lunes, 27 de marzo de 2017

Paz o miedo. La paz es una decisión. Forma y contenido. Volver la mente hacia dentro. Autoindagación

Destaco aquí algunos comentarios que he hecho en el foro CONCORDIA Y PLENITUD, que se complementan bien entre sí, tocando diversos temas relacionados unos con otros.

La paz es una decisión. Forma y contenido. Volver la mente hacia dentro. Flexibilidad. Autoindagación.

Comentario 1: La paz es una decisión

Lo que quería destacar es que la paz (o la alternativa: el conflicto) es una decisión (lo mencioné en el comentario de ayer, pero quiero destacarlo más). Es algo muy, muy simple, pero el ego dificulta esta simplicidad al ocultar el verdadero sentido de lo que estamos eligiendo. La paz depende simplemente de nuestra propia decisión mental. Simplemente decidimos si tomarnos algún acontecimiento seriamente o con ligereza. Y dependiendo de lo que elijamos, esa interpretación sobre lo que vemos dará lugar a nuestra percepción, ya sea de paz o de miedo.

Bien, ahora a nivel práctico, llega a tu mente la situación que te preocupa, y puedes pensar que no es tan fácil estar en paz en vez de con miedo. El asunto es, primero, tantear a ver si directamente puedes tomar conciencia de que no es para tanto, y por lo tanto empezar a dejar de hacer una montaña de un granito de arena. Esto es simplemente cuestión de que lo decidas así (aunque al principio sea "de boquillas"). Si crees que no está funcionando (que sigues sintiendo más miedo que paz), el siguiente paso es no juzgarte y no luchar contra tu miedo. Simplemente observa ese miedo sin juzgarlo: sin tratar de desprenderte de él ni de calificarlo de ningún modo. No te digas a ti mismo: "esto no debería ser así", "esto se debe a...", etc. Simplemente obsérvalo sin añadirle juicios. Como creo que decía Krishnamurti (o al menos Ken Wapnick dijo que lo decía jejeje), "quédate con el miedo". No luches. Simplemente obsérvalo.

El perdón, en cambio, es tranquilo y sosegado, y no hace nada. (...) Simplemente observa, espera y no juzga. (L.PII.Preg1.4.1,3).

Observar con conciencia (sin juicios, con discernimiento) disolverá el miedo, porque la conciencia es luz y el miedo es oscuridad. Cuando juntas la luz con la oscuridad, a la larga (o a la corta si tomamos una decisión inmediata de "cortar con la tontería" jejeje) la oscuridad finalmente desaparece. No hace falta hacer nada más, simplemente observar. No luches contra el ego (pues eso le daría realidad en tu experiencia). Cuando observamos una emoción "desagradable" sin juzgarla, sin calificarla, sin prisas por desprendernos de ella, el desagrado va disminuyendo. Es solamente emoción pura... información... un sabor. No te vas a morir por sentir eso, aunque sea miedo. El miedo no te puede hacer daño; es solo una creencia falsa.

Cuando percibas algo como una "montaña", date cuenta de que estás haciendo una montaña de un granito de arena. Si a pesar de eso el miedo parece seguir igual, entonces simplemente toma conciencia de que a nivel de tu mente inconsciente estás eligiendo engrandecer eso (percibirlo como una montaña y no como un inofensivo granito de arena sin importancia). Toma conciencia de lo que eso significa: estás pasando por alto que se trata de un sueño. Porque si tuvieses claro que es un sueño, automáticamente lo verías todo como granitos de arena y no como montañas, porque al saber que es sueño no te afectaría:

Pues no reaccionarías en absoluto ante las figuras de un sueño si supieses que eres tú el que lo está soñando. No importa cuán odiosas y cuán depravadas sean, no podrían tener efectos sobre ti a no ser que no te dieses cuenta de que se trata tan sólo de tu propio sueño.

Basta con que aprendas esta lección para que te libres de todo sufrimiento, no importa la forma en que éste se manifieste.
(T.27.VIII.10.5-6; 11.1)

Recuerda que ahí se te habla como tomador-de-decisiones (mente), no como el ilusorio ser humano con el que sueles identificarte. Es como si a nivel de la mente, como tomador-de-decisiones (sin cuerpo humano, fuera del espacio/tiempo) estuvieras soñando, o viendo cine en una pantalla mental, identificándote con las escenas y con algunos personajes. Cuando tienes miedo, es porque estás tomando en serio la película/sueño (toma conciencia de que te has olvidado de esta idea tan básica del sistema de pensamiento del Curso: ¡eso es un sueño/película!). Cuando recuerdas que es una película, deja de afectarte. Cuanto más claramente ves que se trata de una simple película o sueño, menos te afecta lo que ves sobre la pantalla de tu propia mente.

Aprende a vivir tu vida desde el enfoque de recordar que se trata de una película/sueño. Conviértete así en un soñador lúcido del "sueño de vigilia". Conforme esta actitud te empape, las cosas irán dejando de afectarte. Cada vez que te asustes de algo, vuelve a la posición del espectador en la silla del cine/teatro, recordando que no eres el personaje y que eso es una película. No eres el personaje ni sus problemas, sino que eres el soñador, el espectador, la mente, el tomador-de-decisiones tranquilamente sentado en su "silla" (por encima del campo de batalla, es decir, fuera del espacio/tiempo).

Te recomiendo releer toda esa sección (T.27.VIII) titulada «El "héroe" del sueño», y tal vez también la anterior como introducción, titulada «El soñador del sueño» (T.27.VII), o al menos la primera frase de esa sección:

Sufrir es poner énfasis en todo lo que el mundo ha hecho para hacerte daño. (T.27.VII.1.1)

Y empieza a cambiar el énfasis. No eres la víctima. Tú mismo (como tomador de decisiones) estás eligiendo estar en paz o no: dejar que las escenas de la película te afecten o no. Puedes empezar a poner el énfasis en que lo que percibes es una película (ficticio) o sueño, en vez de en que es algo real que justifica el sentir miedo.

Al principio, el pensar que es una película, aunque te acuerdes de esto puede que no cale del todo en ti, pues sigues a la defensiva, sin creerlo demasiado. Pero poco a poco, al recordar estas ideas y observar la película sin juzgarla, irás descubriendo el centro tranquilo donde siempre estás en paz, incluso en mitad de las escenas huracanadas del mundo/película.

Las pérdidas no son pérdidas cuando se perciben correctamente. El dolor es imposible. No hay pesar que tenga causa alguna. Y cualquier clase de sufrimiento no es más que un sueño. Ésta es la verdad, que al principio sólo se dice de boca, y luego, después de repetirse muchas veces, se acepta en parte como cierta, pero con muchas reservas. Más tarde se considera seriamente cada vez más y finalmente se acepta como la verdad. (L.PII.284.1.1-6)

Conforme más te acuerdes de que se trata simplemente de un sueño o película, y de que tú no eres el personaje del sueño sino que eres el soñador, las escenas de la película irán afectándote cada vez menos. Mientras tanto, simplemente puedes observar las escenas, sin juzgarlas, simplemente recordando este tipo de ideas que provienen del discernimiento y que el Curso te ofrece.

Cuando tengas miedo: "¡Oh, por lo visto he vuelto a olvidarme de que esto no es más que un sueño! No es para tanto...". Y con esta actitud, comienzas a liberarte, comienzas a cambiar tu decisión. A tu propio ritmo. No te juzgues si te resistes. Simplemente reconoce que debe ser que sigues teniendo bastante miedo a despertar (a elegir la paz en vez del conflicto), y sigue observándote sin juzgarte. Las ilusiones no pueden resistir indefinidamente a una observación desapegada. Y cuando por fin te permitas estar tranquilo, podrás incluso reírte de todo ello, desde la convicción de que siempre se trató de una simple película o sueño sin importancia ni efectos sobre tu verdadero ser.

Y esto es lo que quería resaltar, en cuanto al aspecto práctico de este tema. Repitiendo, una vez más, que la paz es una decisión. (Es decir: que si no estoy en paz, es porque yo mismo estoy eligiendo hacer montañas de granitos de arena, permitiendo que me afecten las escenas de una simple película ficticia... tomándome en serio lo que es un simple sueño). Podemos elegirla ahora (o cuando queramos), pero si nos resistimos a ello, en vez de juzgarnos por no estar en paz, podemos aplicar las diversas ideas que nos ofrece el Curso para cambiar de mentalidad, entre ellas las que acabamos de mencionar.

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Comentario 2: ¿Prefiero el individuo o la paz?

Toni escribió: La paz depende simplemente de nuestra propia decisión mental.

(...) la paz es una decisión. (Es decir: que si no estoy en paz, es porque yo mismo estoy eligiendo hacer montañas de granitos de arena, permitiendo que me afecten las escenas de una simple película ficticia... tomándome en serio lo que es un simple sueño).

Con otras palabras: estamos constantemente eligiendo entre la paz y aferrarnos a la individualidad.

Estos son los dos niveles o planos de la ilusión, entre los que estamos constantemente eligiendo. O nos identificamos con el personaje del sueño (con la individualidad), o nos identificamos con el soñador que se encuentra por encima del campo de batalla: la mente que reside "fuera" del espacio/tiempo proyectado en su imaginación.

Y todos los desafíos que sentimos con respecto a nuestras experiencias en el mundo pueden rastrearse hasta este dilema general que es el que estamos afrontando siempre: que estoy preferiendo/eligiendo identificarme con la individualidad, en vez de con la mente. Y esto es de lo que tenemos que tomar conciencia, pues el perdón trata sobre esto y sobre nada más. Es lo mismo que quiere decir la frase "Nunca estoy disgustado por la razón que creo" (L.5). ¿Seguiré eligiendo identificarme con el personaje/individuo? ¿O elegiré volver la mente hacia dentro, dejando de proyectar y entonces identificándome con la mente o soñador que está libre del problema y puede elegir directamente estar en paz (al no identificarse con el problema proyectado, que es "cosa de humanos")?

¿Prefiero el individuo o la paz? No nos sorprendamos de descubrir que preferimos el individuo jejeje... pero en ese caso observar eso, sin juzgarnos, y tomar conciencia de que cuando nos sintamos dispuestos, podemos cambiar de perspectiva (el cambio de mentalidad) y ver las cosas como el soñador, no viéndolas a nivel del personaje. Y así, al tomar conciencia de lo que es simplemente un sueño, y de la paz que hay disponible en el otro nivel, el sueño deja de afectarnos y entonces nos sentimos en paz. El sueño deja de afectarnos automáticamente cuando lo reconocemos como sueño, en vez de seguir tomándolo como una realidad. Y esta es nuestra decisión. ¿Soy un individuo? ¿O soy un soñador, por encima del campo de batalla, libre de elegir entre la paz (ver el sueño como sueño) o el conflicto (ver el sueño como algo real)? Si elijo otorgar realidad al sueño, la ventaja es que así me confirmo a mí mismo como un individuo: otorgo realidad al individuo que deseo ser (y eso es lo que quiere el ego). Pero si me atrevo a poner en duda el sueño, en esa misma medida me abriré a mi identidad como el soñador, libre de elegir entre tomar el sueño en serio o con tranquilidad, es decir, libre de elegir interpretar el sueño como realidad o como un mero sueño.

Insisto una vez más; en palabras podría resumirse también en esta clave que enfatizo en este comentario: simplemente estoy decidiendo si quiero verme como un individuo o como puro espíritu (con el paso intermedio de tomar conciencia de mi identidad como soñador: mi capacidad a nivel de la mente para elegir entre la paz —ver la ilusoriedad del sueño/individuo— y el conflicto —tomar en serio el sueño/individuo).

¿Soy un individuo? ¿O, por el contrario, mi identidad está por encima del campo de batalla del individuo?

¿Soy un individuo o no? Esto es lo que tengo que elegir. Es lo que estoy eligiendo, conscientemente o no. O soy un individuo, o soy paz. Si siento conflicto, eso me dice que estoy eligiendo ser (verme como) un individuo. Si siento paz, eso me dice que estoy eligiendo reconocer que no soy un individuo. No se pueden tener ambas cosas a la vez. No se puede tener a la vez lo ilusorio y la verdad: no se puede tener a la vez la individualidad y la paz de Dios. Y en nuestra experiencia llegaremos a comprobar que cuanta más paz nos permitimos sentir, menos sensación de individualidad hay. Y cuanto menos nos identificamos con la individualidad, más paz es reconocida.

Sólo el individuo es víctima de preocupaciones, de miedos, de la ira, del conflicto. Fuera del individuo solamente hay paz. El ego nos dice que no salgamos del mundo, de la proyección (y que creamos que no es una proyección, sino la realidad). El ego quiere que nos quedemos en el mundo, que no salgamos del mundo para volver a la mente. El ego nos dice que si regresamos a la mente, no veremos paz sino la más negra negrura que podríamos imaginar.

[El ego] Te pide imperiosamente que no mires dentro de ti, pues si lo haces tus ojos se posarán sobre el pecado y Dios te cegará. (T.21.IV.2.3)

Que es una forma de decir que: "no salgas del individuo, o las pagarás todas juntas". La cita dice "Dios te cegará", pero eso es un eufemismo de que Dios nos castigará, de que en última instancia nos matará... lo que en el fondo se refiere al miedo del ego a que si reconocemos la verdad (Dios), la individualidad desaparecerá (eso el ego lo considera muerte). El "pecado" según el ego es que elijamos la paz en vez de la individualidad. Pues si elegimos la paz, el tesoro que tanto aprecia el ego (la individualidad) desaparecerá en la nada de donde provino (T.10.IV.1.9; M.13.1.2; C.4.4-5).

Es decir, que el mayor "pecado" según el ego es que empecemos a dudar de nuestra realidad como individuos. Pero tenemos que elegir entre considerarnos un individuo o sentir la paz de nuestro verdadero ser.

Hay otras muchas maneras de tocar este proceso mediante las palabras. En el Curso hay un montón de variantes. En este hilo del foro, tenemos varios comentarios abordando este tema, con palabras diferentes, para así facilitar que captemos mejor lo esencial de este proceso de volver la mente hacia dentro o de perdón. El comentario de Davids también es muy oportuno. Y aquí, ahora, en este comentario, decido acabar con alguna frase breve como recordatorio de la onda de este último experimento en palabras:

¿Soy un individuo o no? Elijamos. Y si no nos gusta el resultado, elijamos de nuevo (T.31.VIII).

La breve frase/recordatorio a la que me refería era la pregunta en negritas, tomando conciencia de que eso es lo que estamos eligiendo instante tras instante en este sueño ilusorio. Acabemos repitiéndola:

¿Soy un individuo o no?

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Comentario 3: Forma y contenido: No aferrarse a las palabras — FLEXIBILIDAD

Se me ha ocurrido que puede venir bien recordar que aunque muchas veces usemos palabras diferentes, todas ellas funcionan como sinónimos en cierto sentido (en el contexto de enseñanza del Curso). Y puede ser útil mencionar esto porque ver las diferentes palabras e intuir que sirven para referirnos a los mismos tipos de conceptos, puede ayudarnos a abrir nuestra mente, dejando de aferrarnos demasiado a determinadas palabras concretas.

