martes, 25 de julio de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XV)

Guerra, caza y amores, por un placer mil dolores.

Este refrán nos advierte de que "los padecimientos suelen acompañar a situaciones aparentemente agradables" (CVC). Como dice el Curso:

Es imposible tratar de obtener placer a través del cuerpo y no hallar dolor. (T.19.IV.B.i.12.1)

Esto se debe a que al identificarnos con el cuerpo estamos aceptando la creencia de que efectivamente nos hemos separado de la Totalidad, lo cual inevitablemente implica un estado de escasez. Mientras pensemos que somos cuerpos, incluso lo placentero será limitado y temporal. Y aunque el placer corporal pueda parecernos momentáneamente satisfactorio, el dolor sigue siendo la otra cara de la misma moneda. En la moneda de la separación, ninguna de las dos caras contiene la eterna plenitud, que es lo único que nos satisfará completamente. Por eso el Curso también dice que:

El placer y el dolor son igualmente ilusorios, ya que su propósito es inalcanzable. (T.27.VI.1.7)

Tanto el placer corporal como el dolor tienen como propósito el otorgar realidad al cuerpo, para reforzar así la creencia en la separación. Pero de todos modos la separación nunca ocurrió y el cuerpo no puede llegar a existir realmente, así que los intentos de otorgarle realidad no llevan a ninguna parte. Son solo ilusiones y deseos imaginarios.

Imaginarnos que somos un cuerpo no puede hacer daño a nuestro verdadero Ser, pero puede hacer que nuestra experiencia consciente se amargue con fantasías ilusorias, imposibles realmente, pero aparentemente existentes mientras insistamos en creer en ellas. Esto nos lleva a un ciclo repetitivo en el que el placer no es más que pequeñas pausas en una vida de dolor:

El pecado oscila entre el dolor y el placer, y de nuevo al dolor. Pues cualquiera de esos testigos es el mismo, y sólo tienen un mensaje: "Te encuentras dentro de este cuerpo, y se te puede hacer daño. También puedes tener placer, pero el costo de éste es el dolor". (T.27.VI.2.1-3)

La felicidad no se alcanza al apegarnos a los placeres temporales del mundo, pues vienen acompañados del dolor. La auténtica felicidad se alcanza al despertar del sueño de la separación. Y una vez despiertos reconocer nuestro verdadero Ser. Sólo Él es nuestra Felicidad.

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Gusta lo ajeno más por ajeno que por bueno.

El ego nos induce a creernos seres humanos, separados unos de otros en un mundo de escasez donde no podemos encontrar la auténtica felicidad. Pero al sentirnos infelices, el ego nos propone su solución-trampa: tratar de impedir la felicidad de los demás, porque el ego nos explica que estamos en competencia con los demás y que la felicidad es limitada, pues los recursos físicos son limitados. Por lo tanto, dice el ego, cuanto más felices sean los demás, menos felicidad quedará para nosotros. Y por eso nos conviene limitar la felicidad de los demás, quitarles las cosas que ellos aprecian, etc. Por eso nos gusta arrebatarles las cosas a los demás. Nos atrae lo ajeno. Tal vez el objeto en sí no nos parece especialmente atractivo, pero nos atrae el hecho de quitárselo al prójimo, pues eso parece darle al objeto un valor añadido (al quitar felicidad al prójimo, espero, de acuerdo con el ego, aumentar mis posibilidades de ser feliz).

Este tema ya lo hemos tratado en la parte XII con algunos refranes, como el de "El perro del hortelano, que ni come ni deja comer", "Mal de muchos, consuelo de tontos", etc.

Este en concreto, de gustarnos las cosas ajenas, toca también la clave de la envidia. El asunto es que no somos felices (algo inevitable por haber elegido creer en la separación) y entonces vemos que el vecino tiene un objeto que de repente nos atrae: idealizamos la situación y creemos que el vecino sí es feliz y que ese objeto es lo que le da la felicidad. Sin embargo, incluso si conseguimos un objeto igual al de nuestro vecino (o le robamos al vecino el suyo), tras una euforia fugaz, más tarde terminamos descubriendo que seguimos sin haber alcanzado la felicidad. Perdemos interés por ese objeto, que deja de parecernos tan atractivo. Y entonces nos lanzamos en busca de algún otro objeto o deseo mundanal. Sin embargo, no nos damos cuenta de algo que el ego quiere ocultarnos: la felicidad no viene de los objetos y la infelicidad no se debe a la carencia de objetos. La infelicidad se debe a haber elegido la separación. Y la felicidad brota cuando dejamos de creer en la separación y reconocemos nuestra Realidad. El ego no quiere que nos demos cuenta de eso, pero tampoco puede impedir que lo sepamos. Depende de nosotros dejar de autoengañarnos y ver nuestra situación tal como es. Cuando lo único que deseemos sea despertar del sueño de separación, el ego tendrá los días contados. Y en nuestra experiencia se filtrará cada vez más felicidad, hasta que finalmente no quede nada de ego y nuestra felicidad sea completa.

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Hombre prevenido vale por dos.

Podríamos parafrasearlo: Hombre que perdona, llega hasta Dios. Porque la única verdadera prevención es el perdón, ya que es lo que nos despierta del sueño de la dualidad.

Hombre viejo, cada día un duelo nuevo. 

No nos hagamos ilusiones con el mundo. El mundo no fue diseñado para ser nuestro hogar feliz. Es un invento del ego que está diseñado con los defectos de la separación: conflicto, deterioro, envejecimiento, achaques, tragedias, luto, enfermedades y finalmente la muerte.

No tiene nada de sorprendente, pues, que en este mundo, sobre todo a partir de cierta edad, se manifiesten cada vez más los signos de deterioro: el cuerpo funciona cada vez peor, los parientes y amigos que conocemos desde la infancia van muriendo, etc. El mundo no es el lugar donde hallaremos motivos de esperanza. Pero como seguimos anhelando nuestra individualidad personal, nos aferramos al mundo a pesar del sufrimiento implicado.

¿No es extraño que aún abrigues esperanzas de hallar satisfacción en el mundo que ves? (...) Poner tus esperanzas en algo que no te ofrece ninguna esperanza no puede sino hacerte sentir desesperanzado. No obstante, esta desesperanza es tu elección, y persistirá mientras sigas buscando esperanzas allí donde jamás puede haber ninguna. (T.25.II.2.1,5-6)

Sin embargo, tu esperanza de todavía poder encontrar esperanzas en este mundo te impide abandonar la infructuosa e imposible tarea que te impusiste a ti mismo ((hacer del mundo un lugar real, fiable y acogedor)). ¿Cómo iba a tener sentido albergar la creencia fija de que hay razón para seguir buscando lo que nunca dio resultado, basándose en la idea de que de repente tendrá éxito y te proporcionará lo que nunca antes te había proporcionado? (T.25.II.3.2-3)

