¿Cómo podría haber algún otro camino verdadero que no sea el Curso?
P-954: Un Curso de Milagros dice que es sólo uno entre muchos caminos al hogar ((M.1.4.1-2)). Sin embargo he oído que el único camino a casa es abandonar el sueño. Pero puesto que no hay otros caminos que digan que este mundo es un sueño, o que expliquen cómo llegamos aquí, o el sistema de pensamiento del ego, o la culpa ontológica, o que los cuerpos no existen, o que sólo hay uno de nosotros y no billones y billones, etc., etc., ¿cómo puede haber realmente otros caminos que nos conduzcan a la paz y entonces al hogar? Los fundamentos metafísicos son tan esenciales que, en mi opinión, el Curso es el único camino al hogar. ¿Podríais explicar a qué otros caminos se refiere el Curso en esa cita que he mencionado? ¿Y podemos realmente llegar a casa sin entender nuestra propia psicología y por qué actuamos como lo hacemos? Me parece que el Curso fue escrito porque ningún otro camino nos había despertado a estas ideas.
Respuesta: Tienes razón en que la metafísica y la psicología de Un Curso de Milagros son únicas.Y es casi inevitable que si el Curso te habla (te resuena), vas a sentirlo como el único posible camino al hogar. Pero los seguidores de la mayoría de los caminos podrían hacer exactamente la misma reivindicación —y tal como atestigua la historia del mundo, con demasiada frecuencia se hace de un modo muy poco amable. La convicción de que el nuestro es el único camino es el resultado de la confusión entre forma y contenido.
Cuando reflexionamos sobre los caminos espirituales, podríamos considerar el contenido como siendo sinónimo de propósito o de objetivo, y la forma como siendo el método para alcanzar ese objetivo. El Curso nos dice que el instante santo, la relación santa y la enseñanza del Espíritu Santo «todos ellos no son sino aspectos del plan cuyo fin es cambiar tus sueños de terror a sueños felices, desde los cuales puedas despertar fácilmente al conocimiento» (T.18.V.1.4). De hecho, ese es un excelente resumen del propósito del Curso mismo. Trata de ayudarnos a cambiar nuestra mente desde nuestra imaginaria culpa (simbolizada en el Curso por el ego), hasta el recuerdo del todo-abarcador Amor de Dios (simbolizado en el Curso por el Espíritu Santo). Dentro de este mundo soñado, una vez que hayamos hecho ese cambio, pasaremos de proyectar culpa a todos lados, a extender amor. Cómo y cuándo conducirá este cambio a despertar del sueño no es tampoco asunto nuestro, ni asunto del Curso —que nos dice que Dios mismo será el responsable de ese paso final (T.18.IX.10).
El Curso, entonces, no es nuestro camino al hogar. Más bien es una herramienta para crear las condiciones en nuestra mente en las que podamos encontrar nuestro camino al hogar. Aunque el Curso puede conducirnos a la verdad, no hay que confundir sus palabras, su metafísica y su psicología con la verdad misma. Tal como el Curso dice, «las palabras no son más que símbolos de símbolos. Por lo tanto, están doblemente alejadas de la realidad» (M.21.1.9-10). De manera que aunque el amor que inspiró el Curso es real, en algún momento tenemos que tomar conciencia de que el Curso mismo es todavía parte de la ilusión.
Si es la parte de la ilusión que nos ayuda a despertar a lo que se encuentra más allá de la ilusión, entonces eso es una cosa maravillosa. Pero eso no quiere decir que sea la única cosa en este sueño que sirva para ese propósito, ni que el Curso sea útil para ese propósito con todas las personas. Para algunos, la explicación del Curso de cómo llegamos aquí y por qué hacemos lo que hacemos podría no tener absolutamente ningún sentido. Pero ciertamente eso no significa que ellos no puedan despertar al Amor de Dios. Una persona podría tener una experiencia de mentalidad recta leyendo el Curso, contemplando una puesta de sol, leyendo la Biblia, hojeando la guía telefónica, en medio de una zona de guerra o en millones de otros posibles escenarios. Este es el motivo de que el Curso diga que «existen muchas otras miles de formas, todas con el mismo desenlace» (M.1.4.1-2). En declaraciones como esa, Jesús en realidad está diciendo que la forma es irrelevante —lo que importa es el significado o propósito que nosotros le damos a la forma. Por lo tanto, Jesús no se está refiriendo a otras formas en concreto. Más bien está reconociendo que el prerrequisito para despertar no es ningún conocimiento, forma o punto de vista en concreto, sino más bien una simple decisión. Y lo que lleva a cualquier otra persona a tomar esa decisión, o el motivo por el que la toma, está más allá de nuestra comprensión y no es asunto nuestro.
En este sentido, es útil recordar que: «Un maestro de Dios es todo aquel que decide serlo. Sus atributos consisten únicamente en esto: de alguna manera y en algún lugar ha elegido deliberadamente no ver sus propios intereses como algo aparte de los intereses de alguien más» (M.1.1.1-2).
Link original en inglés: http://www.facimoutreach.org/qa/questions/questions192.htm#Q954
Índice de las P&R traducidas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/11/indice-de-traducciones-de-p-de.html
lunes, 8 de agosto de 2016
Facimoutreach P-953
¿Por qué debería molestarme en defenderme cuando se me trata injustamente en mi negocio?
P-953: Mi marido y yo dirigimos una pequeña tienda. Últimamente hemos tenido una racha de experiencias en las que los proveedores nos enviaron mercancías dañadas, o se comportaban de un modo ligeramente hostil. Entiendo que estas experiencias simbolizan mi miedo a Dios, que produce culpa y la creencia en el castigo. Lo que es nuevo es que siento como que no puedo soportar discutir por nada de esto —estar enfadada con los proveedores, preocuparme por el dinero, ¡o hacer algo con respecto al asunto! Es como si simplemente no pudiera hacer nada más. «En mi indefensión radica mi seguridad» ((L.153)) se ha convertido en mi lema. Simplemente no puedo soportar la idea de defenderme en la mayoría de las situaciones. Eso me duele mucho. Y sin embargo, ahí está el (¿ego?) miedo de que estoy usando el Curso para evitar la confrontación, o malinterpretando la guía que busco pero sin nunca estar segura de haber escuchado correctamente. Siento como si en esta vida hubiera cobrado de más, o entregado bienes defectuosos de diversas maneras diferentes. ¿Por qué debería defenderme contra (o enfadarme por) el maltrato que otras personas me dispensan, cuando quiero perdonarlas? Preferiría simplemente ignorar (hacer caso omiso de) este tipo de incidentes y dejar que sucedan. Sólo quiero dejarlo a un lado y perdonar a todos, incluso si me cuesta dinero o me causa inconvenientes. Esto parece un precio pequeño a pagar por la paz mental. ¿Me estoy engañando a mí misma?
