sábado, 18 de febrero de 2017

¿Qué es la no-dualidad?

El término no-dualidad suele usarse principalmente de las dos maneras siguientes:

1) Para referirse a la auténtica realidad de nuestro verdadero ser.

2) Para referirse a los caminos filosófico-espirituales cuyo objetivo es que descubramos la naturaleza o realidad de nuestro auténtico ser.

Comentemos un poco ambos usos del término:

1) La Verdad ES. No puede ser discutida, ni cambiada, ni hay alternativa a Ella. Es lo que ya somos (como Uno). No puede ser descrita, pero la práctica espiritual nos conducirá a la última de las ilusiones, el despertar, y entonces la Verdad es reconocida y experimentada. Y se sabe que nunca hubo otra cosa. Ni siquiera hubo un sueño de dualidad. Pero para llegar a ser conscientes de esto, es necesaria la práctica espiritual, que deshace nuestra resistencia a despertar. Cuando la práctica se complete, habremos dejado de negar la Verdad, que es el motivo por el que nos parece experimentar carencia/limitación (dualidad). Y entonces, una vez aceptada la última de las ilusiones (el despertar), la Verdad se revelará a Sí Misma (puesto que el tiempo es parte de lo ilusorio, esta revelación ya ha ocurrido, pues la Verdad siempre ES; pero la mente limitada, siendo ilusoria, es incapaz de comprender esto y por lo tanto a dicha mente se le explican las cosas en términos de haberse quedado dormida y que debe despertar del sueño de la dualidad).

La Realidad o Verdad pura no puede ser descrita con palabras. Solo puede ser experimentada directamente. Las palabras pueden servirnos aquí simplemente como indicaciones aproximadas para nuestra intuición, o en otros casos como ayudas para aclarar en qué consiste la práctica que conduce al despertar. La verdad no-dual o verdad absoluta (o, simplemente, la Verdad), aunque inaccesible a las palabras (pues las palabras no pueden limitar lo que es ilimitado), puede ser señalada por ellas, por ejemplo con palabras como las siguientes:

Dios es; y nada más es. 

Sería suficiente con dar como pista la primera parte ("Dios es"), pues el resto es una consecuencia que se puede deducir de ahí. Pero añadimos la breve coletilla ("y nada más es") por motivos prácticos para facilitar que evitemos algunas malinterpretaciones.

Aquí estamos utilizando la palabra Dios como sinónimo de la Verdad. Muchas otras palabras se han empleado para referirse a lo mismo, por ejemplo Ser, Conciencia, Beatitud, Eso, Paz, Cielo, Unidad, Absoluto, etc. Así pues, cuando decimos Dios, nos referimos a la verdad no-dual, que es lo único que existe, a pesar de que a nosotros, en nuestro aparentemente somnoliento estado de dualidad, nos parezca que podemos experimentar una alternativa a la Verdad: nuestras vidas conflictivas y limitadas en un aparente mundo del tiempo y de las formas. Tal alternativa en realidad no existe, como nos mostrará el despertar que proviene de la práctica espiritual (hablaremos brevemente de las prácticas espirituales en el punto 2; específicamente de las prácticas o enfoques no-duales).

Otro modo (entre muchos) de señalar con palabras la verdad no-dual podría ser una indicación como la siguiente:

La Verdad es una, eterna, inmutable, indivisible, perfecta, infinita, ilimitada, sin forma, plena. 

Recordemos que las palabras que usemos nunca van a ser suficientes, pues la Realidad no puede ser captada por nuestra mente dualista que trata de entender mediante conceptos, pero que aun así los conceptos y palabras pueden aportar algunas pistas para nuestra intuición. Añadamos entonces algunos comentarios sobre los adjetivos que hemos usado para referirnos a la Verdad:

- Una: La Verdad es una porque es entera, completa, infinita y no hay nada más ("Dios es; nada más es").

- Eterna: La eternidad no significa tiempo infinito, pues el tiempo es ilusorio. La Verdad es intemporal, y este tipo de eternidad no es algo que pueda ser conceptualizado. Solo puede ser experimentado.

- Inmutable: La Verdad siempre es como es. Es permanente y nunca cambia. Es tan constante que la mente dual no puede ni siquiera imaginar tal constancia tan firme, serena y gozosa.

- Indivisible: La Verdad no puede ser dividida, por lo que todo conflicto es en realidad imposible.

- Perfecta: Al decir "perfecta" nos referimos a que la Verdad no evoluciona, no necesita perfeccionarse porque no es imperfecta. Eternamente es lo que es.

- Infinita: No tiene fin. Puesto que no hay nada más, lo llena todo.

- Ilimitada: Además de infinita, decimos que es ilimitada para evitar confundirla con estructuras como por ejemplo el círculo o la esfera, que tienen un recorrido "infinito" pero son limitadas en sí mismas.

- Sin forma: La Verdad no tiene forma ni tiene nada que ver con nuestro ilusorio mundo del tiempo y de las formas. Las formas son concretas, son límites. La Realidad, al ser ilimitada, no tiene forma. Podemos decir que es abstracta. No tiene nada que ver con el inexistente espacio/tiempo.

- Plena: La Realidad es pura plenitud, tanto porque es completa (Unidad indivisible) como porque es el éxtasis (constante) más delicioso, gozo indescriptible, paz sin límite. Si la mejor de las ilusiones pudiera compararse con la Verdad, se vería como nada. Pues las ilusiones no son nada, mientras que la Verdad lo es Todo. La palabra plena nos indica también que la Verdad no es un vacío muerto. La Verdad está vacía de ilusiones, pero llena de Sí Misma. Es plenitud infinita.

Estos adjetivos no logran definir realmente la Verdad, pues es inaccesible a la mente limitada, sino que más bien funcionan apuntando hacia lo contrario de lo que conocemos como individuos, pues todo lo que los individuos conocen es falso. Por eso se dice que la verdad es "una", al contrario que nuestro mundo perceptual de sujeto/objeto, compuesto por una pluralidad de componentes. Se dice que la verdad es "eterna" porque todo lo que conocemos es temporal (incluso las estrellas y el universo tienen "fecha de caducidad") y todo lo temporal es opuesto a la verdad (la verdad no tiene opuestos, siendo los opuestos inexistentes ilusiones). Se dice que la verdad es "inmutable" e "indivisible", que es básicamente lo contrario de todo lo que conocemos, que son cosas cambiantes y divisibles. La palabra "perfección" ni siquiera sabemos lo que es, puesto que todo lo que conocemos es imperfecto, incluso cuando llamamos a algo "perfecto". La verdad es "infinita", "ilimitada" (dos negaciones de todas nuestras percepciones, que son finitas y limitadas), es "sin forma" (todo lo que conocemos tiene forma o límites espaciales o temporales), y es "plena" (todas nuestras percepciones están basadas en sujeto/objeto lo que da lugar a la carencia, desconociendo lo que es verdadera plenitud). Por lo tanto, los adjetivos que atribuimos a la verdad simplemente nos sirven para decirnos que nada de lo que conocemos perceptualmente es verdad. ¿Pero qué es la verdad realmente? ¿Qué es la verdadera plenitud, la verdadera unidad, lo verdaderamente infinito, etc? Esto es lo que no puede describirse con palabras, pero puede ser experimentado mediante la práctica espiritual no-dual, la cual nos despierta del sueño de la dualidad y permite el reconocimiento de lo que realmente siempre ES.

Otros adjetivos han sido también utilizados para apuntar hacia la verdad absoluta, por ejemplo los siguientes: Amor, Vida, Paz, Cielo, Conciencia, etc. No es necesario escribirlos en mayúscula, aunque en ocasiones se prefiere así, en parte para señalar más claramente que tales palabras no deben confundirse con los usos que hacemos de ellas a nivel dual. Es decir, con Amor no nos referimos al amor dual basado en sujeto y objeto. Lo mismo con Vida, que no equivale a la temporal vida dual que se opone a la muerte. Tampoco la paz dual que depende de circunstancias externas debería confundirse con la Paz no-dual, que es permanente e incondicional. Con Cielo no nos referimos a un Cielo externo, sino a nuestro estado natural de plenitud.Y la Conciencia tampoco se trata de la conciencia dual de un sujeto percibiendo objetos. La auténtica Conciencia-Vida-Amor-Paz está más allá de las palabras y más allá del individuo, pero puede ser experimentada por Sí Misma directamente.

La verdad es tu verdadero Ser, es UNO (no hay multiplicidad de seres o de individuos), es lo único que existe. La dualidad y sus ilusiones no existen, pues solo existe la Verdad, lo Absoluto. Pero puesto que insistimos tercamente en ser individuos experimentando dualmente un mundo de ilusiones, surgen los llamados caminos espirituales no duales, que nos ayudan a despertar del sueño de la dualidad, lo cual ya es una metáfora (todo lo relativo a los caminos no-duales se trata de metáforas, puesto que el Ser nunca se ha dormido y por lo tanto es una metáfora la idea de tener que despertar):

2) El Ser es UNO, inmutable, y nunca se ha dormido. Pero esto no es útil para "nosotros" que creemos estar experimentando un mundo de ilusiones, así que disponemos de las metáforas o juegos de los caminos no-duales para despertar del sueño de la dualidad. Este proceso es necesario porque lo hemos hecho necesario, pero una vez finalizado, una vez despiertos, se aclara todo y se sabe que nunca hubo sueño, nunca hubo dualidad ni necesidad de despertar. Y una vez despierto todo es plenitud y paz. Pero mientras uno se siente dormido (mientras haya la más mínima señal de individualidad/sufrimiento), se sea consciente de esto o no, se estará jugando a este juego o metáfora del despertar.

En realidad todos los caminos, a la larga, conducen al despertar. Pero los métodos más "acelerados" (aunque el tiempo es en realidad ilusorio) son los llamados caminos o filosofías o prácticas no-duales. Puede haber enfoques así en todas las tradiciones, tanto en el budismo como en el hinduismo, tanto en el judaísmo, el cristianismo y el islam, o en otras tradiciones. En mi caso, estoy más familiarizado con dos enfoques no-duales en concreto: el Advaita del hinduismo (ad-vaita significa literalmente "no-dos" o "no-dualidad") y Un Curso de Milagros (en un contexto de lenguaje marcadamente cristiano). También he tocado algo de budismo, pero muy poco, y por eso la mayoría de los ejemplos que aparecen en los posts de mis blogs suelen pertenecer a la tradición de Un Curso de Milagros (mi enfoque principal) y a la del Advaita (el segundo enfoque con el que estoy más familiarizado).

Este tipo de enfoques, sean de la tradición que sean, nos recuerdan que el mundo es una ilusión, que la dualidad es un sueño de limitación/sufrimiento del que la conciencia puede despertar. De hecho, el despertar está garantizado. Pero desde nuestra perspectiva puede parecer demorarse, y los enfoques no-duales son una ayuda para deshacer los bloqueos y dejar de retrasar el despertar al reconocimiento de lo que ya es y será desde siempre y para siempre. El sufrimiento es una ilusión de la que vamos a despertar. La realidad es plenitud. En la realidad no hay nacimiento ni muerte, ni tiempo ni deterioro, ni formas ni enfermedades, ni evolución ni carencia, sino solamente una plenitud indescriptible con palabras. Aunque sea Algo indescriptible, es una plenitud maravillosa que los enfoques no-duales nos ayudan a experimentar. No se puede describir en palabras, pero se puede "experimentar" (es decir, se puede SER ESO) de manera directa. Y ese es el objetivo de los caminos no-duales.

La verdadera libertad es ser lo que realmente se es. Esta libertad está siempre presente, siendo eterna e inmutable. No puede ser realmente reprimida, pero es como si estuviésemos jugando a que sí es posible reprimirla/ocultarla. Así que la verdadera libertad no puede ser realmente reprimida. El Ser ya ES. Y Eso es lo único que hay, y la única Libertad. Al soltar las imaginaciones, se revela que nada existe sino ESTO. Infinita plenitud. Sosiego profundísimo, inagotable. ¡Bendita Libertad!

Tienes derecho a ser feliz. De hecho, tu verdadera naturaleza es pura felicidad. Es lo que realmente eres. No puedes renunciar a ello. Pero te sientes carente, incompleto, porque te has confundido con respecto a lo que eres. No eres lo que crees ser. No eres un ser limitado. No eres una persona humana. No eres una individualidad, ni nada que tenga límites o fronteras, o se encuentre inserto en el limitadísimo e ilusorio universo del tiempo y del espacio. No eres nada de eso. Pero tu experiencia te dice lo contrario. Vives bajo la hipnosis de la experiencia aparente de la carencia, de la dualidad. Y en lo más profundo de ti, lo que realmente deseas es regresar a casa. Es decir, volver a experimentar la plenitud de tu estado natural, lo que realmente eres. Sin embargo, no puedes experimentar lo que eres mientras insistas en aferrarte a lo que no eres. Porque lo que no eres, es una negación de tu verdadero Ser.