El mundo nunca nos ha funcionado, y cada vida que hemos vivido en él ha acabado en conflicto y muerte. Y esto es lo que nos enseña el refrán. Y el ego insiste en que aun así la felicidad podremos hallarla algún día en el mundo. Sin embargo, el mundo es un callejón sin salida. Por eso no nos conviene idealizarlo. Tampoco nos conviene renegar de él como si fuese algo malo. El mundo no es bueno ni malo; simplemente no es nada. Y si bien el ego lo inventó para atraparnos y reforzar la creencia en la separación, nosotros podemos darnos cuenta de que la única felicidad que el mundo puede brindarnos es darnos cuenta de que podemos despertar de él. Al saber esto, finalmente elegimos el perdón. Y perdonando también al mundo, lo percibimos de otro modo: ya no como el lugar donde se encuentra nuestra felicidad (o nuestro sufrimiento), sino como el aula en la que aprenderemos a despertar a nuestro verdadero Ser. El perdón activa este proceso. Esto nos despierta gradualmente. Y a medida que despertamos, amanece la felicidad. Una vez despiertos podemos disfrutar de la felicidad que siempre estuvo presente pero que no lográbamos ver, al estar cegados por el mundo. Una vez despiertos, el mundo desaparece y lo único que queda es nuestro Ser de infinita felicidad permanente.

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Huye del malo, que trae daño. 

Si vamos en compañía del ego, un día tras otro tropezaremos. Conviene huir del ego. Pero como el ego no existe realmente, "huir del ego" significa simplemente darnos cuenta de que no existe. No hay nada que temer, pues lo que no existe no puede producir daños reales. Desaparece al dejar de creer en él. La manera de escapar del ego es simplemente entrenar nuestra mente en la práctica del perdón. Esto cambiará gradualmente nuestra identificación desde creernos un individuo separado hasta reconocernos como el ilimitado Hijo de Dios, Uno Consigo Mismo.

Ir por lana y volver trasquilado. 

Si buscamos aprovecharnos egoístamente de los demás (por seguir el sistema de pensamiento del ego), acabaremos nosotros mismos en problemas. Porque al creer que podemos sacar algo de los demás, estamos diciendo que nosotros mismos somos carentes y nos falta algo (de lo contrario no trataríamos de sacar de los demás lo que llene nuestro vacío interior). Y si somos carentes, es porque ya hemos cometido el error de creernos separados. Ese es el problema. Aprovecharnos de los demás no servirá de nada. Seguiremos carentes. Solo saldremos de nuestra sensación de carencia cuando reconozcamos el verdadero problema —nuestra creencia en la separación— y elijamos dejar de alimentar tal fantasía.

Jugar y nunca perder, no puede ser.

Si nos metemos en el juego del ego tarde o temprano salimos perdiendo. No obstante, no hay por qué tener miedo; pues los juegos no son realidades, sino jueguecitos inofensivos. Y en cualquier momento, si nos cansamos de jugar a sufrir, podemos salir del juego utilizando el comodín del perdón. Del perdón a la risa; y de la risa, al Cielo.

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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lunes, 24 de julio de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XIV)

Errar es humano, perdonar es de sabios.

Los seres humanos no existen; son sólo una creencia, un símbolo de separación. Y la separación no existe realmente. Pero cuando la mente creyó en la separación y se imaginó ser un individuo separado, se experimentó a sí misma también como un ser humano (o como otros símbolos de separación).

Puesto que todos los símbolos de separación nacieron del error (de la creencia errónea de haberse separado de la Totalidad), es inevitable que generen más errores.

En otras palabras: es imposible ser humano y no cometer errores. No hay seres humanos que no cometan errores.

Por lo tanto, si asumimos esto, no haremos una montaña de un grano de arena cuando nosotros mismos o alguien cometa un error. Simplemente errar es humano. Es lo normal si aceptamos la hipótesis humana. No tiene nada de sorprendente, y los errores seguirán sucediéndose hasta que finalmente se rectifique el error primordial de creer en la separación. Al rectificar el error inicial (la creencia de la mente de haberse separado de la Totalidad), despertamos del sueño de estar separados y dejamos de imaginar que somos seres humanos. Y junto con el ser humano desaparecen los errores y los conflictos. Entonces se calman las aguas de nuestra mente y reconocemos la paz.

El proceso funciona igual con otros tipos de símbolos de separación, pero nos centramos en este (el ser humano) porque es el que nosotros mismos estamos expresando.

Finalmente, parafraseamos el refrán: Errar es humano y conduce al conflicto, pero el perdón nos saca del conflicto, deshace al humano, deshace el tiempo, y nos lleva a la paz y al despertar. Verdaderamente, perdonar es de sabios. Y como dice otro famoso refrán:

Rectificar es de sabios.

Y en el contexto de la enseñanza de Un Curso de Milagros, la rectificación es el perdón. El perdón deshace la causa de todos los errores y nos conduce a la paz. ¿Cómo no va a ser de sabios? Cuando uno se da cuenta de que ha cometido un error, ve la solución y la pone en práctica para rectificar el error, ha mostrado la sensatez de los sabios.

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Es de bien nacidos ser agradecidos.

Cuanto más agradecidos estamos, menos creemos ser víctimas. Cuanto más se ve uno a sí mismo como una víctima, menos motivos ve para estar agradecido. Podemos elegir entre el agradecimiento o el sentirnos víctimas. Una opción nos llevará a la paz y al despertar. La otra acentuará nuestro conflicto y nuestra sensación de ser víctimas.

Por mal que parezcan estar las cosas en el mundo, si logramos darnos cuenta de que el mundo es irreal y de que podemos elegir despertar a la feliz verdad nos sentiremos agradecidos. Podemos estar también agradecidos a Dios de que Su Voluntad sea que nuestra inmutable realidad sea el Cielo, el Ser que jamás podremos perder por mucho que insistamos en imaginar que hemos cambiado para convertirnos en pobres seres humanos separados y desvalidos. No somos desvalidos. Somos los inmortales Hijos de Dios, el Uno en Sí. Si reconocemos esto, ¿no es para estar agradecidos?

Yo no necesito gratitud, pero tú necesitas desarrollar tu mermada capacidad de estar agradecido o no podrás apreciar a Dios. (T.6.I.17.1)

Y siéntete agradecido de que haya un lugar donde la verdad y la belleza te aguardan. (T.16.VI.10.6)

Todo lo creado te está agradecido, pues nació gracias a tu voluntad. (T.30.II.3.7)

Siéntete agradecido por lo que Él ((Dios)) es, pues en ello reside tu escapatoria de la locura y de la muerte. (T.31.IV.11.5)

Sintámonos agradecidos hoy. (L.123.1.1)

En última instancia, todo agradecimiento remite finalmente a Uno Mismo, puesto que no hay otro Ser. Como Uno, estamos agracecidos a Uno Mismo, por SER.

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Encender una vela a Dios y otra al diablo.

Tenemos que elegir entre una de las dos posibilidades: o paz o individualidad. O el Cielo, o el infierno. O el Espíritu Santo, o el ego. No podemos tratar de conciliarlos o de mezclarlos, porque mientras no hayamos renunciado completamente al ego/individualidad, estaremos viviendo en el infierno del sueño dual.

