lunes, 19 de junio de 2017

Vemos lo que queremos ver

En la película Imperium (2016) surge al menos un par de veces esta idea: "Vemos lo que queremos ver".

Es una idea reflejada también en Un Curso de Milagros. Por ejemplo:

Verás aquello que desees ver. (T.21.II.9.5)

En el Curso hay muchos reflejos de esa misma idea, expresada en una gran variedad de formas, por ejemplo:

Esto concuerda con la ley fundamental de la percepción: ves lo que crees que está ahí, y crees que está ahí porque quieres que lo esté. (T.25.III.1.3)

El ego es un intento erróneo de la mente de percibirte tal como deseas ser, en vez de como realmente eres. (T.3.IV.2.3)

¿Has pensado alguna vez en el poder de distorsión que tiene lo que deseas, aun cuando no es real? (T.8.VIII.8.2)

Cuando lo único que desees sea amor no verás nada más. (T.12.VII.8.1)

No hay prueba que pueda convencerte de la verdad de lo que no deseas. (T.16.II.6.1)

Los sueños te muestran que tienes el poder de construir un mundo a tu gusto, y que por el hecho de desearlo lo ves. (T.18.II.5.1)

La verdad se restituye en ti al tú desearla, tal como la perdiste al desear otra cosa. (T.20.VIII.1.2)

Verás aquello que desees ver. Y si la realidad de lo que ves es falsa, lo defenderás no dándote cuenta de todos los ajustes que has tenido que hacer para que ello sea como lo ves. (T.21.II.9.5-6)

¿Y deseo ver aquello que negué porque es la verdad? (T.21.VII.5.14)

Lo que deseas es verdad para ti. (T.24.V.1.6)

Elige, pues, lo que deseas ver: su cuerpo o su santidad; y lo que elijas será lo que contemplarás. (T.24.VI.7.1)

(La percepción) Es el cuadro externo de un deseo: la imagen de lo que tú querías que fuese verdad. (T.24.VII.8.10)

El hijo del hombre percibe una voluntad ajena y desea que sea verdad. Y así, su percepción apoya su deseo, haciendo que parezca verdad. (T.24.VII.11.8-9)

Tu deseo de ver hace que la gracia de Dios descienda sobre tus ojos, trayendo consigo el regalo de luz que hace que la visión sea posible. (T.25.VI.3.1)

Ver a un hermano en otro cuerpo, separado del tuyo, es la expresión del deseo de ver únicamente una pequeña parte de él y de sacrificar el resto. (T.26.I.1.6)

Sólo necesitas desear que se te conceda el Cielo en vez del infierno, y todos los cerrojos y barreras que parecen mantener la puerta herméticamente cerrada se desmoronarán y desaparecerán. (T.26.II.8.5)

Y lo único que lo considera real es el deseo de que lo que ya pasó pueda volver a ser real y verse aquí y ahora, en lugar de lo que realmente se encuentra aquí y ahora. (T.26.V.8.2)

El Hijo de Dios percibió lo que quería ver porque la percepción es un deseo colmado. (T.26.VII.3.3)

La salvación, perfecta e íntegra, sólo pide que desees, aunque sea mínimamente, que la verdad sea verdad; que estés dispuesto, aunque no sea del todo, a pasar por alto lo que no existe; y que abrigues un leve anhelo por el Cielo como lo que prefieres a este mundo, donde la muerte y la desolación parecen reinar. (T.26.VII.10.1)

Y lo que deseas se te concede para que lo puedas ver. (T.27.II.7.8)

Pues los ojos y los oídos son sentidos sin sentido, y lo único que hacen es relatar lo que ven y lo que oyen. Mas no son ellos los que ven y oyen, sino tú, quien ensambló cada trozo irregular, cada migaja y fragmento absurdo de prueba para que diera testimonio del mundo que deseas. (T.28.V.5.6-7)

Tú eliges los sueños que tienes, pues son la representación de tus deseos, aunque se perciben como si viniesen de afuera. (T.29.VII.8.4)