Lo falso no existe, pero a ti te parece que está ahí y es tu experiencia. Lo verdadero existe siempre y es lo único que está presente, aunque tú te niegas a verlo (es decir, a experimentarlo). Lo falso y lo verdadero no pueden verse a la vez. Lo falso no existe ni siquiera cuando nos parece así, pero mientras nos aferremos a lo falso, nos parecerá que la verdad ha desaparecido de nuestra experiencia. Sin embargo, cuando nos desapegamos de lo falso, lo verdadero se revela por sí mismo, pues de hecho ya estaba ahí desde siempre, aunque nos negábamos a verlo. Tener discernimiento para desapegarse de lo falso es la clave de la práctica espiritual. El proceso de despertar del sueño de la dualidad consiste en ver lo falso como falso y renunciar a ello. Todo esto es a nivel mental, pues es la mente la que produce el aparente obstáculo, y en la mente se desata igualmente ese nudo. Ver lo falso como falso es discernimiento. Renunciar mentalmente a lo falso es desapego. Una parte importante (la parte fundamental) de los enfoques no-duales está dedicada al tema de la práctica. Es de hecho el tema más importante, pues la práctica es lo que atrae el despertar. Como veremos, el despertar es algo ilusorio, pues el Ser ya ES. Sin embargo, mientras nos experimentemos como limitados (sin plenitud), no habrá nada más importante que la práctica de aceptar que ya somos lo que verdaderamente somos. Aunque parezca paradójico, practicamos para recordar lo que realmente somos; para experimentar lo que ya somos pero que parecemos haber perdido. En realidad no se puede perder lo que siempre es, y por eso todo despertar es ilusorio. Pero puesto que uno parece sufrir (carencia de plenitud), lo más benigno y práctico es dejar de negar la verdad, aceptando la ilusión del despertar. El despertar es como una puerta que una vez traspasada desaparece y se reconoce que en realidad esa puerta nunca existió. Pero mientras no sea traspasada, atravesarla es la única meta de valor que se puede tener.

A su debido tiempo todos despertarán, pues el Ser no se ha dividido ni puede dejar de ser lo que ES. El tiempo no existe realmente, ni los individuos, pero sobre la dualidad y el proceso de despertar se habla siempre en metáforas que indiquen alguna pista. Por eso se dice que algún día todos habrán despertado. Lo cual son palabras que tienen algún sentido desde nuestro actual estado de conciencia limitado. Tras despertar ya no habrá necesidad de metáforas y será obvio que nunca hubo ni habrá nada excepto el UNO, el SER, por lo que nunca hubo un dormir en dualidad, ni necesidad de despertar.

Es natural que queramos regresar a casa, el lugar de origen del que nunca hemos salido. Es natural que deseemos "recuperar" nuestro estado natural, el cual nunca hemos perdido porque es inmutable. Es natural que deseemos ser lo que ya somos. Que queramos reconocer experimentalmente (no intelectualmente) lo que realmente somos. Que dejemos el sufrimiento atrás para siempre y reconozcamos nuestra inmortal plenitud. Los enfoques no-duales están dedicados a ayudar a esta superación de las ilusiones y a facilitar así el reencuentro con la verdad, que es plenitud y paz interior más allá de lo que se puede describir con palabras.

En realidad el lector de estas palabras no existe. Tampoco existen estas palabras. Son metáforas a nivel de la dualidad. Pero a este nivel dual (mientras uno todavía percibe diferencias y falta de plenitud) las metáforas son útiles. Para aquellos que les resuene este tipo de enfoque (no-dualidad), esta colección de metáforas podrá resultarles útil para completar el proceso de despertar. Este tipo de mensaje puede verse como un reflejo de uno mismo, susurrándose uno a sí mismo una manera relativamente rápida de despertar. Este mensaje no está fuera de ti. No hay nada fuera de ti. Esto confirma que nada externo puede impedirte despertar. Tampoco hay nada externo que te obligue a despertar. Todo depende de ti. Despertarás cuando tengas un sincero deseo de despertar. Cuando sinceramente lo desees, encontrarás una práctica que te resuene y la practicarás. Y finalmente despertarás. No importa cuánto tiempo te lleve esto, pues el tiempo no es real (tu verdadero Ser ya está despierto; se trata de reconocer esto de manera consciente, constante y experimentalmente). Digamos que te llevará tanto tiempo como necesites para ir soltando gradualmente todos tus apegos y toda tu resistencia a despertar. Podrías hacer esto en un instante, pero en la práctica es un proceso gradual porque tu mente parece estar dividida y una parte de ti quiere despertar mientras que otra parece resistirse a ello (porque esa parte tiene miedo de perder la ilusoria individualidad). La parte que quiere despertar se saldrá con la suya, porque esta parte representa un reflejo más nítido de la verdad. Y la verdad no conoce la derrota. La verdad siempre es.

Anímate, sabiendo que no eres una víctima. Todo va bien. Ya eres lo que eres.

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viernes, 17 de febrero de 2017

El mito de las 4 divisiones de la mente

La Verdad ES. No hay alternativa. No hay dualidad. No hay sueño de apariencias. No hay engaño o ilusión, y por lo tanto en realidad no hay necesidad de despertar. Nuestro Ser ya está despierto, como siempre lo ha estado y siempre lo estará. Pero puesto que parecemos habernos colocado a nosotros mismos en la imposible situación de que nuestra experiencia parece ser la de habernos separado de la Unidad, y por lo tanto nos experimentamos divididos, carentes, limitados, en medio de los conflictos de la dualidad, entonces no tenemos nada mejor que hacer que partir de lo que parece ser nuestra experiencia actual (este es nuestro punto de partida) y desde aquí aceptar la única ilusión relativamente útil: la ilusión de despertar de la dualidad.

Nunca olvidemos que sólo la Verdad ES, y que todo lo que hablemos con respecto al despertar es siempre relativo, metafórico: no es la pura verdad, sino un mito útil para acelerar que experimentemos la última de las ilusiones, el despertar. Tras el despertar, todo estará claro. Sólo entonces podremos desprendernos de todas las ilusiones, incluso de las ilusiones beneficiosas que nos ayudan a despertar. El proceso del despertar, aun siendo también ilusorio, es la ilusión que pone fin a todas las ilusiones, incluida ella misma. Muchos sabios han dicho que un clavo saca otro clavo, una espina puede servir de herramienta para sacar otra espina. Cuando un clavo o espina (la creencia en la separación) nos produce sufrimiento, podemos usar otro clavo/espina (el proceso de despertar en cualquiera de sus variantes) para librarnos así del clavo que nos causa dolor. Sin embargo, finalmente ambos clavos serán desechados, tanto el "bueno" como el "malo", pues ambos son ilusorios. Esto quiere decir que en la Verdad pura no hay "clavos" de ningún tipo (ni sufrimiento, ni despertar del sufrimiento), pues sólo hay plenitud ininterrumpida y nunca ha habido ni habrá otra cosa. Pero mientras nos parezca estar fuera de la Verdad pura, nos será muy útil el proceso del despertar, por muy ilusorio y metafórico que sea en última instancia.

Así pues, hablemos de metáforas útiles.

El mito de la separación

El mito de la separación es la idea de que hemos salido de la Unidad y, al separarnos de Ella, nos hemos dividido en carencia/dualidad. Es un mito o metáfora porque en realidad eso no ha sucedido: seguimos siendo la Unidad. Pero es una metáfora útil, dado que creemos estar experimentando una situación de dualidad. Esta metáfora, bien usada, puede ayudarnos a dejar atrás este absurdo de la apariencia de dualidad, y a que experimentemos de nuevo y para siempre la perfecta dicha de nuestro verdadero ser, nuestro estado natural o Verdad Absoluta.

Según este mito de la separación, hemos producido la apariencia de dualidad al haber proyectado nuestra mente hacia un supuesto "afuera" de nuestro Ser. De esta proyección "externa" de la mente emergen todas las ilusiones, incluso el llamado "mundo físico". Nuestra tarea ahora es volver la mente hacia dentro, lo cual deshace por completo la ilusión, al dejar uno de creer en la separación.

Lograr volver completamente la mente hacia dentro no es tan fácil como se podría pensar, porque no es suficiente con saber o comprender intelectualmente que la separación es irreal. Una parte de nuestra mente, a nivel inconsciente para nosotros, se aferra insistentemente a la separación, temerosa de perder la ilusión de individualidad. Y la clave de la práctica espiritual es ayudarnos a deshacer esta resistencia inconsciente a despertar.

Así que aquí proponemos las palabras "volver la mente hacia dentro" como un modo de referirnos al proceso (ilusorio, pero de momento necesario) del despertar. Para entender el uso práctico que le damos aquí a esta idea, son útiles algunas metáforas complementarias, relacionadas con el mito de la separación, y en este post vamos a describir una de ellas: "El mito de las 4 divisiones de la mente".

El camino espiritual o proceso del despertar es un "viaje sin distancia" porque, como ya hemos dicho, es en última instancia un proceso ilusorio, porque solo la Verdad ES y no hay nada más; la separación nunca ha ocurrido. Algunos buscadores se confunden y utilizan palabras que expresan la verdad absoluta, pero usándolas como un modo de justificar patrones egoicos. Por ejemplo, uno puede, bajo la influencia del sistema de pensamiento del ego, creer que no necesita llevar a cabo ninguna práctica espiritual, debido a que el Ser ya ES, así que "¿para qué tratar de esforzarme para ser lo que ya soy?". Sin embargo, con esta actitud no se hace más que retrasar el despertar. Es una actitud de "reprimir las lágrimas", en la que uno se cierra a reconocer el sufrimiento/carencia que en realidad está experimentando. Mientras no haya una plenitud constante e ilimitada, más allá de todo límite y de todo lo corporal, uno estará dormido en dualidad, y aunque crea que no es así, tarde o temprano sentirá como que experimenta una "recaída". Y seguirá siendo un buscador, aunque niegue serlo. La búsqueda está en todos los durmientes, simplemente unos son conscientes de estar buscando, mientras que en otros la búsqueda es inconsciente. Pero el mero hecho de no estar experimentando plenitud es una carencia, un sufrimiento, una búsqueda, un grito de dolor pidiendo encontrar algo que llene ese hueco o vacío aparentemente producido por la creencia en la separación/dualidad.

Por lo tanto, lo más sensato es tener la humildad de reconocer que tal como nos estamos experimentando ahora no somos completamente felices, y así estaremos receptivos a los ecos del despertar, que provienen de nuestro interior aunque pueden reflejarse también en forma de símbolos "externos" como podrían ser libros, charlas, maestros, intuiciones, etc.

De un modo u otro, acabamos dándonos cuenta de que hemos proyectado la mente hacia fuera, lo cual nos ha causado sufrimiento e infelicidad, y entonces nos mostramos dispuestos a utilizar alguna práctica espiritual, es decir, alguna de las maneras de "volver la mente hacia dentro".

Para comprender mejor la práctica de nuestro regreso a Dios, conviene que primero echemos un vistazo a cómo nos hemos alejado —aparentemente— de Dios, para darle la vuelta a la situación (volver la mente hacia dentro). Y por consiguiente es útil la siguiente propuesta del mito de la separación, titulada "Divisiones de la mente", pues es un esquema útil que nos ayudará en nuestra práctica, acelerando el discernimiento, el desapego, el proceso del despertar.

El mito de las 4 divisiones de la mente 

Esta es una metáfora muy útil y vamos a detenernos un rato a describirla. Aun así no vamos a entrar en tantas explicaciones como en dos libros que han servido de inspiración para esta descripción. Estos dos libros pueden ser útiles para aquellos que quieran profundizar en este esquema de las divisiones de la mente. Son «La Desaparición del Universo», de Gary Renard, y «El Mensaje de UCDM», de Kenneth Wapnick.

Repito una vez más que es muy importante tener en cuenta que la siguiente descripción es una metáfora o mito, no algo verdadero en términos absolutos. Recordemos, incluso el proceso del despertar es ilusorio. Solo Dios ES. En términos totales (la verdad absoluta) no hay nada más. Pero como nosotros parecemos sufrir o vivir en carencia en dualidad, queremos despertar. Y el siguiente mito puede sernos enormemente valioso en la práctica de nuestro proceso de despertar. Así que vayamos con ello.

Antes de la primera división 

CIELO - ESPIRITU
(el puro Ser, sin límites de ningún tipo, total Unidad y Plenitud) (Antes de las divisiones del sueño de la dualidad)

Antes de la separación todo era perfecto. Decimos que así "era", como si fuese algo del pasado. Sin embargo, Eso sigue siendo eternamente nuestra Realidad, ahora, siempre. Es la Verdad Absoluta. Pero nos viene bien hablar de Ella con verbos en tiempo pasado porque en nuestra experiencia "presente" (nuestro falso presente) parecemos haber perdido la vivencia o conocimiento no-dual que es la Verdad. Así pues, hablemos como si la Verdad fuese algo pasado. Antes de la separación, todo era perfecto. No había ilusiones, apariencias, ni conflictos, límites ni problemas. No había espacio, ni tiempo, ni un mundo de cuerpos y formas. No había mente limitada, por lo que no había opuestos de ningún tipo (ni "integrados" ni separados). No había miedo, ni incomodidad, ni la más mínima interrupción del gozo de Ser. Lo único que había era total y constante plenitud. Esta vida tan deliciosa era y sigue siendo nuestro estado natural, el cual no se puede describir con palabras, pero cuando lo experimentemos recordaremos que Eso es lo único que siempre hemos querido realmente.

