan deliciosa era y sigue siendo nuestro estado natural, el cual no se puede describir con palabras, pero cuando lo experimentemos recordaremos que Eso es lo único que siempre hemos querido realmente.

Pero de repente... pareció ocurrir algo que en realidad nunca ha ocurrido.

La primera división de la mente

1ª división de la mente
De repente, pareciera que una idea novedosa se coló en la Unidad. Fue la idea de la separación. Para ilustrar aquel "suceso", en este mito diremos que es como si de repente hubiese surgido una idea parecida a lo siguiente: "¿Qué tal sería lo opuesto de esta Unidad?". O diversas variantes para ilustrar lo mismo: "¿Qué tal sería hacer las cosas por mi cuenta? ¿Y si fuese posible tener una conciencia individual?". (No se trata de algo literal, sino que son preguntas para ilustrar o reflejar mínimamente algo que pareció suceder en una mente no-humana, transtemporal, la cual no podemos concebir con nuestros pequeños intelectos humanos).

Y dicho y hecho. Lo que la mente piensa, es lo que la mente experimenta. Entonces pareció suceder lo imposible: la separación de la Unidad. Al "suceder" esta separación (en realidad no sucedió), nuestro estado natural de Unidad quedó apartado de nuestra experiencia consciente, con lo cual el Cielo o estado de plenitud natural se convirtió en tan solo un recuerdo en nuestra mente. Nuestra experiencia ahora era la de una mente separada. Una única mente separada del Cielo/Dios; en esta mente estábamos incluidos todos, pues en este momento de este relato mitológico todavía no se había proyectado el universo de las formas y del tiempo, en el cual la mente separada se fragmentaría en millones y millones de fragmentos, como veremos cuando hablemos de la cuarta división de la mente. Ahora, en esta segunda división de la mente, nos experimentamos como una sola mente, separada, apartada del Cielo, que ha perdido su plenitud, que ya no experimenta la Unidad del Cielo, aunque todavía la recuerda.

Como el propósito de este mito de las divisiones de la mente es facilitar la comprensión del proceso de despertar del sueño de la dualidad, que es un proceso al que podemos llamar discernimiento, autoindagación, o proceso del perdón, entonces por motivos prácticos nos va a venir bien antropomorfizar el vocabulario empleado aquí, ya que esto nos resultará útil al abordar las divisiones tercera y cuarta, así como para explicar la práctica del despertar o proceso del perdón, mediante el cual volvemos la mente hacia dentro (hacia lo que se había vuelto inconsciente para nosotros). Por eso, digamos que el estado natural podemos llamarlo Dios, o incluso mejor para nuestros propósitos, podemos llamarlo Unidad del Padre y el Hijo. Son simples palabras. Dios sería la Totalidad Original o Cielo, nuestra Fuente. El Hijo sería Cristo, que en realidad, aquí (en el nivel de la Unidad o verdad absoluta) es equivalente al Padre y es lo mismo que Dios, pues Ambos no son dos sino Uno y comparten el mismo Ser. Ni siquiera usaríamos nombres diferentes, ni hablaríamos en plural, si no fuera porque nos conviene en nuestras posteriores explicaciones (para ilustrar mejor la separación y la práctica para transcenderla necesitamos también algunos nombres separados). Pero sepamos que aunque estemos usando palabras diferentes, a nivel de la Unidad hay un único Ser.

Cuando pasamos de hablar de la Unidad (antes de la supuesta separación) a hablar de la primera división de la mente, en nuestro mito podemos describirlo como que una idea absurda surgió en la mente del Hijo, y tal idea condujo a que el Hijo se experimentara como una conciencia separada, individual, apartado del Cielo o del Padre/Dios, el cual ahora es solo un recuerdo. En este momento, tras la primera división, todavía se recuerda el Cielo/Unidad, pero esta experiencia de conciencia individual no resulta nada satisfactoria porque aunque aquí aún recordamos la Unidad, ya no la experimentamos. Ya no disfrutamos del infinito gozo del Ser. ¿Y cómo afronta el Hijo esta novedosa y desconcertante situación? Esto corresponde a la segunda división de la mente.