Pues ver es tan sólo la representación de un deseo, ya que no tiene el poder de crear. (T.31.VII.12.5)

Verás lo que desees ver. (L.20.5.5)

Lo verás o no lo verás, tal como desees. Mientras desees verlo, lo verás; cuando ya no lo desees ver, no estará ahí para que lo puedas ver. (L.32.1.4-5)

Y nadie puede dejar de ver lo que cree desear. (L.130.1.6)

El mundo en sí no es nada. Tu mente tiene que darle significado. Y lo que contemplas en él es la representación de tus deseos, de modo que puedas verlos y creer que son reales. (L.132.4.1-3)

El propósito de la vista es mostrarte aquello que deseas ver. (L.161.2.5)

Por cierto, en UCDM se ofrece una buena colección de ideas útiles, cada una en su propio contexto. Por ejemplo, también dice cosas como:

El mundo que ves no te ofrece nada que tú desees. (L.128.2.5)

En ese contexto se está haciendo hincapié en una idea de la mentalidad recta. Nuestra mentalidad errada cree que en el mundo se pueden encontrar cosas de valor, y cree eso porque eso es lo que desea. Pero la otra parte de nuestra mente dividida, la mentalidad recta, ve claramente que el mundo no nos ofrece nada, y puesto que la mentalidad recta es la parte de nuestra mente que refleja nuestro verdadero ser, podemos decir que el mundo no nos ofrece nada que realmente deseemos (en nuestra mentalidad recta, o sea, cuando estamos en nuestros cabales).

En fin... razonando desde una mentalidad recta, podríamos bien preguntarnos:

¿Qué otra cosa podría desear sino la verdad acerca de mí mismo? (L.231.1.6)

Porque si lo que somos es completa paz y alegría ilimitada, mientras que el capricho del ego no nos da más que límites, inquietudes y quebraderos de cabeza, si realmente llegamos a darnos cuenta de esto, ¿cómo íbamos a seguir prefiriendo los conflictivos y dolorosos caprichos del ego en vez de la calmada paz y la inagotable alegría constante de nuestro verdadero Ser?

Y volviendo al tema de que vemos lo que deseamos:

¡Cuán inevitablemente, pues, se alza el mundo real ante la santa visión de aquel que acepta el propósito del Espíritu Santo como aquello que desea ver! (L.312.1.5)

La cita anterior es una de tantas que nos indican el camino para lograr en la práctica la paz que queremos: la paz de nuestro Ser. Es la práctica del perdón, el propósito del Espíritu Santo. Cuando aceptamos ver a nuestros hermanos con perdón, en vez de seguir prefiriendo agarrarnos a nuestros resentimientos, estamos aceptando reconocer la verdad y volver a ser conscientes de la paz que somos. Dicho en otras palabras:

Perdonar es una elección. Nunca veo a mi hermano tal como es, pues eso está mucho más allá de la percepción. Lo que veo en él es simplemente lo que deseo ver, pues eso es lo que quiero que sea verdad. A eso es a lo único que respondo, por mucho que parezca que es a los acontecimientos externos. Elijo lo que deseo contemplar, y eso, y sólo eso, es lo que veo. La impecabilidad de mi hermano me muestra que quiero contemplar la mía propia. Y la veré, puesto que he decidido ver a mi hermano en la santa luz de su inocencia. (L.335.1)

Y así es como elegimos seguir durmiendo en la dualidad o despertar de ella. Al aferrarnos a nuestros resentimientos (viendo culpabilidad en nuestros hermanos) estamos eligiendo seguir dormidos en la dualidad. En cambio, al soltar nuestros resentimientos y aceptar el perdón y los intereses compartidos, estamos eligiendo despertar.

