domingo, 25 de enero de 2015

L-50 Journey ... de Ken Wapnick

Como ya indiqué en el post índice, los comentarios de Ken Wapnick son los que he puesto en color verde:

Lección 50 — El Amor de Dios es mi sustento

La lección 50 difiere de las precedentes, y nos introduce a temas a los que volveremos en lecciones posteriores. En concreto, esta lección hace otra declaración, mucho más clara que en la lección anterior, sobre la naturaleza de la relación especial. Los términos "relaciones especiales" y "especialismo" [o deseo de "ser especial"] no aparecen en el Libro de ejercicios en absoluto; sin embargo, es evidente en pasajes como estos que este es el referente de Jesús. 

(1) He aquí la respuesta a cualquier problema que se te presente, hoy, mañana o a lo largo del tiempo. Crees que lo que te sustenta en este mundo es todo menos Dios. Has depositado tu fe en los símbolos más triviales y absurdos: en píldoras, dinero, ropa "protectora", influencia, prestigio, caer bien, estar "bien" relacionado y en una lista interminable de cosas huecas y sin fundamento a las que dotas de poderes mágicos. 

Si estas declaraciones son leídas en el contexto de Un Curso de Milagros en su conjunto, es obvio que Jesús no está diciendo que deberíamos sentirnos culpables porque tomamos una píldora, usamos ropa de abrigo en invierno, o por tener amigos con quienes nos gusta pasar el tiempo. Este pasaje es similar a la lección 76 "No me gobiernan otras leyes que las de Dios", la cual abordaremos en su momento y donde repetiremos la misma advertencia. Además, Jesús no está diciendo que debamos dejar de lado nuestras preocupaciones [o asuntos, cuidados, intereses] corporales. Eso sería confusión de niveles —mente y cuerpo— sobre la cual él nos advierte en el Texto (ver, por ejemplo, T.2.IV.3.8-11). Podemos pasar por alto nuestro cuerpo físico y psicológico —si estamos en el mundo real, porque en ese punto sabemos que ellos [el cuerpo físico y el psicológico] no forman parte de nuestra identidad. Pero Jesús conoce a sus estudiantes, y nos conoce bien, y quiere que seamos conscientes del sistema de pensamiento en el que se basan las dependencias (o las relaciones especiales), y que entendamos el origen de nuestra confianza en las cosas del mundo. Solo entonces podemos tomar la decisión significativa en contra de ellas. Él continúa con la fuente u origen de estos apegos especiales: 

(2) Todas esas cosas son tus substitutos del Amor de Dios. Todas esas cosas se atesoran para asegurar la identificación con el cuerpo. Son himnos de alabanza al ego. No deposites tu fe en lo que no tiene valor. No te sustentará. 

Una vez más, Jesús no está diciendo que debamos renunciar a todo aquello que nos hace sentir mejor física o mentalmente. Sin embargo, sí nos está diciendo que debemos ser conscientes de nuestra dependencia de eso, a lo cual en el Texto llama ídolos. Tal dependencia es una declaración diciendo que el Amor de Dios no es suficiente; que queremos más: 

El mundo cree en ídolos. Nadie viene a él a menos que los haya venerado y trate todavía de buscar uno que aún le pueda ofrecer un regalo que la realidad no posee. Todo idólatra abriga la esperanza de que sus deidades especiales le han de dar más de lo que otras personas poseen. Tiene que ser más. No importa realmente de qué se trate: más belleza, más inteligencia, más riqueza o incluso más aflicción o dolor. Pero para eso es un ídolo, para darte más de algo. Y cuando uno falla otro viene a ocupar su lugar, y tú esperas que te pueda conseguir más de otra cosa. No te dejes engañar por las formas en que esa "otra cosa" se manifiesta. Un ídolo es un medio para obtener más de algo. Y eso es lo que va en contra de la Voluntad de Dios. (T.29.VIII.8.4-13) (Pág. 700)

Pero de todos modos sabíamos todo esto, de lo contrario no estaríamos en el mundo, porque nadie viene aquí, como acabamos de leer, a menos que él busque más de lo que el Amor de Dios ha ofrecido. Ten cuidado de no usar la enseñanza de Jesús como una justificación para golpearte a ti mismo o a otros en la cabeza. Úsala  más bien como una manera de recordarte a ti mismo que el viaje te lleva a través de tu especialismo; un viaje que no puedes hacer hasta que primero reconozcas tu intensa participación [implicación] en esto. Lecciones como esta, así como gran parte del Texto, dejan eso muy claro. Volveremos a este tema una y otra vez, por la misma razón que lo hace Jesús: el viaje —a través del infierno— hacia el Cielo es el camino en el que Jesús nos guía, y entender los detalles del viaje nos capacitará para ser guiados suavemente a casa.

(3) Sólo el Amor de Dios te protegerá en toda circunstancia. Te rescatará de toda tribulación y te elevará por encima de todos los peligros que percibes en este mundo a un ambiente de paz y seguridad perfectas. Te llevará a un estado mental que no puede verse amenazado ni perturbado por nada, y en el que nada puede interrumpir la eterna calma del Hijo de Dios. 

Jesús está recordándonos que nuestro objetivo es caminar a través del sueño sin miedo. Cuando seamos capaces de hacerlo, nos daremos cuenta de que no estamos en el sueño en absoluto: la figura soñada que llamamos nosotros mismos no hace sino reflejar un pensamiento del amor con el cual ahora nos identificamos. Recuerda que esto es un proceso, y en esta lección se nos presenta el viaje en su totalidad: dónde empezamos, la naturaleza del viaje —ir a través de nuestro especialismo— y luego por fin el final del viaje. 

(4.1-4) No deposites tu fe en ilusiones. Te fallarán. Deposita toda tu fe en el Amor de Dios en ti: eterno, inmutable y por siempre indefectible. Ésta es la respuesta a todo problema que se te presente hoy. 

Hay muchas secciones encantadoras y pasajes en el Texto sobre no poner nuestra fe en las ilusiones. Leemos, por ejemplo, este pasaje sobre la falta de fe, poniendo nuestra fe en lo que no es nada: 

No es posible que al Hijo de Dios le falte fe, pero sí puede elegir dónde desea depositarla. La falta de fe no es realmente falta de fe, sino fe que se ha depositado en lo que no es nada. La fe que se deposita en las ilusiones no carece de poder, pues debido a ello el Hijo de Dios cree ser impotente. De ese modo, no se es fiel a sí mismo, pero sí tiene gran fe en las ilusiones que abriga acerca de sí mismo. (T.21.III.5.1-4) (Pág. 505)

El comienzo de "No busques fuera de ti mismo" resume toda la sección: 

No busques fuera de ti mismo. Pues será en vano y llorarás cada vez que un ídolo se desmorone. El Cielo no se puede encontrar donde no está, ni es posible hallar paz en ningún otro lugar excepto en él. Ninguno de los ídolos que veneras cuando llamas a Dios te contestará en Su lugar. Ninguna otra respuesta que puedas utilizar como substituto te proporcionará la felicidad que sólo Su respuesta brinda. No busques fuera de ti mismo. Pues todo tu dolor procede simplemente de buscar en vano lo que deseas, y de insistir que sabes dónde encontrarlo. (T.29.VII.1.1-7) (Pág. 695)

Siempre que estamos preocupados, es porque creemos que no estamos siendo sostenidos por el Amor de Dios. Aún más cercano a la verdad sería decir que no queremos ser sostenidos por el Amor de Dios, sino que en su lugar elegimos ser sostenidos por todo lo demás, siempre y cuando esté fuera de nuestras mentes. Mirar ese horrible pensamiento sin juicio ni culpa es la manera de ir más allá de eso hasta el estado de verdadera impecabilidad, la inocencia que es nuestra Identidad natural como el Hijo de Dios.

(4.5-8) Por medio del Amor de Dios en ti puedes resolver toda aparente dificultad sin esfuerzo alguno y con absoluta confianza. Dite esto a ti mismo con frecuencia hoy. Es una declaración de que te has liberado de la creencia en ídolos. Es tu reconocimiento de la verdad acerca de ti.

El Amor de Dios es el contenido que sana automáticamente todas las "aparentes dificultades", las cuales tratan unicamente de la forma. El ego, como ya hemos visto, fabricó literalmente el mundo de las formas —tanto colectiva como individualmente— para alejarnos de elegir el contenido de la Expiación que pone punto final al reinado del ego en nuestras mentes. Cuando el problema externo se mantiene aparte de la respuesta interna, el problema nunca será resuelto, pues puede ir cambiando de una forma a otra. Sin embargo, cuando el problema es llevado a la verdad interior, él no puede sino desaparecer. Tal como señala una lección posterior sobre el perdón: "Perdonaré, y esto desaparecerá" (L.193.13.3; cursivas omitidas). 

La referencia a los ídolos, de los cuales somos liberados, alude a las relaciones especiales. Invocamos estos substitutos para el Amor de Dios para así sustituir cualquier cosa que amenace la existencia de nuestro ego, los cuales [los sustitutos] proporcionan la ilusión de que nuestras necesidades se satisfacen: 

No dejes que las formas que adoptan te engañen, pues los ídolos no son sino substitutos de tu realidad. De alguna manera crees que completan tu pequeño yo, ofreciéndote así seguridad en un mundo que percibes como peligroso, y en el que hay fuerzas que se han aglutinado a fin de quebrantar tu confianza y destruir tu paz. Crees que los ídolos tienen el poder de remediar tus deficiencias y de proporcionarte la valía que no tienes. (T.29.VIII.2.1-4) (Pág. 698)

Por lo tanto, podemos ver que el propósito de Jesús para nosotros en estas lecciones es ayudarnos a reconocer el ídolo del especialismo por lo que es, para que podamos elegir en su contra. 

Ahora Jesús nos pide que ahondemos dentro de nuestra conciencia, lo cual significa ir profundamente dentro de nuestra mente, una instrucción que ya hemos visto, y el gráfico que incluimos en la lección 43 nos ayuda a visualizarla:

(5.1-3) Durante diez minutos dos veces al día, una por la mañana y otra por la noche, deja que la idea de hoy se adentre muy hondo en tu conciencia. Repítela, reflexiona sobre ella, deja que pensamientos afines vengan a ayudarte a reconocer su verdad, y permite que la paz se extienda sobre ti como un manto de protección y seguridad. No permitas que ningún pensamiento vano o necio venga a perturbar la santa mente del Hijo de Dios. 

