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sábado, 20 de junio de 2020

Llévame a Casa

Hoy al despertar me ha surgido espontáneamente esta oración de perdón:

Llévame a Casa, Espíritu Santo. Gracias.

Y en realidad ya estamos todos ahí. Siendo Uno. El proceso espiritual es simplemente darnos cuenta.

Dentro de ti hay Algo que sabe el camino, que sabe la verdad. Durante el proceso de despertar es útil que concibas ese Algo como tu Maestro o Guía interior, como el Espíritu Santo o como te resuene llamarlo. Intelectualmente ya sabes que ese Algo eres en realidad tú mismo (tu Ser Despierto). Puedes comunicarte con Ello mediante la intuición, que será tanto más nítida cuanto más practiques el perdón o vuelvas la mente hacia dentro. Es la Voz del Momento. Es el aroma y reconocimiento de la paz. Una vez acabado el proceso de despertar sabrás inequívoca y experimentalmente que ese Algo es tu verdadera Identidad, es la Verdad, tu verdadera Vida, tu Ser gozando en la ilimitada plenitud.

miércoles, 25 de abril de 2018

El presente es perdón

Este post es un complemento surgido a partir de un tema que hemos estado conversando en el foro aquí: http://concordiayplenitud.foroactivo.com/t297-tiempo-muerto-please

De ese link del foro es de donde he copiado las citas que incluyo a continuación en el apartado 2. Quien quiera leer ese tema puede hacerlo en ese hilo del foro. Aquí en el post del blog vamos a tocar solamente un aspecto complementario; la solución (el perdón) en su faceta de atender al momento presente. Pues en el momento presente se encuentra todo lo que necesitamos.

El formato de este post lo establezco en 3 apartados: 1) Introducción al tema. 2) Las citas de ese hilo del foro que me interesa resaltar para este post. 3) El presente es perdón.

1) Introducción: 

Entre quienes siguen un determinado camino espiritual, hay veces en que puede sentirse desánimo o ansiedad ante una percibida falta de resultados. Por ejemplo, uno espera tener paz pero considera que el tiempo sigue pasando y el resultado (la paz) no llega. Esto es un indicio de que hay algún grado de apego a los resultados (tal como indiqué en ese hilo del foro) y debido a ello estamos poniendo nuestra atención en el futuro (resultados; paz futura) en lugar de atender al momento presente. La solución a esto es, como de costumbre, el perdón, tal como veremos en el apartado 3, donde hablaremos del perdón desde el punto de vista del momento presente.

2) Citas del foro a tener en cuenta para lo que sigue:

Cita (Toni): 

Sentir cosas así no es malo (no pasa nada, es normal) y no significa que no estemos progresando (lo que sí puede significar es que todavía hay cierto grado de apego a los resultados). (...) Queremos que aparezca la paz sin soltar nuestras ansias de falta de paz. Como dice el Curso: El primer obstáculo que la paz debe salvar es tu deseo de deshacerte de ella. (T.19.IV.A.1.1)

La solución es como siempre el perdón.

☼☼☼

Cita (Toni): 

Los sucesos solo pueden afectarnos si los tomamos como reales. Cuanto más creemos en su realidad, más parecen afectarnos. Cuanto más vemos su ilusoriedad, menos nos afectan los sucesos y así nuestra sensación de paz parece más firme: experimentamos cada vez más la paz, una paz cada vez más independiente de lo que parezca ocurrir en el mundo de las formas.

Por lo tanto, cuando sentimos el desagrado/malestar que atribuimos a algo externo, podemos aprovecharlo como una oportunidad para tomar conciencia: "Veo que otra vez estoy identificándome con la persona que creo ser. Y así, sigo creyendo que este suceso X es real y determina mi paz mental. Pero bueno, por fortuna, acabo de recordar que el mero hecho de haber constatado esto es parte del paso correcto para cambiar de mentalidad. Reconozco que mi paz mental no depende de X, independientemente de que ahora mismo esté sintiendo ya la paz o no".

En realidad, si no estoy en paz es porque estoy identificándome con la persona que creo ser. 

☼☼☼

Cita (Toni): 

La ventaja de estar en un camino espiritual como el que brinda UCDM, es que gradualmente vamos tomando conciencia de que la manera como nos sentimos no depende de los sucesos. (...) Todavía creemos demasiado que somos un individuo. Y si he nacido, sufro. Nisargadatta Maharaj remarcó varias veces con la idea "martillo" de no haber nacido. Lo que realmente somos nunca ha nacido, no es víctima del mundo y no puede sufrir. Pero mientras creamos ser un individuo, sufriremos. UCDM nos ayuda a cambiar de mentalidad, desde el individuo hacia la paz libre del individuo. 

☼☼☼

Cita (Toni): 

Si pones tu fe en la realidad de los "hechos" externos, sufrirás. Todos hacemos esto; y la intensidad de nuestro sufrimiento depende de la intensidad de nuestra creencia en la realidad de lo externo y de la individualidad. Pero podemos aprender a cambiar de mentalidad, y eso es lo que estamos haciendo, unos con UCDM, otros con Advaita, Budismo o los diversos caminos disponibles.

Mientras aún te centres en lo externo, parecerá que tu paz depende de esos sucesos. Y en ese caso, si en tu biografía ("guión") ocurren cosas "desagradables", creerás que pierdes la paz/bienestar. Y por el mismo motivo, cuando en tu biografía ocurren cosas "agradables" o cómodas, sentirás que tienes paz. Esto es engañoso (porque lo externo es irrelevante para nuestro estado mental), pero nos ocurre a todos mientras damos poder (realidad) a lo externo. Y a ti te va "así", a otros les va "asá", siendo eso independiente de si se está siguiendo algún camino espiritual o no. Lo relevante en este caso es que les estamos dando poder a los acontecimientos externos. Y mientras sigamos repitiendo este error, los acontecimientos parecerán delimitar nuestra experiencia. 

☼☼☼

Cita (Toni): 

Es sano que abordemos este proceso sin prisas. Potencialmente podemos poner fin al proceso en cualquier instante ("sólo la paciencia infinita produce resultados inmediatos" (T.5.VI.12.1)), pero lo importante es que no somos culpables. Si no sentimos paz ahora mismo, no somos culpables por ello. Simplemente no estamos iluminados y todavía estamos aprendiendo a desaprender. Al no estar iluminados, unas veces nos parecerá que estamos en paz y otras veces no. En ese caso, cuando no sintamos paz, es nuestra hora de libertad: la hora del perdón.

Y mientras tanto, incluso si nos parece que nuestro caso sigue un proceso gradual muy lento, un truquito podría ser procurar tomarnos las cosas con la máxima tranquilidad que podamos, como si dijésemos: "procuraré al menos sentir la paz que sigue brillando incluso en medio de las aparentes turbulencias".

Según mi experiencia, ese tipo de actitud está disponible y la podemos emprender. Frases que podrían servir para reflejar una actitud que nos acerque a esto (son frases para la intuición): "Estoy feliz cuando estoy feliz y también cuando estoy triste". "Incluso en medio de los nervios y preocupaciones estoy en paz". "En medio del miedo estoy dispuesto a reconocer que en el centro de mí estoy en paz". Etc.

Un curso de milagros tiene como propósito enseñarnos pasito a pasito a ir tomando este tipo de actitud. En un momento dado, casi sin darnos cuenta, la cebolla empezará a parecer casi nada. Los sucesos externos nos parecerán prácticamente irrelevantes. Finalmente, perderán por completo su relevancia. Pero el camino para todo esto son los pequeños pasitos que damos cada día en nuestro proceso de despertar.
 

☼☼☼

3) El presente es perdón. 

Las citas que he mencionado son más bien teoría. ¿Pero qué pasa si en la práctica nos sentimos como si estuviésemos atascados en una falta de paz? Esto es lo que abordamos en este apartado 3. Se trata, por supuesto, de la práctica del perdón. Y como se trata de un tema tan amplio (la casi totalidad de UCDM está dedicada a enseñarnos múltiples versiones complementarias de este proceso perdonador de liberación), aquí me voy a dedicar a comentar de pasada simplemente uno de los enfoques del perdón (para el resto, ya sabéis: los tenéis en UCDM). Y ese enfoque es el del perdón como momento presente.

Pues el presente es perdón. (T.17.III.8.2)

Elige este preciso instante, ahora mismo, y piensa en él como si fuese todo el tiempo que existe. (T.15.I.9.5)

Cuando nos desesperamos porque creemos que la paz no llega, estamos poniendo nuestra atención en el futuro (resultados; paz futura) en vez de mirar en el único sitio útil: el momento presente. En realidad el momento presente contiene todo lo que necesitamos, pero nosotros tendemos a huir del presente y centrarnos en el pasado o en el futuro. El perdón no-dual, sin embargo, se lleva a cabo en el presente.

Así que, si no siento paz, ¿qué puedo hacer? Recurrir a una esperanza futura no es del todo práctico si lo hacemos como una manera de escapar del presente (otra manera de escapar del presente es juzgarlo). Esperar que en algún momento futuro aparecerá mágicamente la paz... no es que esta actitud sea mala en sí misma (a algunos les puede ser temporalmente útil, si no saben otro modo mejor para encarar su actual insatisfacción), pero no es el perdón no-dual. Huir del presente para poner nuestra esperanza en el futuro es como ponernos una tirita en la herida en vez de curarla. La curación se encuentra en el presente. El presente tiene todo lo necesario para traspasar la ilusión de falta de paz y así alcanzar la verdadera paz que se encuentra en el fondo, oculta por nuestras falsas creencias.

Por lo tanto, me encuentro en el momento presente. Y una de dos, o me siento en paz, o no. Cuando no siento paz, esto no significa que la paz no está aquí; significa que mis tendencias egoicas (mis falsas creencias) la están ocultando. Mis tendencias egoicas producen interferencias que me dificultan sentir la paz que ya está presente. Y mis tendencias egoicas están ya aquí en el presente. No es necesario buscar más lejos.

UCDM nos enseña múltiples maneras de ir desactivando nuestras tendencias egoicas (deshaciendo nuestras falsas creencias). Uno de esos múltiples matices es el momento presente como práctica del perdón.

¿Cómo encarar nuestro momento presente cuando sentimos falta de paz? Es tan simple como esto: no huimos al pasado o al futuro, sino que simplemente observamos el presente con atención y sin juzgarlo. Con un poco de práctica, en seguida veremos que el presente en sí no es nunca el problema. Se podría decir que el problema, más que el presente, es nuestro miedo al presente. Porque si simplemente miramos el presente sin juzgarlo, la irritación se suavizará de inmediato.

Un ejemplo: si me duele un pie, puedo desanimarme si empiezo a pensar que no voy a poder salir a pasear, o si comparo mi dolor presente con un futuro esperanzador en el que me imagino sin este dolor de pie. Pero huir del presente (compararlo con un hipotético futuro) no soluciona nada. En cambio, si simplemente miramos el presente con atención y sin hacer juicios, veremos que el dolor no es para tanto. Simplemente es lo que estamos percibiendo. No podemos luchar contra lo que de hecho estamos percibiendo. Pero sí podemos dejar de exagerarlo: dejar de hacer una montaña de un grano de arena. Al perdonar el dolor, desaparecerá nuestro sufrimiento (incluso si seguimos percibiendo ese dolor de pie); y en muchos casos tras desaparecer el sufrimiento acaba desapareciendo también el dolor finalmente. Lo importante es que no hemos luchado contra los hechos. No hemos luchado contra el presente. No hemos forzado los resultados. Con forzar resultados me refiero al apego (centrarnos en el futuro sin-dolor en lugar de experimentar el presente). Uno puede observar el presente con desapego al mismo tiempo que también en el presente toma las medidas que le resuenan como oportunas (ir al médico, darse un masaje en el pie dolorido, aplicar al pie un antiinflamatorio, etc). Esas medidas complementarias no obstaculizan nuestra atención al presente porque simplemente hacemos lo que podemos, sin desesperarnos por lo que pareciera que no podemos: y sin dejarnos desanimar por cuál sea el resultado de las medidas tomadas.