Pero de repente... pareció ocurrir algo que en realidad nunca ha ocurrido.

La primera división de la mente

1ª división de la mente
De repente, pareciera que una idea novedosa se coló en la Unidad. Fue la idea de la separación. Para ilustrar aquel "suceso", en este mito diremos que es como si de repente hubiese surgido una idea parecida a lo siguiente: "¿Qué tal sería lo opuesto de esta Unidad?". O diversas variantes para ilustrar lo mismo: "¿Qué tal sería hacer las cosas por mi cuenta? ¿Y si fuese posible tener una conciencia individual?". (No se trata de algo literal, sino que son preguntas para ilustrar o reflejar mínimamente algo que pareció suceder en una mente no-humana, transtemporal, la cual no podemos concebir con nuestros pequeños intelectos humanos).

Y dicho y hecho. Lo que la mente piensa, es lo que la mente experimenta. Entonces pareció suceder lo imposible: la separación de la Unidad. Al "suceder" esta separación (en realidad no sucedió), nuestro estado natural de Unidad quedó apartado de nuestra experiencia consciente, con lo cual el Cielo o estado de plenitud natural se convirtió en tan solo un recuerdo en nuestra mente. Nuestra experiencia ahora era la de una mente separada. Una única mente separada del Cielo/Dios; en esta mente estábamos incluidos todos, pues en este momento de este relato mitológico todavía no se había proyectado el universo de las formas y del tiempo, en el cual la mente separada se fragmentaría en millones y millones de fragmentos, como veremos cuando hablemos de la cuarta división de la mente. Ahora, en esta segunda división de la mente, nos experimentamos como una sola mente, separada, apartada del Cielo, que ha perdido su plenitud, que ya no experimenta la Unidad del Cielo, aunque todavía la recuerda.

Como el propósito de este mito de las divisiones de la mente es facilitar la comprensión del proceso de despertar del sueño de la dualidad, que es un proceso al que podemos llamar discernimiento, autoindagación, o proceso del perdón, entonces por motivos prácticos nos va a venir bien antropomorfizar el vocabulario empleado aquí, ya que esto nos resultará útil al abordar las divisiones tercera y cuarta, así como para explicar la práctica del despertar o proceso del perdón, mediante el cual volvemos la mente hacia dentro (hacia lo que se había vuelto inconsciente para nosotros). Por eso, digamos que el estado natural podemos llamarlo Dios, o incluso mejor para nuestros propósitos, podemos llamarlo Unidad del Padre y el Hijo. Son simples palabras. Dios sería la Totalidad Original o Cielo, nuestra Fuente. El Hijo sería Cristo, que en realidad, aquí (en el nivel de la Unidad o verdad absoluta) es equivalente al Padre y es lo mismo que Dios, pues Ambos no son dos sino Uno y comparten el mismo Ser. Ni siquiera usaríamos nombres diferentes, ni hablaríamos en plural, si no fuera porque nos conviene en nuestras posteriores explicaciones (para ilustrar mejor la separación y la práctica para transcenderla necesitamos también algunos nombres separados). Pero sepamos que aunque estemos usando palabras diferentes, a nivel de la Unidad hay un único Ser.

Cuando pasamos de hablar de la Unidad (antes de la supuesta separación) a hablar de la primera división de la mente, en nuestro mito podemos describirlo como que una idea absurda surgió en la mente del Hijo, y tal idea condujo a que el Hijo se experimentara como una conciencia separada, individual, apartado del Cielo o del Padre/Dios, el cual ahora es solo un recuerdo. En este momento, tras la primera división, todavía se recuerda el Cielo/Unidad, pero esta experiencia de conciencia individual no resulta nada satisfactoria porque aunque aquí aún recordamos la Unidad, ya no la experimentamos. Ya no disfrutamos del infinito gozo del Ser. ¿Y cómo afronta el Hijo esta novedosa y desconcertante situación? Esto corresponde a la segunda división de la mente.

La segunda división de la mente
2ª división de la mente

La mente separada o dividida tiende a seguir dividiéndose una y otra vez, al igual que una célula se divide en dos y luego cada una de las partes vuelve a dividirse y así sucesivamente (dicho sea de paso, la división de las células es un reflejo, a nivel de la cuarta división de la mente, del mismo proceso de separación que se ha iniciado en el nivel metafísico de la mente). Así pues, la mente separada vuelve a dividirse, sintiendo en sí como dos actitudes o maneras de afrontar la desagradable situación de separación que ahora experimenta. Estas dos actitudes pueden llamarse mentalidad correcta y mentalidad errada. Si las antropomorfizamos, la mentalidad correcta podemos llamarla Espíritu Santo o Maestro interior, o nombres similares para el recuerdo de la verdad en nuestra mente. A la mentalidad errada podemos llamarla simplemente ego, y es el sistema de pensamiento de la separación: la creencia de que la separación es algo real y muy serio.

Así pues, la mente del Hijo percibe ahora dos maneras de interpretar lo que ha "sucedido": puede reírse de este absurdo de la separación, reconociendo que lo que es imposible es imposible y no puede ser experimentado. Esta actitud nos conduciría a dejar de lado la separación y a "volver" a nuestro estado natural de Unidad. Esta actitud podemos decir que es lo que constantemente nos inspira el Maestro interior o Espíritu Santo (que es simplemente el recuerdo de la verdad, todavía activo en nuestra mente aunque sepultado por las capas y capas de ilusión que le hemos puesto encima para olvidarlo, como veremos un poco después). Si hubiésemos elegido esta actitud, asunto resuelto. Estaríamos de nuevo experimentando la Verdad y tan felices siendo Uno, experimentando lo que realmente somos, lo único que ES.

Es como si el ego nos dijera: "¡Mira lo que has hecho! ¡Esto es grave! ¡Has roto la Unidad! Estás en serios problemas...". Y a continuación el Espíritu Santo nos susurrara tranquilamente: "Riámonos de esta absurda idea de la separación, pues es imposible estar separado del infinito. Ríete de esto y despierta, y retorna así a la Unidad". Y al mismo tiempo, el ego tomara medidas para evitar que hagamos caso del consejo del Espíritu Santo, y entonces el ego nos dijera algo como: "No escuches al Espíritu Santo, Él busca tu ruina. Si vuelves a la Unidad, morirás, dejarás de ser, pues ya no serás esta individualidad que ahora experimentas". A pesar de las amenazas del ego, bastaba con reírnos de lo absurdo y dejar de creer en ello para que despertáramos del absurdo sueño de separación.

Pero no elegimos reírnos de la absurda idea de la separación, sino que decidimos tomarla en serio, lo que nos condujo a preferir al ego, es decir, a seguir apostando por la separación, lo cual nos llevó a la tercera división de la mente.

Hay que señalar que cada vez que la mente se divide, deja atrás la situación previa y pasa a enfocarse en la nueva situación. Es decir, cuando la mente del Hijo experimentó la primera sensación de individualidad (primera división de la mente), se volvió inconsciente de la experiencia de Unidad o Dios, la cual pasó a ser simplemente un recuerdo. Tras la segunda división, la unidad de la propia mente individual del Hijo es la que pasa a ser un recuerdo, pues se divide en dos actitudes mentales diferentes: la del ego y la del Espíritu Santo.

Con la tercera división, en la que el Hijo elige interpretar lo sucedido de acuerdo con el sistema de pensamiento del ego (creyendo que la separación es real y algo muy serio, algo grave), lo que esta división acarrea es que además se olvida la mentalidad correcta o Espíritu Santo. El Espíritu Santo o recordar que no ha pasado nada grave y que podemos reírnos de ello y simplemente despertar de este absurdo, se pierde de vista: el Espíritu Santo pasa a ser un simple recuerdo.

La tercera división de la mente

3ª división de la mente

Tras la tercera división, el ego por fin parece poder respirar un poco: parece haberse librado del Espíritu Santo, y con ello de la continua amenaza de escucharle decir que no ha sucedido nada serio, que de hecho no ha sucedido nada, lo cual nos despertaría de nuevo a la Verdad. Ahora que el Espíritu Santo ya no es un incordio para el ego, el ego ve más fortalecida su posición. Pero sigue temiendo el desastre: la pérdida de su recién adquirida existencia individual o ego. El peligro sigue estando ahí, piensa el ego. Pues el Hijo, en cualquier momento, podría decidir que esta situación desagradable no le compensa y entonces cambiar de actitud y dejar de creer en la idea de la separación. ¡Dejar de tomarla en serio y de creer que es real! El ego considera este peligro como la prioridad ahora: debe proteger su propia existencia. Por lo tanto, tiene que impedir que el Hijo deje de creer en la versión que el ego le ha suministrado de lo sucedido. Esto se puede ilustrar con diversas metáforas complementarias entre sí (recordemos que este relato es metafórico). Por ejemplo, uno de los aspectos de la estrategia del ego podemos decir que fue ofrecer al Hijo un regalo tentador: la individualidad, o en otras palabras, el ser especial.

El Hijo podría despertarse del sueño con solo elegirlo, así que el ego toma medidas. Le dice que si vuelve al estado de Unidad, perderá la individualidad que ahora es: "¡Dejarás de ser! ¡Morirás!". Al mismo tiempo, lo tienta con la idea del placer de disfrutar de una existencia autónoma, independiente, individual, especial. Como si el ego susurrara: "No tendrás que seguir dependiendo de la Fuente, no tendrás que bailar el baile de Dios, sino que si me eliges, podrás tener tu propio Reino y hacer lo que quieras separadamente. Serás especial, podrás tener una vida solo para ti".

La amenaza de morir si se retorna a la Unidad es un motivo de miedo para el Hijo (pues ya no dispone de comunicación directa con el recuerdo de la Verdad o Espíritu Santo, sino que eso es ahora un recuerdo vaporoso y poco claro en la mente del Hijo). Aun así, el Hijo duda de lo que le dice el ego. Y la oferta de poder disfrutar de una existencia individual sí le parece interesante de todos modos. En definitiva, el Hijo, confuso, eligió una vez más al ego. Esto profundizó la estrategia del ego en esta tercera división de la mente y poco a poco llevó a la cuarta división. Pero seguimos en la tercera división. Ahora que hemos vuelto a elegir escuchar al ego, el ego continúa con su estrategia. Quiere que le consideremos nuestro más leal amigo, nuestro protector. Aún tenemos el vago recuerdo del Espíritu Santo y Su idea de que todo esto es de risa y que podemos dejar de creer en ello y despertar tranquilamente a la Verdad, que es amorosa Unidad y Vida perfecta. Pero el ego no quiere que conservemos ni siquiera ese vago recuerdo de la verdad o del Espíritu Santo. Pero ese recuerdo nunca puede desaparecer de nuestra mente, o no del todo. Así que el ego procura distraernos con sus sugerencias, para que nos concentremos en lo que el ego quiere, en vez de recordar lo que el Espíritu Santo nos susurra.

En este momento el Hijo se siente realmente mal. Siente que ha perdido la plenitud, el Cielo. El ego le dice que el Cielo está roto para siempre: "no tiene solución". Le dice que Dios murió debido al desgarro del Hijo dividiéndose de Él. Esto hace sentirse al Hijo inmensamente culpable. Es una culpabilidad tan abismal, tan descomunal y dolorosa, que con nuestro intelecto humano no somos capaces de concebirla. Entonces el ego ofrece al Hijo una solución. Es como si el ego le dijera: "Mira, no te preocupes, aquí estoy yo para ayudarte. Pero tendrás que hacer exactamente lo que te diga. Puedo ayudarte a que te desprendas de toda esta sensación de culpa". ¿Pero cómo? A estas alturas hay una sola mente separada, y fuera de ella no hay ninguna otra mente sobre la que poder descargar la culpa. Finalmente, el Hijo decidió seguir los consejos del ego. Y eso llevó a reprimir la culpa, que seguiría estando en la mente, pues no puede ir a ninguna otra parte que la única mente que hay, pero al menos el Hijo no va a ser consciente de esta culpa por haberla negado (reprimido). Sin embargo, lo que se reprime se proyecta (en la psicología humana, a nivel de la cuarta división de la mente, también existen estos mecanismos de represión y proyección, que ahí son un reflejo de la represión y proyección originales del nivel metafísico de la mente).

