sábado, 18 de febrero de 2017

¿Qué es la no-dualidad?

El término no-dualidad suele usarse principalmente de las dos maneras siguientes:

1) Para referirse a la auténtica realidad de nuestro verdadero ser.

2) Para referirse a los caminos filosófico-espirituales cuyo objetivo es que descubramos la naturaleza o realidad de nuestro auténtico ser.

Comentemos un poco ambos usos del término:

1) La Verdad ES. No puede ser discutida, ni cambiada, ni hay alternativa a Ella. Es lo que ya somos (como Uno). No puede ser descrita, pero la práctica espiritual nos conducirá a la última de las ilusiones, el despertar, y entonces la Verdad es reconocida y experimentada. Y se sabe que nunca hubo otra cosa. Ni siquiera hubo un sueño de dualidad. Pero para llegar a ser conscientes de esto, es necesaria la práctica espiritual, que deshace nuestra resistencia a despertar. Cuando la práctica se complete, habremos dejado de negar la Verdad, que es el motivo por el que nos parece experimentar carencia/limitación (dualidad). Y entonces, una vez aceptada la última de las ilusiones (el despertar), la Verdad se revelará a Sí Misma (puesto que el tiempo es parte de lo ilusorio, esta revelación ya ha ocurrido, pues la Verdad siempre ES; pero la mente limitada, siendo ilusoria, es incapaz de comprender esto y por lo tanto a dicha mente se le explican las cosas en términos de haberse quedado dormida y que debe despertar del sueño de la dualidad).

La Realidad o Verdad pura no puede ser descrita con palabras. Solo puede ser experimentada directamente. Las palabras pueden servirnos aquí simplemente como indicaciones aproximadas para nuestra intuición, o en otros casos como ayudas para aclarar en qué consiste la práctica que conduce al despertar. La verdad no-dual o verdad absoluta (o, simplemente, la Verdad), aunque inaccesible a las palabras (pues las palabras no pueden limitar lo que es ilimitado), puede ser señalada por ellas, por ejemplo con palabras como las siguientes:

Dios es; y nada más es. 

Sería suficiente con dar como pista la primera parte ("Dios es"), pues el resto es una consecuencia que se puede deducir de ahí. Pero añadimos la breve coletilla ("y nada más es") por motivos prácticos para facilitar que evitemos algunas malinterpretaciones.

Aquí estamos utilizando la palabra Dios como sinónimo de la Verdad. Muchas otras palabras se han empleado para referirse a lo mismo, por ejemplo Ser, Conciencia, Beatitud, Eso, Paz, Cielo, Unidad, Absoluto, etc. Así pues, cuando decimos Dios, nos referimos a la verdad no-dual, que es lo único que existe, a pesar de que a nosotros, en nuestro aparentemente somnoliento estado de dualidad, nos parezca que podemos experimentar una alternativa a la Verdad: nuestras vidas conflictivas y limitadas en un aparente mundo del tiempo y de las formas. Tal alternativa en realidad no existe, como nos mostrará el despertar que proviene de la práctica espiritual (hablaremos brevemente de las prácticas espirituales en el punto 2; específicamente de las prácticas o enfoques no-duales).

Otro modo (entre muchos) de señalar con palabras la verdad no-dual podría ser una indicación como la siguiente:

La Verdad es una, eterna, inmutable, indivisible, perfecta, infinita, ilimitada, sin forma, plena. 

Recordemos que las palabras que usemos nunca van a ser suficientes, pues la Realidad no puede ser captada por nuestra mente dualista que trata de entender mediante conceptos, pero que aun así los conceptos y palabras pueden aportar algunas pistas para nuestra intuición. Añadamos entonces algunos comentarios sobre los adjetivos que hemos usado para referirnos a la Verdad:

- Una: La Verdad es una porque es entera, completa, infinita y no hay nada más ("Dios es; nada más es").

- Eterna: La eternidad no significa tiempo infinito, pues el tiempo es ilusorio. La Verdad es intemporal, y este tipo de eternidad no es algo que pueda ser conceptualizado. Solo puede ser experimentado.

- Inmutable: La Verdad siempre es como es. Es permanente y nunca cambia. Es tan constante que la mente dual no puede ni siquiera imaginar tal constancia tan firme, serena y gozosa.

- Indivisible: La Verdad no puede ser dividida, por lo que todo conflicto es en realidad imposible.

- Perfecta: Al decir "perfecta" nos referimos a que la Verdad no evoluciona, no necesita perfeccionarse porque no es imperfecta. Eternamente es lo que es.