Por lo tanto, aquí va una pequeña lista de sinónimos (separada en dos listas, una para reflejar el sistema de pensamiento del ego, y la otra para el sistema de pensamiento del Espíritu Santo):

Individualidad, especialismo, separación, diferencias, juicio, rechazo, apego, cuerpo, límite, concreto, miedo, conflicto, muerte, etc.

Unidad, igualdad, aceptación, amor, ecuanimidad, ilimitado, abstracto, confianza, intereses compartidos, vida, etc.

Sin duda que estas listas son incompletas (en el Curso aparecen muchas más palabras relacionadas), simplemente e incluido como ejemplo las que se me acaban de ocurrir.

Puede ser útil para reflexionar. Por ejemplo, en mi anterior comentario de este hilo del foro hice mucho hincapié en la palabra "individualidad"; y puede ser útil tomar conciencia de que es equivalente a "especialismo", "separación", "diferencias", etc. Así que aunque en el Curso alguna de estas palabras pueda aparecer menos veces (la palabra "individualidad" aparece una sola vez, aunque en la forma "individuo" sí aparece algunas veces más), en cambio otras aparecen muchísimo  (como "especialismo", "relaciones especiales", o "separación"). Y es útil saber que cuando se habla de especialismo, esto es también hablar de individualidad o de cualquiera de los sinónimos.

Usar una palabra u otra puede ayudarnos a verlo más claramente, con matices ligeramente diferentes, captando diversos aspectos del tema. Estos sinónimos se complementan muy bien entre sí. Por ejemplo, cuando rechazo a alguien (o me enfado con alguien, etc), estoy reforzando mi individualidad y creyendo en la separación, y por lo tanto estoy estableciendo una relación especial, reforzando mi especialismo, o en otras palabras, mi convicción en la realidad de las diferencias. Al ver esto explicado con palabras (formas) diferentes, podemos ir dándonos cuenta mejor de lo esencial, del contenido. Pues las palabras son simplemente ayudas provisionales; lo importante es que entendamos cómo estamos negando la verdad, y que podemos cambiar de actitud/mentalidad.

De modo que todo este tipo de ideas podemos encontrarlas cuando repasemos el Curso, aunque ahí estén expresadas con un lenguaje y palabras diferentes. El Curso mismo explica y repite una y otra vez lo mismo, enfocándolo de manera diferente a lo largo de los diversos capítulos (lo cual forma parte de su método de enseñanza). Ken Wapnick también: él dijo que en el fondo siempre repetía el mismo mensaje en todos sus libros y talleres, aunque lo expresara con palabras y ejemplos diferentes, y que en todos los casos no hacía más que repetir lo que ya dice el Curso, aunque fuese con un lenguaje diferente. De hecho, Ken decía a veces en sus talleres: "Aquí no vais a escuchar nada nuevo; no voy a decir nada que no diga el Curso; aunque tal vez lo diré de un modo diferente" (la frase entre comillas me la he inventado, pero él dijo algo así en contenido, aunque las palabras textuales fuesen otras... y bueno, además de que él lo diría en inglés jajaja).

Reflexionar en este tipo de temas (que nos remiten al tema de la forma frente al contenido) puede ayudarnos a mejorar nuestro discernimiento, y al ver las cosas más claras, aplicar mejor estas ideas en nuestra experiencia cotidiana. Captando los significados sin aferrarnos a las palabras que nos ayudan a captarlos.

Como decía Nisargadatta Maharaj: "Una vez que lo hayas comprendido, olvídate de las palabras". De lo contrario nos liaríamos y malinterpretaríamos muchas cosas.

Incluso las listas de sinónimos que he dado, no son para tomarlas demasiado literalmente, porque repito, no nos conviene aferrarnos a las palabras. Porque por ejemplo, cualquiera de las palabras de una de esas dos listas puede usarse en ciertas ocasiones con un sentido que la convierta en sinónimo de la otra lista. Digamos la palabra "rechazo", que puede servirnos para referirnos al rechazo de mentalidad errada de cuando rechazamos a alguien por verle diferente en algún sentido real/importante. Pero esa misma palabra puede usarse en un contexto de mentalidad recta, por ejemplo podríamos hablar de rechazar el sistema de pensamiento del ego, en el sentido de no tomarlo en serio. Y lo mismo sucede con todas las demás palabras. Por ejemplo, "no tomar algo en serio" puede usarse en un contexto de mentalidad recta (por ejemplo refiriéndonos a no otorgar realidad a la ilusión), pero también puede usarse el concepto de "no tomar algo en serio" en un contexto de mentalidad errada (por ejemplo para indicar falta de respeto o falta de amor: "No me amas... no me tomas en serio... no te importo...").

Como puede suceder lo mismo con cualquier otra palabra o concepto, es muy sensato evitar apegarnos a las palabras. Usémoslas como decía Nisargadatta (para captar algo y luego dejar las palabras tranquilas), o como insinúa el Curso que es el uso útil para todo lo ilusorio (como ejemplo se refiere al cuerpo): como un medio de comunicación temporal. Podemos usar las palabras como "puentes" hacia el significado (medios de comunicación), pero una vez captado el significado, ya no necesitamos seguir atados al puente. Un puente es inútil si no lo abandonamos para ir al otro lado.

Teniendo esto en cuenta, evitaremos muchos peligros de malinterpretación. Pues cuando una palabra o concepto nos haya señalado un significado, seremos lo suficientemente sabios para soltar la palabra y dejarla en libertad. De ese modo, la siguiente vez que escuchemos esa palabra, estaremos receptivos para aceptar el nuevo mensaje que nos quiere señalar, y sabremos leer ese mensaje acudiendo al nuevo contexto en que aparece la palabra, en vez de cegarnos con el pasado de esa palabra: creyendo que el contexto en que entendimos esa palabra en el pasado, sigue valiendo para esta nueva comunicación en el ahora.

Soltemos el pasado y aceptemos receptivamente lo que se nos está comunicando ahora, en vez de aferrarnos a lo que —remitiéndonos al pasado— pensamos que se nos debería estar comunicando.

Recordemos que el ego huye del presente y se aferra al pasado (y aunque lo llame "presente", ese es un falso presente):

El "ahora" no significa nada para el ego. El presente tan sólo le recuerda viejas heridas, y reacciona ante él como si fuera el pasado. El ego no puede tolerar que te liberes del pasado, y aunque el pasado ya pasó, el ego trata de proteger su propia imagen reaccionando como si el pasado todavía estuviese aquí. Dicta tus reacciones hacia aquellos con los que te encuentras en el presente tomando como punto de referencia el pasado, empañando así la realidad actual de aquellos. De hecho, si sigues los dictados del ego, reaccionarás ante tu hermano (o ante una palabra jejeje) como si se tratase de otra persona, y esto sin duda te impedirá conocerlo tal como es. Y recibirás mensajes de él basados en tu propio pasado porque, al hacer que el pasado cobre realidad en el presente, no te permitirás a ti mismo abandonarlo. De este modo, te niegas a ti mismo el mensaje de liberación que cada uno de tus hermanos te ofrece ahora. (T.13.IV.5)

Eso es aplicable de muchos modos diferentes, y aunque ahí utiliza como referente a "tu hermano", podemos aplicarlo igualmente a nuestra relación con las palabras o con otros objetos.

Renacer es abandonar el pasado y contemplar el presente sin condenación. (T.13.VI.3.5)

No permitas que ninguna sombra tenebrosa de tu pasado lo oculte de tu vista, pues la verdad se encuentra solamente en el presente, y si la buscas ahí, la encontrarás. (T.13.VI.5.4)

El miedo no tiene cabida en el presente cuando cada instante se alza nítido y separado del pasado, sin que la sombra de éste se extienda hasta el futuro. (T.15.I.8.3)

Siempre existe cierto riesgo en ver el presente en función del pasado. (M.24.2.7)

Si adoptamos una postura mental de flexibilidad (palabra que en este contexto es casi sinónima de receptividad y de "mentalidad abierta", que es la décima de las 10 características de los maestros de Dios (M.4.X)), incluso estas citas (o cualquier otra) puede ofrecernos mensajes con capas de significado diferentes o con aplicaciones diferentes. Por ejemplo, muchas veces se nos habla de nuestro "hermano" pero podemos aplicar el mensaje general a otros asuntos: a las palabras, al tiempo, etc. De este modo, una misma cita de UCDM (o de cualquier enseñanza) puede comunicarnos mensajes distintos pero complementarios cada vez que la leamos. Y con flexibilidad mental podremos generalizar lo que se comunica, tomando conciencia de su aplicación universal.

En fin, que el Curso (y Ramana Maharshi u otros gurus) enseña usando enfoques diferentes, recursos diferentes, palabras diferentes, pero que en el fondo todo remite a lo mismo, aunque explicado en términos diferentes o mediante enfoques diferentes. Por ejemplo, el Curso habla en términos de renunciar a nuestros resentimientos, o en términos de centrarnos en el presente y liberarnos del pasado, o en términos de dejar de otorgar realidad e importancia a las diferencias, etc. O Ramana Maharshi, unas veces hablaba de autoindagación ("¿quién soy yo?") en términos de mirar nuestro "yo" —reconociendo que es ilusorio— y luego seguir el rastro hasta su Fuente (la Mente ontológica), y otras veces Ramana exponía el proceso en términos de centrarnos en el presente en vez de en el "yo" (una vez le preguntaron sobre eso y comentó que en el fondo se trataba de dos maneras de lograr lo mismo; a fin de cuentas, el falso yo es pasado; y el verdadero yo es presente puro intemporal).  Puede que algunos de los enfoques nos resulten más útiles en un momento determinado, pero todos ellos se basan en lo mismo, y procurar captar el mensaje unificado que hay en los enfoques o palabras aparentemente diferentes puede ayudarnos a aumentar nuestro discernimiento y acelerar nuestra liberación del nunca sucedido dilema de la inexistente dualidad.

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Comentario 4: Más flexibilidad. Autoindagación. ¿Quién soy yo? Volver la mente hacia dentro.

Se me ha ocurrido comentar una cosilla más, combinando ideas en común de mis dos últimos comentarios. 1) el recordatorio breve: ¿Soy un individuo o no? 2) Lo que menciono en el último comentario: la flexibilidad o versartilidad de los conceptos/palabras.

Aunque estamos en el hilo sobre UCDM, voy a hacer un guiño al Advaita, comparando la pregunta "ucedemiana" que hice en aquel comentario (¿Soy un individuo o no?) con una pregunta similarmente breve que hacía Ramana Maharshi (¿Quién soy yo?):

¿Soy un individuo o no?

¿Quién soy yo?

Los que estáis familiarizados con Ramana Maharshi podréis percataros de la igualdad de ambas preguntas. Las palabras pueden ser diferentes, incluso el enfoque para practicarlas, pero el objetivo es el mismo.

Ambas preguntas son indicaciones para ayudarnos a volver la mente hacia dentro. Veamos brevemente ambos enfoques:

1) ¿Soy un individuo o no? Esta pregunta es un recordatorio para llevar nuestra atención desde la proyección (el mundo, el cuerpo, el individuo, la separación, la dualidad) hasta la fuente de la proyección (la mente, el soñador, y en última instancia el Ser puro).

2) ¿Quién soy yo? Ramana Maharshi proponía que en vez de confundirnos con la multitud de objetos del mundo, prestáramos atención al "yo" y le siguiéramos la pista hasta remontarnos a su fuente u origen, y en última instancia llegaríamos al Sí Mismo o Ser puro.

Como veis, ambos enfoques son básicamente lo mismo: dirigir nuestra atención desde la proyección hasta su fuente u origen, que es donde se deshace el error, pues en la fuente todo se aclara: el "yo" no se encuentra en ninguna parte, pues no es real. El Ser es lo único real.

Ramana Maharshi llamó alguna vez a este proceso "volver la mente hacia dentro" (entendiéndose que la mente parece haberse proyectado hacia fuera —dualidad de sujeto y objeto—, y es esa proyección la que se nos invita a retirarla, a traerla de vuelta a nuestra propia mente/conciencia), y a mí me gusta hablar de la autoindagación ("auto" significa "uno mismo", es decir que se trata de indagarse uno mismo, es decir, mirar hacia dentro, llevando la atención desde el mundo/individuo hasta la conciencia libre del espacio/tiempo) que proponía Ramana Maharshi como un proceso de volver la mente hacia dentro. También me gustan esas palabras para referirme al proceso del perdón que enseña el Curso, pues sigue siendo volver la mente hacia dentro: ir desde la proyección hasta su fuente. En palabras también del Curso, mirar en nuestro interior, pero no con miedo (ego, juicio), sino con la compañía de Jesús, es decir, con el discernimiento y confianza que emanan de la mentalidad recta (sinónimo de discernimiento). Otro ejemplo del Curso es el título de la lección 155, que incluye un guiño a volver la mente hacia dentro, pues se titula "Daré un paso atrás y dejaré que Él dirija el camino", aunque se tradujo como "Me haré a un lado y dejaré que Él me muestre el camino", que es una traducción válida (suena más natural en nuestro idioma) aunque se pierde ese guiño al tema de volverse atrás hasta la mente/fuente, que aparece en otros lugares del Curso.

Volver la mente hacia dentro es lo único que necesitamos hacer para constatar que todo sufrimiento es ilusorio (de hecho, cualquier sufrimiento es el ilusorio resultado de proyectar la mente hacia un afuera que no existe). No es un hacer corporal, sino simplemente un cambio de perspectiva, un "movimiento de conciencia" o cambio de mentalidad, una maniobra o recurso pedagógico (un clavo saca otro clavo) que nos demostrará que en realidad la mente no experimenta cambios, la conciencia pura no se mueve ni cambia, pues lo que es, siempre es tal como es (es un estado constante de unicidad, sin cambios de estado pues es un estado único, sin alternativas, sin ranuras, sin división, sin fallos), y es inmutable.

Por lo tanto, lo importante no es qué frases usamos como herramienta provisional de apoyo para volver la mente hacia dentro, por ejemplo:

¿Soy un individuo o no?

¿Quién o qué soy?

Nunca estoy disgustado por la razón que creo.

Dios no es miedo, sino Amor.

etc, etc, etc.

Lo importante no es cuál fórmula usamos o cuál nos gusta más. Porque las palabras no importan. Lo que importa es que lo hagamos: que volvamos la mente hacia dentro (lo cual sucede automáticamente cuando dejamos de proyectar, y por lo tanto cuando dejamos de tomar en serio las ilusiones del mundo). Que es el objetivo que esos mensajes pretenden recordarnos y que podemos poner en practica cada vez que nos parezca que hay cualquier tipo de conflicto. De este modo, volviendo la mente hacia dentro soltaremos cada ilusorio conflicto, retornando a la paz original.
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Podéis encontrar más temas, preguntas o comentarios en el índice de temas y por supuesto en el foro.