El gráfico con el que ilustro esta tercera división de la mente corresponde a este momento de la proyección a nivel de la mente metafísica. Es como que la mente del Hijo vuelve a dividirse en dos: el Hijo se identifica con un trozo de la mente separada con la que se identificaba antes. Se siente liberado de culpa, pues ha echado la culpa "fuera". El precio es que ahora percibe una amenaza: ¡UN OTRO! ¿¿Qué querrá?? Me temo que no tenga buenas intenciones... Y el ego completa la jugada, comentando: "¡Cuidado, es Dios que viene a por ti, a castigarte o tal vez a matarte por haber roto el Cielo, por haberle arrancado un trozo de Su Ser!". El Hijo está confuso y olvidadizo. Ya no recuerda el supuesto de que Dios estaba olvidado, incluso muerto. Ahora Dios está vivo. Tal vez sobrevivió, tal vez resucitó de algún modo... ¡y ahora Él reclama venganza! Según el ego, el Hijo atacó a Dios al separarse de Él, y ahora Dios busca venganza: busca recuperar el trozo perdido que el Hijo le robó, y así restaurar la Unidad, al precio de la muerte del Hijo, según el ego. O al menos la muerte de su existencia individual. El Hijo teme que realmente haya una seria amenaza de muerte. Y a partir de ese momento se muestra dócil y obediente a cada una de las sugerencias que le hace el ego. Esto conduce inexorablemente hacia la cuarta división de la mente, a la cual ya nos acercamos.

Hay que notar lo absurdo de la situación: Dios, que es total Amor, es ahora considerado por el Hijo como la Gran Amenaza, a instancias del ego. Esto se debe a que la culpa que antes sentía el Hijo por haber "roto" el Cielo, la ha negado y proyectado, con lo que ahora la culpa parece estar en otra parte... ¡Ahora parece haber un otro! ¡Es Dios, y Él es el malo, quiere matarme! Yo soy inocente, no tengo culpa de nada... La culpa es de Dios... Esto forma parte del ingenioso plan del ego. Si el Hijo ve a Dios como una amenaza, Le temerá y no habrá peligro de que elija retornar a Él. Esto minimiza la posibilidad de que el Hijo despierte del sueño de la dualidad. Es lo que el ego desea: continuar con la dualidad, con la existencia limitada individual.

El Espíritu Santo o Recuerdo de la Verdad queda también a distancia, con esta estrategia del ego. Pues en cierto modo, aquí en este sentido, Dios y Espíritu Santo son intercambiables. Cualquiera de Ambos representa el mismo peligro, que el ego se encarga de recordarle repetidamente al Hijo: "Dios, o el Espíritu Santo, te dice que vuelvas, que te ama... pero en realidad quiere engañarte para recuperar la existencia que Le has robado. Si Le escuchas, morirás. ¡Dios (o el Espíritu Santo) es un Asesino que solo busca matarte y vengarse de lo que Le hiciste!". (Además de este relato, el ego combina sus amenazas con otros relatos, sin importar que se contradigan entre sí, pues la mente del Hijo a estas alturas ya está ofuscada por el miedo. Por ejemplo, el ego relata también el mito de la expulsión del Paraíso: no fue el Hijo quien se quiso separar del Cielo/Dios, sino que fue Dios Mismo quien ha expulsado al Hijo del Paraíso... y no contento con eso, incluso ahora quiere matarle... ¡hay que huir de Dios!, dice el ego).

El Hijo, que ya lleva rato siguiendo las interpretaciones del ego, está cada vez más asustado. (Recordemos que hablamos del ego de manera antropomorfizada, pero realmente el ego es simplemente nuestra creencia e insistencia en la separación, que podemos llamar "sistema de pensamiento del ego" o simplemente "ego").

El Hijo está tan asustado que ya quiere escapar, pero ¡no tiene adónde ir! Sólo hay este reino de la mente, y es precisamente aquí donde Dios está buscando al Hijo para castigarle o matarle. El ego continúa con su estrategia: "Si sigues aquí, tarde o temprano Dios te va a encontrar y las vas a pagar todas juntas. Es inevitable. Aquí no tienes donde esconderte. Y Dios no tiene buenas intenciones. Es tú o Él: quiere recuperar la vida/existencia que Le robaste. O vives tú y muere Él, o vive Él y mueres tú. ¡Pero aquí no hay escondite posible!".

¿Qué hacer, entonces? Parece no haber salida. Y Dios es tan poderoso... es inconcebible para el Hijo esperar que podrá enfrentarse a Dios y sobrevivir. Ahora el ego ofrece una escapatoria: "Mira, todavía es posible que te escapes del castigo de Dios. Pero hay un solo modo de lograrlo. Tienes que hacer todo lo que te voy a decir. Con mi ayuda, podemos escaparnos a un universo al que Dios no puede ir. Un universo de espacio y tiempo, fuera de esta mente. Te dividirás en innumerables fragmentos, e incluso si Dios llegara a sospechar dónde estás, no podrá localizarte". El Hijo acepta; y entonces surge la cuarta división de la mente.

La cuarta división de la mente

4ª división de la mente

La cuarta división de la mente equivale a lo que los científicos han llamado Big Bang (lo cual es otra metáfora): la aparición del universo del espacio y del tiempo. En este mito de las 4 divisiones de la mente, consideraremos la fabricación de este universo de las formas no como un divertimento, sino como una especie de defensa contra Dios. En este sentido, el universo es el símbolo del ataque contra Dios (del ataque a nivel de la mente metafísica, en el que según el ego el Hijo atacó a Dios al arrancarle una parte de Su Ser, para así el Hijo poder establecer su propia existencia individual separada).

Cuando el Hijo aceptó la sugerencia del ego para la cuarta división, y fragmentarse en millones y millones, billones de fragmentos diferentes para formar el universo de las formas, el mundo del espacio/tiempo, como siempre sucede con cada división, el Hijo olvidó su situación anterior. Ahora se percibe como un cuerpo físico, rodeado por otros cuerpos, y el recuerdo de la mente metafísica queda sepultado en el inconsciente. Igualmente el Hijo se vuelve inconsciente de Dios. Sin embargo, los problemas no han terminado. El Hijo (ahora percibiéndose como un cuerpo) sigue sintiéndose culpable, limitado, en conflicto, etc. Esto es así porque tal como enseña Un Curso de Milagros, las ideas no abandonan su fuente. Es decir, el universo de las formas no es realmente algo externo a la mente, sino que... ¡sigue siendo mente! Y este universo de las formas, el nivel de la cuarta división, refleja toda la dinámica anterior, todos los procesos de la mente metafísica que hemos reprimido. Así que seguimos sufriendo. Por ejemplo, si a nivel metafísico proyectábamos la culpa sobre un "OTRO" que acababa siendo —según la versión del ego, que creímos— Dios que nos perseguía, ahora nos seguimos sintiendo perseguidos. Tal vez no le echamos ahora la culpa de todo a Dios, pero siempre tenemos a alguien a quien echarla. Algún otro cuerpo. Y nos vamos a sentir perseguidos porque al proyectar la culpa sobre otros, como nuestra mente en el fondo sabe que no hay mentes separadas de otras mentes (pues la mente separada original es una sola), la culpa entonces sigue estando donde siempre: en nuestra propia mente. Es como si la culpa tratara de retornar a nosotros; acabamos sintiéndola. Y una de las maneras en que podemos interpretar esto es percibiéndonos como que somos perseguidos. Alguien nos persigue o trata de perjudicarnos. No importa quién sea: nuestro jefe, nuestros padres, el gobierno, un vecino, un delincuente, un animal peligroso, etc.

Aquí en general vamos a poner ejemplos de humanos porque es nuestra experiencia, pero todo en el universo de las formas es parte de esta dinámica fragmentada de la cuarta división de la mente, reflejando la dinámica de separación de la mente a nivel metafísico. Los ríos se dividen en afluentes, las galaxias chocan entre sí (se "atacan"), hay día y noche, y dividimos el día y la noche en horas, y las horas en minutos, los minutos en segundos...

Nuestras experiencias en el mundo (la cuarta división de la mente) reflejan nuestras creencias en los 3 niveles anteriores de las divisiones de la mente. Por ejemplo, cuando a nivel del mundo somos desagradablemente sorprendidos o nos sobresaltamos, eso es un reflejo de la primera división de la mente (el sobresalto ontológico tras creernos separados de la Plenitud-Una). Cuando nos sentimos culpables a nivel del mundo, eso es un reflejo de la segunda división de la mente (pues a ese nivel creímos la explicación del ego de que habíamos roto el Cielo o asesinado a Dios). Cuando a nivel del mundo odiamos a otros o sentimos miedo, eso refleja la tercera división de la mente (en la que tememos la venganza de Dios), la cual a su vez refleja las dos divisiones anteriores de la mente (es decir, que el miedo a nivel del mundo hace eco a la vez del miedo a que Dios me asesine, y al mismo tiempo a un nivel más profundo hace eco de la culpabilidad inicial que siente la mente por creer haber asesinado a Dios y roto el Cielo).

La fragmentación continúa produciéndose una y otra vez: nuestros cuerpos se deterioran con cada segundo que pasa, etc. Esto es un mundo de opuestos, de conflictos, de dualidad. En esta descripción mitológica de las 4 divisiones de la mente nos centramos en las 4 divisiones principales. A partir de aquí, el resto son reflejos de las anteriores. La solución a todas ellas es la misma y única solución: el proceso del despertar, basado en el discernimiento, también llamado según las distintas versiones como proceso del perdón, autoindagación, etc. Solo al dejar de proyectar la culpa inconsciente, volviendo la mente hacia dentro y reconociendo la ilusoriedad de la culpa (pues la separación nunca ocurrió realmente, lo cual la Voz del Espíritu Santo nos sigue recordando una y otra vez), es como despertaremos del sueño de la dualidad y de todo su sufrimiento y dolor.

Cuando el Hijo se dividió en millones y billones de fragmentos, cada uno de los fragmentos del Hijo siguió siendo un reflejo del Hijo original, en el sentido de que cada fragmento dispone en sí del Espíritu Santo o recuerdo de la Verdad. Es como algo holográfico. Cada fragmento del Hijo sigue reflejando tanto la culpa (el sistema de pensamiento del ego y sus aparentes consecuencias) como el recuerdo de la verdad (el sistema de pensamiento del Espíritu Santo; por ejemplo, el recuerdo de que la culpa es ilusoria porque la separación no ocurrió). Y cada fragmento del Hijo posee también la capacidad de elegir entre ambos sistemas de pensamiento. A esta capacidad algunos le han dado el nombre práctico de "tomador de decisiones". Y a pesar de que el elegir es algo ilusorio a nivel de la Verdad Absoluta, mientras nos experimentemos como cuerpos estaremos obligados a elegir cientos de cosas cotidianamente. La mayoría de las decisiones que solemos tomar forman parte de la estrategia del ego para mantenernos anclados al conflicto y a la individualidad. Pero nuestro tomador de decisiones (nosotros mismos) tiene a su disposición la única elección realmente pertinente a nivel de esta cuarta división de la mente (o a nivel de cualquiera de las otras divisiones, todas ellas en el plano de la ilusoria dualidad): la elección entre el sistema de pensamiento del ego o el sistema de pensamiento del Espíritu Santo. En diversos posts de mis blogs explico cómo va esto en la práctica, pero de momento digamos simplemente que podemos expresar esta elección como la elección entre las dos únicas posibilidades relevantes, que en palabras podemos expresar de diversos modos: elegir tomarnos las cosas (los conflictos, los problemas) en serio, o por el contrario, reírnos de ellos (no en el sentido literal de reír físicamente, sino la relajación de saber que no es algo real).

Otra forma de expresarlo es que elegimos entre el ego y el Maestro interior. O entre dormir y despertar. Entre separarnos de los demás o unirnos a todos.

Esto, en la práctica, es expresado en el mundo de miles de formas diferentes. Pero todas estas formas pueden siempre reducirse a dos: o le estamos siguiendo el juego al ego, o nos alineamos con el Maestro interior o Espíritu Santo (lo cual es el proceso del perdón no-dual).

Hemos presentado estas 4 divisiones de la mente como una secuencia lineal, aunque en cierto modo estas 4 fases están sucediendo a la vez. El tiempo lineal es una ilusión. En realidad todo el tiempo sucede a la vez. Más exacto sería decir que todo sucedió de golpe, todas las épocas por ejemplo ya han terminado y estamos como reviviendo el pasado. Y todavía más exacto sería reconocer que el tiempo no existe en absoluto, nada sucede, nada sucedió ni sucederá jamás a nivel de separación o de formas. La separación nunca tuvo lugar. Esto es la Verdad Absoluta, la cual el proceso del perdón que vuelve la mente hacia dentro nos ayudará a "recuperar" (en realidad la Verdad nunca se ha perdido). En la Verdad no se elige: se ES. Pero puesto que nuestra experiencia cotidiana es de conflicto, percibiéndonos como cuerpos que necesitan comida, bebida (lo "otro", lo "externo"), cuerpos que se deterioran y mueren, cuerpos sujetos a cientos o miles de decisiones diarias (en nuestra aparente existencia individual), en la práctica lo más beneficioso es adoptar la actitud que nos va a despertar del sueño de la dualidad: elegir volver la mente hacia dentro. Elegir el perdón. El discernimiento. Deshacer la creencia en la separación, dejando de creer en ella, guiados por el Maestro interior y Sus reflejos en nuestro aparente mundo.