- Infinita: No tiene fin. Puesto que no hay nada más, lo llena todo.

- Ilimitada: Además de infinita, decimos que es ilimitada para evitar confundirla con estructuras como por ejemplo el círculo o la esfera, que tienen un recorrido "infinito" pero son limitadas en sí mismas.

- Sin forma: La Verdad no tiene forma ni tiene nada que ver con nuestro ilusorio mundo del tiempo y de las formas. Las formas son concretas, son límites. La Realidad, al ser ilimitada, no tiene forma. Podemos decir que es abstracta. No tiene nada que ver con el inexistente espacio/tiempo.

- Plena: La Realidad es pura plenitud, tanto porque es completa (Unidad indivisible) como porque es el éxtasis (constante) más delicioso, gozo indescriptible, paz sin límite. Si la mejor de las ilusiones pudiera compararse con la Verdad, se vería como nada. Pues las ilusiones no son nada, mientras que la Verdad lo es Todo. La palabra plena nos indica también que la Verdad no es un vacío muerto. La Verdad está vacía de ilusiones, pero llena de Sí Misma. Es plenitud infinita.

Estos adjetivos no logran definir realmente la Verdad, pues es inaccesible a la mente limitada, sino que más bien funcionan apuntando hacia lo contrario de lo que conocemos como individuos, pues todo lo que los individuos conocen es falso. Por eso se dice que la verdad es "una", al contrario que nuestro mundo perceptual de sujeto/objeto, compuesto por una pluralidad de componentes. Se dice que la verdad es "eterna" porque todo lo que conocemos es temporal (incluso las estrellas y el universo tienen "fecha de caducidad") y todo lo temporal es opuesto a la verdad (la verdad no tiene opuestos, siendo los opuestos inexistentes ilusiones). Se dice que la verdad es "inmutable" e "indivisible", que es básicamente lo contrario de todo lo que conocemos, que son cosas cambiantes y divisibles. La palabra "perfección" ni siquiera sabemos lo que es, puesto que todo lo que conocemos es imperfecto, incluso cuando llamamos a algo "perfecto". La verdad es "infinita", "ilimitada" (dos negaciones de todas nuestras percepciones, que son finitas y limitadas), es "sin forma" (todo lo que conocemos tiene forma o límites espaciales o temporales), y es "plena" (todas nuestras percepciones están basadas en sujeto/objeto lo que da lugar a la carencia, desconociendo lo que es verdadera plenitud). Por lo tanto, los adjetivos que atribuimos a la verdad simplemente nos sirven para decirnos que nada de lo que conocemos perceptualmente es verdad. ¿Pero qué es la verdad realmente? ¿Qué es la verdadera plenitud, la verdadera unidad, lo verdaderamente infinito, etc? Esto es lo que no puede describirse con palabras, pero puede ser experimentado mediante la práctica espiritual no-dual, la cual nos despierta del sueño de la dualidad y permite el reconocimiento de lo que realmente siempre ES.

Otros adjetivos han sido también utilizados para apuntar hacia la verdad absoluta, por ejemplo los siguientes: Amor, Vida, Paz, Cielo, Conciencia, etc. No es necesario escribirlos en mayúscula, aunque en ocasiones se prefiere así, en parte para señalar más claramente que tales palabras no deben confundirse con los usos que hacemos de ellas a nivel dual. Es decir, con Amor no nos referimos al amor dual basado en sujeto y objeto. Lo mismo con Vida, que no equivale a la temporal vida dual que se opone a la muerte. Tampoco la paz dual que depende de circunstancias externas debería confundirse con la Paz no-dual, que es permanente e incondicional. Con Cielo no nos referimos a un Cielo externo, sino a nuestro estado natural de plenitud.Y la Conciencia tampoco se trata de la conciencia dual de un sujeto percibiendo objetos. La auténtica Conciencia-Vida-Amor-Paz está más allá de las palabras y más allá del individuo, pero puede ser experimentada por Sí Misma directamente.