1) Índice de temas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/p/blog-page.html

2) Foro CONCORDIA Y PLENITUD: http://concordiayplenitud.foroactivo.com/

Saludos

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martes, 21 de marzo de 2017

Otro resumen y aclaraciones del proceso del perdón

Este post se complementa con el que titulé "Algunos recordatorios del perdón": http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2016/12/algunos-recordatorios-del-perdon.html

Leyendo un libro de Kenneth Wapnick he visto que él señala otro párrafo del Curso que sirve también como resumen del perdón; concretamente el 6º párrafo del capítulo 4 de la Clarificación de términos. Copio ese párrafo, señalo en colores diferentes las principales referencias a los 3 pasos del perdón, y luego debajo comentaré un poco el tema, pasando después a comentar algunas otras citas muy inspiradoras sobre este tema. Empecemos con la cita que he anunciado:

Este es el cambio que brinda la percepción verdadera: lo que antes se había proyectado afuera, ahora se ve adentro, y ahí el perdón deja que desaparezca. Ahí se establece el altar al Hijo, y ahí se recuerda a su Padre. Ahí se llevan todas las ilusiones ante la verdad y se depositan ante el altar. Lo que se ve como que está afuera no puede sino estar más allá del alcance del perdón, pues parece ser por siempre pecaminoso. ¿Qué esperanza puede haber mientras se siga viendo el pecado como algo externo? ¿Qué remedio puede haber para la culpabilidad? Mas al ver a la culpabilidad y al perdón dentro de tu mente, éstos se encuentran juntos por un instante, uno al lado del otro, ante un solo altar. Ahí, por fin, la enfermedad y su único remedio se unen en un destello de luz curativa. Dios ha venido a reclamar lo que es Suyo. El perdón se ha consumado. (C.4.6)

En color rojo he señalado la principal referencia al primer paso del proceso del perdón. En color naranja, la principal referencia al segundo paso del perdón. Luego vienen unas aclaraciones sobre estos dos pasos, y finalmente, al final del párrafo y en color verde, he señalado la referencia al tercer paso del perdón.

Como ya vimos en el otro post (cuyo link he puesto más arriba), los 3 pasos del perdón pueden sintetizarse brevemente con esquemas del siguiente estilo (elaboro aquí otra aclaración basada en el mismo tipo de esquema):

1) Discernimiento. Identificación de la causa; esto implica ver la ilusoriedad del sueño del mundo, de lo externo, y acordarnos de que toda percepción externa simboliza lo que sucede en el interior de nuestra mente, que es donde está la verdadera causa de nuestros problemas, una causa que sigue siendo ilusoria: nuestra creencia en la separación. Recordatorio: "Nunca estoy disgustado por la razón que creo".

2) Desapego/"entrega". El discernimiento nos lleva al interior de la mente y a la comprensión de que no merece la pena seguir sufriendo; no merece la pena seguir eligiendo creer en lo falso: aferrarnos a la individualidad/separación. No tenemos que hacer nada excepto observar el asunto desde la perspectiva de la mentalidad recta ("con Jesús/Espíritu Santo", en palabras del Curso; es decir: sin juicios). Por lo general nos negamos a observar nuestro ego en funcionamiento sin juzgarlo. Reprimimos eso (nuestras tencias egoicas; nuestra responsabilidad en ello). Pero es eso lo que tenemos que mirar, pero mirándolo sin juicios. Así llegaremos a la comprensión de que no vale la pena, no es nada. Y simplemente por mirarlo así (sin juzgarlo, con discernimiento), dejaremos de desear seguir apoyando al ego/individualidad. Y de manera natural se desvanecerá sin que tengamos que hacer nada, simplemente por haberlo observado sin juicios. No tenemos que luchar contra el ego, ni siquiera tratar de corregirlo ni de soltarlo/entregarlo: basta con mirarlo sin juicio, pues al ver su demencia e insustancialidad, dejaremos de creer en él, y eso es lo que producirá de manera natural y espontánea su deshacimiento. Recordatorio: "Sinceramente, ya no quiero seguir eligiendo esto. Ya no lo necesito. No es nada".

3) Gracia/confianza/paz. Una vez completado el perdón, llega la paz. Conforme más perdonamos y más deshacemos nuestra resistencia a despertar, más nos abrimos a la paz. La paz no la buscamos; llega por sí sola al practicar el perdón. Al dar los dos primeros pasos (que no implican hacer nada en el mundo, pues todos estos pasos son simplemente un cambio de mentalidad en nuestra propia mente), este tercer paso sucede por sí solo sin ningún esfuerzo por nuestra parte.

Comentemos también alguna citas más, todas del Texto, dos de ellas de la muy importante sección "La inversión de efecto y causa" (T.28.II):

El milagro establece que estás teniendo un sueño y que su contenido no es real. Éste es un paso crucial a la hora de lidiar con ilusiones. Nadie tiene miedo de ellas cuando se da cuenta de que fue él mismo quien las inventó. Lo que mantenía vivo al miedo era que él no veía que él mismo era el autor del sueño y no una de sus figuras. Él se causa a sí mismo lo que sueña que le causó a su hermano. Y esto es todo lo que el sueño ha hecho y lo que le ha ofrecido para mostrarle que sus deseos se han cumplido. Y así, él teme su propio ataque, pero lo ve venir de la mano de otro. Como víctima que es, sufre por razón de los efectos del ataque, pero no por razón de su causa. No es el autor de su propio ataque, y es inocente de lo que ha causado. El milagro no hace sino mostrarle que él no ha hecho nada. De lo que tiene miedo es de una causa que carece de los efectos que habrían hecho de ella una causa. Por lo tanto, nunca lo fue. (T.28.II.7)

El párrafo anterior sirve también de resumen de los dos primeros pasos del perdón, que son los pasos que nos incumben (ya que el tercero sucede por sí solo cuando se dan los otros dos).

He mantenido el código de colores que usé anteriormente. Comentar el párrafo entero podría ser largo, en cualquier caso podemos interpretarlo usando las claves que ya hemos mencionado más arriba y en el post anterior sobre los recordatorios del perdón. Aquí voy a comentar solamente una frase que puede venir bien aclarar: "Él se causa a sí mismo lo que sueña que le causó a su hermano": esto lleva nuestra atención del sueño al soñador; del cuerpo/mundo hasta la mente; desde el efecto hasta la causa. Es útil la distinción entre los dos niveles del sueño, el sueño del mundo (nuestras percepciones como cuerpos/formas) y el sueño secreto u ontológico. "Él se causa a sí mismo..." se refiere a que en el mundo nos percibimos como víctimas de algo externo, reprimiendo que somos nosotros mismos quienes lo hemos orquestado todo (por ejemplo nos enfadamos con alguien o le condenamos porque creemos que nos ha hecho daño), pero podemos tomar conciencia de que eso que percibimos externamente no es la verdadera causa de nuestro malestar, sino que estamos proyectando sobre otros "lo que soñamos que le causamos a nuestro hermano", lo cual se refiere al sueño secreto u ontológico, en el cual la situación se invierte, pues ahí no somos la víctima, sino el agresor: fuimos nosotros quienes nos separamos de Dios (y por extensión del Cristo, de la Filiación, del Hermano que engloba a cualquier hermano del nivel del mundo). No se nos hizo nada, sino que somos nosotros mismos quienes elegimos hacérnoslo a nosotros mismos. No fuimos expulsados del Paraíso, sino que decidimos salir de él, huyendo del Amor que pondría fin a nuestra individualidad. Pero como resulta duro reconocer que nosotros mismos renunciamos al Amor, y que somos los artífices de nuestro sufrimiento y carencia, entonces preferimos proyectar eso fuera de nosotros, echando las culpas a Dios en un nivel ("¡Oh, fue Dios Quien me expulsó!"), y echando la culpa a cualquier forma externa en el nivel del mundo, que es una mera proyección ilusoria para representar lo que queremos: que la culpa la tenga otro, alguien externo. De modo que en el sueño secreto soñamos que nosotros somos culpables por la separación ("soñamos que le causamos daño a nuestro hermano"), y proyectamos eso sobre el sueño del mundo invirtiendo causa y efecto, de modo que ahora es nuestro hermano quien creemos que nos ha causado daño (y por lo tanto nos sentimos justificados a considerarnos víctimas, contraatacar juzgando, condenando, etc; ahora podemos releer el párrafo entero de la cita, entendiéndolo mejor). Esto se relaciona con la famosa cita de la sección «El "héroe" del sueño», en la que se dice:

El secreto de la salvación no es sino éste: que eres tú el que se está haciendo todo esto a sí mismo. (T.27.VIII.10.1)

Lo cual sigue estando relacionado con el primer paso del perdón (por cierto, recordemos que ese "tú" no se refiere a nuestro "yo" humano, sino a nuestro "yo" ontológico, es decir, nosotros en el nivel más real —aunque todavía ilusorio— de la mente, como soñador o tomador-de-decisiones).

Finalmente, la primera frase de esa sección del Texto que ya hemos citado es muy poderosa y tiene muchas lecturas, a varios niveles:

Sin causa no puede haber efectos, mas sin efectos no puede haber causa. (T.28.II.1.1)

Esta breve frase es espléndida y tiene diversas lecturas. Una de ellas es resumir de manera breve el proceso del perdón, pues en esta frase se tocan los dos aspectos principales del perdón (los dos primeros pasos). Sin causa (en la mente: sin tomar en serio la idea de la separación) no puede haber efectos (es decir, que en el mundo nada puede afectarnos, pues al no tomar en serio la causa y reconocer su ilusoriedad, tampoco tomamos en serio los efectos pues reconocemos que son igualmente ilusorios). Y esto también funciona al revés, ¡y esto es muy importante, porque aquí es donde comienza nuestra práctica del perdón!: ¡sin efectos no puede haber causa! Esto quiere decir que si no tomamos en serio los efectos que percibimos (en nuestro nivel cotidiano del sueño del mundo), al no darles importancia y reconocer su ilusoriedad, estamos simultáneamente deshaciendo su también ilusoria causa en el sueño secreto ontológico. Por ejemplo, se me cae un vaso de cristal al suelo y se rompe (o enfermo de cáncer, etc), y en vez de darle importancia y tomarlo a la tremenda, recuerdo que es simplemente la ilusoria proyección/sueño de una causa que es igualmente ilusoria, situada en la mente ontologica: mi decisión en favor de la separación. Al no tomarme en serio el efecto percibido, estoy dejando de tomarme en serio también su causa, y por lo tanto deshaciendo el ego en su misma raíz ontológica.

Esa frase tiene también otras lecturas, por ejemplo para recordarnos que si negamos a Dios/Unidad, no podremos percibir Sus efectos (amor, paz, etc), ya que "Sin causa no puede haber efectos". Y de nuevo funciona también al revés: si en el sueño del mundo adoptamos una actitud que niega los efectos del Amor, es decir, elegimos juzgar, condenar, rechazar, etc., entonces experimentar a Dios se vuelve imposible para nosotros, porque "sin efectos no puede haber causa". Sin perdón no puede haber paz, ni puede experimentarse la Unidad.

Pero lo que hacemos, al seguir el sistema de pensamiento del ego, es aferrarnos a nuestros resentimientos, lo cual es una negación del perdón (y en consecuencia una negación de Dios). Entonces no podemos experimentar paz, sino que fortalecemos nuestra percepción de conflicto, y además le damos la vuelta a causa (nuestra decisión de apoyar al ego, de no perdonar) y efecto (conflicto) y decidimos que la culpa no es nuestra, sino que son "ellos" (las circunstancias, las personas, quien sea) quienes han causado nuestro conflicto o dolor.

Lo cual se relaciona con esta otra cita, del capítulo 21 del Texto, de la sección titulada "Somos responsables de lo que vemos" (T.21.II):

Cuando se niega la visión, la confusión entre causa y efecto es inevitable. El propósito ahora es mantener la causa oculta del efecto y hacer que el efecto parezca ser la causa. Esta aparente autonomía del efecto permite que se le considere algo independiente, y capaz de ser la causa de los sucesos y sentimientos que su hacedor cree que el efecto suscita. Anteriormente hablamos de tu deseo de crear a tu propio creador, y de ser el padre y no el hijo de él. Éste es el mismo deseo. El Hijo es el efecto que quiere negar a su Causa. Y así, él parece ser la causa y producir efectos reales. Pero lo cierto es que no puede haber efectos sin causa, y confundir ambas cosas es simplemente no entender ninguna de las dos. (T.21.II.10)

Nosotros elegimos qué vamos a considerar real o a qué le vamos a dar valor y credibilidad: a Dios o al conflicto. Al Amor o al mundo/cuerpo. La paz o el miedo. El perdón o la condenación. Somos libres de elegir, y dependiendo de lo que elegimos, así es nuestra experiencia.

El plan del ego, que seguimos tan fielmente, consiste en reprimir nuestra responsabilidad sobre nuestro sufrimiento, y en vez de reconocer que la causa es nuestra propia decisión, preferimos proyectar la responsabilidad sobre otros, sobre personajes proyectados sobre un mundo inventado, invirtiendo la causa y el efecto. Ahora parecemos ser víctimas de las circunstancias, de las personas, de un mundo externo. El perdón consiste en mirar esa dinámica proyectora de culpa del ego, mirándola sin juicio, y simplemente observándola sin juzgarla llegaremos a la comprensión del dolor que esa decisión nos causa, llegando al punto en que ya no seguiremos deseando aferrarnos a ningún aspecto de la ilusión. Y mediante esta observación libre de juicios y repleta de discernimiento, de manera natural y espontánea, el ego se deshará conforme vamos dejando de creer en él y al dejar de desearlo.

El Curso nos invita a que dejemos de reprimir nuestro apego al ego, nuestra resistencia a despertar, nuestro aferrarnos a la individualidad, y por lo tanto a los resentimientos, a juzgar, etc. No se nos pide que luchemos contra todo eso; simplemente se nos invita a que lo observemos sin juicio (eso es mirar con Jesús o con el Espíritu Santo), y el resto corre a cargo del Espíritu Santo (el resultado, la paz, el despertar, sucede por sí solo cuando tomamos esta tranquila actitud de perdonar, de observar sin juzgar). Se nos invita a que no escondamos nada de Jesús; a que no le ocultemos ninguno de nuestros pensamientos tenebrosos al Espíritu Santo. Pues esconderle algo a Jesús o al Espíritu Santo significa reprimir esos pensamientoe egoicos; lo cual significa que todavía los deseamos, porque si los mirásemos sin juzgarlos, desaparecerían, y una parte de nosotros sabe eso.

Por eso hay lecciones del Libro de ejercicios que nos invitan a observar nuestra mente, haciendo introspección en busca de cualquier pensamiento egoico que hayamos reprimido: resentimientos, preocupaciones, miedos, etc. Por ejemplo, lo que muchas veces hacemos ante un miedo o preocupación es reprimirlo, tratando de pensar en otra cosa, tratando de ser positivos, de "pensar en positivo", etc. Pero eso no sana el pensamiento erróneo, simplemente lo tapa y lo oculta temporalmente. Para sanarlo, tenemos que dejar de reprimirlo, mirándolo "con Jesús", es decir, desde una perspectiva de mentalidad recta: sin juicio, sin miedo, comprendiendo con discernimiento la dinámica de proyección del ego, y viendo lo inútil de apoyar todo eso. Al comprender su inutilidad, desaparecerá por sí solo gradualmente. Pero esto ocurre al mirar nuestros procesos egoicos sin juzgarlos; no ocurre si en vez de mirar en nuestro interior, decidimos mirar a otra parte (o sea: si los reprimimos, fingiendo que no somos tan egoicos, sino que somos tan bellamente "inocentes", tan "espirituales"...). 