Respuesta: Como Un Curso de Milagros es una guía para cambiar tu mentalidad y no tu comportamiento, no hay un modo correcto ni incorrecto de manejar las cosas como estudiante del Curso. Sin embargo, puede ser útil aclarar a qué se refiere Jesús por indefensión. El concepto de indefensión del Curso no tiene nada que ver con el comportamiento. Es estrictamente sobre lo que sucede en la mente. Cuando elegimos al ego como maestro interno, empezamos con la premisa de que somos culpables por haber robado de Dios nuestra misma existencia. Entonces reprimimos esa idea y la proyectamos sobre los demás, convenciéndonos de que ellos nos robaron la paz de Dios. A nivel de la forma, reflejamos esta dinámica cada vez que nos enfadamos con otra persona. Si estamos molestos de que alguien que conduce otro coche nos cierra el paso en la autopista, o furiosos de que la gente nos roba nuestro dinero, subyacente a nuestra molestia está la acusación de que ellos robaron la paz de Dios.
Por otra parte, cuando elegimos al Espíritu Santo como Maestro interno, independientemente de lo que experimentemos en el mundo, sabemos que el Amor de Dios sigue estando en nuestra mente. Y puesto que está ahí, es obvio que ninguna de las cosas de las cuales nos acusamos han tenido ningún efecto, y por lo tanto tienen que ser imaginarias. Eso significa que somos inocentes, y si lo somos, entonces todos los demás tienen que serlo también. Sabiendo eso, es imposible hacer otra cosa que extender amor. Esta es entonces la definición de Jesús de la indefensión: cuando no sentimos la necesidad de defendernos porque nada tiene el poder de arrebatarnos nuestra paz.
Obviamente, muy pocos de nosotros podemos afirmar que hemos alcanzado ese estado (y la última cosa que deberíamos fingir es que lo hemos alcanzado). De hecho, el propósito del Curso es ofrecernos un mapa de carreteras para que logremos llegar a ese estado. Nos envía a un viaje interior, que consiste en convertir cada experiencia de nuestras vidas en un aula en la que aprender el perdón. Desafortunadamente, debido a nuestro condicionamiento para decidirlo todo basándonos en la forma en lugar de en el contenido, muchos estudiantes inadvertidamente pierden el rumbo (el juego de palabras es intencionado) ((se refiere a un juego de palabras en inglés, "get off course", que puede interpretarse a la vez como "perder el curso" en el sentido de perder el rumbo, o "perder el curso" en el sentido de dejar el Curso de lado al malinterpretar su enseñanza)) al suponer que perdonar significa —como has afirmado— hacer caso omiso de todo y dejar que suceda. Jesús no nos está pidiendo que hagamos eso. De hecho, dejar que los sucesos en los que parecemos ser la víctima simplemente sucedan, ya que tratamos de perdonar al agresor, a menudo nos conduce directamente a una cruel trampa del ego. No sólo hacemos que los sentimientos de ser víctima sigan en su sitio (y seguro que serán proyectados a otro lugar), sino que también nos hace sentirnos superiores a quienes parecen haberse portado mal con nosotros.
Por ejemplo, has dicho que quieres perdonar incluso si el incidente te hace perder dinero y te causa inconvenientes. Eso podría estar bien, pero asegúrate de que no estás suponiendo una relación causal que no existe. No creas que permitir que otra persona te quite algo o se aproveche de ti (en otras palabras, no creas que sacrificar algo) es una parte indispensable para que experimentes el perdón. En realidad no existe ningún tipo de vínculo entre el sacrificio y el perdón. Ni tampoco mereces ser maltratada ahora porque en el pasado hayas cobrado de más o hayas entregado bienes defectuosos. Al igual que el sacrificio, el sufrimiento y la venganza (o desquite "compensatorio") no desempeñan ningún papel en el perdón.
Es el ego el que ama estas maquinaciones porque implican que te conviertes en un héroe en tu propia mente (y quizás a los ojos del mundo) mientras que la otra persona se queda en villano. Y además mantienes tu creencia en los intereses separados. La otra persona ha hecho algo aparentemente deshonesto o poco amable y tú has decidido que lo que a ti te conviene es simplemente aceptar eso y por el bien de esa otra persona no afrontar en absoluto lo sucedido. Esto muy bien podría estar negándoos a ambos vuestras aulas ((por ejemplo, puede ser que, a veces, callarse haciendo caso omiso de un asunto prive a las personas implicadas del aprendizaje que se produciría si reclamas tus derechos, lo cual podría ser una oportunidad de aprendizaje para practicar el perdón mientras se hace tranquilamente —pero de manera firme, si es preciso— la reclamación)).
Hay muchas probabilidades de que se podría facilitar una mayor curación al hacer lo que hacen las personas denominadas normales, pero dando un propósito diferente a las acciones. En otras palabras, tomar las medidas adecuadas para evitar que otros se aprovechen de ti, pero hacer eso sin odiarles o atacarles mentalmente. Eso, por supuesto, requiere que antes de que hagas algo, le pidas ayuda al Espíritu Santo para que mire contigo la culpa, el miedo y la ira que aún siguen en tu mente. Esto siempre te llevará a descubrir el proceder (las medidas a tomar o a no tomar, la manera de relacionarse) que será mejor para los intereses que compartes con tu hermano —despertar de este sueño. Y entonces sentirás una verdadera sensación de paz que dejará claro que no te habrás engañado a ti misma.
