lunes, 24 de octubre de 2016

Realmente necesitas limpiar tus relaciones

Copio de uno de los temas del foro:

Realmente necesitas limpiar tus relaciones

Hola Tony y todos por ahí. Me preguntaba Tony, si podrías hablar un poco sobre la frase del título. Hace como un año que esa frase resuena en mi. Se que seguramente la leí en alguna parte de UCDM, pero no recuerdo en que parte y se que la he mal interpretado porque la tomé como si fuera respecto de mi relación con otras personas. Y calzaba porque estoy con mucha ira (toda mi vida) y también con mucho resentimiento. Verdaderamente para mi es imposible abandonar este camino de UCDM-Advaita vedanta, pero siempre lleno de mucho sufrimiento sicológico. Me ocurre que cuando me siento verdaderamente mal, comienzo a perdonar y siento el efecto limpiador del perdón, de la aceptación, pero mejoro y mi practica decrece, y ya se, que nuevamente voy a ingresar en esa montaña rusa de sentirme mejor y luego peor. Leía en un artículo de Alan Watts que así funciona el ego, pero me siento agotado y lo peor es que me resulta muy difícil continuar firmemente con la práctica del perdón todo el tiempo. Enseguida me conformo o me atrapa la mente con las tonterías de siempre. En síntesis, siento que giro en círculos. Y el tiempo pasa, y el sufrimiento siempre ahí. Miro para atrás y me siento completamente solo, aunque eso seguro es cosa de mi ego y son legión los que sienten como yo. No lo se. Y no me consuela. Deseo felicidad, paz, pero no logro verlas.

Veo que empecé con una pregunta y me fui un poco por las ramas. Pero quizás nos sirva a todos. Les mando un abrazo a todos. Y gracias Tony por abrir este foro.

Un apunte del mismo participante en un mensaje inmediatamente posterior: 

Me vino a la mente esa frase, la del título, porque vi que Gary Renard la pone en boca de la supuesta reencarnación de Helen Schucman, y no pude menos que sorprenderme, por cómo me ha resonado en los últimos tiempos. Saludos

Copio también mi comentario al tema:

¡Hola, Edu, bienvenido al foro! Very Happy

El formulismo "limpiar tus relaciones" no aparece en el Curso con esas palabras. Veo que en tu segundo comentario has recordado dónde leíste esa frase. Con otras palabras sí aparece en el Curso esa idea, que se podría expresar como "perdonar las relaciones".

edu escribió: (...) se que la he mal interpretado porque la tomé como si fuera respecto de mi relación con otras personas.

Tal como has intuido, las relaciones abarcan más que las que tenemos con las personas. En primer lugar, la relación primaria es nuestra relación con Dios, que en realidad no es una relación pues nos estamos refiriendo al estado natural de Unidad, más allá de las formas y de la conciencia de "tú" y "yo", de objeto y sujeto. Esa "relación" primigenia es éxtasis, amor, paz, completa e inmutable unidad. No vamos a entretenernos más en ello, pues es indescriptible en palabras; se experimenta cuando dejamos de aferrarnos a las ilusiones.

Luego, ya a nivel de la dualidad, tenemos la relación entre nuestra invididualidad pura (la mente global dividida) y "Dios". Esa ya es una relación que hay que "limpiar" o perdonar, porque nuestra mente inconsciente está convencida de que cuando decidimos separarnos de Dios para conseguir nuestra individualidad, a Dios le hicimos daño o algo o le rompimos su Cielo al arrancarle el trozo que creemos que somos: nuestra individualidad. Esa creencia es lo que el Curso llama "pecado" (la creencia del ego), y añade que lo que la mente egoica considera un pecado (porque la mente cree que es algo muy grave, que sucedió realmente y que Dios nos quiere castigar por ello), en realidad, dice el Curso, no es más que una creencia a la que podemos renunciar en cualquier momento, un simple error que podemos corregir/perdonar. Así podremos limpiar nuestra relación con Dios (que no es el Malvado Dios vengador que nuestra mente cree, sino que en realidad Él es nuestro verdadero Ser, puro Amor).

Pero como en realidad no somos conscientes de ese nivel tan profundo de nuestra mente, donde realmente limpiamos esa relación con Dios es en su reflejo: en el espejo del mundo, en las relaciones que establecemos como cuerpos en este mundo.

Incluso aquí "abajo" en el mundo, como seres humanos, limpiar nuestras relaciones no se refiere exclusivamente a nuestras relaciones con otras personas. En realidad se refiere a todo. Pues estamos relacionados con todo. Y cualquier relación, humana o no, que nos parezca conflictiva, es una candidata ideal para perdonarla/limpiarla. Esto incluye nuestras relaciones con las personas, con los animales, con nuestro coche o PC (nuestras posesiones), con nuestro pueblo o entorno, con el clima, con los insectos, con cualquier cosa. En esto también se incluye la relación con nuestro cuerpo (a veces en forma de hambre, sed, enfermedad, autoestima alta o baja, etc), la relación con nuestros pensamientos, creencias, emociones, sensaciones, etc. Cualquier cosa que asociemos con nuestra falta de paz, es ideal para perdonarla. Por ejemplo, si me sobresalto ante el vuelo de una avispa cercana, por temer su posible picadura, ese miedo en realidad viene de dentro, no de la avispa (es miedo a Dios, a la verdad, a nuestro Ser; y sabiendo esto podemos limpiar nuestra relación con la avispa —con el símbolo "avispa"). O si llueve y creo que eso me deprime, podemos perdonar nuestra relación con el clima, simplemente tomando conciencia de que el sentimiento de depresión no viene del clima, sino de dentro, de la decisión mental en favor del ego (creer en la individualidad/separación). Así con todo.

Pero en la práctica, las relaciones con otras personas suelen ser las más relevantes, debido a que proyectamos más intensamente nuestros juicios sobre ellas. Por ejemplo, si voy caminando y me choco con una farola, eso puede contrariarme o hasta dolerme, pero si en vez de ser una farola es una persona, suele ser más fácil que uno se enfade. Esto se debe a que solemos proyectar más intensamente sobre otras personas, y por eso es esencial practicar el perdón con este símbolo: las personas. Pero al final, se trate de una persona o de otro tipo de relación, siempre es todo igual: reconocer que la verdadera causa de nuestra sensación de conflicto no es externa (la persona, animal, objeto, etc) sino que la causa es interna (nuestra decisión en favor de la separación). Basta con que observemos esto. Observamos nuestra sensación de falta de paz, y recordamos que en realidad no se debe al aparente detonante externo, sino que se debe a una decisión mental. Tomemos conciencia del precio que pagamos por esa decisión mental: perder de vista nuestra conciencia de la paz de Dios. Esto nos motivará para dejar de desear esa decisión por el ego. Sin hacer nada, esa decisión se irá debilitando y la individualidad cada vez nos importará menos. Hasta que un día desaparecerá la sensación de que somos un individuo.

Puesto que aún no estamos iluminados, es normal que caigamos en las tentaciones del ego, nos enfademos a veces, sintamos ira, miedo, preocupaciones, etc. Lo principal aquí es procurar no juzgarnos por ello (simplemente, como decía antes, observar y tomar conciencia de que esto no se debe a nada externo, sino que el verdadero meollo de todo es interno). Incluso si notamos que nos estamos juzgando, observemos eso, sin juzgarnos por habernos juzgado. Y no tomándonos el mundo demasiado en serio. El mero hecho de no tomar al mundo demasiado a pecho, es ya una forma de perdón, es una limpieza de nuestra relación con el mundo.

Puesto que el mundo es ilusorio, no merece la pena que lo tomemos demasiado en serio. Y lo mismo con nuestras relaciones. Podemos usarlas como oportunidades para perdonar, como espejos o resortes en donde ver nuestros juicios contra nosotros mismos (aparentemente dirigidos contra "otros").

edu escribió: Me ocurre que cuando me siento verdaderamente mal, comienzo a perdonar y siento el efecto limpiador del perdón, de la aceptación, pero mejoro y mi practica decrece, y ya se, que nuevamente voy a ingresar en esa montaña rusa de sentirme mejor y luego peor. Leía en un artículo de Alan Watts que así funciona el ego, pero me siento agotado y lo peor es que me resulta muy difícil continuar firmemente con la práctica del perdón todo el tiempo.

Ve a tu ritmo. Cada vez que aplicas el perdón, se deshace un fragmento del "iceberg del ego". Si no perdonas a menudo, perdona cuando surja, de vez en cuando. Valdría incluso perdonar solamente los viernes, por decir algo. En el sentido de que cada vez que perdonamos, estamos un paso más cerca de la iluminación, de la paz definitiva.

Sin embargo, cuando tomamos conciencia de lo enorme que es el premio de reconocer nuestro Ser, nos entran cada vez más ganas de llegar antes a ese reconocimiento, por lo que de manera espontánea nos entrarán ganas de perdonar con mucha más frecuencia.

Practicar el perdón se puede convertir en una costumbre. Un truquito es aplicarlo en las cosas pequeñas, en las cosas sencillas cotidianas. Cada uno puede elegir las cosas que le resuenan. Puede ser incluso divertido. Uno puede perdonar incluso la sensación de hambre, de sed, el frío o las ganas de orinar. Todo eso son reflejos de la incomodidad de la mente ontológica, y son muy manejables por ser pequeños en intensidad. Si nos entrenamos a perdonar las pequeñas molestias, nuestra mente se acostumbra a los pensamientos de mentalidad correcta y facilitamos el reconocimiento de la paz. Y además, cuando surja algo que nuestro ego etiquete como "gordo" o "grave", ya tendremos el hábito de usar el perdón y será más probable que nos acordemos antes de aplicarlo. Y cuanto antes lo aplicamos, más pronto es posible que dejemos de tomarnos en serio el conflicto y retornemos a la paz.

En realidad, toda sensación de conflicto (ira, tristeza, soledad, dolor, calor, frío, confusión, preocupación, miedo) es siempre lo mismo: necesidad de perdonar. Cuando perdonamos del todo, estamos en paz. Cuando hay conflicto, es que nos aferramos al sistema de pensamiento del ego. El primer paso para distanciarnos del ego es, en ese caso, simplemente observar nuestra sensación de conflicto, y acordándonos de que todo esto es ilusorio tomar conciencia de que parte de mí lo ha elegido, pues nunca soy víctima de nada (el conflicto es siempre elegido en algún rincón de nuestra mente). Entonces, simplemente observamos el conflicto sin juzgarnos por ello, sin tomarlo demasiado seriamente. Y con esto hemos dado comienzo a la actitud del perdón. Es un proceso, así que paciencia y pasito a pasito. De la dualidad se sale, porque es temporal, ilusoria. Y lo único que tenemos que hacer es decidir que ya no queremos sufrir más. Y aceptar ver las cosas de otra manera. Sin tomarlas tan en serio.

edu escribió: Enseguida me conformo o me atrapa la mente con las tonterías de siempre. En síntesis, siento que giro en círculos. Y el tiempo pasa, y el sufrimiento siempre ahí.