No olvides que el sacrificio es total. No hay sacrificios a medias. No puedes renunciar parcialmente al Cielo. No puedes estar en el infierno sólo un poco. (M.13.7.1-4)

No lograrás ser un rehén parcial del ego, pues él no cumple sus promesas y te desposeerá de todo. (T.15.X.9.1)

O Dios está loco o bien es el ego el que lo está. Si examinas imparcialmente las pruebas que ambas partes presentan, te darás cuenta de que eso tiene que ser verdad. Ni Dios ni el ego proponen un sistema de pensamiento parcial. Ambos sistemas son internamente coherentes, aunque diametralmente opuestos en todo, de tal modo que una lealtad parcial es imposible. Recuerda también que sus resultados son tan diferentes como sus cimientos, y que sus naturalezas fundamentalmente irreconciliables no pueden ser reconciliadas alternando entre ellos. (T.11.introd.1.1-5)

Así que tenemos que elegir: o la verdad, o las ilusiones. No podemos combinar ambas, porque mientras tratemos de hacer eso estaremos ciegos a la verdad. No podemos servir a la vez a Dios y al ego:

No puedes aprender simultáneamente de dos maestros ((el Espíritu Santo y el ego)) que están en completo desacuerdo con respecto a todo. (T.8.I.6.2)

Hay solamente dos maestros, y cada uno de ellos señala caminos diferentes. (T.26.V.1.7)

No podemos seguir a la vez los consejos de dos maestros (el ego y el Espíritu Santo) que se contradicen entre sí. 

Una persona no puede montar dos caballos ni tensar dos arcos. Y un sirviente no puede servir a dos amos, pues honrará a uno y despreciará al otro. (Evangelio de Tomás, 47)

No sirve de nada tratar de solucionar nuestros problemas al nivel de las formas. Lo sabio es estar dispuesto a superar las formas por completo. Lo contrario es como estar en una casa incendiada y tratar de solucionarlo cambiando los muebles de sitio, en vez de escapar completamente del problema saliendo de la casa incendiada. El mundo de las formas no es para que lo arreglemos (está diseñado para que no tenga arreglo), sino para que salgamos/despertemos de él.

Pero si insistimos en seguir apegados al mundo y quedarnos en él para tratar de arreglarlo y de obtener felicidad en él, nos llevaremos decepción tras decepción y nuestros problemas se multiplicarán. El mundo está diseñado para que los problemas no puedan ser resueltos. Cada solución genera nuevos problemas. Cuando algo parece solucionarse, tarde o temprano el problema acaba resurgiendo de alguna otra manera. El problema básico es la infelicidad. Y la felicidad no puede obtenerse estando apegados al mundo.

Permanecer apegados al mundo implica haber elegido ser individuos separados. Y al imaginar que efectivamente estamos separados, atraemos un conflicto tras otro. Y este estado mental de conflicto atrae cada vez más conflictos. Pues los conflictos parecen atraerse entre sí, tal como se refleja en el resto de refranes de este capítulo. Veámoslos:

Éramos pocos y parió la abuela.

Elegir el mundo (la individualidad o separación) es elegir la escasez, ya que la plenitud solamente se encuentra en la Totalidad del Uno que somos realmente. Al imaginar que somos humanos vivimos separados unos de otros, en escasez y rodeados de conflicto. Y por si fuera poco, los conflictos parecen seguir multiplicándose. ¡Éramos una familia pobre, numerosa, con poca comida y muchas bocas que alimentar, y ahora encima pare la abuela!

Otro refrán que expresa un mensaje similar es el siguiente:

Pongo un circo y me crecen los enanos.

Pero no deberíamos sorprendernos de que los problemas aumenten y las cosas parezcan salir al revés de cómo queríamos. En realidad habíamos pactado que todo fuera así (lo pactamos o elegimos a nivel de nuestra mente inconsciente), porque al elegir creer en la separación/individualidad, el resto del lote viene incluido. Siempre sucederá algo que mantenga el problema o empeore la situación. O pare la abuela, o crecen los enanos, o el jefe nos despide del trabajo, o enfermamos... y finalmente morimos... y ni siquiera acaba ahí, pues al seguir apegados a la separación, renacemos para volver a sufrir nuevos ciclos de conflicto.

Y si buscamos soluciones a nivel del mundo, nuestros intentos de solucionar los problemas fracasarán una y otra vez en última instancia, porque como dice otro refrán:

Es peor el remedio que la enfermedad.

Por supuesto que nos referimos a los remedios del ego, que están diseñados para perpetuar el problema fundamental. Por eso es tan frecuente que las soluciones que aplicamos parezcan resolver un problema pero generen otro tipo de problemas, o aparezca otro problema en otro sitio de todos modos.

El ego no quiere que nos demos cuenta de que los intentos de resolver problemas a nivel del mundo no conducen a ninguna parte. Porque no resuelven la raíz del problema. Simplemente cambian las apariencias, con lo que el problema se transforma en otro. Mientras sigamos creyendo que somos humanos (individuos separados), no podremos alcanzar la plenitud. La plenitud se encuentra únicamente al reconocer nuestro verdadero Ser.

Al seguir al ego e insistir en solucionar las cosas a nivel del mundo, nos damos un coscorrón tras otro. A veces al tratar de salir de una dificultad acabamos en una situación incluso más difícil. Como dicen los dos últimos refranes de este capítulo:

Escapé del trueno y di en el relámpago.

Escapar del charco para caer en el lodazal.

Por ejemplo, me duele algo y trato de solucionarlo tomando un medicamento, pero luego el medicamento resulta tener contraindicaciones y me produce algún otro problema de salud. O me echan del trabajo y tras muchas gestiones consigo otro trabajo pero poco después es mi mujer la que es echada de su trabajo, con lo que apenas tenemos dinero para pagar nuestra hipoteca, etc. O consigo salirme con la mía en un negocio, pero más adelante tengo problemas de salud o sucede alguna tragedia en la familia. El ego nos mantiene distraídos del problema real. El problema real es haber elegido creer en la separación, pero el ego nos distrae de esto presentándonos multitud de problemas a nivel del mundo de las formas. Y al creer en el ego, tratamos de resolver los problemas a nivel del mundo. A veces parecemos tener éxito, pero en realidad seguimos sin gozar de plenitud (generalmente no hacemos más que cambiar un problema por otro). Además nuestro cuerpo sigue envejeciendo, nuevos problemas se siguen presentando, etc. En el juego del ego nuestra vida nunca está completamente libre de problemas. Nunca gozaremos de plenitud mientras nos imaginemos como seres separados. Nuestras "soluciones" o "remedios" serán como decía uno de los refranes que acabamos de mencionar: peores que la enfermedad. Porque estarán reforzando nuestra creencia de que somos seres separados que viven en carencia y necesidad.

El único verdadero remedio es el perdón, que nos ayuda a despertar del sueño de la separación, dejando atrás los ilusorios conflictos y así volviendo a reconocer la Verdad. El perdón nos lleva a reconocer nuestro verdadero Ser. Solo ahí gozamos de eterna paz, unidad y plenitud.

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domingo, 23 de julio de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XIII)

El que no duda, no sabe cosa alguna.

