sábado, 22 de agosto de 2015

Un Curso de esperanza (III) Ken Wapnick

Un Curso de Milagros: Una espiritualidad llena de esperanza

Extractos de las charlas llevadas a cabo en la Academia de la
 Fundación para Un Curso de Milagros
Temecula (California) (USA) 

Doctor Kenneth Wapnick
 
Parte III

La mentira del mundo es que los símbolos significan algo, y el significado es que ellos se diferencian (unos de otros). Esa es la mentira de los símbolos. Ese es el significado que los símbolos tienen para el ego. El propósito de cualquier símbolo es llevarnos de vuelta a la fuente. Si se trata de la fuente de la mente-errada, entonces nos conviene cambiar de mentalidad. Si se trata de la fuente de la mente-correcta, entonces lo que nos conviene es fortalecerla y compartir el amor que proviene de esa decisión en favor de la mente-correcta. Eso es lo que hace que el Curso sea tan difícil. Hay una sección titulada "Salvación sin transigencias" ((o sea: sin hacer concesiones)) (T.23.III). Si de verdad queremos ser salvados, lo cual quiere decir salvados de nuestra decisión en favor de la culpa, tenemos que incluir a todos en nuestra decisión. Este Curso es inflexible ((sin transigencias: no hace concesiones)). El tono del mismo es muy dulce y suave, y la experiencia de tener a Jesús como nuestro maestro es muy amorosa, amable y paciente, pero él (("he": Jesús)) es inflexible ((no hace concesiones)). En un mensaje Jesús le dijo a Helen algo que en realidad es para todos nosotros: "Te amaré, te honraré y respetaré absolutamente lo que has hecho, pero no lo apoyaré a menos que sea verdad" (T.4.III.7.7). Él no apoya nada que nosotros digamos o pensemos. El Curso niega que cualquier cosa que pensemos ((nuestras creencias en el mundo)) sea cierta. Jesús respeta lo que nosotros pensamos porque nuestros pensamientos/creencias provienen de nuestro poder de decisión. Si no respetamos el poder de nuestra decisión de elegir al ego, nunca respetaremos el poder de elegir al Espíritu Santo, pero Jesús no apoyará nuestra decisión en favor del ego porque el ego no es verdad.

En ese sentido, el Curso es inflexible. Es dulce, suave, amoroso y amable, ¡pero es siempre claro e inflexible! Muchos estudiantes se sienten tentados a esquivarlo, pensando que Jesús no está realmente diciendo lo que dice, o lo esquivan al no hacer caso de ciertas cosas que leen. Así que cuando Jesús nos dice que nuestros ojos no ven, hacemos como que no hemos visto o leído ese pasaje. Correcto, ¿entendido? Los ojos no ven. Nosotros fingimos que no vemos esta frase que dice que nuestros ojos no ven. Vemos ((leemos)) lo que queremos ver ((leer)).

Por lo tanto, al practicar el Curso, tenemos seguir compartiendo esa amabilidad y suave dulzura de nuestro maestro ((Jesús)), pero tenemos que ser inflexibles en no considerar como causa a nada externo. Nunca estamos disgustados ((o molestos)) por la razón que creemos (Lección 5). Pensamos que estamos molestos porque... Y todos tenemos una larga lista de "porqués" ((de causas, justificaciones)). De la misma manera en que podemos fácilmente decir que creemos ser felices porque... lo cual significa que nunca somos felices por los motivos que creemos. El mundo miente. El mundo fue hecho para mentir. "Nada es tan cegador como la percepción de la forma" (T.22.III.6.7). La forma miente. La forma nos ciega. Los símbolos nos impiden ver la fuente. Por eso es por lo que: "Nada es tan cegador como la percepción de la forma". Por eso es por lo que no deberíamos creer a quienes nos digan que dos más dos son cuatro. [nota de Toni: tal como mencioné en la parte I, para una explicación de las metáforas de Ken Wapnick con los números (1+1=1), (1+1=2), (2+2=4), (2+2=5) se puede consultar el siguiente post (de otro de mis blogs): http://jugandoalegremente.blogspot.com/2014/12/cuando-225.html]. Quienes digan eso, no entienden. Ellos podrían ayudarnos con un problema corporal, pero no nos serán de ayuda para volver a casa. Ellos podrían ofrecernos una particular forma de magia que ayude a aliviar el dolor, o nos podrían explicar cómo podemos llegar desde la calle A hasta la calle B. No hay nada malo en eso, pero así no se llega a casa. Lo que nos llevará a casa es pedir ayuda a alguien, pero sin tomar esa ayuda en serio ((no hacer de ello algo real)). Nos tomamos en serio la ayuda en el nivel de los efectos que esa ayuda pueda tener en nuestro cuerpo o en el cuerpo de nuestros seres queridos, pero no la tomamos en serio en el sentido de que sea real. Dos más dos no son cuatro; son cinco, porque nada de este mundo tiene sentido, especialmente el hecho de que parezca tener sentido.