Como comentaba antes, toda sensación de conflicto implica una falta de perdón. Nos aferramos al conflicto negándonos a perdonar. Pero como el conflicto es ilusorio, da igual; no importa. Simplemente, cuando ya no queramos el conflicto, perdonemos entonces. A veces puede suceder que nos sale la vena masoquista (nuestra resistencia a experimentar paz) y nos negamos a soltar el conflicto, nos negamos a perdonar. Si es así, no nos juzguemos; simplemente tomemos nota de ello y sepamos que parte de nosotros se resiste, pero que sigue estando en nuestra mano soltar el conflicto cuando lo decidamos. El conflicto es siempre elegido, al igual que el perdón. Elegimos uno u otro. Y no hay prisas. Nadie nos va a empujar a ello. Simplemente, cuando nos hartemos de sufrir, nos sentiremos más motivados para dejar de tomarnos tan en serio las ideas del ego, y nos entrarán más ganas de perdonar.

Pero nuestra resistencia nos lleva al masoquismo de aferrarnos al conflicto. Es por eso que el Curso habla de cosas como de la "atracción de la culpabilidad" (T.19.IV.A.i), que está justo después de la explicación sobre el "primer obstáculo a la paz", que es "El deseo de deshacerte de la paz" (T.19.IV.A). Una parte de nuestra mente rechaza la paz; se siente atraída por la culpabilidad (por el conflicto); tiene miedo de Dios, de la verdad (T.19.IV.D), lo cual es el llamado cuarto obstáculo a la paz. Pero cuando finalmente nos damos cuenta de que el conflicto no nos ofrece realmente nada... que la individualidad no es más que conflicto... entonces dejamos de rechazar abiertamente la paz y comenzamos a perdonar.

Mientras elijamos el sufrimiento, seguirá ahí. Nuestra resistencia nos hace aferrarnos al sufrimiento. Es como que una parte de nuestra mente pensara que no nos merecemos estar en paz (esto es debido a la culpabilidad inconsciente; nuestra mente cree haber "roto" el Cielo). Así que nos negamos a sentirnos en paz e inocentes. El Curso dice:

El hábito de colaborar con Dios y Sus creaciones se adquiere fácilmente sí te niegas diligentemente a dejar que tu mente divague. No se trata de un problema de falta de concentración, sino de la creencia de que nadie, incluido tú, es digno de un esfuerzo continuo. Ponte de mi parte sistemáticamente contra este engaño, y no permitas que esa desafortunada creencia te retrase. (T.4.IV.7.1-3)

Esa sección T.4.IV, titulada "Esto no tiene por qué ser así", es interesante leerla entera, con respecto a este tema.

edu escribió: Miro para atrás y me siento completamente solo, aunque eso seguro es cosa de mi ego y son legión los que sienten como yo. No lo se. Y no me consuela. Deseo felicidad, paz, pero no logro verlas.

No estamos solos (y además en la Verdad somos Unidad, que es Plenitud, lo contrario a la paupérrica soledad), pero mientras aún estemos aferrados a la individualidad, tendremos sentimientos derivados de ella, sean ocasionales o frecuentes. La individualidad es separación, división, por tanto carencia, limitación, soledad, etc. Como siempre, el perdón es el antídoto. Inconscientemente le echamos la culpa de nuestro destino a X... a Dios... a la Vida... a la "mala suerte"... a los políticos, a nuestros padres, al vecino, al jefe, etc. Pero todas esas proyecciones son para olvidarnos de que en realidad nosotros mismos estamos tomando la decisión de sentirnos así, al elegir ser individuos. Ser individuo es ser pobre, solitario y carente, porque la individualidad, al ser un trozo separado y necesitado, es lo contrario de la Unidad/Plenitud. Pero si hemos elegido creer en la individualidad, igualmente podemos elegir recordar que la individualidad es ilusoria, y tomar conciencia del precio (falta de plenitud) que estamos pagando. Entonces de manera espontánea cambiaremos de parecer. Y podemos empezar por tomar este mundo de ilusiones menos en serio de lo que lo tomábamos hasta ahora. A fin de cuentas es ilusorio: no es un mundo amenazador, ni por el que merezca la pena obsesionarse. Simplemente no es nada, y la sensación de que este mundo de conflictos existe irá desapareciendo conforme vamos dejando de creer en él y en la individualidad.

Porque nadie nos está haciendo esto. No somos víctimas. Uno mismo es el soñador del sueño. Y cuando me empiezo a cansar del sueño y de sus conflictos, comienzo a recordar que yo mismo lo elegí... y que ESTO NO TIENE POR QUÉ SER ASÍ. Y al opinar de esta manera, ya he empezado a elegir desde una perspectiva diferente. El proceso del perdón ha dado comienzo. El resto es historia: pues el gozoso final del despertar, está garantizado.

Un abrazo

Miedo a la ilusión

Vía emails:

Hola Toni.

Antes de empezar con el Curso leía libros de autores y maestros de la no-dualidad, desde Ramana Maharshi a Eckhart Tolle pasando por Rupert Spira o Mooji, seguía religiosamente las actualizaciones de una web que trata sobre las enseñanzas de la no-dualidad, "logré" reconocer que todo lo que veía con los ojos físicos es maya; pero no fue hasta adentrarme en UCDM cuando me di perfecta cuenta que había estado haciendo una especie de bypass espiritual, Un darle la espalda a la percepción para que mi ego no sufriera, un mirar para otro lado, un cambiar una ilusión por otra. Ahora con el Curso, sinceramente lo estoy pasando mal, no soy feliz; pero quiero entender que la felicidad vendrá y, que estas molestias son resistencias del ego. El Curso dice que este mundo es demente, y a pesar de ser ilusorio, siento terror de este mundo demente, porque reconocer la demencia del mundo sin estar despierto (iluminado) es lo peor que alguien puede experimentar.

Saludos.

☼☼☼

Sí, el Curso es simple (todos los problemas son ilusorios reflejos de un único problema igualmente ilusorio, y la solución para todo es siempre la misma: el perdón), pero no es necesariamente fácil. Hay espiritualidades bellas y hermosas en la forma, que se centran en lo agradable, el amor, la paz, etc., reprimiendo la "fea cara del ego", que se asoma simbólicamente de innumerables maneras, aunque no las reconoceremos si preferimos seguir reprimiendo la fealdad de la dualidad.

Sin embargo, la ventaja de las espiritualidades como el Curso (las que Gary Renard llama, en "La desaparición del universo", caminos de "pura no dualidad") es que en ellas no se reprime esa fealdad del ego, pero al mismo tiempo se nos recuerda que disponemos de una herramienta (el perdón) para cortar el problema desde su misma raíz (nuestra mente inconsciente).

Todos los caminos tienen su grado de utilidad, y como explica Gary en ese libro, todos pasamos por las 4 etapas de aprendizaje: dualismo, semidualismo, no dualismo y puro no dualismo. No son etapas del todo lineales, sino que normalmente vamos botando de una a otra, avanzando y retrocediendo muchas veces. Por ejemplo, podemos estar practicando el perdón (pura no dualidad), cuando de repente aparece una avispa y por un instante nos sobresaltamos; hemos regresado por un instante al dualismo (peligro, "otroidad avispal"); en seguida nos acordamos de perdonar, volvemos al puro no dualismo; luego leemos un libro de un autor famoso que tal vez corresponda a otra etapa (semidualismo, no dualismo, etc), y así vamos poco a poco. Cuanto más usamos el perdón, más nos centramos en la etapa final del puro no dualismo.

En cuanto a tus sensaciones, acuérdate de perdonarlas. Es cierto que hay resistencia (todos la tenemos, excepto tras la iluminación), pero parte de ti quiere despertar, y tu resistencia se va debilitando. Un signo de que estás deshaciendo tu resistencia es lo que comentabas de que "no soy feliz", o tu sensación de miedo al mundo, miedo a lo ilusorio (por cierto, si es ilusorio no puede ser temible, así que puedes utilizar este miedo para ayudarte a tomar conciencia de que parte de ti aún cree que la ilusión es real; así podrás acelerar el perdón de la ilusión). Es muy bueno tomar conciencia de todo eso (nuestro miedo, conflicto, infelicidad, carencia, etc.). Reconocer eso es muy buen síntoma, pues demuestra que has comenzado a dejar de reprimir tu situación práctica, que por ilusoria que sea, hay que afrontarla, dirigiendo la luz del perdón hacia ella, y desaparecerá, como desaparecen todas las sombras ante la luz, o como desaparecen todas las ilusiones ante la paz y la verdad. Así que es muy buena señal que reconozcas tu falta de felicidad, que reconozcas tus percepciones de conflicto; y por supuesto, no te quedes solamente ahí, pues ahora sabes qué aplicar a eso: el perdón que te permitirá ir más allá de la apariencia de infelicidad, hasta llegar a reconocer la paz y plenitud que realmente eres.

Recuerda que el mundo (en su sentido más amplio incluye también tus creencias, emociones, sensaciones) es un sueño, que es ilusorio. Al dejar de reprimir su fealdad, nos vamos a desapegar cada vez más de él conforme perdonamos sus feos símbolos de conflicto. Conforme avanza el proceso del perdón, la fealdad del mundo nos afecta cada vez menos. Uno acaba convirtiéndose en un alumno feliz, con los repuntes del ego, sí, pero sabiendo perfectamente qué hacer con ellos: perdonar. Y así, suceda lo que suceda, nos afecta cada vez menos tiempo y con menos frecuencia.

Cuando estamos preparados para este proceso, es mucho mejor ponernos manos a la obra y abordar el verdadero problema, en vez de seguir cerrando los ojos. Es mejor abrir los ojos y abordar por fin un problema que en realidad es fácilmente solucionable, pero que se mantenía debido a que por miedo cerrábamos los ojos. Ahora podemos aplicar la solución del perdón, y con esto ha comenzado el bello proceso del amanecer espiritual.

Uno puede llegar a disfrutar de las cosas del mundo mientras practica el perdón. Simplemente ya no se toman en serio ni como si fuesen reales. Pero conforme perdonamos, al haber menos culpa en nuestra mente inconsciente, los momentos agradables resultan más agradables. Disfrutamos más de nuestras aficiones. Simplemente no nos apegamos a las cosas agradables (si algo que nos gusta desaparece de repente, simplemente lo perdonamos, sin hacer un drama de ello) ni nos dejamos hundir por las cosas desagradables (simplemente las perdonamos, riéndonos de su ilusoriedad y de su falta de poder: no pueden afectarnos si no les damos permiso).

La recompensa final es la plenitud, la totalidad que somos. Esa es la única verdadera riqueza, que es ilimitada. Al habernos desapegado del mundo mediante la práctica del perdón —y así habiendo comprendido que el mundo no va a darnos nunca felicidad ni seguridad, y que tampoco nos puede perjudicar ni robarnos nuestra paz— finalmente el fruto del perdón culmina: se deshace toda la culpa de la mente inconsciente y reconocemos lo que siempre hemos sido. Eso es nuestra herencia (ya es nuestra, en cuanto dejemos de rechazarla volveremos a ser conscientes de la verdad). Los pasos del perdón, uno por uno son pasitos pequeños, pero la meta es MAYÚSCULA. Y el Premio, nuestro Ser, nos está atrayendo desde el Cielo de lo que somos. Poco a poco, vamos a ir aceptando dejar de rechazar la verdad. Y el proceso del perdón nos ayuda a esto.