Y todo esto se relaciona con citas del Curso como por ejemplo (hay otras; copio solamente una como ejemplo):

Nadie puede escapar de las ilusiones a menos que las examine ((¡lo contrario de reprimirlas!)), pues no examinarlas es la manera de protegerlas. No hay necesidad de sentirse amedrentado por ellas, pues no son peligrosas. Estamos listos para examinar más detenidamente el sistema de pensamiento del ego porque juntos disponemos de la lámpara que lo desvanecerá (es decir, que juntos —junto a Jesús, es decir, desde una perspectiva de mentalidad recta— disponemos de la lámpara —la Expiación; la mentalidad recta que nos recuerda que "la separación nunca ocurrió"— que desvanecerá todo conflicto, toda ilusión), y, puesto que te has dado cuenta de que no lo deseas, debes estar listo para ello.  (T.11.V.1.1-3)

Cita con la cual concluimos este post. Una cuidadosa reflexión de las ideas contenidas en estos dos posts (este y el que linkeé arriba del todo) puede ayudarnos a captar mejor algunos de los principales aspectos del proceso del perdón.

viernes, 3 de marzo de 2017

Sexo bizarro (extravagante) — Forma & Contenido

Copio este tema del foro CONCORDIA Y PLENITUD (el link lo tenéis al final del post):

Comentario de Antonio.F:

¡¡Vaya título que he puesto a este tema!!... Estaba releyendo el libro "El perdón y Jesús" de Kenneth Wapnick, en el cual se trata el tema del sexo. Dice Wapnick que el sexo (relación especial en la cual se busca la compleción, a través de la "unión" con otros cuerpos) puede ser entregado al Espíritu Santo, sería algo así, como transformar una relación especial en relación santa. Aunque ni que decir tiene que el sexo es del ego, también puede haber un binomio sexo-perdón y eso está bien, como también puede haber un binomio celibato-ego y eso está mal (parafraseando a Wapnick más o menos); pero pasemos del sexo más o menos romántico y confundido con el amor (amor especial) a ese otro sexo que busca la humillación, la venganza y el dolor (estas emociones sexuales inherentes al sexo, también las toca Wapnick en su libro), ese sexo del bueno tan morboso y tan rico... rico..., ese sexo dice Wapnick (y yo también) que pese a ser tan atrayente, dista mucho de ser amoroso. Entiendo que perdonar el deseo de hacer el amor a quien sea (deseo o acto consumado), de sentir todo un festival de placer (sustituto del gozo y la dicha), confundirlo con el amor y hacerlo por sentirnos amado o por la necesidad de expresar nuestro amor, es algo muy perdonable; ¿pero... entregar al Espíritu Santo, un encuentro sadomasoquista donde prima la humillación, no sería como entregar un acto vandálico para después perpetrarlo?

Saludos.

Comentario de Toni:

Perdonar es observar sin juicio (lo que incluye observar sin apego a los resultados). El perdón no-dual puede aplicarse a cualquier situación que percibamos como conflictiva, sin importar su forma. Si nuestro perdón es auténtico, lo que suceda después ya se verá por sí solo. Puede que la actividad externa cambie, o puede que no. De cualquier modo, al practicar el verdadero perdón nos abriremos a la verdadera inspiración del Maestro interior, facilitando el que intuyamos lo mejor para todos, en todos los sentidos.

En principio, incluso un ladrón de bancos o un sadomasoquista puede practicar el verdadero perdón, observando sus actividades sin juicio. También es posible autoengañarse y no estar perdonando realmente, sino justificando las propias creencias erróneas (lo que en el Anexo del Curso se llamó "perdón-para-destruir"). En cualquier caso, lo que importa no es la forma, sino el contenido, el cual puede ser de paz (auténtico perdón) o de miedo (errores egoicos, incluyendo el falso perdón y las justificaciones egoicas).

Sobre la forma no podemos decir nada de antemano, pues no hay regla fija y un estudiante sincero del Curso puede serlo independientemente de la forma que adopten sus lecciones:

No hay, sin embargo, una norma fija al respecto, toda vez que el entrenamiento es siempre altamente individualizado. (M.9.1.5)

El programa de estudios es sumamente individualizado, y todos sus aspectos están bajo el cuidado y la dirección especial del Espíritu Santo. (M.29.2.6)

Uno puede estar inmerso en situaciones de sexo sadomasoquista y estar practicando fielmente el Curso, o puede estar en esas mismas situaciones y estar simplemente justificando sus deseos egoicos. Lo que determina un caso u otro no es la forma (las acciones "externas"), sino el contenido (de paz/unión/liberación, o de especialismo/conflicto/posesión).

En cierto modo, cualquier relación sexual (adopte la forma que adopte, incluso las formas aparentemente más "castas") es en principio un asalto, un intento egoico de asesinar al "otro" (representando el asesinato ontológico de Dios), pues representa el intento de apropiarnos de algo externo para rellenar el vacío que sentimos dentro: nace desde la carencia. Esto es así en principio, hasta que aprendemos a sustituir la mentalidad errada por la correcta, en cuyo caso convertimos las relaciones en santas, y entonces cualquier relación sexual se convierte en un modo de expresar amor y unión —desde la plenitud en vez de desde la carencia— y en una ayuda para despertar, independientemente de la forma que adopte (incluso en una relación aparentemente sado-masoquista a nivel de la forma). No hay regla fija, ya que lo que importa es el contenido, no la forma, y ya que "el entrenamiento es sumamente individualizado", diferente en la forma para cada estudiante del Curso, aunque idéntico en contenido para todos.

En tu pregunta, utilizas la palabra "humillación", que habría que ver si cada uno se refiere a una humillación en la forma (aparente sadismo, que podría estar practicándose como un juego erótico en pareja, deseado y disfrutado por ambos), o humillación a nivel del contenido. Si es respecto de la forma, ya hemos dicho cuanto hay que decir. Y si es una humillación en cuanto al contenido (desde el punto de vista de uno mismo, independientemente de cómo lo perciba la pareja), entonces el perdón es muy útil. Incluso si lo vivimos como una adicción que parece superar nuestra capacidad de resistirnos, podemos aprender a observarla sin juicio, lo cual es el principio de la liberación.

La condición necesaria para que el instante santo tenga lugar no requiere que no abrigues pensamientos impuros. Pero sí requiere que no abrigues ninguno que desees conservar. (T.15.IV.9.1)

Como siempre, el Curso se centra en el contenido, no en la forma. Uno puede observar su vida, sea cual sea la forma que adopte cada situación, aprendiendo a observarlo todo sin juicio, sin justificaciones y sin apego a los resultados, sin hacer de nada un asunto importante, sin hacer montañas de los granos de arena. El observar sin juicio nos conducirá paulatinamente a un mayor discernimiento que facilitará nuestro proceso de despertar.

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Link original donde surgió este tema, del foro CONCORDIA Y PLENITUD: http://concordiayplenitud.foroactivo.com/t175-sexo-bizarro (en el foro podrían aparecer nuevos comentarios).

Índice general de temas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/p/blog-page.html

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Sobre la igualdad de todos los seres

Este tema ha surgido en este hilo del foro CONCORDIA Y PLENITUD:

http://concordiayplenitud.foroactivo.com/t174-sobre-la-igualdad-de-todos-los-seres

Y como aquí se comenta un matiz interesante sobre la enseñanza de Un Curso de Milagros, copio al blog el comentario con que se abre el tema en el foro. Si surgieran nuevos comentarios, podréis verlos si visitáis ese hilo del foro.

Aquí va:

codorníu escribió: Inestimables hermanos, yo llego a comprender la auténtica igualdad entre todos los seres gracias a pensar en ellos como personajes de un sueño o película, es decir, sin existencia real.  Por ejemplo, con las noticias de la tele, en los medios...

Hasta ahí llego.

Sin embargo, cuando interactúo con personajes familiares cotidianos -y aparece en mí  la falta de paz-, queda manifiestamente claro lo lejos que estoy para que mi comprensión de dicha igualdad deje de ser teórica y sea directa y profunda.

Muchas gracias a todos por el hilo, que tiene su "zumo".

Veo dos temas principalmente aquí. Destaco el de la igualdad de los seres, por eso titulo así este tema. El otro tema podemos despacharlo de forma rápida porque la solución que nos permite pasar de la información teórica a la experiencia práctica es, como siempre en este camino, practicar el perdón. Es el proceso de practicar el perdón lo que convertirá lo que ahora sabemos solo intelectualmente, en nuestra experiencia directa.

El otro tema, el de la igualdad de los seres, es el que me ha movido a comentar, ya que hay un matiz de enorme importancia:

No basta con tomar conciencia de las ilusiones. De hecho, no es conveniente percibir a nuestros hermanos como ilusiones (como personajes ilusorios). Esto es un error común, y lo suficientemente relevante como para que se comente de manera bastante explícita —aunque brevemente, como de costumbre— en el tercer libro de Gary Renard, "El Amor no ha olvidado a nadie" (creo recordar que en los libros anteriores también hay algún eco menos explícito de este tema).

Nuestros hermanos no son ilusiones (entendiendo esto en el sentido correcto, ya que en última instancia, "el hermano" y "uno mismo" resulta ser lo mismo, el Ser único).

Los cuerpos son ilusiones. Pero nuestros hermanos no son cuerpos, como tampoco lo somos nosotros mismos. Es muy útil para despertar que aprendamos a considerar a nuestros hermanos como lo mismo que nosotros: puro espíritu. La realidad de nuestro hermano es puro espíritu inmutable, pleno, inocente, sin forma, eterno, ilimitado.

Entonces, cuando hablamos de la igualdad, hacemos el doble matiz:

1) A nivel de lo ilusorio, todos somos iguales en el sentido de que todos (excepto que estemos iluminados) tenemos una mentalidad errónea de ego, también todos tenemos una mentalidad recta que nos guía a despertar, y todos tenemos la capacidad de elegir entre ambas mentalidades (que es lo que Ken Wapnick llama "tomador de decisiones"). Saber esto nos ayuda a no ser arrogantes ni pensar que somos mejores o peores que cualquier otro ser: si no estamos iluminados, todos compartimos el aparente "hecho" de que estamos en un sueño de conflicto del que necesitamos despertar, y todos tenemos ego (así que no podemos condenar a nadie por tenerlo, creyendo nosotros ser superiores), así como tenemos la mentalidad recta que nos permite despertar de esta ilusión. Esto nos iguala a todos, a nivel de lo ilusorio.

2) A nivel más profundo, en la Realidad, todos somos iguales en el sentido absoluto: todos somos un mismo Espíritu inmutable, perfecto, eterno e ilimitado, pleno y en paz.

Cuando al percibir los cuerpos nos acordemos del punto 1 (que los cuerpos/individualidades son ilusorios, y que todos compartimos este sistema de pensamiento ilusorio formado por la mentalidad errónea, la mentalidad recta y la capacidad de elegir entre ambas), es conveniente que al mismo tiempo no olvidemos el punto 2 (que aunque los cuerpos/individuos sean ilusorios, simplemente están tapando la realidad subyacente del espíritu, donde todos somos uno en total realidad).

No hace falta que expresemos estos dos puntos de manera explícita siempre, pero es útil que estén en nuestra mente, es decir, que aunque estén "en segundo plano", los tengamos en cuenta. Y aunque esto que estoy comentando puede ser algo que codorníu estaba teniendo en cuenta, al ser un matiz relevante y en donde parece ser (según Arten y Pursah) que se confunden muchos estudiantes del Curso, he visto conveniente expresar esto de un modo explícito. También por si llegan a leernos futuros lectores que no hayan caído en la cuenta de la importancia del punto 2.

El inconveniente o "peligro" de pensar solamente como en el punto 1 (sin tener en cuenta el matiz del punto 2), es que si consideramos al prójimo como ilusorio, nuestra mente inconsciente (que sabe que todos somos uno en la Mente Mayor Dividida) refuerza entonces la creencia de que nosotros mismos también somos ilusorios. En otras palabras: Tal como consideres a tu hermano, te considerarás a ti mismo. Algún ejemplo de esta idea en el Curso:

Te sometes a ti mismo a las leyes que consideras que rigen a tu hermano. (T.24.VI.10.4)

Cuando ves a tu hermano como un cuerpo, lo estás condenando porque te has condenado a ti mismo. (T.8.VII.15.7)

Si ves a tu hermano como un cuerpo, habrás dado lugar a una condición en la que unirse a él es imposible. (T.19.I.4.3)

Y una cita del Curso que incluye matices de ambos puntos, tanto el 1 como el 2 que hemos mencionado más arriba:

Tal como el ego quiere que la percepción que tienes de tus hermanos se limite a sus cuerpos ((punto 1)), de igual modo el Espíritu Santo quiere liberar tu visión para que puedas ver los Grandes Rayos que refulgen desde ellos ((punto 2, expresado metafóricamente)), los cuales son tan ilimitados que llegan hasta Dios. (T.15.IX.1.1)

Algunas citas complementarias más:

Todo aquel que ve el cuerpo de un hermano ha juzgado a su hermano y no lo ve. (T.20.VII.6.1)

Citas como estas no se refieren a que durante el proceso no veamos los cuerpos, sino a que no les otorgamos realidad, ni les damos importancia (excepto la "relevancia práctica" cotidiana, que es sin apego a los resultados).

Tu pregunta no debería ser: "¿Cómo puedo ver a mi hermano sin su cuerpo?" sino, "¿Deseo realmente verlo como alguien incapaz de pecar?". (T.20.VII.9.1-2)

Esto último es el punto 2. Como cuerpos seríamos ilusiones. Pero si recordamos que tras los cuerpos está la realidad que todos compartimos como puro espíritu, recordar eso es percibir (con mentalidad recta) a nuestro hermano "sin su cuerpo". Esta percepción solo la podremos lograr si deseamos percibir inocencia en nuestro hermano, en lugar de culpabilidad.

Quien ve a un hermano como un cuerpo lo está viendo como el símbolo del miedo. (L.161.8.1)

Pide, entonces, conocer la realidad de tu hermano porque eso es lo que percibirás en él, y en su belleza verás reflejada la tuya. (T.11.VIII.10.6)

Mientras creas que tu realidad o la de tu hermano está limitada a un cuerpo, seguirás creyendo en el pecado. (T.19.III.7.1)

Es decir, no importa donde comenzamos a pensar erróneamente: con respecto a nosotros mismo o con respecto a los demás. Porque si veo pecado en mí (o me considero un cuerpo), esto se contagia a ver a los demás también con pecado (como cuerpos); y lo mismo al revés: si veo a los demás como cuerpos, tenderé a verme a mí mismo también como cuerpo. La percepción de la mente profunda funciona de manera radical: todo o nada. O todos libres, o todos limitados. O todos inocentes (mentalidad recta), o todos culpables (mentalidad errada).