Este mito de las 4 divisiones de la mente nos sirve de transfondo para el tema de la práctica espiritual para despertar del sueño de la dualidad. De lo que se trata es de volver al punto en que cometimos el error (metáfora) de creer en la versión del ego con respecto a "lo sucedido" (la aparente separación), a nivel de la mente metafísica, y esta vez elegir bien, elegir la interpretación del Espíritu Santo y simplemente despertar del sueño de la dualidad. Pero puesto que nuestra experiencia práctica ahora es percibirnos como cuerpos (la cuarta división de la mente), este proceso del perdón o de reversión de la mente, este proceso de retirar nuestras proyecciones, comienza de abajo arriba, desde el nivel del mundo o cuarta división.

En realidad no estamos aquí en el mundo. Pero nos percibimos como estando aquí, atados a cuerpos y asociados o enfrentados con otros cuerpos. Así que hemos de tomar esto como nuestro punto de partida. El proceso del perdón es muy práctico; no se nos pide nada que no podamos dar. Somos capaces de dar los pequeños pasos del perdón, que nos conducirán a despertar.

No estamos aquí en el mundo, pero nuestra mente se percibe a sí misma como un cuerpo, incluido en un mundo de cuerpos/formas. Pero este mundo "físico", no es físico; es mental. Sigue siendo mente. Todo es mente. Puesto que el mundo es una ilusoria imaginación de la mente, podemos despertar de esta fantasía/alucinación; dejando de creer en ella. Esto podemos hacerlo muy poquito a poco. No se requiere que sacrifiquemos nada, ni que seamos duros o fríos con el cuerpo. No hay por qué castigar al cuerpo, ni rehuirlo. Si lo rehuimos estamos simplemente concediéndole realidad. Pero no tenemos por qué temer lo que simplemente es ilusorio. Basta con que lo percibamos de la manera correcta. La percepción correcta sigue siendo ilusoria (toda percepción es ilusoria), pero deshace la percepción falsa y así nos lleva de vuelta al conocimiento del Ser puro: la Verdad Absoluta. La percepción correcta es lo que deshace a la percepción falsa. Un clavo saca otro clavo. Y entonces brota lo que nunca se había ido, pero que habíamos reprimido: el conocimiento de la Verdad de Unidad.

No tenemos por qué sufrir. Todo sufrimiento es ilusorio. Sufrimos porque hemos elegido la separación a nivel de nuestra mente inconsciente. Esta separación de Dios, de la plenitud, es por fuerza dolorosa y produce sufrimiento, pues creemos haber perdido la Totalidad, la Plenitud. Así que a nivel del mundo sentimos sensaciones que reflejan eso: conflicto, dolor, limitación, carencia, hambre, sed, miedo, culpa, ira, odio, depresión, desesperación, obsesión, ansiedad, falta de paz, etc. Todo esto tiene una solución que es simple, aunque al principio no parece fácil: la práctica del proceso del perdón.

En el proceso del perdón-no-dual procedemos de abajo arriba: desde los problemas y conflictos en nuestro mundo aparentemente físico hasta la mente metafísica que hemos olvidado y de la que nos hemos vuelto inconscientes. A nivel de la mente metafísica sabemos que hay una sola mente separada, que todos somos uno: todos inocentes o todos culpables, pero todos uno: todos soy yo. Si critico o condeno a alguien, me estoy condenando a mí mismo. Si odio a alguien, me estoy odiando a mí mismo (por haber elegido la separación de Dios, a nivel de la mente metafísica inconsciente). Nuestro único problema es nuestra creencia en habernos separado de Dios/Plenitud. Es un problema universal, el mismo para todos nosotros. Incluso los ateos tienen esta creencia. No importa que a nivel externo/humano alguien no crea en Dios o en la Mente Pura. La mente inconsciente de todos (la mente separada global) sí es consciente de haber elegido "mal", y se siente culpable, aunque al mismo tiempo confundida, sin llegar a determinar del todo la naturaleza de su error. Puesto que esa mente somos nosotros mismos, podemos "ayudarla" practicando el proceso del perdón.

Al practicar el perdón, en realidad nuestra práctica no la estamos llevando a cabo aquí en el mundo, sino al nivel profundo de la mente. Pero al principio a nosotros nos parece que es aquí en el mundo donde perdonamos, y está bien así (son etapas del proceso del perdón). Procedemos de abajo arriba, perdonando los símbolos que percibimos, aunque en realidad nuestro perdón a nivel del mundo es simplemente un reflejo del perdón que a nivel metafísico nuestra mente está comenzando a aceptar (esto para nosotros suele ser en gran medida inconsciente). Pero nuestro papel es simplemente perdonar (me refiero al perdón-no-dual; abajo de este post doy más detalles de dónde encontrar información para aprender a perdonar) los símbolos conflictivos que percibimos en nuestra vida, y al nosotros entregarle al Espíritu Santo o Maestro interior los símbolos que hemos perdonado, el Maestro interior se ocupa del resto, corrigiendo el error de la separación, en lo profundo de nuestra mente inconsciente, y facilitando los ajustes idóneos en nuestra vida percibida a nivel de la cuarta división de la mente (a veces nuestras circunstancias parecerán cambiar; otras veces parecerá que el símbolo externo de conflicto se mantiene, pero podremos estar en paz interior independientemente de las aparentes circunstancias externas). Nosotros, a nivel humano, podemos relajarnos. Nuestro papel es simplemente perdonar. No tenemos que controlar nada. No somos el hacedor. El humano ni siquiera existe... el único uso verdaderamente útil que le podemos dar a nuestra aparente faceta humana es usarla para despertar del sueño. Usarla para unir en vez de separar. Para amar en vez de odiar. Para perdonar en vez de condenar.

Para más comentarios, temas y metáforas sobre el proceso del despertar pueden verse numerosos posts incluidos en mis blogs, entre ellos la selección de temas incluida en el índice titulado TEMAS Y RESPUESTAS: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/p/blog-page.html

La información más completa sobre el proceso del perdón se encuentra en la enseñanza llamada Un Curso de Milagros, y hay aclaraciones utilísimas sobre este proceso en el libro "La desaparición del universo", de Gary Renard, y en muchos de los libros de Kenneth Wapnick. Los interesados en abordar a fondo este camino pueden recurrir a tales obras.

lunes, 13 de febrero de 2017

Notificación de la muerte de Rosa María Wynn

Sucedió hace unos días, pero la primera notificación oficial ha surgido hoy, en el Facebook de la Fundación para la paz interior:

Our beloved friend and Spanish translator of A Course in Miracles, Rosa Maria Wynn, died radiantly in her home on February 8th. Everyone who visited with her during her final months of illness
reported how peaceful and joyous she was. "I am not a body, I am free. I am still as God created me." is the meaningful message she demonstrated. 


Besides her devoted family members, she leaves behind a huge legacy through her teaching, her videos, books and especially her work bringing the Course to hundreds of thousands of Spanish speaking students worldwide. 

With Love, 

Judy, Whit, Bob S., Bob R., Tam, Lois, Ana and Deborah 
Foundation for Inner Peace

Lo he copiado de aquí: https://www.facebook.com/PublisherOfACIM/photos/pb.162642390428099.-2207520000.1487001249./1779388942086761/?type=3&theater

Traducción:

Nuestra amada amiga y traductora de Un Curso de Milagros al español, Rosa María Wynn, murió radiante en su hogar el 8 de febrero. Todos los que la visitaron durante los meses finales de su enfermedad relataron lo tranquila y contenta que estaba. "No soy un cuerpo, soy libre. Sigo siendo tal como Dios me creó" es el significativo mensaje que ella demostró. 

Además de los fieles miembros de su familia, ella deja tras de sí un gran legado a través de su enseñanza, sus vídeos, libros, y especialmente su trabajo de llevar el Curso a los cientos de miles de estudiantes en español por todo el mundo. 

Con amor, 

Judy, Whit, Bob S., Bob R., Tam, Lois, Ana and Deborah 
Fundación para la paz interior

La primera noticia que tuve fue este post del blog de Irene Balsalobre, escrito el mismo día de la muerte de Rosa María:

Rosa María Wynn vuelve a casa: http://www.irenebalsalobre.com/2017/02/08/rosa-maria-wynn-vuelve-a-casa/

Ese post sí está escrito en español.

Finalmente, quien esté interesado en conocer un poco la trayectoria de Rosa María Wynn, en su página web oficial existe una biografía, aunque no ha sido actualizada, por lo que no incluye lo más reciente:

Biografía de Rosa María Wynnhttp://www.rosamariawynn.com/biografia.html

En este mundo ilusorio parece haber dualidad: principios y finales, nacimientos y muertes, vidas repletas de cambios. Pero la verdadera Vida es en el estado puro de Ser, lo que el Curso llama Cielo. Por eso el Curso dice:

Fuera del Cielo no hay vida. (T.23.II.19.1)

Es en el Cielo donde verdaderamente estamos todos como UNO. Nuestras vidas aquí, ilusorias, pueden reflejar los dos sistemas de pensamiento posibles en la ilusión, el del ego que refuerza el sueño, y el del Espíritu Santo que deshace el sueño y conduce a despertar. La vida de Rosa María en este cuento llamado "mundo" ha estado repleta de reflejos del sistema de pensamiento del Espíritu Santo, por lo que lo que ella ha compartido con todos nosotros es una radiante luz que nos invita a todos a despertar.

La muerte no existe. (M.28.4.2)

La muerte no existe porque el Padre y el Hijo son uno. (L.167.1.7)

La muerte no existe porque Dios no tiene opuesto. (L.167.1.6)

Solo existe la Vida Eterna, una Luz incondicionalmente amorosa que nos envuelve a todos como Uno, y lo que realmente somos es esta Luz inmutable.

Quien sabe esto y confía en que es así, puede vivir en el mundo de la dualidad sin temores, como lo ha hecho Rosa María Wynn. Y vivir sin temores (o deshaciendo progresivamente los pequeños e ilusorios temores que todavía queden) es lo que nos conduce al aceleramiento del despertar. Finalmente, lo que confiábamos que era verdad pasa a ser la experiencia directa de la verdad. Maravilla y plenitud sin fin.

Un sonriente abrazo, Rosa María. Sigues estando con nosotros siendo nuestro propio Ser, uno con todos nosotros en la ilimitada plenitud de Dios.

domingo, 12 de febrero de 2017

El mito de la caverna, de Platón

El mito de la caverna, ideado por Platón, es una inspiradora alegoría sobre la facilidad con que nos dejamos engañar por las ilusiones, la dificultad del sabio que a contracorriente se atreve a alejarse de la ilusión, el desprecio de los ilusos cuando el sabio, que ha visto más allá de la oscuridad, regresa a ellos con las buenas nuevas del despertar, etc.

Me he acordado de este tema a raíz de un comentario que un colega me ha hecho por email. Dice:

Acabo de ver la Alegoría de la caverna de platon y es IMPRESIONANTE, lo vi en el libro de gary la desaparición del universo, te dice basicamente que aparentemente estamos en una matrix

El mito de la caverna es mencionado muy elogiosamente por Gary Renard (creo que al menos en su primer libro, "La desaparición del universo"), y en el Curso hay varias alusiones o guiños a este mito. Precisamente respondí a este mail copiando algunas citas del Curso donde se homenajea al mito de la caverna. Las voy a copiar aquí, pero antes de eso, quien no esté familiarizado con este mito de Platón, he encontrado un par de links interesantes:

Wikipedia: Alegoría de la caverna: https://es.wikipedia.org/wiki/Alegor%C3%ADa_de_la_caverna

El mito de la caverna: https://psicologiaymente.net/psicologia/mito-caverna-platon

En esos links resumen brevemente el mito de la caverna. Pero os recomiendo echar un vistazo a las ilustraciones de ambos links, sobre todo a la espléndida ilustración del segundo link (el de la web de psicología), pues a quien le cueste imaginarse la situación, puede ver un ejemplo al ver ese dibujo y luego leer la descripción del mito.

El mito original está en los escritos de Platón (concretamente al principio del libro VII de la República, según dice la Wikipedia).