La segunda división de la mente
2ª división de la mente

La mente separada o dividida tiende a seguir dividiéndose una y otra vez, al igual que una célula se divide en dos y luego cada una de las partes vuelve a dividirse y así sucesivamente (dicho sea de paso, la división de las células es un reflejo, a nivel de la cuarta división de la mente, del mismo proceso de separación que se ha iniciado en el nivel metafísico de la mente). Así pues, la mente separada vuelve a dividirse, sintiendo en sí como dos actitudes o maneras de afrontar la desagradable situación de separación que ahora experimenta. Estas dos actitudes pueden llamarse mentalidad correcta y mentalidad errada. Si las antropomorfizamos, la mentalidad correcta podemos llamarla Espíritu Santo o Maestro interior, o nombres similares para el recuerdo de la verdad en nuestra mente. A la mentalidad errada podemos llamarla simplemente ego, y es el sistema de pensamiento de la separación: la creencia de que la separación es algo real y muy serio.

Así pues, la mente del Hijo percibe ahora dos maneras de interpretar lo que ha "sucedido": puede reírse de este absurdo de la separación, reconociendo que lo que es imposible es imposible y no puede ser experimentado. Esta actitud nos conduciría a dejar de lado la separación y a "volver" a nuestro estado natural de Unidad. Esta actitud podemos decir que es lo que constantemente nos inspira el Maestro interior o Espíritu Santo (que es simplemente el recuerdo de la verdad, todavía activo en nuestra mente aunque sepultado por las capas y capas de ilusión que le hemos puesto encima para olvidarlo, como veremos un poco después). Si hubiésemos elegido esta actitud, asunto resuelto. Estaríamos de nuevo experimentando la Verdad y tan felices siendo Uno, experimentando lo que realmente somos, lo único que ES.

Es como si el ego nos dijera: "¡Mira lo que has hecho! ¡Esto es grave! ¡Has roto la Unidad! Estás en serios problemas...". Y a continuación el Espíritu Santo nos susurrara tranquilamente: "Riámonos de esta absurda idea de la separación, pues es imposible estar separado del infinito. Ríete de esto y despierta, y retorna así a la Unidad". Y al mismo tiempo, el ego tomara medidas para evitar que hagamos caso del consejo del Espíritu Santo, y entonces el ego nos dijera algo como: "No escuches al Espíritu Santo, Él busca tu ruina. Si vuelves a la Unidad, morirás, dejarás de ser, pues ya no serás esta individualidad que ahora experimentas". A pesar de las amenazas del ego, bastaba con reírnos de lo absurdo y dejar de creer en ello para que despertáramos del absurdo sueño de separación.

Pero no elegimos reírnos de la absurda idea de la separación, sino que decidimos tomarla en serio, lo que nos condujo a preferir al ego, es decir, a seguir apostando por la separación, lo cual nos llevó a la tercera división de la mente.

Hay que señalar que cada vez que la mente se divide, deja atrás la situación previa y pasa a enfocarse en la nueva situación. Es decir, cuando la mente del Hijo experimentó la primera sensación de individualidad (primera división de la mente), se volvió inconsciente de la experiencia de Unidad o Dios, la cual pasó a ser simplemente un recuerdo. Tras la segunda división, la unidad de la propia mente individual del Hijo es la que pasa a ser un recuerdo, pues se divide en dos actitudes mentales diferentes: la del ego y la del Espíritu Santo.

Con la tercera división, en la que el Hijo elige interpretar lo sucedido de acuerdo con el sistema de pensamiento del ego (creyendo que la separación es real y algo muy serio, algo grave), lo que esta división acarrea es que además se olvida la mentalidad correcta o Espíritu Santo. El Espíritu Santo o recordar que no ha pasado nada grave y que podemos reírnos de ello y simplemente despertar de este absurdo, se pierde de vista: el Espíritu Santo pasa a ser un simple recuerdo.