Y otro párrafo donde se citan ambos puntos o matices, de la sección "La unión mayor" (T.28.IV):

Al igual que tú, tu hermano cree que él es un sueño. No compartas con él su ilusión acerca de sí mismo, pues tu identidad depende de su realidad. Piensa en él más bien como una mente en la que todavía persisten las ilusiones, pero con la que tienes una relación fraternal. Lo que él sueña no es lo que lo convierte en tu hermano, ni tampoco su cuerpo, el "héroe" del sueño, es tu hermano. Su realidad es lo que es tu hermano, de la misma manera en que tu realidad es lo que es hermano suyo. Tu mente y la suya están unidas en hermandad. (T.28.IV.3.1-6)

Por lo tanto, está muy bien que tomemos conciencia de las ilusiones, pero no nos quedemos ahí: miremos más allá de ellas hacia la realidad. Como siempre, el perdón es el camino, pero estos matices que hemos comentado (y que se repiten muchísimo a lo largo del Curso) son de gran ayuda para mejorar la calidad de nuestra práctica del perdón, y de este modo nuestro proceso se acelera muchísimo.

En resumen: los límites que percibimos en nuestros hermanos son simplemente ilusiones, pero no debemos detenernos en esos límites, sino que nos conviene recordar que tras los límites sigue brillando la realidad ilimitada que nos une a todos. Los cuerpos/individuos son ilusorios, pero lo que nuestro hermano es realmente no es un cuerpo, sino el mismo espíritu que yo mismo soy. Saber esto facilita muchísimo el verdadero perdón.

Tal como veo a mi hermano, me veré a mí mismo. Si lo veo solo como ilusión, pensaré (aunque sea inconscientemente) que yo también soy una ilusión, y eso podría llevarme incluso a la depresión, o cuanto menos a la confusión, a la limitación. Pero si veo más allá de eso y miro la realidad de mi hermano, encontraré mi propia realidad, pues no somos dos, sino uno.

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Para nuevos comentarios que puedan surgir sobre este mismo tema, podéis revisar el hilo original del foro: http://concordiayplenitud.foroactivo.com/t174-sobre-la-igualdad-de-todos-los-seres

Y para ver comentarios sobre una diversidad de temas, podéis echar un vistazo al índice de temas:

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sábado, 18 de febrero de 2017

¿Qué es la no-dualidad?

El término no-dualidad suele usarse principalmente de las dos maneras siguientes:

1) Para referirse a la auténtica realidad de nuestro verdadero ser.

2) Para referirse a los caminos filosófico-espirituales cuyo objetivo es que descubramos la naturaleza o realidad de nuestro auténtico ser.

Comentemos un poco ambos usos del término:

1) La Verdad ES. No puede ser discutida, ni cambiada, ni hay alternativa a Ella. Es lo que ya somos (como Uno). No puede ser descrita, pero la práctica espiritual nos conducirá a la última de las ilusiones, el despertar, y entonces la Verdad es reconocida y experimentada. Y se sabe que nunca hubo otra cosa. Ni siquiera hubo un sueño de dualidad. Pero para llegar a ser conscientes de esto, es necesaria la práctica espiritual, que deshace nuestra resistencia a despertar. Cuando la práctica se complete, habremos dejado de negar la Verdad, que es el motivo por el que nos parece experimentar carencia/limitación (dualidad). Y entonces, una vez aceptada la última de las ilusiones (el despertar), la Verdad se revelará a Sí Misma (puesto que el tiempo es parte de lo ilusorio, esta revelación ya ha ocurrido, pues la Verdad siempre ES; pero la mente limitada, siendo ilusoria, es incapaz de comprender esto y por lo tanto a dicha mente se le explican las cosas en términos de haberse quedado dormida y que debe despertar del sueño de la dualidad).

La Realidad o Verdad pura no puede ser descrita con palabras. Solo puede ser experimentada directamente. Las palabras pueden servirnos aquí simplemente como indicaciones aproximadas para nuestra intuición, o en otros casos como ayudas para aclarar en qué consiste la práctica que conduce al despertar. La verdad no-dual o verdad absoluta (o, simplemente, la Verdad), aunque inaccesible a las palabras (pues las palabras no pueden limitar lo que es ilimitado), puede ser señalada por ellas, por ejemplo con palabras como las siguientes:

Dios es; y nada más es. 

Sería suficiente con dar como pista la primera parte ("Dios es"), pues el resto es una consecuencia que se puede deducir de ahí. Pero añadimos la breve coletilla ("y nada más es") por motivos prácticos para facilitar que evitemos algunas malinterpretaciones.

Aquí estamos utilizando la palabra Dios como sinónimo de la Verdad. Muchas otras palabras se han empleado para referirse a lo mismo, por ejemplo Ser, Conciencia, Beatitud, Eso, Paz, Cielo, Unidad, Absoluto, etc. Así pues, cuando decimos Dios, nos referimos a la verdad no-dual, que es lo único que existe, a pesar de que a nosotros, en nuestro aparentemente somnoliento estado de dualidad, nos parezca que podemos experimentar una alternativa a la Verdad: nuestras vidas conflictivas y limitadas en un aparente mundo del tiempo y de las formas. Tal alternativa en realidad no existe, como nos mostrará el despertar que proviene de la práctica espiritual (hablaremos brevemente de las prácticas espirituales en el punto 2; específicamente de las prácticas o enfoques no-duales).

Otro modo (entre muchos) de señalar con palabras la verdad no-dual podría ser una indicación como la siguiente:

La Verdad es una, eterna, inmutable, indivisible, perfecta, infinita, ilimitada, sin forma, plena. 

Recordemos que las palabras que usemos nunca van a ser suficientes, pues la Realidad no puede ser captada por nuestra mente dualista que trata de entender mediante conceptos, pero que aun así los conceptos y palabras pueden aportar algunas pistas para nuestra intuición. Añadamos entonces algunos comentarios sobre los adjetivos que hemos usado para referirnos a la Verdad:

- Una: La Verdad es una porque es entera, completa, infinita y no hay nada más ("Dios es; nada más es").

- Eterna: La eternidad no significa tiempo infinito, pues el tiempo es ilusorio. La Verdad es intemporal, y este tipo de eternidad no es algo que pueda ser conceptualizado. Solo puede ser experimentado.

- Inmutable: La Verdad siempre es como es. Es permanente y nunca cambia. Es tan constante que la mente dual no puede ni siquiera imaginar tal constancia tan firme, serena y gozosa.

- Indivisible: La Verdad no puede ser dividida, por lo que todo conflicto es en realidad imposible.

- Perfecta: Al decir "perfecta" nos referimos a que la Verdad no evoluciona, no necesita perfeccionarse porque no es imperfecta. Eternamente es lo que es.

- Infinita: No tiene fin. Puesto que no hay nada más, lo llena todo.

- Ilimitada: Además de infinita, decimos que es ilimitada para evitar confundirla con estructuras como por ejemplo el círculo o la esfera, que tienen un recorrido "infinito" pero son limitadas en sí mismas.

- Sin forma: La Verdad no tiene forma ni tiene nada que ver con nuestro ilusorio mundo del tiempo y de las formas. Las formas son concretas, son límites. La Realidad, al ser ilimitada, no tiene forma. Podemos decir que es abstracta. No tiene nada que ver con el inexistente espacio/tiempo.

- Plena: La Realidad es pura plenitud, tanto porque es completa (Unidad indivisible) como porque es el éxtasis (constante) más delicioso, gozo indescriptible, paz sin límite. Si la mejor de las ilusiones pudiera compararse con la Verdad, se vería como nada. Pues las ilusiones no son nada, mientras que la Verdad lo es Todo. La palabra plena nos indica también que la Verdad no es un vacío muerto. La Verdad está vacía de ilusiones, pero llena de Sí Misma. Es plenitud infinita.

Estos adjetivos no logran definir realmente la Verdad, pues es inaccesible a la mente limitada, sino que más bien funcionan apuntando hacia lo contrario de lo que conocemos como individuos, pues todo lo que los individuos conocen es falso. Por eso se dice que la verdad es "una", al contrario que nuestro mundo perceptual de sujeto/objeto, compuesto por una pluralidad de componentes. Se dice que la verdad es "eterna" porque todo lo que conocemos es temporal (incluso las estrellas y el universo tienen "fecha de caducidad") y todo lo temporal es opuesto a la verdad (la verdad no tiene opuestos, siendo los opuestos inexistentes ilusiones). Se dice que la verdad es "inmutable" e "indivisible", que es básicamente lo contrario de todo lo que conocemos, que son cosas cambiantes y divisibles. La palabra "perfección" ni siquiera sabemos lo que es, puesto que todo lo que conocemos es imperfecto, incluso cuando llamamos a algo "perfecto". La verdad es "infinita", "ilimitada" (dos negaciones de todas nuestras percepciones, que son finitas y limitadas), es "sin forma" (todo lo que conocemos tiene forma o límites espaciales o temporales), y es "plena" (todas nuestras percepciones están basadas en sujeto/objeto lo que da lugar a la carencia, desconociendo lo que es verdadera plenitud). Por lo tanto, los adjetivos que atribuimos a la verdad simplemente nos sirven para decirnos que nada de lo que conocemos perceptualmente es verdad. ¿Pero qué es la verdad realmente? ¿Qué es la verdadera plenitud, la verdadera unidad, lo verdaderamente infinito, etc? Esto es lo que no puede describirse con palabras, pero puede ser experimentado mediante la práctica espiritual no-dual, la cual nos despierta del sueño de la dualidad y permite el reconocimiento de lo que realmente siempre ES.

Otros adjetivos han sido también utilizados para apuntar hacia la verdad absoluta, por ejemplo los siguientes: Amor, Vida, Paz, Cielo, Conciencia, etc. No es necesario escribirlos en mayúscula, aunque en ocasiones se prefiere así, en parte para señalar más claramente que tales palabras no deben confundirse con los usos que hacemos de ellas a nivel dual. Es decir, con Amor no nos referimos al amor dual basado en sujeto y objeto. Lo mismo con Vida, que no equivale a la temporal vida dual que se opone a la muerte. Tampoco la paz dual que depende de circunstancias externas debería confundirse con la Paz no-dual, que es permanente e incondicional. Con Cielo no nos referimos a un Cielo externo, sino a nuestro estado natural de plenitud.Y la Conciencia tampoco se trata de la conciencia dual de un sujeto percibiendo objetos. La auténtica Conciencia-Vida-Amor-Paz está más allá de las palabras y más allá del individuo, pero puede ser experimentada por Sí Misma directamente.

La verdad es tu verdadero Ser, es UNO (no hay multiplicidad de seres o de individuos), es lo único que existe. La dualidad y sus ilusiones no existen, pues solo existe la Verdad, lo Absoluto. Pero puesto que insistimos tercamente en ser individuos experimentando dualmente un mundo de ilusiones, surgen los llamados caminos espirituales no duales, que nos ayudan a despertar del sueño de la dualidad, lo cual ya es una metáfora (todo lo relativo a los caminos no-duales se trata de metáforas, puesto que el Ser nunca se ha dormido y por lo tanto es una metáfora la idea de tener que despertar):

2) El Ser es UNO, inmutable, y nunca se ha dormido. Pero esto no es útil para "nosotros" que creemos estar experimentando un mundo de ilusiones, así que disponemos de las metáforas o juegos de los caminos no-duales para despertar del sueño de la dualidad. Este proceso es necesario porque lo hemos hecho necesario, pero una vez finalizado, una vez despiertos, se aclara todo y se sabe que nunca hubo sueño, nunca hubo dualidad ni necesidad de despertar. Y una vez despierto todo es plenitud y paz. Pero mientras uno se siente dormido (mientras haya la más mínima señal de individualidad/sufrimiento), se sea consciente de esto o no, se estará jugando a este juego o metáfora del despertar.

En realidad todos los caminos, a la larga, conducen al despertar. Pero los métodos más "acelerados" (aunque el tiempo es en realidad ilusorio) son los llamados caminos o filosofías o prácticas no-duales. Puede haber enfoques así en todas las tradiciones, tanto en el budismo como en el hinduismo, tanto en el judaísmo, el cristianismo y el islam, o en otras tradiciones. En mi caso, estoy más familiarizado con dos enfoques no-duales en concreto: el Advaita del hinduismo (ad-vaita significa literalmente "no-dos" o "no-dualidad") y Un Curso de Milagros (en un contexto de lenguaje marcadamente cristiano). También he tocado algo de budismo, pero muy poco, y por eso la mayoría de los ejemplos que aparecen en los posts de mis blogs suelen pertenecer a la tradición de Un Curso de Milagros (mi enfoque principal) y a la del Advaita (el segundo enfoque con el que estoy más familiarizado).

Este tipo de enfoques, sean de la tradición que sean, nos recuerdan que el mundo es una ilusión, que la dualidad es un sueño de limitación/sufrimiento del que la conciencia puede despertar. De hecho, el despertar está garantizado. Pero desde nuestra perspectiva puede parecer demorarse, y los enfoques no-duales son una ayuda para deshacer los bloqueos y dejar de retrasar el despertar al reconocimiento de lo que ya es y será desde siempre y para siempre. El sufrimiento es una ilusión de la que vamos a despertar. La realidad es plenitud. En la realidad no hay nacimiento ni muerte, ni tiempo ni deterioro, ni formas ni enfermedades, ni evolución ni carencia, sino solamente una plenitud indescriptible con palabras. Aunque sea Algo indescriptible, es una plenitud maravillosa que los enfoques no-duales nos ayudan a experimentar. No se puede describir en palabras, pero se puede "experimentar" (es decir, se puede SER ESO) de manera directa. Y ese es el objetivo de los caminos no-duales.

La verdadera libertad es ser lo que realmente se es. Esta libertad está siempre presente, siendo eterna e inmutable. No puede ser realmente reprimida, pero es como si estuviésemos jugando a que sí es posible reprimirla/ocultarla. Así que la verdadera libertad no puede ser realmente reprimida. El Ser ya ES. Y Eso es lo único que hay, y la única Libertad. Al soltar las imaginaciones, se revela que nada existe sino ESTO. Infinita plenitud. Sosiego profundísimo, inagotable. ¡Bendita Libertad!

Tienes derecho a ser feliz. De hecho, tu verdadera naturaleza es pura felicidad. Es lo que realmente eres. No puedes renunciar a ello. Pero te sientes carente, incompleto, porque te has confundido con respecto a lo que eres. No eres lo que crees ser. No eres un ser limitado. No eres una persona humana. No eres una individualidad, ni nada que tenga límites o fronteras, o se encuentre inserto en el limitadísimo e ilusorio universo del tiempo y del espacio. No eres nada de eso. Pero tu experiencia te dice lo contrario. Vives bajo la hipnosis de la experiencia aparente de la carencia, de la dualidad. Y en lo más profundo de ti, lo que realmente deseas es regresar a casa. Es decir, volver a experimentar la plenitud de tu estado natural, lo que realmente eres. Sin embargo, no puedes experimentar lo que eres mientras insistas en aferrarte a lo que no eres. Porque lo que no eres, es una negación de tu verdadero Ser.