Y ahora copio mi email de respuesta a este tema, que básicamente son las citas que tenía apuntadas en el Curso (unas las saqué de algún libro de Gary Renard, y el resto de comentarios de Kenneth Wapnick en algunos de sus libros). Copio el email (el resto de este post hasta el final es simplemente el email copiado):

Por cierto, en el Curso hay varios guiños al mito de la caverna. Te copio algunos de ellos:

Los que llevan años aprisionados con pesadas cadenas, hambrientos y demacrados, débiles y exhaustos, con los ojos aclimatados a la obscuridad desde hace tanto tiempo que ni siquiera recuerdan la luz, no se ponen a saltar de alegría en el instante en que se les pone en libertad. Tardan algún tiempo en comprender lo que es la libertad. (T.20.III.9.1-2)

Viven en secreto, detestando la luz del sol, felices, no obstante, en la penumbra del cuerpo, donde pueden ocultarse y mantener sus secretos ocultos junto con ellos mismos. Y no tienen relaciones, pues allí no se le da la bienvenida a nadie. No le sonríen a nadie, ni ven a los que les sonríen a ellos. (T.20.VI.3.6-8)

Los ojos se acostumbran a la obscuridad, y la luz de un día soleado les resulta dolorosa a los ojos aclimatados desde hace mucho a la tenue penumbra que se percibe durante el crepúsculo. Dichos ojos esquivan la luz del sol y la claridad que ésta le brinda a todo lo que contemplan. La penumbra parece mejor: más fácil de ver y de reconocer. De alguna manera lo vago y lo sombrío parece ser más fácil de contemplar y menos doloroso para los ojos que lo que es completamente claro e inequívoco. Éste, no obstante, no es el propósito de los ojos, y ¿quién puede decir que prefiere la obscuridad y al mismo tiempo afirmar que desea ver? (T.25.VI.2)

Ahora añado algunas otras citas, menos explícitas pero que también aluden en parte a este mito de la caverna:

Empecemos con una expresando el miedo que tienen a salir de la caverna los que están apegados a ella:

Los idólatras siempre tendrán miedo del amor, pues nada los amenaza tanto como su proximidad. Deja que el amor se les acerque y pase por alto el cuerpo, como sin duda hará, y corren despavoridos, sintiendo cómo empiezan a estremecerse y a tambalearse los cimientos aparentemente sólidos de su templo. Hermano, tú tiemblas con ellos. Sin embargo, de lo que tienes miedo es del heraldo de la libertad. Ese lugar de sombras no es tu hogar. (T.20.VI.7.1-5)

Y un par de breves alusiones más:

No pongas tu atención en el pequeño muro de sombras. (T.19.IV.A.6.4)

¿Qué es una sombra para los que viven? Basta con que la pasen de largo para que desaparezca. (T.19.IV.C.2.2-3)

Saludos

sábado, 11 de febrero de 2017

Ego, despertar, iluminación, percepción

La pregunta y la respuesta las copio de una conversación por email:

Pregunta:

Toni 

perdona, por no escribir mas... tenía mucho trabajo que hacer y no tenía ni internet 

De nuevo te agradezco todo el tiempo que inviertes, ya estoy haciendo los ejercicios de un curso de milagros mientras leo el libro de gary, y estoy bastante ilusionado :) 

Recibo varias respuestas de personas no-dualistas(pero no puros y que no siguen el curso de milagros), que me dicen que el EGO no hay que eliminarlo, que si lo elimino pierdo toda personalidad y desaparezco de esta ilusión etc etc... ¿eso es cierto? creo que no por que si es cierto ya sería dualismo... 

A ver si me aclaro: 

Desvanecemos totalmente el EGO,se elimina totalmente..gracias al espiritu santo ¿todo bien no?, y el espiritu santo automaticamente da un salto cuantico y ya nuestros pensamientos vienen del conocimiento y no percepciones como las del ego y el espiritu santo?
lo que no me queda claro es si lo que dije arriba es cierto entonces ¿vemos los objetos con conocimiento? o como es eso? por uqe me lo dijistes muy claro: En la mentalidad-UNO o conocimiento... NO HAY PERCEPCIÓN
y el curso de milagros te lleva hasta la mente-uno y va a llegar un momento que estemos en la mente-uno y no tengamos percepción no? 


Si es así como dije arriba ¿no se supone que la mente uno, no tiene pensamientos? 

Toni, perdona si soy pesado amigo, todo esto es nuevo para mi, siempre se me explico de otra manera mas fácil de entender, son conceptos nuevos, de hecho, nunca supe la terminología que usaban los cristiano, no estoy habituado a todo esto. 

Saludos y mis bendiciones

Respuesta: Para responder bien a eso que comentas, primero tenemos que tener claro que la palabra "despertar" puede aludir a dos cosas relacionadas:

1) El despertar inicial, que es lo mismo que la iluminación.

2) El despertar total, que implica lo que podríamos llamar "la desaparición del universo".

Generalmente, cuando hablamos de despertar nos referimos al punto 1 (la iluminación). El iluminado es capaz de percibir, así que el mundo no desaparece en ese momento.

El punto 2 es la Verdad Absoluta, es decir, que en última instancia, cuando hayamos despertado "todos", la ilusión ya no tendrá razón de ser y desaparecerá... No es que realmente desaparezca, pues nunca existió, pero digamos que dejará de parecer que está ahí para percibirla. En la Realidad Pura no hay ilusión, ni mundo, ni percepción. Sólo hay Dios, puro Ser. Es una delicia indescriptible en palabras, muy superior a lo que la mente humana podría llegar a imaginar.

El estado iluminado es el despertar del punto 1; la mente iluminada puede disfrutar de un "anticipo" del punto 2 cuando se sumerge en el puro conocimiento (revelación, relacionable con el "nirvikalpa samadhi" mencionado en oriente), pero usualmente sale de ese estado y "vive" en la mentalidad recta, en la percepción correcta o "sahaja samadhi" en la terminología oriental. Por lo tanto, el iluminado sí percibe.

En cuanto a disolver la apariencia del ego, es importante saber que lo que Un Curso de Milagros llama ego no coincide con lo que la psicología (o algunas tradiciones espirituales) llaman ego. El ego que pierde el iluminado es básicamente perder el miedo, el dolor, el sufrimiento, la falta de plenitud. Uno fluye en paz, ya que percibe pero no le afecta nada lo que percibe, pues se reconoce como ilusiones y uno sabe que no es el individuo, sino el inmutable Ser en paz. Sigue habiendo "yo"/personalidad, pero no hay identificación con ella, no molesta porque se la usa como un simple instrumento de comunicación. Esta personalidad funcional del iluminado no es un ego, en términos del Curso; en todo caso, sería un "ego muerto" (en palabras de Ramana Maharshi, que lo comparaba a una cuerda quemada: sigue pareciendo una cuerda, mantiene la forma de cuerda ante la mirada ajena, pero si la tocas, se deshacen las cenizas, porque en realidad no era ya una cuerda, sino cenizas manteniendo la forma de la cuerda... igualmente en el iluminado ya no hay ego, aunque se mantenga la forma de una personalidad funcional para comunicar en el mundo, eso sí, una personalidad funcional libre de sufrimientos).

Este estado de estar iluminado puede durar poco o mucho (incluso años). Finalmente, tarde o temprano, y de manera natural y feliz, uno deja el cuerpo a un lado definitivamente y se funde con el Cielo, el estado puro de Ser, donde todos están despiertos como Uno, desde siempre. Pero no te preocupes temiendo que el perdón te conduzca de repente al Absoluto puro o Cielo.

No temas que se te vaya a elevar y a arrojar abruptamente a la realidad. El tiempo es benévolo, y si lo usas en beneficio de la realidad, se ajustará al ritmo de tu transición. (T.16.VI.8.1-2)

A lo que te conducirá el perdón es al mundo real (iluminación), donde sigues percibiendo pero libre de miedos y sufrimientos.

Tampoco te preocupes sobre qué hacer para pasar del mundo real al Cielo puro, pues una vez estés iluminado ya no hay ego, por lo tanto ya no hay obstáculos y el resto del proceso fluye automáticamente sin que tengas que hacer nada (por eso el Curso dice que el último paso lo da Dios).

Finalmente, sé precavido si intentas comparar enseñanzas espirituales diferentes (ya sea conversando con personas o leyendo libros), porque si tratas de compararlas te llevarás chascos y verás contradicciones. Para empezar, las diversas enseñanzas no siempre dicen lo mismo, y además de eso, otro problema es que a veces usan los mismos términos pero dándoles significados diferentes (por ejemplo, términos como: "despertar", "ego", "mente", etc.). Por lo tanto, lo más prudente es elegir un camino u otro (el que más te guste), y seguirlo a fondo. Un guru oriental decía lo mismo con esta metáfora: si buscando agua en una tierra seca empiezas a cavar un hoyo, y luego te cansas o desconfías de ese hoyo y te pones a cavar otro hoyo en otro lado, y antes de profundizar lo suficiente lo dejas también a medio y te vas a otro sitio a cavar en busca de agua, al final habrás dejado muchos agujeros a medio cavar (con poca profundidad) y no habrás encontrado el agua. Elige un sitio y cava solo en él, profundamente hasta el final. Y encontrarás el agua y el hoyo cavado servirá para hacer un pozo y todos podrán beber de él. (La metáfora se refiere a profundizar en la enseñanza que uno está siguiendo, sin tratar de mezclarlas con otras, sin hacer un "combinado libre" con diversas enseñanzas juntas y comprendidas superficialmente).

Resumiendo tus preguntas. En la Verdad Absoluta, efectivamente al final no habrá percepción, solo conocimiento: Dios ES (y nada más es). Pero el Curso a lo que nos conduce en principio no es ahí de golpe, sino a una "zona fronteriza", llamada mundo real o iluminación. Y en este estado (iluminación) todavía se percibe porque es un estado todavía ilusorio, por eso a veces llamo a la iluminación "la última de las ilusiones". Pero aunque es un estado ilusorio, ya se está despierto, en el sentido de que ya no hay miedo ni sufrimiento ni posibilidad de ningún tipo de dolor. Podemos compararlo a tener un sueño lúcido: el iluminado sabe que está soñando lo que percibe, y lo tiene tan claro, que no le afecta (si le clavan un clavo en la mano, no le duele, etc). A la vez, como está despierto, puede experimentar el conocimiento puro (cuando se deja llevar del todo por esta revelación, durante ese rato no se percibe nada: ni cuerpo ni mundo). Es la última de las ilusiones. Cuando todos estén iluminados, ya no habrá necesidad de mantener la ilusión de los iluminados como símbolos de ayuda para que "otros" despierten del sueño. Así que no habrá deseo de que haya un mundo dual, por lo que toda la dualidad desaparecerá y lo único que quedará será Dios, Felicidad. Pero eso es muy al final con la desaparición del mundo/tiempo, al final de la iluminación de todos. La meta del Curso es simplemente la iluminación. El resto fluirá por sí solo (y en el fondo ya ha sucedido, aunque esto es evidente para los iluminados; para el resto, aún no).

De modo que el iluminado, al disfrutar de la última de las ilusiones, que es una ilusión totalmente purificada que no se opone a la verdad, puede entonces disfrutar tanto de la percepción correcta como del conocimiento. Cuando se sumerge en el conocimiento, desaparece el mundo/cuerpo y la paz/amor es indescriptible, sobrehumana. Cuando el iluminado funciona como símbolo en el mundo, lo hace manteniéndose en la percepción recta, que permite disfrutar de plenitud (lo suficientemente amortiguada como para poder seguir percibiendo) y al mismo tiempo puede funcionar como símbolo inspirador para aquellos que creen estar dormidos. El iluminado vive en completa paz, independientemente de lo que se esté proyectando en la pantalla del mundo (por eso, incluso si le crucifican, está en paz y feliz, sin nada de dolor y libre de juicios).

El Curso dice que cuando nos iluminamos:

No cambias de apariencia, aunque sí sonríes mucho más a menudo. (L.155.1.2)

Lo cual es también válido antes de la iluminación cuando estamos en nuestra mentalidad recta.

Como bien dices en tu email, en la Mentalidad-Uno no hay percepción. Pero en la percepción recta sí. El iluminado, la última de las ilusiones, disfruta de ambas: de la Mentalidad-Uno (revelación, nirvikalpa samadhi) y de la percepción correcta (fluir libre de sufrimiento; sahaja samadhi). Por lo tanto, su vida, incluso cuando parece estar actuando en el mundo, es una constante sonrisa:

Hay una manera de vivir en el mundo que no es del mundo, aunque parezca serlo. No cambias de apariencia, aunque sí sonríes más a menudo. Tu frente se mantiene serena; tus ojos están tranquilos. Y aquellos que caminan por el mundo con la misma actitud que tú reconocen en ti a alguien semejante a ellos. No obstante, los que aún no han percibido el camino también te reconocerán y creerán que eres como ellos, tal como una vez lo fuiste. (L.155.1)

No temas perdonar, pues simplemente perderás tu sufrimiento y tus miedos, y vivirás en paz, pleno y feliz. El "paso final" lo dará Dios, y como decía una de las citas que hemos incluido aquí, "se ajustará al ritmo de tu transición".

Saludos

viernes, 27 de enero de 2017

Sobre el hacedor y la elección

Este tema surgió de una pregunta de Codorníu en el foro Concordia y plenitud, concretamente en este hilo: http://concordiayplenitud.foroactivo.com/t131-si-la-cabeza-ya-esta-dentro

Copio aquí también el tema:

Hola, Codorníu. ¡Interesante tema! Pero vamos primero a lo que dices al final, ya que en realidad tú mismo has dado en la tecla práctica, en lo realmente fundamental:

codorníu escribió: Yo, por ahora, ante estos atascos intelectuales, confieso que me quedo desconcertado. Entonces me digo: "A ver Codorníu...  dedícate a perdonar cuando pierdas la Paz y punto".
Pero con todo y con eso, no me quedo muy satisfecho.