De modo que si me duele el pie, me aplico una crema anti-inflamatoria y a pesar de todo me sigue doliendo el pie, no tengo por qué sentirme culpable. No pasa nada. Simplemente sigo percibiendo la ilusión de que tengo un pie (y además dolorido jejeje). Simplemente puedo dejar de luchar, relajándome en el presente. Si todavía me duele, pues me duele. Pero al no darle importancia al dolor (ni creer que mi cuerpo es real o que el dolor es real), entonces mi sufrimiento disminuye incluso si el dolor parece continuar.

Hemos puesto como ejemplo un dolor de pie, pero podría tratarse de cualquier otro asunto que nos haga sentirnos incómodos: un examen suspendido, un resfriado, la muerte de un ser querido, una sensación de inquietud, preocupaciones, problemas en el trabajo, líos con la familia, etc etc etc.

Todos los problemas simbolizan lo mismo: nuestra creencia en la separación y en que somos culpables por ello, creencia que reside en lo profundo de nuestra mente y que se proyecta sobre el mundo en las múltiples maneras que nosotros llamamos "problemas" o "desánimo", etc.

Al perdonar nuestra creencia en la separación/culpabilidad de la manera en que UCDM nos enseña, nos liberamos de esa ilusoria causa que es la que produce los ilusorios resultados que vemos en el nivel de las formas. Y ya está: ya hemos llevado a cabo nuestra parte en el proceso del despertar. Del resto se ocupa el Maestro interior (la parte de nosotros mismos que conoce la Verdad). En cuanto a los resultados, cuanto más perdonemos nuestras falsas creencias en la culpa/separación, menos sentiremos el ilusorio sufrimiento, independientemente de que todavía percibamos dolor o no. Y en realidad, un dolor sin sufrimiento es una ilusión que dificilmente puede perpetuarse demasiado tiempo; es como un fuego al que no se le echa combustible: se agota.

De manera que si no sentimos paz, sigamos en el presente: observemos nuestra presente falta de paz. Y al mirarla de cerca y sin miedo (sin juicios), veremos que no es para tanto. En el fondo, el presente no tiene nada malo. El presente puro no ocupa tiempo y no contiene nada negativo, ni dolor ni sufrimiento ni falta de paz. Evidentemente el presente puro lo estamos pasando por alto cuando estamos identificados con el ego. Pero seguimos a salvo. No necesitamos nada más que seguir en el presente tal como lo percibimos, incluso aunque no sea el presente puro. Porque nuestro presente ilusorio contiene en la práctica todo lo que necesitamos para deshacer este presente ilusorio y así acceder al presente desnudo o puro. O en otras palabras: la falta de paz presente contiene todo lo necesario para deshacerla, y de ese modo recuperar la conciencia de la paz pura siempre presente. La manera en que hacemos esto es simplemente observar sin juicios nuestra actual falta de paz presente. Al no haber juicios, no la exageraremos. Y esa sensación de falta de paz se irá suavizando y disminuyendo, cediendo el sitio a la paz que se encuentra siempre debajo.

Por lo tanto, no hay ninguna necesidad de huir del presente. Hagamos lo que esté en nuestras manos para sentirnos bien, pero con desapego de los resultados que puedan fluir. No hay necesidad de huir del presente porque precisamente atender al presente (sin hacer juicios) es el camino más corto para deshacer nuestra creencia ilusoria de que existe la falta de paz. La ausencia de paz es algo imposible. El perdón nos revelará esto.

Y uno de los más brillantes destellos del perdón es el instante presente. En el presente lo tenemos todo para la iluminación. En el presente lo tenemos todo para reconocer la paz que ya somos. Las pegas que percibimos en el presente son los portales para acelerar nuestra liberación de las ilusiones. Por ejemplo, ¡bendito sea el aburrimiento cuando es presente! ¡Bendita sea la falta de paz percibida en el presente! ¡Bendito sea el dolor percibido en el presente! ¡Benditos sean los problemas percibidos o las preocupaciones que experimentamos en el presente! Porque al mirarlos sin juzgarlos, ¡nos revelan que no están ahí! Al igual que cuando iluminamos una sombra con la luz de una linterna vemos que la sombra no está ahí.

Por lo tanto, se nos invita a que no tengamos miedo de los problemas, porque todo lo que esté en el presente es una bendición: es el camino hacia el presente puro intemporal. Al no juzgar las sombras, pierden su poder de influirnos y desaparecen (ya sea literalmente o al menos desaparece su relevancia para nosotros, hasta que desaparecen del todo).

Y lo mejor es que nada puede impedirnos, nunca jamás, que pongamos nuestra atención en el momento presente. A veces, como ayuda, algunos utilizan temporalmente recursos como sentarse en silencio o en postura de yoga, etc. Lo importante, no obstante, es el silencio (no hacer juicios), la mirada compasiva al presente, y el estar dispuestos a abandonar nuestras creencias ilusorias basadas en la idea (falsa) de la separación.

Nada puede impedirme simplemente ser en el presente. Siempre soy. Simplemente soy. ¿Y qué importan los problemas? Conforme les doy menos importancia, pierden su intensidad. Finalmente, ¿qué problemas? (han desaparecido, incluso si otros opinan que siguen ahí). ¿Acaso he nacido? Si no he nacido, ¿cómo puedo tener problemas? Si tengo problemas, ¡entonces es que me estoy tomando demasiado en serio a mí mismo! Es decir, ¡entonces creo que existo, como humano! Pero eso es solo una ilusión irrelevante. La puedo deshacer en el presente (ya sea de manera inmediata, o gradualmente, según mi disposición a ello). Si creo tener problemas, es que me estoy tomando demasiado en serio. Pero si ya he constatado esto, el mero hecho de estar reflexionando en esto es una prueba de que ya he comenzado a liberarme de ello. ¡El perdón ha comenzado en el momento presente!

Unas ideas de ayuda, que son siempre válidas en todo tipo de situación: 

Siempre, siempre, siempre estoy en el momento oportuno, en el lugar oportuno y experimentando en el presente exactamente lo que es oportuno. 

Este momento es tan bueno como cualquier momento de la eternidad. (Emerson)

No estamos atrapados. Somos libres. Es más: incluso dentro de la ilusión somos constantemente libres, porque nada puede impedirnos atender al momento presente. Todo lo que necesitamos está disponible aquí y ahora, en el presente. En el presente tenemos constantemente disponible la eterna e infinita plenitud de nuestro ser, la paz ilimitada. Incluso cuando no sentimos Eso, en el presente seguimos teniendo exactamente lo que en ese caso necesitamos: las sensaciones o situaciones exactas que necesitemos perdonar.

En el presente se encuentra nuestro dulce oasis de paz interior, e incluso si sentimos inquietud, el presente sigue siendo el camino que nos lleva a este apacible oasis interno. Porque el presente puro es nuestro ser, mientras que el presente que percibimos es el camino que nos conduce a nuestro ser. Pero tenemos que observarlo sin miedo, sin juicios. Lo que estemos experimentando, si nos desagrada, eso exactamente es lo que necesitamos perdonar. Y al mirarlo aquí y ahora, sin compararlo ni enturbiarlo con nuestras ideas sobre el pasado o el futuro (o nuestras creencias sobre cómo deberíamos estar experimentando el presente), el presente se abre como una flor y finalmente revela la paz del presente desnudo intemporal. Visto así, el presente es una bendición.

Pues el presente es perdón. (T.17.III.8.2)

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Lecturas recomendables: UCDM, Texto, Capítulo 15, primer apartado: Los dos usos del tiempo (T.15.I). Igualmente todas las partes del Curso donde se habla del instante santo, incluido el ya mencionado capítulo 15 en su totalidad. De ese capítulo 15 saco la siguiente cita, que es el primer párrafo de la cuarta sección, titulada "La práctica del instante santo". Veamos qué dice ese primer párrafo: 

Es posible aprender este curso inmediatamente, a no ser que creas que lo que Dios dispone requiere tiempo. Y esto sólo puede significar que prefieres seguir demorando reconocer el hecho de que lo que Su Voluntad dispone ya se ha cumplido. El instante santo es este mismo instante y cada instante. El que deseas que sea santo, lo es. El que no deseas que lo sea, lo desperdicias. En tus manos está decidir qué instante ha de ser santo. No demores esta decisión, pues más allá del pasado y del futuro, donde no podrías encontrar el instante santo, éste espera ansiosamente tu aceptación. Sin embargo, no puedes tener una conciencia feliz de él mientras no lo desees, pues encierra dentro de sí la liberación total de la pequeñez. (T.15.IV.1)

Y también en esa misma sección: 

Tu práctica, por lo tanto, debe basarse en que estés dispuesto a dejar a un lado toda pequeñez. El instante en que la grandeza ha de descender sobre ti se encuentra tan lejos como tu deseo de ella. Mientras no la desees, y en su lugar prefieras valorar la pequeñez, ésa será la distancia a la que se encontrará de ti. En la medida en que la desees, en esa misma medida harás que se aproxime a ti. No pienses que puedes ir en busca de la salvación a tu manera y alcanzarla. Abandona cualquier plan que hayas elaborado para tu salvación y substitúyelo por el de Dios. Su plan te satisfará. No hay nada más que pueda brindarte paz, (...) (T.15.IV.2)

Podrías vivir en el instante santo para siempre, empezando desde ahora hasta la eternidad, si no fuera por una razón muy sencilla. (T.15.IV.6.3)

(Esa razón es básicamente nuestra resistencia).

Otra lectura interesante podría ser este post que escribí en el 2013: Oasis interior... en lo más profundo de tu ser. (Si uno conecta intuitivamente con ese mensaje, la paz brilla al dejar de ser obstaculizada).

Y nos despedimos con unos breves destellos, casi todos ya mencionados más arriba (el primero no): 

El que te hayas descarriado tan completamente ha requerido tiempo, pero ser lo que eres no requiere tiempo en absoluto. (T.15.I.9.3)

Es posible aprender este curso inmediatamente, a no ser que creas que lo que Dios dispone requiere tiempo. (T.15.IV.1.1)

El instante santo es este mismo instante y cada instante. (T.15.IV.1.3)

Este momento es tan bueno como cualquier momento de la eternidad. (Ralph Waldo Emerson)

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martes, 21 de marzo de 2017

Otro resumen y aclaraciones del proceso del perdón

Este post se complementa con el que titulé "Algunos recordatorios del perdón": http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2016/12/algunos-recordatorios-del-perdon.html

Leyendo un libro de Kenneth Wapnick he visto que él señala otro párrafo del Curso que sirve también como resumen del perdón; concretamente el 6º párrafo del capítulo 4 de la Clarificación de términos. Copio ese párrafo, señalo en colores diferentes las principales referencias a los 3 pasos del perdón, y luego debajo comentaré un poco el tema, pasando después a comentar algunas otras citas muy inspiradoras sobre este tema. Empecemos con la cita que he anunciado:

Este es el cambio que brinda la percepción verdadera: lo que antes se había proyectado afuera, ahora se ve adentro, y ahí el perdón deja que desaparezca. Ahí se establece el altar al Hijo, y ahí se recuerda a su Padre. Ahí se llevan todas las ilusiones ante la verdad y se depositan ante el altar. Lo que se ve como que está afuera no puede sino estar más allá del alcance del perdón, pues parece ser por siempre pecaminoso. ¿Qué esperanza puede haber mientras se siga viendo el pecado como algo externo? ¿Qué remedio puede haber para la culpabilidad? Mas al ver a la culpabilidad y al perdón dentro de tu mente, éstos se encuentran juntos por un instante, uno al lado del otro, ante un solo altar. Ahí, por fin, la enfermedad y su único remedio se unen en un destello de luz curativa. Dios ha venido a reclamar lo que es Suyo. El perdón se ha consumado. (C.4.6)

En color rojo he señalado la principal referencia al primer paso del proceso del perdón. En color naranja, la principal referencia al segundo paso del perdón. Luego vienen unas aclaraciones sobre estos dos pasos, y finalmente, al final del párrafo y en color verde, he señalado la referencia al tercer paso del perdón.

Como ya vimos en el otro post (cuyo link he puesto más arriba), los 3 pasos del perdón pueden sintetizarse brevemente con esquemas del siguiente estilo (elaboro aquí otra aclaración basada en el mismo tipo de esquema):

1) Discernimiento. Identificación de la causa; esto implica ver la ilusoriedad del sueño del mundo, de lo externo, y acordarnos de que toda percepción externa simboliza lo que sucede en el interior de nuestra mente, que es donde está la verdadera causa de nuestros problemas, una causa que sigue siendo ilusoria: nuestra creencia en la separación. Recordatorio: "Nunca estoy disgustado por la razón que creo".