El mundo se basa en leyes que provienen de la creencia en la nada, según la cual hay un pensamiento de separación que da lugar a un mundo de tiempo y espacio que está gobernado por diferentes tipos de leyes: las leyes de la física, química, biología, psicología, desarrollo humano, etc. Todas ellas se derivan de la creencia de que el tiempo y el espacio son reales, la cual se deriva a su vez de la idea de que la separación de Dios es real. Todo esto es en realidad una creencia en la nada —y nada va a venir de la nada. Todo en este mundo es producto de nuestro pensamiento, tal como dicen los físicos cuánticos. Sin embargo, lo que los físicos cuánticos generalmente no dicen es que el pensamiento es la culpabilidad.

Se nos dice que el mundo "es el sistema ilusorio de aquellos a quienes la culpabilidad ha enloquecido" (T.13.introd.2.2). El mundo es el "sistema ilusorio" (queriendo decir que es demente, loco) "de aquellos a quienes la culpabilidad ha enloquecido". La culpabilidad es lo que fabricó a este mundo y la culpabilidad es lo que sostiene a este mundo. El perdón es la única cosa que deshará la culpabilidad. El perdón dice que ahí fuera no hay nada que perdonar: tú no me hiciste ninguna cosa a mí. Lo que eso quiere decir es que tú puedes haber herido mi cuerpo o los cuerpos de mis seres queridos, pero tú no me robaste la paz de Dios porque ella está en mi mente y sólo yo tengo el poder de expulsar la paz de Dios lejos de mí. Pero cuando digo que la expulsé lejos de mí porque tú me golpeaste, me humillaste, abusaste de mí, me abandonaste, me insultaste, me robaste, o lo que sea, lo que estoy diciendo es que no tengo el poder de expulsar la paz de Dios lejos de mí. Entonces debe ser que no tengo una mente. Eres quien tiene el poder, entonces. De hecho, tú tienes el poder y lo estás usando. me robaste la paz de Dios. Esa es la mentira.

El mundo del dos-más-dos-son-cuatro nos diría que sí, que eso es lo que la gente hizo, y se centra en mirar el efecto que eso produjo. Eso produjo un efecto sobre el cuerpo, pero el cuerpo no existe. El cuerpo es una proyección de un pensamiento que nunca ocurrió. Insisto otra vez en eso porque esa es la única manera para que el preguntador salga del lío ((o del caos)). Así que si quieres ayudar del todo a alguien, tienes que decirle que lo que te estoy diciendo es cierto. Que es la única manera de salir del lío. No hay esperanza en este mundo. El mundo no fue hecho para ofrecer esperanza. ¿Por qué? Porque la esperanza reside únicamente en la mente tomadora-de-decisiones. Ahí es donde está la esperanza porque es ahí donde está el problema. Cuando nos sacamos a nosotros mismos de la mente y nos colocamos a nosotros mismos en el sueño como una figura soñada, como un cuerpo en un mundo, nos estamos privando a nosotros mismos de la mente ((literalmente: nos hacemos sin mente)), lo cual quiere decir que estamos cortando la única fuente de esperanza que existe.

Este Curso, lo repito, es la única cosa que yo conozca que ofrece verdadera esperanza porque nos lleva de regreso a la mente, al enseñarnos por qué hicimos el mundo al principio de todo, por qué luego seguimos viniendo a este mundo, por qué seguimos argumentando en favor de este mundo, por qué incluso llegamos a pensar que Un Curso de Milagros trata sobre vivir en este mundo y que Jesús nos va a decir algo. ¿Qué podría él decirnos en nombre de Dios excepto que somos el Nombre de Dios? Eso es lo que él nos diría. Él no habla con nosotros. Eso es una alucinación auditiva. Eso podría ser de gran ayuda si llevara a la gente más allá de la alucinación, y a medida que crezcan se conviertan como él, como en el poema de Helen "Una oración de Jesús": la gente te mira y ve a Jesús en lugar de a ti (The Gifts of God, pages 82-83). En ese caso la voz es de ayuda porque conduce más allá de sí misma.