La ausencia de dudas tiene dos significados, dependiendo de la etapa en que esté uno en el proceso espiritual. 1) Quien ha finalizado el proceso y está iluminado, felizmente está libre de dudas por siempre y es un auténtico sabio. 2) Pero en el resto de casos, y especialmente en las primeras etapas del proceso de despertar, dudar es un factor esencial. Porque quien ya cree saberlo todo y no duda de lo que "sabe", no está dispuesto a aprender de quien sí sabe. Le falta humildad y receptividad. Por lo tanto, dudar es un elemento clave durante gran parte del proceso espiritual. Como dice el Curso:

Mas para estar dispuesto a aprender de Él ((del Espíritu Santo)) tienes que estar dispuesto a poner en duda todo lo que aprendiste por tu cuenta, pues tú que no te enseñaste a ti mismo bien no deberías ser tu propio maestro. (T.11.VIII.3.8)

Sin embargo, tienes que aprender a dudar (...). (L.151.7.1)

Aprender este curso requiere que estés dispuesto a cuestionar cada uno de los valores que abrigas. (T.24.introd.2.1)

El que hizo la ley, hizo la trampa.

Es imposible ganarle la partida al ego si jugamos a su juego, dejando que él ponga las reglas. Porque el ego hace las reglas a su propia medida, astutamente diseñadas para hacerte trampas y que todo acabe siempre como él quiere: en conflicto, sufrimiento y muerte.

Por lo tanto, no juegues con la baraja del ego. Él tiene todas las cartas marcadas (y marcadas con tu sangre para escribir tu sentencia de muerte). En vez de eso, abandona el juego del ego. Puedes hacer eso mediante el perdón. Al usar el sistema de pensamiento del perdón logramos salir de las tramposas reglas del ego, entrando bajo la protección de las bondadosas reglas de amor del Espíritu Santo, diseñadas para darnos paz y conducirnos dulcemente hacia el despertar.

El que juega con fuego siempre sale quemado.

El que juega con el ego siempre acaba quemado, desesperado y asesinado. Así que no juegues con el ego. Juega con el Dulce Compañero de juegos que es el Espíritu Santo, Quien no conoce más que un único juego: el de despertar en paz.

El que no llora, no mama.

Podemos comentar dos sentidos de este refrán:

1) Desde el punto de vista del ego significa que si fingimos fragilidad y victimismo será más probable que los demás se compadezcan de nosotros y nos den lo que deseamos. Algunos pueden llegar incluso a enfermarse físicamente, esperando despertar compasión en los demás. Esta estrategia la usa el ego incluso con relación a Dios. Como el ego cree que Dios pretende castigarnos, para librarse del castigo piensa que si se hace daño a sí mismo (enfermando, o sufriendo del modo que sea) Dios se compadecerá de nosotros y castigará a otros. Pues nuestro sufrimiento le demostrará que somos inocentes (así piensa el ego). En realidad, esta estrategia victimista no funciona de manera duradera. A veces produce "magia", pero tarde o temprano seguimos sufriendo insatisfechos.

2) Desde el punto de vista del Espíritu Santo significa que si somos constantes y persistentes en nuestra práctica del perdón, lograremos la paz y la iluminación. Al igual que un bebé llora y llora constantemente hasta que le dan de comer o le resuelven sus necesidades, nosotros podemos insistir constantemente mediante el perdón. Y como ya vimos en otras partes de esta serie de refranes, al que llama se le abrirá, y el que busca encontrará. "Pedid y recibiréis". El perdón es la manera correcta de pedir, buscar y llamar. Así es como le pedimos al Espíritu Santo que nos dé el regalo que Él está tan deseoso de darnos: la paz y el despertar.

El que tiene boca se equivoca.

Todos podemos equivocarnos, así que no merece la pena hacer un escándalo cuando alguien cometa una equivocación. Pero esto no quiere decir que sea sensato que dejemos que nuestro ego hable como una cotorra sin reparar en las repercusiones que lo que dice pueda tener sobre los demás, ya que esto genera problemas. Por eso, otro refrán dice que:

El que mucho habla, mucho yerra.

Al hablar desde nuestros falibles conocimientos humanos cometemos constantes errores e inexactitudes, nos demos cuenta o no. Y todavía otro refrán nos aconseja lo siguiente:

En boca cerrada no entran moscas.

Si permanecemos silenciosos (con la boca cerrada) el ego no podrá valerse de las palabras para atacar, por lo que le será más difícil generar problemas (problemas = "moscas"). Esto sí: como siempre, el principal significado de esto es a nivel mental y no a nivel de lo que digamos físicamente. Es nuestra actitud lo que realmente importa, que puede ser una actitud de silencio o de conflicto. Si estamos en silencio interior, sabremos automáticamente cuándo hablar y cuándo callar.

Un refrán relacionado con el anterior:

Por la boca muere el pez.

Cuando hablamos por impulso y desde el ego, metemos fácilmente la pata y acabamos generando problemas. Pero si nos mantenemos en nuestra mentalidad recta unidos al Espíritu Santo, todo irá bien: callaremos cuando convenga callar y hablaremos cuando convenga hablar, y en ambos casos lo que surja de nosotros vendrá desde el amor.

El que roba a un ladrón, tiene cien años de perdón.

Quien pretenda usar este refrán como justificación para el robo haría bien en darse cuenta de que en este mundo todos somos ladrones, porque todos somos mentes que creen haberse separado de la Unidad, habiéndole robado a Dios/Cielo la vida individual que ahora tenemos. Esto hace que a nivel inconsciente todos nos sintamos culpables y ladrones. Y si justificamos el robo a los ladrones, estaríamos diciendo que está bien robar y que se nos robe, pues todos somos culpables y merecemos castigo. Evidentemente, tal doctrina pertenece al ámbito de las creencias falsas del ego. Además, el concepto de robar está basado en la creencia de que hay carencia, la cual es una de las consecuencias de creer en la separación.

El que tuvo, retuvo.

Antes de la creencia en la separación nuestro estado era de unidad y perfección. Y si tuvimos ese estado perfecto debemos disponer todavía de él, porque la perfección no se puede perder. Si se perdiera no se trataría de un estado verdaderamente perfecto. Por lo tanto, si tuvimos/fuimos Eso, tenemos que tenerlo y serlo todavía, por lo que debe seguir en nuestro interior, esperando a que lo reconozcamos.

El que siembra vientos, cosecha tempestades.

Lo que siembres, eso cosecharás. Si eliges el sistema de pensamiento del ego no podrás cosechar otra cosa que sus resultados: separación, culpa, conflicto, miedo, muerte y sufrimiento. Pero si plantas las semillas del sistema de pensamiento del Espíritu Santo, darán sus frutos de unión, paz y despertar.

El sabio siempre quiere aprender, el ignorante siempre quiere enseñar.