2) Desapego/"entrega". El discernimiento nos lleva al interior de la mente y a la comprensión de que no merece la pena seguir sufriendo; no merece la pena seguir eligiendo creer en lo falso: aferrarnos a la individualidad/separación. No tenemos que hacer nada excepto observar el asunto desde la perspectiva de la mentalidad recta ("con Jesús/Espíritu Santo", en palabras del Curso; es decir: sin juicios). Por lo general nos negamos a observar nuestro ego en funcionamiento sin juzgarlo. Reprimimos eso (nuestras tencias egoicas; nuestra responsabilidad en ello). Pero es eso lo que tenemos que mirar, pero mirándolo sin juicios. Así llegaremos a la comprensión de que no vale la pena, no es nada. Y simplemente por mirarlo así (sin juzgarlo, con discernimiento), dejaremos de desear seguir apoyando al ego/individualidad. Y de manera natural se desvanecerá sin que tengamos que hacer nada, simplemente por haberlo observado sin juicios. No tenemos que luchar contra el ego, ni siquiera tratar de corregirlo ni de soltarlo/entregarlo: basta con mirarlo sin juicio, pues al ver su demencia e insustancialidad, dejaremos de creer en él, y eso es lo que producirá de manera natural y espontánea su deshacimiento. Recordatorio: "Sinceramente, ya no quiero seguir eligiendo esto. Ya no lo necesito. No es nada".

3) Gracia/confianza/paz. Una vez completado el perdón, llega la paz. Conforme más perdonamos y más deshacemos nuestra resistencia a despertar, más nos abrimos a la paz. La paz no la buscamos; llega por sí sola al practicar el perdón. Al dar los dos primeros pasos (que no implican hacer nada en el mundo, pues todos estos pasos son simplemente un cambio de mentalidad en nuestra propia mente), este tercer paso sucede por sí solo sin ningún esfuerzo por nuestra parte.

Comentemos también alguna citas más, todas del Texto, dos de ellas de la muy importante sección "La inversión de efecto y causa" (T.28.II):

El milagro establece que estás teniendo un sueño y que su contenido no es real. Éste es un paso crucial a la hora de lidiar con ilusiones. Nadie tiene miedo de ellas cuando se da cuenta de que fue él mismo quien las inventó. Lo que mantenía vivo al miedo era que él no veía que él mismo era el autor del sueño y no una de sus figuras. Él se causa a sí mismo lo que sueña que le causó a su hermano. Y esto es todo lo que el sueño ha hecho y lo que le ha ofrecido para mostrarle que sus deseos se han cumplido. Y así, él teme su propio ataque, pero lo ve venir de la mano de otro. Como víctima que es, sufre por razón de los efectos del ataque, pero no por razón de su causa. No es el autor de su propio ataque, y es inocente de lo que ha causado. El milagro no hace sino mostrarle que él no ha hecho nada. De lo que tiene miedo es de una causa que carece de los efectos que habrían hecho de ella una causa. Por lo tanto, nunca lo fue. (T.28.II.7)

El párrafo anterior sirve también de resumen de los dos primeros pasos del perdón, que son los pasos que nos incumben (ya que el tercero sucede por sí solo cuando se dan los otros dos).

He mantenido el código de colores que usé anteriormente. Comentar el párrafo entero podría ser largo, en cualquier caso podemos interpretarlo usando las claves que ya hemos mencionado más arriba y en el post anterior sobre los recordatorios del perdón. Aquí voy a comentar solamente una frase que puede venir bien aclarar: "Él se causa a sí mismo lo que sueña que le causó a su hermano": esto lleva nuestra atención del sueño al soñador; del cuerpo/mundo hasta la mente; desde el efecto hasta la causa. Es útil la distinción entre los dos niveles del sueño, el sueño del mundo (nuestras percepciones como cuerpos/formas) y el sueño secreto u ontológico. "Él se causa a sí mismo..." se refiere a que en el mundo nos percibimos como víctimas de algo externo, reprimiendo que somos nosotros mismos quienes lo hemos orquestado todo (por ejemplo nos enfadamos con alguien o le condenamos porque creemos que nos ha hecho daño), pero podemos tomar conciencia de que eso que percibimos externamente no es la verdadera causa de nuestro malestar, sino que estamos proyectando sobre otros "lo que soñamos que le causamos a nuestro hermano", lo cual se refiere al sueño secreto u ontológico, en el cual la situación se invierte, pues ahí no somos la víctima, sino el agresor: fuimos nosotros quienes nos separamos de Dios (y por extensión del Cristo, de la Filiación, del Hermano que engloba a cualquier hermano del nivel del mundo). No se nos hizo nada, sino que somos nosotros mismos quienes elegimos hacérnoslo a nosotros mismos. No fuimos expulsados del Paraíso, sino que decidimos salir de él, huyendo del Amor que pondría fin a nuestra individualidad. Pero como resulta duro reconocer que nosotros mismos renunciamos al Amor, y que somos los artífices de nuestro sufrimiento y carencia, entonces preferimos proyectar eso fuera de nosotros, echando las culpas a Dios en un nivel ("¡Oh, fue Dios Quien me expulsó!"), y echando la culpa a cualquier forma externa en el nivel del mundo, que es una mera proyección ilusoria para representar lo que queremos: que la culpa la tenga otro, alguien externo. De modo que en el sueño secreto soñamos que nosotros somos culpables por la separación ("soñamos que le causamos daño a nuestro hermano"), y proyectamos eso sobre el sueño del mundo invirtiendo causa y efecto, de modo que ahora es nuestro hermano quien creemos que nos ha causado daño (y por lo tanto nos sentimos justificados a considerarnos víctimas, contraatacar juzgando, condenando, etc; ahora podemos releer el párrafo entero de la cita, entendiéndolo mejor). Esto se relaciona con la famosa cita de la sección «El "héroe" del sueño», en la que se dice:

El secreto de la salvación no es sino éste: que eres tú el que se está haciendo todo esto a sí mismo. (T.27.VIII.10.1)

Lo cual sigue estando relacionado con el primer paso del perdón (por cierto, recordemos que ese "tú" no se refiere a nuestro "yo" humano, sino a nuestro "yo" ontológico, es decir, nosotros en el nivel más real —aunque todavía ilusorio— de la mente, como soñador o tomador-de-decisiones).

Finalmente, la primera frase de esa sección del Texto que ya hemos citado es muy poderosa y tiene muchas lecturas, a varios niveles:

Sin causa no puede haber efectos, mas sin efectos no puede haber causa. (T.28.II.1.1)

Esta breve frase es espléndida y tiene diversas lecturas. Una de ellas es resumir de manera breve el proceso del perdón, pues en esta frase se tocan los dos aspectos principales del perdón (los dos primeros pasos). Sin causa (en la mente: sin tomar en serio la idea de la separación) no puede haber efectos (es decir, que en el mundo nada puede afectarnos, pues al no tomar en serio la causa y reconocer su ilusoriedad, tampoco tomamos en serio los efectos pues reconocemos que son igualmente ilusorios). Y esto también funciona al revés, ¡y esto es muy importante, porque aquí es donde comienza nuestra práctica del perdón!: ¡sin efectos no puede haber causa! Esto quiere decir que si no tomamos en serio los efectos que percibimos (en nuestro nivel cotidiano del sueño del mundo), al no darles importancia y reconocer su ilusoriedad, estamos simultáneamente deshaciendo su también ilusoria causa en el sueño secreto ontológico. Por ejemplo, se me cae un vaso de cristal al suelo y se rompe (o enfermo de cáncer, etc), y en vez de darle importancia y tomarlo a la tremenda, recuerdo que es simplemente la ilusoria proyección/sueño de una causa que es igualmente ilusoria, situada en la mente ontologica: mi decisión en favor de la separación. Al no tomarme en serio el efecto percibido, estoy dejando de tomarme en serio también su causa, y por lo tanto deshaciendo el ego en su misma raíz ontológica.

Esa frase tiene también otras lecturas, por ejemplo para recordarnos que si negamos a Dios/Unidad, no podremos percibir Sus efectos (amor, paz, etc), ya que "Sin causa no puede haber efectos". Y de nuevo funciona también al revés: si en el sueño del mundo adoptamos una actitud que niega los efectos del Amor, es decir, elegimos juzgar, condenar, rechazar, etc., entonces experimentar a Dios se vuelve imposible para nosotros, porque "sin efectos no puede haber causa". Sin perdón no puede haber paz, ni puede experimentarse la Unidad.

Pero lo que hacemos, al seguir el sistema de pensamiento del ego, es aferrarnos a nuestros resentimientos, lo cual es una negación del perdón (y en consecuencia una negación de Dios). Entonces no podemos experimentar paz, sino que fortalecemos nuestra percepción de conflicto, y además le damos la vuelta a causa (nuestra decisión de apoyar al ego, de no perdonar) y efecto (conflicto) y decidimos que la culpa no es nuestra, sino que son "ellos" (las circunstancias, las personas, quien sea) quienes han causado nuestro conflicto o dolor.

Lo cual se relaciona con esta otra cita, del capítulo 21 del Texto, de la sección titulada "Somos responsables de lo que vemos" (T.21.II):

Cuando se niega la visión, la confusión entre causa y efecto es inevitable. El propósito ahora es mantener la causa oculta del efecto y hacer que el efecto parezca ser la causa. Esta aparente autonomía del efecto permite que se le considere algo independiente, y capaz de ser la causa de los sucesos y sentimientos que su hacedor cree que el efecto suscita. Anteriormente hablamos de tu deseo de crear a tu propio creador, y de ser el padre y no el hijo de él. Éste es el mismo deseo. El Hijo es el efecto que quiere negar a su Causa. Y así, él parece ser la causa y producir efectos reales. Pero lo cierto es que no puede haber efectos sin causa, y confundir ambas cosas es simplemente no entender ninguna de las dos. (T.21.II.10)

Nosotros elegimos qué vamos a considerar real o a qué le vamos a dar valor y credibilidad: a Dios o al conflicto. Al Amor o al mundo/cuerpo. La paz o el miedo. El perdón o la condenación. Somos libres de elegir, y dependiendo de lo que elegimos, así es nuestra experiencia.

El plan del ego, que seguimos tan fielmente, consiste en reprimir nuestra responsabilidad sobre nuestro sufrimiento, y en vez de reconocer que la causa es nuestra propia decisión, preferimos proyectar la responsabilidad sobre otros, sobre personajes proyectados sobre un mundo inventado, invirtiendo la causa y el efecto. Ahora parecemos ser víctimas de las circunstancias, de las personas, de un mundo externo. El perdón consiste en mirar esa dinámica proyectora de culpa del ego, mirándola sin juicio, y simplemente observándola sin juzgarla llegaremos a la comprensión del dolor que esa decisión nos causa, llegando al punto en que ya no seguiremos deseando aferrarnos a ningún aspecto de la ilusión. Y mediante esta observación libre de juicios y repleta de discernimiento, de manera natural y espontánea, el ego se deshará conforme vamos dejando de creer en él y al dejar de desearlo.

El Curso nos invita a que dejemos de reprimir nuestro apego al ego, nuestra resistencia a despertar, nuestro aferrarnos a la individualidad, y por lo tanto a los resentimientos, a juzgar, etc. No se nos pide que luchemos contra todo eso; simplemente se nos invita a que lo observemos sin juicio (eso es mirar con Jesús o con el Espíritu Santo), y el resto corre a cargo del Espíritu Santo (el resultado, la paz, el despertar, sucede por sí solo cuando tomamos esta tranquila actitud de perdonar, de observar sin juzgar). Se nos invita a que no escondamos nada de Jesús; a que no le ocultemos ninguno de nuestros pensamientos tenebrosos al Espíritu Santo. Pues esconderle algo a Jesús o al Espíritu Santo significa reprimir esos pensamientoe egoicos; lo cual significa que todavía los deseamos, porque si los mirásemos sin juzgarlos, desaparecerían, y una parte de nosotros sabe eso.