Link original en inglés: http://www.facimoutreach.org/qa/questions/questions192.htm#Q953
Índice de las P&R traducidas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/11/indice-de-traducciones-de-p-de.html
P-953: Mi marido y yo dirigimos una pequeña tienda. Últimamente hemos tenido una racha de experiencias en las que los proveedores nos enviaron mercancías dañadas, o se comportaban de un modo ligeramente hostil. Entiendo que estas experiencias simbolizan mi miedo a Dios, que produce culpa y la creencia en el castigo. Lo que es nuevo es que siento como que no puedo soportar discutir por nada de esto —estar enfadada con los proveedores, preocuparme por el dinero, ¡o hacer algo con respecto al asunto! Es como si simplemente no pudiera hacer nada más. «En mi indefensión radica mi seguridad» ((L.153)) se ha convertido en mi lema. Simplemente no puedo soportar la idea de defenderme en la mayoría de las situaciones. Eso me duele mucho. Y sin embargo, ahí está el (¿ego?) miedo de que estoy usando el Curso para evitar la confrontación, o malinterpretando la guía que busco pero sin nunca estar segura de haber escuchado correctamente. Siento como si en esta vida hubiera cobrado de más, o entregado bienes defectuosos de diversas maneras diferentes. ¿Por qué debería defenderme contra (o enfadarme por) el maltrato que otras personas me dispensan, cuando quiero perdonarlas? Preferiría simplemente ignorar (hacer caso omiso de) este tipo de incidentes y dejar que sucedan. Sólo quiero dejarlo a un lado y perdonar a todos, incluso si me cuesta dinero o me causa inconvenientes. Esto parece un precio pequeño a pagar por la paz mental. ¿Me estoy engañando a mí misma?
Respuesta: Como Un Curso de Milagros es una guía para cambiar tu mentalidad y no tu comportamiento, no hay un modo correcto ni incorrecto de manejar las cosas como estudiante del Curso. Sin embargo, puede ser útil aclarar a qué se refiere Jesús por indefensión. El concepto de indefensión del Curso no tiene nada que ver con el comportamiento. Es estrictamente sobre lo que sucede en la mente. Cuando elegimos al ego como maestro interno, empezamos con la premisa de que somos culpables por haber robado de Dios nuestra misma existencia. Entonces reprimimos esa idea y la proyectamos sobre los demás, convenciéndonos de que ellos nos robaron la paz de Dios. A nivel de la forma, reflejamos esta dinámica cada vez que nos enfadamos con otra persona. Si estamos molestos de que alguien que conduce otro coche nos cierra el paso en la autopista, o furiosos de que la gente nos roba nuestro dinero, subyacente a nuestra molestia está la acusación de que ellos robaron la paz de Dios.
Por otra parte, cuando elegimos al Espíritu Santo como Maestro interno, independientemente de lo que experimentemos en el mundo, sabemos que el Amor de Dios sigue estando en nuestra mente. Y puesto que está ahí, es obvio que ninguna de las cosas de las cuales nos acusamos han tenido ningún efecto, y por lo tanto tienen que ser imaginarias. Eso significa que somos inocentes, y si lo somos, entonces todos los demás tienen que serlo también. Sabiendo eso, es imposible hacer otra cosa que extender amor. Esta es entonces la definición de Jesús de la indefensión: cuando no sentimos la necesidad de defendernos porque nada tiene el poder de arrebatarnos nuestra paz.
Obviamente, muy pocos de nosotros podemos afirmar que hemos alcanzado ese estado (y la última cosa que deberíamos fingir es que lo hemos alcanzado). De hecho, el propósito del Curso es ofrecernos un mapa de carreteras para que logremos llegar a ese estado. Nos envía a un viaje interior, que consiste en convertir cada experiencia de nuestras vidas en un aula en la que aprender el perdón. Desafortunadamente, debido a nuestro condicionamiento para decidirlo todo basándonos en la forma en lugar de en el contenido, muchos estudiantes inadvertidamente pierden el rumbo (el juego de palabras es intencionado) ((se refiere a un juego de palabras en inglés, "get off course", que puede interpretarse a la vez como "perder el curso" en el sentido de perder el rumbo, o "perder el curso" en el sentido de dejar el Curso de lado al malinterpretar su enseñanza)) al suponer que perdonar significa —como has afirmado— hacer caso omiso de todo y dejar que suceda. Jesús no nos está pidiendo que hagamos eso. De hecho, dejar que los sucesos en los que parecemos ser la víctima simplemente sucedan, ya que tratamos de perdonar al agresor, a menudo nos conduce directamente a una cruel trampa del ego. No sólo hacemos que los sentimientos de ser víctima sigan en su sitio (y seguro que serán proyectados a otro lugar), sino que también nos hace sentirnos superiores a quienes parecen haberse portado mal con nosotros.
Por ejemplo, has dicho que quieres perdonar incluso si el incidente te hace perder dinero y te causa inconvenientes. Eso podría estar bien, pero asegúrate de que no estás suponiendo una relación causal que no existe. No creas que permitir que otra persona te quite algo o se aproveche de ti (en otras palabras, no creas que sacrificar algo) es una parte indispensable para que experimentes el perdón. En realidad no existe ningún tipo de vínculo entre el sacrificio y el perdón. Ni tampoco mereces ser maltratada ahora porque en el pasado hayas cobrado de más o hayas entregado bienes defectuosos. Al igual que el sacrificio, el sufrimiento y la venganza (o desquite "compensatorio") no desempeñan ningún papel en el perdón.
Es el ego el que ama estas maquinaciones porque implican que te conviertes en un héroe en tu propia mente (y quizás a los ojos del mundo) mientras que la otra persona se queda en villano. Y además mantienes tu creencia en los intereses separados. La otra persona ha hecho algo aparentemente deshonesto o poco amable y tú has decidido que lo que a ti te conviene es simplemente aceptar eso y por el bien de esa otra persona no afrontar en absoluto lo sucedido. Esto muy bien podría estar negándoos a ambos vuestras aulas ((por ejemplo, puede ser que, a veces, callarse haciendo caso omiso de un asunto prive a las personas implicadas del aprendizaje que se produciría si reclamas tus derechos, lo cual podría ser una oportunidad de aprendizaje para practicar el perdón mientras se hace tranquilamente —pero de manera firme, si es preciso— la reclamación)).
Hay muchas probabilidades de que se podría facilitar una mayor curación al hacer lo que hacen las personas denominadas normales, pero dando un propósito diferente a las acciones. En otras palabras, tomar las medidas adecuadas para evitar que otros se aprovechen de ti, pero hacer eso sin odiarles o atacarles mentalmente. Eso, por supuesto, requiere que antes de que hagas algo, le pidas ayuda al Espíritu Santo para que mire contigo la culpa, el miedo y la ira que aún siguen en tu mente. Esto siempre te llevará a descubrir el proceder (las medidas a tomar o a no tomar, la manera de relacionarse) que será mejor para los intereses que compartes con tu hermano —despertar de este sueño. Y entonces sentirás una verdadera sensación de paz que dejará claro que no te habrás engañado a ti misma.