Ayer mencioné en el foro un fragmento del Texto, la sección T.4.IV, titulada "Esto no tiene por qué ser así", que nos recuerda que cuando percibimos cualquier conflicto (sea emocional, situacional, del tipo que sea) podemos elegir abordarlo de otra manera, sin dejarnos afectar por él. La paz está tan cerca de nosotros como estemos dispuestos a que lo esté. Cuando nos sentimos sin paz, podemos usar ese sentimiento para tomar conciencia de que una parte de nuestra mente ha elegido al ego, y que ya no queremos eso: esto no tiene por qué ser así. Una vez tomada esta actitud, no hay que hacer nada más. Simplemente observamos las ilusiones desapegadamente, sin juzgar. Finalmente nos daremos cuenta de que podemos sentirnos en paz incluso en mitad de lo que antes llamaríamos una "tormenta" o acontecimiento "dramático". La paz la aceptamos mediante una simple decisión (siempre se trata de la mente), no tiene nada que ver con los sucesos externos. Y con esta actitud, podemos reírnos incluso de los feos símbolos del ego, pues ya no son tan feos, ahora son chistes que únicamente dan risa. Sabemos para qué fueron inventados (por el ego), pero ahora que les hemos dado otro propósito, esos mismos símbolos brillan con el resplandor de la paz.

Y el mundo tan feo inventado por el ego, se convierte en una cabañita preciosa cuando aplicamos sobre él la varita mágica del perdón. Ahora el mundo es una cabañita provisional (porque no nos apegamos, sabiendo su ilusoriedad) donde descansamos por un ratito antes de dejar atrás al mundo definitivamente y lanzarnos a los brazos de nuestro Padre, de Dios, de la Verdad, de nuestro verdadero e inmutable Ser, la felicísima Plenitud.

Resumiendo, que el mundo del ego es feo, conflictivo y atacador, y no nos conviene reprimir que esto es así, sino reconocer su propósito, cambiarle el propósito mediante el perdón, así lo convertimos en algo cuyo propósito es ayudarnos a despertar, usando los símbolos conflictivos para perdonar en vez de para desanimarnos. Y así, con este proceso de perdón, el feo mundo del ego se va convirtiendo en el bellísimo "mundo real" del Espíritu Santo, también ilusorio porque todo lo perceptual es ilusorio y temporal, pero es la "cabañita" bella y agradable desde donde aceptaremos el definitivo despertar. Y mientras llega ese definitivo despertar, podemos compartir nuestra paz y esperanza con nuestros hermanos, permitiendo que vean en nuestro rostro la felicidad de saber que ya no estamos negando la paz. Que nuestros rostros muestren el alivio de la culpa deshecha. Ahora el mundo es precioso, pues ya no lo necesitamos. Y es precioso porque primero hicimos lo que hicimos: dejar de cerrar los ojos a la fealdad del ego, pero abrirlos con la compañía de Jesús, para ver que esos símbolos feos no son nada, simplemente son chistes de los que podemos reírnos, y al reírnos las ranas se convierten en príncipes, el mundo del ego se convierte en el precioso mundo real, y finalmente llegará el instante en que incluso el mundo real, cuando ya haya cumplido su función, desaparecerá, pues todas las ilusiones han de desaparecer para dejar su lugar al Cielo, la verdad de nuestro estado natural, más allá de las formas: la Plenitud eterna, inmutable, indescriptible.

Esa Plenitud (Dios, nuestro Ser) es lo único que existe. Pero para nosotros, que todavía creemos vivir en el tiempo, el perdón es el camino. El perdón nos llevará tranquilamente de la mano hasta la Plenitud que realmente somos como Uno, en total Unidad.

Dios ES, y nada más es.

El perdón es el "camino sin distancia" que nos va a mostrar la verdad de esto.

Saludos

Preocupación por los hijos

Conversación por email:

Hola Toni.

Ultimamente me esta saliendo un sentimiento de proteccion exagerada hacia mis hijos y eso que ya tienen 18 y 21 años jajajaja (me rio por que yo mismo estoy sorprendido).

Cuando era pequeño me paso con mi abuela que fue como mi madre. Me acuerdo que iba revisando todos los sitios por los que ella pasaba para que no hubiese obstaculos que pudieran hacerla caer, por ejemplo: quitaba todas las piedras o palos que hubiese en la acera por donde ella iba a pasar para ir a trabajar, en el portal parecido,y en casa miraba que no hubiese alfombras dobladas para que no se callese o liquidos derramados para que no se patinase etc,lo que se dice una buena pelea en la pelota jajajaja. Te cuento esto por que de hace unos meses esta pasando con mis hijos. Hace poco se desprendieron unos trozos de fachada en el edificio de enfrente y me obsesione con el tema por si les podia pasar algo a mis hijos pasando por ahi o cerca de esa fachada (avise a mis hijos de los trozos que calleron y les dije que tuviesen cuidado) y entonces empece a hilar que lo anterior fue lo de los transgenicos que te conte. Despues me di cuenta de que la campana de la cocina estaba sucia y mi cabeza me decia que como no me he dado cuenta de que si cae alguna gota de vapor de la campana sucia a la comida podrian ponerse malitos mis hijos, osea que ahora cualquier cosa le sirve a mi mente para hacer de ello un problema y hacerme sentir culpable.

¿Crees que esto puede ser que el curso esta haciendo efecto y esta saliendo todo de nuevo para perdonarlo?

Y ¿ crees que esta en mi guion actuar de esta manera quiza un poco obsesiva o podria elegir dejar de actuar asi si yo lo decido?

Se que no esta en mi mano protejer a mis hijos de todo, seria una locura pretenderlo jajajaja, pero aun viendolo claro mentalmente muchas veces me siento confuso.

Me puedes aconsejar algo amigo?

Un super abrazo amigo

☼☼☼

No te preocupes, es normal querer proteger a los hijos. No te comas la cabeza sobre tus acciones, simplemente haz las cosas que te parezcan oportunas. Para la práctica del Curso es irrelevante nuestra conducta o acciones. Lo que es relevante es la mente, y lo que sientes. Es ahí donde te conviene prestar la máxima atención, lo cual estás haciendo, pues estás tomando conciencia de cómo te sientes interiormente: con paz, sin paz; culpable y obsesivo, o inocente y fluido; ansioso y asustado, o tranquilo y animado.

Cuáles puedan ser tus acciones no importa. Puedes seguir con ellas si quieres. Aconsejando a tus hijos, avisando de un posible peligro, etc. Pero al mismo tiempo, recuerda que nada externo tiene poder sobre ti. Es decir, nada externo tiene el poder de quitarte la paz. Es mediante las interpretaciones (juicios, pensamientos) como podemos llegar a ponernos nerviosos: no por las cosas externas en sí. El mero hecho de tomar conciencia de esto, te permite observarlo todo, lo externo y tus sensaciones internas, desde otra perspectiva: sin juzgarte.

La mente es muy poderosa, y si dejamos que las interpretaciones mentales nos influyan, nos sentimos mal o como sea. Hay un relato de la tradición zen que ilustra esto. En un pequeño pueblo del lejano oriente, donde vivían familias muy pobres, dos familias vieron partir cada una al mayor de sus hijos, ambos en busca de mejor suerte en el extranjero. Al cabo del tiempo, llegaron noticias sobre lo que el destino había deparado a ambos muchachos. Uno de ellos se había hecho rico y ya iba camino de regreso al pueblo, en busca de sus familiares para compartir su riqueza con ellos. El otro muchacho había fallecido en una trifulca, y había muerto tan pobre como era al partir de su pueblo. Pero he aquí que la persona que informó a ambas familias se había confundido de nombres, y a la familia del muchacho vivo y rico les había contado que su hijo era el que había fallecido lleno de pobreza. Y a la familia del muchacho fallecido, les contó que su hijo se había hecho rico y pronto regresaría al pueblo con ellos, cargado de riquezas.

Así, en la familia del chico muerto estaban felices, no cabían en sí de gozo, pues pensaban que eran ricos y pronto verían a su muchacho. Y la familia del chico vivo (que ya estaba en camino, con sus riquezas) lloraban desconsolados, pensando que su muchacho había muerto.

Esto ilustra que unos estaban alegres no por causas externas, sino por sus propias interpretaciones mentales: su hijo había fallecido, pero ellos estaban repletos de felicidad porque pensaban (interpretación mental) que todo iba genial.

Lo mismo con la otra familia: estaban deprimidos y llorando no por causas externas realmente (a fin de cuentas su hijo era rico y ya estaba en camino hacia el pueblo), sino porque ellos creían erróneamente que había muerto (lloraban, entonces, por sus propias interpretaciones mentales).

Eso mismo nos pasa a todos. No paramos de hacer interpretaciones, y pensamos que nuestras alegrías y tristezas se deben a causas externas. En realidad, mentalmente elegimos cómo reaccionar. Podemos elegir que las ilusiones no nos afecten.

A veces nos sentimos preocupados, deprimidos, porque pensamos que hay motivos para ello, pero simplemente desconocemos que somos ricos en la Realidad de nuestro estado natural.

Hay diversos relatos de la tradición zen que ilustran temas así, y que leerlos puede ser ameno, además de servir para captar algunas ideas intuitivas. Si tienes ganas , puedes encontrar algunos de esos relatos en esta pequeña colección de relatos zen que posteé hace unos años. ¡Y al final del post añadí unos chistes, que también son amenos jajaja! Aquí está todo eso: http://jugandoalegremente.blogspot.com/2010/06/cuentos-zen-y-unos-chistes.html

Así que simplemente haz lo que sientas que te viene bien hacer, pero no le des importancia, no lo conviertas en algo importante. Lo importante es lo interior, y eso simplemente basta con que lo observes: ¿estoy en paz, o no? Cuando no lo estás, basta con que lo observes sin juzgarte. Si sientes una emoción incómoda, sea miedo, culpa o lo que sea, no te juzgues (y si te juzgas, no te juzgues por haberte juzgado jejeje). Simplemente observa la emoción, y recuerda que eso significa simplemente que a cierto nivel de la mente todavía estás eligiendo al ego. Todos lo hacemos. Al no juzgarte por ello, y tomar conciencia de lo incómodo que eso es, del precio que pagas (perder la conciencia de la paz de Dios), de manera espontánea estarás deshaciendo la errónea decisión por el ego. El mero hecho de no juzgarte es deshacer el ego. El ego siempre juzga. No le sigas el juego. Pero si se lo sigues, no te juzgues por ello. En realidad no importa: todo eso es falso, aparente, ilusorio.

Cuando sentimos conflicto, eso no es nada, pues es ilusorio, por eso no merece la pena juzgarnos, lo cual simplemente reforzaría la idea de que eso es real. Simplemente observemos, sabiendo que a algún nivel mental hemos elegido al ego, pero que ya no queremos eso. Poco a poco, con esta actitud le abriremos de nuevo la puerta a la paz.

De estar en paz no nos separa nada, ni el tiempo. No es algo lejano en el futuro. Lo único que nos separa de la paz es nuestra manera de ver las cosas. Al mirar las cosas sin tomarlas demasiado seriamente, sin reforzar los juicios, nos ayudamos a nosotros mismos a volver a sentirnos en paz.