Por eso hay lecciones del Libro de ejercicios que nos invitan a observar nuestra mente, haciendo introspección en busca de cualquier pensamiento egoico que hayamos reprimido: resentimientos, preocupaciones, miedos, etc. Por ejemplo, lo que muchas veces hacemos ante un miedo o preocupación es reprimirlo, tratando de pensar en otra cosa, tratando de ser positivos, de "pensar en positivo", etc. Pero eso no sana el pensamiento erróneo, simplemente lo tapa y lo oculta temporalmente. Para sanarlo, tenemos que dejar de reprimirlo, mirándolo "con Jesús", es decir, desde una perspectiva de mentalidad recta: sin juicio, sin miedo, comprendiendo con discernimiento la dinámica de proyección del ego, y viendo lo inútil de apoyar todo eso. Al comprender su inutilidad, desaparecerá por sí solo gradualmente. Pero esto ocurre al mirar nuestros procesos egoicos sin juzgarlos; no ocurre si en vez de mirar en nuestro interior, decidimos mirar a otra parte (o sea: si los reprimimos, fingiendo que no somos tan egoicos, sino que somos tan bellamente "inocentes", tan "espirituales"...).

Y todo esto se relaciona con citas del Curso como por ejemplo (hay otras; copio solamente una como ejemplo):

Nadie puede escapar de las ilusiones a menos que las examine ((¡lo contrario de reprimirlas!)), pues no examinarlas es la manera de protegerlas. No hay necesidad de sentirse amedrentado por ellas, pues no son peligrosas. Estamos listos para examinar más detenidamente el sistema de pensamiento del ego porque juntos disponemos de la lámpara que lo desvanecerá (es decir, que juntos —junto a Jesús, es decir, desde una perspectiva de mentalidad recta— disponemos de la lámpara —la Expiación; la mentalidad recta que nos recuerda que "la separación nunca ocurrió"— que desvanecerá todo conflicto, toda ilusión), y, puesto que te has dado cuenta de que no lo deseas, debes estar listo para ello.  (T.11.V.1.1-3)

Cita con la cual concluimos este post. Una cuidadosa reflexión de las ideas contenidas en estos dos posts (este y el que linkeé arriba del todo) puede ayudarnos a captar mejor algunos de los principales aspectos del proceso del perdón.

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Podéis encontrar más temas, preguntas o comentarios en el índice de temas y por supuesto en el foro.

1) Índice de temas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/p/blog-page.html

2) Foro CONCORDIA Y PLENITUD: http://concordiayplenitud.foroactivo.com/

Saludos

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jueves, 15 de diciembre de 2016

Algunos recordatorios del perdón

Una pregunta en el foro Concordia y Plenitud da pie a recopilar algunos de los resúmenes de la dinámica del perdón que ofrece el propio Curso. Voy a copiar en primer lugar la pregunta y mi comentario en el foro, añadiendo a continuación algunas referencias más sobre el perdón.

Pregunta: Kenneth Wapnick dice que tenemos que ser inflexibles en no considerar como causa a nada externo.
 

Si por ejemplo me cabrease con alguien y le gritase o le dijese algo que sé que le puede hacer daño y después me sintiese mal por mi comportamiento, ¿esto también se supone que entra dentro de no considerarlo como causa de mi malestar? ¿O sea que si le hago sentir mal a alguien eso sería la percepción de lo que ya ha ocurrido en mi mente? Digamos que en realidad yo no me siento mal por atacar a esta persona sino que debería mirar más allá y ver que realmente me siento mal por sentirme separado.

Respuesta:

Javier.E escribió: Digamos que en realidad yo no me siento mal por atacar a esta persona sino que debería mirar más allá y ver que realmente me siento mal por sentirme separado.

Exactamente. La causa no está nunca en el mundo, sino en tu mente. El mundo es solo la sombra o proyección de lo que has aceptado como cierto en tu mente (la creencia en la separación de Dios). Si rectificas lo que has elegido creer en tu mente, la proyección de eso sobre el mundo deja de afectarte, lo que te demuestra que en realidad eso no era la causa de tu malestar.

Repasemos algunos recordatorios:

La proyección da lugar a la percepción. El mundo que ves (...) es el testimonio de tu estado mental, la imagen externa de una condición interna. Tal como el hombre piense, así percibirá. No trates, por lo tanto, de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él. La percepción es un resultado, no una causa. (T.21.introd.1.1-2,5-8) (Pág. 497)

Basta con poner causa y efecto en su verdadera secuencia con respecto a algo para que el aprendizaje se generalice y transforme al mundo. (M.5.II.4.4)

Causa: la decisión de aceptar una creencia en la mente. Efecto: el mundo. "Transforme el mundo": se refiere a que cambia nuestra percepción del mundo; puede que externamente veamos lo mismo, pero ahora sin miedo, pues al haber cambiado de mentalidad estamos en paz.

Y el dúo de lecciones cuyos títulos nos sirven de recordatorio básico del perdón:

L-5: Nunca estoy disgustado por la razón que creo.
L-34: Podría ver paz en lugar de esto.


Y finalmente, copiemos uno de los resúmenes que hace el propio Curso, resumiendo la dinámica del perdón:

Tomar esta decisión no puede ser algo difícil. Esto es obvio, si te percatas de que si no te sientes completamente dichoso es porque tú mismo así lo has decidido. Por lo tanto, el primer paso en el proceso de deshacimiento es reconocer que decidiste equivocadamente a sabiendas, pero que con igual empeño puedes decidir de otra manera. Sé muy firme contigo mismo con respecto a esto, y mantente plenamente consciente de que el proceso de deshacimiento, que no procede de ti, se encuentra no obstante en ti porque Dios lo puso ahí. Tu papel consiste simplemente en hacer que tu pensamiento retorne al punto en que se cometió el error, y en entregárselo allí a la Expiación en paz. Repite para tus adentros lo que sigue a continuación tan sinceramente como puedas, recordando que el Espíritu Santo responderá de lleno a tu más leve invitación:

Debo haber decidido equivocadamente porque no estoy en paz.
Yo mismo tomé esa decisión, por lo tanto, puedo tomar otra.
Quiero tomar otra decisión porque deseo estar en paz.
No me siento culpable porque el Espíritu Santo, si se lo permito, anulará todas las consecuencias de mi decisión equivocada.
Elijo permitírselo, al dejar que Él decida en favor de Dios por mí.
(T.5.VII.6) (Pág. 99)

Hasta aquí lo copiado del foro. Como complemento, además de las citas ya mencionadas, en el Curso hay algunos otros recordatorios o resúmenes de la dinámica básica del perdón. Citaré los que tengo localizados:

Cuando alguna cosa te parezca ser una fuente de miedo, cuando una situación te llene de terror y haga que tu cuerpo se estremezca y se vea cubierto con el frío sudor del miedo, recuerda que siempre es por la misma razón: el ego ha percibido la situación como un símbolo de miedo, como un signo de pecado y de muerte. Recuerda entonces que ni el signo ni el símbolo se deben confundir con su fuente, pues deben representar algo distinto de ellos mismos. Su significado no puede residir en ellos mismos, sino que se debe buscar en aquello que representan. Y así, puede que no signifiquen nada o que lo signifiquen todo, dependiendo de la verdad o falsedad de la idea que reflejan. Cuando te enfrentes con tal aparente incertidumbre con respecto al significado de algo, no juzgues la situación. Recuerda la santa Presencia de Aquel que se te dio para que fuese la Fuente del juicio. Pon la situación en Sus manos para que Él la juzgue por ti, y di: 

Te entrego esto para que lo examines y juzgues por mí. 
No dejes que lo vea como un signo de pecado y de muerte, ni que lo use para destruir. 
Enséñame a no hacer de ello un obstáculo para la paz, sino a dejar que Tú lo uses por mí, para facilitar su llegada. (T.19.IV.C.11)

Podemos encontrar otro de los recordatorios del proceso del perdón, esta vez en el Libro de ejercicios, en la lección 23, titulada "Puedo escaparme del mundo que veo renunciando a los pensamientos de ataque", donde en el párrafo 5 se comentan brevemente los 3 pasos del perdón:

El mundo que ves es un mundo vengativo, y todo en él es un símbolo de venganza. Cada una de las percepciones que tienes de la "realidad externa" no es más que una representación gráfica de tus propios pensamientos de ataque. Uno podría muy bien preguntarse si a esto se le puede llamar ver. ¿No es acaso "fantasía" una mejor palabra para referirse a ese proceso, y "alucinación" un término más apropiado para su resultado?

Ves el mundo que has fabricado, pero no te ves a ti mismo como el que fabrica las imágenes. (...) 

La idea de hoy introduce el pensamiento de que no estás atrapado en el mundo que ves porque su causa se puede cambiar. Este cambio requiere, en primer lugar, que se identifique la causa ((paso 1: discernimiento)) y luego que se abandone ((paso 2: desapego)), de modo que pueda ser reemplazada ((paso 3: la gracia; se facilita con la confianza en el Espíritu Santo, dejando en Él los detalles o resultados)). Los primeros dos pasos de este proceso requieren tu cooperación. El paso final, no. Tus imágenes ya han sido reemplazadas. Al dar los dos primeros pasos, comprobarás que esto es cierto. 

(...)

Durante las sesiones de práctica, asegúrate de incluir tanto los pensamientos de ataque contra otros como los de ser atacado. Los efectos de ambos son exactamente lo mismo, puesto que ambos son exactamente lo mismo. (L.23.3; 4.1; 5; 7.1-2) (Págs. 39 y 40)

Como vemos en estas citas, el perdón es básicamente una decisión: algo propio de la mente, en vez de ser algo basado en acciones a nivel de la forma (por eso a veces se dice eso de "no hagas nada", pues no hay necesidad de reaccionar ante los símbolos proyectados si los observamos sin juzgarlos y recordamos que solo son símbolos y que podemos cambiar tranquilamente su causa en nuestra propia mente).

También en el Libro de ejercicios (esta vez en la Segunda parte, en la Pregunta 1: ¿Qué es el perdón?) encontramos estos destellos finales sobre el perdón:

El perdón reconoce que lo que pensaste que tu hermano te había hecho en realidad nunca ocurrió. El perdón no perdona pecados, otorgándoles así realidad. Simplemente ve que no hubo pecado. Y desde este punto de vista todos tus pecados quedan perdonados. ¿Qué es el pecado sino una idea falsa acerca del Hijo de Dios? El perdón ve simplemente la falsedad de dicha idea y, por lo tanto, la descarta. Lo que entonces queda libre para ocupar su lugar es la Voluntad de Dios. 

(...) 

El perdón, en cambio, es tranquilo y sosegado, y no hace nada. No ofende ningún aspecto de la realidad ni busca tergiversarla para que adquiera apariencias que a él le gusten. Simplemente observa, espera y no juzga. (...)

No hagas nada, pues, y deja que el perdón te muestre lo que debes hacer a través de Aquel que es tu Guía, tu Salvador y Protector, Quien, lleno de esperanza, está seguro de que finalmente triunfarás. Él ya te ha perdonado, pues ésa es la función que Dios le encomendó. Ahora tú debes compartir Su función y perdonar a aquel que Él ha salvado, cuya inocencia Él ve y a quien honra como el Hijo de Dios. (L.PII.Preg1.1; 4.1-3; 5) (Pág. 434)

Fin de las citas. En definitiva, que el problema nunca está en el mundo (que es una simple proyección mental), sino en la decisión que hemos aceptado en la mente de tomarnos en serio la creencia de la separación. La mente es muy poderosa en este sentido, pues reaccionamos no ante el mundo realmente, sino ante nuestras interpretaciones, pero sin darnos cuenta del truco (creemos que es el mundo lo que nos molesta, sin darnos cuenta de que lo que realmente nos perturba son simplemente nuestras interpretaciones mentales de lo que percibimos).

Hay un relato oriental que ilustra esto hasta cierto punto. Copio de un email donde lo describí así:

La mente es muy poderosa, y si dejamos que las interpretaciones mentales nos influyan, nos sentimos mal o como sea. Hay un relato de la tradición zen que ilustra esto. En un pequeño pueblo del lejano oriente, donde vivían familias muy pobres, dos familias vieron partir cada una al mayor de sus hijos, ambos en busca de mejor suerte en el extranjero. Al cabo del tiempo, llegaron noticias sobre lo que el destino había deparado a ambos muchachos. Uno de ellos se había hecho rico y ya iba camino de regreso al pueblo, en busca de sus familiares para compartir su riqueza con ellos. El otro muchacho había fallecido en una trifulca, y había muerto tan pobre como era al partir de su pueblo. Pero he aquí que la persona que informó a ambas familias se había confundido de nombres, y a la familia del muchacho vivo y rico les había contado que su hijo era el que había fallecido lleno de pobreza. Y a la familia del muchacho fallecido, les contó que su hijo se había hecho rico y pronto regresaría al pueblo con ellos, cargado de riquezas. 