La tercera división de la mente

3ª división de la mente

Tras la tercera división, el ego por fin parece poder respirar un poco: parece haberse librado del Espíritu Santo, y con ello de la continua amenaza de escucharle decir que no ha sucedido nada serio, que de hecho no ha sucedido nada, lo cual nos despertaría de nuevo a la Verdad. Ahora que el Espíritu Santo ya no es un incordio para el ego, el ego ve más fortalecida su posición. Pero sigue temiendo el desastre: la pérdida de su recién adquirida existencia individual o ego. El peligro sigue estando ahí, piensa el ego. Pues el Hijo, en cualquier momento, podría decidir que esta situación desagradable no le compensa y entonces cambiar de actitud y dejar de creer en la idea de la separación. ¡Dejar de tomarla en serio y de creer que es real! El ego considera este peligro como la prioridad ahora: debe proteger su propia existencia. Por lo tanto, tiene que impedir que el Hijo deje de creer en la versión que el ego le ha suministrado de lo sucedido. Esto se puede ilustrar con diversas metáforas complementarias entre sí (recordemos que este relato es metafórico). Por ejemplo, uno de los aspectos de la estrategia del ego podemos decir que fue ofrecer al Hijo un regalo tentador: la individualidad, o en otras palabras, el ser especial.

El Hijo podría despertarse del sueño con solo elegirlo, así que el ego toma medidas. Le dice que si vuelve al estado de Unidad, perderá la individualidad que ahora es: "¡Dejarás de ser! ¡Morirás!". Al mismo tiempo, lo tienta con la idea del placer de disfrutar de una existencia autónoma, independiente, individual, especial. Como si el ego susurrara: "No tendrás que seguir dependiendo de la Fuente, no tendrás que bailar el baile de Dios, sino que si me eliges, podrás tener tu propio Reino y hacer lo que quieras separadamente. Serás especial, podrás tener una vida solo para ti".

La amenaza de morir si se retorna a la Unidad es un motivo de miedo para el Hijo (pues ya no dispone de comunicación directa con el recuerdo de la Verdad o Espíritu Santo, sino que eso es ahora un recuerdo vaporoso y poco claro en la mente del Hijo). Aun así, el Hijo duda de lo que le dice el ego. Y la oferta de poder disfrutar de una existencia individual sí le parece interesante de todos modos. En definitiva, el Hijo, confuso, eligió una vez más al ego. Esto profundizó la estrategia del ego en esta tercera división de la mente y poco a poco llevó a la cuarta división. Pero seguimos en la tercera división. Ahora que hemos vuelto a elegir escuchar al ego, el ego continúa con su estrategia. Quiere que le consideremos nuestro más leal amigo, nuestro protector. Aún tenemos el vago recuerdo del Espíritu Santo y Su idea de que todo esto es de risa y que podemos dejar de creer en ello y despertar tranquilamente a la Verdad, que es amorosa Unidad y Vida perfecta. Pero el ego no quiere que conservemos ni siquiera ese vago recuerdo de la verdad o del Espíritu Santo. Pero ese recuerdo nunca puede desaparecer de nuestra mente, o no del todo. Así que el ego procura distraernos con sus sugerencias, para que nos concentremos en lo que el ego quiere, en vez de recordar lo que el Espíritu Santo nos susurra.

En este momento el Hijo se siente realmente mal. Siente que ha perdido la plenitud, el Cielo. El ego le dice que el Cielo está roto para siempre: "no tiene solución". Le dice que Dios murió debido al desgarro del Hijo dividiéndose de Él. Esto hace sentirse al Hijo inmensamente culpable. Es una culpabilidad tan abismal, tan descomunal y dolorosa, que con nuestro intelecto humano no somos capaces de concebirla. Entonces el ego ofrece al Hijo una solución. Es como si el ego le dijera: "Mira, no te preocupes, aquí estoy yo para ayudarte. Pero tendrás que hacer exactamente lo que te diga. Puedo ayudarte a que te desprendas de toda esta sensación de culpa". ¿Pero cómo? A estas alturas hay una sola mente separada, y fuera de ella no hay ninguna otra mente sobre la que poder descargar la culpa. Finalmente, el Hijo decidió seguir los consejos del ego. Y eso llevó a reprimir la culpa, que seguiría estando en la mente, pues no puede ir a ninguna otra parte que la única mente que hay, pero al menos el Hijo no va a ser consciente de esta culpa por haberla negado (reprimido). Sin embargo, lo que se reprime se proyecta (en la psicología humana, a nivel de la cuarta división de la mente, también existen estos mecanismos de represión y proyección, que ahí son un reflejo de la represión y proyección originales del nivel metafísico de la mente).