Lo falso no existe, pero a ti te parece que está ahí y es tu experiencia. Lo verdadero existe siempre y es lo único que está presente, aunque tú te niegas a verlo (es decir, a experimentarlo). Lo falso y lo verdadero no pueden verse a la vez. Lo falso no existe ni siquiera cuando nos parece así, pero mientras nos aferremos a lo falso, nos parecerá que la verdad ha desaparecido de nuestra experiencia. Sin embargo, cuando nos desapegamos de lo falso, lo verdadero se revela por sí mismo, pues de hecho ya estaba ahí desde siempre, aunque nos negábamos a verlo. Tener discernimiento para desapegarse de lo falso es la clave de la práctica espiritual. El proceso de despertar del sueño de la dualidad consiste en ver lo falso como falso y renunciar a ello. Todo esto es a nivel mental, pues es la mente la que produce el aparente obstáculo, y en la mente se desata igualmente ese nudo. Ver lo falso como falso es discernimiento. Renunciar mentalmente a lo falso es desapego. Una parte importante (la parte fundamental) de los enfoques no-duales está dedicada al tema de la práctica. Es de hecho el tema más importante, pues la práctica es lo que atrae el despertar. Como veremos, el despertar es algo ilusorio, pues el Ser ya ES. Sin embargo, mientras nos experimentemos como limitados (sin plenitud), no habrá nada más importante que la práctica de aceptar que ya somos lo que verdaderamente somos. Aunque parezca paradójico, practicamos para recordar lo que realmente somos; para experimentar lo que ya somos pero que parecemos haber perdido. En realidad no se puede perder lo que siempre es, y por eso todo despertar es ilusorio. Pero puesto que uno parece sufrir (carencia de plenitud), lo más benigno y práctico es dejar de negar la verdad, aceptando la ilusión del despertar. El despertar es como una puerta que una vez traspasada desaparece y se reconoce que en realidad esa puerta nunca existió. Pero mientras no sea traspasada, atravesarla es la única meta de valor que se puede tener.

A su debido tiempo todos despertarán, pues el Ser no se ha dividido ni puede dejar de ser lo que ES. El tiempo no existe realmente, ni los individuos, pero sobre la dualidad y el proceso de despertar se habla siempre en metáforas que indiquen alguna pista. Por eso se dice que algún día todos habrán despertado. Lo cual son palabras que tienen algún sentido desde nuestro actual estado de conciencia limitado. Tras despertar ya no habrá necesidad de metáforas y será obvio que nunca hubo ni habrá nada excepto el UNO, el SER, por lo que nunca hubo un dormir en dualidad, ni necesidad de despertar.

Es natural que queramos regresar a casa, el lugar de origen del que nunca hemos salido. Es natural que deseemos "recuperar" nuestro estado natural, el cual nunca hemos perdido porque es inmutable. Es natural que deseemos ser lo que ya somos. Que queramos reconocer experimentalmente (no intelectualmente) lo que realmente somos. Que dejemos el sufrimiento atrás para siempre y reconozcamos nuestra inmortal plenitud. Los enfoques no-duales están dedicados a ayudar a esta superación de las ilusiones y a facilitar así el reencuentro con la verdad, que es plenitud y paz interior más allá de lo que se puede describir con palabras.

En realidad el lector de estas palabras no existe. Tampoco existen estas palabras. Son metáforas a nivel de la dualidad. Pero a este nivel dual (mientras uno todavía percibe diferencias y falta de plenitud) las metáforas son útiles. Para aquellos que les resuene este tipo de enfoque (no-dualidad), esta colección de metáforas podrá resultarles útil para completar el proceso de despertar. Este tipo de mensaje puede verse como un reflejo de uno mismo, susurrándose uno a sí mismo una manera relativamente rápida de despertar. Este mensaje no está fuera de ti. No hay nada fuera de ti. Esto confirma que nada externo puede impedirte despertar. Tampoco hay nada externo que te obligue a despertar. Todo depende de ti. Despertarás cuando tengas un sincero deseo de despertar. Cuando sinceramente lo desees, encontrarás una práctica que te resuene y la practicarás. Y finalmente despertarás. No importa cuánto tiempo te lleve esto, pues el tiempo no es real (tu verdadero Ser ya está despierto; se trata de reconocer esto de manera consciente, constante y experimentalmente). Digamos que te llevará tanto tiempo como necesites para ir soltando gradualmente todos tus apegos y toda tu resistencia a despertar. Podrías hacer esto en un instante, pero en la práctica es un proceso gradual porque tu mente parece estar dividida y una parte de ti quiere despertar mientras que otra parece resistirse a ello (porque esa parte tiene miedo de perder la ilusoria individualidad). La parte que quiere despertar se saldrá con la suya, porque esta parte representa un reflejo más nítido de la verdad. Y la verdad no conoce la derrota. La verdad siempre es.

Anímate, sabiendo que no eres una víctima. Todo va bien. Ya eres lo que eres.

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viernes, 17 de febrero de 2017

El mito de las 4 divisiones de la mente

La Verdad ES. No hay alternativa. No hay dualidad. No hay sueño de apariencias. No hay engaño o ilusión, y por lo tanto en realidad no hay necesidad de despertar. Nuestro Ser ya está despierto, como siempre lo ha estado y siempre lo estará. Pero puesto que parecemos habernos colocado a nosotros mismos en la imposible situación de que nuestra experiencia parece ser la de habernos separado de la Unidad, y por lo tanto nos experimentamos divididos, carentes, limitados, en medio de los conflictos de la dualidad, entonces no tenemos nada mejor que hacer que partir de lo que parece ser nuestra experiencia actual (este es nuestro punto de partida) y desde aquí aceptar la única ilusión relativamente útil: la ilusión de despertar de la dualidad.

Nunca olvidemos que sólo la Verdad ES, y que todo lo que hablemos con respecto al despertar es siempre relativo, metafórico: no es la pura verdad, sino un mito útil para acelerar que experimentemos la última de las ilusiones, el despertar. Tras el despertar, todo estará claro. Sólo entonces podremos desprendernos de todas las ilusiones, incluso de las ilusiones beneficiosas que nos ayudan a despertar. El proceso del despertar, aun siendo también ilusorio, es la ilusión que pone fin a todas las ilusiones, incluida ella misma. Muchos sabios han dicho que un clavo saca otro clavo, una espina puede servir de herramienta para sacar otra espina. Cuando un clavo o espina (la creencia en la separación) nos produce sufrimiento, podemos usar otro clavo/espina (el proceso de despertar en cualquiera de sus variantes) para librarnos así del clavo que nos causa dolor. Sin embargo, finalmente ambos clavos serán desechados, tanto el "bueno" como el "malo", pues ambos son ilusorios. Esto quiere decir que en la Verdad pura no hay "clavos" de ningún tipo (ni sufrimiento, ni despertar del sufrimiento), pues sólo hay plenitud ininterrumpida y nunca ha habido ni habrá otra cosa. Pero mientras nos parezca estar fuera de la Verdad pura, nos será muy útil el proceso del despertar, por muy ilusorio y metafórico que sea en última instancia.

Así pues, hablemos de metáforas útiles.

El mito de la separación

El mito de la separación es la idea de que hemos salido de la Unidad y, al separarnos de Ella, nos hemos dividido en carencia/dualidad. Es un mito o metáfora porque en realidad eso no ha sucedido: seguimos siendo la Unidad. Pero es una metáfora útil, dado que creemos estar experimentando una situación de dualidad. Esta metáfora, bien usada, puede ayudarnos a dejar atrás este absurdo de la apariencia de dualidad, y a que experimentemos de nuevo y para siempre la perfecta dicha de nuestro verdadero ser, nuestro estado natural o Verdad Absoluta.

Según este mito de la separación, hemos producido la apariencia de dualidad al haber proyectado nuestra mente hacia un supuesto "afuera" de nuestro Ser. De esta proyección "externa" de la mente emergen todas las ilusiones, incluso el llamado "mundo físico". Nuestra tarea ahora es volver la mente hacia dentro, lo cual deshace por completo la ilusión, al dejar uno de creer en la separación.

Lograr volver completamente la mente hacia dentro no es tan fácil como se podría pensar, porque no es suficiente con saber o comprender intelectualmente que la separación es irreal. Una parte de nuestra mente, a nivel inconsciente para nosotros, se aferra insistentemente a la separación, temerosa de perder la ilusión de individualidad. Y la clave de la práctica espiritual es ayudarnos a deshacer esta resistencia inconsciente a despertar.

Así que aquí proponemos las palabras "volver la mente hacia dentro" como un modo de referirnos al proceso (ilusorio, pero de momento necesario) del despertar. Para entender el uso práctico que le damos aquí a esta idea, son útiles algunas metáforas complementarias, relacionadas con el mito de la separación, y en este post vamos a describir una de ellas: "El mito de las 4 divisiones de la mente".

El camino espiritual o proceso del despertar es un "viaje sin distancia" porque, como ya hemos dicho, es en última instancia un proceso ilusorio, porque solo la Verdad ES y no hay nada más; la separación nunca ha ocurrido. Algunos buscadores se confunden y utilizan palabras que expresan la verdad absoluta, pero usándolas como un modo de justificar patrones egoicos. Por ejemplo, uno puede, bajo la influencia del sistema de pensamiento del ego, creer que no necesita llevar a cabo ninguna práctica espiritual, debido a que el Ser ya ES, así que "¿para qué tratar de esforzarme para ser lo que ya soy?". Sin embargo, con esta actitud no se hace más que retrasar el despertar. Es una actitud de "reprimir las lágrimas", en la que uno se cierra a reconocer el sufrimiento/carencia que en realidad está experimentando. Mientras no haya una plenitud constante e ilimitada, más allá de todo límite y de todo lo corporal, uno estará dormido en dualidad, y aunque crea que no es así, tarde o temprano sentirá como que experimenta una "recaída". Y seguirá siendo un buscador, aunque niegue serlo. La búsqueda está en todos los durmientes, simplemente unos son conscientes de estar buscando, mientras que en otros la búsqueda es inconsciente. Pero el mero hecho de no estar experimentando plenitud es una carencia, un sufrimiento, una búsqueda, un grito de dolor pidiendo encontrar algo que llene ese hueco o vacío aparentemente producido por la creencia en la separación/dualidad.

Por lo tanto, lo más sensato es tener la humildad de reconocer que tal como nos estamos experimentando ahora no somos completamente felices, y así estaremos receptivos a los ecos del despertar, que provienen de nuestro interior aunque pueden reflejarse también en forma de símbolos "externos" como podrían ser libros, charlas, maestros, intuiciones, etc.

De un modo u otro, acabamos dándonos cuenta de que hemos proyectado la mente hacia fuera, lo cual nos ha causado sufrimiento e infelicidad, y entonces nos mostramos dispuestos a utilizar alguna práctica espiritual, es decir, alguna de las maneras de "volver la mente hacia dentro".

Para comprender mejor la práctica de nuestro regreso a Dios, conviene que primero echemos un vistazo a cómo nos hemos alejado —aparentemente— de Dios, para darle la vuelta a la situación (volver la mente hacia dentro). Y por consiguiente es útil la siguiente propuesta del mito de la separación, titulada "Divisiones de la mente", pues es un esquema útil que nos ayudará en nuestra práctica, acelerando el discernimiento, el desapego, el proceso del despertar.

El mito de las 4 divisiones de la mente 

Esta es una metáfora muy útil y vamos a detenernos un rato a describirla. Aun así no vamos a entrar en tantas explicaciones como en dos libros que han servido de inspiración para esta descripción. Estos dos libros pueden ser útiles para aquellos que quieran profundizar en este esquema de las divisiones de la mente. Son «La Desaparición del Universo», de Gary Renard, y «El Mensaje de UCDM», de Kenneth Wapnick.

Repito una vez más que es muy importante tener en cuenta que la siguiente descripción es una metáfora o mito, no algo verdadero en términos absolutos. Recordemos, incluso el proceso del despertar es ilusorio. Solo Dios ES. En términos totales (la verdad absoluta) no hay nada más. Pero como nosotros parecemos sufrir o vivir en carencia en dualidad, queremos despertar. Y el siguiente mito puede sernos enormemente valioso en la práctica de nuestro proceso de despertar. Así que vayamos con ello.

Antes de la primera división 

CIELO - ESPIRITU
(el puro Ser, sin límites de ningún tipo, total Unidad y Plenitud) (Antes de las divisiones del sueño de la dualidad)

Antes de la separación todo era perfecto. Decimos que así "era", como si fuese algo del pasado. Sin embargo, Eso sigue siendo eternamente nuestra Realidad, ahora, siempre. Es la Verdad Absoluta. Pero nos viene bien hablar de Ella con verbos en tiempo pasado porque en nuestra experiencia "presente" (nuestro falso presente) parecemos haber perdido la vivencia o conocimiento no-dual que es la Verdad. Así pues, hablemos como si la Verdad fuese algo pasado. Antes de la separación, todo era perfecto. No había ilusiones, apariencias, ni conflictos, límites ni problemas. No había espacio, ni tiempo, ni un mundo de cuerpos y formas. No había mente limitada, por lo que no había opuestos de ningún tipo (ni "integrados" ni separados). No había miedo, ni incomodidad, ni la más mínima interrupción del gozo de Ser. Lo único que había era total y constante plenitud. Esta vida tan deliciosa era y sigue siendo nuestro estado natural, el cual no se puede describir con palabras, pero cuando lo experimentemos recordaremos que Eso es lo único que siempre hemos querido realmente.

Pero de repente... pareció ocurrir algo que en realidad nunca ha ocurrido.

La primera división de la mente

1ª división de la mente
De repente, pareciera que una idea novedosa se coló en la Unidad. Fue la idea de la separación. Para ilustrar aquel "suceso", en este mito diremos que es como si de repente hubiese surgido una idea parecida a lo siguiente: "¿Qué tal sería lo opuesto de esta Unidad?". O diversas variantes para ilustrar lo mismo: "¿Qué tal sería hacer las cosas por mi cuenta? ¿Y si fuese posible tener una conciencia individual?". (No se trata de algo literal, sino que son preguntas para ilustrar o reflejar mínimamente algo que pareció suceder en una mente no-humana, transtemporal, la cual no podemos concebir con nuestros pequeños intelectos humanos).

Y dicho y hecho. Lo que la mente piensa, es lo que la mente experimenta. Entonces pareció suceder lo imposible: la separación de la Unidad. Al "suceder" esta separación (en realidad no sucedió), nuestro estado natural de Unidad quedó apartado de nuestra experiencia consciente, con lo cual el Cielo o estado de plenitud natural se convirtió en tan solo un recuerdo en nuestra mente. Nuestra experiencia ahora era la de una mente separada. Una única mente separada del Cielo/Dios; en esta mente estábamos incluidos todos, pues en este momento de este relato mitológico todavía no se había proyectado el universo de las formas y del tiempo, en el cual la mente separada se fragmentaría en millones y millones de fragmentos, como veremos cuando hablemos de la cuarta división de la mente. Ahora, en esta segunda división de la mente, nos experimentamos como una sola mente, separada, apartada del Cielo, que ha perdido su plenitud, que ya no experimenta la Unidad del Cielo, aunque todavía la recuerda.