Link original en inglés: http://www.facimoutreach.org/qa/questions/questions192.htm#Q953
Índice de las P&R traducidas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/11/indice-de-traducciones-de-p-de.html
Facimoutreach P-952
¿Sabe Dios que nosotros estamos en el sueño?
P-952: ¿Sabe Dios que nosotros estamos aquí en este así llamado sueño?
Respuesta: Un Curso de Milagros nos dice que «Dios no sabe nada de separación» (P.2.VII.1.11). Y como este es obviamente un mundo de separación (cuerpos separados, con intereses aparentemente separados, lo que lleva a vidas separadas), tal afirmación significa que Dios de ningún modo podría saber nada acerca de este mundo, ni de nosotros como los individuos que pensamos que somos. Al principio, el concepto de que Dios no sabe nada acerca de todo esto puede ser muy aterrador. Pero esto se convierte en una buena noticia una vez que nos damos cuenta de que Dios no sabe que estamos aquí porque no estamos aquí. El Curso nos enseña que estamos «en el hogar en Dios, soñando con el exilio» (T.10.I.2.1). En otras palabras, este es nuestro sueño. Dios, estando fuera de este sueño, no puede saber nada acerca de este mundo, no más de lo que una persona podría saber algo del contenido de los sueños nocturnos de otra persona que está durmiendo.
El proceso del Curso es uno de ir descubriendo gradualmente que no somos los individuos que pensamos que somos, y que Dios no es un ser que está separado de nosotros. Jesús nos informa de que en realidad «no hay ningún lugar en el que el Padre acabe y el Hijo comience como algo separado» (L.132.12.4) —somos una «Unidad unida cual Una sola» (T.25.I.7.1). Pero Jesús sabe que esto es prácticamente incomprensible para nosotros desde donde pensamos que estamos dentro de este sueño. Él es consciente de que el primer paso de nuestro viaje hacia el despertar debe consistir en reemplazar la pavorosa imagen que tenemos de Dios por otra imagen que pueda ser para nosotros una fuente de consuelo. Por esta razón, por lo general, él nos habla en el Curso como si Dios fuera un ser separado que sabe acerca de nosotros. Y mientras sigamos creyendo que somos individuos, no podremos realmente evitar pensar de esta manera.
Así que lo más útil que podemos hacer por nosotros mismos como estudiantes del Curso es simplemente seguir el proceso que Jesús dispone para nosotros. Eso significa elegir cada vez más a Jesús o al Espíritu Santo en vez del ego como nuestro maestro interno. Conforme hagamos eso, llegaremos a saber que el Amor de Dios es real y está disponible para nosotros, a pesar de nuestra incapacidad para comprender completamente su fuente —una comprensión que podemos estar seguros de que nos llegará cuando estemos preparados para ella.
Link original en inglés: http://www.facimoutreach.org/qa/questions/questions191.htm#Q952
Índice de las P&R traducidas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/11/indice-de-traducciones-de-p-de.html
Facimoutreach P-950
¿Cómo puede ayudarme el Curso a controlar mi peso?
P-950: He estado trabajando con Un Curso de Milagros durante 10 años y me siento atascado. En la pregunta P-655* decís que no hay nada malo en poner bajo control una conducta adictiva basada en la culpa, y yo lo he intentado sin éxito durante 30 años. Mi aula es comer en exceso y tener sobrepeso. Cuando como o pienso en la comida, o cuando pienso en hacer ejercicio, me siento culpable. Parece que me siento culpable con cualquier cosa. Me gustaría saber dónde encaja el Espíritu en esto. ¿Sólo debo decirle "ayúdame con esto"; debo pensar en Él? No sé cómo conseguir Su ayuda, puesto que siempre me siento culpable sea con lo que sea.
Respuesta: En el centro del problema, tal como lo describes, está la culpa, no la comida o el peso. La culpa no es sólo el problema, es el objetivo. Tratar de cambiar la forma (incluso durante 30 años) sin renunciar a la culpa es la manera de la mente para tener su pastel y además comérselo ((o sea, transigir: querer hacer reales unas ilusiones y eliminar otras ilusiones que percibimos como molestas, negándose a descartar a todas las ilusiones por igual sin excepción)). El eslabón que falta en la ecuación es el deseo oculto de aferrarse a la culpa. En el Texto, Jesús nos dice que el primer obstáculo a la paz, «el deseo de deshacerte de ella» (T.19.IV.A), es alimentado por la "atracción de la culpabilidad" (T.19.IV.A.i). Aunque puede parecer que el pastel, la pasta o las patatas fritas son la gran atracción, la verdadera atracción la sentimos hacia la culpa aparentemente engendrada por la comida. La culpa es el alimento del ego, así que cuando la mente elige al ego como su maestro, buscará culpa y la encontrará, con el fin de sostener su creencia en la realidad del ego. Por lo tanto, usado como un aula, tener sobrepeso es una herramienta muy útil para tomar conciencia de la culpa, que a su vez revela la decisión oculta que ha tomado la mente de identificarse con el ego. Estar dispuesto a ver el sobrepeso y al cuerpo mismo (grande o pequeño) bajo esta luz es la primera manera de que el Espíritu Santo entre en la escena. Los programas para perder peso no detectan como fuente del problema la decisión de la mente por el ego. Ni ofrecen un régimen de reducción de culpa para ayudar a resolver el problema, como hace el Espíritu Santo.
La dieta del Espíritu Santo comienza con la distinción entre forma y contenido, mediante la cual se reconoce el verdadero origen de la adicción como la decisión de la mente entre el ego y el Espíritu Santo (el contenido), en vez de la decisión del cuerpo (la forma) entre tomar patatas fritas o zanahorias. El objetivo del Espíritu Santo es enseñarnos a reconocer el origen/fuente del problema, para que pueda ser sanado. Cuando el cuerpo dice "quiero patatas fritas" está reflejando a la mente diciendo "quiero culpa para alimentar mi creencia en la separación". Todos los malos sentimientos que provienen de lo que comemos (o de la obsesión por estar delgados) mantienen la atención enfocada en las decisiones que toma el cuerpo, lo cual saca de nuestra conciencia el poder de la mente para elegir entre el ego y el Espíritu Santo. Los esfuerzos para resolver la adicción a la comida en términos del cuerpo van a fallar, como tus 30 años han demostrado, porque la adicción está en la mente que quiere alimentarse de culpa. Pedir ayuda al Espíritu Santo para deshacer la culpa significa, en primer lugar, aceptar que ésta es realmente el problema, lo cual no es tan fácil como parece. De hecho, la razón por la que buscamos soluciones en el cuerpo y en su conducta es exactamente que no queremos renunciar a nuestra identidad con el cuerpo. Cuando el cuerpo piensa que puede tomar a hurtadillas unas pocas patatas fritas y que no se notarán en la báscula, refleja el furtivo pensamiento de la mente de que puede salirse con la suya buscando felicidad en un cuerpo delgado y Dios no se dará cuenta. La verdad es que Dios no se da cuenta, pero la mente sentirá inevitablemente el dolor y la culpa que provienen de buscar en el cuerpo lo que éste no puede dar, y de darle la espalda a la verdadera felicidad de la unidad con nuestra Fuente.