Esto se refiere a la humildad y a la receptividad para aprender. Quien cree saberlo ya todo, se cree con el derecho de imponer sus creencias sobre los demás, llamándolas además "sabiduría". Pero el humilde dice como Sócrates: "Sólo sé que no sé nada", y por lo tanto está abierto al aprendizaje y es capaz de aprender algo de todos. Como egos no sabemos realmente nada. Sólo a medida que empezamos a escuchar al Maestro de la paz interior es cuando empezamos a conectar con nuestra verdadera sabiduría, pero esto no se logra cuando se carece de humildad.

El tiempo pone a cada uno en su sitio.

Si nos damos tiempo suficiente, tarde o temprano lo que es del César va a parar al César y lo que es de Dios va a parar a Dios. Es decir, que si elegimos seguir el sistema de pensamiento del ego, acabaremos entrando en conflictos, carencias, sufrimiento y finalmente muerte. Pero si elegimos seguir el sistema de pensamiento del Espíritu Santo, ese camino nos llevará tarde o temprano al sitio al que conduce: el estado de paz y el feliz despertar.

Lo que es del ego conduce al ego; lo que es de Dios, conduce a Dios. 

De hecho, para la paz no se necesita tiempo realmente. Podemos aceptarla ahora mismo. Pero mientras aceptemos en alguna medida al ego, en esa misma medida tendremos tiempo y conflicto. Y todos seguimos aceptando al ego en mayor o menor medida (excepto los pocos iluminados, que son los únicos totalmente libres de ego). Conforme deshacemos la creencia en el ego, deshacemos simultáneamente el conflicto y el tiempo. Dediquemos nuestro tiempo, por tanto, a la única tarea útil aquí: deshacer el ego y así despertar. Esto equivale a dedicar nuestro tiempo a la tarea de deshacer el tiempo. Finalmente, una vez libres de ego/tiempo, disfrutaremos de la intemporalidad, que es la mayúscula Paz.

En el pecado lleva la penitencia.

El error de creer en la separación/individualidad acarreará sus efectos y nos conducirá al sufrimiento. Por fortuna, basta con que recordemos que haber elegido creer esto ha sido un simple error, y al dejar de creerlo desaparecerán también sus nefastas consecuencias. No somos individuos. No estamos separados. Y por lo tanto no podemos sufrir. Cuando dejemos de imaginar que somos individuos, dejaremos de imaginar que sufrimos.

En el ajedrez el rey y el peón van siempre al mismo cajón.

Aunque nuestras formas y características sean diferentes, en esencia todos somos iguales: tenemos una mente errada o ego, una mente recta de paz, y la capacidad de elegir entre una y otra. Cuando elegimos identificarnos como egos, somos iguales básicamente: todos creemos ser individuos que nacen, crecen, comen, sangran si les cortas, sienten placer y dolor, envejecen, mueren, renacen y vuelta al ruedo, etc (es un ciclo que se repite interminablemente mientras sigamos eligiendo creer en el ego/separación). Cuando elegimos soltar nuestra creencia en la individualidad, identificándonos con el sistema de pensamiento de mentalidad recta del Espíritu Santo, todos seguimos siendo iguales: capaces de amar y de relajarnos en la paz; capaces de despertar y reconocer nuestra Unidad.

Como egos, todos —ricos y pobres, listos y tontos, guapos y feos, etc— acabamos en el mismo cajón tras la muerte: un ataúd, o un final de un tipo u otro (hasta que llegue la próxima partida o próxima vida, al igual que las diversas piezas del juego del ajedrez, que al acabar la partida comparten un mismo cajón hasta que se juega la siguiente partida). Pero no somos egos. Como mentes hijas del despertar, todos acabamos en el mismo feliz desenlace: experimentando el hermoso final del cuento de la dualidad, despertando en la feliz Verdad de nuestro Ser, donde todos somos Uno.

Así pues este refrán nos recuerda que, a pesar de las diferencias aparentes, en realidad todos somos iguales y compartimos un mismo destino.

En todas partes cuecen habas.

Antiguamente las habas eran un típico alimento de personas humildes y también para los animales. Era habitual que en cualquier lugar, cercano o remoto, las personas cocieran habas con frecuencia. Este refrán es otro de los refranes que nos recuerdan que todos somos básicamente iguales. En todas partes hacemos las mismas cosas ("cocer habas") y nos comportamos de modos parecidos. Esto se debe a que nuestras mentes son iguales: todos tenemos una parte egocéntrica que se cree separada, una parte amable e inspirada, y la capacidad de elegir entre la una y la otra. No es sorprendente ver por todas partes las características que nosotros mismos compartimos. En todas partes las gentes aman, odian, luchan, colaboran, roban, anhelan felicidad, sienten placer, dolor, etc. Y en todas partes lo que realmente necesitamos todos es reconocer nuestro ego, soltarlo, y despertar del sueño de la dualidad. Todos estamos cociendo habas, pero las únicas habas que nos sacarán realmente de apuros son las habas del perdón. Todos disponemos del perdón. Y todos acabaremos usándolo para despertar. Incluso en esto somos iguales.

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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sábado, 22 de julio de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XII)

El perro del hortelano, que ni come ni deja comer.

El refrán expresa la actitud egoica de quien ni disfruta de algo ni deja que los demás lo disfruten. Como el ego lo ve todo en función de "o tú o yo", es decir, en clave de competencia/oposición (lo que tú tienes yo lo pierdo, y lo que yo tengo lo pierdes tú), intenta despojar de cosas a los demás. Incluso si no las disfruta él mismo. Todos hemos visto ejemplos de la infancia, cuando un niño no quiere un juguete pero al ver a otro niño tomar el mismo juguete, de repente sí lo quiere. No es por el juguete en sí mismo, sino más bien por el placer de privar a otro niño de él. El juguete parece revalorizarse debido a que otro niño sí lo desea. Al tenerlo yo —piensa el ego—, no soy feliz porque este objeto no me importa, pero al menos consigo que la otra persona tampoco sea feliz, pues le privo del juguete.

Esta perversa lógica de "o tú o yo" nos conduce a que pensemos equivocadamente que cuanto más felices sean los demás, menos felicidad queda para nosotros. Y por lo tanto, cuando nosotros nos sintamos felices nos sentiremos también culpables, porque creeremos que estamos robando felicidad a los demás. Al creer en la separación/limitación, creemos que la felicidad es también limitada y que las personas en busca de la felicidad somos diferentes unas de otras y que unas son más felices que otras. Pero todas estas suposiciones son del ego y están equivocadas.

Si elijo el perdón/felicidad, estoy eligiendo para mí y para todos por igual, ya que todos compartimos una misma mente:

No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver. (L.18)

No soy el único que experimenta los efectos de mis pensamientos. (L.19)

La luz del mundo les brinda paz a todas las mentes a través de mi perdón. (L.63)

Esa tonta actitud infantil de privar a otro de su juguete aunque a nosotros no nos guste el juguete se refleja también en uno de los matices de este otro refrán:

Mal de muchos, consuelo de tontos.

Porque el Espíritu Santo, al contrario que el ego, nos enseña que todos estamos unidos. No se trata de "o tú o yo", sino de "tú y yo". Y de que tú y yo seamos ambos felices, no ambos infelices. ¿Cómo puede consolarnos realmente que otros muchos estén sufriendo también, si nosotros seguimos exactamente igual de mal?