Así, en la familia del chico muerto estaban felices, no cabían en sí de gozo, pues pensaban que eran ricos y pronto verían a su muchacho. Y la familia del chico rico (que ya estaba en camino, con sus riquezas) lloraban desconsolados, pensando que su muchacho había muerto. 

Esto ilustra que unos estaban alegres no por causas externas, sino por sus propias interpretaciones mentales: su hijo había fallecido, pero ellos estaban repletos de felicidad porque pensaban (interpretación mental) que todo iba genial. 

Lo mismo con la otra familia: estaban deprimidos y llorando no por causas externas realmente (a fin de cuentas su hijo era rico y ya estaba en camino hacia el pueblo), sino porque ellos creían erróneamente que había muerto (lloraban, entonces, por sus propias interpretaciones mentales).

Eso mismo nos pasa a todos. No paramos de hacer interpretaciones, y pensamos que nuestras alegrías y tristezas se deben a causas externas. En realidad, mentalmente elegimos cómo reaccionar. Podemos elegir que las ilusiones no nos afecten. 

A veces nos sentimos preocupados, deprimidos, porque pensamos que hay motivos para ello, pero simplemente desconocemos que somos ricos en la Realidad de nuestro estado natural.

Fin del relato/comentario copiado.

Esta dinámica de reconocer que el mundo no es la causa de nuestras sensaciones es aplicable no solamente a las sensaciones desagradables, sino también a las agradables. El mundo no solo no es la causa de nuestros pesares, sino que tampoco es la causa de nuestras alegrías ni de nuestros placeres, a pesar de las apariencias. Pues es siempre en nuestra propia mente donde elegimos cómo sentirnos, y luego proyectamos eso sobre el mundo, autoengañándonos al creer que el mundo es causa en vez de ser simplemente un efecto o reflejo (el cual sigue estando en la mente y sigue siendo mente). Por esto el Curso nos dice cosas como:

Nada externo a ti puede hacerte temer o amar porque no hay nada externo a ti. (T.10.introd.1.1) (Pág. 201)

Esto significa también que es imposible que seamos víctimas. No somos cuerpos limitados, viviendo en un mundo externo. Somos mente ilimitada, la cual es libre de elegir qué creer y por consiguiente cómo sentirse. Esta capacidad de creer en la verdad o en ilusiones, que fue lo que aparentemente nos metió en problemas, es también el camino de salida del sueño: tomando conciencia de esto, ahora podemos elegir despertar, en vez de dormir. Vivir, en vez de jugar a morir. Gozar, en vez de sufrir.

La iluminación o despertar (y por consiguiente, el perdón) es para la mente, no para el cuerpo ni para el espíritu. El cuerpo es solo un reflejo de la mente. Y el espíritu, lo que realmente somos, nunca se ha quedado dormido. La paradoja imposible se encuentra únicamente en la mente, por eso ahí radica el perdón. Pero la mente no puede cambiar lo que es (espíritu). Puede —aparentemente— reprimirlo, negarlo, fingir que no recuerda su Ser. Pero la verdad sonríe y espera a que nos cansemos de jugar al juego de agarrar dolorosas espinas. La mente puede negar lo que ella es, pero no puede cambiarse a sí misma, pues Dios estableció el Ser como inmutable. Así pues, la única salida al imposible dilema será volver a aceptar lo que aparentemente había sido negado. Una vez reconocida la verdad, las ilusiones se desvanecen en una sonrisa, pues el espíritu sabe que las ilusiones nunca han existido.

Para aquellos interesados en profundizar en el proceso del perdón, veamos algunas ayudas:

1) Por supuesto, profundizar en el Curso en sí, pues todo él es una profundización del proceso del perdón, abordándolo desde numerosas perspectivas (especialismo, negación, proyección, resistencia, tendencia al conflicto, etc).

2) Los libros de Gary Renard, especialmente el primero: "La desaparición del universo".

3) "El mensaje de Un Curso de Milagros", de Kenneth Wapnick.

4) Y quien quiera comenzar con un pequeño aperitivo para principiantes, el resumen que escribí en otro de mis blogs, titulado "Síntesis del perdón", puede aportar una primera lectura para comenzar a relacionarse uno con este proceso: http://jugandoalegremente.blogspot.com/2010/06/sintesis-del-perdon-sobre-el-perdon.html  (( Actualizo para incluir otro link potencialmente inspirador sobre este tema: Otro resumen y aclaraciones del proceso del perdón: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/03/otro-resumen-y-aclaraciones-del-proceso.html ))

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Breve resumen de la enseñanza
(de la introducción del propio Curso)
Nada real puede ser amenazado.
Nada irreal existe.
En esto radica la paz de Dios.
(T.introd.2.2-4)

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domingo, 30 de octubre de 2016

Estoy perdonando, pero el sueño sigue igual...

Pregunta: Buenos días, Toni.
 

Me pongo en contacto contigo para consultarte algo. Te pondré en antecedentes de los hechos superficiales:

En mi casa vivimos mi mujer y yo, y desde hace varios años, mi padre que se quedó viudo.
Desde poco tiempo después de llegar, mi mujer y mi padre ya se vio que iban a llevarse mal. Te ahorro detalles, que puedes imaginar fácilmente. En la actualidad, mi padre tiene 105 años. Está bien de salud; sobre todo de cabeza, que se dice.


El caso es que no cruzan ni una palabra desde hace muchos años. Tan solo unos escuetos "Hola" o "Buenos días". Eso es todo. 


Mi mujer y yo tenemos enfrentamientos "kármicos" a cada poco. De resultas estamos bastantes días sin mediar palabra entre nosotros, sin hacer cosas comunes, ni siquiera dar un vuelta por la tarde. 

Yo lo vivo emocionalmente muy mal: me siento intranquilo, lleno de desasosiego, etc. Si asistiera a un psicoanalista, estoy seguro que me diría que experimento una vivencia de abandono. Y a ese nivel superficial, no digo yo que no. 

Pero, como sabes, desde hace bastantes meses -y gracias a ti- he conocido UCDM. 

En los momentos más "fuertes", aplico el perdón a mi mujer, la perdono, perdono esa mujer mala que me sube enseguida a la cabeza y al pecho. Me repito una y mil veces que es completamente inocente, que se trata de una mera proyección conceptual, un personaje del sueño. Perdono las circunstancias, me repito que también son meras apariencias. Me recuerdo a mí mismo que no gozan de autoría alguna, que al igual que "quien yo creo ser" ningún elemento tiene ninguna responsabilidad en el guión de esta película... En fin, creo que no es preciso exponer más reflexiones de las que me hago. 

Después, en referencia a la masa emocional que siento en pecho y boca de estómago, me digo que se trata de una proyección en "este mundo imaginario" del miedo a Dios, del castigo divino, etc. derivado del pensamiento-sentimiento de culpa por tomar la decisión de dar por buena la separación de Dios, una fantasía en la que elegí creer en un estadío primordial, algo que nunca se ha producido ni se ha de producir en la práctica real verdaderamente existente. 

Por último, como ya sabes, hago entrega al Espíritu Santo de tal equívoca decisión con la que produzco la fantasía de mi mujer y nuestras circunstancias. También le entrego lo que siento emocionalmente, tanto si son culpas como intranquilidades o desasosiegos, a sabiendas de que se tratan de proyecciones del miedo a Dios. 

Por último me encomiendo al Espíritu Santo para que por su infinita bondad, fuerza y sabiduría queden deshechos todo aquello que conforma la entrega anterior en la mente subconciente. 

Hasta ahí, creo que no cometo errores significativos en esta práctica, que llevo a cabo desde que la conocí a través de ti, ya hace muchos meses. 

Y ahora viene lo que realmente quiero decirte: 

Toni, no se produce ningún cambio en esta vida mundanal, en esta pesadilla. Seguimos cometiendo los mismos errores, las mismas meteduras de pata, sufriendo todos como fieras... 

Yo me repito siempre al comienzo de la práctica lo afortunado que soy por seguir experimentando esto, la gran oportunidad que es poder verlo a la luz del perdón. 

Pero hoy tengo el día flojito, y la fe en el Espíritu Santo se me oculta por detrás de la fe en el ego. 

Discúlpame por el desahogo.

Respuesta: Hola, ya lo haces bastante bien. Recuerda que esto es un proceso, con frecuencia va poco a poco. Además de seguir practicando la toma de conciencia que ya haces, resumida en "Nunca estoy disgustado por la razón que creo" (L.5) y "podría ver esto de otra manera, podría dejar de elegirlo" ("Podría ver paz en vez de esto", L.34), una vez tomamos conciencia de eso, simplemente procuramos relajarnos. Ya hemos entregado el tema al Espíritu Santo. Ahora simplemente observamos, sin implicarnos. Puedes observar las escenas, incluidas tus emociones. Ante todo tus juicios y emociones (ya que no son las circunstancias las que son conflictivas, sino nuestra manera de interpretarlas). El mero hecho de observar nuestras reacciones, sin alimentarlas más, las deja sin más alimento, por lo que a la larga se irán desinflando.

Al observar tus emociones, desde esa perspectiva que comentas (que la escena externa no es el verdadero motivo del conflicto, y que tu escozor emocional se debe no a la escena externa sino a la decisión interna que estamos aprendiendo a dejar de lado), lo externo, incluso la emoción "interna", va perdiendo poder sobre nosotros.

Aunque estemos perdonando algo, es posible que no percibamos resultados visibles del perdón, debido a que nuevas capas de culpa inconsciente brotan a la superficie y pueden canalizarse a través de los mismos medios que estaban expresando la culpa ya perdonada. Por lo tanto puede parecer que no hay grandes cambios: las asperezas interpersonales pueden seguir ahí en apariencia, y nuestras emociones conflictivas podemos seguir sintiéndolas. Una cosa y otra, incluida la emoción de disgusto, sigue siendo la expresión de la culpa inconsciente. Al seguir observándola sin juzgarla, mediante la misma toma de conciencia que describías en tu email y que he vuelto a resumir brevemente en este email, se van a seguir perdonando más capas de culpa inconsciente. Es posible que finalmente percibas algún cambio externo o interno, pero en realidad ni siquiera es necesario. Lo relevante es que tarde o temprano te permitirás sentir paz: puede que notes que cosas que antes te afectaban, luego te afectan menos, o que te sientes más relajado pese a todo.

Potencialmente, incluso si la situación externa parece seguir igual, e incluso si sigues percibiendo en ti emoción de molestia, si las observas de ese modo, sabiendo que el disgusto no se debe a lo que parece a primera vista, sino que es el "detector automático de culpa inconsciente" haciendo "bip-bip" avisándote de que hay más culpa que puedes perdonar/procesar (observar sin implicarte), podrás llegar, con el tiempo, al punto en que conseguirás sentirte en paz incluso en presencia de la emoción de "disgusto". Es como que percibes tu disgusto, pero al mismo tiempo intuyes un fondo más profundo de ti, donde sigues estando en paz. Cuando aprendas a instalarte en ese "centro tranquilo", en el tranquilo "ojo del huracán" (mediante el perdón), acabarás pudiendo estar tranquilo incluso si tus emociones externas están un poco alborotadas. Esto es posible porque a medida que te identificas menos con los acontecimientos externos y con tus emociones de conflicto, te identificarás más con el nivel más profundo de paz, que siempre está ahí, nunca desaparece, aunque debido a nuestra identificación con los niveles más superficiales podemos creer que se nos va la paz. La paz siempre sigue ahí, aun cuando la pasemos por alto. El perdón nos ayudará a recordar dónde está nuestra paz.

La paz está siempre presente, y solamente podemos taparla mediante la decisión de rechazarla. Eso quiere decir que tenemos la paz siempre a un solo paso: el paso de decidir aceptarla en lugar de rechazarla. Independientemente de las circunstancias, cada vez que no sientes paz, puedes enfocar eso como una oportunidad para perdonarte por la decisión inconsciente en tu mente en favor de rechazar la paz y quedarte con la separación/individualidad. De este modo, conviertes la percepción de falta de paz en algo más útil: una oportunidad más para perdonar. Con la práctica, acabarás cansándote de seguir rechazando la paz, por lo que irás aceptándola gradualmente e irás sintiéndote cada vez más tranquilo, incluso en presencia de emociones "amargas".