Dios, el Espíritu Santo y Jesús no hablan de cosas concretas. El amor es no-específico ((no-concreto)). Nosotros lo traducimos en algo específico. Eso puede ser un símbolo de la mente-correcta y ser de gran ayuda, pero tenemos que usar el símbolo para volver a la fuente. Recordemos un par de versículos de la lección 161: "El odio es algo concreto. Tiene que tener un blanco" ((tiene que haber alguna cosa concreta que se convierta en el blanco del ataque)) (L.161.7.1-2). Un poco antes se dice: "Así fue como surgió lo concreto" ((literalmente: "Así fue como se hizo/fabricó lo concreto")) (L.161.1.3). Eso se refiere a por qué se hizo el mundo. Hicimos un mundo de cosas concretas para mantenernos anclados en un sistema de pensamiento de detalles concretos. Hay un Hijo concreto que atacó a Su Padre concreto —ahora ya tenemos dos objetos/pensamientos concretos.

Por eso el Curso dice: "El mundo se fabricó como un acto de agresión contra Dios" (L.PII.Preg3.2.1) ((Pág. 446)). Es una proyección del pensamiento de ataque —que estamos mejor fuera del Amor de Dios. Por lo tanto, hicimos un mundo opuesto al Cielo. Hicimos un ser opuesto al Cristo que somos. El Cielo es abstracto, lo que significa que es no-específico ((no-concreto)) y no-dualista, y enconces fabricamos mundos concretos, cuerpos concretos, problemas concretos, necesidades concretas, el oír voces concretas diciéndonos cosas concretas —todas las cuales hacen real el mundo de los detalles concretos. De esa manera nunca llegaremos a casa. Usemos las cosas concretas para dirigirnos hacia lo no-concreto. Eso es diferente, pero no ha de confundirse el símbolo con la fuente.

El Curso nos enseña que el propósito del tiempo es enseñarnos que no existe el tiempo. El propósito de los detalles concretos es enseñarnos que no hay detalles concretos en el Cielo. El propósito de estar en el mundo es aprender que no hay mundo. Para la mente-correcta el propósito de estar en un cuerpo es aprender que no somos cuerpos. El Libro de Ejercicios dice una y otra vez: "No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó" (L.201-220). Dios nos creó como espíritu. Y cuando creemos ser algo diferente a eso, es porque creemos que somos una mente separada. Somos siempre una mente separada, nunca un cuerpo separado. Esa es la ilusión, la mentira. "Nada es tan cegador como la percepción de la forma" ((Esta potente cita ya fue mencionada en el tercer párrafo, donde se indicó su localización: T.22.III.6.7)). La percepción ve el símbolo. Ve la forma y se detiene ahí. No va más allá de la forma. El Curso nos enseña a utilizar las palabras, los cuerpos y las relaciones como una manera de ir más allá de ellas. No ha de confundirse el símbolo con la fuente.

Un símbolo representa algo o simboliza algo que no puede expresarse de ninguna otra manera. El amor no puede expresarse aquí ((en el mundo de las formas)). El amor es perfecta unidad. El Curso dice que el perdón es el reflejo del amor del Cielo. Es el equivalente terrenal del amor, pero no es el amor. El reflejo de la unidad del amor del Cielo es la igualdad de la Filiación, y en ese reconocimiento de que todos somos lo mismo no hay juicio. ¿Cómo puede uno juzgar lo que es lo mismo? Uno puede juzgar solo lo que es diferente. "El amor no hace comparaciones" (L.195.4.2) porque el amor es perfecta unidad. El amor del ego está todo el tiempo comparando, todo el tiempo. Así es como sabes que es el ego.

Una vez más, lo que hace difícil este Curso es su naturaleza inflexible, pero en eso mismo se halla  también la esperanza de este Curso; ahí es donde está la salvación; y eso es porque esto requiere un montón de trabajo duro. Hay una serie de pasajes que son muy reconfortantes. Uno de ellos nos dice: "No temas que se te vaya a elevar y a arrojar abruptamente a la realidad" (T.16.VI.8.1). No ocurre así. Hay un pasaje aún más intenso en el capítulo 27: "Mas ese sueño es tan temible y tan real en apariencia, que él no podría despertar a la realidad sin verse inundado por el frío sudor del terror y sin dar gritos de pánico, a menos que un sueño más dulce precediese su despertar y permitiese que su mente se calmara para poder acoger —no temer— la Voz que con amor lo llama a despertar (...)" (T.27.VII.13.4). Tenemos que proceder por etapas ((por pasos... paso a paso)). Nosotros no vamos ((directamente)) desde el ser al Ser. El ser se transforma. Algunas veces en el Curso Jesús nos dice que el Espíritu Santo no nos arrebata nuestras relaciones especiales, sino que las transforma (ver por ejemplo T.17.IV.2.3).