El ego dice que cuanto más felices sean los demás, menos felicidad quedará para nosotros. Pero el Espíritu Santo responde que es al revés: cuanto más feliz es uno, más fácil es sintonizar la felicidad para todos. Cuanto más paz sientan los demás, más fácil será que yo también sienta paz. Por lo tanto, es un consuelo de tontos quitarle el juguete al prójimo con la equivocada esperanza de que al dejarle infeliz, la felicidad quedará en nosotros. La verdad es que o ambos somos inocentes/felices, o ambos culpables/infelices. Todos somos lo mismo y compartimos una misma mente. Si elegimos la felicidad, la estamos eligiendo para todos. Y cuando otros eligen la felicidad, la están eligiendo también para nosotros mismos.

El pez grande se come al chico.

El mundo del ego se rige por la "ley de la selva", la "ley del más fuerte": es un campo de batalla. Pero si alguien se aprovecha de su superioridad en el espacio/tiempo para comerse a quien está en inferiores condiciones, debería considerar que en el mundo de las formas siempre habrá un pez mayor que acabará comiéndonos a nosotros mismos. Así que si aceptamos instalarnos en el campo de batalla, acabaremos comidos. Ya vimos refranes parecidos en la parte I: "El que a hierro mata, a hierro muere", etc.

Pero tenemos la opción del perdón, saliendo así del campo de batalla y evitando comer y ser comidos. Entonces vivimos en paz. En última instancia, el pez más grande y poderoso de todos es Dios, la Totalidad que se come todas las ilusiones. Pero como las ilusiones no existen realmente, no ha sucedido nada. El Único Pez que existe no es realmente un pez, y como es pleno no se siente vacío y no necesita comer. Ya lo tiene/es todo. No hay ninguna otra cosa excepto Él. Y simplemente ES.

El que busca, encuentra.

Similar a citas bíblicas como la siguiente:

Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. (Mt 7:7-8)

Si elegimos el sistema de pensamiento de separación del ego, estamos pidiendo conflicto, buscando conflicto y encontrando conflicto. En cambio, si elegimos el sistema de pensamiento del perdón, estamos pidiendo paz y encontramos la paz.

El que la hace, la paga.

Si elegimos creer que somos un cuerpo, nos parecerá nacer y morir. Ser un cuerpo tiene sus consecuencias, pues las formas cambian y se deterioran. Nacer, deteriorarse y morir es el precio del "pecado" de creer en la separación.

No se dan cuenta de que negar a Dios es negar su propia Identidad, y en este sentido el costo del pecado es la muerte. (T.10.V.1.5)

O como dice la Biblia:

Porque la paga del pecado es la muerte, mas la dádiva de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 6:23)

Pero seguimos siendo libres de elegir recordar qué somos realmente. En ese caso no tenemos que pagar ningún precio, sino que reconocemos nuestra feliz infinitud.

De todos modos, aunque elijamos demorarnos en despertar, no podemos pagar nada realmente, pues las ilusiones y el sufrimiento son simplemente eso, inofensivas ilusiones que no hacen nada realmente, por mucho que creamos en ellas. Pero nuestra experiencia será sufrida debido a nuestro deseo de negar la verdad, por lo que no experimentaremos nuestra verdadera felicidad hasta que nos cansemos de jugar a sufrir, eligiendo entonces despertar.

El que la sigue, la consigue.

Significa lo mismo que el que ya hemos visto más arriba: "El que busca, encuentra". Quien es constante y tenaz con el perdón, acaba consiguiendo despertar.

El que calla, otorga. 

Si nos referimos a las formas, entonces esto es falso porque uno puede estar callado ante las tonterías ajenas sin que eso signifique que les dé la razón. De hecho, frecuentemente es peor discutir que callar, especialmente con aquellos poco dados a escuchar los argumentos de los demás.

Pero si nos referimos a un nivel más profundo, el nivel mental, si ante las creencias del ego nos mostramos pasivos (= callar) sin mirarlas con el Espíritu Santo y descubrir su falsedad, entonces estaremos otorgando realidad al ego y sufriremos las consecuencias: nuestra experiencia de vida se amargará. Por tanto, en este sentido, no debemos quedarnos callados ante el ego, sino hablarle del único modo posible: con el silencioso perdón.

No es lo mismo el silencio que el silencio (el silencio pasivo que el silencio del perdón). No es lo mismo callar que callar (el callar pasivo que el callar del sabio que ha reconocido tranquilamente la ilusoriedad de las creencias del ego).

El que mucho habla, mucho yerra.

Más vale hablar poco y bien, que mucho y mal. Es un tema que ya hemos comentado con más detalle en algunos refranes de la parte VI.

El que pega primero, pega dos veces.

Es un refrán del ego, que ataca porque tiene miedo. Los que no tienen miedo, en vez de atacar pueden permitirse poner la otra mejilla, pues saben que las ilusiones son inofensivas y el daño imposible.

Pero incluso si el prójimo no nos ataca (pues "pone la otra mejilla"), aun así el ego tiene miedo de ser atacado y nos susurra otro de sus refranes:

La mejor defensa es un ataque.

¡Por si acaso!, dice el ego. Pero el ego no se da cuenta de que es precisamente cuando atacamos como generamos nuestro propio sufrimiento.

Ya hemos comentado refranes similares a los dos anteriores, en la parte II, a partir del refrán que dice que "a palabras necias, oídos sordos".

Finalmente, digamos que poner la otra mejilla, o "callar" ante las piruletas sin sentido del ego, nos libera de la dinámica del ataque y nos lleva a la paz. Porque en este sentido, el que calla (= perdona; = pone la otra mejilla) no otorga.

Es muy importante que estos comentarios no se refieren a nuestro comportamiento físico o a nivel de las formas; se refieren a nuestra actitud mental, tal como ya explicamos en la mencionada parte II.

El que mucho corre, pronto para.

Esto es una invitación a abordar las situaciones con calma, sin prisas. Porque las prisas provienen del miedo. Es un tema que ya hemos tocado en varios refranes de la parte IV, por ejemplo "vísteme despacio que tengo prisa", "a camino largo, paso corto", etc.

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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viernes, 21 de julio de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XI)

El amor es ciego. 

Si nos referimos al amor especial del ego (el amor del mundo), entonces esto se refiere a que la persona enamorada suele pasar por alto los defectos de la persona de la que se ha enamorado. Pero cuando el amor especial se agota y se quita su disfraz, revelándose como el odio que realmente es, entonces salen a relucir todos los defectos que antes no habíamos querido tener en cuenta. Y el odio no se olvida ni de un solo defecto. El amor es ciego, pero ese falso amor tiene fecha de caducidad y cuando se acaba no se ven más que motivos para el odio: defecto tras defecto, pecado tras pecado.

Pero si nos referimos al verdadero amor, entonces podemos decir que es ciego en el sentido de que pasa por alto todas las ilusiones y no las tiene ni las tendrá jamás en cuenta. El amor es ciego porque no hace distinciones: nos ve a todos como iguales. No ama a unos más que a otros. No ve diferencias. Es ciego porque ve únicamente la verdad.