Las preocupaciones en realidad no son por lo externo, sino algo interno en la mente. Tus hijos pueden ser en este contexto un símbolo del Cielo. Son tu Cielo, en símbolos, en la forma. Preocuparte por tus hijos, la preocupación en realidad es en tu profundo interior: es tu mente ontológica preocupada por el Cielo. Simplemente observa la preocupación; obsérvate interiormente, tus emociones, sensaciones. Y recuerda que el Cielo en realidad no se ha roto. La Unidad sigue siendo Una, completa, perfecta. No hemos fastidiado nada, ni podríamos. Somos inocentes. Al observarte, sin juzgarte (desde una perspectiva de inocencia), ya has hecho todo lo que hay que hacer. Y si te resulta imposible dejar de juzgarte, observa eso también. Es todo un truco, es ilusorio, no hay nada que juzgar. Simplemente no te lo tomes demasiado en serio. Todo lo ilusorio no es más que un chiste. Obsérvate interiormente, y simplemente no tomes nada temporal demasiado en serio, y recuerda que eres inocente porque la Verdad es inmutable: no la has roto ni podrías romperla. Y es lo que eres.

En cuanto a lo externo, nuestra vida corporal entre símbolos, fluye como te parezca conveniente. Simplemente presta atención a la vez a lo interno, a si estás en paz o en conflicto. Y no te tomes nada a la tremenda. Nada de lo ilusorio es importante de por sí. Si tomas la costumbre de prestar atención a lo interior, entonces hagas lo que hagas exteriormente te vendrá bien.

Un abrazo

Post-Data:

1) «¿Crees que esto puede ser que el curso esta haciendo efecto y esta saliendo todo de nuevo para perdonarlo?». Sí. Todo lo que percibimos como conflictivo, es una oportunidad para despertar, una oportunidad para aplicar el perdón. Esto es así tanto si estamos haciendo el Curso como si no. La diferencia, es que si estamos con el Curso, practicando el perdón, al perdonar las "lecciones" que surgen, se disuelve la ilusoria causa interna que provocó su proyección, con lo cual dejan de repetirse. De lo contrario, los asuntos conflictivos se repiten una y otra vez, aunque la forma pueda ser muy diferente. Los símbolos pueden cambiar, pero lo que significan (estar apoyando al ego; la oportunidad de dejar de apoyarlo) es siempre lo mismo, sea cual sea la forma en que se presenten o simbolicen. Hasta que perdonemos algo, se repite y repite y repite en formas diferentes, Como dice el Curso:

Las pruebas por las que pasas no son más que lecciones que aún no has aprendido que vuelven a presentarse de nuevo a fin de que donde antes hiciste una elección errónea, puedas ahora hacer una mejor y escaparte así del dolor que te ocasionó lo que elegiste previamente. (T.31.VIII.3.1)

2)  «Y ¿ crees que esta en mi guion actuar de esta manera quiza un poco obsesiva o podria elegir dejar de actuar asi si yo lo decido?». El guión es el que es y no necesitas hacer nada al respecto, excepto observarlo sin juzgar. Esto ya ha sido comentado implícitamente más arriba, cuando hablábamos en términos prácticos de la actitud anti-ego: observar calmadamente, sin juzgar, sin tomar las ilusiones tan seriamente. Entonces nuestras acciones podrían terminar cambiando por sí solas si conviniera, pero esto sería un efecto colateral y no imprescindible, pues lo importante es que podemos estar en paz sean cuales sean nuestras acciones o las acciones de los demás. Lo externo (acciones) no puede afectar a lo interno (nuestra paz), excepto en nuestra imaginación cuando nos aferramos a nuestras creencias erróneas. Simplemente observemos las creencias erróneas sin juzgarnos ni juzgarlas, sin tomarlas en serio, y al dejar de creer en ellas se irán debilitando hasta desaparecer. Al final solamente quedará la paz.

sábado, 22 de octubre de 2016

¿Existe o no existe nuestro hermano?

En el post anterior, Codorníu pregunta en los comentarios:

Hola, Toni. Hace que no te consultaba; si bien, leo tus entradas con frecuencia.

En esta tengo una cuestión que plantear, jaja...

Verás.

He leído al principio:
 

Libera a tus hermanos de la esclavitud de sus ilusiones, perdonándolos por las ilusiones que percibes en ellos. (T.16.VII.9.5)
 

No comprendo la expresión: "las ilusiones que percibes en ellos". En la frase reseñada se insinúa la existencia de un algo objetivo sobre (o en) lo que yo (sujeto) percibo una ilusión.

Si no he comprendido mal cuando estudié UCDM hace meses, ellos (los hermanos) son una ilusión en sí mismos; es decir, no son otra cosa que ilusión, algo que aparece fuera cuando ni siquiera existe un "ahí fuera".


Estaba respondiendo en un comentario, pero puesto que me ha salido un poco largo y el sistema no me deja postearlo, en vez de cortarlo en dos partes como he hecho otras veces, lo pongo aquí en forma de post. Esto fue lo que me surgió decir sobre el tema (ya que estamos en un post, le añado algunos colores y tal vez algunas palabras en negrita; finalmente, también he añadido algunas aclaraciones entre paréntesis):

Respuesta: Hola, Codorníu. No es más que una cuestión del lenguaje. Si lees la frase (T.16.VII.9.5) tratando de ir únicamente al sentido (no a las palabras), verás claramente cuál es su utilidad. El 90% del Curso es así, con un lenguaje aparentemente dualista, puesto que el perdón tenemos que practicarlo desde donde percibimos que estamos (aunque intelectualmente sepamos que no es así), y puesto que el perdón se explica en un lenguaje dualista, lo que importa no es el lenguaje, sino si cambiamos o no nuestra actitud, volviendo la mente hacia dentro: dejando de juzgar/proyectar, y regresando al interior desde donde se proyecta todo lo ilusorio.

Ciertamente que en realidad no hay mundo, ni cuerpos. Pero la verdad pura, DIOS ES (este dúo de palabras es un símbolo o manera de tratar de referirnos a la verdad en pocas palabras), cuando se está en ella, lo único que brota es el silencio. Como decía Ramana Maharshi, pocos entienden el lenguaje del silencio (¡el cual es el único lenguaje que no es dualista en su forma!, pues el silencio no tiene forma, mientras que toda forma es dualista, si bien su contenido puede ser dualista o apuntar al no-dualismo). Además, pocos son los que han despertado. Al resto, en su mayoría al menos, conviene que se nos hable en un lenguaje que tenga sentido para nosotros (el lenguaje de las formas, que son las palabras normales, dualistas en su forma —aunque no en su contenido, cuando apuntan a lo que ayuda al reconocimiento de la no-dualidad).

Si relees la frase simplemente desde la perspectiva de cómo se aplicaría en la práctica (o sea, mirando solamente su mensaje, no las palabras literales), probablemente quede todo más claro. Supongo que en tu vida cotidiana ves hermanos jejeje (incluso si sabes intelectualmente que los cuerpos son ilusorios). El Curso nos invita a utilizar nuestra percepción para que le demos la vuelta (retirar la proyección) y así despertar.

Un ejemplo simple, el típico con los niños (y no tan niños): un niño choca contra una silla y se hace daño; entonces, enfadado, le grita a la silla: ¡mala!

La silla es el hermano. La silla (o hermano) es simplemente nuestro propio reflejo en nuestro sueño dual. Los hermanos son nuestros espejos. Perdonar la ilusión que percibes en la silla, en un caso así, significa en primer lugar reconocer que la silla no es culpable de nada (retirar la proyección). ¡Ella ni siquiera tiene personalidad! (no "existe"). Luego UCDM nos invita a tomar conciencia del verdadero problema y ver que no es tal (la separación que teme la mente, no ocurrió). Entonces no hay necesidad de culpabilizar a nadie. Todos son inocentes: la silla, uno mismo.

Lo mismo vale con cualquier hermano. Por cierto, aunque en la Verdad pura solo existe UNO, en la práctica del despertar, al ser percepción, la percepción es dualista, y al "otro" lo llamamos "hermano" (y todos humildemente deberíamos reconocer que percibimos al "otro", sea ese otro una silla, una persona, o el resto del universo: el no-yo... y digo que todos deberíamos reconocer que percibimos lo "otro", porque excepto que estemos iluminados, estaremos percibiendo, y la percepción pertenece a la mente dividida y funciona por divisiones: sujeto-objeto; esto sabemos intelectualmente que es ilusorio, pero si no practicamos el proceso del perdón con estos símbolos dualistas de nuestra percepción, nos quedaremos atascados en lo ilusorio, en una comprensión meramente intelectual de la no-dualidad). Si ves a tu hermano como un cuerpo, entonces es ilusorio y no existe. Pero hay otra manera de verlo. Tu hermano puede ser visto como un reflejo de ti mismo. En última instancia, es un reflejo de Dios, del Ser, el cual vemos oscurecido y culpable (verlo como un cuerpo es culpabilizarlo) porque lo hemos juzgado y así nuestra percepción está distorsionada. Si vemos al hermano sin distorsión (con inocencia), veremos en él el reflejo de la verdad (paz, unidad, etc) y finalmente este reflejo más puro nos conducirá al despertar del conocimiento, en el que ya no hay hermano pues ya no hay reflejos, sino solo Unidad pura.

En último término, la silla y los cuerpos son completamente ilusorios (son mentales e inexistentes realmente, símbolos de separación). Pero el Curso nos avisa de que no neguemos nuestra experiencia (por ejemplo T.2.IV.3.8-11).

Realmente no existe un mundo físico. Es todo mental (e incluso como formas mentales, el mundo sigue siendo igualmente ilusorio). PERO NOSOTROS LO PERCIBIMOS. NO NOS CONVIENE NEGAR LO QUE NUESTRA OFUSCADA MENTE ESTÁ PERCIBIENDO. Y puesto que lo percibimos, es a estos símbolos de conflicto que percibimos a los que aplicamos el perdón. Aplicamos el perdón a lo ilusorio, no a lo verdadero. Finalmente todos los reflejos ilusorios se reducen a un mismo origen: una decisión en nuestra mente, decisión que también es ilusoria, pues nunca fue tomada (la Verdad es inmutable; DIOS ES). Una vez deshecha nuestra creencia en esa decisión de separación, tal creencia/decisión desaparece junto con sus acompañantes (culpa, miedo, carencia, etc., incluido el mundo de formas que simbolizaban eso), sucede el despertar, y entonces sí, abandonamos el lenguaje dual (el de las palabras) y nuestro único lenguaje es SER. Que dicho en palabras del Curso, se podría decir: Dios ES. Pero ese ES no es la palabra ES, sino la experiencia directa de SER, que está más allá de las palabras y es la única Vida.