Como el propósito de este mito de las divisiones de la mente es facilitar la comprensión del proceso de despertar del sueño de la dualidad, que es un proceso al que podemos llamar discernimiento, autoindagación, o proceso del perdón, entonces por motivos prácticos nos va a venir bien antropomorfizar el vocabulario empleado aquí, ya que esto nos resultará útil al abordar las divisiones tercera y cuarta, así como para explicar la práctica del despertar o proceso del perdón, mediante el cual volvemos la mente hacia dentro (hacia lo que se había vuelto inconsciente para nosotros). Por eso, digamos que el estado natural podemos llamarlo Dios, o incluso mejor para nuestros propósitos, podemos llamarlo Unidad del Padre y el Hijo. Son simples palabras. Dios sería la Totalidad Original o Cielo, nuestra Fuente. El Hijo sería Cristo, que en realidad, aquí (en el nivel de la Unidad o verdad absoluta) es equivalente al Padre y es lo mismo que Dios, pues Ambos no son dos sino Uno y comparten el mismo Ser. Ni siquiera usaríamos nombres diferentes, ni hablaríamos en plural, si no fuera porque nos conviene en nuestras posteriores explicaciones (para ilustrar mejor la separación y la práctica para transcenderla necesitamos también algunos nombres separados). Pero sepamos que aunque estemos usando palabras diferentes, a nivel de la Unidad hay un único Ser.

Cuando pasamos de hablar de la Unidad (antes de la supuesta separación) a hablar de la primera división de la mente, en nuestro mito podemos describirlo como que una idea absurda surgió en la mente del Hijo, y tal idea condujo a que el Hijo se experimentara como una conciencia separada, individual, apartado del Cielo o del Padre/Dios, el cual ahora es solo un recuerdo. En este momento, tras la primera división, todavía se recuerda el Cielo/Unidad, pero esta experiencia de conciencia individual no resulta nada satisfactoria porque aunque aquí aún recordamos la Unidad, ya no la experimentamos. Ya no disfrutamos del infinito gozo del Ser. ¿Y cómo afronta el Hijo esta novedosa y desconcertante situación? Esto corresponde a la segunda división de la mente.

La segunda división de la mente
2ª división de la mente

La mente separada o dividida tiende a seguir dividiéndose una y otra vez, al igual que una célula se divide en dos y luego cada una de las partes vuelve a dividirse y así sucesivamente (dicho sea de paso, la división de las células es un reflejo, a nivel de la cuarta división de la mente, del mismo proceso de separación que se ha iniciado en el nivel metafísico de la mente). Así pues, la mente separada vuelve a dividirse, sintiendo en sí como dos actitudes o maneras de afrontar la desagradable situación de separación que ahora experimenta. Estas dos actitudes pueden llamarse mentalidad correcta y mentalidad errada. Si las antropomorfizamos, la mentalidad correcta podemos llamarla Espíritu Santo o Maestro interior, o nombres similares para el recuerdo de la verdad en nuestra mente. A la mentalidad errada podemos llamarla simplemente ego, y es el sistema de pensamiento de la separación: la creencia de que la separación es algo real y muy serio.

Así pues, la mente del Hijo percibe ahora dos maneras de interpretar lo que ha "sucedido": puede reírse de este absurdo de la separación, reconociendo que lo que es imposible es imposible y no puede ser experimentado. Esta actitud nos conduciría a dejar de lado la separación y a "volver" a nuestro estado natural de Unidad. Esta actitud podemos decir que es lo que constantemente nos inspira el Maestro interior o Espíritu Santo (que es simplemente el recuerdo de la verdad, todavía activo en nuestra mente aunque sepultado por las capas y capas de ilusión que le hemos puesto encima para olvidarlo, como veremos un poco después). Si hubiésemos elegido esta actitud, asunto resuelto. Estaríamos de nuevo experimentando la Verdad y tan felices siendo Uno, experimentando lo que realmente somos, lo único que ES.

Es como si el ego nos dijera: "¡Mira lo que has hecho! ¡Esto es grave! ¡Has roto la Unidad! Estás en serios problemas...". Y a continuación el Espíritu Santo nos susurrara tranquilamente: "Riámonos de esta absurda idea de la separación, pues es imposible estar separado del infinito. Ríete de esto y despierta, y retorna así a la Unidad". Y al mismo tiempo, el ego tomara medidas para evitar que hagamos caso del consejo del Espíritu Santo, y entonces el ego nos dijera algo como: "No escuches al Espíritu Santo, Él busca tu ruina. Si vuelves a la Unidad, morirás, dejarás de ser, pues ya no serás esta individualidad que ahora experimentas". A pesar de las amenazas del ego, bastaba con reírnos de lo absurdo y dejar de creer en ello para que despertáramos del absurdo sueño de separación.

Pero no elegimos reírnos de la absurda idea de la separación, sino que decidimos tomarla en serio, lo que nos condujo a preferir al ego, es decir, a seguir apostando por la separación, lo cual nos llevó a la tercera división de la mente.

Hay que señalar que cada vez que la mente se divide, deja atrás la situación previa y pasa a enfocarse en la nueva situación. Es decir, cuando la mente del Hijo experimentó la primera sensación de individualidad (primera división de la mente), se volvió inconsciente de la experiencia de Unidad o Dios, la cual pasó a ser simplemente un recuerdo. Tras la segunda división, la unidad de la propia mente individual del Hijo es la que pasa a ser un recuerdo, pues se divide en dos actitudes mentales diferentes: la del ego y la del Espíritu Santo.

Con la tercera división, en la que el Hijo elige interpretar lo sucedido de acuerdo con el sistema de pensamiento del ego (creyendo que la separación es real y algo muy serio, algo grave), lo que esta división acarrea es que además se olvida la mentalidad correcta o Espíritu Santo. El Espíritu Santo o recordar que no ha pasado nada grave y que podemos reírnos de ello y simplemente despertar de este absurdo, se pierde de vista: el Espíritu Santo pasa a ser un simple recuerdo.

La tercera división de la mente

3ª división de la mente

Tras la tercera división, el ego por fin parece poder respirar un poco: parece haberse librado del Espíritu Santo, y con ello de la continua amenaza de escucharle decir que no ha sucedido nada serio, que de hecho no ha sucedido nada, lo cual nos despertaría de nuevo a la Verdad. Ahora que el Espíritu Santo ya no es un incordio para el ego, el ego ve más fortalecida su posición. Pero sigue temiendo el desastre: la pérdida de su recién adquirida existencia individual o ego. El peligro sigue estando ahí, piensa el ego. Pues el Hijo, en cualquier momento, podría decidir que esta situación desagradable no le compensa y entonces cambiar de actitud y dejar de creer en la idea de la separación. ¡Dejar de tomarla en serio y de creer que es real! El ego considera este peligro como la prioridad ahora: debe proteger su propia existencia. Por lo tanto, tiene que impedir que el Hijo deje de creer en la versión que el ego le ha suministrado de lo sucedido. Esto se puede ilustrar con diversas metáforas complementarias entre sí (recordemos que este relato es metafórico). Por ejemplo, uno de los aspectos de la estrategia del ego podemos decir que fue ofrecer al Hijo un regalo tentador: la individualidad, o en otras palabras, el ser especial.

El Hijo podría despertarse del sueño con solo elegirlo, así que el ego toma medidas. Le dice que si vuelve al estado de Unidad, perderá la individualidad que ahora es: "¡Dejarás de ser! ¡Morirás!". Al mismo tiempo, lo tienta con la idea del placer de disfrutar de una existencia autónoma, independiente, individual, especial. Como si el ego susurrara: "No tendrás que seguir dependiendo de la Fuente, no tendrás que bailar el baile de Dios, sino que si me eliges, podrás tener tu propio Reino y hacer lo que quieras separadamente. Serás especial, podrás tener una vida solo para ti".

La amenaza de morir si se retorna a la Unidad es un motivo de miedo para el Hijo (pues ya no dispone de comunicación directa con el recuerdo de la Verdad o Espíritu Santo, sino que eso es ahora un recuerdo vaporoso y poco claro en la mente del Hijo). Aun así, el Hijo duda de lo que le dice el ego. Y la oferta de poder disfrutar de una existencia individual sí le parece interesante de todos modos. En definitiva, el Hijo, confuso, eligió una vez más al ego. Esto profundizó la estrategia del ego en esta tercera división de la mente y poco a poco llevó a la cuarta división. Pero seguimos en la tercera división. Ahora que hemos vuelto a elegir escuchar al ego, el ego continúa con su estrategia. Quiere que le consideremos nuestro más leal amigo, nuestro protector. Aún tenemos el vago recuerdo del Espíritu Santo y Su idea de que todo esto es de risa y que podemos dejar de creer en ello y despertar tranquilamente a la Verdad, que es amorosa Unidad y Vida perfecta. Pero el ego no quiere que conservemos ni siquiera ese vago recuerdo de la verdad o del Espíritu Santo. Pero ese recuerdo nunca puede desaparecer de nuestra mente, o no del todo. Así que el ego procura distraernos con sus sugerencias, para que nos concentremos en lo que el ego quiere, en vez de recordar lo que el Espíritu Santo nos susurra.

En este momento el Hijo se siente realmente mal. Siente que ha perdido la plenitud, el Cielo. El ego le dice que el Cielo está roto para siempre: "no tiene solución". Le dice que Dios murió debido al desgarro del Hijo dividiéndose de Él. Esto hace sentirse al Hijo inmensamente culpable. Es una culpabilidad tan abismal, tan descomunal y dolorosa, que con nuestro intelecto humano no somos capaces de concebirla. Entonces el ego ofrece al Hijo una solución. Es como si el ego le dijera: "Mira, no te preocupes, aquí estoy yo para ayudarte. Pero tendrás que hacer exactamente lo que te diga. Puedo ayudarte a que te desprendas de toda esta sensación de culpa". ¿Pero cómo? A estas alturas hay una sola mente separada, y fuera de ella no hay ninguna otra mente sobre la que poder descargar la culpa. Finalmente, el Hijo decidió seguir los consejos del ego. Y eso llevó a reprimir la culpa, que seguiría estando en la mente, pues no puede ir a ninguna otra parte que la única mente que hay, pero al menos el Hijo no va a ser consciente de esta culpa por haberla negado (reprimido). Sin embargo, lo que se reprime se proyecta (en la psicología humana, a nivel de la cuarta división de la mente, también existen estos mecanismos de represión y proyección, que ahí son un reflejo de la represión y proyección originales del nivel metafísico de la mente).

El gráfico con el que ilustro esta tercera división de la mente corresponde a este momento de la proyección a nivel de la mente metafísica. Es como que la mente del Hijo vuelve a dividirse en dos: el Hijo se identifica con un trozo de la mente separada con la que se identificaba antes. Se siente liberado de culpa, pues ha echado la culpa "fuera". El precio es que ahora percibe una amenaza: ¡UN OTRO! ¿¿Qué querrá?? Me temo que no tenga buenas intenciones... Y el ego completa la jugada, comentando: "¡Cuidado, es Dios que viene a por ti, a castigarte o tal vez a matarte por haber roto el Cielo, por haberle arrancado un trozo de Su Ser!". El Hijo está confuso y olvidadizo. Ya no recuerda el supuesto de que Dios estaba olvidado, incluso muerto. Ahora Dios está vivo. Tal vez sobrevivió, tal vez resucitó de algún modo... ¡y ahora Él reclama venganza! Según el ego, el Hijo atacó a Dios al separarse de Él, y ahora Dios busca venganza: busca recuperar el trozo perdido que el Hijo le robó, y así restaurar la Unidad, al precio de la muerte del Hijo, según el ego. O al menos la muerte de su existencia individual. El Hijo teme que realmente haya una seria amenaza de muerte. Y a partir de ese momento se muestra dócil y obediente a cada una de las sugerencias que le hace el ego. Esto conduce inexorablemente hacia la cuarta división de la mente, a la cual ya nos acercamos.

Hay que notar lo absurdo de la situación: Dios, que es total Amor, es ahora considerado por el Hijo como la Gran Amenaza, a instancias del ego. Esto se debe a que la culpa que antes sentía el Hijo por haber "roto" el Cielo, la ha negado y proyectado, con lo que ahora la culpa parece estar en otra parte... ¡Ahora parece haber un otro! ¡Es Dios, y Él es el malo, quiere matarme! Yo soy inocente, no tengo culpa de nada... La culpa es de Dios... Esto forma parte del ingenioso plan del ego. Si el Hijo ve a Dios como una amenaza, Le temerá y no habrá peligro de que elija retornar a Él. Esto minimiza la posibilidad de que el Hijo despierte del sueño de la dualidad. Es lo que el ego desea: continuar con la dualidad, con la existencia limitada individual.

El Espíritu Santo o Recuerdo de la Verdad queda también a distancia, con esta estrategia del ego. Pues en cierto modo, aquí en este sentido, Dios y Espíritu Santo son intercambiables. Cualquiera de Ambos representa el mismo peligro, que el ego se encarga de recordarle repetidamente al Hijo: "Dios, o el Espíritu Santo, te dice que vuelvas, que te ama... pero en realidad quiere engañarte para recuperar la existencia que Le has robado. Si Le escuchas, morirás. ¡Dios (o el Espíritu Santo) es un Asesino que solo busca matarte y vengarse de lo que Le hiciste!". (Además de este relato, el ego combina sus amenazas con otros relatos, sin importar que se contradigan entre sí, pues la mente del Hijo a estas alturas ya está ofuscada por el miedo. Por ejemplo, el ego relata también el mito de la expulsión del Paraíso: no fue el Hijo quien se quiso separar del Cielo/Dios, sino que fue Dios Mismo quien ha expulsado al Hijo del Paraíso... y no contento con eso, incluso ahora quiere matarle... ¡hay que huir de Dios!, dice el ego).

El Hijo, que ya lleva rato siguiendo las interpretaciones del ego, está cada vez más asustado. (Recordemos que hablamos del ego de manera antropomorfizada, pero realmente el ego es simplemente nuestra creencia e insistencia en la separación, que podemos llamar "sistema de pensamiento del ego" o simplemente "ego").

El Hijo está tan asustado que ya quiere escapar, pero ¡no tiene adónde ir! Sólo hay este reino de la mente, y es precisamente aquí donde Dios está buscando al Hijo para castigarle o matarle. El ego continúa con su estrategia: "Si sigues aquí, tarde o temprano Dios te va a encontrar y las vas a pagar todas juntas. Es inevitable. Aquí no tienes donde esconderte. Y Dios no tiene buenas intenciones. Es tú o Él: quiere recuperar la vida/existencia que Le robaste. O vives tú y muere Él, o vive Él y mueres tú. ¡Pero aquí no hay escondite posible!".