Otro refrán similar:

A nadie le parecen sus hijos feos. 

Nuevamente, uno no ve defectos en aquello que ama o desea. Los defectos solo se perciben tras una desilusión.

Otro refrán relacionado:

El amor todo lo iguala.

Cuando hay auténtico amor lo compartimos con todos y las aparentes dificultades desaparecen: el camino se allana, todo se iguala. El auténtico amor ve igualdad y ama a todos por igual.

Otra forma del refrán:

El amor todo lo puede y todo lo vence.

Cuando nuestro amor es grande desaparecen todas las dificultades y logramos lo que queremos. Nada puede resistirse al amor.

Y otro refrán más, relacionado con los anteriores:

El amor tiene razones que la razón no entiende.

De nuevo, podemos verlo desde dos puntos de vista:

1) Referido al amor especial del ego, significa que cuando deseamos algo apasionadamente ("ciegamente") podemos volvernos irracionales, hasta el punto incluso de confundir el amor con el odio, la paz con el conflicto, la inocencia con la culpabilidad, etc. Algunas citas relacionadas con esto:

Tal inversión, en la que todo está completamente al revés: en la que la demencia es cordura, las ilusiones verdad, el ataque bondad, el odio amor y el asesinato bendición, es el objetivo que persiguen las leyes del caos. (T.23.II.14.6)

El amor especial no es realmente amor, sino odio disfrazado de amor. Y lo que no es amor...:

Lo que no es amor es asesinato. (T.23.IV.1.10)

Por lo tanto, el ego confunde el amor con el amor especial, que en realidad es odio/asesinato. ¿Qué hay más irracional que confundir el amor con el odio o el asesinato? De ahí el refrán que estamos comentando: El amor (especial del ego) tiene razones (distorsiones mentales) que la razón (la mentalidad recta) no entiende. Pero dijimos que había otro punto de vista desde el que mirar este refrán:

2) Si nos referimos al auténtico amor, significa que el amor está más allá de lo que la mente humana (el ego) puede comprender. Por eso es indescriptible (inefable). Por eso dice el Curso (y la Biblia) que ese amor, esa paz/felicidad, supera toda comprensión humana:

Por eso es por lo que la Biblia habla de "la paz de Dios que supera todo razonar". (T.2.II.1.9)

Este curso no pretende enseñar el significado del amor, pues eso está más allá de lo que se puede enseñar. (T.introd.1.6)

La revelación es literalmente inefable porque es una experiencia de amor inefable. (T.1.II.2.7)

Esto no se puede enseñar. El aprendizaje se ocupa únicamente de la condición en la que ello ocurre por su cuenta. (T.14.IV.2.6-7)

Es decir: la verdad no puede enseñarse, pero puede experimentarse. Y lo que sí se nos puede enseñar es el medio para dejar de obstaculizarla. Ese medio es el perdón. Pero eso el ego no lo entiende, porque "el amor tiene razones (intemporalidad, valor transcendente) que la razón (el razonar del ego) no entiende".

El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

Se supone que los animales son listos: cuando tropiezan con algo que les causa dolor, en adelante llevan más cuidado. Pero el hombre repite sus errores una y otra vez. Tropieza una y otra vez en la misma piedra: la creencia en la separación; el ego. Y a pesar del sufrimiento que esto nos causa, reincidimos en el ego una y otra vez. Es como si nos sintiéramos atraídos por la piedra. Atraídos por el ego/sufrimiento/separación/individualidad. Esto se relaciona con nuestra resistencia a despertar. Tropezamos una y otra vez con la piedra del ego y sufrimos, pero en realidad lo deseamos: preferimos este sufrimiento antes que afrontar algo que nos da todavía mayor miedo: la pérdida de la ilusoria individualidad.

Sin embargo, solo el perdón nos conducirá a la felicidad. Solo entonces dejaremos de tropezar con la piedra del ego/sufrimiento/individualidad.

El hombre es un lobo para el hombre.

El hombre, el individuo, está fundado sobre la base de la separación/división. Esto implica carencia. La mente que se cree hombre cree haberse separado de la plenitud y por consiguiente siente un vacío interior que tratará de llenar consciente o inconscientemente. En sus momentos "amables" se pondrá la careta del "amor" (amor especial), pero en sus momentos peores se mostrará como lo que es: el odio descontrolado, producto de la necesidad de tener que robar a los demás para satisfacer nuestro vacío interior (y generalmente proyectaremos esto sobre los demás, diciendo que no les estamos robando sino solamente recuperando lo que ellos nos habían quitado antes). Al estar separados nos sentimos incompletos, y para completarnos tenemos que vencer y arrebatar los tesoros a los demás. De este modo, nos convertimos en lobos para nuestros semejantes.

El hombre propone y Dios dispone.

Deberíamos tener la humildad de admitir que como humanos no podemos controlar nada. El personaje humano no es el hacedor. No hace nada. Es solamente una marioneta dirigida por la mente. Ese "Dios" del refrán, el que dispone realmente las cosas, se refiere a la mente inconsciente que lo dirige todo. Si en esa mente elegimos el perdón del Espíritu Santo, tendremos paz y despertaremos del sueño de la dualidad. Pero si elegimos seguir apoyando al ego (deseando la individualidad, creyendo en la realidad de la separación), no obtendremos más que un ciclo interminable de conflictos. Y los dramas que experimentaremos los habremos dispuesto nosotros mismos sin saberlo, a nivel de la mente. Pero puesto que como mente hemos elegido al ego, también como mente podemos cambiar de opinión y elegir el perdón y despertar.

El verdadero Dios lo único que dispone es que seamos completamente felices en el Cielo como Uno, así que Eso es lo único real. Pero para experimentar esta delicia eterna del Cielo, primero tenemos que practicar el perdón para que nos despertemos en la verdad.

El hombre y el oso, cuanto más feo, más hermoso.

Al ego la fealdad le parece hermosa. Para el ego el asesinato es hermoso: le parece una muestra de fuerza. Para el ego los verdaderamente inocentes son culpables (pues el ego teme la verdad y la inocencia) y los violentos son "inocentes" porque la violencia agrada al ego. "Este mundo es así, y punto", dice el ego. "Has de aceptarme como soy", dice el ego mientras sostiene el cuchillo con el que comete el asesinato. La verdadera belleza es fealdad a ojos del ego porque la teme. Así que, para el ego, cuanto más feo, separado y limitado, más hermoso.

El mejor escribano echa un borrón.

En este mundo todos cometemos errores. Sobre todo el error de caer en las tentaciones del ego. Así que en vez de culpabilizarnos cuando nos equivocamos, o en vez de culpabilizar a otros cuando se equivocan, simplemente recononozcamos el error y perdonémoslo tranquilamente, procurando no repetirlo. Y al no tomarlo en serio, el enfado se desvanecerá.

Otra versión del refrán:

Cualquiera puede dar un tropezón en la vida.

Cambiemos de refrán:

El mentiroso ha de ser memorioso.