Comer en exceso es sólo una de las interminables formas que usa el ego para camuflar el contenido y representar su cuento del pecado, la culpa y el miedo. Todas las relaciones especiales tienen este mismo objetivo. Cualquier cosa sirve como sujeto para establecer una relación especial. En la cima de la lista está el cuerpo con sus multitudinarias necesidades, y su logro supremo: la muerte. La muerte del cuerpo es la prueba definitiva del ego de que la separación ocurrió y de que la culpa es real, justificada e ineludible. Con esta creencia firmemente mantenida, no es de extrañar que el tema de la comida parezca muy útil para el ego. La culpa de identificarnos con el cuerpo es muy dolorosa. Jesús nos revela la locura de la atracción del ego por el dolor y la culpa: «El cuerpo, a las órdenes del miedo, irá en busca de culpabilidad y servirá a su amo, cuya atracción por la culpabilidad mantiene intacta toda la ilusión de su existencia. En esto consiste, pues, la atracción del dolor. Regido por esta percepción, el cuerpo se convierte en el siervo del dolor, lo persigue con un gran sentido del deber y acata la idea de que el dolor es placer. Ésta es la idea que subyace a la excesiva importancia que el ego le atribuye al cuerpo. Y mantiene oculta esta relación demente, si bien se nutre de ella. A ti te enseña que el placer corporal es felicidad. Mas a sí mismo se susurra: "Es la muerte"» (T.19.IV.B.13.2-8). Al igual que los programas para perder peso suelen pedir a sus clientes que presten atención a sus hábitos alimenticios para que puedan cambiarse, el Espíritu Santo nos pide que reconozcamos el sistema de pensamiento que ha elegido la mente —y sus devastadores efectos—, para que podamos tomar otra decisión. Su solución para el sobrepeso del cuerpo es deshacer la creencia en la culpa, que es lo que mantiene congelada a la mente en su errónea decisión. Su plan de estudios nos ofrece la liberación de la culpa y una nueva percepción del cuerpo, tanto si su forma es grande como pequeña: «la supuesta realidad de la culpa es la ilusión que hace que éste [el cuerpo] parezca ser algo denso, opaco e impenetrable y un auténtico fundamento para el sistema de pensamiento del ego. Su delgadez y transparencia no se vuelven evidentes hasta que ves la luz que yace tras él. Y ahí, ante la luz, lo ves como el frágil velo que realmente es» (T.18.IX.5.2-4; cursivas añadidas) ((Debo señalar que en esta cita he modificado tres palabras relevantes de la traducción oficial [las he señalado en color violeta: éste, él, lo] para seguir la interpretación que aquí dan los Wapnick, ya que cuando indican entre paréntesis que "éste" se refiere a "el cuerpo", están interpretando o parafraseando el pronombre "it" de las frases de esa cita, el cual puede entenderse como referido a la culpa [entonces lo traducimos en femenino: ésta, ella, la] o como referido al cuerpo [entonces se traduce en masculino: éste, él, lo]. El pronombre en inglés "it", en estas frases en concreto es válido para ambas posibilidades [ya que aunque parece referirse principalmente a la culpa si se lee en el contexto de los párrafos cercanos, aun así también podemos considerarlo válido para el cuerpo, pues el cuerpo es el "héroe del sueño", uno de los principales símbolos de la culpa]. Por lo tanto, en la traducción oficial está puesto en femenino, mientras que aquí, como los Wapnick aluden al cuerpo, tenemos que escribirlo en masculino)). En esto radica la auténtica delgadez que todos buscamos.
Link original en inglés: http://www.facimoutreach.org/qa/questions/questions191.htm#Q950
Índice de las P&R traducidas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/11/indice-de-traducciones-de-p-de.html
domingo, 7 de agosto de 2016
Facimoutreach P-942
¿Tiene algún sentido intentar mejorar el mundo o a uno mismo?
P-942: No entiendo la manera en que Un Curso de Milagros considera el uso del esfuerzo personal para progresar uno mismo o ayudar a otros. Según el Curso, ¿vale la pena que nos esforcemos en algo? Por ejemplo, yo trabajo como voluntario con niños. ¿Es esta una actividad valiosa de hacer? ¿Y qué pasa con la donación de dinero para ayudar a otros que tienen menos que yo? ¿Hacer cosas así es un reflejo de mi culpa? ¿Qué pasa con procurarnos una buena educación? De acuerdo con el Curso, ¿esto sería simplemente mi ego tratando de mejorarse a sí mismo y de conseguir reconocimientos y un mayor salario? Y por último, ¿qué pasa con hacer ejercicio y llevar un estilo de vida saludable? Por mi comprensión del Curso, los intentos de mejorar la salud física servirían únicamente para reafirmar el apego al ego. Entonces, ¿por qué molestarse en intentarlo?
Respuesta: Qué duda cabe de que muchos estudiantes de Un Curso de Milagros se han hecho a sí mismos estas preguntas. Pero es importante recordar que el Curso no es una guía para la conducta. Se ocupa únicamente de lo que nos motiva para que intercambiemos al ego por el Espíritu Santo como nuestro Maestro interno. Por eso Jesús en el Curso nunca dice nada sobre lo que debemos hacer. En vez de eso nos dice que ante cualquier cosa nos preguntemos: «¿Qué propósito tiene esto?» (T.4.V.6.6-9). Él también nos dice que nosotros mismos le damos a todo lo que vemos todo el significado que tiene para nosotros (L.1; L.2). En otras palabras, nada de lo que hay aquí tiene un significado inherente o por sí mismo —las cosas significan cualquier cosa que ellas simbolicen en nuestra mente.