Saludos ;-)

martes, 18 de octubre de 2016

La manera en que vemos a los demás nos indica cómo nos vemos interiormente a nosotros mismos

[El mundo que ves] es el testimonio de tu estado mental, la imagen externa de una condición interna. (T.21.introd.1.5)

La condenación es un juicio que emites acerca de ti mismo, y eso es lo que proyectas sobre el mundo. (T.21.introd.2.1)

Si le señalas a tu hermano los errores de su ego, tienes forzosamente que estar viendo a través del tuyo porque el Espíritu Santo no percibe sus errores. (T.9.III.3.1)

Cuando un hermano se comporta de forma demente sólo lo puedes sanar percibiendo cordura en él. (T.9.III.5.1)

Cada hermano con quien te encuentras se convierte en un testigo de Cristo o del ego, dependiendo de lo que percibas en él. (T.11.V.18.1)

Pide, entonces, conocer la realidad de tu hermano porque eso es lo que percibirás en él, y en su belleza verás reflejada la tuya. (T.11.VIII.10.6)

Libera a tus hermanos de la esclavitud de sus ilusiones, perdonándolos por las ilusiones que percibes en ellos. (T.16.VII.9.5)

Pues percibir a un hermano como si fuese un cuerpo es falta de fe, y el cuerpo no puede ser usado para alcanzar la unión. (T.19.I.4.2)

Mira a tu hermano otra vez, pero con el entendimiento de que él es el camino al Cielo o al infierno, según lo percibas. (T.25.V.6.5)

Cuando percibimos a un hermano, una de dos: o él está expresando amor, o bien está pidiendo ayuda para percibir el amor (y si su petición de ayuda nos irrita o molesta, ¡significa que también nosotros estamos pidiendo ayuda!). Cualquier hermano que percibamos, está siempre o bien expresando amor, o bien pidiendo amor. Como dice el Curso:

El único juicio involucrado en esto es que el Espíritu Santo divide la petición en dos categorías: una en la que se extiende amor y otra en la que se pide amor. (T.14.X.7.1)

Tú no puedes hacer esa división por tu cuenta sin riesgos, pues estás demasiado confundido como para poder reconocer el amor, o para creer que cualquier otra cosa no es sino una petición de amor. (T.14.X.7.2)

Deja que el Espíritu Santo te muestre a tu hermano y te enseñe tanto su amor como sus peticiones de amor. (T.14.X.11.5)

Pero donde lo que hay es una petición de amor, tú tienes que dar amor por razón de lo que eres. (T.14.X.12.3)

Y como complemento, un intercambio de mails donde surgió un tema relacionado:

Pregunta: No sé si todo lo que cuestiona el supuesto ego de mi hermano, viene de mi ego o no. Me producen bastante rechazo, muchos facilitadores del Curso, ya sabes, todos estos conferenciantes internacionales que hacen giras por todos los países de habla hispana, que parecen ávidos de ser escuchados, los percibo como personas que nutren su especialismo con la espiritualidad, como otros lo nutren con la cultura, la política, etc. Acabo de cancelar mi suscripción a la web de un famoso facilitador, porque me molestaba tanta publicidad, ya sabes, ¡¡Un Curso de Milagros con fulano de tal!! Me molesta también cuando observo a muchas personas que hacen de estos facilitadores una relación de amor especial, ya sabes, ¿¿Para cuándo en Buenos Aires??, ¿¿para cuándo en Zaragoza?? En el libro de Kenneth Wapnick "Ausencia de felicidad" ya cuenta como Helen Schucman se indignaba con los primeros "maestros" del Curso. En el libro "El mensaje de Un Curso de Milagros", Kenneth desaconseja los grupos de estudio y aconseja el autoestudio. ¿Crees que habla mi ego? Perdono estos pensamientos; pero no reconozco si son de ataque o de sentido común. No quiero estancarme ni entablar una relación especial con ningún gurú, grupo o maestro; pero no veo mal compartir palabras sobre nuestro proceso, creo que puede ser bueno. ¿Tú que me dices hermano?

Respuesta: Te comento mis impresiones. Hablo en general, porque ten en cuenta que no tengo casi experiencia con el tipo de ambientes que comentas: encuentros grupales, asistencia a charlas, etc. No veo nada malo en esas cosas (siempre que no se "endiosen" como si la asistencia a tales encuentros fuera algo especial, lo cual lo convertiría en un ídolo más del ego, aunque incluso entonces bastaría con perdonarlo, porque tampoco es un "pecado" jeje), pero como mi camino se basa predominantemente en una práctica más individualizada (incluyendo la lectura de libros), no tengo opiniones concretas sobre qué tal de provechosos son ese tipo de encuentros grupales. Sí tengo opiniones generales, y eso es lo que te escribo. Meras opiniones, tratando de ser neutral en la medida de mis posibilidades.

Antes de entrar en el tema más variado, el de los encuentros grupales y quienes los "lideran", un pequeño apunte sobre lo que preguntas al principio de tu email, sobre si cuestionar al ego de un hermano, "viene de mi ego o no".

En realidad no hay más que un ego (común a todos nosotros: "nuestro" ego personal son las ramificaciones del único ego), pero al nivel de nuestra experiencia hablamos de egos en plural, cada uno con el nuestro. O sea que, cuando criticamos a alguien (o a "su" ego), como en realidad hay un solo ego, sin saberlo estamos criticándonos a nosotros mismos. Pero cuando hablo de criticar me refiero a una actitud de condena (eso sí sería egoico). Solo tú puedes saber si tu cuestionamiento sobre los hermanos que nos dan charlas es un simple cuestionamiento o incluye condena (resentimientos, ira, etc.). Si hay condena, no pasa nada, eso nos ata al ego pero se soluciona al practicar el perdón de esos pensamientos/resentimientos.

Es cierto que el Curso dice: 

Analizar los motivos del ego es algo muy complicado, muy confuso y nunca se hace sin la participación de tu propio ego. (T.12.I.2.1)

Más allá de las palabras de esa cita, hay que comprender a qué se refiere (relacionado con este tema, por cierto, es muy útil leer esa sección entera, T.12.I: "El juicio del Espíritu Santo", pues en cierto modo responde a tu pregunta implícita de cómo mirar a nuestros hermanos desde una mentalidad correcta). La cita no quiere decir que no podamos cuestionar las cosas, o que no deberíamos percibir las actitudes egoicas de un hermano. De lo que se trata es de procurar no juzgar. Podemos percibir actitudes presuntamente egoicas (en realidad deberíamos reconocer que tal vez estemos equivocados, pues lo percibimos a través del filtro de nuestro propio ego, por más que a veces sí acertemos en algún grado), pero aunque percibamos esas actitudes, no es obligatorio que nos dejemos llevar por resentimientos. En el mundo obviamente tenemos muchos ejemplos donde parece abundar el ego (incluidos los casos de las noticias, como los escándalos de corrupción, etc etc etc, por todas partes), así que podemos percibir eso, "cuestionarlo", pero si además de eso sentimos resentimientos (algún grado de odio, enfado, cerrazón), entonces tenemos una oportunidad para perdonar, y así perdonarnos a nosotros mismos y deshacer alguna otra capa de nuestro ego.

Yendo al panorama concreto que comentas (el de las charlas, los facilitadores, etc.), mi corazón me dice que tal vez lo mejor es empezar por simplemente no ser demasiado duros o demasiado extremos. Los hermanos/facilitadores que nos dan charlas, no son ni buenos ni malos. Son como tú y como yo, pues en principio es de suponer que la inmensa mayoría de ellos no están iluminados. Y esto no es problema para que compartan lo que hasta ahora hayan comprendido del Curso, de la espiritualidad o de la vida. Precisamente el Curso es un camino espiritual donde no hay problemas para compartir la inspiración que uno sienta oportuno de compartir, aunque no estemos iluminados. Tal vez en otras tradiciones, en alguna se desaconseje enseñar si uno no está 100% despierto, pero no es así en el Curso (si solo los iluminados pudieran dar charlas o escribir libros, Gary no podría escribir sus libros, ni Helen habría escrito el Curso). En el Curso cada uno enseña lo que sabe, incluso si no se da cuenta de que está enseñando (porque todo es una enseñanza: nuestro tono de voz, nuestra amabilidad, etc). Así que el Curso nos dice que todos somos maestros, en este sentido. En otras palabras: todos aprendemos de todos. Y todos podemos ser útiles. Como dice el Curso:

Dios te acepta en el nivel en el que estás y te da la bienvenida. (M.26.4.10)

Si esto es cierto de todos, es también cierto de los facilitadores (por cierto, es interesante leer el párrafo completo de la cita anterior).

No hay por qué exigirles más a los facilitadores que a cualquier otro hermano no iluminado. Como nos pasa a nosotros, ellos también aprenden de sus situaciones. Simplemente desempeñan ese papel externo, como otros desempeñamos otros papeles: los panaderos haciendo pan, los camioneros transportando mercancías, los políticos gestionando, los abogados defendiendo, etc. Los que dan charlas, simplemente esa es una parte de sus vidas. Su profesión no es diferente a las otras profesiones: todas las actividades son neutras, y pueden usarse para aprender el perdón o para reforzar el aprendizaje con el ego (para unir o para separar).

Puede que a algunos les veamos el plumero del ego más fácilmente que a otros, pero ¿acaso no tenemos ego también nosotros? Como dice el Libro de ejercicios:

Pregúntate, en cambio: "¿Me acusaría a mí mismo de eso?" (L.134.9.3)

O como dice el Jesús de los evangelios: vemos la brizna de hierba en el ojo de un hermano sin percatarnos de la viga en nuestro propio ojo. Una idea relacionada con esto, del Curso: «La única responsabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expiación para sí mismo» (T.2.V.5.1) (o sea, ante todo debemos ocuparnos de nosotros mismos, de nuestro propio ego, y cuando ya estemos limpios mentalmente, veremos si nuestros "reproches" siguen ahí o no... más bien habrán volado).

Una actitud perdonadora es reconocer que todos somos útiles (los facilitadores también); que cada uno hace lo que puede, a través de los obstáculos o filtros de su propio ego. No juzguemos a un hermano (que es verdad y espíritu puro) por los devaneos de su ego (que es ilusorio).

Esto no quiere decir que tengamos que asistir a las charlas si no nos interesan. Simplemente podemos suponer que otras personas sí están interesadas, les resuenan y probablemente se benefician de ellas. Las charlas en sí son neutras: pueden utilizarse para reforzar el especialismo del ego, o utilizarse como parte del "curriculum" de nuestra vida, que le entregamos al Espíritu Santo para que Él nos enseñe.

Para nosotros, estudiantes del Curso, las charlas son simplemente una opción complementaria (una ayuda opcional), pues el Curso está diseñado como un curso de estudio individual. Uno puede y debe estudiarlo y practicarlo por sí mismo. Quien vea útil ayudas (como asistir a una charla, o leer un libro, por ejemplo de Ken Wapnick o de Gary Renard) puede hacerlo sin problema y sin que eso le perjudique ni en lo más mínimo, mientras que no convierta el recurso de apoyo en un ídolo. Incluso el propio Curso es un recurso de apoyo de nuestra mentalidad correcta, y no debería ser convertido tampoco en un ídolo. Si por ejemplo sentimos ansiedad porque no tenemos a mano el libro del Curso, o porque hoy no hemos podido practicar la lección que nos tocaba del día (quien esté haciendo el Libro de ejercicios), eso probablemente es un indicio de que estamos convirtiendo el Curso en algo especial. El especialismo puede intentar apropiarse incluso del Curso. Hay que llevar cuidado con eso, pues el Curso trata de ser una ayuda para guiarnos a reconocer la paz, no para que nos sintamos ansiosos o apegados, ni siquiera al Curso.