La verdad es tu verdadero Ser, es UNO (no hay multiplicidad de seres o de individuos), es lo único que existe. La dualidad y sus ilusiones no existen, pues solo existe la Verdad, lo Absoluto. Pero puesto que insistimos tercamente en ser individuos experimentando dualmente un mundo de ilusiones, surgen los llamados caminos espirituales no duales, que nos ayudan a despertar del sueño de la dualidad, lo cual ya es una metáfora (todo lo relativo a los caminos no-duales se trata de metáforas, puesto que el Ser nunca se ha dormido y por lo tanto es una metáfora la idea de tener que despertar):

2) El Ser es UNO, inmutable, y nunca se ha dormido. Pero esto no es útil para "nosotros" que creemos estar experimentando un mundo de ilusiones, así que disponemos de las metáforas o juegos de los caminos no-duales para despertar del sueño de la dualidad. Este proceso es necesario porque lo hemos hecho necesario, pero una vez finalizado, una vez despiertos, se aclara todo y se sabe que nunca hubo sueño, nunca hubo dualidad ni necesidad de despertar. Y una vez despierto todo es plenitud y paz. Pero mientras uno se siente dormido (mientras haya la más mínima señal de individualidad/sufrimiento), se sea consciente de esto o no, se estará jugando a este juego o metáfora del despertar.

En realidad todos los caminos, a la larga, conducen al despertar. Pero los métodos más "acelerados" (aunque el tiempo es en realidad ilusorio) son los llamados caminos o filosofías o prácticas no-duales. Puede haber enfoques así en todas las tradiciones, tanto en el budismo como en el hinduismo, tanto en el judaísmo, el cristianismo y el islam, o en otras tradiciones. En mi caso, estoy más familiarizado con dos enfoques no-duales en concreto: el Advaita del hinduismo (ad-vaita significa literalmente "no-dos" o "no-dualidad") y Un Curso de Milagros (en un contexto de lenguaje marcadamente cristiano). También he tocado algo de budismo, pero muy poco, y por eso la mayoría de los ejemplos que aparecen en los posts de mis blogs suelen pertenecer a la tradición de Un Curso de Milagros (mi enfoque principal) y a la del Advaita (el segundo enfoque con el que estoy más familiarizado).

Este tipo de enfoques, sean de la tradición que sean, nos recuerdan que el mundo es una ilusión, que la dualidad es un sueño de limitación/sufrimiento del que la conciencia puede despertar. De hecho, el despertar está garantizado. Pero desde nuestra perspectiva puede parecer demorarse, y los enfoques no-duales son una ayuda para deshacer los bloqueos y dejar de retrasar el despertar al reconocimiento de lo que ya es y será desde siempre y para siempre. El sufrimiento es una ilusión de la que vamos a despertar. La realidad es plenitud. En la realidad no hay nacimiento ni muerte, ni tiempo ni deterioro, ni formas ni enfermedades, ni evolución ni carencia, sino solamente una plenitud indescriptible con palabras. Aunque sea Algo indescriptible, es una plenitud maravillosa que los enfoques no-duales nos ayudan a experimentar. No se puede describir en palabras, pero se puede "experimentar" (es decir, se puede SER ESO) de manera directa. Y ese es el objetivo de los caminos no-duales.

La verdadera libertad es ser lo que realmente se es. Esta libertad está siempre presente, siendo eterna e inmutable. No puede ser realmente reprimida, pero es como si estuviésemos jugando a que sí es posible reprimirla/ocultarla. Así que la verdadera libertad no puede ser realmente reprimida. El Ser ya ES. Y Eso es lo único que hay, y la única Libertad. Al soltar las imaginaciones, se revela que nada existe sino ESTO. Infinita plenitud. Sosiego profundísimo, inagotable. ¡Bendita Libertad!

Tienes derecho a ser feliz. De hecho, tu verdadera naturaleza es pura felicidad. Es lo que realmente eres. No puedes renunciar a ello. Pero te sientes carente, incompleto, porque te has confundido con respecto a lo que eres. No eres lo que crees ser. No eres un ser limitado. No eres una persona humana. No eres una individualidad, ni nada que tenga límites o fronteras, o se encuentre inserto en el limitadísimo e ilusorio universo del tiempo y del espacio. No eres nada de eso. Pero tu experiencia te dice lo contrario. Vives bajo la hipnosis de la experiencia aparente de la carencia, de la dualidad. Y en lo más profundo de ti, lo que realmente deseas es regresar a casa. Es decir, volver a experimentar la plenitud de tu estado natural, lo que realmente eres. Sin embargo, no puedes experimentar lo que eres mientras insistas en aferrarte a lo que no eres. Porque lo que no eres, es una negación de tu verdadero Ser.