Sólo la mente decide si lo que vemos es real o ilusorio, deseable o indeseable, placentero o doloroso. (M.8.3.11)

En nuestras vidas cotidianas, todo lo que vemos es una interpretación. La mente decide. E igualmente con la siguiente cita:

La percepción puede dar forma a cualquier imagen que la mente desee ver. (M.19.5.2)

Y así, ante una misma situación externa, diferentes personas tienen puntos de vista diferentes y ven cosas diferentes. Uno ve a alguien como simpático, otro como odioso, uno ve culpabilidad, otro miedo, otro una llamada de amor, etc. El ladrón cree que todos son de su condición... el pecador cree que todos son pecadores... el engañador cree que todos engañan... el santo cree que todos son santos.

Incluso lo que una vez se deseó puede volverse indeseable. (C.3.7.2)

Y aquí radica la esperanza, porque cuando por fin nos cansamos de sufrir comenzamos a ver más allá del engaño y empezamos a aceptar que debe haber otro camino... aceptando empezar a ver las cosas de otra manera, viendo que no es necesario seguir sufriendo siguiendo los designios del ego, que comiencen como empiecen, finalmente siempre acaban en tragedia y decepción. Por fortuna, hay salida, puesto que cuando nos cansamos de esto, podemos cambiar de opinión y aceptar la jubilosa verdad.

Vemos lo que queremos ver. Si esta idea se repite tantas veces a lo largo de UCDM, deberíamos intuir que se hace así por algo. Se nos repite para que no pasemos por alto una idea tan importante para despertar. ¿Qué vamos ahora a elegir ver; la culpabilidad o la inocencia de nuestros hermanos? Lo que elijamos, eso es lo que veremos, y eso es lo que pensaremos de nosotros mismos en lo más profundo de nuestra mente inconsciente. Elijamos empezar a entrenarnos en ver inocencia en todos, y la aceptaremos así para todos y para nosotros mismos. 

Apéndice: Es tal la relevancia de esta idea en el sistema de pensamiento de UCDM que se repite una y otra vez, casi sin parar, en diversas formas. Las citas que he usado como ejemplo no agotan el tema, ni mucho menos. Además, en UCDM se hace eco de variantes de esta idea usándose un vocabulario diferente, por ejemplo las diversas formas de expresar el mensaje bíblico del "buscad y hallaréis", que también hacen referencia a esto (¿vamos a buscar inocencia o culpabilidad? ¿Separación y dualidad, o unión y unidad? Lo que elijamos buscar, eso veremos). Veamos algunas citas más como ejemplo del mismo tema expresado en palabras diferentes:

Has hecho invisible la única verdad que este mundo encierra. Al valorar lo que no es nada, has buscado lo que no es nada. Al conferirle realidad a lo que no es nada, lo has visto. Pero no está ahí. Y Cristo es invisible a causa de lo que has hecho que sea visible para ti. (T.12.VIII.6.7-11)

Buscad y hallaréis, sí. Si buscamos ego/separación/conflicto, eso encontraremos. Pero si buscamos realmente liberación, paz y felicidad, si es eso realmente lo que queremos, debemos buscar adecuadamente: sin el ego como guía de la búsqueda. Porque de lo contrario, el ego nos llevará a buscar la felicidad donde no está, buscándola en el especialismo, que es separación y conflicto. Si realmente queremos la liberación, debemos buscarla siguiendo la guía del Espíritu Santo, buscando la liberación donde está, en vez de donde no está. Buscad y encontraréis, pero debemos buscar la verdad donde ésta está:

No permitas que ninguna sombra tenebrosa de tu pasado oculte a tu hermano de tu vista, pues la verdad se encuentra solamente en el presente, y si la buscas ahí, la encontrarás. La has buscado donde no está, y, por lo tanto, no has podido encontrarla. (T.13.VI.5.4-5)

Cuando buscas la realidad en fantasías no la puedes encontrar. (T.9.IV.11.2)

Porque el ego es engañoso, y si dejamos que él lidere nuestra búsqueda, no encontraremos lo que realmente buscamos (paz, felicidad), sino que solo encontraremos lo que quiere el ego. Por eso el lema del ego es:

BUSCA, PERO NO ENCUENTRES. 