Sobre lo que comentas de Kenneth Wapnick, yo no interpreté como que él desaconsejara los grupos de estudio. Me pareció que simplemente nos recordaba que el Curso es ante todo un curso de estudio individual (porque nadie puede estudiar ni practicar el perdón por ti), y nos avisaba de algunos de los riesgos de querer apoyarnos demasiado en un grupo. Pero lo problemático no es el grupo en sí, sino el apoyarnos demasiado en él, desatendiendo lo principal: nuestra propia práctica del Curso.

¿Por qué creo que Kenneth Wapnick dio esa advertencia? Porque hay personas que se apuntan a un grupo semanal o del tipo que sea, y ya se relajan en eso y no estudian el Curso por sí mismos, simplemente la horita o par de horas a la semana en que van al grupo y se leen juntos alguna sección o comentan alguna lección. Eso sería como lo que otros indicaban hace años que sucedía en el cristianismo: de personas que iban a misa todos los domingos pero el resto de la semana se comportaban como "diablejos", sin acordarse para nada de las buenas intenciones expresadas en el domingo anterior. Lo mismo pasa con el Curso: si nos apoyamos solamente en un grupo, y olvidamos seguir estudiando el material por nuestra cuenta y de practicarlo en nuestro día a día, el progreso será muy pequeño.

Y por otro lado, como decía, los grupos son simplemente opcionales. Si no te sientes atraído por ellos o ves que no te aportan nada, no hace falta que te apuntes a uno. Lo importante es tu sinceridad, y dar los pasitos del perdón poco a poco, tanto si te rodeas de personas de "esta onda" (grupos, libros, etc) como si no.

Resumiendo, los grupos no son imprescindibles, pero tampoco tienen nada de malo. Y los facilitadores, pues lo mismo. Sin ellos no habría charlas... y hay muchas personas que sí disfrutan de las charlas. Así que de alguna manera, unos y otros nos complementamos. A quienes nos gusta leer (como es mi caso), nos complementan con su ayuda y sus libros escritores como Ken Wapnick y Gary Renard. Y a quienes les gusta asistir a charlas, les complementan los que dan las charlas, incluidos también Ken Wapnick (cuando vivía) y Gary Renard, quienes han dado numerosas charlas y talleres. No tiene nada de malo. Y aunque la mayoría de ellos no estén iluminados (dado los pocos iluminados que se dice que hay), sin embargo son útiles. El propio Gary Renard afirma no estar iluminado, y yo no me negaría a disfrutar de sus para mí inspiradores libros. Otras personas tampoco están iluminadas, unos pueden tener más líos con el ego que otros, pero todos aportan algo. No solo quienes conocen el Curso, sino cualquier persona.

Recuerda, todos somos maestros. Incluso diría que en mi vida, algunas de las personas que me han inspirado mucho, no saben nada del Curso ni se consideran personas espirituales. Pero todos tienen algo (un toque de amabilidad; otros su capacidad de bromear; etc.). De todos podemos aprender algo, incluso del vecino, o incluso del viento o de una flor. Es cuestión de procurar estar abiertos y sin juzgar. Y cuando nos notamos cerrados o juzgando, acordarnos de aprovechar para perdonar nuestra actitud.

Incluso si un ladrón está robando (o algo más de moda en las noticias: un político o ejecutivo con sus trapicheos), podemos percibir esas acciones ego-inspiradas sin necesidad de juzgar a la persona (juzgar implica sentir odio). No hay necesidad de odiar. Simplemente hay miedo. Quienes roban tienen miedo de sufrir carencia, y se lanzan hacia todo el dinero que puedan. Tal vez no todos lo hagamos en esos niveles tan enormes, pero todos los que aún tenemos ego, tenemos miedo, y en esto somos iguales: todos necesitamos perdonar. Robar puede parecer una buena idea a ciertas personas (debido a que perciben desde densos filtros egoicos), pero no les soluciona el problema de carencia emocional interior. Solo el perdón nos libera realmente.

No somos mejores ni peores que nadie. Los facilitadores no son mejores que nosotros (aunque algunas personas los idealicen), ni peores que nosotros. Si nos molesta algo que hace alguien, usualmente es porque interiormente albergamos alguna actitud parecida o equivalente. En realidad todos nos parecemos mucho. Dices que "parecen ávidos de ser escuchados". ¿No nos pasa eso a todos en un momento u otro? (Ya cité antes la frase del Curso: ¿Me acusaría a mí mismo de eso?). A veces anhelamos que nos escuche alguien: el jefe, nuestra esposa, nuestro hijo, la persona que nos atiende en la tienda, etc. Simplemente, nuestro ego demanda atención, unas veces más que otras. No importa si vemos eso en otra persona de manera más exagerada, porque sigue siendo lo mismo, y si nos molesta puede ser por eso por lo que nos topamos con situaciones así: para que veamos en otros (de manera aumentada y exagerada) algo que podemos corregir en nosotros mismos. Es una idea. A veces los tiros van por ahí.

Evidentemente, los facilitadores que no estén iluminados van a tener ego, el cual puede deslizarse de un modo u otro, con más o menos frecuencia e intensidad. Como sucede con todos nosotros, con todas las personas. Si procuramos no juzgar, y practicamos el perdón, nos resultará natural ser cada vez más pacientes con todos nuestros hermanos, y esto hará que también seamos más pacientes con nosotros mismos cuando la situación lo requiera (la culpa, que muchas veces proyectamos sobre otras personas, a veces de repente le damos la vuelta y volcamos la culpa contra nosotros mismos, sintiéndonos fatal; y tener paciencia con las travesuras del ego nos ayudará a saber reírnos de ellas más fácilmente, tanto cuando el ego esté distrayéndonos a nosotros mismos como cuando sucede con cualquier otra persona).

Desde estas reflexiones que se me han ocurrido, se podría decir que tus comentarios pueden potencialmente encuadrarse tanto dentro de lo que llamas "sentido común" como dentro de lo que llamas "ataques del ego" (solo tú puedes saber cuánto pueda haber de un tipo u otro de actitud; todos los no iluminados tenemos ambas actitudes). Lo que te dé paz, es de sentido común (esto incluye el darte de baja de una suscripción si ya no te interesa, o el no asistir a charlas si no lo necesitas). Y lo que te haga sentir molesto o con resentimientos, es un ataque del ego. Recuerda que los ataques del ego pueden ser a veces muy disimulados. Pero como dice el Curso, no importa si sentimos un gran odio, un intenso enfado, o por el contrario sentimos una ligera irritación o una leve sensación de molestia, pues es todo lo mismo, ya que no hay una jerarquía de ilusiones ni grados entre ellas:

La ira puede manifestarse en cualquier clase de reacción, desde una ligera irritación hasta la furia más desenfrenada. El grado de intensidad de la emoción experimentada es irrelevante. Te irás dando cuenta cada vez más de que una leve punzada de molestia no es otra cosa que un velo que cubre una intensa furia. (L.21.2.3-5)

Tal vez sea útil recordar que nadie puede enfadarse con un hecho. Son siempre las interpretaciones las que dan lugar a las emociones negativas, aunque éstas parezcan estar justificadas por lo que aparentemente son los hechos o por la intensidad del enfado suscitado. Éste puede adoptar la forma de una ligera irritación, tal vez demasiado leve como para ni siquiera poderse notar claramente. O puede también manifestarse en forma de una ira desbordada acompañada de pensamientos de violencia, imaginados o aparentemente perpetrados. Esto no importa. Estas reacciones son todas lo mismo. Ponen un velo sobre la verdad, y esto no puede ser nunca una cuestión de grados. O bien la verdad es evidente, o bien no lo es. No puede ser reconocida sólo a medias. El que no es consciente de la verdad no puede sino estar contemplando ilusiones. (M.17.4)

En fin, que cada uno podemos disfrutar de lo que nos interese o resuene. A mí, como a muchos, me interesa el Curso, los libros de Gary, y sobre todo despertar del sueño de la dualidad, y por lo tanto perdonar. Y además están las diversas aficiones; a mí me gusta leer, escribir (blogs), incluso a veces ver cine o deportes o lo que sea. A otras personas les gusta ir a charlas del Curso, o dar las charlas. Pues genial. A otras les gusta viajar. Pues genial. A otras les gusta estar en un grupo ecologista, o afiliarse a un partido político, o dar de comer a las palomas. Por mí genial. Cada uno que disfrute de sus aficiones, como yo disfruto de las mías. Y quienes además de esas aficiones tenemos un camino espiritual, nada nos impide disfrutar las aficiones en la "periferia psicológica" de nuestra vida, mientras que nuestro enfoque principal podemos seguir haciendo que sea nuestro camino espiritual, en el caso del Curso, principalmente el perdón. Todos somos libres de seguir nuestras resonancias. Y en cualquier caso, recordemos una vez más, que mi única responsabilidad, mi único punto realmente importante, es concentrarme en aceptar la Expiación para mí mismo. Pues cuando "yo" despierte, todos estarán despiertos conmigo, pues en la realidad nadie se ha quedado dormido, pues todo es Uno y un Uno Despierto.

Mientras tanto, percibiéndome aún en un mundo de cuerpos, dormido en la conflictiva dualidad, esto significa que aún me aferro al ego, y por lo tanto a veces veré cosas "desagradables"; puede que las vea en "otros", pero son reflejos de lo que puedo perdonar en mí mismo. Son mis oportunidades para despertar.

Evidentemente nunca nos van a faltar estas oportunidades para despertar. Pues mientras no estemos completamente despiertos, el ego nos garantiza que nos va a proporcionar oportunidades constantes y de sobra para practicar nuestro perdón jejeje. Finalmente venceremos nuestra resistencia, volveremos nuestra mente hacia dentro y despertaremos, para reconocer, experimentalmente y no solo intelectualmente, que nunca estuvimos dormidos. El perdón nos conduce infaliblemente a este reconocimiento. ¡Que así sea!

☼☼☼

lunes, 17 de octubre de 2016

La muerte del cuerpo

Pregunta: Tengo un enorme deseo de despertar del sueño, de iluminarme, de dejar de percibirme en un cuerpo y en un mundo y, al fin, reconocer mi verdadera naturaleza. Últimamente he perdido el miedo a la muerte del cuerpo, es más, a veces la deseo, me siento bien paseando por el cementerio. Creo que estoy relacionando la muerte del cuerpo con el despertar espiritual. Considero que la muerte no existe (la muerte del Ser); pero la muerte física es inherente al despertar, ya que no es coherente salir del sueño y seguir en el sueño (cuerpo). Entiendo mi deseo de despertar de esta pesadilla; aunque no entiendo porque me siento tan bien imaginándome dentro de un féretro. Me hago un lió, salir del sueño implica dejar el cuerpo (mente recta); pero coquetear con la idea de muerte corpórea... No sé... ¿Dónde está el ego en todo esto?

Respuesta: La iluminación o resurrección no tiene nada que ver con la muerte del cuerpo, sino con el deshacimiento del sistema de pensamiento del ego (la mentalidad errada). La mentalidad errada es lo que produce las interferencias que parecen ocultar la paz. Cuando uno se ilumina ya no hay mentalidad errada, por lo que solamente hay paz (continua, permanente, profunda, sin nada de conflicto), y la paz es vida. No importa si sigue apareciendo el cuerpo o no, pues ya nada afecta y se ha comprendido experimentalmente la irrealidad del cuerpo y del mundo, por lo que se vive en constante paz, con cuerpo o sin él.