Necesitaría una ayudita...

Esto que dices (simplemente seguir practicando el perdón) es la verdadera respuesta a tu pregunta, y a toda pregunta que podamos hacernos, y es la única que realmente te va a conducir a sentirte satisfecho: practicar el perdón (o quien siga otra tradición, volver la mente adentro, con el procedimiento que sea). Dices que no te quedas muy satisfecho, pero la satisfacción total y definitiva es el final del proceso. En el "durante", experimentaremos "vaivenes", subidas y bajadas, oscilaciones, y la respuesta a estas movidas sigue siendo el perdón hasta el final.

Y ahora vayamos a lo que preguntas, y supongo que me puede salir un comentario largo, cuyo cometido es simplemente aplacar las dudas de la mente para tranquilizarla y que se aquiete, pero repito y es muy importante, recuerda que la verdadera respuesta no son las palabras que me surjan (o para el caso, las palabras de los libros de Gary Renard, de Kenneth Wapnick o del propio Curso), sino que la verdadera respuesta es la que has dicho al final de tu comentario: practicar el perdón.

codorníu escribió: Cada vez resuena en mí con más claridad que, como Codorníu (como imagen egoica), no hago nada. ¿Cómo habría de ser el hacedor de algo si soy tan solo una apariencia, una marioneta, un personaje de película sin libre albedrío?

A veces resuena en mí que esto de la "entrega" no está para nada en mis manos (como Codorníu). O que como diría Ramana M: "La cabeza ya está dentro de las fauces del tigre".

De ahí que eso de confiar y permitir sea algo que tiene un aroma contradictorio. Si el proceso ya está en marcha, y si como ego no hago nada que no esté ya hecho, grabado y acabado...  incluso los verbos confiar y permitir, serían demasiado hacer. ¿No os parece?

Estoy seguro que, desde UCDM, tiene que haber una explicación que deshaga este nudo.

Bueno, en primer lugar, este tema se solapa muchíiiiiisimo con lo que estuvimos conversando recientemente en este otro hilo del foro:

La libre elección: http://concordiayplenitud.foroactivo.com/t125-la-libre-eleccion

Y lo menciono porque supongo que mi primer comentario en ese hilo sirve también de respuesta a lo que preguntas aquí. Evidentemente aquí no voy a repetirlo todo, por lo que quien quiera profundizar en el tema podría volver a ese hilo y releer, pues es un tema con mucha miga. Luego se puede reflexionar en estas ideas, interiorizarlas, dejarnos empapar por ellas... otro día puede surgir otro refuerzo al leer el Curso o a Gary Renard, etc, y poco a poco vamos pasando de ver borrosamente a vislumbrar cada vez más nítidamente el meollo del asunto. En el Curso debe haber cientos de citas relacionadas con este asunto.

Aquí voy a ampliar un poco más lo dicho. Puede que me repita un poco (o un poco bastante demasiado mucho jejeje), pero creo que lo siguiente podría entenderse mejor tras haber leído el comentario que digo del otro hilo del foro y teniéndolo fresco en la memoria.

Ah, ahora recuerdo que en ese hilo del foro luego hice un par de comentarios relacionados más (las metáforas), y además posteé todo junto en un post, y una cosilla, el post es un pelín más completo porque contiene un parrafo más al final como resumen, un resumen que no había hecho en el foro. Así que el tema completo podéis encontrarlo aquí:

http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/01/somos-libres-o-somos-marionetas.html

Bien, pues vamos al tema. A veces llamo a esto el tema del "hacedor", por mis tiempos cuando estaba más centrado en el Advaita. Muchos gurus nos han indicado que no somos el hacedor. En esto coinciden Ramana Maharshi, Un Curso de Milagros, Ramesh Balsekar, etc. Pero es un tema que hay que comprenderlo debidamente, pues es fácil confundirse. La idea de que "no eres el hacedor" va dirigida a nuestra identificación con el cuerpo, o con el individuo/personalidad, o Ramesh Balsekar lo llamaba el "mecanismo cuerpo-mente". El personaje no puede ser el hacedor, pues es simplemente un efecto, un reflejo, una sombra, como queramos decirlo. El personaje no decide nada, simplemente es un reflejo de lo que ocurre en el interior de lo que Un Curso de Milagros llama "mente". Recordad que lo que el Curso llama mente no coincide con lo que en Advaita u otras tradiciones llaman mente (lo digo para que no nos liemos en este tema donde estoy mencionando tanto el Curso como un poco de Advaita). Como dice Ken Wapnick, nosotros (por lo general) ni siquiera sabemos que tenemos una mente. Y lo que usualmente es llamado mente (la mente humana, la personalidad, etc) para el curso sigue siendo parte de lo que él denomina "cuerpo" o "mundo", o a veces lo llama "cerebro", y como dije en mi comentario en el otro hilo del foro, "El cerebro no decide nada" (ver ese otro hilo para más detalles).

Bien, pues a nivel del cuerpo (y de la mente humana), no somos el hacedor. Pero no podemos dejar esto así, pues es solo un paso y los siguientes son igual de importantes. Así que sigamos. El cuerpo no es el hacedor, pero nosotros no somos un cuerpo. Si fuésemos un cuerpo y no fuésemos el hacedor, entonces sería perfecto para el ego: seríamos una víctima de las circunstancias porque no podríamos decidir nada, ni siquiera podríamos elegir perdonar o despertar. Pero no somos un cuerpo. Somos una mente (en el sentido de UCDM), o conciencia (en el sentido del Advaita, aunque no coincide del todo con lo que UCDM llama mente).

El mundo es ilusorio y no existe, pero en términos prácticos, puesto que lo percibimos, diremos que de "algún sitio" ha debido surgir tal ilusión. Una de las cosas importantes para UCDM es que nos demos cuenta de que el "hacedor" del mundo no es Dios. Es la mente dividida... es decir, nosotros mismos (¡por lo tanto no somos víctimas!). El hacedor somos nosotros mismos, no como humanos, no como mentes individuales, sino como el Ego Global o la mente dividida mayor (podríamos llamarlo el Proyector). En el Advaita, algunos dirían que es una proyección de Ishvara (el Señor), y hay dos tendencias en el Advaita con respecto a esto. Para algunos, Ishvara es real y por lo tanto el mundo ilusorio es una proyección de la Divinidad (esto no coincide con el punto de vista de UCDM). Lo cual puede ser un pasito aceptable siempre que no se tome como verdad absoluta; puede ser aceptable si nos ayuda a sentirnos más tranquilos, sabiendo que todo está en Manos de Ishvara y que al final todo será para bien, etc. Pero los grandes maestros del Advaita van más lejos, y llegan a indicar que incluso Ishvara (entendido como Mente Cósmica y proyectora del mundo ilusorio) es en ese aspecto ilusorio. Y estos grandes maestros nos indican que la verdad absoluta es que no hay mundo. Por ejemplo:

«No hay creación ni disolución, ni nacimiento ni muerte, ni esclavo ni liberado. Ésta es la verdad absoluta». Gaudapada (en Karika, II, 32)

Esto fue afirmado también por muchos otros gurus, como Ramana Maharshi, y podéis ver algunos ejemplos más en este post:

http://jugandoalegremente.blogspot.com/2011/12/la-verdad-absoluta-segun-gaudapada-y.html

Por lo tanto, si no hay mundo (no hubo creación, ni habrá disolución, tanto a nivel individual como a nivel de la totalidad del universo ilusorio), entonces el Proyector es igualmente ilusorio.

Pero dejemos a un lado la verdad absoluta (que se experimenta tras despertar del sueño de la dualidad, o temporalmente en una experiencia de revelación) y vayamos a lo práctico para nosotros que aún percibimos y creemos que aún hay que despertar.

Según el Curso, el "Hacedor" del mundo ilusorio es la mente dividida mayor, la cual contiene tanto la mentalidad errada (ego) como la mentalidad recta en la que brilla el recuerdo de la verdad o Espíritu Santo. Además, el Curso añade que todo el mundo proyectado fue fabricado a la vez (todas las épocas y lugares están contenidas en un simple "parpadeo" de proyección originaria). Todas las situaciones fueron diseñadas en ese instante ontológico ilusorio inicial, y ahora ya no hay elección a nivel del mundo, sólo en la mente sí podemos elegir qué partes o "vídeos" vamos a revisar, y sobre todo, elegir el perdón/despertar. Como dice el Curso, nuestra experiencia en el mundo no es más que reproducir lo que ya pasó, como si viésemos un vídeo que ya fue rodado.

Nuestra capacidad de elegir es fundamental, pero a nivel del individuo humano no hay elección posible (¡pero nosotros no somos un humano!, aunque pensemos que lo somos). Sin embargo el Curso nos invita a elegir, incluso si aún nos identificamos con el humano. Y aquí hay que tener fresco lo que comenté en el otro hilo del foro y que no voy a repetir ahora (podéis releerlo). Es decir, cuando hablamos de "mente", para nosotros es confuso, porque por un lado nos referimos a nuestra experiencia de la mente humana, y por otro se nos dice que la mente es más profunda y es en ese nivel profundo donde realmente estamos tomando las decisiones (qué vídeo reproducir, si despertar o seguir durmiendo, etc). Y ni siquiera sabemos en qué medida estamos identificados con la mente humana o en qué medida vamos contactando con la mente ontológica. Sin embargo, todo es mente ontológica (incluso lo que llamamos mente humana, o incluso el cuerpo, pues no es físico sino que es una fantasía mental en la mente ontológica). Por suerte, podemos guiarnos por los reflejos en el mundo y así saber qué estamos eligiendo a nivel ontológico (ver el otro hilo del foro para más detalles). Y en la práctica basta con practicar el perdón, independientemente de que creamos que lo hacemos a nivel humano o a nivel ontológico. Lo que creamos o pensemos humanamente no afecta al funcionamiento del perdón, siempre que sigamos practicándolo.

Cuando reconocemos que tenemos una mente capaz de tomar decisiones, podemos elegir despertar (perdonar, etc). Hay que elegir. Siempre estamos eligiendo. Uno no puede esconderse (como quisiera el ego que hiciéramos) y decir: "No tengo que elegir: dejo que las decisiones simplemente ocurran". Esto no es práctico de momento (tras la iluminación sí porque entonces no hay mente errónea ni elección), porque siempre estamos eligiendo, seamos conscientes de ello o no. Y si no elegimos conscientemente (el perdón), entonces estaremos eligiendo siguiendo los hábitos de costumbre (eligiendo desde la mente errónea o ego).

Hay que elegir, o de lo contrario vamos a seguir siendo efecto en vez de causa. Y el Curso no se cansa de repetirnos que no somos víctimas de nada porque somos causa (mente) y no efecto (cuerpo, mundo, espacio/tiempo). Si no elegimos al Espíritu Santo, entonces simplemente estamos eligiendo al ego, aunque seamos inconscientes de ello.

Ramesh Balsekar mismo (del Advaita) decía que no somos el hacedor, pero no lo dejaba ahí:

"Ha de actuar en la vida como si usted fuera el hacedor, sabiendo que no lo es".

"El entendimiento es que todo es ilusorio y que no tenemos libre albedrío, pero en la vida hemos de actuar como si lo tuviéramos".

Ramesh Balsekar cita a Ramakrishna, quien dijo (las negritas son mías): «Has de saber que tú como individuo no eres el hacedor, pero en la vida has de actuar como si lo fueras» (Ramakrishna).

Finalmente, Ramesh Balsekar comenta que:

"Hemos de actuar. De hecho, no podemos evitarlo. El organismo cuerpo-mente ha de reaccionar a un acontecimiento. Ha de tomar decisiones y hacerlo como si fueran propias".

"Que tu entendimiento intelectual sea que no eres el hacedor y continúa actuando como si lo fueras". (Todas estas citas de Ramesh Balsekar las he extraído de su libro "Habla la Consciencia"; en mi ejemplar aparecen entre las páginas 365-367, aunque mi ejemplar es del año 2004 y en nuevas reediciones puede que hayan cambiado la numeración de las páginas).

En definitiva, que no conviene escondernos de la toma de decisiones. De lo contrario podríamos bloquearnos, como quienes dudaban que la autoindagación recomendada por Ramana (otro modo de volver la mente hacia dentro) pudiéramos practicarla porque... ¡como no soy el hacedor, no puedo elegirla! O lo mismo con el perdón. Pero cualquiera que sea honesto, sabe que puede autoindagar o perdonar. E incluso si lo hace identificado con lo humano (lo cual es inevitable), acabará funcionando, pues esto en realidad no lo estamos decidiendo como humanos, aunque parezca así (recordemos de nuevo lo que dijimos en el otro hilo del foro).