Nos transformamos desde un ser culpable, enojado y deprimido hasta convertirnos en un ser tranquilo. Nuestra percepción se transforma desde una percepción en la que se ve a todos como diferentes, unos buenos y otros malos, hasta una percepción que ve a todos como iguales. Esto es todavía dentro de la ilusión, pero es la manera de salir de la ilusión. Es lo que el Curso llama el sueño feliz (T.18.V). No tiene nada que ver con nada físico. Los sueños felices son aquellos sueños apacibles que preceden nuestro despertar, llevándonos al punto desde el cual podemos despertar porque ya no estamos tan asustados. Nos transformamos gradualmente pasando de un ser de mente-errada hasta un ser de mente-correcta. El ser de mente errada ataca, juzga y hace diferencias. El ser de mente-correcta perdona, mira más allá del pecado hasta ver el error, y mira más allá del error hasta contemplar la verdad. Ve a todos como lo mismo, como iguales. El ser de mente-correcta no juzga, y si hubiera un acto de juicio, el ser de mente-correcta no juzga esa decisión. En el estado de mente-correcta somos pacientes, dulces y amables con nuestros propios egos, lo cual nos permite ser pacientes, dulces y amables con el ego de los demás. Ser más pacientes y amables con los egos de los demás refuerza nuestra paciencia y amabilidad con nosotros mismos.

Esto requiere un montón de práctica y trabajo duro. Tenemos que mirar cada pensamiento egoico que tenemos y no justificar ninguno de ellos ni sentir culpabilidad por ellos, ni castigarnos a nosotros mismos, sin importar lo grande o pequeño ((Nota de Toni: en importancia, en intensidad, en gravedad aparente, en la aparente repercusión de sus efectos, etc)) que ese pensamiento pueda ser. El Curso dice dos veces que una leve punzada de molestia es una máscara encubriendo una intensa furia (L.21.2 y M.17.4).

Llegamos a creer que los pensamientos egoicos nos sirven de defensa. Nos sentimos culpables porque nos hemos desprendido del amor. Esto dejó un vacío dentro de nosotros, una carencia que tenemos que llenar tomando lo que podamos del exterior, ya sea mediante relaciones de amor especial que satisfagan nuestras necesidades, o mediante robar la inocencia de otros lo cual hacemos atacándolos, dándoles así nuestra pecaminosidad y arrebatándoles su inocencia porque es uno o el otro. Todo esto ocurre simplemente porque nos volvimos temerosos del amor, porque en la presencia del amor no existimos. Por lo tanto nos alejamos del amor para protegernos a nosotros mismos. Preservamos este ser al tomar nuestro pecado y nuestra culpa para proyectarlos sobre los demás. Eso es lo que hacemos a lo largo de todo el día.

Nos damos cuenta de que hay un propósito en estar enfadados, en hacer juicios y en sentirnos mal con respecto a nosotros mismos. Nada de esto sucede por casualidad. La razón o el propósito es escapar del terrible peso de la culpa, no viéndola en nosotros mismos sino en otros. "El odio es algo concreto" (L.161.7.1). Tiene que haber alguien ahí fuera que nosotros podamos odiar, y puesto que no hay nadie ahí fuera, tenemos que inventar una persona, o inventar algo. Por eso es por lo que andamos por este mundo estando enfadados, siempre haciendo juicios, siempre estando nerviosos, siempre estando temerosos, siempre haciendo comparaciones —siempre buscando algo fuera que llene este agujero que creemos tener dentro.

El ego nos dice que si vamos dentro desapareceremos en el Corazón de Dios y nuestro ser dejará de existir. Por eso, una vez más, necesitamos dar pasos suaves. No vamos ((directamente)) del ser al Ser, sino que transformamos el sentido que tenemos del ser. El proceso para lograr eso implica aprender a ver a todos como iguales, y luego perdonarnos a nosotros mismos cuando no vemos la igualdad sino a todos como diferentes.

Recuerda, esto no es un Curso sobre hacer; es un Curso sobre deshacer. Simplemente nos mantenemos mirando, y si seguimos mirando, con el tiempo aprenderemos a no tomar al ego tan en serio. Aprenderemos a no darle al ego poder sobre nosotros. Nos daremos cuenta de que tenemos poder sobre el ego y seremos mucho más indulgentes con nuestros errores. Diremos: "Simplemente estaba asustado. No es para tanto, no tiene tanta importancia. Esto no significa que esté haciendo mal el Curso". Hay un solo ego, un único sistema de pensamiento egoico, así que siempre estamos haciendo la misma cosa una y otra vez. Lo que importa es la actitud que tenemos hacia el ego.

Parte IV: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-esperanza-iv-ken-wapnick.html

Índice de las traducciones (esta serie consta de 12 partes en total): http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/08/un-curso-de-milagros-una-espiritualidad.html

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