Ahora bien, es cierto que al principio nos quedamos dormidos y soñamos este mundo porque escuchamos al ego. Así que, por una parte, todo lo que hay aquí es un símbolo de nuestra aparente separación y de nuestro aparente triunfo sobre Dios. Por otra parte, una vez que ya estamos teniendo este sueño, podemos elegir reinterpretarlo con el Espíritu Santo como nuestro Guía. Cuando hacemos eso, todo se convierte en un símbolo de perdón, ayudándonos a acercarnos cada vez más al redespertar en el Amor de Dios. Eso es lo que el Curso nos insta a hacer —usar este mundo como un aula en la que aprender el perdón hasta que no lo necesitemos más.
Es muy útil darse cuenta de que el Curso está escrito en dos niveles. En el nivel uno —el nivel de la verdad absoluta— este mundo es un sueño. Pero en el nivel dos —dentro del sueño, donde todos creemos que estamos— este mundo puede ser utilizado como una prisión o como un aula. Y por lo tanto Jesús no quiere que finjamos que creemos que este mundo es una ilusión. Más bien nos recomienda: «Usa todos los nombres y símbolos nimios que caracterizan el mundo de la obscuridad. Mas no los aceptes como tu realidad» (L.184.11.1-2). Eso significa que debemos seguir haciendo todo lo que hacen las personas denominadas normales, pero haciéndolo con un propósito diferente. Si dejáramos de hacer todas las actividades que juzgamos como de mentalidad errada, le estaríamos negando al Espíritu Santo el único ruedo que Él tiene para corregir nuestra manera de pensar. Así que, una vez más, nosotros no cambiamos lo que hacemos, sólo cambiamos nuestra manera de pensar acerca de lo que hacemos.
Preguntaste que si dar dinero a otros y conseguir una buena educación son cosas valiosas desde la perspectiva del Curso. La respuesta es: desde la perspectiva del Curso, lo valioso es extender amor, mientras que proyectar culpa no lo es. Si debes o no participar en una actividad en concreto depende de lo que esa actividad simbolice para ti. Por eso Jesús dice: «El programa de estudios es sumamente individualizado» (M.29.2.6). Si sospechas que estás sintiéndote atraído a hacer algo por motivos erróneos, ese es el momento perfecto para simplemente pedirle al Espíritu Santo que mire ese asunto contigo. Él traerá amor a la situación y entonces sabrás qué hacer.
También preguntaste si tratar de mejorar el cuerpo reafirma el apego al ego. El Curso nos informa de que el «cuerpo es algo completamente neutro» (L.294) y de que negar su existencia es dedicarse a «una forma de negación particularmente inútil» (T.2.IV.3.11). Obviamente, Jesús no quiere que dejemos de cuidar del cuerpo como un camino para dejar atrás al ego. Esto se debe a que negar el cuerpo es simplemente la otra cara de mimarlo. Mientras sigamos identificados con el cuerpo, deberíamos sencillamente darle el cuidado y la atención que requiere, al mismo tiempo que pedimos ayuda para reconocer que no tiene el poder de afectar a nuestra mente.
El hecho de que acabes preguntando que "por qué molestarse en intentarlo", hace que parezca probable que hayas caído en una de las trampas clásicas del ego. Adoptamos al ego como guía porque nos convenció de que de lo contrario seríamos destruidos. Luego llega por ahí el Curso diciéndonos que estaríamos mucho mejor si eligiéramos al Espíritu Santo como nuestro Maestro interno. El ego sabe que si creyéramos ese mensaje se le acabaría la fiesta: el juego del ego habría terminado. Por lo tanto, el ego nos envía una señal de advertencia diciéndonos: "Si aceptas el mensaje de amor y perdón de Jesús, ¡saldrás perdiendo!". El ego no nos dice que lo único que perderemos será nuestro dolor y nuestra culpa, ni tampoco nos dice que ganaremos la paz interior duradera y la verdadera felicidad que siempre hemos querido.
Cuando sientes una punzante o persistente sensación de pérdida o de desesperación en relación a ser un estudiante del Curso, es porque el ego se ha colado para convertirse en tu compañero de estudios. Quédate tranquilo y ten por seguro que nuestro viaje de regreso al Cielo y al interior de los Amorosos Brazos de Dios no se basa en el sacrificio. Y ni Jesús ni el Espíritu Santo nos harán jamás renunciar a algo que realmente queramos.
Link original en inglés: http://www.facimoutreach.org/qa/questions/questions189.htm#Q942
Índice de las P&R traducidas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/11/indice-de-traducciones-de-p-de.html
P-942: No entiendo la manera en que Un Curso de Milagros considera el uso del esfuerzo personal para progresar uno mismo o ayudar a otros. Según el Curso, ¿vale la pena que nos esforcemos en algo? Por ejemplo, yo trabajo como voluntario con niños. ¿Es esta una actividad valiosa de hacer? ¿Y qué pasa con la donación de dinero para ayudar a otros que tienen menos que yo? ¿Hacer cosas así es un reflejo de mi culpa? ¿Qué pasa con procurarnos una buena educación? De acuerdo con el Curso, ¿esto sería simplemente mi ego tratando de mejorarse a sí mismo y de conseguir reconocimientos y un mayor salario? Y por último, ¿qué pasa con hacer ejercicio y llevar un estilo de vida saludable? Por mi comprensión del Curso, los intentos de mejorar la salud física servirían únicamente para reafirmar el apego al ego. Entonces, ¿por qué molestarse en intentarlo?
Respuesta: Qué duda cabe de que muchos estudiantes de Un Curso de Milagros se han hecho a sí mismos estas preguntas. Pero es importante recordar que el Curso no es una guía para la conducta. Se ocupa únicamente de lo que nos motiva para que intercambiemos al ego por el Espíritu Santo como nuestro Maestro interno. Por eso Jesús en el Curso nunca dice nada sobre lo que debemos hacer. En vez de eso nos dice que ante cualquier cosa nos preguntemos: «¿Qué propósito tiene esto?» (T.4.V.6.6-9). Él también nos dice que nosotros mismos le damos a todo lo que vemos todo el significado que tiene para nosotros (L.1; L.2). En otras palabras, nada de lo que hay aquí tiene un significado inherente o por sí mismo —las cosas significan cualquier cosa que ellas simbolicen en nuestra mente.