El gráfico con el que ilustro esta tercera división de la mente corresponde a este momento de la proyección a nivel de la mente metafísica. Es como que la mente del Hijo vuelve a dividirse en dos: el Hijo se identifica con un trozo de la mente separada con la que se identificaba antes. Se siente liberado de culpa, pues ha echado la culpa "fuera". El precio es que ahora percibe una amenaza: ¡UN OTRO! ¿¿Qué querrá?? Me temo que no tenga buenas intenciones... Y el ego completa la jugada, comentando: "¡Cuidado, es Dios que viene a por ti, a castigarte o tal vez a matarte por haber roto el Cielo, por haberle arrancado un trozo de Su Ser!". El Hijo está confuso y olvidadizo. Ya no recuerda el supuesto de que Dios estaba olvidado, incluso muerto. Ahora Dios está vivo. Tal vez sobrevivió, tal vez resucitó de algún modo... ¡y ahora Él reclama venganza! Según el ego, el Hijo atacó a Dios al separarse de Él, y ahora Dios busca venganza: busca recuperar el trozo perdido que el Hijo le robó, y así restaurar la Unidad, al precio de la muerte del Hijo, según el ego. O al menos la muerte de su existencia individual. El Hijo teme que realmente haya una seria amenaza de muerte. Y a partir de ese momento se muestra dócil y obediente a cada una de las sugerencias que le hace el ego. Esto conduce inexorablemente hacia la cuarta división de la mente, a la cual ya nos acercamos.

Hay que notar lo absurdo de la situación: Dios, que es total Amor, es ahora considerado por el Hijo como la Gran Amenaza, a instancias del ego. Esto se debe a que la culpa que antes sentía el Hijo por haber "roto" el Cielo, la ha negado y proyectado, con lo que ahora la culpa parece estar en otra parte... ¡Ahora parece haber un otro! ¡Es Dios, y Él es el malo, quiere matarme! Yo soy inocente, no tengo culpa de nada... La culpa es de Dios... Esto forma parte del ingenioso plan del ego. Si el Hijo ve a Dios como una amenaza, Le temerá y no habrá peligro de que elija retornar a Él. Esto minimiza la posibilidad de que el Hijo despierte del sueño de la dualidad. Es lo que el ego desea: continuar con la dualidad, con la existencia limitada individual.

El Espíritu Santo o Recuerdo de la Verdad queda también a distancia, con esta estrategia del ego. Pues en cierto modo, aquí en este sentido, Dios y Espíritu Santo son intercambiables. Cualquiera de Ambos representa el mismo peligro, que el ego se encarga de recordarle repetidamente al Hijo: "Dios, o el Espíritu Santo, te dice que vuelvas, que te ama... pero en realidad quiere engañarte para recuperar la existencia que Le has robado. Si Le escuchas, morirás. ¡Dios (o el Espíritu Santo) es un Asesino que solo busca matarte y vengarse de lo que Le hiciste!". (Además de este relato, el ego combina sus amenazas con otros relatos, sin importar que se contradigan entre sí, pues la mente del Hijo a estas alturas ya está ofuscada por el miedo. Por ejemplo, el ego relata también el mito de la expulsión del Paraíso: no fue el Hijo quien se quiso separar del Cielo/Dios, sino que fue Dios Mismo quien ha expulsado al Hijo del Paraíso... y no contento con eso, incluso ahora quiere matarle... ¡hay que huir de Dios!, dice el ego).

El Hijo, que ya lleva rato siguiendo las interpretaciones del ego, está cada vez más asustado. (Recordemos que hablamos del ego de manera antropomorfizada, pero realmente el ego es simplemente nuestra creencia e insistencia en la separación, que podemos llamar "sistema de pensamiento del ego" o simplemente "ego").

