lunes, 7 de agosto de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XXVIII)

Sobre gustos no hay nada escrito.

Para gustos, los colores.

Cada uno tiene sus preferencias. En este mundo las opiniones y pareceres cambian constantemente e incluso lo que hoy nos atrae puede que mañana ya no nos agrade. Tomando nota de esto, no nos apeguemos a nada, ni siquiera a nuestras opiniones. Y seamos comprensivos con los gustos de los demás. Los gustos varían en la forma, pero todos buscamos lo mismo a nivel del profundo contenido de nuestra mente: la auténtica felicidad. Busquemos la nuestra y dejemos libertad a los demás para que busquen la suya, cada uno de la manera que le resuene. Cuando descubramos la felicidad, sabremos que la misma felicidad está a disposición de todos y estaremos gustosos de compartirla con quienes estén dispuestos.

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Soñaba el ciego que veía, y soñaba lo que quería.

Los ciegos somos todos nosotros, dormidos en el sueño de separación y de la dualidad. Y, en efecto, soñamos lo que queremos ver. Percibimos lo que deseamos. Como enseña el Curso:

Todo lo que percibes da testimonio del sistema de pensamiento que quieres que sea verdadero. (T.11.V.18.3)

Los sueños son desahogos emocionales en el nivel de la percepción en los que literalmente profieres a gritos: "¡Quiero que las cosas sean así!". (T.18.II.4.1)

Pues del mismo modo en que los sueños que tienes cuando estás dormido y los que tienes cuando estás despierto son una representación de los deseos que albergas en tu mente, así también el mundo real y la verdad del Cielo están unidos en la Voluntad de Dios. (T.18.II.9.5)

Tal como el hombre piense, así percibirá. (T.21.introd.1.6)

Tú eliges los sueños que tienes, pues son la representación de tus deseos, aunque se perciben como si viniesen de afuera. (T.29.VII.8.4)

Si algo te puede herir, lo que estás viendo es una representación de tus deseos secretos. (T.31.V.15.8)

Los vanos deseos y los resentimientos son socios o co-fabricantes del mundo tal como lo ves. Los deseos del ego dieron lugar al mundo, y la necesidad del ego de abrigar resentimientos —los cuales son indispensables para sustentar este mundo— lo pueblan de figuras que parecen atacarte y hacer que tus juicios estén "justificados". (L.73.2.1-2)

Jamás ocurre nada que no sea una representación de tus deseos, ni se te niega nada de lo que eliges. (L.152.1.5)

El Curso enseña que vemos lo que creemos; y creemos lo que queremos que sea verdad:

Es imposible no creer en lo que ves, pero es igualmente imposible ver lo que no crees. La percepción se construye sobre la base de la experiencia, y la experiencia conduce a las creencias. La percepción no se estabiliza hasta que las creencias se cimientan. De hecho, pues, lo que ves es lo que crees. Eso es lo que quise decir con: "Dichosos los que sin ver creyeron", pues aquellos que creen en la resurrección la verán. (T.11.VI.1.1-5)

Y puesto que lo que crees determina tu percepción, no percibes el significado del curso y, consecuentemente, no lo aceptas. (T.11.VI.3.3)

Alegrémonos de que ves aquello que crees, y de que se te haya concedido poder cambiar tus creencias. (T.31.III.6.1)

O bien ves la carne o bien reconoces el espíritu. En esto no hay términos medios. Si uno de ellos es real, el otro no puede sino ser falso, pues lo que es real niega a su opuesto. La visión no ofrece otra opción que ésta. Lo que decides al respecto determina todo lo que ves y crees real, así como todo lo que consideras que es verdad. De esta elección depende todo tu mundo, pues mediante ella estableces en tu propio sistema de creencias lo que eres: carne o espíritu. (T.31.VI.1.1-6)

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Soplar y sorber, no puede ser.

Es decir, no podemos hacer simultáneamente una cosa y su contraria: no podemos perdonar y condenar a la vez. Eso sería como ya vimos en otro refrán: "Encender una vela a Dios y otra al diablo" (Capítulo XIV), y como dice una cita que mencionamos allí, es imposible servir simultáneamente a dos señores (el ego y el Espíritu Santo), o montar dos caballos a la vez (el del ego y el del Espíritu Santo), o tensar a la vez dos arcos (el del ego y el del Espíritu Santo). Pues el ego y el Espíritu Santo son opuestos en todo, por lo que no podemos unirnos a ellos simultáneamente.

Otros refranes con matices semejantes al anterior son los dos siguientes:

No se puede nadar y guardar la ropa.

No puedes comerte tu pastel y además seguir teniéndolo. 

Esto de comerse el "pastel" y seguir teniéndolo solo es posible en el Cielo/Unidad, con el "pastel" del Ser, que podemos disfrutarlo ilimitadamente sin que por ello merme ni desaparezca.

También en el sueño podemos tener un reflejo de eso, si practicamos el perdón, pues eso nos permite disfrutar de nuestras preferencias (el "pastel") de manera desapegada, resultando que las disfrutamos incluso más, pero sin obsesionarnos con ellas ni atribuirles realidad. Es el único modo eficaz aquí para poder "nadar y guardar la ropa", o "comernos el pastel y seguir teniéndolo", al mismo tiempo que nuestra verdadera meta es despertar en el Cielo de nuestro verdadero Ser. Todos los demás intentos (lo que no viene desde la mentalidad recta del perdón) vienen del ego y sus resultados están limitados: pasteles que no se pueden comer y conservar a la vez; ropa que no se puede guardar mientras uno va a nadar.

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Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe.

Seguir el camino del ego siempre acaba en tragedia. A veces la tragedia surge bien pronto. Otras veces el ego disfraza sus venenos dándoles la forma de una vida aparentemente satisfactoria, pero tarde o temprano, quien sigue su camino, acaba descubriendo la amarga tragedia: el cántaro acaba rompiéndose. El cántaro es nuestro cuerpo, nuestro corazón (vida amorosa, o nuestra vida de tranquilidad), o nuestra vida en general. El cántaro acaba rompiéndose de un modo u otro. El cuerpo se deteriora (y finalmente muere), las relaciones empeoran o incluso se acaban, el dinero puede disminuir, así como la salud, etc.

Los caminos que construiste ((con el ego)) no te llevaron a ninguna parte, y ninguna de las ciudades que fundaste ha resistido el asalto demoledor del tiempo. (T.13.VII.3.3)

Todos sus caminos ((del ego; del mundo)) no hacen sino conducir a la desilusión, a la nada y a la muerte. (...) No te dejes engañar por los diferentes nombres que se les han dado a sus caminos. Todos tienen la misma finalidad. Y cada uno de ellos es tan sólo un medio para alcanzar esa finalidad, pues es ahí adonde todos ellos conducen, por muy diferentes que parezcan ser sus orígenes y por muy diferentes que parezcan ser sus trayectorias. Su final es inescapable, pues no hay elección posible entre ellos. Todos te conducen a la muerte. Recorrerás algunos de ellos felizmente por algún tiempo, antes de que comience la amargura. Mas por otros, las espinas se dejarán sentir de inmediato. La elección no es cuál ha de ser el final, sino cuándo va a llegar. (T.31.IV.2.3,7-14)

Afortunadamente, además de las opciones falsas que nos ofrece el ego, existe una alternativa, la opción verdadera que sí podemos elegir para salir del sufrimiento. Pues los caminos del ego (los caminos del mundo) no nos llevan a ninguna parte:

La verdadera elección no es algo ilusorio. Mas el mundo no te la puede ofrecer. (T.31.IV.2.1-2)

La verdadera elección, la que finalmente nos brinda paz y plenitud, es elegir el camino que nos ofrece el Espíritu Santo, un camino de perdón, unión y despertar. Elijamos entonces el camino de la inocencia en vez del camino de la culpabilidad. Por cierto, es útil releer la sección de donde he sacado estas dos últimas citas, titulada "La verdadera alternativa" (T.31.IV).

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Todo llega a su tiempo.

Cada cosa a su tiempo.

Es una invitación a la paciencia; a no obsesionarnos con los resultados, sino seguir tranquilamente con nuestra práctica del perdón. Con esta actitud llega la paz. Y en el momento oportuno, ocurrirá el completo despertar.

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El amor todo lo puede.

En el capítulo XI ya vimos una variante de este refrán. Aquí digamos simplemente que a nivel del mundo, la forma que frecuentemente adopta el amor es la del perdón, que nos ayuda a despertar. En este sentido podemos parafrasear el refrán así. El perdón todo lo puede.

Mas la única oración que tiene sentido es la del perdón porque los que han sido perdonados lo tienen todo. (T.3.V.6.3)

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Todo tiene haz y envés.

Todas las cosas de este mundo tienen su opuesto. Aquí todo tiene ventajas y desventajas, pros y contras. Y cualquier tema puede ser mirado de maneras diferentes; toda moneda tiene dos caras. Por lo tanto, no nos impacientemos cuando los demás opinen de manera diferente a nosotros. En este mundo las opiniones diferentes son algo normal.

En este mundo, todo lo que hacemos para defender nuestros intereses se convierte en una defensa de doble filo (con pros y contras; con su lado amargo). La única defensa sin desventajas es el perdón o Expiación:

La Expiación, pues, resulta ser la única defensa que no es una espada de dos filos. Tan sólo puede sanar. (...) La Expiación es la única defensa que no puede usarse destructivamente porque no es un recurso que tú mismo hayas inventado. (T.2.II.4.8-9,1)

Lo que nosotros hemos inventado junto al ego es el mundo de los opuestos, donde todo tiene doble filo. Pero el perdón/Expiación no lo hemos inventado nosotros, no proviene del ego; proviene del recuerdo de la verdad en nuestra mente: el Espíritu Santo.

Decir que todo tiene haz y envés (dos filos; pros y contras) excepto el perdón, significa también que en este mundo no hay nada confiable excepto el perdón.

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Todo tiene remedio menos la muerte.

La muerte es lo único seguro en este mundo.

La muerte no existe, es un sueño; pero los durmientes hemos elegido al ego y nos parece que la muerte es la única verdad segura. Cuando dejemos de elegir al ego, descubriremos que la Vida no tiene comienzo ni final.

El primero de estos refranes tiene un lado útil; se utiliza para dar esperanza a quien está pasando por circunstancias adversas, recordándole que siempre se puede salir de cualquier problema (excepto de la muerte, añade el ego). En este sentido, significa lo mismo que otro refrán que ya vimos: "Mientras hay vida hay esperanza" (capítulo XVII). Y entonces, para quien sabe mirar, siempre hay esperanza, porque en realidad la vida nunca se acaba, ni siquiera en la ilusión (pues se complementa con otras ilusiones: la de la "vida después de la vida", la de la reencarnación, etc).

El segundo de estos refranes tiene también alguna utilidad, si se utiliza no para deprimirnos sino para recordar que los caminos que ofrece el ego no conducen a nada bueno, pero que hay una alternativa: la vida, que en realidad es lo único real. La muerte es irreal. 

Pero el ego cree que la muerte es real. Y el Curso enseña lo contrario: la muerte parece lo único seguro en este mundo porque es la finalidad del ego, pero en realidad la muerte y el ego no existen, pues nuestra verdadera Vida es inmortal:

La muerte es el sueño central de donde emanan todas las ilusiones. ¿No es acaso una locura pensar que la vida no es otra cosa que nacer, envejecer, perder vitalidad y finalmente morir? (...) La creencia fija e inalterable del mundo es que todas las cosas nacen para morir. Se considera que así es como "opera la naturaleza", y ello no se debe poner en tela de juicio, sino que debe aceptarse como la ley "natural" de la vida. Lo cíclico, lo cambiante y lo incierto; lo inestable y lo inconstante; lo que de alguna manera crece y mengua siguiendo una trayectoria determinada, es lo que se considera la Voluntad de Dios. Y nadie se pregunta si un Creador benigno hubiese podido disponer algo así. (M.27.1.1-2,4-7)

La "realidad" de la muerte está firmemente arraigada en la creencia de que el Hijo de Dios es un cuerpo. Y si Dios hubiese creado cuerpos, la muerte sería ciertamente real. Pero en ese caso Dios no sería amoroso. (M.27.5.1-3)

"El último obstáculo superado será la muerte". ¡Por supuesto que sí! Sin la idea de la muerte no habría mundo. Todos los sueños acabarán con éste. (M.27.6.1-4)

Dios es eterno, al igual que todas las cosas creadas en Él. (M.27.6.10)

Maestro de Dios, tu única tarea puede definirse de la siguiente manera: no hagas ningún trato en el que la muerte sea parte integrante de él. (...) Mantente firme sólo en esto: no te dejes engañar por la "realidad" de ninguna forma cambiante. La verdad no cambia ni fluctúa, ni sucumbe ante la muerte o ante la destrucción. (M.27.7.1,5-6)

Pero la muerte no existe. Lo que existe es la creencia en la muerte. (T.3.VII.5.11)

La muerte no existe porque lo que Dios creó comparte Su Vida. La muerte no existe porque Dios no tiene opuesto. La muerte no existe porque el Padre y el Hijo son uno. (L.167.1.5-7)

La muerte no existe. El Hijo de Dios es libre. (M.28.4.2-3)

La muerte no existe porque el Hijo de Dios es como su Padre. (C.5.6.9)

Constantemente estamos eligiendo entre creer en Dios o en la muerte. Podemos parafrasear una cita del Libro de ejercicios, cambiando la palabra "dolor" por "muerte":

Si Dios es real, la muerte no existe. Mas si la muerte es real, entonces es Dios Quien no existe. (L.190.3.3-4 modificada con "la muerte" en vez de "el dolor")

Lo que elijamos, eso experimentaremos: la verdad (Dios, Vida) o lo falso (muerte, sueño, dualidad).

Así que, volviendo a nuestros dos refranes, podemos verlos así:

Todo tiene remedio (incluso la muerte).

La muerte es lo único seguro en este mundo mientras sigamos creyendo al ego.
La vida es lo único seguro en este mundo y en la eternidad cuando elegimos reconocer la verdad.

También en otras tradiciones se indica que la verdadera vida es eterna. Por ejemplo, en la Bhagavad Gita se dice:

De lo irreal no surge el Ser. Lo real no puede dejar de Ser. (Bhagavad Gita II, 16)

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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domingo, 6 de agosto de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XXVII)

Querer es poder.

Simplemente lo retraducimos como:

Perdonar es despertar.

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¿Quién le pone el cascabel al gato?

Según la fábula, los ratones se reunieron para deliberar sobre la terrible amenaza que día tras día acechaba sus vidas: el gato. ¿Cómo podrían escapar de ser comidos por el gato? Finalmente, un ratón ingenioso ideó la solución:

— ¡Pondremos un cascabel al gato, en su cola! De este modo, cuando se acerque escucharemos el cascabel y no podrá pillarnos desprevenidos. ¡Nunca más nos atrapará!

Todos los ratones se entusiasmaron con esta idea y aplaudieron al unísono, dando vítores y saltos de alegría.

— ¡Viva, viva, genial idea! ¡Estamos salvados!

De repente, un ratón anciano hizo una inquietante pregunta:

— Pero... en definitiva... ¿quién de nosotros le pondrá el cascabel al gato?

Los ruidos y entusiasmos fueron disminuyendo hasta que se instaló un silencio sepulcral. Nadie estaba dispuesto a asumir ese peligroso riesgo. La reunión acabó sin que los ratones hubiesen hallado ninguna solución.

Por suerte, Un Curso de Milagros nos enseña que nuestra situación es diferente a la de los ratones de la fábula. Porque según UCDM, el gato-ego ya lleva puesto el cascabel. De todos modos es un gato demasiado ruidoso como para que pueda acercarse sigilosamente a nadie. No hay el más mínimo peligro; en el fondo se trata de un cascabel sin gato, por así decir. El gato-ego es ilusorio y nuestra sensación de peligro es algo imaginario. La única manera de que el ego nos sorprenda es que deseemos ser sorprendidos por él (es decir, que deseemos nuestra ilusoria individualidad por encima de la verdad). Pero si queremos sinceramente la paz y la verdad, no tenemos más que mirar atentamente. El gato-ego está siempre muy a la vista. Nadie tiene que asumir el "peligroso riesgo" de ponerle un cascabel, pues el Espíritu Santo ya se encarga de avisarnos de todo. Simplemente tenemos que aceptar la solución que el Espíritu Santo nos ofrece y, al mirar el mundo desde nuestra mentalidad recta (el hogar del Espíritu Santo y de la paz), dejaremos de autoengañarnos. Veremos las apariencias como apariencias y la verdad como verdad. Y el gato-ego desaparecerá. Ni siquiera está; es solamente una especie de espantapájaros que confundimos con alguien real.

Mediante la cancelación progresiva y sistemática de los efectos de todos los errores, en todas partes y con respecto a todo, el Espíritu Santo enseña que el ego no existe y lo demuestra. (T.9.IV.5.6)

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Quien ama el peligro, en él perece.

Quien por el ego vive, por el ego muere. Ya nos avisa el Curso de nuestra atracción inconsciente por el ego en sus diversas formas: la atracción por la culpabilidad (T.19.IV.A.i), la atracción por el dolor (T.19.IV.B.i), la atracción por la muerte (T.19.IV.C), etc. No nos damos cuenta de cuán peligrosa es nuestra creencia de que el mundo/individualidad es real y nos dará la felicidad. El mundo aparenta ser nuestro hogar, pero en realidad es sufrimiento y muerte. Por fortuna, nuestro verdadero Ser es inmutable y no puede sufrir ni morir, pero mientras sigamos jugando a creer lo contrario, nuestra experiencia parecerá teñida de muerte y sufrimiento.

Cuando nos cansemos de este juego, simplemente salgamos de él. La ficción del mundo de las formas necesita de nuestra colaboración para mantenerse, porque cuando dejamos de creer en ello se debilita hasta desaparecer. Por lo tanto, cuando queramos dejar de jugar al sufrimiento, amemos la paz en vez del conflicto del ego.

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Uno de los dos sobra en este pueblo, forastero.

O sus variantes, por ejemplo:

En este pueblo sólo hay lugar para uno de los dos, forastero.

En este pueblo no cabemos los dos, forastero.

Es una frase típica de las películas del oeste, que nos sirve para representar uno de los principios favoritos del ego, el principio de exclusión: o tú o yo.

El ego, al creer en las diferencias y en la limitación de los recursos, convierte las situaciones en un tú o yo: o ganas tú y pierdo yo, o gano yo y pierdes tú. O gana mi familia (o mi país, mi opinión, mi equipo de fútbol, etc) y entonces el otro pierde, o por el contrario ganan los otros y son los míos los que pierden. El ego está siempre en competencia, luchando por los recursos limitados. Ve al "otro" como un enemigo, y se identifica con sus aparentes aliados temporales mediante el amor especial.

Por su lado, el Espíritu Santo nos recuerda que todos vamos en el mismo barco: o todos ganamos, o todos perdemos. Nuestra única verdadera ganancia es despertar del sueño dual, y cuando lo hacemos, vemos que todos somos uno.

También podemos decirle simbólicamente al ego que "uno de los dos no cabe en este pueblo, forastero". Es decir, en mi experiencia consciente no cabe a la vez el ego y mi verdadero Ser. Uno de los dos sobra, y nos corresponde a cada uno elegir a quién aceptamos como nuestra identidad (la paz o el miedo). Si elegimos al Espíritu Santo (paz, unión), despertamos. Si elegimos al ego (miedo, separación), dormimos. Pero no podemos experimentarlos a los dos a la vez en el "pueblo" de nuestra mente/conciencia.

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Ancha es Castilla.

Parece, por lo que he leído en internet (foro de WordReference), que el significado de este dicho viene de que "en los tiempos de la Reconquista, las tierras de Castilla estaban muy poco habitadas, por lo tanto los campos castellanos eran el sitio perfecto para iniciar un negocio (legal o ilegal) sin que nadie te viera". Es decir, que el mundo es lo suficientemente grande para que cada uno haga sus menesteres sin que unos choquemos con otros.

El ego siempre busca confrontación, chocar con los demás, tener discusiones y conflicto, como si el mundo fuera tan pequeño que fuese inevitable chocar y pelear, en competencia unos con otros. El ego nos conduce a menudo a situaciones en las que seamos castigados (inconscientemente buscamos castigarnos por nuestra creencia en la culpa por la separación de Dios), y nos metemos en líos, o discutimos agresivamente para provocar confrontación, o tenemos accidentes o enfermedades, etc. Pero si escuchamos al Espíritu Santo, en vez de ir al choque contra el mundo nos perdonaremos por lo que no ha ocurrido (la separación no ha ocurrido realmente) y entonces no buscaremos castigarnos, por lo que podremos decir: "Ancha es Castilla", o "Ancho es el mundo", reconociendo que hay sitio de sobra para todos y que no tenemos por qué pelearnos. El Espíritu Santo nos ayuda a comprender que todos somos compañeros, no enemigos.

A nivel de la realidad absoluta podríamos decir también: Ancho es el Cielo. Ancho es el Universo de Dios. Porque infinito ("ancho") es el Ser; infinito es el Amor e ilimitada la Felicidad.

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Quien aprisa sube, aprisa se hunde.

Ya hemos hablado de esto al comentar otros refranes de esta serie (por ejemplo en "No hay que empezar la casa por el tejado", en la parte XXIV). En nuestra ascensión por la escalera del despertar debemos ser pacientes y dar uno por uno cada uno de los pasos del perdón. Subimos esta escalera peldaño por peldaño, sin la arrogancia/ansiedad de querer subir de un solo salto del primer peldaño al último. Por lo tanto, no nos impacientemos ni nos obsesionemos por estar ya iluminados. Todo a su debido tiempo. Respetemos nuestro propio ritmo. Demos los pequeños pasos del perdón. Seamos pacientes, muy pacientes, atendiendo al presente, no ansiosos por un supuesto futuro.

Ahora debes aprender que sólo la paciencia infinita produce resultados inmediatos. (T.5.VI.12.1)

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Quien deja de ser amigo no lo fue nunca.

Lo verdadero es eterno. Si algo es temporal, entonces es ilusorio y generalmente del ego. Lo que el ego ofrece es siempre temporal. Si una amistad hoy lo es y mañana se torna en enemistad, eso significa que desde el principio nunca fue amistad. Un amor que se convierte en odio tampoco fue nunca amor. Una lealtad que se convierte en traición no fue nunca lealtad. La lealtad especial que nos ofrece el ego es traición disfrazada de lealtad. La amistad especial que nos ofrece el ego es enemistad disfrazada de amistad. El amor especial que nos ofrece el ego es odio disfrazado de amor. La vida especial que nos ofrece el ego es muerte disfrazada de vida.

Pero lo que el Espíritu Santo nos ofrece, nos lo ofrece eternamente. Elijámosle a Él y Su amistad, Su paz, Su amor y Su ayuda para despertar. Su regalo es eterno porque conduce a lo eterno.

No tienes ningún otro "enemigo" ((la creencia en la culpabilidad)), y el Espíritu Santo es el único Amigo que te puede ayudar contra esta absurda distorsión de la pureza del Hijo de Dios. (T.14.III.13.5)

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Quien en necio confía necedad recibe.

Y puesto que el ego es necio, dejémosle de lado y en su lugar confiemos en el Espíritu Santo.

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El que se fue a Sevilla perdió su silla.

Podríamos parafrasearlo así: El que se fue al mundo del ego, perdió su ser y el universo entero.

Contándolo en forma de parábola: Estábamos tan tranquilos en el Cielo, sentados como un solo Hijo en nuestra Silla Celestial, cuando de repente se nos ocurrió irnos de paseo al mundo del ego. Y perdimos nuestra silla. No perdimos nuestra Silla Celestial, que es inmutable y simplemente está esperando nuestro "regreso"... estamos sentados sobre ella, pero durmiendo, soñando. No, en nuestro sueño no perdimos la Silla Celestial, sino la pequeña y limitada silla que esperábamos encontrar en el mundo del ego. Al llegar, resulta que era el ego quien estaba sentado en ese ridículo trono, y no estaba dispuesto a ceder su lugar a nadie. Así pues, nos quedamos sin silla, de pie y cansados en ese mundo reflejado, ese mundo imaginario de sufrimientos. Sin embargo no ha sucedido nada realmente. Simplemente nos quedamos dormidos. Cuando despertemos, descubriremos que seguimos sentados sobre nuestro Trono eterno, en nuestra Silla Celestial.

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Quien mal anda, mal acaba.

Quien persiste en seguir el sistema de pensamiento del ego, mal acaba. Porque el ego, nacido del supuesto asesinato de Dios (la creencia en la separación) y agobiado por sus consecuencias (dolor, culpa, miedo), no produce otra cosa que más de lo mismo: separación, carencia, dolor, culpa, muerte y miedo. Esto es desolador, pero en cualquier instante podemos elegir cambiar de compañía, dejando de lado al ego y confiando en el Espíritu Santo. Y cuando andemos con el Espíritu Santo, acabaremos muy bien, con paz y la capacidad de despertar. Como dice otro refrán que ya comentamos en el capítulo IX, "dime con quién andas y te diré quién eres".

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Quien no sabe callar, no sabe hablar.

Es mejor callar para escuchar al Espíritu Santo, en vez de hablar y hablar desde el ego. Si escuchamos al Espíritu Santo seremos más comedidos al hablar y, cuando hablemos, lo haremos con inspiración. Sobre el callar y el hablar estuvimos hablando más detalladamente al comentar varios refranes del capítulo VI.

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Quien no tiene hermano no tiene pie ni mano.

Suerte que desde la perspectiva del Curso todos somos hermanos. Y en las relaciones con nuestros hermanos surgen muchas de las lecciones más importantes de perdón. Somos afortunados de tener tantos hermanos, y deberíamos estarles agradecidos tanto por las veces que nos expresan amor, como por las veces que nos dan la oportunidad de escuchar sus peticiones de ayuda (T.12.I.6.1-2).

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Quien no tiene, perder no puede.

Quien no tiene bienes, no puede perder ninguno. De hecho, tanto los bienes como la pérdida de bienes, así como todos los problemas, son asuntos del cuerpo. Si nos desprendemos de la creencia de ser un cuerpo, no podremos perder nada. Pues son los cuerpos los que parecen ganar y perder cosas, pero nuestro Ser inmutable ni gana ni pierde, pues no es del mundo y es siempre Todo y Él Mismo.

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Quien tiene un amigo tiene un tesoro.

Recordemos que tenemos al más fiel Amigo, el Espíritu Santo, Quien nos enseña el perdón mediante el cual todos los seres se convierten en nuestros amigos en el despertar. También las situaciones se convierten todas en nuestras amigas cuando usamos el perdón.

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Quien todo lo quiere, todo lo pierde.

El ego lo quiere todo, hasta dejar a los demás sin nada excepto las sobras. Este querer compulsivo se debe a la sensación de carencia interior, que no puede ser colmada ni siquiera obteniendo todos los objetos del mundo, pues esta carencia se origina en la creencia mental de habernos separado de Dios. Por lo tanto, mientras sigamos creyendo en el ego/individualidad, nos sentiremos vacíos internamente y caeremos con facilidad en la tentación del ego de querer más y más cosas en el mundo, esperando que alguna vez nuestra "hambre" sea saciada. Pero lo que tenemos es "hambre" de Dios, y no la colmaremos hasta que volvamos a ser Uno con Él.

El mundo cree en ídolos. Nadie viene a él a menos que los haya venerado y trate todavía de buscar uno que aún le pueda ofrecer un regalo que la realidad no posee. Todo idólatra abriga la esperanza de que sus deidades especiales le han de dar más de lo que otras personas poseen. Tiene que ser más. No importa realmente de qué se trate: más belleza, más inteligencia, más riqueza o incluso más aflicción o dolor. Pero para eso es un ídolo, para darte más de algo. Y cuando uno falla otro viene a ocupar su lugar, y tú esperas que te pueda conseguir más de otra cosa. No te dejes engañar por las formas en que esa "otra cosa" se manifiesta. Un ídolo es un medio para obtener más de algo. Y eso es lo que va en contra de la Voluntad de Dios. (T.29.VIII.8.4-13)

Va en contra de la Voluntad de Dios que luchemos por tener más, puesto que ya lo somos todo, junto con todos nuestros hermanos. Si buscamos tener más que otros, es porque ya hemos aceptado ser menos de lo que realmente somos.

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Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña.

Si la felicidad/paz no viene a nosotros, vayamos nosotros hacia ella mediante el perdón.

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Si no puedes con tu enemigo, únete a él.

Nosotros, que somos el Ser Uno con Dios, no tenemos enemigo. Es el inexistente ego quien imagina tener un enemigo, ¡nosotros!, y como con nosotros no puede, trata de unirse a nosotros para confundirnos. Y mientras nos identifiquemos con la individualidad, el truco del ego funcionará. Pero cuando nos cansemos de jugar a sufrir y dejemos de creer en la individualidad, el ego no podrá seguir fingiendo que es uno con nosotros y, al ser inexistente, desaparecerá. En la Unidad no hay enemigos. Y lo único existente es la Unidad.

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Siempre que ha llovido ha escampado.

El mundo es un lugar de cambios, donde todo —placentero o doloroso— es fugaz y pasa. Así que, cuando algo no nos guste, recordemos que no durará. Y en cuanto a la completa solución, ya sabemos que es el perdón.

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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sábado, 5 de agosto de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XXVI)

Pecado confesado, medio perdonado.

O el refrán sinónimo:

Dios perdona a quien su culpa llora.

Un Curso de Milagros prefiere usar la palabra "error", en vez de "pecado" (en seguida explicaré por qué). Por lo tanto, nosotros vamos a hablar de "error confesado, medio perdonado". Por "error confesado" nos referimos al error reconocido, es decir, al error del que somos conscientes. No podemos perdonar/rectificar un error del que somos inconscientes. El error de creer en el ego (en su sistema de pensamiento de la separación) se ha convertido para nosotros en un hábito inconsciente, y mientras siga siendo inconsciente no nos ocuparemos de deshacerlo. Pero una vez que somos conscientes del error, lo más difícil ya está hecho. Ya solo falta que nos demos cuenta del dolor que el error nos acarrea, y entonces estaremos dispuestos y felices de perdonarlo/rectificarlo.

El otro refrán significa lo mismo, aunque expresado de manera más metafórica. Cuando reconocemos nuestro error, el camino del perdón queda despejado. Quien "su culpa llora" se refiere a cuando nos damos cuenta del dolor que nos acarrea nuestra creencia en el sistema de pensamiento del ego, basado en el pecado, la culpa y el miedo. Al darnos cuenta del dolor que esto acarrea, "lloramos" y nos volvemos dispuestos a perdonar, y cuando lo hacemos, descubrimos que Dios ya nos había perdonado de antemano desde el principio de los tiempos, pues el pecado en realidad nunca ocurrió: no fue más que algo imaginado.

En cuanto a por qué el Curso nos invita a ver nuestros problemas como errores en vez de como pecados, es porque los errores se pueden deshacer. El Curso se reserva la palabra "pecado" para la creencia del ego en haber hecho algo perverso que no se puede solucionar, no se puede volver atrás, no se puede deshacer. Debido a esta creencia, el ego cree que hay pecados imperdonables (especialmente nuestro supuesto pecado contra Dios: la separación). Pero el Espíritu Santo nos enseña que pecar es imposible y que eso que llamamos pecado no es más que un simple error, fácil de desvanecer si lo iluminamos con la luz del perdón. Un error no es más que oscuridad —una creencia errónea, una imaginación imposible—, y cuando la luz —el perdón, la mentalidad recta— ilumina la oscuridad, el error se desvanece y solo queda lo eterno que es paz.

Algunas citas del Curso relacionadas con esto son las siguientes:

La mente que no perdona no ve errores, sino pecados. (L.121.4.1)

Es esencial que no se confunda el error con el pecado, ya que esta distinción es lo que hace que la salvación sea posible. Pues el error puede ser corregido, y lo torcido, enderezado. Pero el pecado, de ser posible, sería irreversible. (...) El pecado exige castigo del mismo modo en que el error exige corrección, y la creencia de que el castigo es corrección es claramente una locura. (T.19.II.1.1-3,6)

Uno de los principales dogmas de la descabellada religión del ego es que el pecado no es un error sino la verdad, y que la inocencia es la que pretende engañarnos. (T.19.II.4.1)

El ego siempre considerará injustificable cualquier intento de reinterpretar el pecado como un error. La idea del pecado es absolutamente sacrosanta en su sistema de pensamiento. (T.19.II.5.1-2)

Puede ciertamente afirmarse que el ego edificó su mundo sobre el pecado. Únicamente en un mundo así podría todo ser a la inversa. (T.19.II.6.1-2)

La atracción de la culpabilidad reside en el pecado, no en el error. (T.19.III.1.1)

La razón no puede ver pecados pero sí puede ver errores, y propicia su corrección. (T.21.VI.1.1)

No permitas que tu temor del pecado impida la corrección del error, pues la atracción que ejerce la culpabilidad es sólo miedo. (T.22.I.4.6)

La razón puede reconocer la diferencia entre el pecado y el error porque desea la corrección. Te dice, por lo tanto, que lo que pensabas que era incorregible puede ser corregido, y que, por consiguiente, tuvo que haber sido un error. (T.22.III.2.4-5)

El ego quiere conservar todos los errores y convertirlos en pecados. (T.22.III.4.6)

¿Y es esto acaso un pecado o simplemente un error? (T.25.III.9.4)

Esto es lo que tenemos que decidir (esto que me aflige ¿es un pecado o simplemente un error?), y el Curso nos enseña cómo decidir correctamente (el significado del perdón).

Para un repaso más completo del tema sería muy conveniente releer enteramente las secciones "El pecado en contraposición al error" (T.19.II) y "La irrealidad del pecado" (T.19.III).

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Persona envidiosa no puede ser dichosa.

Si sentimos envidia de alguien es porque nos hemos identificado con el cuerpo, que es limitado y por lo tanto nos sentimos carentes. El cuerpo es el símbolo de la separación del ego, por lo tanto, mientras sigamos identificados con él, ni todos los tesoros del mundo juntos lograrán satisfacer nuestro profundo vacío interior. Nuestra inmutable plenitud sigue brillando eternamente, pero seguiremos inconscientes de ella hasta que renunciemos a identificarnos con el cuerpo, lo cual hacemos al abandonar el sistema de creencia de separación del ego.

La envidia, que es falta de paz, nos está avisando de que nos hemos negado a perdonar. El perdón, que es inocencia y paz, nos conduce dulcemente a despertar, tras lo cual se desvela nuestra verdadera realidad de plenitud eterna.

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Por el hilo se saca el ovillo.

Siempre hay un hilo que nos guíe hasta el ovillo, un hilo de Ariadna que nos guíe para salir del laberinto del Minotauro. Es cuestión de que queramos ver el hilo, en vez de seguir prestando atención al imaginario Minotauro. Nuestro "laberinto del Minotauro" es el mundo de la dualidad en el que creemos estar perdidos. El "ovillo" que buscamos es nuestra felicidad, el Cielo, nuestro verdadero Ser. Y el hilo que nos guía hacia nuestra meta fuera del laberinto es el hilo del perdón. Mediante el perdón, los acontecimientos de nuestra vida se convierten en símbolos que nos guían hacia la paz, a través de nuestro cambio de mentalidad. De este modo, con la ayuda de este hilo, escapamos del laberinto y encontramos nuestro ovillo, nuestro Ser.

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Por un oído me entra y por otro me sale.

Debido a nuestra resistencia a despertar nos negamos a escuchar la verdad. Es por esto que el Espíritu Santo tiene tantas dificultades para llegar hasta nuestra conciencia. Incluso cuando leemos las palabras del Curso, con mucha frecuencia nos olvidamos a los pocos minutos de los poderosos mensajes que nos está compartiendo. A veces no nos tomamos sus mensajes en serio ni siquiera mientras los estamos leyendo. Leemos ideas como que «¡El mundo no existe!» (L.132.6.2), «el cuerpo no existe» (T.18.VI.9.2; T.18.VII.3.1), los ojos no ven, el oído no oye, el cerebro no piensa (L.92.2.1,4; P.2.VI.3.1-2), y ni siquiera se nos ocurre pensar que lo que se nos está diciendo es realmente así. O si llegamos a tomarlo en consideración, lo olvidamos a los pocos minutos: por un oído nos entra y por otro nos sale.

No pasa nada, esto es lo normal debido a nuestra resistencia. Y el Curso tiene en cuenta esta resistencia y por eso nos repite tanto las ideas básicas (ante todo las del perdón). Otras ideas, como las que he mencionado, el Curso las menciona en pocas ocasiones, pues sabe que son pocos quienes están maduros para tomarlas en consideración. El proceso del perdón está diseñado para superar nuestra resistencia. Basta con que seamos sinceros practicando el perdón cada vez más constantemente, y poco a poco, conforme nuestra resistencia a despertar se vaya disipando, iremos notando la tremenda verdad de esas otras frases que el Curso repite menos veces. Verdaderamente el mundo no es nada; los ojos no ven (es la mente la que "ve"), etc. Conforme nuestra identificación va cambiando del personaje del sueño (el cuerpo) hasta el tomador de decisiones (la mente) nos iremos dando cada vez más cuenta de que lo que el Curso nos dice es cierto. Mientras tanto, no nos sorprendamos de que por un oído nos entre la información del Curso y por el otro oído nos salga. No nos culpemos por eso (la culpa siempre implica ego); simplemente perdonémonos cuando nos demos cuenta de que hemos hecho esto, y procuremos prestar cada vez más atención a las ideas que el Curso trata de transmitirnos.

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Por un perro que maté, mataperros me llamaron.

El sistema de pensamiento del ego nos lleva a usar el pasado para volvernos ciegos al presente. No vemos el presente de nuestros hermanos porque atendemos principalmente a su pasado: guardamos resentimientos por lo que hace tiempo hizo o nos dijo, etc. De este modo, etiquetamos a nuestro hermano y ya no lo vemos a él, vemos solo la etiqueta, que es del pasado.

El Curso nos dice:

Si recuerdas el pasado cuando contemplas a tu hermano, no podrás percibir la realidad que está aquí ahora. (T.13.VI.1.7)

El milagro te permite ver a tu hermano libre de su pasado, y así te permite percibirlo como que ha renacido. (T.13.VI.5.1)

Pues el presente es perdón. (T.17.III.8.2)

El presente te muestra a tus hermanos bajo una luz que te uniría a ellos y te liberaría del pasado. (T.13.VI.7.1)

Al final del capítulo XIX pusimos también algunas citas sobre el tema del tiempo, en las explicaciones del refrán titulado "Lo que tenga que pasar, pasará".

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Preguntando se llega a Roma.

Cuando tenemos dudas debemos tener la humildad de preguntar a quien sabe la respuesta. Cuando la duda es sobre cómo despertar, el Maestro al que preguntar es el Espíritu Santo, Quien está deseoso de señalarnos el camino a la paz y la verdad.

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Prometer y no cumplir, mil veces lo vi.

El mundo del ego es un mundo de promesas incumplidas, porque el propio ego miente: su promesa de que el mundo nos dará la felicidad es una mentira. Nosotros, al habernos identificado con el sistema de pensamiento del ego, también mentimos. Por ejemplo, cuando prometemos a alguien "amor eterno" y más adelante las cosas cambian. O en un sentido más profundo, cuando aseguramos que queremos dejar de sufrir, y sin embargo nos negamos a perdonar. Si de verdad queremos despertar del sueño de la dualidad, el perdón es el medio para ello. O dicho al revés: si incumplimos nuestro compromiso con el perdón, esto significa que en el fondo no queremos ser felices sino que todavía nos aferramos al juego del sufrimiento. Y reconocer esto ya es un paso importante para comenzar a cambiar nuestra mentalidad.

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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viernes, 4 de agosto de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XXV)

No todo sale como uno quiere.

El personaje humano es incapaz de controlar las circunstancias de la vida, por lo que conviene desapegarnos de los resultados si queremos estar en paz. Si en vez de enfocarnos en los resultados nos enfocamos en el cambio de mentalidad (el proceso del perdón), aunque los resultados a nivel de la forma puedan variar, el resultado a nivel del contenido siempre será la paz que tanto anhelamos. Aprender esto es lo más útil en este aparente mundo, pues nos permite estar en paz independientemente de las circunstancias que se presenten.

Un refrán relacionado con el anterior:

Mi gozo en un pozo.

Cuando nos ilusionamos con la llegada de determinado resultado, si este no ocurre nos decepcionamos. Los gozos del mundo acaban siempre en decepción, pues unos no se alcanzan y los otros solo duran temporalmente. Es más sensato aprender a disfrutar de la felicidad interior —que nunca se agota— que seguir dándonos coscorrones en el mundo buscando la felicidad exterior en las fugaces apariencias.

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Nuevo rey, nueva ley.

Cada rey tiene su conjunto de leyes. Estamos constantemente eligiendo entre dos reyes: el ego y el Espíritu Santo. La ley del ego es la culpa, el dolor, la crueldad y el miedo. La ley del Espíritu Santo es el perdón, la inocencia, la paz y la felicidad. Este último rey es bondadoso y nos libera, mientras que el otro es cruel y nos esclaviza.

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Nunca des consejo a quien no te lo pide.

A veces, más que aconsejar queremos lucirnos, que nos vean como sabios, o simplemente enfocarnos en los problemas de los demás sin prestar atención a los nuestros (ver la brizna en el ojo ajeno para olvidar la viga en el nuestro). Con esta actitud, a veces la otra persona descubre o intuye nuestro egoísmo y reacciona enfadándose. Es inútil tratar de imponer nuestras ideas sobre los demás (y es una actitud egoica). Es egoico empujar por nuestro camino a quien no nos había pedido nada.

Desde la mentalidad recta se da consejo únicamente a quien lo pide, a quien está receptivo. Esta petición no siempre se hace con palabras, pues muchas veces pedimos desde el silencioso corazón, pero el Espíritu Santo nos ayuda a escuchar las peticiones de nuestros hermanos, así como a abstenernos de intervenir cuando no se nos hace ninguna invitación.

Otra manera de expresar la mentalidad recta es dar/aconsejar de manera impersonal, sin buscar resultados específicos. Desde la mentalidad recta podemos brillar como soles, o cantar como pájaros, sin estar apegados a si alguien se calienta con nuestra luz o escucha nuestros cantos. Simplemente somos (sin buscar resultados, sin controlar nada), espontáneos y abiertos, permitiendo que cualquiera que resuene disfrute de lo que compartimos. Esta actitud es exactamente la contraria a la de tratar de controlar e imponer nuestra visión sobre los demás.

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Nunca digas 'de esta agua no beberé'.

En este mundo todo es cambiante, incluidos nuestros gustos, preferencias y opiniones. ¿Cuántas veces hemos cambiado de opinión sobre algo, o hemos hecho algo que habíamos afirmado que jamás haríamos? Aprendamos humildemente de estas experiencias y tomemos conciencia de que en este mundo de dualidad nuestras verdades y opiniones son relativas y cambiantes. Al darnos cuenta de esto, nos resultará más fácil respetar las opiniones ajenas y podremos dar las nuestras desde la amabilidad, sin enfadarnos de que alguien nos lleve la contraria.

Un refrán relacionado es el siguiente:

Nunca digas 'nunca jamás'.

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Nunca es tarde si la dicha es buena.

Nunca es tarde para perdonar. Nunca es tarde para despertar del sufrido sueño de la dualidad. Nunca es tarde para decir 'sí' al Cielo. No nos desesperemos nunca: el feliz final del sueño dual está garantizado. Cuando estemos realmente hartos de sufrir en la dualidad hagamos lo siguiente: volvamos la mente hacia dentro, perdonemos, y así despertemos a la maravillosa verdad no-dual que está esperándonos con los brazos abiertos.

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Nunca llueve a gusto de todos.

De nuevo, el tema del desapego. En este mundo dual las personas podemos tener preferencias diferentes unas de otras. Cuando estamos apegados a los resultados que nos gustarían, sufrimos. Pero cuando no nos obsesionamos por los resultados, podemos estar en paz independientemente de cuáles sean las circunstancias que nos rodean.

Lo que a unos les gusta, a otros les disgusta. Es sensato ser comprensivo con los gustos de los demás. Y es mejor que nos enfoquemos en lo que todos tenemos en común: independientemente de nuestras preferencias a nivel de la forma, a nivel del contenido todos queremos lo mismo: ser felices y estar en paz.

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Segundas partes nunca fueron buenas.

Lo original es siempre más valioso que las imitaciones. El Cielo o Unidad (lo original, la "Primera y Única Parte", lo auténtico) es lo que tiene valor, pues es felicidad real que permanece para siempre. En la Realidad original la felicidad es maravillosa, indescriptible; no hay ni una sola gota de drama. En cambio, el ego se siente atraído por los dramas y se empeñó en apartarse de lo real y hacer su propia secuela, una imposible y defectuosa segunda parte cuyo protagonista fuese él mismo; y entonces surgió (pareció surgir) nuestra ilusoria experiencia de separación y sufrimiento.

En cualquier instante podemos elegir renunciar a nuestro papel de "caballero de la triste figura" (el sufriente cuerpo limitado, la persona individual), abandonando este intento de inútil y dolorosa secuela. Elijamos nuestra inmutable Vida original, que es total felicidad. En realidad no hay alternativa a Ella, pero mientras persistamos en imaginar lo contrario, nosotros, el caballero de la triste figura, seguiremos dándonos coscorrones contra los imaginarios peñascos y luchando contra gigantes con pinta de molino, tratando de obtener alguna gota de gloria y felicidad de las siempre decepcionantes y tramposas apariencias y malas imitaciones.

No es lo mismo la verdadera felicidad que la apariencia de felicidad.

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Obra empezada, medio acabada.

Muchas veces, empezar algo es lo que más cuesta. Una vez que empezamos, entramos en una dinámica que hace que todo resulte más fácil. Los primeros pasos son los que más cuestan. Un escritor ante una página en blanco puede sentirse bloqueado, pero cuando comienza a escribir las primeras palabras el resto del texto comienza a fluir de manera más natural.

Igualmente ocurre con la práctica del perdón. Lo que más cuesta es animarnos a empezar y mantener cierta persistencia en los primeros pasos. Luego, conforme el proceso avanza, nuestro entrenamiento produce cierta pericia y rutinas mentales que nos llevan a seguir practicándolo cada vez más fácilmente.

Como dice otro refrán similar que ya vimos: Lo que no se comienza, nunca se acaba. Todo es cuestión de comenzar.

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Paciencia y barajar.

Si nos disgustan los eventos que sobrevienen en nuestra vida, simplemente perdonemos y barajemos de nuevo las cartas de la baraja-vida. Es decir, no nos tomemos las cosas a la tremenda, pues siempre podremos practicar el perdón, que nos permitirá ver nuestras cartas con otros ojos: tal vez no sean las cartas oportunas para ganar la partida que le interesa al ego, pero serán las cartas adecuadas para ganar la verdadera partida: la del despertar y encontrar nuestra felicidad interior.

El mundo es cambiante y las cartas van cambiando, pero el perdón mantendrá nuestro rumbo firme y seguro en dirección al despertar.

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Pan para hoy, y hambre para mañana.

El ego suele inclinarse hacia los placeres inmediatos, que son fugaces y cuando se terminan nos dejan con nuestra habitual sensación de carencia. El sabio no busca lo que es fugaz, sino lo que es eterno. Y el perdón nos conduce a reconocer lo eterno en nuestro propio interior. Todas las actividades del ego son, en el mejor de los casos, pan para hoy y hambre para mañana; y en el peor de los casos implican directamente sufrimiento. Pero todos los efectos del perdón nos instalan en la paz y nos abren la puerta para que reconozcamos aquello que es permanente: nuestro verdadero Ser. Cuando reconocemos el Ser, descubrimos el Pan inagotable, la plenitud de un eterno ahora que nunca se acaba.

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Para el amor no hay edad.

Nosotros lo diremos así: Para el perdón no hay edad. Cualquier edad es buena para perdonar. Nunca es demasiado tarde ni demasiado pronto. Aunque, por lo general, el proceso del perdón suele atraer más frecuentemente a personas de cierta edad, que ya han vivido lo suficiente como para saber por propia experiencia que el mundo del ego conduce siempre a la decepción. Cuando uno descubre que del mundo del ego jamás va a conseguir nada de valor, se abre al sistema de pensamiento de perdón del Espíritu Santo, que conduce a la auténtica libertad.

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Paso a paso se va lejos.

Poco a poco se llega antes.

Ya hemos visto varios refranes semejantes a estos (y el primero de ellos ya lo habíamos mencionado) en anteriores capítulos de esta serie (por ejemplo, "vísteme despacio, que tengo prisa", "no hay que empezar la casa por el tejado", etc). En el perdón no hay prisas, pues el propio perdón deshace el tiempo y la ansiedad. Lo que sí se requiere es constancia para practicarlo hasta que el ego quede completamente deshecho. Cada paso en sí no es difícil: simplemente perdonamos lo que aparece ante nuestras narices, lo que nos molesta. Y así, pasito a pasito, llegamos a la meta de este viaje sin distancia que es el proceso del despertar. Es sorprendente y digno de agradecimiento que los pequeños pasos del perdón puedan conducir al reconocimiento de algo tan mayúsculamente Glorioso como nos espera al final del camino. Cuando finalmente reconozcamos el Ser que siempre somos, nuestra felicidad será incomparable y nunca se acabará.

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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jueves, 3 de agosto de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XXIV)

No hay dos sin tres.

En este mundo las situaciones se repiten una y otra vez. Por lo tanto, si seguimos eligiendo el sistema de pensamiento del ego, seguiremos sufriendo decepciones y molestias una y otra vez. En cambio, si elegimos al Espíritu Santo en nuestra mente (el sistema de pensamiento de mentalidad recta), los momentos de paz se repetirán uno tras otro.

Por otro lado, si nos hemos comprometido con la enseñanza del Curso y detectamos que hemos fallado al desperdiciar una ocasión de practicar el perdón, no nos lamentemos. La oportunidad se repetirá y repetirá una y otra vez hasta que hayamos perdonado la lección simbolizada por esas circunstancias. Las oportunidades de perdonar nunca se agotarán: nunca hay dos sin tres. Solo cuando ya no haya nada de culpa inconsciente en nuestra mente, el perdón será por fin innecesario.

Así que no nos lamentemos por una oportunidad perdida. Es el ego quien se lamenta siempre. El Espíritu Santo simplemente sonríe. Y además, cuando finalmente nos damos cuenta de que pudimos haber perdonado, no solo es que la oportunidad se repetirá, sino que incluso podemos perdonarla ahora que nos hemos acordado, sin necesidad de esperar a que se repita. No importa el tiempo que haya pasado (un minuto, un día, una semana o diez años), porque el tiempo es ilusorio. La situación es simplemente una idea en nuestra mente, y cuando detectamos que hemos perdido de vista la paz, podemos aprovechar para perdonar. Por cierto, no es casual que este comentario tenga tres párrafos. Ya lo dice el refrán.

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No hay enemigo pequeño.

No debemos subestimar nuestro ego, ni siquiera cuando se manifiesta en formas comparativamente bajas de intensidad. No se trata de grados de intensidad, porque el ego es siempre ego al 100%. Por lo tanto, es tan importante que perdonemos un leve enfado como una enorme furia o incluso un asesinato. Las formas cambian, pero el contenido (mantenernos atados al sufrimiento de la dualidad, dormidos en el sueño del mundo) es el mismo. Así que es igual de importante perdonar un leve resfriado que un cáncer, o perdonar un robo con violencia que un pequeño hurto del que nadie se da cuenta. Todo acto de perdón es un paso que damos en dirección a despertar. El Curso nos lo dice así:

La ira (o miedo, dolor, odio, etc; ego) puede manifestarse en cualquier clase de reacción, desde una ligera irritación hasta la furia más desenfrenada. El grado de intensidad de la emoción experimentada es irrelevante. Te irás dando cuenta cada vez más de que una leve punzada de molestia no es otra cosa que un velo que cubre una intensa furia. (L.21.2.3-5)

Tal vez sea útil recordar que nadie puede enfadarse con un hecho. Son siempre las interpretaciones las que dan lugar a las emociones negativas, aunque éstas parezcan estar justificadas por lo que aparentemente son los hechos o por la intensidad del enfado suscitado. Éste puede adoptar la forma de una ligera irritación, tal vez demasiado leve como para ni siquiera poderse notar claramente. O puede también manifestarse en forma de una ira desbordada acompañada de pensamientos de violencia, imaginados o aparentemente perpetrados. Esto no importa. Estas reacciones son todas lo mismo. Ponen un velo sobre la verdad, y esto no puede ser nunca una cuestión de grados. O bien la verdad es evidente, o bien no lo es. No puede ser reconocida sólo a medias. El que no es consciente de la verdad no puede sino estar contemplando ilusiones. (M.17.4)

(Nota: si alguien desea profundizar más en este tema, escribí varios comentarios en el foro Concordia y plenitud, en los que incluí estas citas y algunas otras, acompañadas de aclaraciones).

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No hay felicidad completa.

En este mundo no hay felicidad que sea completa, porque al ser un mundo dual de opuestos, toda felicidad tiene su contraparte de infelicidad que se evidenciará en un momento u otro. Incluso el "guión perfecto" del ego acaba igualmente en la muerte. Por eso el Curso dice que la única felicidad aquí consiste en perdonar, para así despertar de esta pesadilla y reconocer la Verdad.

El perdón es la llave de la felicidad. (L.121)

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No hay mayor dificultad que la poca voluntad.

El único problema que tenemos realmente es nuestra poca voluntad de perdonar/despertar. Seguimos aferrándonos a los resentimientos, lo cual nos mantiene en dualidad. Pero si entrenamos nuestra mente en el perdón, cada día nos resultará más fácil, hasta que se convierte en un hábito automático. Entonces todo se vuelve más fácil.

Una mente sin entrenar no puede lograr nada. El propósito de este libro de ejercicios es entrenar tu mente a pensar según las líneas expuestas en el texto. (L.PI.introd.1.3-4)

Los milagros son hábitos, y deben ser involuntarios. (T.1.I.5.1)

Puesto que la capacidad de crear reside en la mente, todo lo que creas es necesariamente una cuestión de voluntad. (T.2.VIII.1.4)

El hábito de colaborar con Dios y Sus creaciones se adquiere fácilmente si te niegas diligentemente a dejar que tu mente divague. No se trata de un problema de falta de concentración, sino de la creencia de que nadie, incluido tú, es digno de un esfuerzo continuo. (T.4.IV.7.1-2)

Y para quien piense que es difícil tener voluntad, el Curso nos ofrece el concepto de la "pequeña dosis de buena voluntad": basta con un pequeño gesto de voluntad por nuestra parte para que el proceso del perdón dé comienzo. Los pasitos del perdón se irán agrandando y volviendo más fáciles conforme continuamos con nuestro entrenamiento mental del perdón.

El instante santo no procede únicamente de tu pequeña dosis de buena voluntad. Es siempre el resultado de combinar tu buena voluntad con el poder ilimitado de la Voluntad de Dios. (T.18.IV.4.1-2)

Él te capacitará para que vayas mucho más allá de la curación que lograrías por tu cuenta, pues a tu pequeña dosis de buena voluntad para reinstaurar la plenitud Él sumará toda Su Voluntad, haciendo así que la tuya sea plena. (T.11.II.4.3)

No es difícil. Toda maratón comienza por un pequeño pasito. Los pasitos del perdón son muy accesibles si los abordamos sin prisas, uno por uno. No se necesita más voluntad que esta pequeña buena disposición a comenzar nuestro entrenamiento.

No hay peor ciego que el que no quiere ver.
No hay peor sordo que el que no quiere oír.

Es inútil tratar de convencer a alguien de que vea lo que no quiere ver. Si no tiene la voluntad de ver o entender algo, ni aunque Dios baje del Cielo lo creería. Esto tiene que ver también con la voluntad.

Tu voluntad es libre, y nada puede prevalecer contra ella. (L.73.7.7)

La percepción puede dar forma a cualquier imagen que la mente desee ver. (M.19.5.2)

Vemos lo que queremos ver (inocencia o culpa), y al Espíritu Santo le resulta muy difícil ayudarnos cuando nuestra mente está cerrada. Por eso, entre las diez características de los "maestros avanzados de Dios" que se dan en el Manual, una de ellas es la de tener una mentalidad abierta (M.4.X), pues a una mente receptiva el Espíritu Santo sí le puede enseñar a perdonar.

No hay mejor lotería que el trabajo y la economía.

Esto significa que no debemos dejar nuestra suerte en manos de la lotería del ego, pues su "azar" está trucado y los resultados de sus sorteos acaban siempre en sufrimiento: unas veces de manera inmediata, y otras con el tiempo (cuando las apariencias de placer se quitan su disfraz). Se nos aconseja que en vez de jugar a la tramposa lotería del ego, hagamos nuestro trabajo del perdón y seamos constantes en ello, pues esto sin duda alguna nos lleva a la liberación. Con el perdón tenemos el verdadero éxito asegurado.

No hay que empezar la casa por el tejado.

La escalera espiritual debemos subirla peldaño por peldaño. No conviene tratar de subir de abajo arriba de un solo salto, pues eso suele ser síntoma de arrogancia y acaba en batacazo. Los pequeños y humildes pasitos del perdón conducen gradualmente a los peldaños superiores de la escalera del despertar, y si avanzamos pacientemente peldaño por peldaño, cada paso nos resultará obvio, accesible, lógico y natural.

No hay que mezclar churras con merinas.

Nunca hay que mezclar los sistemas de pensamiento del ego y del Espíritu Santo. Únicamente el segundo nos saca de la pesadilla y nos despierta en la liberación. Nunca mezclemos, pues, la unión con la separación, ni la inocencia con la culpabilización, ni el miedo con el amor.

No hay regla sin excepción.

El ego dice que no hay regla sin excepción; y va siempre en busca de las excepciones. Las reglas del ego están llenas de excepciones, al igual que su mundo: uno ama... hasta que llega la gota que colma el vaso y decide hacer una excepción para odiar, etc.

La verdad, en cambio, no conoce excepciones. Para ayudarnos a despertar en la verdad, el Espíritu Santo nos enseña que las excepciones no están nunca justificadas. Por eso nos enseña a perdonar de manera universal, sin excluir a nadie del abrazo de nuestro perdón, sin excepción.

No hay rosa sin espinas.

El mundo del ego, al ser un mundo de opuestos, es un mundo de mezclas: el placer viene mezclado con el dolor; el amor, mezclado con el odio; las rosas, mezcladas con las espinas. La felicidad completa es imposible en este mundo de opuestos. No es aquí donde debemos buscar la felicidad. Es en nuestro interior donde está; y la hallaremos con la ayuda del proceso del perdón. Así el mundo desaparecerá y volveremos a experimentar el Cielo, la Rosa Única, que es todo felicidad, absolutamente sin ninguna espina ni interrupción.

Otra forma del mismo refrán es la siguiente:

No hay vida sin muerte, ni placer sin pesar.

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No muerdas la mano que te da de comer.

El ego está constantemente atacando a la mente, a pesar de que de ella procede su propia existencia. El ego está constantemente esforzándose en separarse de la mente, pero al mismo tiempo reconociendo que depende de ella para subsistir, pues sin ella el ego desaparecería por completo. El ser individual que el ego ha fabricado —el cuerpo— no es más que un reflejo de la luz de la mente, y sin la mente ni siquiera podría aparentar ser. De manera que la situación en que el ego se ha puesto a sí mismo es muy estresante: está constantemente alejándose de la Vida, pero procurando que el alejamiento no sea tanto como para desaparecer por completo. ¿Cómo no iba a ser estresante vivir continuamente entre la espada y la pared?

El ego no puede oír al Espíritu Santo, pero cree que parte de la mente que lo hizo está en su contra. Interpreta esto como una justificación para atacar a su hacedor. Cree que la mejor defensa es el ataque, y quiere que creas eso también. A no ser que lo creyeses no te podrías poner de su parte, y el ego tiene gran necesidad de aliados, aunque no de hermanos. Al percibir en tu mente algo ajeno a sí mismo, el ego hace del cuerpo su aliado porque el cuerpo no forma parte de ti. Esto hace del cuerpo el amigo del ego. Ésta es una alianza claramente basada en la separación. Si te pones de parte de esta alianza no podrás sino sentir miedo porque te estarás poniendo de parte de una alianza basada en el miedo. (T.6.IV.4)

Por lo tanto, dejemos de apoyar esta alianza de nuestra conciencia con el ego y el cuerpo. Pues el objetivo de esta alianza es mantenernos en el miedo, es decir, ser desagradecidos a la Vida que nos ama y nos creó, y en vez de responder con amor reaccionar con el miedo del ego, mordiendo la mano de la Vida que nos da de comer (nos da su propia Vida). En resumen: No morder la mano que nos da de comer significa simplemente que elijamos el perdón en lugar de la culpa/ego/separación.

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No sólo de pan vive el hombre.

Este refrán "recuerda que el ser humano tiene más necesidades, además de las meramente alimenticias" (CVC). Y efectivamente: la única verdadera necesidad que tenemos es la de perdonar. Pues el perdón nos conduce a despertar en la Vida eterna, mientras que el mundo que el ego nos ofrece no es vida: es sólo una apariencia de vida.

No tires piedras sobre tu tejado.

Cuando nos negamos a perdonar estamos tirando piedras sobre nuestro propio tejado, es decir, estamos negando nuestra propia felicidad.

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miércoles, 2 de agosto de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XXIII)

Muchos son los llamados y pocos los elegidos.

Proviene de un dicho bíblico: 

Porque muchos son los llamados, y pocos los elegidos. (Mt 22:14)

Un Curso de Milagros lo corrige así:

Todos son llamados, pero son pocos los que eligen escuchar.

Y en el propio Curso se explica:

No puedo elegir por ti, pero puedo ayudarte a que elijas correctamente. "Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos" (Mt 22:14) debería rezar: "Todos son llamados, pero son pocos los que eligen escuchar". Por lo tanto, no eligen correctamente. Los "elegidos" son sencillamente los que eligen correctamente más pronto. Las mentes sanas pueden hacer esto ahora, y al hacerlo hallarán descanso para sus almas. (T.3.IV.7.11-15)

Es decir, que la verdad nos invita a todos sin excepción a que la reconozcamos, pero son pocos los que eligen escuchar esta llamada/invitación.

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Muerto el perro, se acabó la rabia.

O las variantes:

Muerto el perro, se acabaron las pulgas.

Perro muerto no muerde.

Significa que cuando desaparece la causa o la base, desaparecen también sus efectos. En nuestro contexto sería así: cuando desaparece el ego (mediante el perdón), desaparecen todos los problemas y sufrimientos. Ego muerto no muerde.

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Mundo redondo, quien no sabe nadar, vase al fondo.

Basta con cambiar una palabra para darle un significado ucedemiano:

Mundo redondo, quien no sabe perdonar, cae al fondo.

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Nada nuevo bajo el sol.

Significa que en este mundo no hay auténticas novedades. No hay auténtica creatividad, ni auténticos progresos, ni tragedias que sean realmente novedosas. Todo es un refrito de lo mismo de siempre. Los acontecimientos se repiten cíclicamente variando únicamente sus formas, pero no su esencia: un mundo de separación que nos lleva siempre de un conflicto a otro, de las ilusiones a las decepciones, de arriba hacia abajo y de nuevo arriba y abajo en la noria de la vida, con una constante alternancia entre placeres y dolores, falsas esperanzas que acaban siempre decepcionadas, y finalmente el postre estrella de la muerte, como la corona final en cada partida de este juego de líos que es el mundo del ego. ¿Quién no querría despertar de este sueño de locos, dejando la noria de los conflictos y volviendo a la Realidad, donde se encuentra la verdadera Vida?

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Nadie da lo que no tiene.

Por sus frutos los conoceréis. Cada causa produce efectos similares a sí misma. El ego solamente puede dar lo que es: separación y conflicto. El amor solamente puede dar lo que es: amabilidad, unión, felicidad, inocencia.

Por los efectos que surgen podemos saber a quién estamos eligiendo en nuestra mente inconsciente: al Espíritu Santo o al ego. Si estamos dando paz, perdón e inocencia, estamos viniendo desde la mente de la paz (eligiendo al Espíritu Santo), mientras que si damos conflicto y condenación, estamos viniendo desde el ego.

Ya hemos comentado esto con un poco más de detalle (y citas) en el capítulo IX, comentando refranes como: "De tal palo, tal astilla", "De tal cepa, tal vino", etc.

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Nadie es perfecto.

En este mundo nadie ni nada es perfecto, pues lo único perfecto es Dios, que no tiene nada que ver con el mundo. Reconocer esto puede ayudarnos a no condenar con ira las torpezas (nuestras o de los demás) y a no sentirnos superiores o inferiores a nivel esencial, pues aquí todos tenemos la mente dividida entre la mentalidad errada (ego) y la mentalidad recta, y todos compartimos por igual la necesidad de despertar de este sueño de separación y sufrimiento.

En definitiva, no es conveniente que seamos obsesivamente exigentes con nadie porque aquí nadie es infalible. Ni siquiera los iluminados son infalibles: un iluminado puede, por ejemplo, cometer faltas de ortografía al escribir.

Lo mejor es enemigo de lo bueno.

En este mundo no hay nada perfecto. Buscar una relación perfecta a nivel de las formas, un objeto que nos dé perfecta felicidad, es siempre apego, es decir, especialismo. La perfección no se encuentra en el mundo, porque sólo Dios es perfecto y Dios está más allá del ilusorio mundo. Por lo tanto, este refrán nos avisa de los peligros de ser demasiado perfeccionistas a nivel del mundo. Como acabo de decir al comentar el refrán anterior, ni siquiera los iluminados son perfectos a nivel del mundo, pues este es un mundo de errores y distorsiones. Pero el ego nunca se conforma, ni siquiera con lo bueno. Cuando tenemos una buena relación a nivel del mundo, el ego busca una todavía mejor, "la relación perfecta", que solo existe en su imaginación. Y entonces el ego nos lanza a la búsqueda, dispuesto a sustituir a la persona especial que ahora es nuestro socio o pareja, por otra "mejor". El ego siempre quiere más. Pero el sabio sabe que en este mundo la mejor relación es simplemente la relación en la que practicamos el perdón. Y para ello cualquier relación es buena. Con esto desaparece nuestra actitud de exigencia y de especialismo. Aceptamos a nuestro hermano tal como es, y tenemos la paciencia de practicar el perdón hasta que despertemos del sueño del mundo. Y entonces sí: a nivel del Cielo, en nuestro Ser de Unidad, todo es bueno y todo es lo mejor, aunado como Uno.

A nivel de la tierra podemos tener preferencias, eso no es problema. Pero el sabio sabe que su preferencia es solamente eso, una preferencia, y no un valor en sí mismo ni tampoco es una cosa mejor que cualquier otra preferencia.

Nadie está contento con su suerte.

A veces pensamos que al vecino le va mejor y envidiamos su situación, sin saber que en ocasiones ese mismo vecino también se siente descontento con su situación, tal vez incluso él nos envidia a nosotros por la nuestra. Por ejemplo, si estoy casado y me siento descontento de mi vida, tal vez envidie a los solteros y su libertad. Pero si soy soltero y me siento solo, tal vez entonces envidie a los casados y su vida familiar. En definitiva, el ego nos conduce a la insatisfacción; y cuando nos sentimos insatisfechos, imaginamos que si las cosas fueran de otra forma estaríamos mejor. Sin embargo, el Espíritu Santo nos recuerda que no es la forma de nuestra vida lo que debemos cambiar, sino su contenido: cuando dejemos de creer y de practicar el sistema de pensamiento del ego, encontraremos la satisfacción y la paz, sean cuales sean nuestras circunstancias externas.

Nadie nace enseñado.

Debemos tener humildad y receptividad para aprender. El despertar del sueño de la dualidad no ocurre por arte de magia. Ocurre mediante nuestra práctica repetida con algún método para volver nuestra mente hacia dentro, como por ejemplo el proceso del perdón que enseña UCDM. Nadie nace con el perdón ya completamente enseñado. El perdón se aprende con años de estudio y práctica. A andar se aprende andando. A nadar se aprende nadando. A montar en bicicleta se aprende practicando con la bici. Y a perdonar se aprende practicando el perdón.

Como escribió Gary Renard, uno no nace sabiendo tocar un instrumento musical, por ejemplo la guitarra. Uno puede tener aptitudes para ello, pero la maestría se alcanza con mucha constancia en la práctica. Y lo mismo sucede con el perdón.

Nadie se meta donde no le llamen.

Ya hemos visto esta idea reflejada en varios de los capítulos anteriores. Tenemos la tendencia a meter nuestra nariz en los asuntos de los demás para arreglar sus problemas, sin antes haber arreglado los nuestros. Simplemente recordemos dos citas que ya hemos mencionado en más de una ocasión:

¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no miras la viga que está en tu propio ojo?  (Mt 7:3)

La única responsabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expiación para sí mismo. (T.2.V.5.1)

Y otro refrán relacionado con el mismo tema (estas dos citas son aplicables también a él):

Ningún jorobado ve su joroba.

Significado: "Recrimina a quien critica los defectos de los demás cuando los suyos son iguales o, incluso, mayores" (CVC). Nuevamente: vemos antes la brizna en el ojo de otro que la viga en el nuestro. Esta actitud surge cuando nos dejamos llevar por el ego. 

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Lo que necesitas es amor.

Este lema daba título a un programa de televisión de hace años. Puesto que en este mundo lo que desvela el amor es el perdón, podríamos parafrasear la idea así: Lo que necesitas es practicar el perdón.

En cuanto a "lo que necesitas es amor", aquel programa de televisión se refería al amor especial, y concretamente a las relaciones de pareja. Así que más directo hubiera sido titularlo: "lo que necesitas es casarte"... E incluso esto podríamos darlo por cierto, en el sentido de que lo que todos necesitamos es divorciarnos del ego y casarnos con el Espíritu Santo.

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No es lo mismo ser que parecer.

El ego es un maestro de las apariencias, un experto para ocultar lo que es (sus verdaderas intenciones asesinas). Por ejemplo, para disimular su odio, a veces lo disfraza de amor (el amor especial); o para disimular su miedo, se disfraza de "valentía" y ataca sin piedad. Pero quien tenga una mirada aguda no se dejará engañar por las apariencias y se dará cuenta del propósito real que hay tras ellas. Pues una cosa son las formas (las apariencias) y otra su contenido (el propósito).

Veamos otro refrán con un significado parecido:

No es oro todo lo que reluce.

En definitiva, que no todo lo que parece bueno lo es realmente. Por ejemplo, el ego nos presenta el mundo como un tesoro, pero no es oro todo lo que reluce. O nos presenta el amor especial como lo que nos hará felices. Pero tarde o temprano acabamos decepcionados. Y el ego entonces intenta que fijemos otra meta mundana que sustituya a la anterior, o cuando no es posible debido a nuestro exceso de decepción, nos invita a la resignación, haciéndonos creer que la causa de nuestra miseria es el mundo, del cual somos víctimas. Pero el mundo no es la causa de nuestro dolor, ni tampoco de nuestra felicidad. La causa es siempre la decisión que estamos tomando en nuestra mente en favor de una de las dos opciones disponibles: el sistema de pensamiento del ego o el de la mentalidad recta.

No es tan fiero el león como lo pintan.

El ego asegura que no debemos mirar en nuestra mente porque ahí veremos que nuestro pecado contra Dios es tan descomunal que no podríamos soportarlo (una de las variantes de esta afirmación es que si miramos dentro, nuestra horrible culpabilidad hará que Dios nos persiga hasta dejarnos ciegos [T.21.IV.2.3] o matarnos). Identificados con el ego tememos esa supuesta culpabilidad interior, y por lo tanto la proyectamos en un mundo de formas donde podemos echar la culpa a otros seres, etc. Pero en la proyección el conflicto se perpetúa: simplemente se representa mediante formas, pero el sufrimiento sigue ahí. La única salida a esto es unirnos al Espíritu Santo y mirar con Él en nuestra mente. Para nuestra sorpresa, no veremos ni rastro de la culpabilidad que el ego nos había prometido, sino solamente la inocencia que en suave paz nos permite despertar del sueño de separación del ego.

Quien quiera repasar estas ideas más detalladamente en el Curso, puede leer la sección T.13.IX ("La nube de culpabilidad") y los tres primeros párrafos de la sección "El miedo a mirar adentro" (T.21.IV.1-3).

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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martes, 1 de agosto de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XXII)

Más vale saber que haber.

Es otra forma de decir que es preferible lo permanente que lo temporal. Otras formas de expresar esta idea:

Es preferible la ciencia que la riqueza.

Más vale ser que tener. (Más vale Ser con Dios que tener con el ego)

En el lenguaje del ego, "tener" y "ser" significan dos cosas distintas, si bien para el Espíritu Santo son exactamente lo mismo. El Espíritu Santo sabe que lo "tienes" todo y que lo "eres" todo. Cualquier distinción al respecto es significativa solamente cuando la idea de "obtener", que implica carencia, ha sido previamente aceptada. (T.4.III.9.4-6)

Obviamente, cuando decimos que "más vale ser que tener", ese "tener" se refiere al tener del ego, que es un tener basado en la dualidad (un sujeto que tiene, y un objeto que es tenido), que es llamado por el Curso a veces "obtener" (implicando así cierto grado de violencia que demuestra que es algo perteneciente al ámbito del ego).

Si quieres recordar la eternidad, debes contemplar sólo lo eterno. (T.10.V.14.5)

Por lo tanto, debemos funcionar en el ser, en vez de en el tener o el hacer. Y esto, llevado a su sentido último, pone fin a todos los problemas.

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Más vale ser cabeza de ratón que cola de león.

Es un lema del ego, quien siempre quiere el poder para sí; quiere ser el líder, destacar. Detesta que haya otra autoridad por encima de él. Por eso, el ego prefiere ser el amo del mundo, antes que ser un niño en Dios. Hay un refrán que dice lo contrario a éste, y que ya vimos justo al final del capitulo XX de esta serie. Es el refrán que dice: "Los últimos serán los primeros". Es decir, que más vale servir que mandar (más vale la humildad que la arrogancia). O, en definitiva... más vale ser cola de león que cabeza de ratón...

Más vale un hoy que diez mañanas.

La verdad y la libertad se encuentran en el presente, no en el mañana. Más vale centrarnos en el ahora, que distraernos en cientos de pasados y futuros inexistentes. En el instante presente se halla todo cuanto se pueda desear. Toda plenitud reside en el presente.

A menos que aprendas que todo el dolor que sufriste en el pasado es una ilusión, estarás optando por un futuro de ilusiones y echando a perder las múltiples oportunidades que el presente te ofrece para liberarte. (T.13.IV.6.5)

El Espíritu Santo quiere desvanecer todo esto ahora. No es el presente lo que da miedo, sino el pasado y el futuro, mas éstos no existen. El miedo no tiene cabida en el presente cuando cada instante se alza nítido y separado del pasado, sin que la sombra de éste se extienda hasta el futuro. Cada instante es un nacimiento inmaculado y puro en el que el Hijo de Dios emerge del pasado al presente. Y el presente se extiende eternamente. Es tan bello, puro e inocente, que en él sólo hay felicidad. En el presente no se recuerda la obscuridad, y lo único que existe es la inmortalidad y la dicha. (T.15.I.8)

Ello hace que la mente retorne al eterno presente, donde el pasado y el futuro son inconcebibles. (L.169.6.3)

En cierto sentido, el pasado son resentimientos, el futuro son miedos, y el presente es o bien culpa (el presente del ego) o bien perdón (el presente de la mentalidad recta). Si ahondamos en el presente benigno de la mentalidad recta, entramos en la modalidad del perdón:

Pues el presente es perdón. (T.17.III.8.2)

Pero ahondando en ese presente, insistiendo en la práctica del perdón, llegamos al eterno presente que está más allá de todo lo que podamos decir:

No podemos hablar, escribir, ni pensar en esto en absoluto. Pues aflorará en toda mente cuando el reconocimiento de que su voluntad es la de Dios se haya dado y recibido por completo. Ello hace que la mente retorne al eterno presente, donde el pasado y el futuro son inconcebibles. El eterno presente yace más allá de la salvación; más allá de todo pensamiento de tiempo, del perdón y de la santa faz de Cristo. El Hijo de Dios simplemente ha desaparecido en su Padre, tal como su Padre ha desaparecido en él. El mundo jamás ha tenido lugar. La eternidad permanece como un estado constante. (L.169.6)

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Médico, cúrate a ti mismo.

Muchas veces insistimos en corregir a los demás sin habernos antes corregido a nosotros mismos. Pero sería conveniente que antes de meter nuestras narices en los asuntos de los demás nos ocupáramos de nosotros mismos. Tratar de sanar o corregir a otros sin haber sanado antes uno mismo es el tema que el Curso llama "el sanador no sanado" (T.9.V). Si cuando nos relacionamos con los demás aceptamos humildemente que todavía no hemos sanado completamente, recurriremos a la ayuda del Espíritu Santo en vez de a la arrogancia del ego. De lo contrario, creeremos que somos especiales y diferentes del prójimo, por lo que estaremos cayendo en nuestra mentalidad errada.

El sanador que no ha sanado desea la gratitud de sus hermanos, pero él no les está agradecido. (T.7.V.7.1)

No les está agradecido porque se siente especial (superior).

Insistir en que podemos corregir a los demás sin haber salido antes nosotros mismos de nuestra mentalidad errada es la actitud contra la que avisa esta cita bíblica que ya vimos anteriormente en esta serie:

¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no miras la viga que está en tu propio ojo? ¿Cómo dirás a tu hermano: «Déjame sacar la paja de tu ojo», cuando tienes una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. (Mt 7:3-5) (la misma idea aparece también en Lc 6:41)

Por eso el Curso nos anima a que primero de todo nos centremos en corregirnos a nosotros mismos:

La única responsabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expiación para sí mismo. (T.2.V.5.1)

La única responsabilidad del maestro de Dios es aceptar la Expiación para sí mismo. (M.18.4.5)

Esto no quiere decir que no podamos ser de ayuda a los demás hasta que no finalicemos nuestro proceso (pues esto suele ir para largo). A fin de cuentas, un "terapeuta" o "maestro de Dios" completamente libre de ego es algo muy raro. Como dice el Curso en el Anexo Psicoterapia:

Un terapeuta completamente desprovisto de ego podría curar al mundo sin una sola palabra, simplemente por el hecho de estar ahí. Nadie necesitaría verlo ni hablar con él, o ni siquiera saber de su existencia. Su simple presencia es suficiente para curar. (P.2.III.3.7-9)

Pero:

En cierto sentido, el psicoterapeuta sin ego ((el Maestro de maestros; el iluminado)) es una abstracción que se encuentra al final del proceso de curación; demasiado avanzado para creer en la enfermedad y demasiado cerca de Dios para mantener los pies sobre la tierra. (P.2.III.4.4)

Es decir, que no es práctico esperar a estar en ese nivel, pues son muy pocos los que han deshecho completamente al ego. Sin embargo, el Curso nos invita a ayudar a nuestros hermanos aunque no hayamos finalizado nuestro propio proceso. Para ello, simplemente se nos pide que prestemos atención a estar en nuestra mentalidad recta a la hora de ayudar, o de lo contrario estaremos obrando desde el ego (mentalidad errada) y en vez de una ayuda puede convertirse en un estorbo. Cuando nuestra actitud es la de ayudar humildemente desde la mentalidad recta, no nos consideramos especiales ni diferentes de los demás: reconocemos que nosotros también nos estamos sanando y que por lo tanto todos nos ayudamos a todos: todos somos alumnos y maestros. Y cuando enseñamos algo, lo hacemos principalmente mediante el ejemplo: si me mantengo en paz, estoy enseñando que la paz es posible. Las palabras no son imprescindibles en el proceso de enseñanza/curación.

Por lo tanto, podemos ser útiles para nosotros mismos y los demás si estamos alerta ante este tipo de cosas.

El sanador que confía en su propio estado de preparación pone en peligro su entendimiento. Estás perfectamente a salvo siempre que no te preocupes en absoluto por tu estado de preparación, pero mantengas firme confianza en el mío ((el de Jesús o el Espíritu Santo)). (T.2.V.4.1-2)

Por lo tanto, al elegir la mentalidad recta nos curamos a nosotros mismos al mismo tiempo que somos de ayuda para la curación de los demás. Esto ilustra una vez más el principio de los intereses compartidos y que todos somos esencialmente iguales. Así es como el médico o terapeuta (o el maestro de Dios) se cura a sí mismo, siendo al mismo tiempo útil para el proceso de curación de los demás.

No te desesperes, pues, por causa de tus limitaciones. Tu función es escapar de ellas, no que no las tengas. (M.26.4.1)

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Mente sana en cuerpo sano.

La mente es la causa, y el cuerpo simplemente el efecto. El cuerpo no hace nada. Es irreal. La mente dividida también es irreal (lo único real es la Mente de Dios), pero una vez que hemos aceptado las ilusiones es en la mente donde debemos centrarnos, porque es la causa del problema: la mente decidió creer en lo imposible (el error de la separación), y el cuerpo simplemente refleja lo que dicta la mente, como una marioneta sigue las pautas que le comunica el titiritero que la dirige.

Aunque desde el punto de vista del Curso la curación es para la mente, no por ello debemos maltratar al cuerpo ni tratarlo con obsesivo rigor. Eso sería otorgarle realidad al cuerpo. La actitud que recomienda el Curso hacia el cuerpo es una actitud amable: no nos apegaremos a él (es decir, no creeremos que nuestra felicidad depende de él), pero lo cuidaremos para que esté en unas condiciones aceptables. A fin de cuentas, el cuerpo es la herramienta con la que nos desenvolvemos en este mundo de formas. El cuerpo, en el fondo, no es físico sino que es mental, aunque como hemos proyectado una parte de nuestra mente para que parezca externa (el cuerpo, el mundo), lo consideramos no-mental.

La actitud correcta, por lo tanto, no consiste en negar el cuerpo, pues forma parte de nuestra experiencia. Negamos que sea real y por ello procuraremos no apegarnos a él, pero puesto que de momento forma parte de nuestra experiencia, seremos bondadosos con él. Le daremos comida y los cuidados que necesite: medicinas, ir al médico, agua, aire, ejercicio, tiempo de descanso, o lo que sea que necesite. Si vamos descalzos y en nuestro camino hay cristales rotos, no obligaremos al cuerpo a pasar descalzo por ahí. Se trata de simples cuidados de sentido común, que reflejen bondad, sin por ello caer en la hipnosis de que el cuerpo es real (será "real" en nuestra experiencia mientras sigamos soñando con él, así que es conveniente que seamos amorosos con respecto a él).

El cuerpo es sencillamente parte de tu experiencia en el mundo físico. Se puede exagerar el valor de sus capacidades y con frecuencia se hace. Sin embargo, es casi imposible negar su existencia en este mundo. Los que lo hacen se dedican a una forma de negación particularmente inútil. (T.2.IV.3.8-11)

Por lo tanto, mente sana en cuerpo sano. Y si detectamos cualquier problema en relación a cualquiera de ellos, la solución es siempre el perdón (sanar la mente; volver a la mentalidad recta). Si notamos que nuestra mente está en desequilibrio (ausencia de paz), tenemos la oportunidad de perdonar. Y si notamos que el cuerpo está en desequilibrio, igualmente tenemos la oportunidad de perdonar, reconociendo que el cuerpo es simplemente un reflejo de lo que estamos eligiendo a nivel mental. Así, podemos utilizar el cuerpo como un sensor que nos avise de nuestros errores en la mente inconsciente, para así corregirlos mediante el perdón. Esto no impide que, al mismo tiempo, usemos los complementos a nivel de la forma que sintamos que son oportunos, como poner una tirita en la parte afectada o ir al médico.

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Mucho ruido y pocas nueces.

Eso es el ego, el mundo, el cuerpo: mucho ruido y pocas nueces. Mucha parafernalia pero nada de sustancia. Creemos que tiene valor en sí, pero el único valor que podemos darle es el de utilizarlo para despertar de él.

Puesto que las ilusiones no son más que ruido sin nada de valor detrás... puesto que son una armadura vacía sin nada de valor dentro... sabiendo esto, no hagamos una montaña de un granito de arena. No nos tomemos a pecho nada de ello: al ego; al mundo; al cuerpo, etc. No pueden dañarnos. Estamos soñando y simplemente necesitamos perdonar y despertar para así volver a reconocer nuestra inmutable felicidad.

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Muchos cocineros estropean el caldo.

Significado: "No conviene que intervengan muchas personas en un asunto, porque puede provocar desorden o desconcierto, al haber pareceres diversos" (CVC).

Para nuestros propósitos, esto significa que no tratemos de combinar como guías al ego con el Espíritu Santo. En esto sí se trata de elegir a uno o el otro. Cada vez que no estemos atendiendo solamente al Espíritu Santo, estaremos influidos en alguna medida por el ego y se estropeará el caldo de nuestra paz.

Algunas citas del Curso son muy instructivas sobre este tema y ya las hemos incluido en el capítulo XIV, comentando el refrán de "Encender una vela a Dios y otra al diablo".

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Muchos pocos hacen un mucho.

Los pequeños pasos del perdón nos conducen dulcemente a la mayor grandeza existente: reconocer nuestro infinito Ser inmortal.

No menospreciemos, pues, dar estos pequeños pasos del perdón. Pasito a pasito se deshace el ego. Un pequeño pasito de perdón es un gran paso para reconocer la Divinidad.

Citemos, para acabar, un refrán sinónimo del anterior:

De pequeños principios resultan grandes fines.

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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