En realidad no somos efecto, sino causa. Y aunque no entendamos esto intelectualmente, no es preciso que lo entendamos. Basta con que practiquemos el perdón hasta el final, y acabaremos experimentándolo directamente.

Todavía estás convencido de que tu entendimiento constituye una poderosa aportación a la verdad y de que hace que ésta sea lo que es. Mas hemos subrayado que no tienes que comprender nada. La salvación es fácil de alcanzar precisamente porque no te pide nada que no puedas dar ahora mismo. (T.18.IV.7.5-7)

Todo ha ocurrido ya. Incluso nuestra iluminación es un "vídeo" de una decisión que ya fue tomada por el Espíritu Santo en nuestro nombre. Y podemos elegir reproducir ese vídeo en cualquier instante, en lugar de los vídeos de conflicto y juicios del ego. El perdón es lo que nos ayuda a disipar nuestra resistencia a elegir reproducir el vídeo en que aceptamos la Expiación (es decir, el vídeo de la iluminación). La resistencia se debe al miedo a perder nuestra identidad individual, pero el perdón nos permitirá reconocer que en realidad perder lo ilusorio no es perder nada, y lo que se "gana" es maravilloso, glorioso, el valor infinito, lo que realmente somos, el verdadero Ser, el Uno en paz inmutable, que jamás sufre, libre de las formas y de la muerte, libre de todo conflicto, completo, pleno, e indiscriptible en palabras, por más que usemos algunas para insinuarlo.

Y pensarás, con feliz asombro, que a cambio de todo esto renunciaste a lo que no era nada. (T.16.VI.11.4)

Y puesto que el tiempo no tiene significado, se te está dando todo a cambio de nada. (L.98.6.3)

Todo ha ocurrido ya, y el perdón (no los comentarios en palabras) es lo que nos va a permitir reconocer experiencialmente (directamente) esto.

Negarnos a elegir —negarnos a practicar el perdón para volver la mente adentro— no cambia nuestra verdadera naturaleza, aunque retrasa el despertar, pues el perdón es un atajo para "acelerar" el despertar: para reconocer lo que siempre es.

Si no perdonamos, acabaremos despertando igualmente, aunque por un camino más largo y penoso, lo cual en realidad no importa tanto en el sentido de que las penas y el tiempo son ilusorios, pero si uno se harta de sufrir, es muy sensato volver la mente hacia dentro y despertar "antes". Esto no sucede por sí solo (la aceleración o perdón), sino que proviene de nuestra elección consciente (el Curso nos enseña a ello). De lo contrario, la mente acabará perdonando de todos modos (pues el recuerdo de la verdad en nuestro interior no dejará de ir aumentando), pero más despacito y, en términos lineales, la espera podría parecer medirse en "miles de años" o "millones de años". Esto puede acortarse mediante el discernimiento, el perdón, el dejar de juzgar y volver la mente hacia dentro. Todo esto se elige, aunque la elección sea ilusoria en último término.

Tienes que elegir entre la libertad absoluta y la esclavitud absoluta, pues éstas son las únicas alternativas que existen. (T.15.X.9.3)

Pero sí puedes elegir; de hecho, tienes que hacerlo. (L.133.3.4)

Mas es cierto que hay que contemplar el mundo de otra manera, si es que se han de aceptar Sus promesas. Lo que el mundo es, ya ha sido determinado. Tú no puedes elegir lo que debe ser. Pero sí puedes elegir cómo lo quieres ver. De hecho, eso tienes que elegirlo. (M.11.1.8-12)

Ese "cómo lo quieres ver" se refiere al perdón (o a la única alternativa: el juicio del ego).

En este mundo hay que tomar decisiones, y hay que tomarlas tanto si son ilusorias como si no. (S.1.I.2.4) (Pág. 8 de El Canto de la Oración, en la edición publicada por Grano de Mostaza)

La idea de que hay alternativas entre las que elegir es una ilusión. Aun así, dentro de esta ilusión yace el des-hacimiento de todas las ilusiones, incluida ella. (T.26.III.6.4) (Pág. 615)

Este es el mundo de los opuestos. Y tienes que elegir entre ellos a cada instante mientras el mundo siga siendo real para ti. No obstante, debes aprender cuáles son las alternativas que verdaderamente tienes (...). (S.2.I.10.1-3) (Pág, 25)

Elegir implica que la mente está dividida. El Espíritu Santo es una de las alternativas que puedes elegir. (T.5.II.6.6-7)

La única manera de escaparse del error es decidiendo que no tienes nada que decidir. (T.7.X.6.8)

Se refiere a decidir practicar el perdón, pues el perdón implica reconocer que en última instancia la decisión es innecesaria, pues no estamos aquí sino en el Cielo y no hay alternativa al Cielo (el ego —así como su mundo ilusorio— nunca surgió). Pero mientras nos experimentemos en el reino de la percepción, tenemos que elegir, y la única verdadera elección es el perdón, que significa elegir contra la creencia de que alguna vez hubo elección (concretamente la elección de separarnos de la Unidad, pues eso nunca ocurrió, tal como nos enseña Un Curso de Milagros).

El poder de decisión es la única libertad que te queda como prisionero de este mundo. (T.12.VII.9.1)

De lo único que dispones es del poder de decisión. (T.14.III.4.3)

¿Qué es lo que mantiene al mundo prisionero sino tus propias creencias? ¿Y qué puede salvar al mundo excepto tu propio Ser? El poder de las creencias es ciertamente formidable. Los pensamientos que albergas son poderosos, y los efectos que las ilusiones producen son tan potentes como los efectos que produce la verdad. Los locos creen que el mundo que ven es real, y así, no lo ponen en duda. No se les puede persuadir cuestionando los efectos de sus pensamientos. Sólo cuando se pone en tela de juicio la fuente de éstos alborea finalmente en ellos la esperanza de libertad. (L.132.1)

La verdad es que eres responsable de lo que piensas porque es solamente en ese nivel donde puedes ejercer tu poder de decisión. (T.2.VI.2.6)

Las malas decisiones no tienen ningún poder porque no son verdaderas. (T.8.III.7.9)

Él (el Espiritu Santo) te enseñará cómo usar en tu favor tu poder de decisión, que tú concebiste para substituir tu poder creador. (T.14.VI.5.6)

Tú que concebiste el poder de decisión para crucificarte a ti mismo, tienes que aprender del Espíritu Santo cómo utilizarlo en beneficio de la santa causa de la restauración. (T.14.VI.5.7)

Si eres feliz, es porque pusiste tu poder de decisión en manos de Aquel que no puede sino decidir a favor de Dios por ti. (T.21.II.3.6)

Atención a esa sección, titulada: Somos responsables de lo que vemos. (T.21.II)

Ninguna decisión que se haya tomado y que cuente con el respaldo del poder del Cielo puede ser revocada. (T.22.IV.2.3)

Y se te ha concedido poder tomar otra decisión y usar la percepción para un propósito diferente. (T.24.VII.11.12)

Este curso sólo intenta enseñarte que el poder de decisión no radica en elegir entre diferentes formas de lo que aún sigue siendo la misma ilusión y el mismo error. (T.31.IV.8.3)

El poder de su decisión se lo ofrece tal como él lo pide. En esto estriba el Cielo o el infierno. Al Hijo durmiente de Dios sólo le queda este poder. Pero es suficiente. Las palabras que emplea son irrelevantes. (M.21.3.5-9)

La única libertad que aún nos queda en este mundo es la libertad de elegir, y la elección es siempre entre dos alternativas o dos voces. La Voluntad no está involucrada en la percepción a ningún nivel, y no tiene nada que ver con el proceso de elegir. (C.1.7.1-2)

La arrogancia es la negación del amor porque el amor comparte y la arrogancia no. Mientras ambas cosas te parezcan deseables, el concepto de elección, que no procede de Dios, seguirá contigo. Si bien esto no es verdad en la eternidad, en el tiempo lo es, de modo que mientras el tiempo perdure en tu mente te verás obligado a elegir. El tiempo en sí es algo que tú elegiste. Si quieres recordar la eternidad, debes contemplar sólo lo eterno. Si permites que lo temporal te preocupe, estarás viviendo en el tiempo. Como siempre, tu elección estará determinada por lo que valores. El tiempo y la eternidad no pueden ser ambos reales porque se contradicen entre sí. Sólo con que aceptes lo intemporal como lo único que es real, empezarás a entender lo que es la eternidad y a hacerla tuya. (T.10.V.14)

Buf, y podría seguir y seguir... el Curso prácticamente se basa en esto. Hay muchísimas citas más sobre el tema, y podéis investigar también las secciones donde aparecen estas citas, pues algunas de ellas ahondan en el tema, así como otras como T.25.III, T.26.III, L.138, L.152, etc, y por supuesto T.31.VIII, "Elige de nuevo", que no es casual que sea justamente la última sección del último capítulo del Texto, dada la central importancia que en la enseñanza del Curso tiene el elegir el perdón.

En definitiva, que podemos elegir practicar el perdón, aunque no comprendamos exactamente cómo funciona. Nuestro entendimiento no es necesario para despertar. Pero nuestro perdón (retirar las proyecciones y volver la mente hacia dentro) sí es necesario. Y de hecho sucederá. Pues no podremos retrasarlo definitivamente, pues a medida que el recuerdo de la verdad va despuntando en nuestra conciencia, todos tarde o temprano acabaremos despertando. ¿Pero por qué no aceptar el perdón ya? Esto es decisión nuestra (no del humano, pero no importa tampoco que aún nos identifiquemos con el humano, eso es normal y el perdón mismo lo disolverá). Aunque no comprendas con exactitud el perdón, aunque no comprendas exactamente qué eres (humano, mente ontológica, o finalmente Ser), practica el perdón y el propio proceso del perdón se irá afinando a sí mismo, pues el Espíritu Santo es como un GPS guiándonos constantemente hacia la verdad, a pesar de que constantemente nos desviamos, pero el GPS instantáneamente nos sigue corrigiendo el rumbo (metáfora empleada en los libros de Gary Renard).

Perdona y te liberas. No importa si crees que es posible perdonar o no, o si crees que esa decisión viene de la mente ontológica o del yo humano, simplemente practica el perdón y te liberarás. Y la liberación, que es el reconocimiento de lo que ya es porque siempre es, es la respuesta a toda posible pregunta que podamos tener. El perdón, por lo tanto, es la respuesta, o lo que abre camino a la Respuesta.

Perdona y te liberas. (L.198.2.2)

El perdón es lo que te libera de todas las ilusiones, y por eso es por lo que es imposible perdonar sólo parcialmente. (T.24.III.1.3)

No importa que lo llames perdonar, o permitir, o entregar, o autoindagar, o volver la mente hacia dentro, etc, simplemente hazlo y libérate, si quieres acelerar el deshacimiento de la ilusión del mundo/sufrimiento/dualidad.

El Curso dice que "No tienes que hacer nada" (T.18.VII), pero se refiere a que no es necesario hacer nada a nivel del mundo, excepto perdonar, que es más bien a nivel de la mente. No tienes que hacer nada, excepto perdonar.

No tengo que hacer nada, excepto no interferir. (T.16.I.3.12)

Ese "no interferir" significa perdonar. En otras palabras: Perdona y haz lo que quieras. Aunque no lo comprendas, funciona.

Perdonad también (jejeje) que me haya alargado tanto con tantas citas del Curso. Podría haberlas sustituido por un breve consejo de repasar todo el Curso, pero parecía interesante reflejar mediante un buen número de citas hasta qué punto es este tema clave en el sistema de pensamiento del Curso. Seguir estudiando y practicando el Curso nos ayudará enormemente a entender mejor esto. Y el propio proceso acaba cobrando vida y ocupándose de todo, cuando lo permitimos. Pero hay que permitirlo jejeje.

Podemos tener ya "la cabeza dentro del tigre". Pero eso no significa que debamos dejar de perdonar. Ramana Maharshi mismo decía que hay que autoindagar (meter la mente hacia dentro) hasta que el proceso se complete del todo. Tener la cabeza metida en la boca del tigre significa, en términos del perdón, que ya hemos llegado tan lejos que ya no hay marcha atrás. Podemos tener nuestros momentos más o menos inspirados, y experimentar ocasionales conflictos o aparentes "retrocesos", pero si en líneas generales tenemos claro que el perdón es nuestro camino y lo practicamos con frecuencia, ya tenemos la cabeza en las fauces del tigre. El resto vendrá por sí solo. No hay que hacer nada más.

Como esto ha sido un largo comentario, quiero acabar con algo breve (recordando lo que dijimos arriba del todo): En la práctica, la respuesta a todo es practicar el perdón.

Finalizo recordando el post que ya cité antes, donde comenté algunas claves en las que no he ahondado aquí:

¿Somos libres o somos marionetas? http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/01/somos-libres-o-somos-marionetas.html

Porque lo que he comentado ahora, aunque sea largo, es simplemente un complemento de lo que escribí de manera más breve y detallada el otro día.