El Hijo está tan asustado que ya quiere escapar, pero ¡no tiene adónde ir! Sólo hay este reino de la mente, y es precisamente aquí donde Dios está buscando al Hijo para castigarle o matarle. El ego continúa con su estrategia: "Si sigues aquí, tarde o temprano Dios te va a encontrar y las vas a pagar todas juntas. Es inevitable. Aquí no tienes donde esconderte. Y Dios no tiene buenas intenciones. Es tú o Él: quiere recuperar la vida/existencia que Le robaste. O vives tú y muere Él, o vive Él y mueres tú. ¡Pero aquí no hay escondite posible!".

¿Qué hacer, entonces? Parece no haber salida. Y Dios es tan poderoso... es inconcebible para el Hijo esperar que podrá enfrentarse a Dios y sobrevivir. Ahora el ego ofrece una escapatoria: "Mira, todavía es posible que te escapes del castigo de Dios. Pero hay un solo modo de lograrlo. Tienes que hacer todo lo que te voy a decir. Con mi ayuda, podemos escaparnos a un universo al que Dios no puede ir. Un universo de espacio y tiempo, fuera de esta mente. Te dividirás en innumerables fragmentos, e incluso si Dios llegara a sospechar dónde estás, no podrá localizarte". El Hijo acepta; y entonces surge la cuarta división de la mente.

La cuarta división de la mente

4ª división de la mente

La cuarta división de la mente equivale a lo que los científicos han llamado Big Bang (lo cual es otra metáfora): la aparición del universo del espacio y del tiempo. En este mito de las 4 divisiones de la mente, consideraremos la fabricación de este universo de las formas no como un divertimento, sino como una especie de defensa contra Dios. En este sentido, el universo es el símbolo del ataque contra Dios (del ataque a nivel de la mente metafísica, en el que según el ego el Hijo atacó a Dios al arrancarle una parte de Su Ser, para así el Hijo poder establecer su propia existencia individual separada).

Cuando el Hijo aceptó la sugerencia del ego para la cuarta división, y fragmentarse en millones y millones, billones de fragmentos diferentes para formar el universo de las formas, el mundo del espacio/tiempo, como siempre sucede con cada división, el Hijo olvidó su situación anterior. Ahora se percibe como un cuerpo físico, rodeado por otros cuerpos, y el recuerdo de la mente metafísica queda sepultado en el inconsciente. Igualmente el Hijo se vuelve inconsciente de Dios. Sin embargo, los problemas no han terminado. El Hijo (ahora percibiéndose como un cuerpo) sigue sintiéndose culpable, limitado, en conflicto, etc. Esto es así porque tal como enseña Un Curso de Milagros, las ideas no abandonan su fuente. Es decir, el universo de las formas no es realmente algo externo a la mente, sino que... ¡sigue siendo mente! Y este universo de las formas, el nivel de la cuarta división, refleja toda la dinámica anterior, todos los procesos de la mente metafísica que hemos reprimido. Así que seguimos sufriendo. Por ejemplo, si a nivel metafísico proyectábamos la culpa sobre un "OTRO" que acababa siendo —según la versión del ego, que creímos— Dios que nos perseguía, ahora nos seguimos sintiendo perseguidos. Tal vez no le echamos ahora la culpa de todo a Dios, pero siempre tenemos a alguien a quien echarla. Algún otro cuerpo. Y nos vamos a sentir perseguidos porque al proyectar la culpa sobre otros, como nuestra mente en el fondo sabe que no hay mentes separadas de otras mentes (pues la mente separada original es una sola), la culpa entonces sigue estando donde siempre: en nuestra propia mente. Es como si la culpa tratara de retornar a nosotros; acabamos sintiéndola. Y una de las maneras en que podemos interpretar esto es percibiéndonos como que somos perseguidos. Alguien nos persigue o trata de perjudicarnos. No importa quién sea: nuestro jefe, nuestros padres, el gobierno, un vecino, un delincuente, un animal peligroso, etc.

