martes, 10 de octubre de 2017

Vemos lo que queremos ver; elegimos estar en paz o en conflicto

No somos víctimas impotentes ante un mundo externo amenazador. Vemos lo que queremos ver. La percepción es interpretación: selecciona del "mundo externo" los datos que parecen encajar con lo que hemos elegido previamente en el interior de nuestra mente. Primero miramos dentro, elegimos entre la paz o el conflicto/separación, y luego miramos fuera en el mundo y encontramos lo que secretamente esperábamos encontrar: si interiormente elegimos creer en la separación (porque deseamos mantener la ilusoria sensación de individualidad), entonces veremos en el mundo motivos para reforzar nuestra creencia en la separación: veremos ofensas, diferencias, carencias, conflictos, que se nos trata injustamente, somos víctimas, etc. Pero si interiormente elegimos aceptar el principio de la Expiación (que la separación nunca ha ocurrido ni jamás podría ser real), entonces al mirar al mundo veremos expresiones de amor o peticiones de ayuda. Por eso el Curso dice que la proyección da lugar a la percepción: primero miramos dentro y elegimos en qué maestro confiar (en el ego o en el Espíritu Santo), y luego vemos plasmado en el mundo la proyección de esa elección interna. Por eso el Curso dice también que el mundo que vemos es la imagen externa de una condición interna. El mundo no es real (ni siquiera existe aparte de nuestros pensamientos), simplemente es como un espejo indicándonos o reflejándonos lo que estamos eligiendo en lo profundo de nuestra mente inconsciente.

La proyección da lugar a la percepción. El mundo que ves se compone de aquello con lo que tú lo dotaste. Nada más. Pero si bien no es nada más, tampoco es menos. Por lo tanto, es importante para ti. Es el testimonio de tu estado mental, la imagen externa de una condición interna. Tal como el hombre piense (eligiendo interiormente el sistema de pensamiento del ego o el del Espíritu Santo), así percibirá (se sentirá en conflicto o en paz; verá ofensas o peticiones de ayuda). No trates, por lo tanto, de cambiar el mundo (el efecto), sino elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él (cambiar la causa). La percepción es un resultado, no una causa. Por eso es por lo que el concepto de grados de dificultad en los milagros no tiene sentido (todo obstáculo a la verdad se supera igual, pues no hay una jerarquía de ilusiones: todas son igualmente ilusorias y toda sombra se desvanece igualmente ante la luz; toda ilusión se desvanece cuando decidimos dejar de creer en ella). Todo lo que se contempla a través de la visión es sano y santo. Nada que se perciba sin ella tiene significado. Y donde no hay significado, hay caos.

La condenación es un juicio que emites acerca de ti mismo, y eso es lo que proyectas sobre el mundo. (...) Éstas son las únicas alternativas que tienes ante ti (la elección interna entre la santidad y la pecaminosidad, entre la unidad o la separatividad). Y lo que veas dará testimonio de tu elección y te permitirá reconocer cuál de ellas elegiste. El mundo que ves tan sólo te muestra cuánta dicha te has permitido ver en ti y aceptar como tuya. Y si ése es su significado, el poder de darle dicha tiene entonces que encontrarse en ti. (T.21.introd.1; 2.1,5-8)

Podemos estar en paz sea lo que sea que parezca ocurrir en el mundo a nuestro alrededor; sea lo que sea que parezca estar ocurriendo con nuestro cuerpo o con otros cuerpos. Estar en paz es una decisión. Si el mundo que vemos nos desconcierta o asusta, o si no estamos en paz por cualquier motivo, recordemos que somos libres en cualquier momento de cambiar nuestra decisión, volvernos hacia dentro y en nuestra mente cambiar el propósito que le hemos dado al mundo, para que en vez de servir para dormirnos, nos sirva para despertar del sueño de conflicto/dualidad.

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