Aunque en el cristianismo se suele considerar que Jesús resucitó corporalmente, en la enseñanza del Curso la resurrección no es física sino de la mente (la sanación completa de la mente), y en ese sentido puede decirse, como dijeron los "gurus" de Gary Renard, Arten y Pursah, que Jesús resucitó primero, y años después fue cuando ocurrió la crucifixión y todo aquello de la muerte de su cuerpo físico.

Cuando una mente se ilumina, puede que deje el cuerpo a un lado de inmediato o relativamente pronto, a los pocos días o semanas de iluminarse. Pero también hay muchos casos en los que el cuerpo continúa mientras se le pueda dar alguna utilidad. Por ejemplo, el cuerpo de Jesús puede que viviera alrededor de 5 o 6 años más tras su iluminación, según expresó una vez Gary Renard. De Pursah se dice que estuvo 11 años iluminada, antes de dejar el cuerpo. Cuando un iluminado mantiene el cuerpo, lo usa como una especie de instrumento de comunicación, como si fuera un micrófono con el que poder comunicarse con quienes aún creen estar dormidos. El cuerpo no es un problema cuando ya no hay mentalidad errada.

Evidentemente, llegará el día en que el cuerpo se deja de lado definitivamente, y más aún, el día en que todos estarán iluminados, y todos los cuerpos dejados de lado, junto con todo el universo físico, que terminará desapareciendo para siempre, pues ya no habrá ningún rincón de nuestra mente que todavía quiera mantener un universo-interferencia que oculte la verdad. Y entonces disfrutaremos de una vida plena, como siempre ha sido, una vida perfectamente unificada, todos como Uno, sin formas, con una felicidad desbordante, con una paz que no se ve interrumpida por la más mínima gota de inquietud, pues en el Cielo la paz es la verdad constante, sin interrupciones (esto es verdad ya y siempre, pero hasta que no completemos nuestro perdón no lo sabremos experimentalmente).

Pero para llegar a eso, hace falta el perdón, que es el punto en el que estamos ahora. Cada uno podemos ocuparnos de uno mismo. Dependemos cada uno de nuestro propio perdón. Cuando culminamos nuestro proceso del perdón y nos iluminamos, da igual si en términos del sueño mantenemos por un "rato" (años inclusive) el cuerpo o no, pues ya no es un estorbo: el cuerpo ya no puede impedir que experimentemos al mismo tiempo la verdad. Y si dejamos el cuerpo a un lado y nos "giramos" hacia el Cielo, resulta que todos están iluminados, todos como Uno, desde siempre.

Pero el papel que nos toca desempeñar ahora, es el de practicar el perdón. Antes de que hayamos perdonado y deshecho todo nuestro ego, si sentimos ganas de desprendernos del cuerpo, cabría sopesar qué es ese sentimiento realmente. Si conlleva ansiedad, es probable que provenga del ego, como buscando una vía de escape de este mundo, pues en el fondo hay miedo a seguir en el mundo. A veces el tener prisas por iluminarse indica algo parecido; es decir, las prisas son del ego porque implican miedo, desagrado ante el mundo, ansias de huir de lo que tememos.

Cuando nos iluminemos no habrá ninguna prisa por abandonar el mundo ni dejar el cuerpo. Pero como tampoco estaremos aferrados a ellos, en cualquier momento el iluminado podría dejar el cuerpo de lado (fallecimiento aparente del cuerpo) desde el instante en que ya no sea útil para inspirar a alguien a despertar (esto se decide desde una perspectiva global de lo mejor para el despertar general, lo que UCDM llama la "cadena eslabonada de perdón"). Así que no hay regla fija. Si un cuerpo es útil, se puede mantener o incluso hacerlo aparecer de nuevo (al estilo Arten/Pursah). Si ya no es necesario, el iluminado tampoco lo necesita y simplemente deja que fluya lo debido (el cuerpo, al ser ilusorio, no resistirá cuando uno se vuelva por completo en el puro conocimiento... el cuerpo acaba desvaneciéndose, sin uno planearlo conscientemente).

Por nuestra parte, los temas relacionados con el despertar y con la muerte suelen llevarnos a nuestra clave básica: el perdón.

Está muy bien perder el miedo a la muerte, sentir paz en cementerios, etc. Lo que tal vez no sea tan apropiado es sentirse atraído por la muerte, o tener "prisas" por despertar.

No estás solo en esto. Por ejemplo, lo de las prisas por despertar es algo que nos pasa a muchos. Y lo que estoy diciendo simplemente es que esto nos da un tema más para practicar el perdón. Pues las prisas pueden significar (esto cada uno que lo vea por sí mismo, pues cada caso es un mundo) que en el fondo tenemos miedo del mundo, y vemos el despertar como un escape. Que lo es: al despertar "escapamos" del conflicto, pero quien está despierto no teme al mundo porque sabe a ciencia cierta que es ilusorio y ya no le afecta de ningún modo, y por lo tanto no tiene prisas en "irse", ni en dejar el cuerpo mientras pueda ser útil para ayudar a "otros" a despertar. Además, ¿adónde podría irse un iluminado, si ya está en todas partes? ¿Y qué importa un símbolo como un cuerpo a aquel que sabe que no tiene cuerpo y que vive en todas partes? El cuerpo del iluminado es como le ven los demás, no como se siente él mismo.

Pero volviendo a lo básico, a nosotros, lo que nos ocupa ahora es nuestra práctica del perdón. Al practicar el perdón, todo lo demás fluirá automáticamente por sí solo, al ritmo debido y sin tener que controlarlo.

¡Un abrazo!

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(Copiado de un intercambio de emails de octubre de 2016)

domingo, 16 de octubre de 2016

La crisis de la mediana edad

Me preguntaron por email sobre la crisis de la mediana edad. Aquí incluyo la pregunta, seguida de los dos emails que envié en respuesta, aunque esos dos emails los voy a copiar en orden inverso: en vez de primero el email principal y después la post-data que fue el otro email, aquí voy a poner primero la post-data y después el email largo.

Pregunta: Llevo con el Curso medio año más o menos, justo hoy estoy en la lección 181. Cuando empecé con el Curso coincidió con mi crisis de la mediana edad, jamás tuve crisis en ningún momento de mi vida, y menos aún complejos, no me puedo creer que a mis casi 50 años me estén pasando estas cosas. Mi rostro y mi cuerpo están cambiando, los signos de la edad empiezan a ser visibles. Yo de joven era presumido, me veía atractivo y daba demasiada importancia a mi imagen. Ahora evito los espejos porque me doy asco, incluso estoy modificando mi comportamiento con los demás, huyo de la gente. Como podrás imaginar, no estoy pasando por un buen momento; pero a pesar de todo, creo que si no fuera por el Curso, estaría mucho peor.

¿Crees que todo esto, es una argucia del ego?, ¿es miedo, es culpa, es escasez?

Respuesta: Una post-data para el email anterior, para decir de manera explícita algo que se podía leer entre líneas en lo que comenté:

Preguntas si se trata de miedo, culpa o escasez. Los tres son lo mismo, pues son tres aspectos o maneras de manifestarse de una misma causa ilusoria común. La creencia en la separación (principalmente a nivel de nuestra mente inconsciente) produce sensación de escasez (falta de plenitud, pues la creencia en la separación es la creencia de habernos separado de la plenitud, de Dios, de la Totalidad, por lo que inevitablemente va a surgir una aparente sensación de carencia, que a continuación será proyectada en el mundo en forma simbólica) y también produce culpa (por la creencia de haber "roto" el Cielo o la plenitud; y la culpa por sentir escasez, de la cual nos sentimos responsables creyendo que es una escasez real y que todo es por nuestro "pecado" al haber elegido la separación y así haber roto el Cielo del Amor/Plenitud), y a su vez la culpa produce miedo: los culpables van a ser castigados, teme nuestra mente.

Esta inmensa escasez, culpa y miedo a nivel de la mente metafísica nos abrumaba tanto (como una sola Mente Dividida) que para ocultar todo esto y olvidarnos de ello, decidimos proyectar un mundo de formas (el universo "físico" de los cuerpos), pero aun así, en el universo de las formas seguimos sufriendo las consecuencias e incomodidades de las proyecciones de miedo, culpa y escasez, que nos rodean por todas partes en forma de innumerables símbolos, ilusorios pero molestos en nuestra experiencia.

Así que las tres palabras expresan sabores de un mismo pastel envenenado. La escasez, la culpa y el miedo son distintos disfraces para una misma falsa creencia. Son 3 colores o sabores de un mismo pastel envenenado, y el perdón nos va a demostrar que el pastel envenenado es ilusorio. No hay veneno, solo hay paz: la Unidad del SER.

Respuesta: Lo que te sucede es normal (dadas nuestras circunstancias, bañados como estamos aún de ego) y hay muchas personas que experimentan sensaciones similares a las tuyas. Uno de los momentos típicos es el que mencionas, ese que solemos llamar "crisis de la mediana edad". Y quien no experimenta crisis en ese momento, la experimenta en otros momentos, por ejemplo muchas personas experimentan crisis igualmente intensas durante su adolescencia, otras personas en otros momentos de su vida, por ejemplo a partir de algún suceso puntual que parece hacer detonar una crisis o depresión (por ejemplo tras la muerte de un ser querido, la pérdida del trabajo, un accidente, problemas de salud, o simplemente, a veces, surge una profunda tristeza y depresión sin que la persona llegue a sospechar por qué pasa eso).

Y sí, tal como dices, es una argucia del ego, porque todo conflicto que experimentamos es una argucia del ego. En realidad no tenemos problemas (nuestro único "problema" es la creencia —inconsciente en su mayor parte— en la separación de Dios, pero incluso ese "problema" es una falacia, pues la separación no ha ocurrido, tal como sabremos por experiencia propia cuando completemos el proceso del perdón y despertemos del sueño del ego).

Así que, exceptuando a quienes ya estén iluminados, el resto seguimos en el proceso de despertar, en el proceso de ir deshaciendo todas las capas de ego, y por lo tanto experimentamos conflicto, tarde o temprano. Conocer una enseñanza como el Curso nos da una gran ventaja en esto, pues ahora podemos utilizar los aparentes conflictos como oportunidades para practicar el perdón, lo cual nos beneficia más allá de lo que podamos imaginar, pues cada vez que perdonamos, estamos quemando capas del ego. Y cuanto menos ego, menos obstáculos habrá entre nosotros y la paz. La paz es lo que somos, pero el ego parece ocultar nuestro propio ser de nosotros. El proceso del perdón nos ayuda a resolver este conflicto absurdo.