Lo mismo en palabras del Curso:

Sus dictados, por lo tanto, pueden resumirse simplemente de esta manera: "Busca, pero no halles". (T.12.IV.1.4)

He dicho que la regla del ego es: "Busca, pero no halles". (T.12.V.7.1)

"Busca, pero no halles" sigue siendo el decreto implacable de este mundo, y nadie que persiga los objetivos del mundo puede eludirlo. (M.13.5.8)

O en otras palabras: busca, pero encuentra solamente lo que el ego quiere y no encuentres nada más. Es decir: busca la felicidad, pero encuentra solamente la "felicidad" del ego, que no es felicidad sino conflicto e infelicidad. 

El ego encuentra lo que busca y nada más. No encuentra amor porque no es eso lo que busca. Mas buscar es lo mismo que encontrar y si vas en pos de dos objetivos opuestos los encontrarás, pero no podrás reconocer ninguno de ellos. (T.12.VII.6.4-6)

"Busca y hallarás" no significa que tengas que buscar ciega y desesperadamente algo que no podrías reconocer. (T.4.V.5.2)

Si tienes fe en lo que no es nada, encontrarás el "tesoro" que buscas. (T.14.II.1.7)

Pero si buscamos con la ayuda del Espíritu Santo, entonces encontraremos lo que verdaderamente nos colmará:

Pues Su promesa es siempre: "Busca y hallarás", y bajo Su dirección no podrás fracasar. (T.12.IV.4.5)

Quien busca la gloria la halla donde ésta se encuentra. (T.23.introd.3.7)

Busca esa puerta hasta que la encuentres. (L.131.12.1)

¿Cómo buscamos la verdad? Mediante la ayuda del Espíritu Santo: mediante el perdón. Y así:

Liberas al futuro de todas tus viejas ideas de ir en busca de lo que realmente no deseas encontrar. (L.132.2.4)

Pero la verdad es que encontraste exactamente lo que andabas buscando cuando viniste. (L.132.4.5)

Perdónate a ti mismo tus vanas imaginaciones y deja de buscar lo que no puedes encontrar. (L.200.3.5)

Tratemos, por lo tanto, de encontrar la faz de Cristo y de no buscar nada más. (L.PII.Preg6.5.2)

Búscala allí donde te espera y allí la hallarás. (L.76.2.4)

Busca y hallarás. (L.72.11.4)

En definitiva, podemos elegir poner nuestra confianza en los testigos del miedo (que hablan de culpabilidad, conflicto, traición, robo, carencia, miedo, muerte, etc) o en los testigos del amor (que hablan de unión, de intereses compartidos, de belleza, de vida y de paz). El Curso utiliza a veces un lenguaje muy gráfico para referirse a esta elección, a estos testigos. Por ejemplo, de los testigos del ego/miedo/culpabilidad, dice en un estilo de poema trágico:

Las relaciones que se entablan en este mundo son el resultado de cómo se ve el mundo. Y esto depende de la emoción a la que se pidió que enviara sus mensajeros para que lo contemplasen y regresasen trayendo noticias de lo que vieron. A los mensajeros del miedo se les adiestra mediante el terror, y tiemblan cuando su amo los llama para que le sirvan. Pues el miedo no tiene compasión ni siquiera con sus amigos. Sus mensajeros saquean culpablemente todo cuanto pueden en su desesperada búsqueda de culpabilidad, pues su amo los deja hambrientos y a la intemperie, instigando en ellos la crueldad y permitiéndoles que se sacien únicamente de lo que le llevan. Ni el más leve atisbo de culpabilidad se escapa de sus ojos hambrientos. Y en su despiadada búsqueda de pecados se abalanzan sobre cualquier cosa viviente que vean, y dando chillidos se la llevan a su amo para que él la devore. (T.19.IV.A.12)

No envíes al mundo a esos crueles mensajeros para que lo devoren y se ceben en la realidad. Pues te traerán noticia de carne, pellejo y huesos. (T.19.IV.A.13.1-2)

Es decir, nos traen mensajes de muerte. En palabras del Libro de ejercicios:

Y es ésta (separación/carencia/culpabilidad/debilidad/muerte) la que ve a través de los ojos del cuerpo, escudriñando la obscuridad para contemplar lo que es semejante a ella misma: los mezquinos y los débiles, los enfermizos y los moribundos; los necesitados, los desvalidos y los amedrentados; los afligidos y los pobres, los hambrientos y los melancólicos. Esto es lo que se ve a través de los ojos que no pueden ver ni bendecir. (L.92.3.3-4)

Pero podemos elegir (vemos lo que queremos ver) sustituir a esos mensajeros del miedo por los amables mensajeros del amor del Espíritu Santo (elegimos a estos mensajeros mediante el perdón):

El Espíritu Santo te ha dado los mensajeros del amor para que los envíes en lugar de aquellos que adiestraste mediante el terror. Están tan ansiosos de devolverte lo que tienen en gran estima como los otros. Si los envías, sólo verán lo bello y lo puro, lo tierno y lo bondadoso. Tendrán el mismo cuidado de que no se les escape ningún acto de caridad, ninguna ínfima expresión de perdón ni ningún hálito de amor. Y retornarán con todas las cosas bellas que encuentren para compartirlas amorosamente contigo. No tengas miedo de ellos. Te ofrecen la salvación. Sus mensajes son mensajes de seguridad, pues ven el mundo como un lugar bondadoso. (T.19.IV.A.14)

Si envías únicamente los mensajeros que el Espíritu Santo te da, sin desear otros mensajes que los suyos, nunca más verás el miedo. El mundo quedará transformado ante tu vista, limpio de toda culpabilidad y teñido de una suave pincelada de belleza. No hay miedo en el mundo que tú mismo no hayas sembrado en él. Ni ninguno que puedas seguir viendo después de pedirles a los mensajeros del amor que lo desvanezcan. El Espíritu Santo te ha dado Sus mensajeros para que se los envíes a tu hermano y para que retornen a ti con lo que el amor ve. Se te han dado para reemplazar a los hambrientos perros del miedo que enviabas en su lugar. Y marchan adelante para dar a conocer que el fin del miedo ha llegado. (T.19.IV.A.15)

Resumiendo:

Vemos lo que queremos ver. 

Busca y hallarás. (L.72.11.4)

Pero no busquemos desde el especialismo del ego (enviando a los "perros del miedo" —T.19.IV.A.15.6), sino recurriendo al mensaje de amor universal (sin condiciones, sin excepciones, sin limitaciones) del Espíritu Santo, es decir, sustituyendo el miedo por el perdón. 

Si perdono a mi hermano, estoy buscando con el Espíritu Santo como mi Guía.
Si condeno a mi hermano, estoy buscando con el ego, y sólo encontraré más ego.

Podemos elegir qué buscar, qué ver. Entendido así, efectivamente es cierto que vemos lo que queremos ver. Puedo elegir si enviar al mundo los perros del miedo (mirar el mundo con condenación, mediante los ojos del ego), o si enviar las palomas del amor (mirar al mundo con perdón, mediante los ojos del sistema de pensamiento de la mentalidad recta, mediante la Guía del Espíritu Santo extendiendo el amor, y por lo tanto reconociendo que en mi interior hay amor, y por eso es amor lo que extiendo al contemplar el mundo).

Cuando lo único que vea en mí sea amor, eso será lo único que extenderé. Pero todo a su ritmo, pues esto es un proceso y es sensato reconocer que todavía me aferro en buena parte a las ilusiones de falta de amor. Sin embargo, si soy constante en practicar lo que realmente quiero ver, lo veré cada vez más y, si me mantengo con constancia en practicar esto, finalmente me liberaré para siempre de las sombras ilusorias del miedo. 

¿Qué estoy eligiendo? Lo demuestro en cada instante (¿estoy en paz o no; estoy en actitud amorosa o no?). Y simplemente, cuando no me guste lo que veo y siento, basta con que me acuerde de que... puedo elegir de nuevo. 

Saludos

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