No te juzgues por tus reacciones o emociones. Simplemente obsérvalas sin juicio, tomando conciencia de qué cosa son reflejo (de lo de siempre: la condición interna). Y si te juzgas, entonces no te juzgues por haber juzgado. Esto pone fin en algún punto a la cadena de juicios, y al dejar de juzgar en algún punto, comienza la cadena de la inocencia.

Puedes estar haciendo grandes progresos sin saberlo, así que no puedes juzgar por ti solo cómo va tu proceso. Como dice el Curso:

No te pongas a ti mismo a cargo de esto, pues no puedes distinguir entre lo que es un avance y lo que es un retroceso. Has considerado algunos de tus mayores avances como fracasos, y has evaluado algunos de tus peores retrocesos como grandes triunfos. (T.18.V.1.5-6)

Los milagros son expresiones de amor, pero puede que no siempre tengan efectos observables. (T.1.I.35.1)

Así que puedes no estar percibiendo resultados tangibles temporalmente, y sin embargo el perdón está deshaciendo capas y capas de culpa inconsciente, por lo que tarde o temprano la paz se abrirá camino: ya está ahí, aunque tenemos la inercia a rechazarla, y esta actitud será deshecha por el perdón.

En el foro hubo algún tema con relación a esto, tal vez en este encuentres alguna idea más que te sirva:

http://concordiayplenitud.foroactivo.com/t14-una-pregunta-sobre-la-practica-del-perdon

((Nota: Finalmente copié ese tema del foro también al blog: ¿Por qué sigo sin paz tras haber perdonado? Así quien prefiera leerlo en un sitio u otro, puede hacerlo, o lectores del futuro pueden revisar ambos links por si en alguno de los dos han surgido nuevos comentarios. Para el tema de la fe/confianza, puede echarse un vistazo a "Pedir o fortalecer fe", que no se mencionó explícitamente aquí porque este tema era el más reciente del blog en el momento de ese email, y quien escribió ya parecía haberlo leído, dado que la penúltima línea de su email alude indirectamente al tema de ese post sobre la fe))

Pregunta: Gracias, Toni. Me queda un matiz: 

Dices: "...las asperezas interpersonales pueden seguir ahí en apariencia, y nuestras emociones conflictivas podemos seguir sintiéndolas. Una cosa y otra, incluida la emoción de disgusto, sigue siendo la expresión de la culpa inconsciente". 

Yo cuando me siento intranquilo y desasosegado no lo relaciono con la culpa inconsciente, sino con el miedo al castigo divino (o miedo a Dios). Más adelante sí, más adelante ya relaciono el miedo a Dios con la culpa incosciente. 

Yendo a un ejemplo emocional: en la proyección "angustia de abandono", rastreo antes el miedo a Dios. No entro directamente a relacionar la emoción con la culpa sin pasar antes por el miedo. No sé si me explico.

Respuesta: Sin problema: al final acabas en lo mismo (dependiendo de cuántas palabras usemos para sintetizar el asunto, lo diremos de un modo u otro, o hablaremos de culpa o miedo, etc). Al final de todo, la ilusoria causa primigenia de todos nuestros problemas es la culpa inconsciente por la creencia en la separación (nuestra mente cree haberle arrancado un trozo a Dios, haber roto el Cielo, etc, lo cual sería el supuesto motivo de la culpa, llamado "pecado" por el Curso, queriendo decir lo seriamente que se lo toma nuestra mente inconsciente). Esta culpa inconsciente genera la cadena de secuencias de la que si has leído a Kenneth Wapnick habrás leído a menudo: pecado-culpa-miedo (miedo a ser castigados por "tan abominable pecado").

El "pecado" (obviamente ilusorio) se refiere a la creencia en la separación. La culpa es la consecuencia de ese pecado. Y el miedo al castigo es la consecuencia de la culpa: si soy culpable de haber roto el Cielo, o en otras palabras, de haberle arrancado un trozo a Dios, ¡entonces Dios debe estar muy enfadado conmigo, ME VA A CASTIGAR!

Así piensa nuestra ilusoria mente ontológica. Otra manera de decirlo: "Uy, he matado a Dios, qué mal me siento!!" (carencia, culpa por el "pecado" de la separación), pero de repente: "Uy, no lo maté del todo, DIOS HA REVIVIDO Y ESTÁ SEDIENTO DE VENGANZA!!! ¿Y AHORA DÓNDE ME ESCONDO?" (miedo al castigo, a consecuencia del cual finalmente nos escondimos: proyectando un mundo del espacio/tiempo, etc).

De modo que si te resulta cómodo entrar en contacto con el miedo al castigo divino, pues genial, así está bien. Ese miedo te lleva aún más atrás hacia la ilusoria culpa que es la que genera el miedo... y una vez que ves que la causa de esa culpa, el pecado de la separación, en realidad no ocurrió (T.6.II.10.7), entonces al desaparecer el pecado (dejando de creer en él... esto es el perdón) dejamos de creer también en la culpa, y al reducirse la culpa se reduce también el miedo que ésta causaba. Como consecuencia de la reducción del miedo/culpa, esto afecta también a nuestra percepción del "escondite" que habíamos proyectado (el mundo de las formas), y entonces los acontecimientos externos nos afectan menos (cada vez menos, a medida que cada vez vamos creyendo menos en el pecado, culpa y miedo), porque las proyecciones son menos necesarias como "chivo expiatorio" cuando dejamos de tener tanta culpa/miedo en la mente. Cuando hay culpa/miedo, la mente, asustada, trata de desembarazarse de eso, proyectándolo en el mundo de las formas... pero cuando vamos dejando de creer en la culpa/miedo, se va reduciendo también la necesidad de proyectar, por lo que empezamos a usar las formas para proyectar inocencia, en lugar de odio/miedo/culpa ((Nota: utilizo las palabras "proyectar inocencia" aunque eso no es estrictamente una proyección, en el sentido de que al ser la percepción correcta no implica separación, y en el lenguaje del Curso se podría haber dicho "extender inocencia"; sin embargo, he preferido utilizar la palabra "proyectar" para no confundir el otro uso que el Curso hace del término "extensión": referido al ámbito de la pura realidad: el Cielo o conocimiento del Ser)). Tanto si las escenas externas parecen cambiar como si no, al proyectar ahora inocencia sobre ellas, podemos estar en paz. Y esto facilita el despertar, porque a medida que en la mente ontológica elegimos la inocencia en vez de la culpa, ya no veremos motivos para huir de la verdad y sentiremos paz y alegría de reaceptar lo que realmente somos. Pues Dios no es un Asesino que busca venganza contra nosotros, sino el Amor de nuestro verdadero Ser, nuestra propia plenitud. 

¿Por qué sigo sin paz tras haber perdonado?

Del foro: http://concordiayplenitud.foroactivo.com/t14-una-pregunta-sobre-la-practica-del-perdon

Una pregunta sobre la práctica del perdón

Pregunta: Hay algun tiempo requerido para centrarse en la sensacion de perdida de paz o simplemente al notarla ya la entregas y te olvidas aunque sigas sintiendote mal?
Muchas veces la sensacion de resistencia o de perdida de paz me dura mucho y a ratos vuelvo a ella y la siento y vuelvo a repetir los pasos del perdon. Me podeis aconsejar algo amigos? muchas gracias


Respuesta: Cuando detectas la falta de paz (sensación de conflicto, sea cual sea la forma que adopte), y aplicas el perdón, con ese perdón ya has tenido éxito, ya has perdonado y el perdón funciona. Si sigues sintiendo falta de paz, el conflicto que sientes no es más que nuevos fragmentos de la culpa inconsciente, que emergen a la superficie de tu conciencia para darte la oportunidad de que los perdones también. Pero cada vez que has aplicado el perdón, ha funcionado. Incluso si no ves los resultados, en tu mente inconsciente ha sido deshecho algún fragmento del ego (y esto tiene consecuencias muy prácticas, aunque no las veas o sientas). Repito, esto es así aunque no veas los resultados. Veamos un par de los "principios de los milagros", de la primera sección del Texto:

Los milagros son expresiones de amor, pero puede que no siempre tengan efectos observables. (T.1.I.35.1)

Un milagro nunca se pierde. Puede afectar a mucha gente que ni siquiera conoces, y producir cambios inimaginables en situaciones de las que ni siquiera eres consciente. (T.1.I.45.1-2)

Recordemos que para el Curso las palabras "milagro" y "perdón" son sinónimas, pues en su significado principal el milagro no es algo externo (aunque pueda reflejarse en lo externo) sino algo interno (nuestro cambio mental o de perspectiva: el perdón). Así que aunque el Curso se llama Un Curso de Milagros, se refiere al perdón que despeja el camino para volver a sentir la paz interior.

Cuando dice que "un milagro nunca se pierde", significa que el perdón siempre funciona, aunque no veamos los resultados (efectos observables).

Lo de los "cambios inimaginables en situaciones de las que ni siquiera eres consciente" abarca tanto los cambios relativamente externos (en vidas paralelas, en otras épocas, en otras personas del mundo actual a las que conoces o no conoces personalmente, pero cuyos cambios no llegas a conocer, o cuando a veces algo conflictivo que ibas a experimentar porque estaba en tu guión, es eliminado ese fragmento del guión, por ejemplo no sufres un accidente o enfermedad que estaban programados, pero de eso nunca llegas a enterarte conscientemente, puesto que a nivel consciente no conoces el futuro, la totalidad del guión; cambios grandes y pequeños de cualquier tipo, etc, pero abarca también los importantísimos cambios del interior de la mente: la limpieza interior de la mente ontológica que el Espíritu Santo lleva a cabo en tu mente gracias a tu perdón, de la cual no eres consciente aunque podrás deducir que algo debió limpiarse adentro cuando sientas la paz que es el resultado natural de limpiar las creencias de conflicto).

Cuando tras perdonar sigues sintiendo conflicto, aun así el perdón ha funcionado, pero puesto que emerge nueva culpa inconsciente y te incomoda, puedes volver a perdonar cada vez que lo sientas oportuno. Déjate guiar por tu intuición. Permítete hacer una vida normal. Obviamente no vamos a estar perdonando cada segundo (excepto cuando tras años de práctica el perdón se convierte automático y sin palabras, pues es una actitud que habrá empapado toda nuestra vida), vas a trabajar o lo que sea, te comportas normal, pero de vez en cuando puedes recordar por un par de segundos que no tienes por qué sufrir. En momentos tranquilos del día, puedes aplicar el perdón con más detenimiento, usando las ideas de Un Curso de Milagros, usando cualquiera de las formas que puede adoptar el perdón.

Ciertamente que en el Manual para el maestro se dice: 

7. ¿Debe repetirse la curación? 

En realidad, esta pregunta se contesta a sí misma. La curación no puede repetirse. Si el paciente se ha curado, ¿qué queda por curar? Y si la curación siempre tiene lugar, como ya hemos dicho, ¿qué es lo que hay que repetir? Si un maestro de Dios se sigue preocupando por el resultado de una curación, no hace sino limitarla. (M.7.1.1-5)

Y en la misma sección, añade algunos comentarios muy relevantes en párrafos posteriores. Por ejemplo:

Cada vez que un maestro de Dios trató de ser un canal de curación tuvo éxito. De sentirse tentado de dudar de ello, no debería repetir su esfuerzo previo. Éste ya fue máximo, pues el Espíritu Santo así lo aceptó y así lo utilizó. El maestro de Dios tiene ahora ante sí sólo un camino a seguir. Tiene que hacer uso de su razón para decirse a sí mismo que le ha entregado el problema a Uno que no puede fallar; y debe reconocer que su propia incertidumbre no es amor, sino miedo, y, por consiguiente, odio. (M.7.2.1-5)

Una de las tentaciones más difíciles de reconocer es que dudar de la curación debido a que los síntomas siguen estando presentes es un error que se manifiesta en forma de falta de confianza. (M.7.4.1)

Dudar de uno mismo es la causa fundamental de que se dude del resultado de cualquier problema que se le haya entregado al Maestro de Dios para que lo resuelva. Y eso implica necesariamente que se ha puesto la confianza en un ser ilusorio, ya que sólo de un ser así se puede dudar. Esta ilusión puede adoptar muchas formas. (M.7.5.1-3)

Por lo tanto, la curación (el perdón) no se repite, pues siempre ha funcionado desde el principio. El Espíritu Santo ha hecho ya uso del perdón que le hemos entregado. Si persiste la falta de paz, simplemente está brotando a nuestra conciencia más culpa que antes era inconsciente, y podemos perdonarla. Eso no es repetir el perdón, puesto que la culpa perdonada no es la misma: son nuevos fragmentos de la culpa ontológica, de los que nos vamos volviendo conscientes.