Ahora bien, es cierto que al principio nos quedamos dormidos y soñamos este mundo porque escuchamos al ego. Así que, por una parte, todo lo que hay aquí es un símbolo de nuestra aparente separación y de nuestro aparente triunfo sobre Dios. Por otra parte, una vez que ya estamos teniendo este sueño, podemos elegir reinterpretarlo con el Espíritu Santo como nuestro Guía. Cuando hacemos eso, todo se convierte en un símbolo de perdón, ayudándonos a acercarnos cada vez más al redespertar en el Amor de Dios. Eso es lo que el Curso nos insta a hacer —usar este mundo como un aula en la que aprender el perdón hasta que no lo necesitemos más.
Es muy útil darse cuenta de que el Curso está escrito en dos niveles. En el nivel uno —el nivel de la verdad absoluta— este mundo es un sueño. Pero en el nivel dos —dentro del sueño, donde todos creemos que estamos— este mundo puede ser utilizado como una prisión o como un aula. Y por lo tanto Jesús no quiere que finjamos que creemos que este mundo es una ilusión. Más bien nos recomienda: «Usa todos los nombres y símbolos nimios que caracterizan el mundo de la obscuridad. Mas no los aceptes como tu realidad» (L.184.11.1-2). Eso significa que debemos seguir haciendo todo lo que hacen las personas denominadas normales, pero haciéndolo con un propósito diferente. Si dejáramos de hacer todas las actividades que juzgamos como de mentalidad errada, le estaríamos negando al Espíritu Santo el único ruedo que Él tiene para corregir nuestra manera de pensar. Así que, una vez más, nosotros no cambiamos lo que hacemos, sólo cambiamos nuestra manera de pensar acerca de lo que hacemos.
Preguntaste que si dar dinero a otros y conseguir una buena educación son cosas valiosas desde la perspectiva del Curso. La respuesta es: desde la perspectiva del Curso, lo valioso es extender amor, mientras que proyectar culpa no lo es. Si debes o no participar en una actividad en concreto depende de lo que esa actividad simbolice para ti. Por eso Jesús dice: «El programa de estudios es sumamente individualizado» (M.29.2.6). Si sospechas que estás sintiéndote atraído a hacer algo por motivos erróneos, ese es el momento perfecto para simplemente pedirle al Espíritu Santo que mire ese asunto contigo. Él traerá amor a la situación y entonces sabrás qué hacer.
También preguntaste si tratar de mejorar el cuerpo reafirma el apego al ego. El Curso nos informa de que el «cuerpo es algo completamente neutro» (L.294) y de que negar su existencia es dedicarse a «una forma de negación particularmente inútil» (T.2.IV.3.11). Obviamente, Jesús no quiere que dejemos de cuidar del cuerpo como un camino para dejar atrás al ego. Esto se debe a que negar el cuerpo es simplemente la otra cara de mimarlo. Mientras sigamos identificados con el cuerpo, deberíamos sencillamente darle el cuidado y la atención que requiere, al mismo tiempo que pedimos ayuda para reconocer que no tiene el poder de afectar a nuestra mente.
El hecho de que acabes preguntando que "por qué molestarse en intentarlo", hace que parezca probable que hayas caído en una de las trampas clásicas del ego. Adoptamos al ego como guía porque nos convenció de que de lo contrario seríamos destruidos. Luego llega por ahí el Curso diciéndonos que estaríamos mucho mejor si eligiéramos al Espíritu Santo como nuestro Maestro interno. El ego sabe que si creyéramos ese mensaje se le acabaría la fiesta: el juego del ego habría terminado. Por lo tanto, el ego nos envía una señal de advertencia diciéndonos: "Si aceptas el mensaje de amor y perdón de Jesús, ¡saldrás perdiendo!". El ego no nos dice que lo único que perderemos será nuestro dolor y nuestra culpa, ni tampoco nos dice que ganaremos la paz interior duradera y la verdadera felicidad que siempre hemos querido.
Cuando sientes una punzante o persistente sensación de pérdida o de desesperación en relación a ser un estudiante del Curso, es porque el ego se ha colado para convertirse en tu compañero de estudios. Quédate tranquilo y ten por seguro que nuestro viaje de regreso al Cielo y al interior de los Amorosos Brazos de Dios no se basa en el sacrificio. Y ni Jesús ni el Espíritu Santo nos harán jamás renunciar a algo que realmente queramos.
Link original en inglés: http://www.facimoutreach.org/qa/questions/questions189.htm#Q942
Índice de las P&R traducidas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/11/indice-de-traducciones-de-p-de.html
Facimoutreach P-941
¿Cuál es el objetivo final de Un Curso de Milagros?
P-941: Agradecería unas explicaciones sobre el Espíritu Santo, lo concreto/específico, y la meta definitiva final de Un Curso de Milagros.
Respuesta: En el Curso Jesús nos dice que el Espíritu Santo «es la Mente de Cristo, la cual es consciente del conocimiento que yace más allá de la percepción» (T.5.I.5.1) y que «se encuentra en tu mente recta, tal como se encontraba en la mía» (T.5.I.3.3). En otras palabras, el Espíritu Santo es el recuerdo del Amor de Dios que siguió estando en nuestra mente cuando nos quedamos dormidos y soñamos este mundo de separación. Podemos pensar en Él como un Maestro interior al que podemos acudir en busca de guía. Él corregirá nuestros dolorosos pensamientos de separación con pensamientos de perdón, los cuales reflejan la verdad de que todavía seguimos estando «en el hogar en Dios, soñando con el exilio pero perfectamente [capaces] de despertar a la realidad» (T.10.I.2.1).
Sobre las cosas concretas/específicas, el Curso dice: «El Espíritu Santo te dará la respuesta para cada problema específico mientras creas que los problemas son específicos» (T.11.VIII.5.5). Después añade que: «Aunque los problemas no son concretos, se manifiestan en formas concretas, y son estas formas concretas las que configuran el mundo» (T.27.V.8.1). Así que el Curso nos hace saber que existe una presencia amorosa a la que podemos recurrir para obtener ayuda con los retos concretos a los que parecemos enfrentarnos en nuestras vidas. Al mismo tiempo establece un plan de estudios que nos conducirá a darnos cuenta de que la multitud de problemas concretos que pensamos tener son sólo reflejos de nuestro único problema real —nuestra creencia de que existimos a expensas de Dios y de que merecemos ser castigados por ello.