Nuestros conflictos, del tipo que sean, y sucedan en la etapa de nuestra vida que sucedan (mediana edad, adolescencia, etc.) son símbolos de algo más profundo que se cuece por dentro, en nuestra mente inconsciente: nuestra decisión de estar separados de Dios, con individualidad propia. Teniendo como tenemos tal deseo y creencia inconsciente por la separación, esto tarde o temprano acaba emergiendo en lo que llamamos "mundo físico o externo". Puede que en tu caso, en las anteriores etapas de tu vida no fueses consciente de todo esto, pero estaba ahí, agazapado en tu inconsciente, para asomar la nariz algún día. Ahora ha asomado la nariz (tarde o temprano iba a suceder). Y puedes considerarlo no como una maldición, sino como una oportunidad de tomar conciencia de lo que ya estaba ahí en tu mente inconsciente, y entonces comenzar a perdonarlo.

La mayoría de las personas no conocen el proceso del perdón (o alguna otra herramienta que les ayude a deshacer el ego), de modo que cuando experimentan conflictos, simplemente esperan poder capear el temporal, incluso "solucionar" las situaciones a nivel externo, pero al no haberse deshecho la creencia inconsciente en la mente, los conflictos vuelven a reaparecer una y otra vez, vida tras vida. Al aplicar el perdón, en cambio, cada asunto que perdonamos se disuelve para siempre para nunca más reaparecer. Si seguimos percibiendo símbolos conflictivos (incluso con la misma forma que el que ya hemos perdonado), simplemente es que se utiliza el símbolo para representar más de la culpa inconsciente, la culpa que aún no hemos perdonado. Completar este proceso lleva años, por eso Kenneth Wapnick y Gary Renard nos aconsejan que lo enfoquemos como un proceso de por vida.

Con el tiempo practicando el perdón, iremos reconociendo la paz que siempre nos rodea, sintiéndola cada vez más establemente. Esto puede parecernos algo lejano cuando estamos en mitad de una "tormenta", pero las tormentas del ego no son nada, son ilusiones y podemos decidir en contra de ellas en cualquier momento.

Tú no eres un cuerpo. No somos cuerpos, sin embargo creemos que es así, pues el ego nos ha convencido de que somos eso. De modo que nos preocupamos excesivamente por nuestra apariencia física, los cuidados del cuerpo (salud, comida, higiene, mantenimiento, etc.) y todo eso. Pero el cuerpo no es lo que somos. Podríamos verlo como un traje. Obviamente cuidamos del traje, pero no estamos obligados a identificamos con él hasta el punto de hacer depender nuestra felicidad del estado del traje.

Por cierto, ese asco que dices sentir ante el espejo es un reflejo o símbolo del asco que sientes por tu decisión inconsciente a favor del ego: la decisión original de la cual proceden todos tus problemas. A todos nos pasa lo mismo (excepto a los ya iluminados), aunque cada uno lo manifestemos de un modo diferente, percibiendo símbolos diferentes. Surge algo que detestamos (una persona, una situación, nuestro propio cuerpo, el estado de salud, etc.), pero como dice el Curso en la lección 5 del Libro de ejercicios, "Nunca estoy disgustado (o asqueado, etc.) por la razón que creo". Creemos que lo que detestamos es el símbolo externo que percibimos (el cual equivocadamente creemos que es la causa de nuestra desazón), pero en realidad eso simplemente está reflejando lo que verdaderamente detestamos: estar sufriendo por propia elección, por haber elegido al ego y la separación. A nivel inconsciente, en lo profundo de nuestra mente seguimos eligiendo la separación, y eso es lo que detestamos. Al mismo tiempo deseamos la separación (inconscientemente al menos) y tenemos miedo de despertar porque tememos perder nuestra querida individualidad. Todo esto, si así lo elegimos, podemos ir deshaciéndolo mediante el perdón. Perdonando los reflejos. Lo inconsciente de nuestra mente es inconsciente para nosotros, OK, vale, pero sí percibimos los reflejos de esa causa interna, sí somos conscientes de los símbolos externos que representan a lo inconsciente, y al perdonar los símbolos externos de los que sí somos conscientes, estamos dando permiso al Espíritu Santo para limpiar nuestra mente inconsciente también, con lo cual se va deshaciendo el ego. Así conseguimos llegar hasta, y sanar, la verdadera causa de nuestros problemas, que es la causa interna en lo profundo de nuestra mente.

El Libro de ejercicios de Un Curso de Milagros nos enseña a poner en práctica el perdón, con muchos ejemplos diferentes, con diversos enfoques, por eso hay tantas lecciones, siendo la esencia de todas ellas la misma, aunque varíen de forma para ayudarnos a captar lo esencial. El Texto nos enseña los fundamentos teóricos (ayudan a que el perdón sea más efectivo, a que funcione mucho más rápidamente).

Es bueno que tengamos paciencia con nosotros mismos, confiando en el proceso, que está a cargo del Espíritu Santo, pues así lo hemos aceptado.

Cómo se desenvuelve este proceso es algo distinto para cada uno de nosotros. Como dice el Curso, por ejemplo en un par de lugares del Manual para el maestro:

No hay, sin embargo, una norma fija al respecto, toda vez que el entrenamiento es siempre altamente individualizado. (M.9.1.5)

El programa de estudios es sumamente individualizado, y todos sus aspectos están bajo el cuidado y la dirección especial del Espíritu Santo. (M.29.2.6)

Así que nuestras circunstancias externas pueden parecer diferentes, pero todos los símbolos representan lo mismo para todos nosotros, una de estas dos opciones: o amor (unión, perdón, paz, despertar) o miedo (separación, culpa, especialismo, conflicto). Cada vez que sentimos miedo o culpa, o cualquiera de sus ramificaciones (inseguridad, nerviosismo,incomodidad, etc), estamos ante otra oportunidad para practicar el perdón.

Aunque cada uno de nosotros vivimos este proceso de una manera diferente, finalmente todos llegamos a una misma meta: despertar del sueño de la dualidad, reconociendo la verdad, en la que todos somos uno. Entonces no queda ego y solamente se experimenta paz, sin que las circunstancias externas puedan volver a afectarnos, pues ya no creemos en ellas ni siquiera a nivel inconsciente.

Pero hasta que lleguemos a eso, y pueden pasar años, nuestra tarea es simplemente ir volviendo nuestra mente hacia adentro, es decir, practicar el proceso del perdón.

Aunque completar el proceso del perdón puede requerir años de práctica, sin embargo podemos disfrutar de la paz que nos ofrece el perdón desde las primeras etapas del proceso. Solamente tenemos que abrirnos a aceptarla, y el perdón nos ayuda a esto. No es difícil, y aunque al principio no parezca tan obvio, el perdón va disipando estas nubes de resistencia a la luz de la paz. Podemos experimentar paz ya, si nos abrimos a ella mediante el perdón. Podremos perder la paz de vista una y otra vez, pero siempre podemos regresar a ella mediante el perdón.

Poquito a poco, llegamos a Casa (paz total y permanente, sin recaídas). Y cuando por fin estemos en Casa, sabremos que en realidad nunca habíamos salido de Ella.

¡Un sueño no es nada, pero el perdón es lo que lo va a deshacer!

Ten confianza, confía en el proceso, valórate: no eres el cuerpo, eres algo que no se puede describir con palabras, puro espíritu, paz y satisfacción sin límites, más allá del ilusorio mundo de las formas.

La creencia en la separación, que está enterrada en lo profundo de nuestra mente inconsciente, nos llena con sus consecuencias: separación equivale a carencia, distancia, falta de plenitud, malestar, y todos los símbolos incómodos que percibimos en nuestro aparente mundo, incluidos los pensamientos y emociones negativos. Pero con el proceso del perdón, deshacemos la creencia en la separación y nos liberamos.

 Ya somos libres desde siempre, pero al haber elegido soñar, ahora necesitamos del perdón para demostrarnos a nosotros mismos que en verdad somos libres.

Un Curso de Milagros y los escritos de Gary Renard y de Kenneth Wapnick son magníficos elementos de apoyo para ponernos en marcha con ímpetu en nuestro proceso de despertar. Todos estos textos nos explican cómo perdonar, y nos recuerdan que practicar el perdón es la clave. No basta con leer sobre el perdón, tenemos que usarlo en nuestras situaciones cotidianas. Poco a poco nuestra habilidad para practicar el perdón irá aumentando, y el ego cada vez podrá hacer menos para obstaculizar la paz. Finalmente no habrá ego, solamente habrá lo que es verdadero: la paz.

El ego no es verdadero, ni siquiera existe, es un símbolo que representa nuestra resistencia a despertar, es decir, nuestro deseo de conservar nuestra individualidad (la cual es el origen de todos nuestros problemas, pues la individualidad es lo mismo que la separación o dualidad). Pero conforme vamos renunciando a esta resistencia/ego, mediante el perdón, el ego queda deshecho y se reconoce experimentalmente su ilusoriedad. Y entonces no quedan más obstáculos que puedan ocultarnos la paz que somos.

Solamente existe la paz, y eso es lo que somos.

¿Es la paz lo que queremos? Si realmente la queremos, debemos decirle "sí" a la paz. Y el sí lo damos de corazón, no con la palabra. Decir sí a la verdad, para nosotros que aún nos percibimos en el sueño significa practicar el perdón.

Practicar el perdón es decir sí a la paz que es nuestro verdadero ser.

Poquito a poco. Sin prisas (de todos modos el tiempo es ilusorio también), pero estamos invitados a aprovechar las oportunidades de perdón que nos surgen. Y todos nosotros disponemos diariamente de oportunidades/invitaciones para perdonar. Esto debería llenarnos de optimismo y felicidad, pues cada vez que surge una oportunidad de perdonar algo, al perdonarlo estamos dando un paso más en dirección a despertar y reconocer la Verdad que siempre ES.

Así que miremos a nuestro alrededor (símbolos "externos") y en nuestro "interior" (emociones incómodas, sensación de carencia, pensamientos de especialismo o limitadores, etc) y veamos qué oportunidades tenemos para perdonar. Si descubrimos algo para perdonar, ¡es motivo de felicidad!, pues podemos dar otro nuevo paso hacia el despertar.

Como dice el Curso:

El perdón es la llave de la felicidad. (L.121)

Y una bella manera de aludir brevemente al proceso del perdón podría ser:

Tu tarea no es ir en busca del amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has levantado contra él. (T.16.IV.6.1)

Esto lo conseguimos al practicar el perdón con los símbolos incómodos que percibimos en nuestra vida.

Al eliminar los obstáculos a la paz/amor, entonces el amor recorrerá libremente todo nuestro ser, llenando de felicidad nuestra vida. Tal como se dice en la introducción del Texto:

Este curso no pretende enseñar el significado del amor, pues eso está más allá de lo que se puede enseñar. Pretende, no obstante, despejar los obstáculos que impiden experimentar la presencia del amor, el cual es tu herencia natural. (T.introd.1.6-7)

Y lo que somos no puede ser amenazado, y es libre:

No soy un cuerpo. Soy libre. (L.199) 

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó. (en varias lecciones)

Eso es lo que es cierto de nosotros, y es lo que el perdón nos va a revelar. Somos libres, más allá del cuerpo, y esta libertad que somos permite que nuestro Ser, que es pura felicidad, nos llene de plenitud y nos recorra libremente por completo.

Finalicemos con un breve resumen de la esencia del proceso del perdón, tomado también de la introducción del Texto:

Nada real puede ser amenazado.
Nada irreal existe.
En esto radica la paz de Dios.
(T.introd.2.2-4)

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