Por otro lado, este proceso podemos llegar a realizarlo desde una sensación general de paz (esto es convertirnos en el "alumno feliz" del que habla el Curso). Pero debemos ser pacientes con nosotros mismos, y si todavía creemos no sentir paz, no nos juzguemos. Reconozcamos simplemente que todavía debe haber en nosotros resistencia inconsciente a la paz. Tal como se dice en la sección del Texto "Los obstáculos a la paz", lo presenta resumidamente en 4 obstáculos principales, del cual el primerito de todos es este:

El primer obstáculo que la paz debe salvar es tu deseo de deshacerte de ella. (T.19.IV.A.1.1)

Simplemente reconoce que una parte de ti rechaza la paz. Y este reconocimiento es un aspecto del perdón. Sigue eligiendo la paz desde la parte de ti que sí la quiere: esto se hace aplicando el perdón con asiduidad. Finalmente, poco a poco irás llegando a experimentar más paz, pues la resistencia a la paz se irá deshaciendo gradualmente.

Aprovecho para mencionar otra idea llena de perdón y que sirve como comodín para cualquier situación. Si sentimos cualquier tipo de conflicto (físico, mental, emocional, lo que sea), una forma de empezar a perdonarlo es acordarnos de que Dios es solo Amor, y si Dios es Amor, lo que contradiga eso tiene que ser ilusorio y sería bueno que empecemos a dudar de ello, que empecemos a dejar de creer en la realidad de la ilusión. Una forma de apuntar a esta actitud, la presenta Un Curso de Milagros así:

No hay más voluntad que la de Dios. (L.74)

Esto significa que solo existe la paz, el Amor, el Cielo. ¡El mundo que percibimos ni siquiera existe! Tampoco existe lo que está en el mundo: el cuerpo, nuestra personalidad individual, nuestra falta de paz, etc. Porque la Voluntad de Dios es que todo sea lo que ES: UNO. Y que todo sea puro Amor, Bienestar sin interrupciones. Otra forma de decir lo mismo es la idea que dice que seguimos siendo tal como Dios nos creó (somos Uno con Él, en el Cielo de nuestro verdadero estado natural de Unidad inmutable). Esta idea se puede practicar como otra forma de perdón, y una de las maneras en que el Curso la expone es así:

Soy tal como Dios me creó.
Su Hijo no puede sufrir.
Y yo soy Su Hijo.

(T.31.VIII.5.2-4)

Esto es una especie de "comodín" que podemos usar para practicar el perdón en cualquier circunstancia. Es una idea tan importante y útil para practicar el perdón, que aparece ahí, justo casi al final del Texto, y además la repite de nuevo en el párrafo 6 de la lección 110. Es un magnífico modo de perdonar. Podemos practicar las diversas variantes del perdón, ya que así poco a poco nuestra mente va tomando nota y se va quedando con las ideas de los diversos aspectos del perdón, lo que permite que practiquemos el perdón cada vez más profunda y eficazmente.

Así que, resumiendo, si persiste la sensación de falta de paz, simplemente reconozcamos nuestra resistencia, no nos juzguemos por ello (el no juzgarnos es perdón), y simplemente sepamos que el perdón ha funcionado, pero puesto que brotan más capas de culpa hasta nuestra conciencia, podemos ir perdonándolas también, al ritmo que nos resulte cómodo. Tarde o temprano, nuestra resistencia a sentir paz irá cediendo, y cada vez iremos sintiéndonos más livianos y en paz durante mayor tiempo. El proceso del perdón irá volviéndose cada vez más cómodo conforme lo practicamos. Y aunque el despertar completo del sueño o la iluminación sea el objetivo a largo plazo del Curso, debemos saber que a corto plazo, ya mismo, somos libres de elegir la paz. La paz, cuando se lo permitimos, puede aceptarse ya ahora, aunque no estemos iluminados. Por eso el Curso dice:

¿Por qué esperar al Cielo? Se encuentra aquí hoy. El tiempo es la gran ilusión de que el Cielo se encuentra en el pasado o en el futuro. (L.131.6.1-3)

¿Por qué esperar al Cielo? Los que buscan la luz están simplemente cubriéndose los ojos. La luz ya está en ellos. La iluminación es simplemente un reconocimiento, no un cambio. (L.188.1.1-4)

Solo he copiado las primeras frases de esos dos párrafos, pero es recomendable leerlos enteros, y de paso leer también los títulos de esas dos lecciones, títulos que de manera resumida dicen las cosas bien claras. La paz ya está aquí. Simplemente hemos de reconocerla (dejando de negarla; es decir, perdonando).

Esas dos citas son útiles tanto viéndolas como referidas al objetivo final de la iluminación, como también referidas a nuestro día a día: la paz ya está con nosotros, ¿por qué esperar que se retrase a un futuro indeterminado? El tiempo es ilusorio, no es una barrera que nos impida ser lo que somos (paz), excepto que nos aferramos a lo contrario. Practicar el perdón ayuda a poner remedio a esta resistencia que tenemos a nivel inconsciente. Es una actitud en favor de la verdad, en favor del despertar; y esta actitud la confirmamos mediante nuestra práctica asidua del perdón.

Tengamos paciencia con nosotros mismos, porque esto es un proceso, y poco a poco el panorama se va aclarando y nos vamos permitiendo sentir más paz. En cierto modo es una cuestión de ir ganando confianza (lo cual el perdón va a facilitar). Nuestra confianza irá aumentando gradualmente conforme practicamos el perdón, y con ella la paz. Como dice el Curso:

El dolor es imposible. (...) Y cualquier clase de sufrimiento no es más que un sueño. Ésta es la verdad, que al principio sólo se dice de boca, y luego, después de repetirse muchas veces, se acepta en parte como cierta, pero con muchas reservas. Más tarde se considera seriamente cada vez más y finalmente se acepta como la verdad. Puedo elegir cambiar todos los pensamientos que me causan dolor. Y hoy deseo ir más allá de las palabras y de todas mis reservas, y aceptar plenamente la verdad que reside en ellas. (L.284.1)

Eso es aplicable a cualquier conflicto (creencia en la falta de paz). A medida que practiquemos el perdón, poco a poco tendremos más confianza en lo que enseña Un Curso de Milagros, e iremos permitiéndonos sentir cada vez más paz durante mayor tiempo.

Es un proceso. No hay prisas, pues nada nos amenaza realmente. Y en cuanto a las molestias que percibimos, tomen la forma que tomen, tenemos un remedio para practicarlo justo ahora: el proceso del perdón que nos permite reconocer que tales molestias no son más que ilusiones sin sentido. Pasito a pasito. La paz será el resultado inevitable de dejar de rechazar la paz, mediante el perdón.

La paz terminará siendo tan inmensa, que ningún suceso externo podrá afectarnos:

La inmutabilidad del Cielo se encuentra tan profundamente dentro de ti, que todas las cosas de este mundo no hacen sino pasar de largo, sin notarse ni verse. (T.29.V.2.3)

Para llegar a ese punto, el perdón es el camino. Pasito a pasito.

martes, 25 de octubre de 2016

Agradecido por la oportunidad de perdonar

Vía emails:

Agradecido por la oportunidad de perdonar

Pregunta: Más largo es el título de esta pregunta (asunto del email) que la pregunta en cuestión: ¿Debería de estar agradecido a esa persona desagradable por cruzarse en mi vida? 

Un abrazo Toni.

☼☼☼

Respuesta:

Si le estás agradecido a tu hermano, le estarás agradecido a Dios por lo que Él creó. (T.4.VI.7.4)

No puedes apreciar aquello en lo que no crees ni puedes sentirte agradecido por algo a lo que no le atribuyes valor. (T.9.II.9.4)

La única reacción apropiada hacia un hermano es apreciarlo. Debes estarle agradecido tanto por sus pensamientos de amor como por sus peticiones de ayuda, pues ambas cosas, si las percibes correctamente, son capaces de traer amor a tu conciencia. Toda sensación de esfuerzo procede de tus intentos de no hacer simplemente eso. (T.12.I.6.1-3)

Siempre se trata de lo mismo: estamos siempre eligiendo entre dos actitudes posibles, la de amor/unión o la de rechazo/separación. Si elijo ver a mi hermano a través de los ojos del ego, le rechazaré y reforzaré la separación/dualidad en mí y en él. Si elijo verlo con los ojos de Jesús, le estaré agradecido pues se ha convertido en mi salvador: veré que mi hermano siempre me está aportando algo valioso, siempre una de estas dos cosas: o me está expresando amor, o si no, entonces me está pidiendo amor (me está pidiendo ayuda, como dice el Curso). Al percibirle así, siempre resulto beneficiado, por lo que es natural sentirse uno agradecido ante el salvador que porta el espejo en el que nos miramos para saber dónde nos queda perdón por aplicar.

Otras citas relacionadas:

Cuando ves a tu hermano como un cuerpo, lo estás condenando porque te has condenado a ti mismo. (T.8.VII.15.7)

¿Qué prefieres, unirte a la resurrección o a la crucifixión? ¿Condenar a tus hermanos o liberarlos? ¿Te gustaría trascender tu prisión y ascender hasta el Padre? Estas preguntas son todas la misma y se contestan al unísono. (T.11.VI.2.1-4)

Cuando condenas a un hermano estás diciendo: "Yo que soy culpable elijo seguir siéndolo". Has negado su libertad, y al hacer eso, has negado el testigo de la tuya. Con igual facilidad podías haberlo liberado del pasado y haber eliminado de su mente la nube de culpabilidad que lo encadena a él. Y en su libertad habrías encontrado la tuya. (T.13.IX.4.4-7)

Nadie que condena a un hermano puede considerarse inocente o que mora en la paz de Dios. (T.13.X.11.7)

Mas tuviste que haberte condenado a ti mismo primero, o, de lo contrario, nunca habrías podido pensar que necesitabas que tus hermanos fuesen diferentes de como son. (T.15.V.6.5)

Antes de condenar a tu hermano, recuerda quién es él. (T.19.IV.D.i.16.2)

Lo que tienes que recordar es que ni tú ni tus hermanos sois cuerpos, sino puro espíritu. Consiguientemente, ambos sois inocentes: ninguno de los dos es culpable a pesar de las apariencias urdidas por el ego.

Y no le otorgues ningún valor al cuerpo de tu hermano, el cual no hace sino condenarlo a fantasías de lo que él es. (T.20.VIII.3.4)

Tu hermano es para ti, pues, el símbolo de tus propios pecados, y lo condenas silenciosamente, aunque con tenaz insistencia, por esa cosa odiosa que eres. (T.31.V.6.8)

Es decir, condenamos a nuestros hermanos no por lo que han hecho realmente (pues eso que percibimos son ilusiones), sino por nuestro propio pecado interno: la creencia de nuestra mente inconsciente de que soy culpable por haber destrozado el Cielo y roto la Unidad de Dios, y esa es la culpabilidad que de manera disimulada proyectamos sobre nuestros hermanos, y entonces los percibimos como que nos roban o nos miran mal, o que son perversos por ser gays o por ser del PP jejeje... En realidad nos estamos condenando secretamente (inconscientemente) a nosotros mismos.

Si percibimos que nuestro hermano hace algo malo, o que su actitud hacia nosotros es malintencionada, externamente podemos tomar las medidas oportunas (incluso denunciarlo y que vaya a la cárcel si humanamente ha cometido un delito), pero internamente sabemos que es un símbolo de la ilusoria culpa inconsciente, y que tras las ilusorias capas de culpa hay solo amor (por lo que podemos hacer externamente lo que sea oportuno, pero aun así no tendremos necesidad de odiar: uno puede apoyar que un hermano sea encarcelado y aun así amar lo que él realmente es, sin tomarnos en serio lo que los cuerpos parecen hacer).