Aquí en general vamos a poner ejemplos de humanos porque es nuestra experiencia, pero todo en el universo de las formas es parte de esta dinámica fragmentada de la cuarta división de la mente, reflejando la dinámica de separación de la mente a nivel metafísico. Los ríos se dividen en afluentes, las galaxias chocan entre sí (se "atacan"), hay día y noche, y dividimos el día y la noche en horas, y las horas en minutos, los minutos en segundos...

Nuestras experiencias en el mundo (la cuarta división de la mente) reflejan nuestras creencias en los 3 niveles anteriores de las divisiones de la mente. Por ejemplo, cuando a nivel del mundo somos desagradablemente sorprendidos o nos sobresaltamos, eso es un reflejo de la primera división de la mente (el sobresalto ontológico tras creernos separados de la Plenitud-Una). Cuando nos sentimos culpables a nivel del mundo, eso es un reflejo de la segunda división de la mente (pues a ese nivel creímos la explicación del ego de que habíamos roto el Cielo o asesinado a Dios). Cuando a nivel del mundo odiamos a otros o sentimos miedo, eso refleja la tercera división de la mente (en la que tememos la venganza de Dios), la cual a su vez refleja las dos divisiones anteriores de la mente (es decir, que el miedo a nivel del mundo hace eco a la vez del miedo a que Dios me asesine, y al mismo tiempo a un nivel más profundo hace eco de la culpabilidad inicial que siente la mente por creer haber asesinado a Dios y roto el Cielo).

La fragmentación continúa produciéndose una y otra vez: nuestros cuerpos se deterioran con cada segundo que pasa, etc. Esto es un mundo de opuestos, de conflictos, de dualidad. En esta descripción mitológica de las 4 divisiones de la mente nos centramos en las 4 divisiones principales. A partir de aquí, el resto son reflejos de las anteriores. La solución a todas ellas es la misma y única solución: el proceso del despertar, basado en el discernimiento, también llamado según las distintas versiones como proceso del perdón, autoindagación, etc. Solo al dejar de proyectar la culpa inconsciente, volviendo la mente hacia dentro y reconociendo la ilusoriedad de la culpa (pues la separación nunca ocurrió realmente, lo cual la Voz del Espíritu Santo nos sigue recordando una y otra vez), es como despertaremos del sueño de la dualidad y de todo su sufrimiento y dolor.

Cuando el Hijo se dividió en millones y billones de fragmentos, cada uno de los fragmentos del Hijo siguió siendo un reflejo del Hijo original, en el sentido de que cada fragmento dispone en sí del Espíritu Santo o recuerdo de la Verdad. Es como algo holográfico. Cada fragmento del Hijo sigue reflejando tanto la culpa (el sistema de pensamiento del ego y sus aparentes consecuencias) como el recuerdo de la verdad (el sistema de pensamiento del Espíritu Santo; por ejemplo, el recuerdo de que la culpa es ilusoria porque la separación no ocurrió). Y cada fragmento del Hijo posee también la capacidad de elegir entre ambos sistemas de pensamiento. A esta capacidad algunos le han dado el nombre práctico de "tomador de decisiones". Y a pesar de que el elegir es algo ilusorio a nivel de la Verdad Absoluta, mientras nos experimentemos como cuerpos estaremos obligados a elegir cientos de cosas cotidianamente. La mayoría de las decisiones que solemos tomar forman parte de la estrategia del ego para mantenernos anclados al conflicto y a la individualidad. Pero nuestro tomador de decisiones (nosotros mismos) tiene a su disposición la única elección realmente pertinente a nivel de esta cuarta división de la mente (o a nivel de cualquiera de las otras divisiones, todas ellas en el plano de la ilusoria dualidad): la elección entre el sistema de pensamiento del ego o el sistema de pensamiento del Espíritu Santo. En diversos posts de mis blogs explico cómo va esto en la práctica, pero de momento digamos simplemente que podemos expresar esta elección como la elección entre las dos únicas posibilidades relevantes, que en palabras podemos expresar de diversos modos: elegir tomarnos las cosas (los conflictos, los problemas) en serio, o por el contrario, reírnos de ellos (no en el sentido literal de reír físicamente, sino la relajación de saber que no es algo real).