La manera de prevenir que estos pensamientos perturben tu santa mente es mediante tu reconocimiento de ellos. Sin ese reconocimiento, ellos simplemente permanecen. La idea, una vez más, es ver los "pensamientos vanos y necios" del especialismo en todas sus formas, pidiéndole ayuda a Jesús para entender lo que son, y aún más importante, para qué están [para qué sirven, para qué son].

(5.4-5) Tal es el Reino de los Cielos. Tal es el lugar de descanso donde tu Padre te ha ubicado eternamente. 

Una agradable manera de poner fin a esta primera gran sección del Libro de ejercicios: el recuerdo de nuestro objetivo final. 

Con esto concluyen las primeras 50 lecciones, lo que conduce al primer repaso. Hemos visto cómo Jesús nos ha dado una comprensión del viaje, haciendo hincapié en la importancia de tomar en serio el estudio y la práctica de su Curso. Esto significa, como hemos dicho repetidamente, mirar los pensamientos de nuestro ego y pedirle ayuda a Jesús. Este proceso implica claramente la existencia de nuestra mente separada, dividida entre la mentalidad-errada o sistema de pensamiento de la separación, la culpa y el odio (el ego), y la mentalidad-correcta de la Expiación, el perdón y la paz (el Espíritu Santo). Así que somos entrenados por Jesús para reconocer estos dos sistemas de pensamiento, pidiendo ayuda para ejercer el poder de nuestra mente para elegir al Maestro que solamente nos brindará paz.

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Fuente: Journey Through the Workbook of a Course in Miracles, de Ken Wapnick.

Índice de capítulos traducidos en este blog, aquí: link-indice.

sábado, 24 de enero de 2015

L-49 Journey ... de Ken Wapnick

Como ya indiqué en el post índice, los comentarios de Ken Wapnick son los que he puesto en color verde:

Lección 49 — La Voz de Dios me habla durante todo el día

Esta es una lección de la que muchos estudiantes de Un Curso de Milagros han sacado un gran kilometraje [supongo que se refiere a que da pie a una gran cantidad de interpretaciones... en inglés dice: "(...) have derived a great deal of mileage"], desafortunadamente yendo por el camino equivocado [o sea: que es una lección frecuentemente malinterpretada]: yendo hacia el infierno en lugar de hacia el Cielo. Ellos a menudo toman esta lección interpretando que ellos oyen que el Espíritu Santo les dice cosas maravillosas —todo el tiempo. Sin embargo, si seguimos atentamente el hilo de pensamiento de estas lecciones, es obvio que no podemos oír la Voz de Dios durante todo el día, debido al constante desbarajuste [desorden, embrollo, lío] de nuestra mente. Jesús ya ha explicado la presencia de este desorden: viene de nuestra resistencia a perder nuestra identidad individual y especial. Esta resistencia se refleja en nuestra actitud de apreciar o abrigar la voz del especialismo del ego, lo cual hacemos con el fin de evitar escuchar la Voz del Espíritu Santo, como vemos en este incisivo pasaje del Texto: 

Tú no eres especial. Si crees que lo eres y quieres defender tu especialismo en contra de la verdad de lo que realmente eres, ¿cómo vas a poder conocer la verdad? ¿Qué respuesta del Espíritu Santo podría llegar hasta ti, cuando a lo que escuchas es a tu deseo de ser especial, que es lo que pregunta y lo que responde? Tan sólo prestas oídos a su mezquina respuesta, la cual ni siquiera se oye en la melodía que en amorosa alabanza de lo que eres fluye eternamente desde Dios a ti. Y este colosal himno de honor que amorosamente se te ofrece por razón de lo que eres parece silencioso e inaudible ante el "poderío" de tu especialismo. Te esfuerzas por escuchar una voz que no tiene sonido, y, sin embargo, la Llamada de Dios Mismo te parece insonora. 

Puedes defender tu especialismo, pero nunca oirás la Voz que habla en favor de Dios a su lado. (T.24.II.4; 5.1) (Pág. 563)

Por lo tanto, si bien es cierto que la Voz de Dios nos habla durante todo el día —porque el Espíritu Santo está en nuestras mentes—, esto no quiere decir que nosotros la escuchemos. Presta cuidadosa atención a las palabras de la lección: Jesús no dice que nosotros escuchamos la Voz de Dios durante todo el día, sino que dice que la Voz de Dios nos habla durante todo el día. Nosotros no estamos escuchando a causa, repito, de nuestra resistencia a perder nuestra identidad, expresada a través de nuestra inversión en perpetuar nuestro especialismo. Es por eso por lo que es tan importante leer esto (y todos los pasajes de Un Curso de Milagros) con mucho cuidado.

Otro punto importante, dirigido al corazón de los estudiantes del Curso que se confunden, es que nosotros siempre estamos escuchando una voz interior. ¡No podemos escuchar ninguna otra cosa! Nuestros cuerpos son los vehículos (o canales) a través de los cuales "hablan" tanto la voz del ego como la del Espíritu Santo. Los estudiantes a menudo piensan que sólo porque escuchan una voz interior ya tiene que ser la del Espíritu Santo. Lamentablemente ellos se han olvidado por completo de la otra voz, la cual se hizo específica e intencionalmente para ahogar la voz suave y apacible del Espíritu Santo, como vimos en el pasaje de más arriba. Por esto es por lo que Jesús hace hincapié en ayudarnos a eliminar nuestra inversión en el ego, para que podamos de manera natural e inevitable "oír" la Voz que habla en favor de la verdad. Mi esposa Gloria señaló algo similar cuando ella recordaba a los estudiantes que oír una voz interior que ellos creen que pertenece a una entidad "del más allá" [en inglés: "on the other side", literalmente: "al otro lado"] no significa necesariamente que esa entidad esté más avanzada o libre de ego que ellos. En definitiva, el discernimiento es un prerrequisito primordial para cualquier buscador espiritual, al igual que para los estudiantes de Un Curso de Milagros, quienes necesitan discernir la diferencia entre las dos voces.

(1) Es muy posible escuchar la Voz de Dios durante todo el día sin que ello interrumpa para nada tus actividades normales. La parte de tu mente [la mentalidad correcta] donde reside la verdad está en constante comunicación con Dios, tanto si eres consciente de ello como si no. Es la otra parte de tu mente [la mentalidad errada] la que opera en el mundo y la que obedece sus leyes. Ésa es la parte que está constantemente distraída, y que es desorganizada y sumamente insegura. 

Esto no quiere decir que si tú estás en tu mentalidad correcta no vas a obedecer las leyes del mundo, como desafortunadamente algunos estudiantes podrían malinterpretar. Jesús está hablando de cuando se obedecen las leyes del mundo por creer que son leyes reales. Repito, él no está diciendo por ejemplo que tú deberías hacerte anarquista o libertario. Leemos por ejemplo las siguientes intrucciones que les da a los maestros de Dios, sus estudiantes que quieren ir más allá de sus egos: 

Hay una manera de vivir en el mundo que no es del mundo, aunque parezca serlo. No cambias de apariencia, aunque sí sonríes mucho más a menudo. Tu frente se mantiene serena; tus ojos están tranquilos. (L.155.1.1-3) (Pág. 312)

En otras palabras, no se nos pide mirar de manera diferente ni comportarnos de manera diferente que cualquier otra persona. Lo que cambia es nuestra actitud, o a qué maestro interior hemos elegido seguir. Cuando escuchamos al Espíritu Santo, el mundo se convierte en un aula en la que sus símbolos se convierten en el lenguaje mediante el que expresamos Sus enseñanzas. La lección 184 toca este tema con mayor detalle, por lo que vamos a aplazar el añadir más aclaraciones hasta entonces.

La cuestión es obedecer las leyes de ilusión del mundo, no porque creamos que ellas sean verdad, sino, repito, porque ellas son la forma mediante la cual expresamos el contenido de verdad de la mente de una manera en la que las personas pueden responder sin miedo. Un pasaje temprano del Texto señala este punto de encontrar a las personas donde ellas están —la ilusión de la forma— y sin embargo expresar la correctora verdad del contenido, conocida como el milagro: 

El valor de la Expiación no reside en la manera en que ésta se expresa. De hecho, si se usa acertadamente, será expresada inevitablemente en la forma en que le resulte más beneficiosa a aquel que la va a recibir. Esto quiere decir que para que un milagro sea lo más eficaz posible, tiene que ser expresado en un idioma que el que lo ha de recibir pueda entender sin miedo. Eso no significa que ése sea necesariamente el más alto nivel de comunicación de que dicha persona es capaz. Significa, no obstante, que ése es el más alto nivel de comunicación de que es capaz ahora. El propósito del milagro es elevar el nivel de comunicación, no reducirlo mediante un aumento del miedo. (T.2.IV.5) (Pág. 26)

Es el contenido de amor lo que debería ser nuestra inspiración y guía, no las ideas preconcebidas sobre la forma en que el amor va a expresarse. Esto garantiza que nuestra respuesta será amable y sin prejuicios [nonjudgmental: sin críticas; sin criticar], aceptando a las personas donde ellas están, no donde queremos que estén.

(2.1-3) La parte que está escuchando a la Voz de Dios es serena, está en continuo reposo y llena de absoluta seguridad. Es la única parte que realmente existe. La otra es una loca ilusión, frenética y perturbada, aunque desprovista de toda realidad. 

Esto trae a la mente la famosa analogía de Platón, en Fedro, del auriga y sus dos caballos, y ofrece una poética descripción de las mentes equivocadas: 

Que [el alma] sea semejante a la unión de poderes de un equipo de rápidos corceles y su rápido auriga (...). Con nosotros los hombres (...) hay un par de corceles que el auriga controla; adicionalmente, uno de ellos es noble y bueno, y de buena cepa, mientras que el otro tiene el carácter opuesto y su linaje es lo opuesto. Así que la tarea de nuestro auriga es difícil y problemática. (...) Uno [de los dos caballos],  el que está en el lado más honorable, es erguido y bien proporcionado, llevando su cuello en alto, con una especie de nariz aguileña; de color es blanco, con ojos negros; un amante de la gloria, pero con templanza y modestia; a eso se le suma su buena fama, y no se necesita del látigo, pues este caballo es conducido solamente por la voz de mando. El segundo caballo es de figura encorvada, de toscas articulaciones, de grueso y corto cuello, de achatada testuz, pelaje negro y ojos grises; de sangre ardiente, que se asocia con el desenfreno y la vanagloria, de peludas orejas, sordo, y apenas obediente al látigo y los acicates. (Fedro 246a; 253d-e) 

Esta fue una analogía que influyó en el punto de vista de Freud sobre la psique, para lo cual la descripción de Platón fue la base de la comprensión de Freud del ello [nota de Toni: término psicológico, también llamado id; en el psicoanálisis el id o ello es uno de los tres elementos de la mente, junto con el ego y el superego, también llamados yo y superyo], o sea el inconsciente. Eso, por supuesto, es la naturaleza del sistema de pensamiento del ego: un depósito de odio, asesinato y crueldad.

(2.4-6) Trata hoy de no prestarle oídos. Trata de identificarte con la parte de tu mente donde la quietud y la paz reinan para siempre. Trata de oír la Voz de Dios llamándote amorosamente, recordándote que tu Creador no se ha olvidado de Su Hijo. 

Una vez más, podemos observar lo que implica el apremio de Jesús: nos pide reconocer nuestra llamada al ego, y que entonces elijamos contra eso, en favor de nuestra mentalidad correcta, donde mora la quietud y la paz. Se nos anima a elegir de nuevo, a pesar de que Jesús es consciente de que nuestra resistencia es elevada. Pero es el principio de nuestro entrenamiento, y todavía hay mucho que aprender y practicar.

(3) Hoy necesitaremos por lo menos cuatro sesiones de práctica de cinco minutos cada una, e incluso más si es posible. De hecho, trataremos de oír la Voz de Dios recordándote a Dios y a tu Ser. Abordaremos el más santo y gozoso de todos los pensamientos llenos de confianza, sabiendo que al hacer esto estamos uniendo nuestra voluntad a la Voluntad de Dios. Él quiere que oigas Su Voz. Te la dio para que la oyeses. 

Otra arenga: la Voz de Dios está dentro de nosotros, y pacientemente aguarda nuestra decisión.

(4) Escucha en profundo silencio. Permanece muy quedo y abre tu mente. Ve más allá de todos los chillidos estridentes e imaginaciones enfermizas que encubren tus verdaderos pensamientos y empañan tu eterno vínculo con Dios. Sumérgete profundamente en la paz que te espera más allá de los frenéticos y tumultuosos pensamientos, sonidos e imágenes de este mundo demente. No vives aquí. Estamos tratando de llegar a tu verdadero hogar. Estamos tratando de llegar al lugar donde eres verdaderamente bienvenido. Estamos tratando de llegar a Dios. 

Jesús quiere que tengamos muy claro nuestro propósito. Sin embargo, no podemos llegar a Dios sin ir más allá de "los chillidos estridentes e imaginaciones enfermizas" del ego; y no podemos ir más allá de esos chillidos y fantasías sin mirarlos. Por lo tanto, abrir la mente significa que nuestro "tomador-de-decisiones" elige el perdón del Espíritu Santo en lugar del ataque del ego. Ya hemos visto que para llegar a Dios tenemos que dejar de lado nuestra identificación con la voz de especialismo del ego, y el objetivo del Libro de ejercicios es ayudarnos a llegar a Dios por medio de este proceso. 

(5) No te olvides de repetir la idea de hoy frecuentemente. Hazlo con los ojos abiertos cuando sea necesario, pero ciérralos siempre que sea posible. Y asegúrate de sentarte quedamente y de repetir la idea cada vez que puedas, cerrando los ojos al mundo, y comprendiendo que estás invitando a la Voz de Dios a que te hable. 

Jesús vuelve a enfatizar que las lecciones se pueden hacer con los ojos abiertos o cerrados, aunque su actual preferencia en esta etapa de nuestro entrenamiento es que lo hagamos con los ojos cerrados, lo cual maximiza la experiencia de que son nuestros pensamientos los que necesitan corrección. Tal como hemos visto en varias ocasiones en las lecciones recientes, se nos insta a aplicar la idea del día tan a menudo como lo podamos recordar: "con mucha frecuencia", "siempre que puedas", "siempre que sea posible", etc. De esta manera reforzamos nuestro aprendizaje de que es la sabiduría y amor del Espíritu Santo lo que verdaderamente queremos —y eso se encuentra en nuestra mente, no en el mundo.

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Fuente: Journey Through the Workbook of a Course in Miracles, de Ken Wapnick.

Índice de capítulos traducidos en este blog, aquí: link-indice.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Comentario de Gary Renard sobre próximos libros

Me ha llegado por mail uno de los breves comunicados de Gary, felicitando la Navidad y comentando algunas cosillas. Lo que a mí más me ha interesado es sobre sus libros, y esa parte muy breve es la que copio aquí:

I'm also working on two books, one with Cindy about relationships, as well as the fourth book with Arten and Pursah, who are still appearing to me. This book takes a little different approach than the first three, and I think it's going to surprise a lot of people, hopefully in a good way. (Gary Renard) (Extracto del comunicado navideño de Gary, de fecha 23 de diciembre de 2014... a mí me ha llegado hoy 24 de diciembre).

Una posible traducción:

También estoy trabajando en dos libros, uno con Cindy sobre las relaciones, así como también en el cuarto libro con Arten y Pursah, quienes todavía están apareciéndose a mí. Este libro tiene un enfoque un poco diferente a los tres primeros, y creo que va a sorprender a mucha gente, espero que en el buen sentido.

¡Me encantará volver a leerle, así que ojalá publique pronto algún nuevo libro, ya que disfruto mucho con su estilo! (Hace poco me vino la idea de que estaría bien que Gary publicara algo nuevo antes de acabar el año 2016, por decir algo... y ahora me parece que eso es cada vez más factible). Me ha encantado saber que sigue adelante con sus nuevos libros, y comparto esta pequeña información para quienes les pudiera interesar. Al menos a mí me ha alegrado que Gary está "cocinando" nuevos "pasteles" para nosotros jejeje.

Saludos

Actualización (Abril 2017): Gary ya ha terminado de escribir su cuarto libro (sobre las diversas encarnaciones de Buda y Jesús) y ya hay título y fecha de publicación. He colgado la información en el foro: http://concordiayplenitud.foroactivo.com/t6-el-cuarto-libro-de-gary-renard

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viernes, 19 de diciembre de 2014

L-48 Journey ... de Ken Wapnick

Como ya indiqué en el post índice, los comentarios de Ken Wapnick son los que he puesto en color verde:

Lección 48 — No hay nada que temer

La lección 48 es linda, breve y dulce: "No hay nada que temer". Si Dios es la fortaleza en la que confiamos, nada en este mundo podrá jamás darnos miedo. La base del miedo es el principio de que la culpa exige castigo. Si tengo miedo, es porque primero me vi a mí mismo como culpable y débil. Si elijo a Jesús como la fuente de mi fortaleza, no soy débil ni separado, y por lo tanto no soy culpable. Si no soy culpable, no proyectaré la creencia de que seré castigado. Sin tal creencia, no puede haber miedo. Se trata del mismo proceso una vez más, todo el tiempo. Si quiero vivir sin miedo, tengo que vivir sin culpa. Si quiero vivir sin culpa, necesito que Jesús me ayude a mirarla. 

(1) La idea de hoy afirma simplemente un hecho. No es un hecho para los que creen en ilusiones, mas las ilusiones no son hechos. En realidad no hay nada que temer. Esto es algo muy fácil de reconocer. Pero a los que quieren que las ilusiones sean verdad les es muy difícil reconocerlo. 

Como dice el Texto, el único hecho es Dios: "Dios no es algo simbólico; Dios es un Hecho" (T.3.I.8.2). El "hecho" "No hay nada que temer" —es en realidad un reflejo de la realidad de Dios. El estado de ausencia de miedo corrige el pensamiento fundamental del ego de que el miedo es el castigo por nuestro pecado. Es a este miedo ilusorio a lo que tienes que mirar. Quieres que las ilusiones sean verdad porque tú eres una ilusión y quieres que tu identidad individual sea verdad. Lo que hace que sea difícil pasar un día libre de ansiedad es el no querer que la lección de hoy sea verdad. Si lo fuera, entonces eres tú el que no eres verdadero.

(2) Las sesiones de práctica de hoy serán muy cortas, muy simples y muy frecuentes. Repite sencillamente la idea tan a menudo como puedas. Puedes hacerlo con los ojos abiertos en cualquier momento o situación. Recomendamos enérgicamente, no obstante, que siempre que puedas cierres los ojos durante aproximadamente un minuto y repitas la idea lentamente para tus adentros varias veces. Es especialmente importante también que la uses de inmediato si observas que algo perturba tu paz mental. 

Vemos una y otra vez, casi en cada lección, que Jesús nos está diciendo que practiquemos este pensamiento en nuestra vida cotidiana y le llevenos a él nuestras preocupaciones. En esta lección nos pide que apliquemos el pensamiento a lo largo del día, con la mayor frecuencia posible. Además, una vez más nos insta —"Es especialmente importante"— a pensar en la idea cada vez que estemos intranquilos; en otras palabras, llevar la oscuridad de nuestro malestar a la luz de su pensamiento de amor, un pensamiento que por su mera presencia disipa la oscuridad del miedo. 

(3) La presencia del miedo es señal inequívoca de que estás confiando en tu propia fortaleza. La conciencia de que no hay nada que temer indica que en algún lugar de tu mente, aunque no necesariamente en un lugar que puedas reconocer, has recordado a Dios y has dejado que Su fortaleza ocupe el lugar de tu debilidad. En el instante en que estés dispuesto a hacer eso, ciertamente no habrá nada que temer. 

Cuando nos descubrimos a nosotros mismos volviéndonos temerosos en cualquiera de las formas que el miedo adopta —y a veces podría no ser exactamente miedo, podría ser enfado, depresión o tristeza— es porque hemos elegido al ego una vez más —en efecto, es como mandar a la porra a Jesús o al Espíritu Santo [Para traducir "to get lost" he usado la expresión coloquial "mandar a la porra", que no sé si se entiende en otros países de habla hispana; otra expresión similar es "mandar a paseo"]. El problema es esa decisión de mentalidad-errada, y la solución es aceptar la Corrección. La simplicidad de Un curso de milagros —un problema, una solución (Lecciones 79 y 80)— es lo que lo convierte en una herramienta espiritual tan poderosa y efectiva.

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Fuente: Journey Through the Workbook of a Course in Miracles, de Ken Wapnick.

Índice de capítulos traducidos en este blog, aquí: link-indice.

jueves, 18 de diciembre de 2014

L-41 Journey ... de Ken Wapnick

Como ya indiqué en el post índice, los comentarios de Ken Wapnick son los que he puesto en color verde:

Lección 41 — Dios va conmigo dondequiera que yo voy

Este es un pensamiento obviamente feliz, y por supuesto que Jesús no está diciendo literalmente que Dios camine físicamente con nosotros, lo cual nos traería a la memoria la canción de la versión cinematográfica de El príncipe estudiante: "Camino con Dios". Lo que Jesús nos está diciendo aquí es que el recuerdo de Dios está en nuestras mentes —el hogar del Espíritu Santo— y que por lo tanto está siempre con nosotros. En ese sentido, Dios está en verdad con nosotros dondequiera que vayamos. Esto se hará más evidente conforme sigamos avanzando por esta lección. 

(1) Con el tiempo, la idea de hoy desvanecerá por completo la sensación de soledad y abandono que experimentan todos los que se consideran separados. La depresión es una consecuencia inevitable de la separación, como también lo son la ansiedad, las preocupaciones, una profunda sensación de desamparo, la infelicidad, el sufrimiento y el intenso miedo a perder. 

Aquí reaparece el importante tema de la causa y el efecto. Aunque no se mencione explícitamente, lo que enseña Jesús puede ser visto como un reflejo de ese tema. Todos nuestros problemas son lo mismo y provienen de una única causa: creer que estamos separados de Dios. Los efectos de este error son las preocupaciones, la depresión, la infelicidad, el sufrimiento y el miedo a la pérdida. Hemos hablado antes de que el mundo existe para proveer causas para nuestro sufrimiento, las cuales simplemente disfrazan [encubren] la verdadera causa. Nuestros egos son increíblemente habilidosos para ocultar la verdad y convencernos de que conocemos el origen de nuestra infelicidad: todo, excepto la decisión de la mente en favor de la culpabilidad. 

Así que si yo sé que "Dios va conmigo dondequiera que yo voy" porque Él está en mi mente, eso significa que yo no Le he abandonado y que Él no me ha abandonado a mí. Más aún: significa que no Le he matado, ni estoy separado de Él. Si acepto esta verdad de la Expiación, no puedo estar deprimido, aislado, ansioso ni temeroso, pues estas cosas provienen de la culpa, la cual, sin la creencia en la separación, no puede existir. La manera de darme cuenta de que estoy creyendo en la separación es ser consciente de mis sentimientos de ansiedad, preocupación e infelicidad. Por eso es esencial no esconder nuestras experiencias negativas. Si lo hacemos, literalmente no habrá esperanza, la cual depende de que primero reconozcamos nuestro malestar y nuestra desesperación, y a continuación nos demos cuenta de que son simplemente el efecto del pensamiento de que Dios no va con nosotros dondequiera que vayamos debido a que Le matamos. Ese pensamiento pecaminoso representa una decisión que ahora felizmente puede ser cambiada.

Tienes que aprender que estabas equivocado, y que ahora quieres ser un alumno feliz que se alegra de estar equivocado, en lugar de alegrarse por demostrarse a sí mismo que tiene la razón (T.29.VII.1.9). Esta es una idea que nunca será citada con la suficiente frecuencia. Si inviertes en tener razón, nunca serás feliz. Quizá tengas razón hoy, pero la "razonabilidad" (o inocencia) que le robaste a alguien te será robada por aquel a quien airadamente le robaste. La única manera de que puedas tener verdadera razón es que sepas que Dios está contigo dondequiera que vas, lo cual significa que todo lo que el ego te ha enseñado es mentira. No te separaste de Dios porque no podrías. 

(2.1-2) Los que se consideran separados han inventado muchos "remedios" para lo que, según ellos, son "los males del mundo". Pero la única cosa que no han hecho es cuestionar la realidad del problema.

Los "males del mundo" está entrecomillado porque no hay "males del mundo". Puesto que no hay mundo, ¿cómo podría haber males? Lo único que hay es un mal pensamiento [o: un pensamiento enfermo]. "Remedios" está también entre comillas porque no puedes curar un problema que no existe. El verdadero problema es la separación, y si no reconocemos ese pensamiento como la causa de nuestros problemas, ¿cómo podemos cuestionarlo, y no digamos cambiarlo? El ego nos ha convencido de que la separación es real, y ese es un pensamiento tan horrible que no podemos mirarlo de nuevo, por miedo a que seamos destruidos. Como explica Jesús en el Texto:

Te pide imperiosamente [el ego] que no mires dentro de ti, pues si lo haces tus ojos se posarán sobre el pecado y Dios te cegará. Esto es lo que crees, y, por lo tanto, no miras. (T.21.IV.2.3-4) (Pág. 507)

Así que el ego nos aconseja que huyamos de la mente, el hogar de la idea de separación, y que levantemos una defensa tras otra, poniendo muro sobre muro sobre muro, todos con el propósito de anclar nuestra atención en el mundo del cuerpo. De este modo estamos protegidos [en el sentido de impedidos, imposibilitados] de cuestionar la aparente realidad de la declaración: "Me separé de Dios". Mientras seamos inconscientes de esto [literalmente: mientras estemos en el estado "sin-mente"] no podremos verdaderamente "cuestionar la realidad del problema", el cual permanece siempre en su fuente: la mente.

(2.3) Los efectos de éste, no obstante, no se pueden sanar porque el problema no es real. 

Nuestros intentos de sanar un problema en el mundo, tanto si se trata de nuestros mundos personales como si se trata del mundo en general, nunca tendrán éxito. Es posible que el síntoma desaparezca temporalmente, pero todavía creeremos que el problema —la causa— es real. Mientras sigamos así, la causa de la culpa seguirá generando síntomas —el síntoma freudiano de la sustitución— que nos molestan. Sin embargo, a pesar del dolor que constantemente llama nuestra atención, la causa subyacente de los síntomas pasa desapercibida, y el ego sigue reinando triunfalmente hasta que por fin podemos exclamar: "¡Tiene que haber otra manera!". Finalmente nuestro Maestro nos ayuda a ir más allá del efecto hasta la causa, para que así podamos cambiarla. 

(2.4-5) La idea de hoy tiene el poder de acabar con todo este desatino para siempre. Pues eso es lo que es, un desatino, por muy serias y trágicas que parezcan ser sus manifestaciones.

Es importante destacar que Jesús no usa la palabra pecaminoso/pecaminosidad; él simplemente dice que eso es un desatino [algo tonto: una tontería]. Lo que él expresa aquí es idéntico a lo que enseña en «El "héroe" del sueño», en donde dice que el problema es habernos olvidado de reírnos de la diminuta y alocada idea, y que el Espíritu Santo ve nuestras preocupaciones y se ríe de ellas, no burlonamente, sino con la dulzura del que sabe que esas molestias no son reales. Este tema es recurrente a lo largo de Un curso de milagros, pero el siguiente pasaje del final del capítulo 27 es representativo: 

El Espíritu Santo, sonriendo dulcemente, percibe la causa y no presta atención a los efectos. ¿De qué otra manera podría corregir tu error, cuando has pasado por alto la causa enteramente? Él te exhorta a que lleves todo efecto temible ante Él para que juntos miréis su descabellada causa y os riais juntos por un rato. Tú juzgas los efectos, pero Él ha juzgado su causa. Y mediante Su juicio se eliminan los efectos. Tal vez vengas con los ojos arrasados en lágrimas, mas óyele decir: "Hermano mío, santo Hijo de Dios, contempla tu sueño fútil en el que sólo algo así podría ocurrir". Y saldrás del instante santo riendo, con tu risa y la de tu hermano unida a la de Él. (T.27.VIII.9) (Pág. 661)

Más adelante en este Libro de ejercicios examinaremos el uso de la metáfora de los juguetes para representar la aparentemente gigantesca naturaleza del pecado, la cual no sirve para nada más que ocultar su locura [estupidez, tontería] innata.

(3) En lo profundo de tu interior yace todo lo que es perfecto, presto a irradiar a través de ti sobre el mundo. Ello sanará todo pesar y dolor, todo temor y toda sensación de pérdida porque curará a la mente que pensaba que todas esas cosas eran reales y que sufría debido a la lealtad que les tenía. 

Si sé que Dios va conmigo, que Su Amor está siempre conmigo a través del Espíritu Santo, entonces me doy cuenta de que todo lo que había creído y percibido no es verdad. Una vez más, ese es el miedo —si mis creencias y percepciones no son verdad, entonces yo tampoco soy verdadero. Por lo tanto mantengo inconscientemente la creencia de que la culpa es el cielo, pues eso prueba que yo existo, el yo que yo creo que soy.

(4) Jamás se te puede privar de tu perfecta santidad porque su Fuente va contigo dondequiera que tú vas. Jamás puedes sufrir porque la Fuente de toda dicha va contigo dondequiera que tú vas. Jamás puedes estar solo porque la Fuente de toda vida va contigo dondequiera que tú vas. Nada puede destruir tu paz mental porque Dios va contigo dondequiera que tú vas. 

A Jesús le gustaría que vieras cuán terca y categóricamente intentas demostrar que estas declaraciones están equivocadas y que tus creencias están en lo cierto. Haces esto al probar que el mundo es hostil, amenazador y pecaminoso, o al probar que tú eres hostil, amenazador y pecaminoso. No importa cuál. Es de mucha ayuda darte cuenta de cuánto te defiendes contra esta verdad al estar constantemente afirmando que tienes razón y tratando de demostrarlo. Es también crucial que reconozcas que no crees en las palabras de Jesús, como él te va a decir en la siguiente frase [5.1].

Un asunto más, antes de seguir: si estuviésemos dispuestos a aceptar como ciertas las hermosas frases del párrafo de arriba [4], nuestra culpa no tendría donde ir excepto seguir estando dentro de nuestras mentes, donde el ego nos dijo que nos esperaba una muerte segura a manos de un dios vengativo, empecinado en nuestra destrucción. Nuestro sufrimiento e infelicidad proyectados externamente protegen este pensamiento interno. De aquí viene la necesidad de protegernos a nosotros mismos, la cual produce la resistencia a que aceptemos las reconfortantes palabras de Jesús. 

(5.1-2) Comprendemos que no creas nada de esto. ¿Cómo ibas a creerlo cuando la verdad se halla oculta en lo profundo de tu interior, bajo una pesada nube de pensamientos dementes, densos y turbios que representan, no obstante, todo lo que ves? 

¿Cómo es posible que entiendas esto cuando todavía crees que hay un tú leyendo estas palabras? ¿Cómo podrías entender cuando sigues preocupado por tu especialismo, tu individualidad y tus problemas? Una vez más, vemos el propósito de nuestros pensamientos dementes que conducen a nuestras percepciones dementes: dicho propósito es que ellos ocultan la verdad que ciertamente nos hará libres del sistema de pensamiento del ego: el del miedo, el odio y el sufrimiento. 

(5.3) Hoy intentaremos por primera vez atravesar esa obscura y pesada nube y llegar a la luz que se encuentra más allá. 

Jesús empleará de nuevo esta imagen en la lección 70 [párrafos 8 y 9 de la L.70, sobre todo L.70.9.2-3], siendo esa vez la idea que es Jesús el que te guía a través de la nube. Él te pide que no niegues la presencia de esta nube de culpa, individualidad y especialismo, sino que prestes mucha atención a ella. Nunca podremos llegar a la luz sin antes pasar a través de la nube, "obscura y pesada" solamente para el ego. Pero en realidad no es más que un "frágil velo ante la luz" [T.18.IX.5.4], como leemos en este maravilloso y extenso pasaje del Texto: 

Pues la supuesta realidad de la culpabilidad es la ilusión que hace que ésta parezca ser algo denso, opaco e impenetrable, y la verdadera base del sistema de pensamiento del ego. Su delgadez y transparencia no se vuelven evidentes hasta que ves la luz que yace tras ella. Y ahí, ante la luz, la ves como el frágil velo que es. 

Esta barrera tan aparentemente sólida, y ese falso suelo que parece una roca, es como un banco de nubes negras que flotan muy cerca de la superficie, dando la impresión de ser una sólida muralla ante el sol. Su apariencia impenetrable no es más que una ilusión. Cede mansamente ante las cumbres que se elevan por encima de ella, y no tiene ningún poder para detener a nadie que quiera ascender por encima de ella y ver el sol. Esta aparente muralla no es lo suficientemente fuerte como para detener la caída de un botón o para sostener una pluma. Nada puede descansar sobre ella, pues no es sino una base ilusoria. Trata de tocarla y desaparece; intenta asirla y tus manos no agarran nada. 

(...)

Asimismo debería ser con las tenebrosas nubes de la culpabilidad, las cuales son igualmente vaporosas e insubstanciales. No te pueden magullar al atravesarlas. Deja que tu Guía te muestre su naturaleza insubstancial a medida que te conduce más allá de ellas, pues debajo de ellas hay un mundo de luz sobre el que esas nubes no arrojan sombras. (T.18.IX.5.2-4; 6; 8.1-3) (Págs. 439 y 440)

De hecho, esta enseñanza sobre la "naturaleza insubstancial" de la culpabilidad es el corazón y el alma de Un curso de milagros; la esencia de la Expiación. Nos enseña que no hay necesidad de defendernos de la idea de culpabilidad, la cual no tiene efecto y por lo tanto no está ahí. Una vez más, podemos observar cómo la profunda enseñanza del Texto se encuentra en estas "simples" lecciones del Libro de ejercicios. 

Ahora sigue con las intrucciones para el día, en las cuales tendremos que volver a hacer una sesión de práctica larga. Esta vez Jesús nos insta más directamente a ir adentro, haciendo una clara distinción entre la actividad del cerebro de pensar y la de la mente, la verdadera fuente de nuestros pensamientos: 

(6.1-6; 7.1-2) Hoy tendremos una sola sesión de práctica larga. Por la mañana, a ser posible tan pronto como te levantes, siéntate en silencio de tres a cinco minutos con los ojos cerrados. Al comienzo de la sesión de práctica repite la idea de hoy muy lentamente. No trates de pensar en nada en particular. Trata, en cambio, de experimentar la sensación de que estás sumergiéndote en tu interior, más allá de todos los pensamientos vanos del mundo. Trata de llegar hasta lo más profundo de tu mente, manteniéndola despejada de cualquier pensamiento que pudiese distraerte. 

De vez en cuando puedes repetir la idea de hoy si observas que eso te ayuda. Pero sobre todo, trata de sumergirte tan profundamente como puedas en tu interior, lejos del mundo y de todos sus pensamientos disparatados. 

Y todo es disparatado aquí; o, mejor, es disparatado creer que las cosas del mundo pueden proporcionarnos placer o dolor. El sumergimiento interior —más allá de ellas— significa pasar de largo nuestra identificación corporal —el lugar donde aparentemente ocurre nuestro placer y nuestro dolor— para llegar a la mente, que es el único origen de nuestros sentimientos y pensamientos. Es en la mente donde experimentamos la Presencia de Dios por medio del Espíritu Santo, y es en la mente donde tomamos la decisión de sustituir la presencia del ego por la Suya. 

Las próximas dos frases hacen hincapié en la distinción crucial, tomada de Platón, entre apariencia y realidad; de hecho, ir hacia dentro tiene como propósito tomar conciencia de esta importante distinción. 

(7.3-4) Estás tratando de llegar más allá de todo ello. Estás tratando de dejar atrás las apariencias y de aproximarte a la realidad.

Jesús quiere que primero miremos cuidadosamente lo que nos parece tan real: el mundo, repleto de personas que ven y oyen nuestro cuerpo, y cuyos cuerpos nosotros también vemos y oímos. Después, el siguiente paso, siguiendo la suave guía de Jesús, es reconocer la naturaleza ilusoria de estas apariencias e ir más allá de ellas hasta los pensamientos del ego; y entonces, finalmente, ir más allá del ego hasta llegar al pensamiento de la Expiación del Espíritu Santo. 

(8.1-4) Es perfectamente posible llegar a Dios. De hecho, es muy fácil, ya que es la cosa más natural del mundo. Podría decirse incluso que es lo único que es natural en el mundo. El camino quedará despejado, si realmente crees que ello es posible. 

Jesús no está diciendo que tengas que creer esto totalmente; solo tienes que creer que quizá, solo tal vez, es posible que él tenga razón y que tú estés equivocado. Si la cosa más natural del mundo es llegar a Dios, y todo en este mundo es un movimiento contra Él, entonces nada de este mundo es natural, incluyéndote a ti mismo, tu cuerpo, personalidad y existencia individual. Es tu creencia la que te llevará al Hogar, una vez que pongas su poder bajo el principio de la Expiación del Espíritu Santo, corrigiendo la creencia errónea de la separación.

Jesús en seguida subraya la importancia de esta lección, tratando de reforzar nuestra confianza en el proceso de entrenamiento para nuestras mentes que provee el Libro de ejercicios. Este es uno de los muchos "mensajes de ánimo" que él nos da a lo largo del camino: 

(8.5-7; 9.1-3) Este ejercicio puede producir resultados asombrosos incluso la primera vez que se intenta, y tarde o temprano acaba por tener éxito. A medida que avancemos ofreceremos más detalles acerca de este tipo de práctica. No obstante, nunca fracasa del todo, y es posible tener éxito inmediatamente. 

Usa la idea frecuentemente a lo largo del día, repitiéndola muy despacio, preferiblemente con los ojos cerrados. Piensa en lo que estás diciendo, en el significado de las palabras. Concéntrate en la santidad que esas palabras te atribuyen; en la compañía indefectible de la que gozas, en la completa protección que te rodea. 

Estas últimas líneas apuntan hacia la verdad que se encuentra más allá de la ilusión, una verdad que es nuestra una vez que nos centramos en las lecciones y en la práctica de los ejercicios. 

Y a continuación la última declaración de la lección: 

(10) Puedes ciertamente permitirte el lujo de reírte de los pensamientos de miedo, recordando que Dios va contigo dondequiera que tú vas. 

Jesús vuelve al tema de reírnos del ego; es decir, no tomarlo seriamente. Esto solo es posible cuando hemos llevado nuestros pensamientos de miedo al Amor de Dios, el cual nos lo recuerda el Espíritu Santo. Sin este proceso de llevar las ilusiones a la verdad, nuestra risa sería superficial en el mejor de los casos, y burlona y enjuiciadora [sentenciosa, repleta de juicios] en el peor. La risa del Espíritu Santo tiene su origen en una sonrisa amable que conoce la diferencia entre apariencia y realidad, entre la ilusión y la verdad, entre la separación y la Expiación. En la lección 187 Jesús hace la aparentemente escandalosa afirmación de que podrías mirar el dolor, el sufrimiento y el hambre del mundo y reírte de ello [L.187.6.4]. Te reirás del sufrimiento, no porque te estés burlando de la gente, sino porque, al haberte unido con el Espíritu Santo en tu mente correcta, sabrás que no es cierto —y que no tiene el poder de arrebatarte la paz y el Amor de Dios.

☼☼☼

Fuente: Journey Through the Workbook of a Course in Miracles, de Ken Wapnick.

Índice de capítulos traducidos en este blog, aquí: link-indice.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Helen (Ken Wapnick)

Copio un poquito del capítulo 8 del libro «Cuando 2+2=5», donde Ken Wapnick habla de Helen Schucman (la escriba de UCDM) entre otras cosas:

En raras ocasiones, Helen experimentó la presencia del amor sin ego. Yo solía estar con ella y, de pronto, ella ya no estaba allí. Se le transformaba el rostro; al hablar, seguía siendo Helen, pero tenía una voz totalmente sin ego. No tenía inflexión alguna y era como si viniera de otra dimensión. Cuando «regresaba» y su cara recuperaba el color natural, ella describía la experiencia como algo que iba más allá de Jesús, más allá de las palabras. Con eso quería decir que Jesús es específico y que esa experiencia trascendía el símbolo de Jesús para convertirse en una vivencia del puro Amor de Dios, que Jesús representaba. Por eso, cuando ella hablaba —no recuerdo sus palabras—, se oía como una voz de otro mundo. Iba más allá de lo específico, de las palabras, de lo que en su experiencia era la persona Jesús. En ese momento, no era la Helen que yo conocía. Me sentía como si estuviese ante una presencia totalmente sin ego. 

Con frecuencia yo estaba con Helen cuando ella oía mensajes de Jesús o estaba anotándolos. Por muy santa que fuese la experiencia o por muy hermoso que fuese el mensaje, seguían siendo dualistas. Pero la «Helen» real, cuando se encontraba en ese estado de otro mundo, iba más allá. (...) Era como estar en presencia del amor puro, un amor que no era de este mundo. En ese estado, no hay tomador de decisiones, pues está literalmente más allá de la mente dividida. 

En mi libro acerca de Helen, lo llamé el lado de la sacerdotisa [Nota del Traductor: «Ausencia de felicidad: la historia de Helen Schucman y su labor como escriba de "Un curso de milagros"». Véase el capítulo 17 y el Epílogo], la «Helen» que es la verdadera fuente de Un curso de milagros. Esta presencia sin ego es lo que hace que el Curso tenga tanta autoridad y que incite a las personas a responder a él como lo hacen. En este sentido muy real, Un curso de milagros va más allá del símbolo que llamamos Jesús. Llegó a través de una persona llamada Helen cuya mente tradujo a la forma —palabras y conceptos— su amor inespecífico y sin ego. No estaríamos leyendo este libro ahora si ella hubiese permanecido en ese estado. Era como si, en un nivel más profundo, su mente hubiese elegido ser Helen, con todos los elementos contradictorios que constituían su personalidad y la mantenían aquí. Ella no habría podido tomar el dictado de este curso si se hubiese identificado con la sacerdotisa sin ego. 

(...)

Lo diré una vez más: Un curso de milagros nació de ese amor puro sin ego. Pero, puesto que Helen se identificaba como Helen, su labor de escriba se convirtió en una experiencia dualista, en la que el hombre Jesús le hablaba y ella anotaba lo que oía. (...)

(Ken Wapnick) 

Fuente: «Cuando 2+2=5», de Kenneth Wapnick, páginas 102-104.

Es un libro muy recomendable para aquellos a quienes les gusta UCDM. Podéis leer el capítulo 6 de este libro en este post de mi otro blog: Cuando 2+2=5

martes, 16 de diciembre de 2014

Respuesta a un mail: miedo a Dios

Un amigo me escribió hace poco (este mismo mes) por mail pidiendo mi opinión. Copio aquí el intercambio por si a alguien le apetece leer y le viniera bien algo de lo comentado. 

Pregunta: 

Buen día estimado Toni, espero estes super bien!!

Últimamente me ha estado rondando por la mente el tema la separación que percibimos en esta ilusión, en mi caso en mi infancia mi abuela católica cristiana siempre nos hablaba de Dios padre y estas cosas que enseñan en el catolicismo y el obedecer a Dios y respetarlo etc , etc., esto desencadeno en mí el efecto contrario sumado a otras cosas pues desarrollé un tipo de trastorno en el que tenía miedo a Dios y mi mente generaba pensamientos “malos” contra él y todo lo sagrado ,aun en contra de mis sentimientos.(esto era un conflicto horrible). Ya que al saber que Dios podía ver mi mente y mis pensamientos me iba a castigar por todo lo que involuntariamente pasaba en mi mente. (llámese trastorno obsesivo compulsivo). Y aunque parezca cómico aun muriendo en el cuerpo físico no ves la solución ya que sientes el temor de que estos pensamientos se generen luego de desencarnar y que te presentes ante Dios.(cabe mencionar que en esos tiempos tenía miedo hasta dormir ya que temía no poder controlar mis sueños y que aparecieran cosas malas contra lo sagrado).


En cuento a la no ilusión , la unidad con Dios que es todo lo que existe, a una persona que tiene tan arraigada otras creencias no le queda tan fácil. Suponiendo que le digas a alguien “eres una parte de Dios”, sientes que no estas completo. Y si le dices “tú eres todo lo que existe, eres Dios”, indica que más allá del cuerpo físico eres Dios sin separación y cuesta imaginarse  siendo Dios y que te hablen de  Guías ,ángeles , Jesús y esas cosas porque se percibe separación ( y siempre tienes presente las escalas a nivel humano: mayor, menor, mejor, peor, etc). Aunque sé que se percibe desde el punto de vista mental y esto da cabida al miedo e inseguridades.


Pienso según mi experiencia que aquí el detalle está en que al sentir separación y tener la convicción que estas a merced de alguien (llámese entidad, energía, etc) porque esta sea más poderosa que tú, genera un miedo que te separa más y te genera muchos dramas.


En tu experiencia ya estamos ante Dios?, es decir aún en esta ilusión, crees que cuando la trascendemos descubrimos que siempre hemos estado con Dios?, porque creo que uno de mis mayores temores siempre han sido que cuando me presente ante Dios, es decir un futuro..


Quise hablarte de esto, porque para mí es un tema que estaba como guindando, ya que como te mencioné en una ocasión a veces siento que avanzo y a veces que vuelvo, pero nunca vuelvo como al principio.(quizás me entiendas).jeje


Quisiera tu opinión referente al tema.

Respuesta (borro solamente el nombre en la primera línea, y más abajo añado una nota para añadir los links a los posts mencionados en esa parte del mail): 

¡Hola XXX, todo bien por aquí! Gracias por escribir de nuevo.

Este tema que comentas podemos tratarlo mejor en dos partes, así vemos mejor sus dos aspectos principales:

1) Ese miedo al final, al reencuentro con Dios: el fin de la ilusión.

2) Lo práctico: qué podemos hacer aquí, mientras todavía nos experimentamos como un ser que vive dentro del sueño.

Vamos con ellos:

1) El miedo a Dios.

Es un miedo común a todos cuando aún no estamos iluminados. Quienes no reconocen este miedo conscientemente, lo tienen inconscientemente. Para entendernos: incluso los ateos tienen este miedo a Dios, aunque no sean conscientes de esto. Puedes cambiar el nombre a esto y llamarlo también miedo a la Verdad, miedo a reconocerse a Uno Mismo, etc. Es lo mismo.

En tu caso, parte de la educación que tuviste reforzó en ti este miedo a Dios, pero eres libre de superarlo soltando tus miedos, por ejemplo uniéndote a Jesús o siguiendo algún otro símbolo que te inspire amor y confianza sin miedo. Todo depende de ti, pues tú lo elegiste a un nivel de la mente profunda inconsciente (tu vida corporal, incluida aquella educación, no es más que un símbolo de lo que elegiste a nivel de la mente inconsciente: separación). Ahora puedes revertir eso conscientemente, por ejemplo mediante los consejos que se te dan en UCDM o la vía que te guste. Revertir esta creencia en la separación —y el miedo que conlleva— es el propósito del Curso de Milagros, es la mentalidad correcta o percepción correcta de la que hablaremos brevemente más abajo en el punto 2 (lo práctico que podemos hacer aquí, para liberarnos). Es más fácil de lo que parece primera vista porque no se trata de revertir algo real, sino simplemente de reconocer la verdad que nunca ha cambiado. Reconocer el Amor que nunca nos ha abandonado.

Por tanto, el miedo a Dios/Verdad es un miedo común a todos los no iluminados. En UCDM, en el capítulo 19 del Texto, donde se habla de los cuatro obstáculos a la paz, el último de ellos, que subyace bajo los anteriores, es el miedo a Dios: (T.19.IV.D) (Pág. 468-473). Nos resistimos a reconocer la verdad debido a este miedo (nos pasa a todos, seamos conscientes de ello o no). Para ir deshaciendo este miedo, UCDM nos ofrece el sistema de pensamiento del perdón.

Así que una parte de nuestra mente está asustada de volver a Dios. Es la parte que cree haber atacado a Dios, porque cree que al elegir separarse de Él, rompió la Unidad del Cielo, rompió a Dios, al arrancarLe un trozo: YO. Como explica Ken Wapnick en sus escritos, esta parte de la mente está azorada (atontada, confundida y asustada), porque por un lado cree haber matado a Dios (lo cual produce una abismal desesperanza porque se siente la enorme carencia y el convencimiento de que ya no es posible recuperar la Plenitud porque la hemos matado), y a la vez cree que Dios ha sobrevivido al ataque y que ahora busca venganza y si nos encuentra nos castigará terriblemente, lo cual nos produce pánico (a nivel de la mente profunda) y es el motivo por el que decidimos proyectar el universo del espacio/tiempo de las formas, para así olvidarnos de esto y "escondernos" en un lugar donde Dios no está. Y en efecto Dios no está en lo que no existe (en este mundo dual), pero sí está el reflejo de Su Amor, que nos acompañará siempre, y que nos ayuda a despertar en cuanto le pedimos ayuda (incluso antes, pero no nos obliga a despertar contra nuestra voluntad, pues sabe que tarde o temprano querremos libremente dejar atrás estos juegos absurdos).

De modo que tenemos miedo a Dios, y para tranquilizarnos, algunos sabios nos explicaron con ejemplos metafóricos que Dios es Amor y solamente quiere que estemos bien. Y eso es la verdad.

Algunos de estos ejemplos metafóricos son las parábolas de Jesús, como la del hijo pródigo y la de la oveja perdida.

La parábola del hijo pródigo es una respuesta del Espíritu Santo a una parábola del ego que refleja nuestro miedo: la parábola bíblica de la creación. Supongo que conoces todas estas parábolas. Brevemente, la de la creación es la popular historia de Adán y Eva (o sea, nosotros). Según esa parábola del ego, Dios nos expulsó del Paraíso debido a nuestro pecado y por eso vivimos en este mundo desdichado. Esta historia es un reflejo de nuestro miedo, en la cual proyectamos sobre Dios nuestros propios pensamientos: como nuestra mente inconsciente cree que se separó de Dios, y eso le produjo una enorme carencia y sufrimiento, no quiso asumir esa responsabilidad y proyectó esa decisión sobre Dios: "no abandoné el Cielo, sino que Dios me expulsó por mi pecaminosidad". Como dice Un Curso de Milagros, al negar a Dios, creemos que fue Él Quien nos negó a nosotros: «¿Cómo podría el Hijo negar al Padre sin creer que el Padre lo ha negado a él?» (T.11.IV.2.2) (Pág. 222-223). O sea, que proyectamos sobre Dios lo que creemos haber hecho nosotros (separarnos), y en el mundo repetimos el mismo error: proyectamos sobre los demás lo que creemos haber hecho nosotros mismos (el rechazo, la separación, el ataque), o proyectamos sobre los demás los defectos que inconscientemente creemos que están en nosotros.

A esa parábola bíblica de la expulsión del paraíso, que es una parábola proveniente de la percepción errada del ego, Jesús contrapuso la historia del hijo pródigo, que refleja la verdad: el hijo eligió separarse de su padre, abandonó la casa familiar para experimentar por su cuenta, y cuando se cansó de sufrir tanta carencia, se acordó de su padre y pensó que mejor sería volver, y cuando volvió fue recibido con los brazos abiertos y una enorme fiesta se hizo en el Cielo. Puedes leer esta parábola en la Biblia o mejor aún la versión breve que da Jesús en el Curso, aquí:

     Escucha la parábola del hijo pródigo, y aprende cuál es el tesoro de Dios y el tuyo: el hijo de un padre amoroso abandonó su hogar y pensó que había derrochado toda su fortuna a cambio de cosas sin valor, si bien no había entendido en su momento la falta de valor de las mismas. Le daba vergüenza volver a su padre porque pensaba que lo había herido. Mas cuando regresó a casa, su padre lo recibió jubilosamente toda vez que el hijo en sí era su tesoro. El padre no quería nada más. (T.8.VI.4) (Pág. 165)

Resumiendo: que no fuimos expulsados del Paraíso, pues es imposible dejar de ser lo que somos: el Ser es inmutable. Lo que pasó es que imaginamos habernos ido, pero podemos dejar de creer en esta imaginación cuando queramos, y despertar aplicando el pensamiento corrector del perdón.

La parábola bíblica de la oveja perdida es también muy dulce: el pastor ama a su rebaño de 100 ovejas, y cuando una de ellas se pierde, se apresura a buscarla y cuando por fin la encuentra es grande su alegría. Dios solamente quiere nuestra felicidad, y en nuestra felicidad se halla la Suya. Ni uno solo de Sus Hijos podría perderse, pues nuestra naturaleza es estar a salvo en Él.

En la pura Realidad, Dios es, y nada más es. No hay separación entre Él y Su creación. No hay separación entre Él y nosotros. Todo es Uno. Dios no es realmente consciente de las ilusiones, porque las ilusiones no existen. Dios no sabe nada de este mundo de dualidad que pensamos que es real. A este nivel Total, como dije, Dios es, y nada más es.

Pero hasta que despertemos a Eso, mientras vivimos en este mundo usamos los símbolos que reflejan la verdad, y practicamos el sistema de pensamiento del perdón. Estos símbolos de ayuda son por ejemplo el concepto de dividir a Dios en una Trinidad: Padre, Hijo, Espíritu Santo. Así atribuimos funciones diferentes temporalmente, como ayuda para que despertemos de esta ilusión. El Padre no sabe nada de este mundo inexistente (representa la Verdad pura). Pero el Hijo cree vivir aquí, y el Espíritu Santo sí percibe todo lo que percibe el Hijo, sin restricciones. El Espíritu Santo sí percibe el mundo ilusorio, completamente de una, o sea que ve a la vez todo: el presente, el pasado y el futuro; sabe lo que sucede en todas las épocas, por eso sabe que todos despertaremos, y Él sabe cuándo (por cierto, esa "fecha" ilusoria fuimos nosotros quienes la elegimos, pues no estamos separados del Espíritu Santo). Cada uno despierta en el momento oportuno, que sea lo mejor para todos. A nadie se le obliga a despertar, pero todos vamos deseando despertar, poco a poco, cada vez más.

El Espíritu Santo sí lo sabe todo (incluso a nivel de las ilusiones), sí sabe todo lo que pensamos y todo lo que nos preocupa, pero no nos juzga. Su único juicio sobre nosotros es que somos el Hijo perfecto de Dios, y Él sabe que somos perfectos y completamente amados, y que todos somos uno, pero también sabe que nosotros no nos vemos así porque nos estamos juzgando a nosotros mismos, y Él sabe cómo ayudarnos a despertar de esta creencia a la que hemos querido jugar. Cuando deseamos despertar, estamos recordando al Espíritu Santo dentro de nosotros, que inspira en nosotros la llamada a despertar, el recuerdo de la verdad.

Para el Espíritu Santo, nuestros pensamientos ilusorios son simplemente jueguecillos imaginarios sin importancia. Él ve nuestros pensamientos reales que compartimos con Él (pensamientos de amor y unidad), y también ve nuestros pensamientos ilusorios, y los ve únicamente para así podernos ayudar sabiendo lo que nos asusta y sabiendo dar una ayuda que sea conveniente tanto desde nuestro punto de vista (que nuestras necesidades sean solucionadas) como desde el punto de vista elevado (en el que lo más importante es ayudarnos de la manera más dulce a despertar).

Otros símbolos de ayuda son Jesús, Buda, Krishna, o muchos otros, cada cual puede usar el que le funcione, el que sienta inspirador o que le transmite tranquilidad. UCDM es simplemente otro símbolo más que podemos usar como ayuda. Los libros son ilusorios, pero UCDM es un reflejo de la verdad, y sin idealizarlo, podemos usarlo en la medida en que nos resuene. UCDM es simplemente un reflejo (entre muchos otros) de tu propia sabiduría interior, un reflejo de la unidad del amor.

La Ayuda de la que disponemos es perfecta, porque el Espíritu Santo o Maestro interior lo sabe todo y está constantemente velando por nosotros y ayudándonos. Él sabe la Verdad del Cielo (y si nos abrimos de corazón, puede incluso revelárnosla), y también es consciente de cómo percibimos nosotros el mundo, es consciente de nuestros miedos y preocupaciones, es consciente de nuestros problemas, sabe que no son problemas pero que nosotros los vemos como problemas, y Él sabe cómo ayudarnos para que superemos el miedo y despertemos a la felicidad. Incluso en lo ilusorio, nada sucede por casualidad, y cada evento contiene la oportunidad de acordarnos del Espíritu Santo para pedirle que nos ayude a percibir esa situación desde Su punto de vista amoroso que ayuda a despertar (percibir con los ojos del perdón). Nunca estamos solos y nada es casual. Siempre estamos siendo ayudados. Siempre estamos acompañados por la Providencia. 

Somos guiados suave y dulcemente. Y cuando nos cerramos a Su ayuda, podemos elegir volver a abrirnos cuando lo queramos.

Desde la perspectiva del Cielo, todos somos felices en Unidad y el sueño de la dualidad jamás ha sucedido (esto responde a una de tus preguntas en el mail). Eso lo experimentaremos cuando despertemos, pero mientras tanto lo que nos interesa es la perspectiva del Espíritu Santo, y Él sabe que todos despertaremos, porque Él ve (todo el tiempo sucede a la vez) que ya hemos despertado. En último término el tiempo es ilusorio, pero mientras percibimos que vivimos en el tiempo, lo usamos para amar y perdonar: o sea, que lo usamos para despertar. Mientras parezca haber tiempo, usamos el tiempo para deshacer el tiempo jejeje.

Y mientras este proceso transcurre, siempre estamos completamente a salvo y perfectamente cuidados. Podemos negarnos a reconocer que estamos a salvo, pero cuando aceptamos la verdad nos sentimos más tranquilos y podemos elegir aceptar la verdad ahora.

Dios está con nosotros y Su Amor nunca falta.

2) Lo práctico: qué podemos hacer aquí, mientras todavía nos experimentamos como un ser que vive dentro del sueño.

Bueno, esto puede explicarse largamente, UCDM es para esto y son más de 1000 páginas jejeje. También puedes sondear todo lo que encuentres de Gary Renard y de Ken Wapnick, son buenísimos explicando. Como complemento si quieres, puedes leer también unos posts que precisamente estos días estoy posteando en mi blog de Sois Dioses: la trilogía de "Búsqueda externa" y también los posts que tengo ya preparados para los próximos días, culminando el próximo martes  16 de diciembre con un post donde copio un capítulo (el capítulo 6) del libro «Cuando 2+2=5», de Ken Wapnick, que explica brillantemente cierto asunto interesante, acompañando la explicación con algunos ejemplos muy buenos. El primer post de la trilogía "Búsqueda externa" lo tienes aquí: http://jugandoalegremente.blogspot.com/2014/12/busqueda-externa-i-la-belleza-esta-en.html La parte 2 ya está posteada también (en el panel lateral puedes ver todos los posts que voy posteando de este mes); y cuando leas este mail tal vez ya esté posteada la parte 3, pues está programada para publicarse automáticamente dentro de unas horas, a las 7 de la mañana hora española. Los otros 3 posts saldrán los 3 días siguientes. El último es el de Ken Wapnick; los otros son todos relacionados pero explicado con mis propias palabras.

Nota añadida para el blog: como hoy, al contrario que el día en que escribí este mail, ya he posteado esos posts a los que hacía referencia ahí, incluyo aquí todos los links de esos posts relacionados: 1) «Búsqueda externa (1)». 2) «Búsqueda externa (2)». 3) «Búsqueda externa (3)». 4) «¿Soy valioso?» 5) «No hay barreras: justo ahora ya lo eres todo». 6) «Cuando 2+2=5». Fin de la nota; seguimos con la copia del mail.

Bien, el asunto práctico es despertar. Cuando despertemos, nuestra experiencia será que nunca hubo sueño, pero mientras aún dormimos, lo útil es despertar (aunque el despertar sea una apariencia, pero es la última de las apariencias, tras la cual finaliza la creencia en la dualidad). Para despertar, cada tradición habla de sus conceptos. En el advaita se habla del discernimiento y desapego, o de autoindagación. En UCDM se habla del perdón (que tiene mucho en común con los anteriores, aunque con algunos matices diferentes).

Preguntas por mi experiencia. Yo no estoy iluminado (usando el concepto de "iluminación" del modo más tradicional). Por supuesto que sé que el Ser que todos somos siempre está iluminado y nunca se ha dormido (por lo tanto también sé que no estoy "no-iluminado", pues lo que no está iluminado es el cuerpo o la mente limitada, y sé que no soy ni el cuerpo ni la mente limitada). Pero mi experiencia es aún vivir en un cuerpo; y aunque disfruto de bastante paz debido a mi confianza en la verdad, a veces se cuelan miedos por aquí y allá, preocupaciones por el futuro, molestias o dolores, etc. Generalmente estoy muy bien, pero cuando no es así, aprovecho para perdonar. Y aquí vamos al tema: ¿Qué podemos hacer en este mundo para salir de nuestros problemas, para escapar de nuestro sufrimiento? Simplemente perdonar.

Reconocer la Verdad pura no nos resulta fácil aquí en lo ilusorio; si nos fuese así de fácil, no percibiríamos estar aquí en un mundo limitado. Pero lo que sí acaba siendo fácil cuando lo practicamos mucho, es aprender a despertar: el perdón. No captamos la verdad pura porque aún no estamos iluminados, pero sí vemos los símbolos que podemos perdonar, sin prisas, uno por uno. Esto es suficiente. Simplemente tenemos que mantenernos perdonando hasta que la iluminación suceda (en el Curso se usa más la palabra "resurrección", pero en UCDM la iluminación y la resurrección son lo mismo, equivalentes a despertar).

En el Curso puedes leer que "no hay que hacer nada" (por ejemplo la sección T.18.VII). En otra parte dice que no hay que hacer nada, excepto no interferir (T.16.I.3.12). Así pues, no se trata de hacer cosas sobre el mundo para salvarnos. De lo que se trata es simplemente de perdonar (discernir y desapegarse, volviendo así al reconocimiento del ser), y esto no requiere que cambiemos nada en el mundo, así que en el mundo podemos seguir haciendo lo que nos vaya bien, según nuestras preferencias, pero sin darle importancia ni creer que eso es real, pues no lo es (leer por ejemplo el capítulo 6 del libro «Cuando 2+2=5», que como te dije más arriba planeo copiarlo al blog el próximo martes).

Un ejemplo típico: si miras en el espejo y te ves la cara manchada, no limpias la cara del espejo, sino tu propia cara a este lado del espejo. Limpiar la cara del espejo no limpiaría la mancha, y eso es lo mismo que querer arreglar nuestros problemas cambiando el mundo (el mundo es un espejo que nos refleja nuestras creencias interiores). Limpiar la propia cara (no la del espejo) es lo mismo que perdonar: es mirar dentro de uno mismo y cambiar nuestra mentalidad. Esto es lo que nos hace despertar. Lo hacemos poquito a poco. Elegimos sentirnos en paz, independientemente de la apariencia que aparezca reflejada en el espejo llamado "mundo".

Cuando un acontecimiento nos molesta, debemos darnos cuenta de nuestra reacción mental. Si sucede algo y sentimos miedo, debemos darnos cuenta de que ese acontecimiento no es la causa de nuestra falta de paz. Al revés: nos está señalando (simbólicamente) para que miremos en nuestro interior, en nuestra propia mente, y cambiemos nuestra creencia en la separación. Son nuestras creencias las que nos roban la paz, no los acontecimientos externos. La lección 5 del Libro de ejercicios se titula "Nunca estoy disgustado (o asustado, enfadado, preocupado, etc) por la razón que creo". No son los acontecimientos los que causan nuestro estado mental de miedo, sino nuestra decisión de creer que nos hemos separado de Dios. Y esto se corrige al perdonar y elegir reconocer la paz, suceda lo que parezca suceder.

El miedo a Dios, del que hablábamos arriba en el apartado 1 de este mail, es un miedo tan enorme que no podemos tratarlo directamente todo a la vez. Así que lo práctico es ir tranquilamente, paso a paso, perdonando uno a uno los símbolos de ese miedo, pues los símbolos sí los vemos en nuestra vida cotidiana y son de una intensidad manejable (si elegimos no darles el poder de perturbar nuestra paz). Cada vez que algo nos perturba (pérdida de paz, o una enfermedad, accidentes, las noticias de la televisión, lo que un amigo nos dice, las interacciones con el jefe, o se estropea algún electrodoméstico, falla el PC, o cualquier cosa parece ir mal, a nosotros o a alguien) debemos perdonar, dándonos cuenta de que si eso nos hace sentir mal o sin paz, es porque le hemos dado al ilusorio mundo externo el poder de molestarnos. Somos nosotros quienes elegimos cómo reaccionar. Al creer en la separación, esos símbolos nos producen inquietud. Pero conforme los vamos perdonando confiando en el Espíritu Santo, cada vez nos resulta más fácil permanecer en paz, independientemente de la forma que tomen los "acontecimientos externos". Uno puede llegar a sentirse en paz incluso en mitad de la guerra, o incluso aunque el cuerpo parezca enfermo. Por ejemplo Ken Wapnick murió de cáncer, y dicen que tenía una gran paz en sus últimos días, nunca le preocupó esa aparente enfermedad, pues no se identificaba con el cuerpo. Así que en esos últimos días estuvo tan tranquilo, con la misma paz y la misma felicidad y sentido del humor que durante cualquiera de los años anteriores, sin importar que en la apariencia ahora parecía tener su cuerpo esa "grave" enfermedad (como dice el Curso, no hay realmente grados o jerarquía en las ilusiones, por lo que una enfermedad como esa puede perdonarse exactamente igual que un resfriado o que a uno le caiga en el abrigo una cagada de pájaro). A la hora de perdonar, todo es lo mismo. Todo se vuelve igual de fácil si lo elegimos así. A veces nos resistimos a elegirlo así, pero también podemos perdonarnos por eso. En el fondo, todo perdón es autoperdón: me perdono a mí mismo por lo que percibo "en mí" o "fuera de mí". Seamos dulces con nosotros mismos (y con los demás, que nos devuelven el reflejo de nosotros mismos).

De manera, que aunque no soy completamente consciente del miedo a Dios que todos tenemos en la profundidad de la mente, sí puedo ver los símbolos que representan eso, por ejemplo cuando me duele algo, o cuando se estropea alguna cosa que creo que necesito, etc. Al perdonar, recuerdo que estos símbolos no tienen poder para quitarme la paz, y que puedo elegir mantenerme en paz a pesar de todo, sabiendo que son símbolos temporales y que en la realidad mi Ser está a salvo en Dios. Perdonar nos permite recuperar la paz, la cual es constante: siempre está disponible. Así que perdono cada incidente, cada símbolo, hasta que estar en paz se convierte en lo habitual. Esta práctica, finalmente, culminará en el despertar. El Espíritu Santo sabe que eso ya ha sucedido.

Nada nos separa de Dios. Nada nos separa de nuestro propio Ser. Dios nos sonríe y nos espera con Sus Brazos abiertos. El hijo pródigo es libre de volver a casa. Si realmente quiere volver a casa ya, usará el perdón, pues el perdón es el medio para volver a casa. Y nada puede evitar que perdonemos, si así lo elegimos. Por lo tanto, somos libres.

El despertar es completamente inevitable. El tiempo parece separarnos de este momento de despertar, pero el tiempo es ilusorio. Eso sí, mientras nos percibimos viviendo en el tiempo, tendremos paciencia porque sabemos que nada puede impedir nuestro despertar (de hecho ya ha sucedido, pero aún nos negamos a verlo, por miedo). Si queremos reconocer esta verdad, entonces elegiremos perdonar. Pues perdonar es la manera de volver dulcemente a casa, poquito a poco, sin sustos.

No necesitamos ver de golpe (entero) todo el iceberg de la culpa y el miedo. Solo somos conscientes del trocito que sobresale del iceberg. Eso de lo que somos conscientes son los símbolos que vemos en el mundo, y la perdida de paz que sentimos en nuestro interior. Podemos corregir eso de lo que somos conscientes, aceptando la ayuda del Espíritu Santo (o de Jesús, etc) y confiando en Él. Perdonaremos un símbolo, y surgirá otro, y otro más, y otro y otro... Hasta que un día, habremos completado todas nuestras lecciones de perdón y nuestra experiencia será que estamos en casa: todavía percibiremos el cuerpo y el mundo, pero ya nada nos perturbará, porque ya nada podrá afectar a nuestra paz. Esa paz completa y constante es el sueño feliz (o mundo real), que en otras tradiciones se llama iluminación. Ese sueño feliz es totalmente dulce, y es el cómodo y amoroso puente que nos conduce a casa. Finalmente, algún día el iluminado sabe que ha completado su papel en el teatro del mundo, y deja el cuerpo suavemente a un lado, volviendo completamente a Dios, a la Unidad del Cielo, al puro Ser. Es entonces cuando, completamente, se vive eternamente que Dios ES, y nada más es. Y ese SER, es lo más maravilloso, infinitamente satisfactorio, totalmente pleno, tan perfecto que no se puede hablar con palabras de Eso. Solamente se puede vivirlo. Y para vivirlo, tenemos primero que despertar. Por lo tanto, primero tenemos que perdonar.

Estamos todos salvados y en paz en el Abrazo de Dios. Si aún no lo sabemos es porque hemos elegido jugar a dormirnos, pero el despertar es inevitable y podemos elegirlo ahora. Elegimos despertar cada vez que perdonamos. Podemos empezar a perdonar justo ahora, en este mismo momento. ¿Estoy en paz ahora mismo? Si estoy en paz, entonces es momento de celebrar y agradecer. Si no lo estoy, entonces es momento de perdonar. En cualquier caso, soy libre de elegir así el despertar.

¡Un abrazo!

Toni

(Fin del intercambio) 

Saludos