Los motivos o intenciones verdaderos de nuestro hermano son siempre expresarnos amor, o pedirnos ayuda para experimentar amor:

Sólo hay una forma sensata de interpretar motivos. Y por tratarse del juicio del Espíritu Santo, no requiere esfuerzo alguno por tu parte. Todo pensamiento amoroso es verdadero. Todo lo demás es una petición de ayuda y de curación, sea cual sea la forma que adopte. ¿Cómo puede estar justificado reaccionar con ira ante la súplica de un hermano? Ninguna reacción podría ser apropiada, excepto estar dispuesto a ayudarle, pues eso, y sólo eso, es lo que está pidiendo. (T.12.I.3.1)

Ayudarle significa verlo con los ojos de la mentalidad recta, con ojos del perdón. Aunque nuestro hermano se ve a sí mismo como un cuerpo, nosotros le liberamos al verle como espíritu inocente e inmortal. Esto nos permite apreciarle, amarle y agradecerle por ser. E incluso sus "peticiones de ayuda" podemos aprender a percibirlas tal como son, como peticiones de ayuda y no como ataques. Así liberamos a nuestro hermano (dejamos de reforzar su culpa inconsciente) y simultaneamente nos liberemos a nosotros mismos (soltamos nuestra propia culpa inconsciente, la cual habíamos proyectado contra nuestro hermano).

En el Cielo, el agradecimiento es Gozo puro (conocimiento, Unidad, Plenitud) de Uno Consigo Mismo.

En el sueño de la dualidad, el agradecimiento se puede ofrecer mediante el perdón a los reflejos (a "los hermanos" y a "uno mismo"). Sea lo que sea lo que te parece que hace o piensa tu hermano, eres libre de percibirlo con los ojos del ego o del Espíritu Santo, y por lo tanto de ver a tu hermano como quien te conduce al infierno, o como tu salvador quien te conduce al Cielo. Sea lo que sea que elijas, lo eliges para los dos: o los dos condenados (culpables), o los dos salvados (inocentes).

Todo aquel a quien liberes de la culpabilidad te mostrará tu inocencia. El círculo de la Expiación es infinito. Y con cada hermano que incluyas dentro de los confines de seguridad y perfecta paz de dicho círculo, tu confianza de que estás incluido y a salvo dentro del mismo aumentará. (T.14.V.7.5-7)

A todo aquel que ves, o bien lo ubicas dentro del santo círculo de la Expiación o bien lo dejas afuera, juzgándolo como que merece ser crucificado o redimido. Si lo incluyes dentro del círculo de pureza, descansarás allí con él. Si lo excluyes, te quedas afuera con él. No juzgues, excepto desde una quietud que no emana de ti. Niégate a aceptar que alguien pueda estar exento de la bendición de la Expiación y condúcelo a ésta bendiciéndolo. La santidad tiene que ser compartida, pues en ello radica todo lo que la hace santa. Ven gustosamente al santo círculo y contempla en paz a todos los que creen estar excluidos. No excluyas a nadie del círculo porque en él se encuentra lo que tu hermano y tú estáis buscando. Ven, unámonos a él en el santo lugar de paz en el que nos corresponde estar a todos, unidos cual uno solo dentro de la Causa de la paz. (T.14.V.11)

Dice, "No excluyas a nadie (...)" del perdón, y esto es importante, porque basta excluir a un solo hermano para que no podamos aceptar de manera completa el despertar a la Verdad. Creer que determinado hermano es más difícil de perdonar que los demás, es hacerlo especial en el sentido negativo, y esa creencia de que hay asuntos especiales que son más difíciles de perdonar o de corregir que otros es uno de los pilares del ego, es lo que el Curso llama "primera ley del caos", la cual puede expresarse como que "la verdad es diferente para cada persona", o como que existe "una jerarquía de ilusiones, siendo unas más importantes o reales que otras" (T.23.II.2). Y esta creencia errónea se corrige mediante el antídoto que nos da el Espíritu Santo, que es que "No hay grados de dificultad en los milagros" (T.1.I.1.1), justo la primera línea del primer capítulo del Texto. De hecho, si hubiera alguien en particular que es la excepción (nos resulta fácil amar/perdonar a todas las personas excepto a esta), este hermano "excepcional" nos estaría brindando el más grande de los regalos, pues nos estaría señalando mejor que ningún otro qué capa de ego todavía ocultamos del perdón. Y esto nos da la oportunidad de rectificar nuestra actitud y lograr la total felicidad del despertar.

Más allá del cuerpo que has interpuesto entre tu hermano y tú, y reluciendo en la áurea luz que le llega desde el círculo radiante e infinito que se extiende eternamente, se encuentra tu relación santa, que Dios Mismo ama. (T.22.II.12.1)

El cuerpo es ilusorio. Vemos a nuestros hermanos como cuerpos porque creemos que nosotros mismos somos cuerpos. Y nos vemos a nosotros mismos como cuerpos porque creemos que nuestros hermanos son cuerpos. ¡Vaya círculo vicioso! Es un círculo egoico que se puede romper mediante el perdón, percibiendo inocencia en nuestro hermano, en nosotros y en todas partes.

Nuestros hermanos son espejos de nuestras creencias internas (de culpa o de inocencia). Cuando nos miramos en un espejo y vemos que tenemos la cara manchada, no limpiamos el espejo, sino nuestra propia cara. Y por lo tanto no nos enfadamos con el espejo ni tratamos de cambiarlo, sino que le estamos agradecidos porque nos ha ayudado a ser conscientes de la mancha que había en nosotros mismos, que sin su ayuda no veíamos. Igualmente con los espejos que son nuestros hermanos.

Si vemos una brizna de hierba en el ojo de nuestro hermano ("no ve bien, se equivoca, sus intenciones no son buenas"), esto es un reflejo para ver si nos damos cuenta de la viga que atraviesa nuestro propio ojo (soy yo mismo el que estoy equivocado, el que estoy haciendo real la separación y la culpa). ¡Nuestro malestar no tiene nada que ver con nuestro hermano, ni con las circunstancias! Nuestro malestar depende únicamente de nuestra decisión mental en favor de la separación, lo cual se sana dejando de creer en la separación (lo cual es el perdón).

Si la petición de ayuda de nuestro hermano nos hace enfadar o irritarnos contra él, entonces nosotros mismos estamos también emitiendo una desconsolada petición de ayuda. El perdón se vuelve doblemente necesario, en beneficio de ambos, pues nosotros mismos estamos percibiendo erróneamente, de lo contrario estaríamos en paz.

En la Realidad o Cielo de nuestro estado natural, no hay hermanos, pues solo hay la Unidad resplandeciente en su Plenitud. Pero mientras sigamos aferrados a la individualidad, percibiendo el sueño ilusorio de separación, nuestro hermano nos da la oportunidad de ver reflejada nuestra decisión equivocada en favor del ego, y por lo tanto nos está ayudando a corregir esa equivocada decisión, y así despertar junto con nuestro hermano en el reconocimiento de la verdad, de la Unidad. ¡Es un motivazo para estar agradecidos a nuestro hermano y a la mentalidad correcta que nos guía a despertar!

Respuesta a la respuesta: Me resulta muy difícil, me queda mucho camino. Yo perdono y deseo ver eso de otra manera; pero... tengo que estar perdonando el resentimiento resultante del desaire de mi hermano, cada cinco minutos. en fin... 

Muchas gracias amigo Toni.

Respuesta a la respuesta de la respuesta (jejeje):  Paciencia, simplemente procuremos no tomarnos demasiado seriamente nada del ego, ni en nuestro hermano ni en nosotros. Como dice una de las lecciones del Libro de ejercicios, "Podría ver paz en lugar de esto" (L.34). Es decir, cuando tomas conciencia de que tu actual manera de percibir no te produce paz, entonces reconoces que no quieres eso. Tomando conciencia de que "Nunca estoy disgustado por la razón que creo" (L.5), y entonces no deseando seguir igual (disgustado, en conflicto), solo por el mero hecho de tomar conciencia de eso y de que la paz depende de ti, poco a poco irás cambiando de parecer y cada vez proyectarás menos tu ira/conflicto sobre tu hermano, reconociendo la ilusoriedad de la causa (la ilusoria creencia en la separación, que generó la también ilusoria culpa), y poco a poco irás sintiendo más paz y menos tendencia a proyectar la ira, la cual siempre parece rebotarnos de nuevo por mucho que tratemos de desprendernos de ella proyectándola. Siempre rebota y vuelve porque las ideas no abandonan su fuente, es decir, la ira y culpa que proyectamos siguen en su fuente: en nuestra propia mente... ¡normal, entonces, que nos escueza!, jeje. (Y el otro significado de que "las ideas no abandonan su fuente" es que nuestro Ser no se ha separado de Dios, pues por así decir somos una Idea de Dios y las Ideas no abandonan su Fuente; esto es lo que el Curso llama "principio de la Expiación", es decir, que la separación nunca ocurrió [T.6.II.10.7]).

Por cierto, si cada 5 minutos, como dices, tienes que estar repitiendo el perdón para deshacer el resentimiento, ¡esto significa que cada 5 minutos tienes una nueva oportunidad de dar un pasito más hacia la iluminación! En realidad, visto así, es buena noticia. Pero recuerda que el perdón no siempre requiere de que refresquemos todas nuestras ideas de mentalidad-recta en ese momento. Una vez podemos enfocarnos en una de las ideas o claves del perdón, otras veces en otra, y muchas veces ni siquiera usando palabras, pues el perdón es una actitud y el mero hecho de observar tu ira o resentimiento sin juzgarte por ello (recordando que la causa es interna y que simplemente una parte de tu mente todavía se aferra al resentimiento y a la separación, haciéndolos reales en vez de admitir su ilusoriedad), con ese simple observar ya estás perdonando sin necesidad de palabras, y al no juzgarnos, el resentimiento se irá quemando a sí mismo a medida que le demos menos y menos importancia. Una de las formas en que alimentamos el resentimiento (le echamos gasolina, inconscientemente, al fuego del resentimiento) es precisamente al tomarlo demasiado en serio. En realidad no tiene importancia, y cuando el resentimiento ve que le hacemos poco caso, finalmente tiene que irse en busca de alimento a otra parte jejeje

Saludos y ¡paciencia! :-)

PD: "Me queda mucho camino" es simplemente un juicio que puedes perdonar. El tiempo es ilusorio. El único obstáculo o distancia no es el tiempo, sino el dejar de juzgarnos: cambiar nuestra mentalidad. Nuestro perdón está produciendo esto, poquito a poco. Aunque no veamos claramente el resultado, cualquier día de repente podemos empezar a sentir más facilidad para reírnos de nuestros resentimientos, dejándolos marchar y en su lugar estar en paz. Las señales de que nuestra mente está siendo perdonada, sin duda llegarán, pues al haber menos culpa inconsciente, inevitablemente acabaremos notando el reflejo de eso en nuestra experiencia consciente. Mientras tanto, paciencia para no juzgarnos. Como dice el Curso: «Ahora debes aprender que sólo la paciencia infinita produce resultados inmediatos» (T.5.VI.12.1). Este aprendizaje no requiere tiempo. La meta está tan cerca como nuestras sinceras ganas de ella. Nuestra mente sigue dividida (una parte de nosotros quiere despertar, otra parte no), así que parece que seguimos en el tiempo, convirtiendo esto en un proceso, pero el perdón acorta muchísimo este proceso. Aunque una parte de tu mente piense que "aún queda mucho camino por recorrer", el perdón acorta el tiempo, acorta el camino, y cuanto más nos volvemos hacia el perdón, menos tiempo hay, menos camino parece haber. HASTA QUE DE REPENTE, EL PROCESO LLEGA A SU FIN Y YA NO HAY CULPA. ¡ESO SÍ QUE ES PAZ...! ES LO QUE SIEMPRE SOMOS, PERO MIRADO EN TIEMPO LINEAL, VA A PARECER QUE ESTE FELIZ DESENLACE, EL FINAL DEL SUEÑO, ES EL RESULTADO DE QUE HAYAMOS ESTADO PRACTICANDO EL PERDÓN. Todo está ya consumado y esperando a que abramos los ojos :-)