Jesús quiere que usemos los problemas concretos de nuestras vidas como aulas que en última instancia nos ayudarán a despertar. El primer paso en este proceso es llevar nuestros problemas a la luz del Espíritu Santo en nuestra mente para que Él pueda reinterpretarlos para nosotros de una manera amorosa. Esto no necesariamente cambiará el problema a nivel de la forma, pero eliminará todo el dolor y el conflicto que nos ocasiona. Con el tiempo, todos nuestros asuntos concretos empezarán a parecer cada vez más semejantes entre sí y automáticamente dejaremos de pedirle ayuda al Espíritu Santo con nuestros problemas concretos, y en vez de eso Le pediremos ayuda para (parafraseando el Curso) cambiar de mentalidad acerca de nuestros problemas ((la cita parafraseada es T.21.introd.1.7)).
Esto nos lleva al objetivo final del Curso. El más bien ambicioso objetivo del Curso es enseñarnos que este mundo no es nada más que «la imagen externa de una condición interna» (T.21.introd.1.5), que esta condición nos está haciendo desdichados, y que —con la ayuda del Espíritu Santo— tenemos la capacidad de cambiarla. El Curso tendría que cambiar esta condición interna volviéndose el foco central de nuestra vida. Podríamos considerar el estudio del Curso como dar el primer paso de un viaje de por vida centrado en el perdón y en una creciente conciencia de sí mismo.
Como estudiantes del Curso, es importante que recordemos que «este curso es un comienzo, no un final» (L.Ep.1.1). El final del viaje —el mundo real— será cuando, al igual que Jesús, no tendremos nada excepto al Espíritu Santo en nuestra mente. Afortunadamente, cuándo ocurrirá eso y a qué se parecerá no es asunto nuestro.
Link original en inglés: http://www.facimoutreach.org/qa/questions/questions189.htm#Q941
Índice de las P&R traducidas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/11/indice-de-traducciones-de-p-de.html
Facimoutreach P-940
¿Un Curso de Milagros fue dictado por Jesús?
P-940: Acabo de empezar a leer y estudiar Un Curso de Milagros y mi pregunta es: Creo haber entendido que fue Jesús quien dictó el libro, ¿es realmente así? He tenido problemas para aceptar a Jesús, por la manera en que me enseñaron y la importancia que se daba al hecho de que su crucifixión fue para liberarnos de todos nuestros pecados. Simplemente esa enseñanza no resonaba conmigo. Ahora estoy desconcertado al verme aceptar esta maravillosa oportunidad de unirme a este hermano que me ofrece abiertamente la mano para recorrer el camino de Dios.
Respuesta: Sí y no. En el libro de Kenneth Wapnick, «Ausencia de felicidad: La historia de Helen Schucman, la escriba de Un Curso de Milagros», se relata que la voz que Helen escuchó dictando el Curso se identificó a sí misma como Jesús. Por lo tanto, la experiencia de Helen en la forma fue que ella oía a la voz de Jesús dictar el Curso. Como todos nosotros, Helen tenía una mente dividida, parte de la cual se identificaba con el ego (la mente errada), mientras que la otra parte conservaba la brillante luz del recuerdo del amor de Dios (la mente recta). La naturaleza de una mente dividida es tal que una parte de esa mente se disocia de la otra parte. Así que cuando la mente elige identificarse con el ego, no puede reconocer a la mente recta como parte de sí misma.
Helen tenía demasiado miedo, como la mayoría de nosotros, de identificarse completamente con la mente recta, compartida por toda la Filiación y que es la fuente del amoroso mensaje de perdón del Curso. No obstante, Helen era capaz de recibir el mensaje siempre y cuando ella percibiera como su fuente la figura simbólica de Jesús, quien había sido una importante figura para ella a lo largo de su vida. Jesús es también una figura significativa para el mundo occidental, cristiano y no-cristiano por igual, y puesto que uno de los objetivos del Curso es corregir las enseñanzas distorsionadas del cristianismo tradicional, es importante que se identifique a Jesús como la fuente del Curso. Aunque «se han hecho amargos ídolos de aquel que sólo quiere ser un hermano para el mundo» (C.5.5.7) y tenemos que aprender a perdonarle por nuestras ilusiones sobre él (C.5.5.8), su autoridad como "portavoz" del amoroso mensaje de perdón del Curso es fácilmente reconocida.
La autoría del Curso, por tanto, puede verse como trinitaria: la mente recta de Helen, la mente recta de la Filiación, y Jesús como figura simbólica en representación de ambas. Su contenido, que el mundo es una ilusión, que la separación nunca ocurrió y que el inocente Hijo de Dios está en casa con Él en el Cielo, está más allá de cualquier forma (incluyendo al propio Curso). La decisión conjunta de Helen Schucman y William Thetford de encontrar una manera mejor de relacionarse entre ellos y con sus colegas reflejó su decisión de aceptar el contenido de la mente recta. Esa decisión encontró como expresión la forma del Curso.
Creer en la crucifixión del Jesús histórico no es un requisito para estudiar el Curso. De hecho, la enseñanza del cristianismo tradicional de que la crucifixión de Jesús expió el pecado de Adán y Eva y reabrió las puertas del Cielo para todos, es presentada en el Curso como una de las creencias equivocadas del cristianismo que necesita ser corregida. Cada principio básico del Curso refuta la enseñanza de que Jesús murió por nuestros pecados; por ejemplo, el pecado no existe (T.26.VII.10.5), ni la culpa (T.14.V.1.12), ni el mundo (L.132.6.2), ni la muerte (T.3.VII.5.11), ni la separación (T.8.V.2.8). Jesús no es el salvador del mundo; más bien, la salvación es aceptada cuando la mente que eligió erróneamente identificarse con el ego (la mente errada), elige en vez de eso identificarse con el recuerdo del amor de Dios (mente recta), simbolizado por el Espíritu Santo y Jesús. El miedo de Helen a identificarse completamente con su mente recta es el miedo que tenemos todos. Por lo tanto, mientras sigamos disociados de nuestro verdadero ser, necesitamos una figura simbólica como por ejemplo Jesús, que dicte el Curso y a quien podamos tomar de la mano en el proceso de aprender que somos uno con él. Jesús mismo nos anima a hacerlo: «Si te resulta útil, piensa que te estoy llevando de la mano y que te estoy guiando. Y te aseguro que esto no será una vana fantasía» (L.70.9.3-4). Recordar que Jesús es el nombre que le damos a alguien que representa la mente recta de la Filiación, y que viene a nosotros desde fuera del sueño en una forma con la que podamos relacionarnos, será útil para que él se mantenga real para ti sin que te sientas desconcertado.
Link original en inglés: http://www.facimoutreach.org/qa/questions/questions189.htm#Q940
Índice de las P&R traducidas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/11/indice-de-traducciones-de-p-de.html
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