Otra forma de expresarlo es que elegimos entre el ego y el Maestro interior. O entre dormir y despertar. Entre separarnos de los demás o unirnos a todos.

Esto, en la práctica, es expresado en el mundo de miles de formas diferentes. Pero todas estas formas pueden siempre reducirse a dos: o le estamos siguiendo el juego al ego, o nos alineamos con el Maestro interior o Espíritu Santo (lo cual es el proceso del perdón no-dual).

Hemos presentado estas 4 divisiones de la mente como una secuencia lineal, aunque en cierto modo estas 4 fases están sucediendo a la vez. El tiempo lineal es una ilusión. En realidad todo el tiempo sucede a la vez. Más exacto sería decir que todo sucedió de golpe, todas las épocas por ejemplo ya han terminado y estamos como reviviendo el pasado. Y todavía más exacto sería reconocer que el tiempo no existe en absoluto, nada sucede, nada sucedió ni sucederá jamás a nivel de separación o de formas. La separación nunca tuvo lugar. Esto es la Verdad Absoluta, la cual el proceso del perdón que vuelve la mente hacia dentro nos ayudará a "recuperar" (en realidad la Verdad nunca se ha perdido). En la Verdad no se elige: se ES. Pero puesto que nuestra experiencia cotidiana es de conflicto, percibiéndonos como cuerpos que necesitan comida, bebida (lo "otro", lo "externo"), cuerpos que se deterioran y mueren, cuerpos sujetos a cientos o miles de decisiones diarias (en nuestra aparente existencia individual), en la práctica lo más beneficioso es adoptar la actitud que nos va a despertar del sueño de la dualidad: elegir volver la mente hacia dentro. Elegir el perdón. El discernimiento. Deshacer la creencia en la separación, dejando de creer en ella, guiados por el Maestro interior y Sus reflejos en nuestro aparente mundo.

Este mito de las 4 divisiones de la mente nos sirve de transfondo para el tema de la práctica espiritual para despertar del sueño de la dualidad. De lo que se trata es de volver al punto en que cometimos el error (metáfora) de creer en la versión del ego con respecto a "lo sucedido" (la aparente separación), a nivel de la mente metafísica, y esta vez elegir bien, elegir la interpretación del Espíritu Santo y simplemente despertar del sueño de la dualidad. Pero puesto que nuestra experiencia práctica ahora es percibirnos como cuerpos (la cuarta división de la mente), este proceso del perdón o de reversión de la mente, este proceso de retirar nuestras proyecciones, comienza de abajo arriba, desde el nivel del mundo o cuarta división.

En realidad no estamos aquí en el mundo. Pero nos percibimos como estando aquí, atados a cuerpos y asociados o enfrentados con otros cuerpos. Así que hemos de tomar esto como nuestro punto de partida. El proceso del perdón es muy práctico; no se nos pide nada que no podamos dar. Somos capaces de dar los pequeños pasos del perdón, que nos conducirán a despertar.

No estamos aquí en el mundo, pero nuestra mente se percibe a sí misma como un cuerpo, incluido en un mundo de cuerpos/formas. Pero este mundo "físico", no es físico; es mental. Sigue siendo mente. Todo es mente. Puesto que el mundo es una ilusoria imaginación de la mente, podemos despertar de esta fantasía/alucinación; dejando de creer en ella. Esto podemos hacerlo muy poquito a poco. No se requiere que sacrifiquemos nada, ni que seamos duros o fríos con el cuerpo. No hay por qué castigar al cuerpo, ni rehuirlo. Si lo rehuimos estamos simplemente concediéndole realidad. Pero no tenemos por qué temer lo que simplemente es ilusorio. Basta con que lo percibamos de la manera correcta. La percepción correcta sigue siendo ilusoria (toda percepción es ilusoria), pero deshace la percepción falsa y así nos lleva de vuelta al conocimiento del Ser puro: la Verdad Absoluta. La percepción correcta es lo que deshace a la percepción falsa. Un clavo saca otro clavo. Y entonces brota lo que nunca se había ido, pero que habíamos reprimido: el conocimiento de la Verdad de Unidad.