¿Qué hacer, entonces? Parece no haber salida. Y Dios es tan poderoso... es inconcebible para el Hijo esperar que podrá enfrentarse a Dios y sobrevivir. Ahora el ego ofrece una escapatoria: "Mira, todavía es posible que te escapes del castigo de Dios. Pero hay un solo modo de lograrlo. Tienes que hacer todo lo que te voy a decir. Con mi ayuda, podemos escaparnos a un universo al que Dios no puede ir. Un universo de espacio y tiempo, fuera de esta mente. Te dividirás en innumerables fragmentos, e incluso si Dios llegara a sospechar dónde estás, no podrá localizarte". El Hijo acepta; y entonces surge la cuarta división de la mente.

La cuarta división de la mente

4ª división de la mente

La cuarta división de la mente equivale a lo que los científicos han llamado Big Bang (lo cual es otra metáfora): la aparición del universo del espacio y del tiempo. En este mito de las 4 divisiones de la mente, consideraremos la fabricación de este universo de las formas no como un divertimento, sino como una especie de defensa contra Dios. En este sentido, el universo es el símbolo del ataque contra Dios (del ataque a nivel de la mente metafísica, en el que según el ego el Hijo atacó a Dios al arrancarle una parte de Su Ser, para así el Hijo poder establecer su propia existencia individual separada).

Cuando el Hijo aceptó la sugerencia del ego para la cuarta división, y fragmentarse en millones y millones, billones de fragmentos diferentes para formar el universo de las formas, el mundo del espacio/tiempo, como siempre sucede con cada división, el Hijo olvidó su situación anterior. Ahora se percibe como un cuerpo físico, rodeado por otros cuerpos, y el recuerdo de la mente metafísica queda sepultado en el inconsciente. Igualmente el Hijo se vuelve inconsciente de Dios. Sin embargo, los problemas no han terminado. El Hijo (ahora percibiéndose como un cuerpo) sigue sintiéndose culpable, limitado, en conflicto, etc. Esto es así porque tal como enseña Un Curso de Milagros, las ideas no abandonan su fuente. Es decir, el universo de las formas no es realmente algo externo a la mente, sino que... ¡sigue siendo mente! Y este universo de las formas, el nivel de la cuarta división, refleja toda la dinámica anterior, todos los procesos de la mente metafísica que hemos reprimido. Así que seguimos sufriendo. Por ejemplo, si a nivel metafísico proyectábamos la culpa sobre un "OTRO" que acababa siendo —según la versión del ego, que creímos— Dios que nos perseguía, ahora nos seguimos sintiendo perseguidos. Tal vez no le echamos ahora la culpa de todo a Dios, pero siempre tenemos a alguien a quien echarla. Algún otro cuerpo. Y nos vamos a sentir perseguidos porque al proyectar la culpa sobre otros, como nuestra mente en el fondo sabe que no hay mentes separadas de otras mentes (pues la mente separada original es una sola), la culpa entonces sigue estando donde siempre: en nuestra propia mente. Es como si la culpa tratara de retornar a nosotros; acabamos sintiéndola. Y una de las maneras en que podemos interpretar esto es percibiéndonos como que somos perseguidos. Alguien nos persigue o trata de perjudicarnos. No importa quién sea: nuestro jefe, nuestros padres, el gobierno, un vecino, un delincuente, un animal peligroso, etc.

Aquí en general vamos a poner ejemplos de humanos porque es nuestra experiencia, pero todo en el universo de las formas es parte de esta dinámica fragmentada de la cuarta división de la mente, reflejando la dinámica de separación de la mente a nivel metafísico. Los ríos se dividen en afluentes, las galaxias chocan entre sí (se "atacan"), hay día y noche, y dividimos el día y la noche en horas, y las horas en minutos, los minutos en segundos...

Nuestras experiencias en el mundo (la cuarta división de la mente) reflejan nuestras creencias en los 3 niveles anteriores de las divisiones de la mente. Por ejemplo, cuando a nivel del mundo somos desagradablemente sorprendidos o nos sobresaltamos, eso es un reflejo de la primera división de la mente (el sobresalto ontológico tras creernos separados de la Plenitud-Una). Cuando nos sentimos culpables a nivel del mundo, eso es un reflejo de la segunda división de la mente (pues a ese nivel creímos la explicación del ego de que habíamos roto el Cielo o asesinado a Dios). Cuando a nivel del mundo odiamos a otros o sentimos miedo, eso refleja la tercera división de la mente (en la que tememos la venganza de Dios), la cual a su vez refleja las dos divisiones anteriores de la mente (es decir, que el miedo a nivel del mundo hace eco a la vez del miedo a que Dios me asesine, y al mismo tiempo a un nivel más profundo hace eco de la culpabilidad inicial que siente la mente por creer haber asesinado a Dios y roto el Cielo).

La fragmentación continúa produciéndose una y otra vez: nuestros cuerpos se deterioran con cada segundo que pasa, etc. Esto es un mundo de opuestos, de conflictos, de dualidad. En esta descripción mitológica de las 4 divisiones de la mente nos centramos en las 4 divisiones principales. A partir de aquí, el resto son reflejos de las anteriores. La solución a todas ellas es la misma y única solución: el proceso del despertar, basado en el discernimiento, también llamado según las distintas versiones como proceso del perdón, autoindagación, etc. Solo al dejar de proyectar la culpa inconsciente, volviendo la mente hacia dentro y reconociendo la ilusoriedad de la culpa (pues la separación nunca ocurrió realmente, lo cual la Voz del Espíritu Santo nos sigue recordando una y otra vez), es como despertaremos del sueño de la dualidad y de todo su sufrimiento y dolor.

Cuando el Hijo se dividió en millones y billones de fragmentos, cada uno de los fragmentos del Hijo siguió siendo un reflejo del Hijo original, en el sentido de que cada fragmento dispone en sí del Espíritu Santo o recuerdo de la Verdad. Es como algo holográfico. Cada fragmento del Hijo sigue reflejando tanto la culpa (el sistema de pensamiento del ego y sus aparentes consecuencias) como el recuerdo de la verdad (el sistema de pensamiento del Espíritu Santo; por ejemplo, el recuerdo de que la culpa es ilusoria porque la separación no ocurrió). Y cada fragmento del Hijo posee también la capacidad de elegir entre ambos sistemas de pensamiento. A esta capacidad algunos le han dado el nombre práctico de "tomador de decisiones". Y a pesar de que el elegir es algo ilusorio a nivel de la Verdad Absoluta, mientras nos experimentemos como cuerpos estaremos obligados a elegir cientos de cosas cotidianamente. La mayoría de las decisiones que solemos tomar forman parte de la estrategia del ego para mantenernos anclados al conflicto y a la individualidad. Pero nuestro tomador de decisiones (nosotros mismos) tiene a su disposición la única elección realmente pertinente a nivel de esta cuarta división de la mente (o a nivel de cualquiera de las otras divisiones, todas ellas en el plano de la ilusoria dualidad): la elección entre el sistema de pensamiento del ego o el sistema de pensamiento del Espíritu Santo. En diversos posts de mis blogs explico cómo va esto en la práctica, pero de momento digamos simplemente que podemos expresar esta elección como la elección entre las dos únicas posibilidades relevantes, que en palabras podemos expresar de diversos modos: elegir tomarnos las cosas (los conflictos, los problemas) en serio, o por el contrario, reírnos de ellos (no en el sentido literal de reír físicamente, sino la relajación de saber que no es algo real).

Otra forma de expresarlo es que elegimos entre el ego y el Maestro interior. O entre dormir y despertar. Entre separarnos de los demás o unirnos a todos.

Esto, en la práctica, es expresado en el mundo de miles de formas diferentes. Pero todas estas formas pueden siempre reducirse a dos: o le estamos siguiendo el juego al ego, o nos alineamos con el Maestro interior o Espíritu Santo (lo cual es el proceso del perdón no-dual).

Hemos presentado estas 4 divisiones de la mente como una secuencia lineal, aunque en cierto modo estas 4 fases están sucediendo a la vez. El tiempo lineal es una ilusión. En realidad todo el tiempo sucede a la vez. Más exacto sería decir que todo sucedió de golpe, todas las épocas por ejemplo ya han terminado y estamos como reviviendo el pasado. Y todavía más exacto sería reconocer que el tiempo no existe en absoluto, nada sucede, nada sucedió ni sucederá jamás a nivel de separación o de formas. La separación nunca tuvo lugar. Esto es la Verdad Absoluta, la cual el proceso del perdón que vuelve la mente hacia dentro nos ayudará a "recuperar" (en realidad la Verdad nunca se ha perdido). En la Verdad no se elige: se ES. Pero puesto que nuestra experiencia cotidiana es de conflicto, percibiéndonos como cuerpos que necesitan comida, bebida (lo "otro", lo "externo"), cuerpos que se deterioran y mueren, cuerpos sujetos a cientos o miles de decisiones diarias (en nuestra aparente existencia individual), en la práctica lo más beneficioso es adoptar la actitud que nos va a despertar del sueño de la dualidad: elegir volver la mente hacia dentro. Elegir el perdón. El discernimiento. Deshacer la creencia en la separación, dejando de creer en ella, guiados por el Maestro interior y Sus reflejos en nuestro aparente mundo.

Este mito de las 4 divisiones de la mente nos sirve de transfondo para el tema de la práctica espiritual para despertar del sueño de la dualidad. De lo que se trata es de volver al punto en que cometimos el error (metáfora) de creer en la versión del ego con respecto a "lo sucedido" (la aparente separación), a nivel de la mente metafísica, y esta vez elegir bien, elegir la interpretación del Espíritu Santo y simplemente despertar del sueño de la dualidad. Pero puesto que nuestra experiencia práctica ahora es percibirnos como cuerpos (la cuarta división de la mente), este proceso del perdón o de reversión de la mente, este proceso de retirar nuestras proyecciones, comienza de abajo arriba, desde el nivel del mundo o cuarta división.

En realidad no estamos aquí en el mundo. Pero nos percibimos como estando aquí, atados a cuerpos y asociados o enfrentados con otros cuerpos. Así que hemos de tomar esto como nuestro punto de partida. El proceso del perdón es muy práctico; no se nos pide nada que no podamos dar. Somos capaces de dar los pequeños pasos del perdón, que nos conducirán a despertar.

No estamos aquí en el mundo, pero nuestra mente se percibe a sí misma como un cuerpo, incluido en un mundo de cuerpos/formas. Pero este mundo "físico", no es físico; es mental. Sigue siendo mente. Todo es mente. Puesto que el mundo es una ilusoria imaginación de la mente, podemos despertar de esta fantasía/alucinación; dejando de creer en ella. Esto podemos hacerlo muy poquito a poco. No se requiere que sacrifiquemos nada, ni que seamos duros o fríos con el cuerpo. No hay por qué castigar al cuerpo, ni rehuirlo. Si lo rehuimos estamos simplemente concediéndole realidad. Pero no tenemos por qué temer lo que simplemente es ilusorio. Basta con que lo percibamos de la manera correcta. La percepción correcta sigue siendo ilusoria (toda percepción es ilusoria), pero deshace la percepción falsa y así nos lleva de vuelta al conocimiento del Ser puro: la Verdad Absoluta. La percepción correcta es lo que deshace a la percepción falsa. Un clavo saca otro clavo. Y entonces brota lo que nunca se había ido, pero que habíamos reprimido: el conocimiento de la Verdad de Unidad.

No tenemos por qué sufrir. Todo sufrimiento es ilusorio. Sufrimos porque hemos elegido la separación a nivel de nuestra mente inconsciente. Esta separación de Dios, de la plenitud, es por fuerza dolorosa y produce sufrimiento, pues creemos haber perdido la Totalidad, la Plenitud. Así que a nivel del mundo sentimos sensaciones que reflejan eso: conflicto, dolor, limitación, carencia, hambre, sed, miedo, culpa, ira, odio, depresión, desesperación, obsesión, ansiedad, falta de paz, etc. Todo esto tiene una solución que es simple, aunque al principio no parece fácil: la práctica del proceso del perdón.

En el proceso del perdón-no-dual procedemos de abajo arriba: desde los problemas y conflictos en nuestro mundo aparentemente físico hasta la mente metafísica que hemos olvidado y de la que nos hemos vuelto inconscientes. A nivel de la mente metafísica sabemos que hay una sola mente separada, que todos somos uno: todos inocentes o todos culpables, pero todos uno: todos soy yo. Si critico o condeno a alguien, me estoy condenando a mí mismo. Si odio a alguien, me estoy odiando a mí mismo (por haber elegido la separación de Dios, a nivel de la mente metafísica inconsciente). Nuestro único problema es nuestra creencia en habernos separado de Dios/Plenitud. Es un problema universal, el mismo para todos nosotros. Incluso los ateos tienen esta creencia. No importa que a nivel externo/humano alguien no crea en Dios o en la Mente Pura. La mente inconsciente de todos (la mente separada global) sí es consciente de haber elegido "mal", y se siente culpable, aunque al mismo tiempo confundida, sin llegar a determinar del todo la naturaleza de su error. Puesto que esa mente somos nosotros mismos, podemos "ayudarla" practicando el proceso del perdón.

Al practicar el perdón, en realidad nuestra práctica no la estamos llevando a cabo aquí en el mundo, sino al nivel profundo de la mente. Pero al principio a nosotros nos parece que es aquí en el mundo donde perdonamos, y está bien así (son etapas del proceso del perdón). Procedemos de abajo arriba, perdonando los símbolos que percibimos, aunque en realidad nuestro perdón a nivel del mundo es simplemente un reflejo del perdón que a nivel metafísico nuestra mente está comenzando a aceptar (esto para nosotros suele ser en gran medida inconsciente). Pero nuestro papel es simplemente perdonar (me refiero al perdón-no-dual; abajo de este post doy más detalles de dónde encontrar información para aprender a perdonar) los símbolos conflictivos que percibimos en nuestra vida, y al nosotros entregarle al Espíritu Santo o Maestro interior los símbolos que hemos perdonado, el Maestro interior se ocupa del resto, corrigiendo el error de la separación, en lo profundo de nuestra mente inconsciente, y facilitando los ajustes idóneos en nuestra vida percibida a nivel de la cuarta división de la mente (a veces nuestras circunstancias parecerán cambiar; otras veces parecerá que el símbolo externo de conflicto se mantiene, pero podremos estar en paz interior independientemente de las aparentes circunstancias externas). Nosotros, a nivel humano, podemos relajarnos. Nuestro papel es simplemente perdonar. No tenemos que controlar nada. No somos el hacedor. El humano ni siquiera existe... el único uso verdaderamente útil que le podemos dar a nuestra aparente faceta humana es usarla para despertar del sueño. Usarla para unir en vez de separar. Para amar en vez de odiar. Para perdonar en vez de condenar.

Para más comentarios, temas y metáforas sobre el proceso del despertar pueden verse numerosos posts incluidos en mis blogs, entre ellos la selección de temas incluida en el índice titulado TEMAS Y RESPUESTAS: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/p/blog-page.html

La información más completa sobre el proceso del perdón se encuentra en la enseñanza llamada Un Curso de Milagros, y hay aclaraciones utilísimas sobre este proceso en el libro "La desaparición del universo", de Gary Renard, y en muchos de los libros de Kenneth Wapnick. Los interesados en abordar a fondo este camino pueden recurrir a tales obras.