Lo falso no existe, pero a ti te parece que está ahí y es tu experiencia. Lo verdadero existe siempre y es lo único que está presente, aunque tú te niegas a verlo (es decir, a experimentarlo). Lo falso y lo verdadero no pueden verse a la vez. Lo falso no existe ni siquiera cuando nos parece así, pero mientras nos aferremos a lo falso, nos parecerá que la verdad ha desaparecido de nuestra experiencia. Sin embargo, cuando nos desapegamos de lo falso, lo verdadero se revela por sí mismo, pues de hecho ya estaba ahí desde siempre, aunque nos negábamos a verlo. Tener discernimiento para desapegarse de lo falso es la clave de la práctica espiritual. El proceso de despertar del sueño de la dualidad consiste en ver lo falso como falso y renunciar a ello. Todo esto es a nivel mental, pues es la mente la que produce el aparente obstáculo, y en la mente se desata igualmente ese nudo. Ver lo falso como falso es discernimiento. Renunciar mentalmente a lo falso es desapego. Una parte importante (la parte fundamental) de los enfoques no-duales está dedicada al tema de la práctica. Es de hecho el tema más importante, pues la práctica es lo que atrae el despertar. Como veremos, el despertar es algo ilusorio, pues el Ser ya ES. Sin embargo, mientras nos experimentemos como limitados (sin plenitud), no habrá nada más importante que la práctica de aceptar que ya somos lo que verdaderamente somos. Aunque parezca paradójico, practicamos para recordar lo que realmente somos; para experimentar lo que ya somos pero que parecemos haber perdido. En realidad no se puede perder lo que siempre es, y por eso todo despertar es ilusorio. Pero puesto que uno parece sufrir (carencia de plenitud), lo más benigno y práctico es dejar de negar la verdad, aceptando la ilusión del despertar. El despertar es como una puerta que una vez traspasada desaparece y se reconoce que en realidad esa puerta nunca existió. Pero mientras no sea traspasada, atravesarla es la única meta de valor que se puede tener.

A su debido tiempo todos despertarán, pues el Ser no se ha dividido ni puede dejar de ser lo que ES. El tiempo no existe realmente, ni los individuos, pero sobre la dualidad y el proceso de despertar se habla siempre en metáforas que indiquen alguna pista. Por eso se dice que algún día todos habrán despertado. Lo cual son palabras que tienen algún sentido desde nuestro actual estado de conciencia limitado. Tras despertar ya no habrá necesidad de metáforas y será obvio que nunca hubo ni habrá nada excepto el UNO, el SER, por lo que nunca hubo un dormir en dualidad, ni necesidad de despertar.

Es natural que queramos regresar a casa, el lugar de origen del que nunca hemos salido. Es natural que deseemos "recuperar" nuestro estado natural, el cual nunca hemos perdido porque es inmutable. Es natural que deseemos ser lo que ya somos. Que queramos reconocer experimentalmente (no intelectualmente) lo que realmente somos. Que dejemos el sufrimiento atrás para siempre y reconozcamos nuestra inmortal plenitud. Los enfoques no-duales están dedicados a ayudar a esta superación de las ilusiones y a facilitar así el reencuentro con la verdad, que es plenitud y paz interior más allá de lo que se puede describir con palabras.

En realidad el lector de estas palabras no existe. Tampoco existen estas palabras. Son metáforas a nivel de la dualidad. Pero a este nivel dual (mientras uno todavía percibe diferencias y falta de plenitud) las metáforas son útiles. Para aquellos que les resuene este tipo de enfoque (no-dualidad), esta colección de metáforas podrá resultarles útil para completar el proceso de despertar. Este tipo de mensaje puede verse como un reflejo de uno mismo, susurrándose uno a sí mismo una manera relativamente rápida de despertar. Este mensaje no está fuera de ti. No hay nada fuera de ti. Esto confirma que nada externo puede impedirte despertar. Tampoco hay nada externo que te obligue a despertar. Todo depende de ti. Despertarás cuando tengas un sincero deseo de despertar. Cuando sinceramente lo desees, encontrarás una práctica que te resuene y la practicarás. Y finalmente despertarás. No importa cuánto tiempo te lleve esto, pues el tiempo no es real (tu verdadero Ser ya está despierto; se trata de reconocer esto de manera consciente, constante y experimentalmente). Digamos que te llevará tanto tiempo como necesites para ir soltando gradualmente todos tus apegos y toda tu resistencia a despertar. Podrías hacer esto en un instante, pero en la práctica es un proceso gradual porque tu mente parece estar dividida y una parte de ti quiere despertar mientras que otra parece resistirse a ello (porque esa parte tiene miedo de perder la ilusoria individualidad). La parte que quiere despertar se saldrá con la suya, porque esta parte representa un reflejo más nítido de la verdad. Y la verdad no conoce la derrota. La verdad siempre es.

Anímate, sabiendo que no eres una víctima. Todo va bien. Ya eres lo que eres.

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