No tenemos por qué sufrir. Todo sufrimiento es ilusorio. Sufrimos porque hemos elegido la separación a nivel de nuestra mente inconsciente. Esta separación de Dios, de la plenitud, es por fuerza dolorosa y produce sufrimiento, pues creemos haber perdido la Totalidad, la Plenitud. Así que a nivel del mundo sentimos sensaciones que reflejan eso: conflicto, dolor, limitación, carencia, hambre, sed, miedo, culpa, ira, odio, depresión, desesperación, obsesión, ansiedad, falta de paz, etc. Todo esto tiene una solución que es simple, aunque al principio no parece fácil: la práctica del proceso del perdón.

En el proceso del perdón-no-dual procedemos de abajo arriba: desde los problemas y conflictos en nuestro mundo aparentemente físico hasta la mente metafísica que hemos olvidado y de la que nos hemos vuelto inconscientes. A nivel de la mente metafísica sabemos que hay una sola mente separada, que todos somos uno: todos inocentes o todos culpables, pero todos uno: todos soy yo. Si critico o condeno a alguien, me estoy condenando a mí mismo. Si odio a alguien, me estoy odiando a mí mismo (por haber elegido la separación de Dios, a nivel de la mente metafísica inconsciente). Nuestro único problema es nuestra creencia en habernos separado de Dios/Plenitud. Es un problema universal, el mismo para todos nosotros. Incluso los ateos tienen esta creencia. No importa que a nivel externo/humano alguien no crea en Dios o en la Mente Pura. La mente inconsciente de todos (la mente separada global) sí es consciente de haber elegido "mal", y se siente culpable, aunque al mismo tiempo confundida, sin llegar a determinar del todo la naturaleza de su error. Puesto que esa mente somos nosotros mismos, podemos "ayudarla" practicando el proceso del perdón.

Al practicar el perdón, en realidad nuestra práctica no la estamos llevando a cabo aquí en el mundo, sino al nivel profundo de la mente. Pero al principio a nosotros nos parece que es aquí en el mundo donde perdonamos, y está bien así (son etapas del proceso del perdón). Procedemos de abajo arriba, perdonando los símbolos que percibimos, aunque en realidad nuestro perdón a nivel del mundo es simplemente un reflejo del perdón que a nivel metafísico nuestra mente está comenzando a aceptar (esto para nosotros suele ser en gran medida inconsciente). Pero nuestro papel es simplemente perdonar (me refiero al perdón-no-dual; abajo de este post doy más detalles de dónde encontrar información para aprender a perdonar) los símbolos conflictivos que percibimos en nuestra vida, y al nosotros entregarle al Espíritu Santo o Maestro interior los símbolos que hemos perdonado, el Maestro interior se ocupa del resto, corrigiendo el error de la separación, en lo profundo de nuestra mente inconsciente, y facilitando los ajustes idóneos en nuestra vida percibida a nivel de la cuarta división de la mente (a veces nuestras circunstancias parecerán cambiar; otras veces parecerá que el símbolo externo de conflicto se mantiene, pero podremos estar en paz interior independientemente de las aparentes circunstancias externas). Nosotros, a nivel humano, podemos relajarnos. Nuestro papel es simplemente perdonar. No tenemos que controlar nada. No somos el hacedor. El humano ni siquiera existe... el único uso verdaderamente útil que le podemos dar a nuestra aparente faceta humana es usarla para despertar del sueño. Usarla para unir en vez de separar. Para amar en vez de odiar. Para perdonar en vez de condenar.

Para más comentarios, temas y metáforas sobre el proceso del despertar pueden verse numerosos posts incluidos en mis blogs, entre ellos la selección de temas incluida en el índice titulado TEMAS Y RESPUESTAS: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/p/blog-page.html

La información más completa sobre el proceso del perdón se encuentra en la enseñanza llamada Un Curso de Milagros, y hay aclaraciones utilísimas sobre este proceso en el libro "La desaparición del universo", de Gary Renard, y en muchos de los libros de Kenneth Wapnick. Los interesados en abordar a fondo este camino pueden recurrir a tales obras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario