lunes, 24 de agosto de 2015

Un Curso de esperanza (V) Ken Wapnick

Un Curso de Milagros: Una espiritualidad llena de esperanza

Extractos de las charlas llevadas a cabo en la Academia de la
 Fundación para Un Curso de Milagros
Temecula (California) (USA) 

Doctor Kenneth Wapnick
 
Parte V

Pregunta: Dado que el mundo va con cansancio ((Nota de Toni: probablemente se está aludiendo de paso a la cita de T.5.II.10.6: "El mundo está muy cansado porque es la idea del cansancio")), también hace que la práctica de Un Curso de Milagros me parece que cuanto más se avanza y se practica, y cuanto más se desapega uno del mundo, más difícil es mantener cualquier tipo de interés aquí. Levantarse por la mañana para ir a trabajar es la misma vieja rutina. Incluso con las actividades deportivas, practicas una durante algunos años, te aburres, y luego pasas a alguna otra cosa. Te interesas por una teoría de conspiración, entonces pierdes el interés y encuentras otra. Al practicar con el Curso, ¿cómo podemos lidiar con el cansancio?

Respuesta: La única manera en que podrías conseguir no estar aburrido, desganado y fatigado es tener realmente claro lo que quieres. Si tuvieras claro que tu objetivo es despertar de este sueño e ir a casa, nunca experimentarías tu vida como repetitiva y con cansancio. Verías todo lo que ocurre como una oportunidad de avanzar en tu camino para que un día salgas de aquí, no saliendo fuera del mundo a través de la muerte, sino saliendo fuera por completo de ese sistema de pensamiento. El problema es que tú eres ambivalente con respecto al objetivo, lo cual nos sucede a todos, porque si no fuéramos ambivalentes sobre el objetivo ya lo habríamos logrado. Estamos todavía aquí progresando lentamente con el Curso porque todavía somos ambivalentes en cuanto al objetivo.

P: Dentro del mundo, uno va a la universidad durante tres, cuatro o los años que sean. Uno dedica tiempo a eso, hace su trabajo, obtiene el diploma, lo cuelga en la pared. Así que supongo que todavía estoy esperando obtener mi diploma del Curso

R: Cuando vas a la universidad tienes un objetivo, que es graduarte. Haces todo lo que tienes que hacer para graduarte porque ese es tu objetivo. Si eres ambivalente sobre el objetivo suspenderás asignaturas, realizarás tareas incompletas, no entregarás trabajos. No harás todo lo que tienes que hacer, porque no quieres alcanzar la meta. Tienes miedo de lo que hay más allá de la graduación, así que simplemente te quedas donde estás. Hay muchos que hacen eso porque tienen miedo de crecer. Una vez que salgan de la universidad habrán crecido y tendrán que valerse por sí mismos en el mundo. Pero si ellos se arrastran lentamente a lo largo de 6, 8, 10, 12 años, es lo más fácil porque son ambivalentes sobre la meta.

Es lo mismo aquí. Todos tenemos miedo de crecer, de graduarnos de este Curso y estar de vuelta en casa con Dios. Somos ambivalentes con respecto al objetivo porque deseamos nuestra individualidad y nuestro especialismo. Por eso holgazaneamos (perdiendo el tiempo, caminando despacio hacia la meta), y tras un tiempo holgazaneando nos envuelve el cansancio. Es la misma idea que la de la respuesta que Jesús le dio a Helen cuando ella se quejaba de que el Curso no estaba funcionando, que estaba lleno de cansancio —¡basta ya! Jesús le preguntó si ella alguna vez había considerado la posibilidad de que ella no hubiera hecho lo que el Curso dice. Si tu objetivo es estar fuera del sueño, entonces te será imposible no sentir felicidad en tu vida aquí, no debido a algo intrínseco del mundo, sino por las lecciones que estás aprendiendo. Si realmente quisieras graduarte de la universidad y al mismo tiempo aprender, disfrutarías de las asignaturas de la carrera universitaria elegida. Si hubiera una carrera universitaria que no fuera agradable, o que no te ayudara a alcanzar tu meta, no te matricularías en ella. Así que si tu objetivo es salir de este mundo tan rápidamente como sea posible, este Curso te servirá para eso, pero tienes que ser consciente de que, en última instancia, la meta es no estar en un cuerpo, logrando esto no por medio de la muerte, sino por medio de no formar parte de este sistema de pensamiento.

Una y otra vez, lo cual siempre es exasperante, Jesús dice que este es un Curso muy simple, queriendo decir que hay un único problema y una única solución. ¿Qué podría ser más simple? En respuesta a las quejas de Helen de que el Curso era demasiado difícil, Jesús dijo:

(T.31.I.1) ¡Qué simple es la salvación! Tan sólo afirma que lo que nunca fue verdad no es verdad ahora ni lo será nunca. [El problema es que esto significa además que no tenemos razón] Lo imposible no ha ocurrido, ni puede tener efectos. Eso es todo. ¿Podría ser esto difícil de aprender para aquel que quiere que sea verdad? Lo único que puede hacer que una lección tan fácil resulte difícil es no estar dispuesto a aprenderla. ¿Cuán difícil puede ser reconocer que lo falso no puede ser verdad, y que lo que es verdad no puede ser falso? Ya no puedes decir que no percibes ninguna diferencia entre lo falso y lo verdadero. [Recuerda, esto se dice en el capítulo 31, tras tres años de dictado, por no mencionar todos los mensajes personales] Se te ha dicho exactamente cómo distinguir lo uno de lo otro, y lo que tienes que hacer si te confundes. ¿Por qué, entonces, te empeñas en no aprender cosas tan sencillas como éstas? 

Ahora bien, esta es la más suave reprimenda que uno puede recibir; pero la cosa se pone un poco peor:

(T.31.I.2.1-2) Hay una razón. Pero no creas que es porque las cosas simples que la salvación te pide que aprendas sean difíciles. 

Una manera de distinguir lo que es falso de lo que es verdadero en este mundo es que todo lo que te separa de cualquier persona es falso, y todo lo que te permita decir que todos somos lo mismo es verdadero. La verdad de que todos somos lo mismo es un reflejo de la verdad de la Unidad del Cielo.

(T.31.I.2.3-4) La salvación sólo enseña lo que es extremadamente obvio. La salvación simplemente procede de una aparente lección a la siguiente, mediante pasos muy sencillos que te llevan dulcemente de una a otra, sin ningún esfuerzo. 

El esfuerzo ((strain: tensión, agotamiento, estrés, esfuerzo, etc., todo lo cual está relacionado con el tema del cansancio, aburrimiento, resistencia, etc.)) que todos sentimos es nuestra resistencia. Si tu coche va a 100 o 115 kilómetros por hora, no hay tensión ((esfuerzo, fatiga, "strain")) en el motor. Simplemente va. Pero si tienes puesto el freno de emergencia, el motor estará soportando mucha tensión (esfuerzo). Si continúas conduciendo con el freno de emergencia echado, estropearás el motor y los neumáticos, pero el problema es el freno, no el coche. El motor está bien. Y, en fin, algo así es lo que todos estamos haciendo. El Curso nos puede conducir velozmente a casa. ¿Qué podría ser más fácil? Lo que es verdad es verdad; lo que es falso es falso. ¡Eso es todo! El Curso es increíblemente consistente de principio a fin con respecto a este punto. El problema es que tenemos miedo, debido a que "lo que es falso es falso" es nuestra identidad. "Lo que es verdad es verdad" es nuestra verdadera Identidad. Nos aferramos a nuestra falsa identidad, este especialismo, este cuerpo, y eso es el freno. Por eso es por lo que hay esfuerzo ((tensión)).

(T.31.I.2.5-6) Esto no puede crear confusión, y, sin embargo, estás confundido. Pues de alguna manera crees que es más fácil aprender y entender lo que es totalmente confuso. 

Lo que es totalmente confuso es el sistema de pensamiento del ego, que está tratando de decirnos que lo que es verdad es falso, y que lo que es falso es verdad. Eso es bastante confuso, y todo esto es porque queremos este ser. Si lees el Curso como un cuerpo, te confundirás porque creerás que todo lo que dice es acerca del cuerpo y del mundo. Te confundirás con respecto a lo que dice y lo distorsionarás; y por lo tanto no alcanzarás los beneficios que se derivan del Curso. Pero si te das cuenta de que el Curso va sobre la mente, entonces serás consciente de que cualquier dificultad que tengas es porque estás apreciando tu cuerpo y tus experiencias aquí como una persona. No puedes culpar al Curso, porque te repite una y otra vez constantemente que se trata de la mente, no del cuerpo o del mundo. Nos confundimos con respecto a lo que dice y nos resulta difícil hacer lo que dice porque estamos conduciendo con el freno echado.

(T.31.I.2.7) Lo que te has enseñado a ti mismo constituye una hazaña de aprendizaje tan gigantesca que es ciertamente increíble. 

Esto es realmente importante. Es la cúspide del punto que Jesús nos quiere proponer aquí —por eso está agitando amablemente su dedo mientras nos dice: "No estás siendo honesto. No me digas que no puedes aprender este Curso. Mira lo que has aprendido".

Repito que lo que nos hemos enseñado a nosotros mismos es que lo que es falso es verdad y lo que es verdad es falso. Nos hemos enseñado a nosotros mismos todo este enrevesado, intrincado y complicado sistema de pensamiento del ego. No solo eso, luego hicimos un mundo y lo dominamos. Sabemos cómo vivir en este mundo. Sabemos cómo vivir con nuestros cuerpos. Sabemos qué hay que hacer para que nuestros cuerpos sobrevivan. Es muy complicado. Eso no es así en el Cielo, ya que el espíritu no hace nada; el espíritu simplemente es. En este mundo tenemos que hacer un montón de cosas para sobrevivir, físicamente solo para mantener el cuerpo en marcha, y después psicológicamente solo para mantener el cuerpo en condiciones emocionalmente. Lidiar con las relaciones es extraordinariamente complicado, pero todos somos maestros en eso. Somos maestros de la culpa; somos expertos (maestros) en ser una víctima.

(T.31.I.3.1) Nadie que entienda lo que tú has aprendido, con cuánto esmero lo aprendiste, y los sacrificios que llevaste a cabo para practicar y repetir las lecciones una y otra vez, en toda forma concebible, podría jamás dudar del poder de tu capacidad para aprender. 

No hay un poder más grande en todo el mundo. La "capacidad para aprender" de la que Jesús está hablando es realmente el poder que tiene la mente para elegir. Jesús dijo que nadie podría dudar del poder de nuestra capacidad para aprender. Recuerda lo que pasa al vivir en este mundo. Piensa simplemente en lo que pasa al haber hecho este mundo, soñándolo.

(T.31.I.3.2-6) No hay un poder más grande en todo el mundo. El mundo se construyó mediante él, y aún ahora no depende de nada más. [El poder de tu mente para creer en el mundo es el "nada más"] Las lecciones que te enseñaste a ti mismo las aprendiste con tanto esmero y se encuentran tan arraigadas en ti que se alzan como pesadas cortinas para nublar lo simple y lo obvio. No digas que no puedes aprender. Pues tu capacidad para aprender es tan grande que te ha enseñado cosas tan difíciles como que tu voluntad no es tu voluntad, que tus pensamientos no te pertenecen, e incluso, que no eres quien eres. 

Recuerda, no hay tiempo. Esto está siendo escrito justo ahora.

(T.31.I.4) ¿Quién podría afirmar que lecciones como éstas son fáciles de aprender? Sin embargo, tú has aprendido eso y más. Por muy difícil que haya sido, has seguido dando cada paso sin quejarte, hasta construir un mundo de tu agrado. Y cada una de las lecciones que configuran al mundo procede del primer logro de tu aprendizaje [El error original de que yo podría estar separado de mi Creador y Fuente, y que podría fabricar un ser y un mundo opuestos al Ser que Dios creó en el Cielo], el cual fue de tal enormidad que, ante su magnitud, la Voz del Espíritu Santo parece débil e inaudible. El mundo comenzó con una extraña lección, lo suficientemente poderosa como para dejar a Dios relegado al olvido y a Su Hijo convertido en un extraño ante sus propios ojos, exiliado del hogar donde Dios Mismo lo había ubicado. Tú que te has enseñado a ti mismo que el Hijo de Dios es culpable, no digas que no puedes aprender las sencillas lecciones que la salvación te enseña.

Esa es la respuesta a la queja de que el Curso no funciona, de que no es práctico y es demasiado complicado. No podríamos pedir nada que sea más simple. Tal como se dice en el Libro de ejercicios, "(...) lo falso es falso y lo que es verdad jamás ha cambiado" (L.PII.Preg10.1.1). El problema es que no queremos aprenderlo.

Parte VI: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-vi-ken-wapnick.html

Índice de las traducciones (esta serie consta de 12 partes en total): http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-milagros-una-espiritualidad.html

domingo, 23 de agosto de 2015

Un Curso de esperanza (IV) Ken Wapnick

Un Curso de Milagros: Una espiritualidad llena de esperanza

Extractos de las charlas llevadas a cabo en la Academia de la
 Fundación para Un Curso de Milagros
Temecula (California) (USA) 

Doctor Kenneth Wapnick
 
Parte IV

Siempre me agrada leer esta cita tan reconfortante del Texto:

"La condición necesaria para que el instante santo tenga lugar no requiere que no abrigues pensamientos impuros. Pero sí requiere que no abrigues ninguno que desees conservar" (T.15.IV.9.1-2).

Esto no quiere decir que deberíamos estar libres de pensamientos egoicos. No estamos yendo ((de golpe y porrazo)) desde el ser totalmente egoico hasta el ser totalmente sin ego. Eso es el final del viaje, pero es un viaje. Lo que también indica esto es que se trata de un proceso de transformación gradual y suave. No se dice que no deberíamos tener pensamientos egoicos, pensamientos impuros ((literalmente: pensamientos no puros)). Por supuesto que vamos a tener pensamientos impuros: pensamientos de separación, ataque, etc. Pero la condición sí requiere que no tengamos ninguno que queramos mantener, lo que significa no ocultárselos al Espíritu Santo ni a nosotros mismos. No podemos tratar de justificarlos, racionalizarlos, espiritualizarlos o negarlos. Simplemente hemos de reconocer que nos hemos vuelto temerosos del amor en ese momento, y que la única manera que vemos de preservarnos a nosotros mismos en presencia del amor —al que hemos juzgado como temible— es atacar, estar deprimidos, enfermarnos, sentirnos cansados, correr tras esta o aquella adicción, y así sucesivamente. Simplemente tenemos que darnos cuenta de lo que estamos haciendo. Eso es todo.

Otra frase que siempre cito tiene que ver con aprender a estar más allá del sufrimiento. Esa frase dice que la manera de ir más allá del sufrimiento es ver el problema tal como es, y no de la manera en que lo hemos urdido (T.27.VII.2.2). No se nos pide que dejemos correr el problema ((o sea: no se nos pide que lo disimulemos, lo toleremos, que le restemos importancia para permitir que el problema persista, etc)). No se nos pide que nos convirtamos en una persona sin ego en un abrir y cerrar de ojos. Si queremos acabar con el sufrimiento, lo único que necesitamos hacer es ver el problema tal como es, no de la manera en que lo hemos urdido. La manera en que lo hemos urdido es que hemos sacado el problema de su fuente, la cual es nuestra mente con su decisión a favor del ego, y lo proyectamos hacia fuera sobre un símbolo, el cuerpo. Así es como hemos urdido ((inventado, fabricado)) el problema, y de ese modo nunca será resuelto. Nunca será resuelto porque hemos sacado el problema de su fuente.

Ver el problema tal como es es ver que nos hemos vuelto temerosos del amor, por lo que lo echamos fuera ((nos deprendemos de él: lo rechazamos)). Echamos fuera ((rechazamos)) el símbolo del amor: Jesús, el Espíritu Santo, o cualquier otro símbolo que hayamos elegido. Echamos fuera al amor y luego sentimos culpa, porque eso es una reminiscencia del "pecado original" cuando todos echamos al Amor de Dios fuera. En lugar de ver el problema tal como es, proyectamos el problema sobre alguna cosa o lugar en el que el problema no está. El problema está en nuestra mente, así que lo proyectamos sobre un cuerpo, donde no existe el problema. Lo proyectamos sobre un mundo de cuerpos donde el problema no existe.

Todo lo que se nos pide es mirar eso y decir: "Sí, esto es lo que he hecho, y lo hice porque tengo miedo del amor". No es ninguna novedad ((o tb: "Es lo de siempre", o: "No es nada del otro mundo")). No tenemos que negarlo, racionalizarlo o justificarlo. No tenemos que hacer nada. Sólo decimos que eso es lo que hemos hecho. Todos estamos asustados del amor, de lo contrario no habríamos nacido en cuerpos. ¿Y qué? ((Tb: "¿Qué importancia tiene?", o: "¡No es para tanto!", o: "¿Qué tiene esto de especial?")). Es eso lo que queremos aprender a decirle al ego: ¿¡Y qué!? ((¡No es para tanto!)).

Hay otro espléndido pasaje que compara todas nuestras relaciones especiales con "plumas arrastradas sin rumbo por el viento" (T.18.I.7.6). Jesús nos dice que dejemos que el viento se las lleve a todas (T.18.I.8.1) porque no son nada. Eso es lo que ellas tienen en común. Todas ellas son como plumas. Ninguna de ellas es nada. Parecen ser diferentes —diferentes formas, colores y texturas— pero todas ellas son lo mismo porque no son nada. Ellas no son nada; pretenden ser la causa de nuestros problemas, pero ellas son literalmente nada. Sin embargo, en la medida en que pensemos que somos algo, lo somos, así que tenemos que usar los demás "algos" del mundo para aprender que ellos no tienen ningún poder sobre nosotros.

No es útil decir solamente que somos ilusiones. Sé que he pasado una buena parte del día diciéndoos que no estáis aquí [risas], pero yo no soy tan sutil como Jesús. Lo verdaderamente importante de decir es que lo que es ilusorio es que algo por ahí fuera pueda hacernos felices o infelices. Eso lo podemos aprender. Cuando nos encontramos cada mañana en nuestro cuarto de baño y vemos la imagen en el espejo con la cual nos identificamos, de ningún modo tenemos que creer que no somos cuerpos. Es muy importante saber eso intelectualmente, pero en el nivel de nuestra experiencia no es muy útil, y a nivel práctico no tiene sentido. Lo que tiene sentido, sin embargo, es que podemos aprender que "nunca estoy disgustado por la razón que creo" (L.5). No es culpa de algo o de alguien más que no experimentemos la paz de Dios en este mismo momento, independientemente de lo que se nos haya hecho. Sin importar lo que un microorganismo pueda haber hecho en el cuerpo hasta enfermarlo, no es debido a eso por lo que no sentimos la paz de Dios. Eso lo podemos aprender.

Por lo tanto, la ilusión dentro de nuestra existencia ilusoria aquí es que el mundo nos ha hecho esto (sea lo que sea el "esto"). El mundo no nos ha hecho eso. Nos lo hemos hecho nosotros mismos. Cerca del final del capítulo 27 aprendemos que "el secreto de la salvación no es sino éste: que eres tú el que se está haciendo todo esto a sí mismo" (T.27.VIII.10.1). No somos responsables del ataque que nos hacen otros egos. Eso es su responsabilidad, pero de lo que sí somos responsables es de percibirlo como un ataque que nos ha robado nuestra paz. Eso es lo que podemos aprender y lo que lleva un montón de trabajo, pero es factible. Es posible. Esa es la transformación. No es el mundo lo que se transforma. ¿Cómo podría la nada ser transformada? Es nuestra percepción la que debe transformarse, y la transformación es un proceso suave que nos lleva desde el punto en el que hemos hecho del símbolo algo de suma importancia, hasta el punto donde nos damos cuenta de que el símbolo no es tan importante. Es la fuente la que es importante porque es la que nos da el poder, el auténtico poder. Es ese suave y amable cambio gradual el que transforma el mundo a nivel de nuestra percepción ((o sea: el que transforma nuestra percepción del mundo)).

Las personas no son amables en este mundo. Yo siempre digo que las personas amables no vienen aquí; se quedan en casa con Dios. Las personas culpables vienen aquí; las personas temerosas vienen aquí; las personas furiosas y depravadas vienen aquí; las personas crueles y despiadadas vienen aquí; las personas locas vienen aquí. Las personas amables no vienen aquí, así que, ¿qué tiene de raro el que ahí fuera haya personas que nos ataquen? Sabemos que las personas que ocupan un cargo público mienten y engañan. ¿Qué tiene eso de novedoso? Que haya personas que nos roban, que nos mienten en los negocios y que nos mienten en nuestras relaciones no es noticia. Ahora bien, si hubiera una persona que fuera íntegra y verdaderamente honesta, eso sí sería noticia. El último escándalo, mentira o engaño se vuelve algo aburrido al poco tiempo.

Una vez más, no queremos cambiar el mundo: "No trates de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad con respecto al mundo" (T.21.introd.1.7). El proceso es una transformación gradual que consiste en dar menos importancia a lo que está ahí fuera como una fuente de dolor y rechazo o como una fuente de felicidad y placer, y dar más importancia a lo que está dentro, en nuestra mente. Hacemos eso gradualmente porque el miedo a perder nuestro ser individual es muy grande. Hicimos el mundo literalmente —literalmente hicimos el mundo— como un único Hijo colectivo para preservar la individualidad de la mente separada. No lo hicimos para ocultarnos de Dios. Eso es lo que el ego nos dijo, pero la verdadera razón por la que lo hicimos fue ocultar nuestra mente para que así no la cambiáramos. Esto es algo realmente importante de entender. Es el significado de la cita que dice: "No es de la crucifixión de lo que realmente tienes miedo. Lo que verdaderamente te aterra es la redención" (T.13.III.1.10-11).

No tenemos miedo de la crucifixión. Amamos la crucifixión. Fue ella la que nos dio nuestra existencia en primer lugar. El cristianismo se basó en sus muchas ramas religiosas en la crucifixión, el sacrificio y el sufrimiento. Lo que de verdad nos aterra es la redención que se encuentra en nuestra mente tomadora-de-decisiones, que eligió al ego pero que ahora puede elegir al Espíritu Santo como su maestro. De eso es de lo que tenemos miedo. Por eso es por lo que fabricamos el mundo de los cuerpos —para privarnos de la mente. Entonces fabricamos todos los tipos de problemas, para devorar ((distraer)) nuestra atención.

Hemos pasado eones (como diferentes sociedades a lo largo de la historia) tratando de entender los problemas que nos aquejan y después eones en intentar resolverlos. Es una situación de ciegos guiando a ciegos porque confundimos el símbolo con la fuente. Ni siquiera sabemos que hay una fuente. Los problemas no pueden ser resueltos externamente porque en cuanto resolvemos uno, el problema real de la culpa en nuestra mente genera otro problema. Eso es lo que las lecciones 79 y 80 dicen muy claramente. Resolvemos un problema y surge otro para tomar su lugar porque el problema no está en el mundo; no está en los símbolos. Está en lo que los símbolos representan. Queremos que haya problemas para que nuestra atención esté siempre dirigida hacia y atrapada por el mundo exterior, el mundo sin-mente. Así que nunca regresamos a la consciencia ((a la plenitud de mente)) porque entonces cambiaríamos nuestra mente. Por lo tanto, necesitamos un proceso que cambie gradualmente la manera como miramos el mundo y el uno al otro, y lo hacemos gradualmente porque tenemos mucho miedo.

Pensaba concluir con la lectura de otro de los poemas de Helen, titulado "Transformación" (The Gifts of God, p. 64). Es un poema muy agradable. No entraré en todas las circunstancias de su escritura, pero fue transcrito en tiempo de Pascua, por lo que hay una alusión a la Pascua al final. En pocas palabras, ocurrió cuando Helen y yo, junto a un sacerdote amigo nuestro, estuvimos visitando a un grupo de monjas que vivían en la parte más baja de la cara este de Manhattan. Era Domingo de Ramos y también la Pascua judía, así que hicimos una combinación entre Séder de Pésaj ((festividad judía, una especie de Cena de Pascua en la tradición judía)) y Domingo de Ramos. Terminamos de comer y, antes de ir a la misa en la capilla, caímos espontáneamente en un profundo silencio.

Algo ocurrió, y todos nosotros (cinco o seis de nosotros) simplemente nos quedamos muy tranquilos al mismo tiempo. Fue como si el mundo desapareciera, y nosotros simplemente permanecimos de esa manera durante un rato. Yo estaba siempre buscando cualquier excusa para animar a Helen a escribir algún poema, así que durante el camino de regreso a casa le dije que plasmar este incidente sería un poema precioso, y al siguiente día (o dos) Helen escribió este poema. Lo estoy usando como cierre de este taller porque describe eso de lo que estaba hablando antes, especialmente al final cuando el mundo se transforma: "Lo pequeño ((insignificante)) aumenta de magnitud, mientras que lo que parecía grande disminuye hasta la pequeñez que es su causa. Lo oscuro se vuelve brillante, y lo que antes era brillante titila, se oscurece y finalmente desaparece". Estas palabras son acerca del cambio: el mundo no desaparece de inmediato, sino que lo que comienza a cambiar es la manera en que nosotros miramos. Lo que antes parecía grande se refiere al mundo, el mundo de los símbolos, y lo que parecía pequeño se refiere a la mente. De hecho, la mente era tan pequeña ((insignificante)) que ni siquiera sabíamos que existía. Eso empieza a cambiar, y lo que parece ser tan pequeño, insignificante o inexistente, la mente, lentamente comienza a ir asumiendo una mayor magnitud. Nos volvemos conscientes de que esta ((la mente)) es la fuente. Por esta es por lo que estamos disgustados o molestos. Por esta es por lo que estamos en paz. Lo que parecía ser tan importante y eficaz en todo lo que sentíamos empieza a menguar en importancia porque ya no confundimos el símbolo con la fuente. Ahora usamos el símbolo como una manera de regresar a la fuente.

Obviamente, este poema refleja esa experiencia con las hermanas, pero habla de este cambio repentino, y llegar al punto de que eso suceda requiere trabajo. Esa es la idea. Tenemos que hacer el trabajo diario de mirar realmente a todo de una manera diferente. Y aunque podamos estar todavía enfadados, deprimidos o excitados por los eventos o las cosas, no justificamos nuestros sentimientos, dándonos cuenta de que sí, esto es lo que estoy experimentando, pero esto no es realmente así. Vemos el problema tal como es —el cual es realmente la decisión de la mente de ser un ego— y no de la manera como lo hemos urdido —lo cual es cambiando el problema desde la mente hasta el mundo, y dando al mundo poder causativo para hacernos felices o tristes. Reconocemos que ese poder radica solamente y siempre y únicamente en nuestra mente.

Este poema, una vez más, representa este cambio. Finaliza con un símbolo de la resurrección de Pascua porque fue escrito en tiempo de Pascua, pero en el Curso la resurrección no tiene nada que ver con la historia bíblica. La resurrección es el despertar del sueño de la muerte.

Transformación

Sucede repentinamente. Hay una Voz 
que pronuncia una Palabra, y todo cambia.

Entiendes una antigua parábola 
que parecía ser oscura. Y sin embargo
significaba exactamente lo que decía. Lo pequeño 
aumenta de magnitud, mientras que lo que parecía grande 
disminuye hasta la pequeñez que es su causa. 
Lo oscuro se vuelve brillante, y lo que antes era brillante 
titila, se oscurece y finalmente desaparece. 
Todas las cosas asumen la función que tenían asignadas
antes de que el tiempo existiese, en la antigua armonía 
de los cantos del Cielo en tonos atractivos 
los cuales borran la duda y la preocupación 
que todas las otras funciones transmiten. Pues la certeza 
tiene que ser de Dios.

Sucede repentinamente, 
y todas las cosas cambian. El ritmo del mundo 
se convierte en concierto. Lo que antes era estridente 
y parecía hablar de la muerte, ahora canta a la vida, 
y se une al coro de la eternidad. 
Los ojos que eran ciegos comienzan a ver, y los oídos 
mucho tiempo sordos a la melodía comienzan a oír. 
En la repentina quietud renace 
el cantar ancestral de la canción de la creación, 
mucho tiempo silenciada pero recordada. Junto al sepulcro 
el ángel se sitúa en brillante esperanza 
para dar el mensaje de la salvación: "Sed libres, 
y no os quedéis aquí. Seguid hasta Galilea". 

(The Gifts of God, p. 64)

Parte V: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-v-ken-wapnick.html

Índice de las traducciones (esta serie consta de 12 partes en total): http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-milagros-una-espiritualidad.html

sábado, 22 de agosto de 2015

Un Curso de esperanza (III) Ken Wapnick

Un Curso de Milagros: Una espiritualidad llena de esperanza

Extractos de las charlas llevadas a cabo en la Academia de la
 Fundación para Un Curso de Milagros
Temecula (California) (USA) 

Doctor Kenneth Wapnick
 
Parte III

La mentira del mundo es que los símbolos significan algo, y el significado es que ellos se diferencian (unos de otros). Esa es la mentira de los símbolos. Ese es el significado que los símbolos tienen para el ego. El propósito de cualquier símbolo es llevarnos de vuelta a la fuente. Si se trata de la fuente de la mente-errada, entonces nos conviene cambiar de mentalidad. Si se trata de la fuente de la mente-correcta, entonces lo que nos conviene es fortalecerla y compartir el amor que proviene de esa decisión en favor de la mente-correcta. Eso es lo que hace que el Curso sea tan difícil. Hay una sección titulada "Salvación sin transigencias" ((o sea: sin hacer concesiones)) (T.23.III). Si de verdad queremos ser salvados, lo cual quiere decir salvados de nuestra decisión en favor de la culpa, tenemos que incluir a todos en nuestra decisión. Este Curso es inflexible ((sin transigencias: no hace concesiones)). El tono del mismo es muy dulce y suave, y la experiencia de tener a Jesús como nuestro maestro es muy amorosa, amable y paciente, pero él (("he": Jesús)) es inflexible ((no hace concesiones)). En un mensaje Jesús le dijo a Helen algo que en realidad es para todos nosotros: "Te amaré, te honraré y respetaré absolutamente lo que has hecho, pero no lo apoyaré a menos que sea verdad" (T.4.III.7.7). Él no apoya nada que nosotros digamos o pensemos. El Curso niega que cualquier cosa que pensemos ((nuestras creencias en el mundo)) sea cierta. Jesús respeta lo que nosotros pensamos porque nuestros pensamientos/creencias provienen de nuestro poder de decisión. Si no respetamos el poder de nuestra decisión de elegir al ego, nunca respetaremos el poder de elegir al Espíritu Santo, pero Jesús no apoyará nuestra decisión en favor del ego porque el ego no es verdad.

En ese sentido, el Curso es inflexible. Es dulce, suave, amoroso y amable, ¡pero es siempre claro e inflexible! Muchos estudiantes se sienten tentados a esquivarlo, pensando que Jesús no está realmente diciendo lo que dice, o lo esquivan al no hacer caso de ciertas cosas que leen. Así que cuando Jesús nos dice que nuestros ojos no ven, hacemos como que no hemos visto o leído ese pasaje. Correcto, ¿entendido? Los ojos no ven. Nosotros fingimos que no vemos esta frase que dice que nuestros ojos no ven. Vemos ((leemos)) lo que queremos ver ((leer)).

Por lo tanto, al practicar el Curso, tenemos seguir compartiendo esa amabilidad y suave dulzura de nuestro maestro ((Jesús)), pero tenemos que ser inflexibles en no considerar como causa a nada externo. Nunca estamos disgustados ((o molestos)) por la razón que creemos (Lección 5). Pensamos que estamos molestos porque... Y todos tenemos una larga lista de "porqués" ((de causas, justificaciones)). De la misma manera en que podemos fácilmente decir que creemos ser felices porque... lo cual significa que nunca somos felices por los motivos que creemos. El mundo miente. El mundo fue hecho para mentir. "Nada es tan cegador como la percepción de la forma" (T.22.III.6.7). La forma miente. La forma nos ciega. Los símbolos nos impiden ver la fuente. Por eso es por lo que: "Nada es tan cegador como la percepción de la forma". Por eso es por lo que no deberíamos creer a quienes nos digan que dos más dos son cuatro. [nota de Toni: tal como mencioné en la parte I, para una explicación de las metáforas de Ken Wapnick con los números (1+1=1), (1+1=2), (2+2=4), (2+2=5) se puede consultar el siguiente post (de otro de mis blogs): http://jugandoalegremente.blogspot.com/2014/12/cuando-225.html]. Quienes digan eso, no entienden. Ellos podrían ayudarnos con un problema corporal, pero no nos serán de ayuda para volver a casa. Ellos podrían ofrecernos una particular forma de magia que ayude a aliviar el dolor, o nos podrían explicar cómo podemos llegar desde la calle A hasta la calle B. No hay nada malo en eso, pero así no se llega a casa. Lo que nos llevará a casa es pedir ayuda a alguien, pero sin tomar esa ayuda en serio ((no hacer de ello algo real)). Nos tomamos en serio la ayuda en el nivel de los efectos que esa ayuda pueda tener en nuestro cuerpo o en el cuerpo de nuestros seres queridos, pero no la tomamos en serio en el sentido de que sea real. Dos más dos no son cuatro; son cinco, porque nada de este mundo tiene sentido, especialmente el hecho de que parezca tener sentido.

El mundo se basa en leyes que provienen de la creencia en la nada, según la cual hay un pensamiento de separación que da lugar a un mundo de tiempo y espacio que está gobernado por diferentes tipos de leyes: las leyes de la física, química, biología, psicología, desarrollo humano, etc. Todas ellas se derivan de la creencia de que el tiempo y el espacio son reales, la cual se deriva a su vez de la idea de que la separación de Dios es real. Todo esto es en realidad una creencia en la nada —y nada va a venir de la nada. Todo en este mundo es producto de nuestro pensamiento, tal como dicen los físicos cuánticos. Sin embargo, lo que los físicos cuánticos generalmente no dicen es que el pensamiento es la culpabilidad.

Se nos dice que el mundo "es el sistema ilusorio de aquellos a quienes la culpabilidad ha enloquecido" (T.13.introd.2.2). El mundo es el "sistema ilusorio" (queriendo decir que es demente, loco) "de aquellos a quienes la culpabilidad ha enloquecido". La culpabilidad es lo que fabricó a este mundo y la culpabilidad es lo que sostiene a este mundo. El perdón es la única cosa que deshará la culpabilidad. El perdón dice que ahí fuera no hay nada que perdonar: tú no me hiciste ninguna cosa a mí. Lo que eso quiere decir es que tú puedes haber herido mi cuerpo o los cuerpos de mis seres queridos, pero tú no me robaste la paz de Dios porque ella está en mi mente y sólo yo tengo el poder de expulsar la paz de Dios lejos de mí. Pero cuando digo que la expulsé lejos de mí porque tú me golpeaste, me humillaste, abusaste de mí, me abandonaste, me insultaste, me robaste, o lo que sea, lo que estoy diciendo es que no tengo el poder de expulsar la paz de Dios lejos de mí. Entonces debe ser que no tengo una mente. Eres quien tiene el poder, entonces. De hecho, tú tienes el poder y lo estás usando. me robaste la paz de Dios. Esa es la mentira.

El mundo del dos-más-dos-son-cuatro nos diría que sí, que eso es lo que la gente hizo, y se centra en mirar el efecto que eso produjo. Eso produjo un efecto sobre el cuerpo, pero el cuerpo no existe. El cuerpo es una proyección de un pensamiento que nunca ocurrió. Insisto otra vez en eso porque esa es la única manera para que el preguntador salga del lío ((o del caos)). Así que si quieres ayudar del todo a alguien, tienes que decirle que lo que te estoy diciendo es cierto. Que es la única manera de salir del lío. No hay esperanza en este mundo. El mundo no fue hecho para ofrecer esperanza. ¿Por qué? Porque la esperanza reside únicamente en la mente tomadora-de-decisiones. Ahí es donde está la esperanza porque es ahí donde está el problema. Cuando nos sacamos a nosotros mismos de la mente y nos colocamos a nosotros mismos en el sueño como una figura soñada, como un cuerpo en un mundo, nos estamos privando a nosotros mismos de la mente ((literalmente: nos hacemos sin mente)), lo cual quiere decir que estamos cortando la única fuente de esperanza que existe.

Este Curso, lo repito, es la única cosa que yo conozca que ofrece verdadera esperanza porque nos lleva de regreso a la mente, al enseñarnos por qué hicimos el mundo al principio de todo, por qué luego seguimos viniendo a este mundo, por qué seguimos argumentando en favor de este mundo, por qué incluso llegamos a pensar que Un Curso de Milagros trata sobre vivir en este mundo y que Jesús nos va a decir algo. ¿Qué podría él decirnos en nombre de Dios excepto que somos el Nombre de Dios? Eso es lo que él nos diría. Él no habla con nosotros. Eso es una alucinación auditiva. Eso podría ser de gran ayuda si llevara a la gente más allá de la alucinación, y a medida que crezcan se conviertan como él, como en el poema de Helen "Una oración de Jesús": la gente te mira y ve a Jesús en lugar de a ti (The Gifts of God, pages 82-83). En ese caso la voz es de ayuda porque conduce más allá de sí misma.

Dios, el Espíritu Santo y Jesús no hablan de cosas concretas. El amor es no-específico ((no-concreto)). Nosotros lo traducimos en algo específico. Eso puede ser un símbolo de la mente-correcta y ser de gran ayuda, pero tenemos que usar el símbolo para volver a la fuente. Recordemos un par de versículos de la lección 161: "El odio es algo concreto. Tiene que tener un blanco" ((tiene que haber alguna cosa concreta que se convierta en el blanco del ataque)) (L.161.7.1-2). Un poco antes se dice: "Así fue como surgió lo concreto" ((literalmente: "Así fue como se hizo/fabricó lo concreto")) (L.161.1.3). Eso se refiere a por qué se hizo el mundo. Hicimos un mundo de cosas concretas para mantenernos anclados en un sistema de pensamiento de detalles concretos. Hay un Hijo concreto que atacó a Su Padre concreto —ahora ya tenemos dos objetos/pensamientos concretos.

Por eso el Curso dice: "El mundo se fabricó como un acto de agresión contra Dios" (L.PII.Preg3.2.1) ((Pág. 446)). Es una proyección del pensamiento de ataque —que estamos mejor fuera del Amor de Dios. Por lo tanto, hicimos un mundo opuesto al Cielo. Hicimos un ser opuesto al Cristo que somos. El Cielo es abstracto, lo que significa que es no-específico ((no-concreto)) y no-dualista, y enconces fabricamos mundos concretos, cuerpos concretos, problemas concretos, necesidades concretas, el oír voces concretas diciéndonos cosas concretas —todas las cuales hacen real el mundo de los detalles concretos. De esa manera nunca llegaremos a casa. Usemos las cosas concretas para dirigirnos hacia lo no-concreto. Eso es diferente, pero no ha de confundirse el símbolo con la fuente.

El Curso nos enseña que el propósito del tiempo es enseñarnos que no existe el tiempo. El propósito de los detalles concretos es enseñarnos que no hay detalles concretos en el Cielo. El propósito de estar en el mundo es aprender que no hay mundo. Para la mente-correcta el propósito de estar en un cuerpo es aprender que no somos cuerpos. El Libro de Ejercicios dice una y otra vez: "No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó" (L.201-220). Dios nos creó como espíritu. Y cuando creemos ser algo diferente a eso, es porque creemos que somos una mente separada. Somos siempre una mente separada, nunca un cuerpo separado. Esa es la ilusión, la mentira. "Nada es tan cegador como la percepción de la forma" ((Esta potente cita ya fue mencionada en el tercer párrafo, donde se indicó su localización: T.22.III.6.7)). La percepción ve el símbolo. Ve la forma y se detiene ahí. No va más allá de la forma. El Curso nos enseña a utilizar las palabras, los cuerpos y las relaciones como una manera de ir más allá de ellas. No ha de confundirse el símbolo con la fuente.

Un símbolo representa algo o simboliza algo que no puede expresarse de ninguna otra manera. El amor no puede expresarse aquí ((en el mundo de las formas)). El amor es perfecta unidad. El Curso dice que el perdón es el reflejo del amor del Cielo. Es el equivalente terrenal del amor, pero no es el amor. El reflejo de la unidad del amor del Cielo es la igualdad de la Filiación, y en ese reconocimiento de que todos somos lo mismo no hay juicio. ¿Cómo puede uno juzgar lo que es lo mismo? Uno puede juzgar solo lo que es diferente. "El amor no hace comparaciones" (L.195.4.2) porque el amor es perfecta unidad. El amor del ego está todo el tiempo comparando, todo el tiempo. Así es como sabes que es el ego.

Una vez más, lo que hace difícil este Curso es su naturaleza inflexible, pero en eso mismo se halla  también la esperanza de este Curso; ahí es donde está la salvación; y eso es porque esto requiere un montón de trabajo duro. Hay una serie de pasajes que son muy reconfortantes. Uno de ellos nos dice: "No temas que se te vaya a elevar y a arrojar abruptamente a la realidad" (T.16.VI.8.1). No ocurre así. Hay un pasaje aún más intenso en el capítulo 27: "Mas ese sueño es tan temible y tan real en apariencia, que él no podría despertar a la realidad sin verse inundado por el frío sudor del terror y sin dar gritos de pánico, a menos que un sueño más dulce precediese su despertar y permitiese que su mente se calmara para poder acoger —no temer— la Voz que con amor lo llama a despertar (...)" (T.27.VII.13.4). Tenemos que proceder por etapas ((por pasos... paso a paso)). Nosotros no vamos ((directamente)) desde el ser al Ser. El ser se transforma. Algunas veces en el Curso Jesús nos dice que el Espíritu Santo no nos arrebata nuestras relaciones especiales, sino que las transforma (ver por ejemplo T.17.IV.2.3).

Nos transformamos desde un ser culpable, enojado y deprimido hasta convertirnos en un ser tranquilo. Nuestra percepción se transforma desde una percepción en la que se ve a todos como diferentes, unos buenos y otros malos, hasta una percepción que ve a todos como iguales. Esto es todavía dentro de la ilusión, pero es la manera de salir de la ilusión. Es lo que el Curso llama el sueño feliz (T.18.V). No tiene nada que ver con nada físico. Los sueños felices son aquellos sueños apacibles que preceden nuestro despertar, llevándonos al punto desde el cual podemos despertar porque ya no estamos tan asustados. Nos transformamos gradualmente pasando de un ser de mente-errada hasta un ser de mente-correcta. El ser de mente errada ataca, juzga y hace diferencias. El ser de mente-correcta perdona, mira más allá del pecado hasta ver el error, y mira más allá del error hasta contemplar la verdad. Ve a todos como lo mismo, como iguales. El ser de mente-correcta no juzga, y si hubiera un acto de juicio, el ser de mente-correcta no juzga esa decisión. En el estado de mente-correcta somos pacientes, dulces y amables con nuestros propios egos, lo cual nos permite ser pacientes, dulces y amables con el ego de los demás. Ser más pacientes y amables con los egos de los demás refuerza nuestra paciencia y amabilidad con nosotros mismos.

Esto requiere un montón de práctica y trabajo duro. Tenemos que mirar cada pensamiento egoico que tenemos y no justificar ninguno de ellos ni sentir culpabilidad por ellos, ni castigarnos a nosotros mismos, sin importar lo grande o pequeño ((Nota de Toni: en importancia, en intensidad, en gravedad aparente, en la aparente repercusión de sus efectos, etc)) que ese pensamiento pueda ser. El Curso dice dos veces que una leve punzada de molestia es una máscara encubriendo una intensa furia (L.21.2 y M.17.4).

Llegamos a creer que los pensamientos egoicos nos sirven de defensa. Nos sentimos culpables porque nos hemos desprendido del amor. Esto dejó un vacío dentro de nosotros, una carencia que tenemos que llenar tomando lo que podamos del exterior, ya sea mediante relaciones de amor especial que satisfagan nuestras necesidades, o mediante robar la inocencia de otros lo cual hacemos atacándolos, dándoles así nuestra pecaminosidad y arrebatándoles su inocencia porque es uno o el otro. Todo esto ocurre simplemente porque nos volvimos temerosos del amor, porque en la presencia del amor no existimos. Por lo tanto nos alejamos del amor para protegernos a nosotros mismos. Preservamos este ser al tomar nuestro pecado y nuestra culpa para proyectarlos sobre los demás. Eso es lo que hacemos a lo largo de todo el día.

Nos damos cuenta de que hay un propósito en estar enfadados, en hacer juicios y en sentirnos mal con respecto a nosotros mismos. Nada de esto sucede por casualidad. La razón o el propósito es escapar del terrible peso de la culpa, no viéndola en nosotros mismos sino en otros. "El odio es algo concreto" (L.161.7.1). Tiene que haber alguien ahí fuera que nosotros podamos odiar, y puesto que no hay nadie ahí fuera, tenemos que inventar una persona, o inventar algo. Por eso es por lo que andamos por este mundo estando enfadados, siempre haciendo juicios, siempre estando nerviosos, siempre estando temerosos, siempre haciendo comparaciones —siempre buscando algo fuera que llene este agujero que creemos tener dentro.

El ego nos dice que si vamos dentro desapareceremos en el Corazón de Dios y nuestro ser dejará de existir. Por eso, una vez más, necesitamos dar pasos suaves. No vamos ((directamente)) del ser al Ser, sino que transformamos el sentido que tenemos del ser. El proceso para lograr eso implica aprender a ver a todos como iguales, y luego perdonarnos a nosotros mismos cuando no vemos la igualdad sino a todos como diferentes.

Recuerda, esto no es un Curso sobre hacer; es un Curso sobre deshacer. Simplemente nos mantenemos mirando, y si seguimos mirando, con el tiempo aprenderemos a no tomar al ego tan en serio. Aprenderemos a no darle al ego poder sobre nosotros. Nos daremos cuenta de que tenemos poder sobre el ego y seremos mucho más indulgentes con nuestros errores. Diremos: "Simplemente estaba asustado. No es para tanto, no tiene tanta importancia. Esto no significa que esté haciendo mal el Curso". Hay un solo ego, un único sistema de pensamiento egoico, así que siempre estamos haciendo la misma cosa una y otra vez. Lo que importa es la actitud que tenemos hacia el ego.

Parte IV: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-iv-ken-wapnick.html

Índice de las traducciones (esta serie consta de 12 partes en total): http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-milagros-una-espiritualidad.html

viernes, 21 de agosto de 2015

Un Curso de esperanza (II) Ken Wapnick

Un Curso de Milagros: Una espiritualidad llena de esperanza

Extractos de las charlas llevadas a cabo en la Academia de la
 Fundación para Un Curso de Milagros
Temecula (California) (USA) 

Doctor Kenneth Wapnick
 
Parte II

Echemos un vistazo a una lección donde se habla de todo esto de una manera excelente: La lección 284, "Puedo elegir cambiar todos los pensamientos que me causan dolor" [nota de Toni: en uno de sus libros, Ken Wapnick comentó brevemente esa lección completa, la traducción podéis leerla aquí: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/02/l-284-journey-de-ken-wapnick.html]. Lo que esto quiere decir es que no es el mundo lo que nos hiere; no es nuestro trabajo o nuestro jefe lo que nos hiere; no es nuestra relación especial la que nos causa dolor; no es el cuerpo lo que nos duele. Son nuestros pensamientos los que nos causan dolor, lo cual es lo que las lecciones 5 y 34 nos dicen: "Nunca estoy disgustado por la razón que creo" y "Podría ver paz en lugar de esto". He aquí lo que la lección 284 dice:

Las pérdidas no son pérdidas cuando se perciben correctamente. (L.284.1.1)

El mundo siempre juzga las pérdidas en términos del cuerpo: estoy perdiendo mi salud, mi vitalidad, mi juventud, mi felicidad [nota de Toni: en el sentido satisfacción o de buena fortuna ante lo externo/corporal: prosperidad externa, comodidad corporal, etc], mi trabajo, mi dinero, a mi ser querido, mi casa. Siempre hay alguna pérdida exteriorizándose. Cuando percibimos apropiadamente la pérdida nos damos cuenta de que no podemos perder nada ahí fuera. No hay nada ahí fuera, y cualquier percepción de pérdida viene de nuestra creencia mental en ella, la cual (la creencia) la podemos cambiar: "Puedo elegir cambiar todos los pensamientos que me causan dolor".

El dolor es imposible. No hay pesar que tenga causa alguna. Y cualquier clase de sufrimiento no es más que un sueño. (L.284.1.2-4) 

En otras palabras, el mundo no nos hace sufrir. El sufrimiento es parte del sueño del ego. Ahora viene un pasaje que es muy importante tener en cuenta, porque nos ayuda a recordar que esto es un proceso:

Esta es la verdad [es decir, que todo lo de aquí es una ilusión; el placer y el dolor son ilusorios], que al principio solo se dice de boca, y luego, después de repetirse muchas veces [probablemente muchas, muchas, muchas veces, pero decirlo así sería estropear el metro (nota de Toni: del metro del verso... recordemos que gran parte del Curso se dictó poéticamente en verso), así que hay un único "muchas", pero estoy seguro de que Helen escuchó "muchas, muchas, muchas veces"], se acepta en parte como cierta, pero con muchas reservas. Más tarde se considera seriamente cada vez más y finalmente se acepta como la verdad. (L.284.1.5-6) 

Esta es una descripción muy clara del proceso que todo estudiante de Un Curso de Milagros recorre. Leemos las palabras y decimos que son lindas, tal vez incluso hermosas, y nos gustaría creer en ellas, pero tenemos reservas: podemos ver que eso funciona en algunos casos, pero no en otros, en algunas relaciones o enfermedades, pero no en otras: con un dolor de cabeza, pero no con un cáncer. Objetamos: "¡Pero yo tengo un pago de la hipoteca vencido!". Y entonces decimos las palabras una y otra vez. Seguimos leyéndolas y escuchándolas. Después las aceptamos parcialmente, todavía con muchas reservas. Después empezamos a pensar sobre ellas más y más seriamente. Y finalmente las aceptamos como la verdad. Lo que nos convence para aceptarlas como la verdad no son las palabras en sí mismas. Lo que nos convence es nuestra propia experiencia. Comenzamos a ver que lo que atravesamos en el nivel de la forma puede ser horrible, pero que todavía podemos estar en paz. Así que alguien puede haber dicho algo muy desagradable de mí, pero ya no me lo tomo de manera personal. Empezamos a practicar eso cada vez más, y a verlo cada vez más. "Los que tienen miedo pueden ser crueles" (T.3.I.4.2). Las personas pueden actuar con crueldad hacia nosotros, pero ellas están tan asustadas como nosotros. Tenemos que preguntarnos: "¿Por qué tengo que ser parte de su (de ellas: las personas) sueño?".

Hay una importante sección en el capítulo 28 titulada "El acuerdo a unirse" (T.28.III). El contexto es la enfermedad y Jesús nos invita a no aceptar el sueño de enfermedad de nuestro hermano (T.28.III.3.3; tb. T.28.III.2.3), lo cual no quiere decir que nos volvamos insensibles ante alguien que esté sufriendo; no nos reímos de eso ni nos volvemos desagradables. Lo que quiere decir es que no perdemos nuestra paz, lo cual de hecho nos volverá mucho más cariñosos, atentos y considerados porque no tendremos conflicto, culpa ni miedo interfiriendo con nuestra libre expresión del amor.

Esto es algo que podemos practicar. Cuando alguien dice algo desagradable, no tenemos por qué ser parte del sueño de esa persona. Pero si nos enojamos lo que estaremos diciendo es: "Sí, tienes razón. El sueño de la separación es real y está poblado de víctimas y verdugos; lo lamento por las víctimas y odio a los verdugos". Podemos dar un paso hacia atrás de eso y recordar que si todos somos lo mismo, entonces los verdugos creen en lo más profundo que ellos han sido víctimas y que la única manera con la que pueden hacer frente al dolor es mediante el ataque. Una vez más, "los que tienen miedo pueden ser crueles". Toda víctima es un silencioso verdugo señalando con un dedo acusador diciendo: "Mírame, hermano, por tu culpa muero" (T.27.I.4.6).

Más tarde, el Texto dice: "Y lo que ves en cualquier clase de sufrimiento que padezcas es tu propio deseo oculto de matar" (T.31.V.15.10). Siempre he dicho que en todo el libro ese es el pasaje más difícil de que la gente realmente lo mire. "Y lo que ves en cualquier clase de sufrimiento que padezcas es tu propio deseo oculto de matar". Queremos sufrir para que alguna otra persona sea considerada responsable. Existimos pero no es culpa nuestra, y Dios castigará y destruirá a esa otra persona. Paralelamente, un pasaje anterior dice que los pecados de nuestro hermano están "escritos en el Cielo (...) y que van delante de él (...)" (T.27.I.3.2). Nuestro sufrimiento le dice a Dios que mire los pecados de esa persona, los cuales están escritos en el Cielo y van delante de ella, queriendo decir que esos pecados harán caer a esa persona en el infierno, donde ella será castigada. Y dado que se trata de o el uno o el otro, si esa persona va al infierno, entonces yo debo ir al Cielo.

Entender esto nos da algo que recordar cuando estemos en medio de situaciones que sean dolorosas o espantosas, en las cuales estamos todos casi todo el tiempo. Así podremos decir en serio (o: y tener la intención de) que: "Podría ver paz en lugar de esto". Reafirmemos este importante punto: esto no quiere decir que vayamos a justificar la conducta desagradable o la crueldad de las personas. Simplemente significa que no las atacaremos. Son personas asustadas, pero todo el mundo está asustado y por lo tanto todo el mundo tiene pensamientos y sentimientos crueles, actuando cruelmente. La mayoría de nosotros no robaría bancos, ni violaría, ni mataría a gente inocente, ni tirarían bombas sobre aldeas estando contentos con eso: "¡Oh, hoy he tenido un gran día! He matado a ciento cincuenta personas y la mayoría de ellas eran mujeres y niños... ¡ya tienen su merecido!". La mayoría de nosotros no haría eso, pero todos lo haríamos en algún nivel. Puede que no lo hagamos en la forma, pero cuando nos alegramos de que el violador local haya sido capturado y severamente castigado, o incluso matado, no somos diferentes del violador. Pues con eso estamos diciendo que el sufrimiento de alguna otra persona me produce placer. Y bien, ¿no es eso lo que hace un violador? Lo que el violador dice es: "Tú no me importas. Yo sólo quiero mi placer". Pues bien, nosotros queremos el placer de saber que ese bastardo culpable está siendo matado y nosotros no. Obtenemos de eso un gran placer, como todos sabemos. Simplemente observa a una familia cuyo hijo ha sido asesinado; obsérvales fuera de la sala, cuando se ha dado el veredicto y el tipo que mató a su hijo o que violó y asesinó a su hija se va tras las rejas y nunca saldrá de ahí. Ellos están totalmente eufóricos. ¡Se ha hecho justicia! Pero es el infierno, no se ha hecho justicia sino injusticia porque no hay amor ahí. El amor no castiga. El amor puede poner un límite a la capacidad de las personas para crear falsamente, pero nunca lo haría con un espíritu de castigo (nunca con ánimo castigador, nunca con odio).

Todos estamos silenciosamente contentos cuando el agresor es atrapado. Eso no nos hace mejores que él. Esto es lo que tenemos que ver. No hay que confundir el símbolo con la fuente. En el nivel del símbolo todos somos muy, muy diferentes. En el nivel de la fuente, que es la mente separada, todos somos lo mismo. Todos somos secretos Hitlers y Stalins. Todos somos asesinos. Todos somos secretos Jesuses y secretos Budas porque todos tenemos una mente correcta. Todos somos lo mismo. Todo el mundo tiene una mente correcta —todo el mundo. Si excluimos a una persona estamos excluyendo a toda la Filiación, porque lo que hace que la Filiación sea la Filiación es el hecho de estar unificada. Todos somos uno. Este es un pensamiento muy aleccionador.

Con frecuencia digo que si quieres ver lo lejos que has llegado con el Curso, simplemente observa un juicio que haces y pregúntate a ti mismo si harías este juicio con respecto a todos los aspectos (o todas las personas) de la Filiación. Toma cualquier pensamiento no amable (o de antipatía, desagradable) que tengas hacia una persona y pregúntate si extenderías ese pensamiento hasta abarcar a todas las demás personas (nota de Toni: o aspectos de la Filiación, por ejemplo animales, etc), incluyendo a Jesús y la gente que aquí amas. Lo más probable es que dijeras: "No. Jesús nunca violó a nadie. Él nunca fabricó una bomba ni la tiró sobre la gente inocente de una aldea". Al juzgar y pensar en los demás de manera poco amable, lo que estamos haciendo es diferenciar y fragmentar a la Filiación. Estamos diciendo que hay una jerarquía de ilusiones, lo cual como ya hemos visto es la primera ley del caos (T.23.II.2.1-2). Estamos diciendo que hay personas aquí que son diferentes a otras personas.

Las personas son diferentes en el nivel de la forma, pero no en el nivel de la mente. No hay que confundir el símbolo con la fuente. Los símbolos son diferenciados, a menos que los hagamos símbolos de la mente correcta, los cuales entonces abarcan a todos. Por lo tanto, si tú tienes una experiencia maravillosa y beatífica al contemplar una gran obra de arte o una gran escena de la naturaleza, y no permites que ese amor abarque a todos, entonces estás negando la belleza de esa experiencia. Estás diciendo que puedes tener una experiencia maravillosa del Amor de Dios en cualquier forma que pueda tomar, pero que no puedes llevarlo a casa contigo porque tienes todos estos ruidosos niños interrumpiendo tu paz; o que no puedes llevarlo al trabajo; o que no puedes llevarlo contigo cuando estás viendo las noticias.

Cuando pensamos de esa manera, estamos tomando la experiencia del amor y limitándola, lo cual significa que ya no es amor. Tener un pensamiento poco amable o hacer alguna cosa desagradable no nos convierte en pecadores, pero ciertamente está diciendo que todavía valoramos, afirmamos y damos testimonio de la realidad de la separación, la realidad de la fragmentación, lo cual es lo mismo que decir que hay una jerarquía de ilusiones: que en este mundo hay personas buenas y malas. Es cierto que hay personas a las que juzgamos como buenas y que hacen cosas buenas según nuestra estimación, y personas a las que llamamos malas y que hacen cosas que consideramos malas. Pero no todas las personas estarían de acuerdo con nuestra evaluación, lo cual significa que no es una evaluación universal, y si no es universal, no es real.

Parte III: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-iii-ken-wapnick.html

Índice de las traducciones (esta serie consta de 12 partes en total): http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-milagros-una-espiritualidad.html

jueves, 20 de agosto de 2015

Un Curso de esperanza (I) Ken Wapnick

Un Curso de Milagros: Una espiritualidad llena de esperanza

Extractos de las charlas llevadas a cabo en la Academia de la
 Fundación para Un Curso de Milagros
Temecula (California) (USA) 

Doctor Kenneth Wapnick

Parte I

Pregunta: Vengo a clases como estas a escucharte, leo el Curso y trato de practicarlo lo mejor que puedo, pero chico, cada vez me voy volviendo más consciente de hasta qué punto no quiero hacerlo. Soy una máquina de proyección, lo digo en serio. A veces pierdo la esperanza y entonces empiezo a dudar de que podamos llegar a ese "tomador-de-decisiones" y elegir otro DVD. ¿De verdad podemos hacer eso? ¿O estamos condenados a vivir este DVD por el resto de nuestra vida y simplemente tomar conciencia de que se trata de un DVD, en lugar de elegir la paz y elegir ser amoroso? Actualmente en mi trabajo tenemos mucha presión, mucha ansiedad, y yo no sé cómo dejar de elegir eso. Esto a veces se vuelve un poco desesperado.

Ken: Creo que todo el mundo estaría de acuerdo con lo que estás comentando. Todos tienen esa experiencia. La mayoría de las personas recurren al Curso porque sus vidas no están funcionando, pero no son conscientes de hasta qué punto están mal las cosas hasta que comienzan a trabajar con este material. Y esto sucede porque el mundo parece ofrecerles esperanza. Siempre hay algo: otra relación, otro banco que robar sin ser atrapado, drogas, alcohol, etc. Hay cosas que nos distraen, pero cuando empezamos a entender realmente lo que el Curso está diciendo, nos ponemos más ansiosos. Nos damos cuenta de que realmente no hay esperanza en el sistema del ego, que es un sistema de pensamiento todopoderoso, hecho todopoderoso porque nos gusta.

Esto puede ser muy desconcertante en nuestros días buenos y rotundamente desesperado en otros días. Sin embargo, no podemos llegar hasta la luz sin traspasar la oscuridad. Eso es un tema importante del Curso. Jesús dice que juntos disponemos de la lámpara que desvanecerá al ego (T.11.V.1.3). Eso significa mirar al ego, y algunas de las descripciones que el Curso hace del ego pintan un retrato horripilante y extremadamente escalofriante. Y lo que hace esto peor es darnos cuenta de que está hablando de nosotros. Hay secciones muy intensas en las que se habla de "carne arrancada del hueso" (T.24.V.4.8), "arrojar a tu hermano por un precipicio" (T.24.V.4.2) y elegir sufrir para que algún otro muera (T.31.V.15.10).

Descripciones de este tipo no son fáciles de procesar y pueden dar lugar a sentimientos de desesperanza. La esperanza radica en la comprensión (que es una de las razones por las que siempre hago hincapié en la metafísica) de que hay una razón por la que nos sentimos de esa manera. La razón por la que el mundo es tan desesperado es que cuando nos identificamos con nuestros cuerpos no hay realmente esperanza. Creemos que somos libres cuando morimos, pero el Curso dice que "existe el riesgo de pensar que la muerte es paz" (T.27.VII.10.2). Entonces, antes de darnos cuenta ya estamos aquí de vuelta otra vez o en otro aspecto del sueño. No hay esperanza en el mundo. No hay esperanza dentro de la ilusión porque, una vez que nos identificamos con la ilusión, no vemos nada más. Se necesita tiempo y mucha disciplina para empezar a entender que el mundo no es lo que parece.

Con frecuencia digo: "No te creas la mentira" y "No creas a quienes te digan que dos y dos son cuatro", pues ellos se basan en la creencia de que en este mundo hay leyes lógicas que perduran, cuando el hecho es que todo aquel que esté cuerdo sabe que dos y dos son cinco porque aquí nada tiene sentido [nota de Toni: para una explicación de las metáforas de Ken Wapnick con los números (1+1=1), (1+1=2), (2+2=4), (2+2=5) se puede consultar el siguiente post (de otro de mis blogs): http://jugandoalegremente.blogspot.com/2014/12/cuando-225.html]. Empezar a entender eso es extraordinariamente útil porque al menos se nos echa un cable con sentido ((o: se nos proporciona una ayuda —o un salvavidas, o una cuerda de salvamento, o una tabla de salvación— con significado)).

El mundo ofrece una gran cantidad de salvavidas (cuerdas a las que agarrarse, tablas de salvación), todo tipo de adicciones. Cerca del final del Texto hay una sección muy potente titulada "La verdadera alternativa" en la que se dice que todos los caminos que hay aquí (en este mundo ilusorio) conducen a la muerte (T.31.IV.2.11). ¡No hay esperanza en el mundo! A veces he dicho que Un Curso de Milagros es la única espiritualidad que yo conozca que ofrece verdadera esperanza en el sentido de que no ofrece ninguna esperanza de cambio en el mundo. La esperanza que el Curso ofrece es su enseñanza de que todo lo que parece ocurrir aquí está ocurriendo en la mente tomadora de decisiones. Ahí es donde está la esperanza, pero el problema es que no vemos ninguna alternativa, lo cual es lo que esta pregunta está expresando, y eso es cierto. La verdad del ego comienza a venirse abajo cuando nos damos cuenta de que el ego no ofrece ninguna esperanza y parece todopoderoso únicamente porque creemos en él. Es entonces cuando empezamos a tener un asomo de esperanza, que puede crecer y crecer, pero que no estaría dirigida a hacer que el mundo funcione mejor para nosotros. Recordemos la cita que dice: "No trates de cambiar el mundo, sino elige cambiar de mentalidad con respecto al mundo" (T.21.introd.1.7), lo que quiere decir que tenemos el poder sobre él.

Así que puede que estés atravesando un período muy estresante en tu trabajo, y aunque no seas capaz de elegir la paz, podrías al menos saber en algún nivel que podrías elegir la paz. Podrías ir a tu trabajo y hacer lo que tengas que hacer, y soportar todas las chorradas que tengas que soportar, y a pesar de eso estar en paz. Saber que eso es una posibilidad te daría al menos una luz de esperanza. Es también útil ser consciente de que los sentimientos de desesperanza y desesperación representan una decisión.

Se necesita mucho trabajo, mucho estudio de lo que el Curso enseña, para ser capaces de integrar esto en nuestra vida y que empecemos a ver que, efectivamente, no hay por qué sentirse molesto, y aunque puede que eso no sea lo más agradable que le esté sucediendo a tu cuerpo, aún así podrías estar en paz. ¡Eso lleva trabajo! Pero compensa porque entonces no trabajaremos bajo la ilusión de que algo de aquí va a hacernos felices: la creencia de que finalmente encontraré la relación adecuada, el trabajo adecuado, el clima adecuado, la imagen corporal adecuada —cualquier cosa que me haga sentirme bien con respecto a mí mismo y que me haga feliz. Ahora nos damos cuenta de que nada de eso funcionará. Todos tenemos cierta edad cuando nos percatamos de esto. Hemos probado muchas cosas diferentes del mundo, y simplemente no funcionaron.

La razón por la que Un Curso de Milagros va a funcionar es que nos va a llevar desde el cuerpo hasta la mente, desde el símbolo hasta la fuente. Tenemos control sobre eso. El comienzo de la lección 70 establece claramente que no hay nada en el mundo que pueda hacernos felices o infelices; nada del mundo puede darnos dolor ni placer. Después dice que esto nos pone a cargo del universo al cual pertenecemos —tenemos el control del universo de la mente tanto si estamos alegres como tristes (L.70.2.3). Esto no tiene nada que ver con las circunstancias externas. Incluso si no experimentamos eso, al menos saberlo intelectualmente es un muy buen comienzo porque se restaura nuestro poder. De lo contrario todos somos impotentes y estamos condenados a ganar a duras penas una pizca de poder. Creemos que podemos controlar una parte de nuestras vidas o a veces a una persona en particular, pero lo que realmente creemos es que estamos a merced de fuerzas que no podemos controlar, especialmente las fuerzas del envejecimiento y de la economía. Suceden cosas: la gente pierde sus trabajos y sus casas, y no crearon nada. Eso es solo como es hoy en día, nuestros pensamientos pasan. O, nos viene un cáncer o le viene un cáncer a un ser querido, y en el nivel del mundo no tenemos control sobre eso, pero sí tenemos control sobre cómo lo vemos.

La línea que dice que el mundo que vemos es una "imagen externa de una condición interna" (T.21.introd.1.5) nos indica el camino de salida. El mundo que vemos es una proyección, un símbolo de una condición interna, la cual es la decisión de la mente en favor del ego o del Espíritu Santo —el poder de elegir. Eso nos da la esperanza de que incluso en medio de circunstancias horribles aún podríamos estar en paz. Al principio creemos esto intelectualmente o trabajamos con el fin de llegar a creer esto intelectualmente. Si nos mantenemos trabajando en esto, llegaremos a un punto en el que esto se convertirá en nuestra experiencia, pero para llegar ahí se necesita un montón de duro trabajo porque estamos desaprendiendo toda una vida, si es que no vidas, que estuvo dedicada a considerar el símbolo como lo real y olvidándonos de la fuente.

La pregunta refleja también, a pesar de que no se mencionó esto, la resistencia que todos tenemos a aceptar que lo que estoy diciendo y lo que el Curso está diciendo es verdad. El mundo aparenta ser un testigo muy poderoso. Como dijo Wordsworth [poeta inglés]: "El mundo es demasiado con nosotros". Es demasiado poderoso. La enfermedad es demasiado poderosa. La situación financiera del mundo es demasiado poderosa. La guerra es demasiado poderosa. El trastorno mental es demasiado poderoso. La muerte es demasiado poderosa. No podemos superar esas cosas (no podemos vencerlas), y en el nivel del cuerpo, no podemos. Pero podemos superar nuestro sistema de creencias porque tenemos el poder de cambiarlo. Ahí es donde reside la esperanza.

¿Es esto realmente posible? Sí, es realmente posible. Te diría que podrías hacerlo incluso esta tarde, pero eso te precipitaría al pánico, así que no voy a decir eso.

Parte II: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-ii-ken-wapnick.html

Índice de las traducciones (esta serie consta de 12 partes en total): http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-milagros-una-espiritualidad.html

miércoles, 19 de agosto de 2015

Un Curso de Milagros: Una espiritualidad llena de esperanza

Traducción al español de las inspiradoras respuestas de Ken Wapnick, tomadas de la web oficial que viene en idioma inglés: http://www.facim.org/online-learning-aids/excerpt-series/a-course-in-miracles-a-hope-filled-spirituality.aspx

Un Curso de Milagros: Una espiritualidad llena de esperanza

Estos discursos surgieron a partir de preguntas realizadas durante dos de los "seminarios de 5 días" que organiza la Academia. Uno se llevó a cabo en marzo de 2010 con el título de "Las ideas no abandonan su fuente", y el otro tuvo lugar en noviembre de 2009 bajo el título "Entrando en la Presencia de Dios". Las preguntas se centraron en la pérdida de esperanza que muchas personas sienten después de meses o incluso años de practicar el Curso. Las respuestas de Kenneth abordan esta experiencia común y se enfoca en las causas fundamentales de estos sentimientos, así como en la verdadera fuente de esperanza que ofrece el Curso con su proceso del perdón.

Índice:

Parte I: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-i-ken-wapnick.html
Parte II: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-ii-ken-wapnick.html
Parte III: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-iii-ken-wapnick.html
Parte IV: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-iv-ken-wapnick.html
Parte V: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-v-ken-wapnick.html
Parte VI: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-vi-ken-wapnick.html
Parte VII: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-vii-ken-wapnick.html
Parte VIII: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-viii-ken-wapnick.html
Parte IX: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-ix-ken-wapnick.html
Parte X: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-x-ken-wapnick.html
Parte XI: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-xi-ken-wapnick.html
Parte XII: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-y-xii-ken-wapnick.html

Fuente original (en inglés): http://www.facim.org/online-learning-aids/excerpt-series/a-course-in-miracles-a-hope-filled-spirituality.aspx

Saludos

sábado, 1 de agosto de 2015

La mente correcta: el hogar de la corrección (Ken Wapnick)

Traduzco un artículo escrito por Kenneth Wapnick, fechado en marzo de 2008. El original está escrito en inglés y podéis acceder a él aquí: http://www.facim.org/online-learning-aids/lighthouse-articles/2008/the-right-mind-home-of-correction.aspx

LA MENTE CORRECTA: EL HOGAR DE LA CORRECCIÓN 

Kenneth Wapnick


El tomador de decisiones: la sede del destino

Una confusión común en muchos estudiantes de Un Curso de Milagros concierne a cuando pedimos ayuda a Jesús o al Espíritu Santo; o, para decirlo de otra manera, qué significa estar en la mente correcta. Nuestros problemas cotidianos y nuestras preocupaciones concretas nos parecen tan apremiantes, y la aparente invitación que hace Jesús en el Curso a ayudarnos con ellos es tan persuasiva, que casi no podemos dejar de pedir ayuda para resolverlos. Y, de hecho, hay algunos pasajes de su Curso que pueden ser malinterpretados en el sentido de que realmente deberíamos pedirle a él o al Espíritu Santo en busca de tal tipo de ayuda concreta [¡Y una lección del Libro de ejercicios incluso menciona a Dios en este sentido! (L.71.9)]. Sin embargo, si estas referencias son tomadas fuera de contexto, contradicen directamente el mensaje central de Un Curso de Milagros de que es solo la mente, y no el cuerpo ni el mundo, la que es el problema. De hecho, Jesús instó dos veces a Helen Schucman, en los primeros mensajes, a que no cayera en esta trampa del ego cuando ella intentó pedirle ayuda para aliviar su miedo, siendo Helen una persona propensa a la ansiedad y el miedo:

Deshacer el miedo es tu responsabilidad. Cuando pides que se te libere del miedo, estás implicando que no lo es. En lugar de ello, deberías pedir ayuda para cambiar las condiciones que lo suscitaron. Esas condiciones siempre entrañan el estar dispuesto [es decir: la decisión de la mente] a permanecer separado. (...) Si me interpusiese entre tus pensamientos y sus resultados, estaría interfiriendo en la ley básica de causa y efecto: la ley más fundamental que existe. De nada te serviría el que yo menospreciase el poder de tu pensamiento. Ello se opondría directamente al propósito de este curso. (T.2.VI.4.1-4, VII.1.4-6; las cursivas son mías [de Ken]).

Aunque este mensaje a Helen llegó muy pronto en el dictado del Curso, resume de manera sucinta, como un presagio, todo lo que vendría en los siguientes siete años del dictado. Destaca el viaje en el que Jesús nos lleva: desde el mundo hasta la mente, para que podamos retornar a la "voluntad (de la mente) de estar separada": el deseo de ser autónoma y libre de lo que en nuestra locura creemos que es el yugo de la perfecta Unidad. Pero ahora, en contacto con la capacidad de la mente para tomar decisiones (el tomador de decisiones), podemos felizmente elegir de nuevo, lo cual es el tema de la última sección del Texto (T.31.VIII) y es el propósito final de este Curso.

Sin embargo, a pesar de nuestras buenas intenciones de ser buenos estudiantes del Curso [recuerda esta cita: «No confíes en tus buenas intenciones, pues tener buenas intenciones no es suficiente» (T.18.IV.2.1-2)], a menudo nos dejamos engañar por la astuta estrategia del ego de ocultar de nosotros la verdadera naturaleza del problema y su auténtico origen. En pocas palabras, el problema no es lo que percibimos como problemas en el mundo y el cuerpo, sino que el verdadero problema es el hecho de que pensemos que tenemos un problema. Cerca del final del Texto, Jesús señala esto mismo al explicar sobre nuestros auto-conceptos, cuando dice:

La salvación se puede considerar como el escape de todos los conceptos. No se ocupa en absoluto del contenido de la mente, sino del simple hecho de que ésta piensa. (T.31.V.14.3-4)

En otras palabras, el problema no son los variados conceptos que consideramos como nosotros mismos (positiva o negativamente), sino el mero hecho de que pensemos que tenemos un ser que puede ser conceptualizado: así que el problema no es lo que pensamos, sino el hecho de que creemos que podemos pensar. Por eso Jesús nos recuerda que no podemos pensar en absoluto:

Crees también que el cerebro puede pensar. Si comprendieses la naturaleza del pensamiento, no podrías por menos que reírte de esta idea tan descabellada. Es como si creyeses que eres tú el que sostiene el fósforo que le da al sol toda su luz y todo su calor; o quien sujeta al mundo firmemente en sus manos hasta que decidas soltarlo. Esto, sin embargo, no es más disparatado que creer que los ojos del cuerpo pueden ver o que el cerebro puede pensar. (L.92.2)

Es únicamente la mente la que piensa, la cual nosotros llamamos el tomador de decisiones. Y esta parte tomadora de decisiones de la mente dividida puede elegir únicamente entre dos pensamientos: el de separación del ego o el de Expiación del Espíritu Santo. Es así. Este error de pensar, por lo tanto, se deriva del error básico que compartimos juntos como el único Hijo de Dios que somos: la loca creencia de que nos hemos separado de Dios, de nuestro origen, de nuestro Ser, el Cristo que Dios creó Uno con Él. Este es el error que requiere corrección, no el multitudinario camuflaje que el ego usa para distraer nuestra atención de la decisión errónea de la mente. Jesús nos instruye al principio del Texto:

Tu papel consiste simplemente en hacer que tu pensamiento retorne al punto en que se cometió el error, y en entregárselo allí a la Expiación en paz. (T.5.VII.6.5)

Este punto tomador-de-decisiones es, por así decirlo, el asiento o sede del destino (por usar un término filosófico generalmente aplicado al alma platónica o neoplatónica). Es la parte de la mente que continuamente elige entre el problema (la mente errada con su sistema de pensamiento de separación) y la solución (la mente correcta con su corrección: el perdón).


La mente correcta: 
Mirar sin juicio a la mente errada

Entender que el tomador de decisiones es el pensador nos permite entender el propósito de la corrección, que es la única función de la mente correcta. Cuando estamos en la mente correcta nos convertimos en observadores, mirando con Jesús a nuestra decisión en favor del ego. Su amable visión perdonadora nos permite suspender nuestros juicios de culpa, proyectados a su vez sobre los demás. Esto nos lleva a la siguiente definición operativa: la mente correcta está mirando a la mente errada sin juicio. Esto deshace la culpa que había sido protegida por el error del tomador de decisiones, un error que consolidaba la culpa para que nunca pudiera ser abordada y deshecha. Este es el significado de la exhortación que nos hace Jesús de que no caigamos en la seductora trampa del ego basada en el pecado, la culpa y el miedo:

No llames pecado a esa proyección sino locura, pues eso es lo que fue y lo que sigue siendo. Tampoco la revistas de culpabilidad, pues la culpabilidad implica que realmente ocurrió. Pero sobre todo, no le tengas miedo. (T.18.I.6.7-9)

Una vez más, el problema es la manera en que la mente ve nuestros errores a través de los ojos de la más impía trinidad, no los aparentes errores en sí mismos.

Reconocer esta verdad nos capacita, como estudiantes de Un Curso de Milagros, para evitar la trampa del ego de creer que estamos siguiendo las enseñanzas de Jesús al "ir a nuestra mente correcta" y pedir su ayuda para los problemas concretos de nuestra vida. Hacer eso simplemente reforzaría el sistema de pensamiento del ego, lleno de engaño y de distracción, que nos da una ilusoria sensación de logro; un falso positivo que oculta nuestra única función de deshacer la negación del ego. Por eso Jesús nos insta a mirar al ego junto con él, de modo que podamos ir más allá del ego hasta la verdad, tal como vemos en esta serie de declaraciones del Texto:

Nadie puede escapar de las ilusiones a menos que las examine, pues no examinarlas es la manera de protegerlas. (...) Estamos listos para examinar más detenidamente el sistema de pensamiento del ego porque juntos disponemos de la lámpara que lo desvanecerá (...). (...) debemos primero examinarla para poder así ver más allá de ella, ya que le has otorgado realidad. (T.11.V.1.1,3,5)

La tarea del obrador de milagros es, por lo tanto, negar la negación de la verdad. (T.12.II.1.5)

Tu tarea no es ir en busca del amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has levantado contra él. No es necesario que busques lo que es verdad, pero sí es necesario que busques todo lo que es falso. (T.16.IV.6.1-2)

Por lo tanto, lo positivo en este Curso es mirar la negación del ego y decir que ya no la queremos más; decir "sí" a Jesús significa decir "no-no", negando la negación del ego (T.21.VII.12.4). [Nota de Toni: si se consulta dicha cita en el UCDM en español, no se verá bien a lo que alude; una posible mejora en la traducción sería algo así: «Pues has contestado "sí" sin darte cuenta de que "sí" tiene que significar "no al no"» ("no al no", o "no-no", o sea, negando la negación que el ego hace de la verdad)]

Sabiendo que mirar con calma al ego implica su deshacimiento, el antropomórfico ego llega a la conclusión de que la manera para preservar su existencia en la mente, es privar al Hijo de Dios de ella (dejarlo sin-mente, alejarle de ella). Por lo tanto, al debilitar la mente tomadora-de-decisiones del Hijo, haciendo que la mente quede inaccesible para el cambio, el ego se asegura de que el error original de haberlo elegido a él (haber elegido al ego) nunca pueda ser deshecho.

El ego, empeñado siempre en debilitar a la mente, trata de separarla del cuerpo en un intento de destruirla. Mas en realidad cree que la está protegiendo. Esto se debe a que cree que la mente es peligrosa, y que privarte de ella es curarte. (T.8.IX.6.1-3)

Para reafirmar este importante punto, el propósito de Un Curso de Milagros es llevarnos en un viaje —con Jesús como maestro y guía— desde la ausencia de mente hasta la plenitud de mente (desde la inconsciencia a la consciencia); desde el mundo de los cuerpos hasta el mundo interno de la mente. Él nos enseña a entender que el mundo que vemos es «el testimonio de tu (nuestro) estado mental, la imagen externa de una condición interna» (T.21.introd.1.5). Tal como hemos observado otras veces en estas páginas, nuestras percepciones del mundo se convierten en el camino regio (término que evoca a Freud) que nos lleva de vuelta a la mente, ayudándonos a obtener el acceso a la capacidad de toma-de-decisiones a la que habíamos renunciado. Al centrarnos, entonces, en el mundo externo —despojado de mente— de nuestra experiencia, insistiendo (o incluso exigiendo) en que nuestro maestro interno forma parte de tal locura, simplemente estamos reforzando la estrategia del ego de impedir que cambiemos nuestra mente. Esta táctica es en realidad una sombra parcial de la egoica tercera ley del caos (T.23.II.6), según la cual Dios suscribe nuestro alocado sistema de pensamiento de separación y pecado. De ahí la cita que casi todos los estudiantes del Curso se conocen al dedillo: «No trates, por lo tanto, de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él» (T.21.introd.1.7). En un pasaje sobre nuestra renuncia a los juicios, Jesús nos dice que el deshacimiento es necesario únicamente en nuestra mente (T.6.V.C.2.5). Entonces, ¿por qué deberíamos ni siquiera querer pedir ayuda concreta a Jesús para resolver problemas concretos? Tal es el tema de nuestra próxima sección.


Pedir por asuntos concretos (por cosas específicas) 

Se nos ha dicho repetidamente en Un Curso de Milagros que el propósito lo es todo, y que la única pregunta que siempre deberíamos hacer sobre cualquier cosa es: "¿Para qué es?" (por ejemplo, T.17.VI.2.1-2 y T.24.VII.6.1). Por lo tanto, tenemos que examinar el propósito que yace detrás de nuestra petición por cosas concretas, cuando eso va tan claramente contra el mensaje del Curso. La respuesta a esta cuestión es obvia cuando consideramos la estrategia de inconsciencia (de alejarnos de la mente) del ego. Pedir cosas concretas refleja la creencia de que el mundo es real, creencia reforzada por nuestra atención puesta sobre el cuerpo en lugar de sobre la mente tomadora de decisiones. Jesús hace alusión a esto al principio del Canto de la oración, el folleto complementario que es una extensión de los principios del Curso (forma parte del Anexo a UCDM). El contexto es la oración, o pedir ayuda al Espíritu Santo:

Pedir algo específico es igual que ver el pecado primero y luego perdonarlo. Del mismo modo, al orar pasas por alto tus necesidades específicas tal como las ves, y las dejas en Manos de Dios. (...) ¿Cuál podría ser Su respuesta sino tu recuerdo de Él? ¿Puede esto cambiarse por un insignificante consejillo para un problema de apenas un instante de duración? (S.1.I.4.2-3, 5-6)

Por lo tanto, Jesús quiere que consideremos la magnitud del regalo del Amor de Dios, el cual hemos rechazado a cambio de los insignificantes objetos específicos de nuestra vida de especialismo. En la exposición que hace Jesús en el Texto sobre la canción del amor [la canción olvidada] que hemos olvidado, él nos recuerda que las notas de esta canción [sus partes específicas: "las resonancias, las armonías, los ecos" (S.1.I.3.3)] no son nada (T.21.I.7.1). Y en el Libro de ejercicios hay un resumen aún más directo de la estrategia del ego de confundirnos en cuanto a la naturaleza del problema y su solución. Al estar asustada la mente-tomadora-de-decisiones de ubicar el problema en sí misma (al haber elegido la separación del ego como su realidad) y así corregir su error eligiendo la Expiación del Espíritu Santo, el ego, como hemos visto, proyecta el problema desde la mente hasta el cuerpo. Una vez que la atención está enraizada en el cuerpo y su mundo, la atención se centra en el modo de resolver los numerosísimos problemas concretos que el ego nos presenta, los cuales son como su "zanahoria" de las posibles soluciones válidas [Nota de Toni: tales soluciones concretas e ilusorias serían como la zanahoria delante del burro; la zanahoria que nos pone el ego para despistarnos]. Veamos las palabras de Jesús:

No puedes resolver un problema a menos que sepas de qué se trata. Incluso si ya está resuelto, lo seguirás teniendo porque no reconocerás que ya se ha resuelto. Ésta es la situación del mundo. El problema de la separación, que es en realidad el único problema que hay, ya se ha resuelto. No obstante, la solución no se ha reconocido porque no se ha reconocido el problema. (...) El mundo parece presentarte una multitud de problemas, y cada uno parece requerir una solución distinta. (...) Toda esta complejidad no es más que un intento desesperado de no reconocer el problema y, por lo tanto, de no permitir que se resuelva. (L.79.1; 4.2; 6.1)

Este mensaje se reitera en el Texto, donde Jesús esclarece para nosotros el propósito que el ego le da a nuestros problemas:

La tendencia típica del ego de estar continuamente ocupado con nimiedades tiene como objeto apoyar ese propósito [el propósito de ocultar el problema real y mantenerlo fuera de nuestra atención]. Uno de sus ardides favoritos para obstaculizar el aprendizaje es embarcarse en problemas diseñados de tal manera que su resolución sea imposible. La pregunta que nunca formulan quienes se embarcan en tales maniobras dilatorias es: "¿Para qué?". (T.4.V.6.4-6)

De estos pasajes se desprende que cuando le pedimos a Jesús o al Espíritu Santo ayuda para problemas específicos, estamos permitiendo que la agenda de subterfugios del ego contamine la relación que tenemos con nuestros Maestros. Y de este modo Ellos se vuelven parte del problema, en vez de la respuesta/solución. Esta fue la esencia de un mensaje personal a Helen en 1977, en una etapa en que ella estaba pidiendo repetidamente a Jesús ayuda muy específica para problemas muy específicos, tales como dónde comprar ropa o qué esquina de la calle es la idónea para encontrar un taxi. Esta etapa, la cual de hecho duró varios años, fue muy fructífera para Helen en el sentido de que ejemplificaba la amorosa y gentil bondad de Jesús al unirse a ella en el punto donde ella se encontraba, en lugar de exigir que ella estuviera en su mismo nivel de comprensión. Fue un maravilloso ejemplo del significado del siguiente pasaje, que llegó también en la fase temprana del dictado:

El valor de la Expiación no reside en la manera en que ésta se expresa. De hecho, si se usa acertadamente, será expresada inevitablemente en la forma en que le resulte más beneficiosa a aquel que la va a recibir. Esto quiere decir que para que un milagro sea lo más eficaz posible, tiene que ser expresado en un idioma que el que lo ha de recibir pueda entender sin miedo. (T.2.IV.5.1-3)

Dado que Helen estaba claramente en un estado propenso al miedo, y que su confianza en Jesús era ambivalente, por decir lo menos, fue útil para ella experimentar la ayuda y el amor de Jesús en una forma que fuese confortable para ella, es decir, esas cosas específicas, asuntos relativamente sin importancia. Sin embargo, haber continuado esta práctica indefinidamente habría sido perjudicial para su propio crecimiento, por no hablar del sabotaje que eso supondría para la relación con su querido hermano mayor. De modo que, cuando ella estuvo preparada (cuando su miedo disminuyó lo suficiente), fue capaz de escuchar lo siguiente:

Cualquier pregunta específica implica un gran número de suposiciones las cuales limitan la respuesta inevitablemente. Una pregunta específica es realmente una decisión sobre la clase de respuesta que es aceptable. El propósito de las palabras es limitar, y al limitar, hacer más manejable una vasta área de experiencia. Pero eso quiere decir manejable para ti. (Del libro de Ken Wapnick «Ausencia de Felicidad», págs. 491 y 492 en la edición española).

En otras palabras, las preguntas de Helen a Jesús estaban diseñadas específicamente (aunque inconscientemente) para "manejarle"; para así controlar la relación y que el amor de Jesús ("una vasta área de experiencia") y la verdadera corrección en la mente de Helen tuvieran relativamente poco efecto en ella. Sus peticiones, a veces incluso exigencias, reforzaban su estado de alejamiento de la mente, y así limitaban la ayuda de Jesús a lo que ella le sugiriera a él. Finalmente el mensaje de Jesús traspasó esas defensas, pues poco después Helen fue capaz de dejar de lado tales peticiones específicas y empezar a aceptar la verdadera corrección de Jesús de deshacer su ego (En el libro «Ausencia de Felicidad» puede verse un ejemplo de este cambio de actitud de Helen en la pág. 471 de la edición en español).


Deshacer: el verdadero significado de la corrección 

Para entender lo que Jesús quiere decir con la palabra "corrección" en Un Curso de Milagros, tenemos que examinar un principio muy importante de su enseñanza: el ego por sí mismo no tiene poder. Lo cierto es que el ego no es nada, pues no es más que un ilusorio pensamiento de separación que no sucedió porque no podría haber sucedido. Por lo tanto, el principal aliado del ego del pecado y la culpa no tiene verdadero poder, al no ser nada, y el mundo material que surgió de esa nada tiene que ser también nada. Así que, ¿por qué deberíamos intentar solucionar un problema inexistente que es una proyección de un pensamiento que no existe? Eso no tiene sentido. En cambio, lo que sí tiene sentido es reconocer que el que tiene el poder aquí es el tomador de decisiones, y no el ego. Así que el problema que corregimos no es el ego, sino la mente tomadora de decisiones. Hay varias citas de Un Curso de Milagros en las que Jesús habla de esto, por ejemplo:

Lo único que le confiere al ego poder sobre ti es la lealtad que le guardas. (T.4.VI.1.2)

El ingenio del ego para asegurar su supervivencia es enorme, mas dicho ingenio emana del mismo poder de la mente que el ego niega. (...) Pues para subsistir el ego se nutre de la única fuente que es totalmente adversa a su existencia. Temeroso de percibir el poder de esa fuente, se ve forzado a menospreciarla (T.7.VI.3.1, 5-6)

No le tengas miedo al ego. Él depende de tu mente, y tal como lo inventaste creyendo en él, puedes asimismo desvanecerlo dejando de creer en él. (T.7.VIII.5.1-2)

Esta comprensión simplifica enormemente nuestras vidas. No necesitamos luchar contra las "lanzas y flechas del cruel destino" [tal vez una mejor traducción sea: (sufrir) "los tiros penetrantes de la fortuna injusta"] del mundo, por citar a Hamlet, pues estas no son el problema, como hemos comentado anteriormente. Solo un loco lucharía, como Don Quijote, contra enemigos imaginarios, y Jesús está ayudándonos a compartir su cordura en reconocer que el ego no es el problema, pero nuestra creencia en el ego sin duda lo es. Es por esto que, volviendo al tema de pedir ayuda por asuntos específicos, no deberíamos pedir lo que debemos hacer, sino en vez de eso pedir ayuda para deshacer la interferencia a nuestro conocimiento de qué hacer. Por lo tanto, Un Curso de Milagros es un trabajo terapéutico de corrección, que provee "un Maestro especial así como un programa de estudios especial" (T.12.V.5.4).

Otro mensaje a Helen, esta vez uno de 1975, pone de relieve esta enseñanza. Tal como acostumbraba, Helen le pidió ayuda a Jesús para saber qué decirle a alguien que se encontraba en problemas. Uno podría pensar que esta petición estaba totalmente de acuerdo con las enseñanzas del Curso. A fin de cuentas, se supone que debemos ser útiles a los demás. Sin embargo, una petición así no solo no está de acuerdo con la enseñanza que nos da Jesús, sino que es la antítesis de la misma. Recuerda sus palabras a Helen acerca de que despreciar el poder de la mente está "en directa oposición al propósito de este curso" (T.2.VII.1.6). Pedir ayuda en relación al comportamiento significa que quien pregunta ya ha cambiado el problema desde la mente hasta el cuerpo, uniéndose a la estrategia del ego de alejamiento de la mente, la cual asegura que la mente tomadora de decisiones quede reducida a la impotencia. Lo siguiente, por lo tanto, es lo que se le dijo a Helen en respuesta a su pregunta:

No puedes preguntar: "¿Qué le diré?", y escuchar la respuesta de Dios. Pide más bien: "Ayúdame a ver a este hermano a través de los ojos de la verdad y no del juicio", y la ayuda de Dios y de todos Sus ángeles te responderá. (Del libro «Ausencia de Felicidad», pág. 420 de la edición en español).

El mensaje es para todos nosotros; que vayamos a Jesús en busca de ayuda para deshacer nuestros egos, permitiendo que su amor fluya a través de nosotros, lo cual atraerá sin esfuerzo las palabras que sean más útiles y las acciones (conducta) que cualquier situación requiera. En otras palabras, pedimos ayuda para apartarnos (hacernos a un lado) de nuestra percepción de los problemas y en su lugar aceptar su visión (la de Jesús), la cual es inevitable cuando la interferencia a la misma ha sido deshecha.

La palabra deshacer, así como sus derivados, aparece con bastante frecuencia en Un Curso de Milagros y se utiliza como una forma de definir el rol de la Expiación, la salvación, el perdón y el milagro —la corrección del Espíritu Santo. Veamos los siguientes ejemplos (las cursivas son mías [de Ken]):

La Expiación es sencillamente la corrección o anulación [undoing: deshacimiento] de los errores. (M.18.4.6)

Los milagros representan tu liberación del miedo. "Expiar" significa "deshacer". Deshacer el miedo es un aspecto esencial del poder expiatorio de los milagros. (T.1.I.26.1-3)

El milagro no hace nada. Lo único que hace es deshacer. Y de este modo, cancela la interferencia a lo que se ha hecho. (T.28.I.1.1-3)

Por eso es por lo que el pasado ha desaparecido. En realidad nunca tuvo lugar. Lo único que es necesario es deshacerlo en tu mente, que sí creyó que tuvo lugar. (T.18.IV.8.5-7)

(...) la salvación (...) es el deshacimiento de lo que nunca fue (...) (L.43.2.3) [He traducido literalmente la cita del inglés, para que aparezca directamente reflejada la palabra "undoing" - "deshacimiento"]

El perdón, pues, deshace lo que el miedo ha producido, y lleva de nuevo la mente a la conciencia de Dios. Por esta razón, al perdón puede llamársele verdaderamente salvación. Es el medio a través del cual desaparecen las ilusiones. (L.46.2.3-5)

Todas esas declaraciones reflejan el proceso básico de la corrección de la mente correcta que no hace nada positivo, pues ¿qué puede ser positivo dentro de un mundo ilusorio? En cambio, tal corrección deshace la creencia de que hay un mundo que es problemático, llevando de nuevo el problema a su origen en la mente, tal como leemos:

El ego trata de "resolver" sus problemas, no en su punto de origen, sino donde no fueron concebidos. Y así es como trata de garantizar que no tengan solución. Lo único que el Espíritu Santo desea es resolver todo completa y perfectamente, de modo que busca y halla la fuente de los problemas allí donde ésta se encuentra, y allí mismo la deshace. Y con cada paso del proceso de deshacer que Él lleva a cabo, la separación se va deshaciendo más y más, y la unión se vuelve cada vez más inminente. (T.17.III.6.1-4)

Por lo tanto, lo que se deshace no es el problema tal como nosotros lo experimentamos (independientemente de que sea en el mundo exterior o en el interior), sino que, una vez más, lo que se deshace es la creencia de la mente tomadora de decisiones en la realidad del pecado y de la culpa. Estar en la mente correcta, por lo tanto, no significa estar tranquilo, amoroso y amable, los cuales son solo efectos. Los que nos permite estar de esa manera —es decir, la causa— es nuestra decisión de deshacer el sistema de pensamiento del ego de conflictos, ataques y odio. La adquisición de las diez características de los maestros de Dios más avanzados sucede en la medida en que desaprendemos (o deshacemos) el sistema de pensamiento del ego de la separación y el juicio. De manera que leemos en la conclusión de la explicación de Jesús que el «desaprendizaje (...) es el "verdadero aprendizaje" en este mundo» (M.4.X.3.7).

De hecho, las famosas palabras de Wordsworth [poeta romántico inglés] son verdaderas, el mundo es demasiado con nosotros, pero su aparente dominio sobre nuestra atención se debilita en la medida en que nos damos cuenta de que somos nosotros mismos quienes nos aferramos a él. A medida que disminuye la necesidad de defendernos de nuestra inexistente (ilusoria) culpa, vamos siendo más y más capaces de pedir la ayuda a nuestro Maestro para poder ver el mundo como lo que es: una inadaptada (inútil, ineficaz) solución a un problema inexistente. A medida que la estupidez (tontería) disminuye en nuestras mentes, nuestra dulce risa, unida a la de Jesús, permite que el mundo "finalmente se disuelva en la nada de donde provino cuando deje de haber necesidad de él" (M.13.1.2). Estamos listos para el mundo que realmente queremos: el mundo real de luz, paz y alegría.


El mundo que descansa más allá de la corrección

Un milagro es una corrección. (...) Deshace el error, mas no intenta ir más allá de la percepción, ni exceder la función del perdón. Se mantiene, por lo tanto, dentro de los límites del tiempo. No obstante, allana el camino para el retorno de la intemporalidad y para el despertar del amor, pues el miedo no puede sino desvanecerse ante el benevolente remedio que el milagro trae consigo. (L.PII.Preg13.1.1, 4-6)

Por lo tanto, el milagro es el amable medio que Un Curso de Milagros utiliza para conducirnos desde la percepción de mentalidad correcta que anula al pensamiento de mentalidad errada, hasta la Mentalidad-Uno de Cristo [esta parte en inglés me resulta un tanto enrevesada y la he expresado así, pero tal vez un poco más exacto fuese decir que el milagro es el amable medio a través del cual pasamos desde la percepción de la mentalidad correcta —todavía perteneciente al ámbito de la mente dividida (en cierto modo errada) por ser percepción— hasta la Mentalidad-Uno de Cristo (la cual pertenece al ámbito del conocimiento, de lo verdadero)]. Es el viaje que nos lleva desde nuestras percepciones del mundo, retrocediéndolas hasta su origen en la mente, reconociendo que todos esos errores de percepción —del mundo externo de las relaciones especiales y del mundo interior de la culpa— son defensas para impedir que la mente tomadora de decisiones elija recordar su Identidad como el Ser de Mentalidad-Uno.

Con Jesús como nuestro guía, hemos tenido éxito en ver más allá (a través) de los intentos del ego de camuflar su origen en la mente, algo que el ego intenta hacer desviando nuestra atención hacia el mundo sin-mente (alejado de la mente) de los cuerpos, los problemas y las soluciones inútiles. La decisión de la mente en favor del pecado, percibido como algo muy real, ha sido enterrada bajo un mundo en el cual el pecado no solamente se percibe como una realidad, sino como una característica y un hecho que está en todos excepto en nosotros mismos. De este modo el pecado se mantiene impermeable al cambio, y la culpa y el miedo que el pecado engendra más allá de toda cura (sanación, solución) significativa. La confusión reina suprema (sin obstáculos, sin igual, indesbancable), pero su verdadero origen en la mente se mantiene oculto de nuestra conciencia, llevándonos a exigir a Dios que nos suministre soluciones para nuestros problemas inventados (imaginarios).

En esta situación desesperada, la voz de Jesús invitándonos a mirar el mundo de una manera diferente —el papel del perdón— es por fin escuchada. Esto vuelve nuestra atención a la culpabilidad de la mente, lo que permite que dicha culpabilidad sea deshecha, pues es una oscura ilusión de la mente que desaparece suavemente en la luz de la verdad. A medida que vamos dejando de creer en el ego, este se desvanece y nuestras mentes son libres para elegir el dulce remedio de la Expiación. Durante un instante el pensamiento de la separación y el de la Expiación permanecen, y luego ambos desaparecen, quedando únicamente Dios y Su único Hijo.

Este es el cambio que brinda la percepción verdadera: lo que antes se había proyectado afuera, ahora se ve adentro, y ahí el perdón deja que desaparezca. Ahí se establece el altar al Hijo, y ahí se recuerda a su Padre. Ahí se llevan todas las ilusiones ante la verdad y se depositan ante el altar. Lo que se ve como que está afuera no puede sino estar más allá del alcance del perdón, pues parece ser por siempre pecaminoso. ¿Qué esperanza puede haber mientras se siga viendo el pecado como algo externo? ¿Qué remedio puede haber para la culpabilidad? Mas al ver a la culpabilidad y al perdón dentro de tu mente, éstos se encuentran juntos por un instante, uno al lado del otro, ante un solo altar. Ahí, por fin, la enfermedad y su único remedio se unen en un destello de luz curativa. Dios ha venido a reclamar lo que es Suyo. El perdón se ha consumado. (C.4.6)

Concluimos este himno a la salvación dejando que Jesús nos inste una vez más a escuchar su voz y hacerla nuestra, extendiéndola hasta abarcar (abrazar) el mundo que habíamos condenado. Ahora somos libres, y ahora reclamamos el amor que habíamos desechado cuando creímos que nuestro pecado era real. Nada permanece en nuestras santas mentes excepto el amor y la luz que tenemos, extendemos y siempre seremos:

¡Oh hermanos míos, si tan sólo supierais cuánta paz os envolverá y os mantendrá a salvo, puros y amados en la Mente de Dios, no haríais más que apresuraros a encontraros con Él en Su altar! Santificado sea vuestro Nombre y el Suyo, pues se unen ahí, en ese santo lugar. Ahí Él se inclina para elevaros hasta Él, liberándoos de las ilusiones para llevaros a la santidad; liberándoos del mundo para conduciros a la eternidad; liberándoos de todo temor y devolviéndoos al amor. (C.4.8)


Fuente (en inglés): http://www.facim.org/online-learning-aids/lighthouse-articles/2008/the-right-mind-home-of-correction.aspx

Saludos