El que dice la verdad no tiene necesidad de controlar; así que puede fluir con tranquilidad, sin necesidad de calcular lo que dice, porque todo lo que diga será verdad. Pero el que miente se ve obligado a controlar todo lo que dice, calculando si se contradice con otras mentiras que ha ido contando. Esto produce nerviosismo y nos mantiene en la intranquilidad y en la falta de espontaneidad. Como ya dijimos en la parte VI, "se pilla antes a un mentiroso que a un cojo".

El necio cree que todo lo sabe.

Si creemos saberlo todo, ¿cómo vamos a aceptar la guía del Espíritu Santo para despertar? Si creemos que ya sabemos qué es el mundo, ¿cómo vamos a escuchar al Espíritu Santo decirnos que el mundo no es más que una ilusión y que en sí mismo no tiene valor? El ego nos impulsa a creer que tenemos razón. Es otro el que se equivoca. Es el Espíritu Santo el que se equivoca. Pero si seguimos encabezonados en tener razón como egos, perdemos nuestra paz y felicidad. Por eso el Curso nos pregunta:

¿Preferirías tener razón a ser feliz? (T.29.VII.1.9)

Si seguimos encabezonados en tener razón con el ego, seguiremos acusando, condenando y sufriendo. Pero si perdonamos tal como el Espíritu Santo nos aconseja, redescubriremos nuestra primigenia e inalterable felicidad.

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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jueves, 20 de julio de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (X)

De noche todos los gatos son pardos.

Cuando no hay discernimiento ("de noche") no podemos distinguir lo verdadero de lo ilusorio. De modo que confundimos la liberación con la esclavitud, la vida con la muerte, la dicha con el dolor, la paz con el conflicto, la fortaleza con la debilidad, la defensa con el ataque, etc.

Esto nos sucede cada vez que elegimos al ego como nuestro guía. Por lo tanto, la manera de escapar a nuestro sufrimiento es simplemente soltar la mano del ego y recurrir al Espíritu Santo como nuestro guía hacia la verdadera paz. Con la luminosa visión del Espíritu Santo nos será fácil discernir lo verdadero de lo falso. Veremos los gatos blancos como blancos, los negros como negros; la verdad como verdad y las ilusiones como ilusiones. Ya no estaremos engañados, por lo que elegir despertar se volverá mucho más fácil. Ya no habrá "gatos pardos" que nos confundan. Pues habremos elegido al maestro de la paz y del discernimiento como nuestro guía. Así, ahora ya no es de noche. Hay luz y es de día.

De perdidos, al río.

Cuando todo lo que nos resultaba familiar parece fallar, ¿por qué no le damos una oportunidad a la única alternativa restante? El río (el Espíritu Santo, el Amor) puede darnos miedo porque intuimos que si nos zambullimos en Él, nuestra ilusoria individualidad desaparecerá. Pero si todo lo que intentamos en el mundo fracasa y seguimos en sufrimiento sin hallar escapatoria, ¿por qué no darle al río de la verdad la oportunidad de limpiar nuestra mente? En última instancia, sólo el río o Cielo puede proporcionarnos la paz permanente y la plenitud. Atrevámonos, pues, a soltarnos del ego y zambullirnos en el río del perdón. Pues solo así reconoceremos nuestra eterna herencia: nuestro verdadero Ser de total felicidad, o Cielo.

Del amor al odio no hay más que un paso.

Este refrán se refiere al amor especial y al odio especial. En realidad, ambos son odio. El amor especial parece amor, pues está disfrazado con la apariencia de amor, pero su contenido sigue siendo odio y en cualquier momento puede revelar su verdadera naturaleza. Por ejemplo, si nuestra pareja nos deja por otra persona, podemos enfadarnos y pasar en un instante del "amor" al odio. Por eso el Curso dice:

No hay amor en este mundo ((el amor especial)) que esté exento de esta ambivalencia (("amor" = odio)), y puesto que ningún ego ha experimentado amor sin ambivalencia, el amor ((el verdadero)) es un concepto que está más allá de su entendimiento. (T.4.III.4.6)

Del árbol caído todos hacen leña.

El árbol caído está separado de la tierra que le da vida, por lo que se debilita y se seca. Un tronco seco acaba sirviendo como leña para alimentar el fuego del ego. De modo que estar separado, aunque solo sea una creencia falsa, implica sufrimiento.

Este refrán nos invita a que dejemos de aceptar pasivamente nuestra decisión en favor del ego. Nuestra costumbre en el mundo es mantenernos en el ego en "piloto automático", eligiendo constantemente (y en gran medida inconscientemente) creer en la separación. Esto nos convierte en seres aislados, pasivos, sin vida, secos... nos convierte en leña para alimentar el fuego del sufrimiento. Pero en cualquier momento podemos cambiar de opinión y elegir el perdón. El perdón nos da vida y hace que dejemos de ser confundidos con leña seca. Perdonando estamos vivos. Y ahora es el ego el que se convierte en leña seca, que alimenta el fuego del amor/unión, que somos Nosotros Mismos. Este fuego acaba con el sufrimiento, pues produce únicamente éxtasis, plenitud. Ni siquiera el ego sufre si lo echamos al fuego de nuestro Ser. Pues el ego, ilusorio, no puede realmente ni vivir ni sufrir. Simplemente dejará de parecer que existe, desapareciendo en la nada de la que provino. Y lo único que quedará es una deliciosa felicidad sin fin. Ya no hay árboles caídos, ni leña. Solo paz/felicidad.

Del dicho al hecho hay un buen trecho.

No basta con la teoría (lo que decimos creer, lo que decimos "de boca"), sino que es necesaria la práctica (los hechos). No basta con decir que queremos despertar; la manera de demostrar que lo que decimos es verdad es practicar el perdón y así despertar de hecho. No basta con decir: "soy amoroso". Para ser cierto, eso tiene que expresarse en todo lo que somos, en todo lo que pensamos, en todo lo que hacemos.

Despertar del sueño de sufrimientos/separación —iluminarnos— es algo que decimos desear. Pero eso es solo una teoría nuestra... ¿realmente lo deseamos? Si es así, eso se demuestra en la práctica: practicando el perdón. Entrenarnos en el perdón es lo mismo que decir "sí" a despertar.

Pasito a pasito; sin prisas pero sin pausas (o con pausas jejeje, pero volviendo al camino del perdón cada vez más cuando nos acordemos). El proceso de entrenamiento en el perdón es un proceso que se despliega en el ilusorio tiempo. Pero si somos constantes e insistimos en esto, finalmente vamos a despertar y felizmente veremos que hemos hecho la mejor inversión posible: olvidarnos de lo que no es nada y recordar lo que está siempre presente y lo es todo.

Dentro de cien años, todos calvos.

Es una invitación a no tomarnos demasiado en serio los eventos cotidianos. Y un mensaje de esperanza de que todo sufrimiento llegará a su fin. El mundo de las formas, al ser ilusorio, es cambiante, fugaz. Las cosas que hoy me preocupan no me preocupaban ayer, ni me preocuparán el día de mañana. Cosas que nos preocupaban en nuestra juventud han dejado ya de preocuparnos y ahora podemos reírnos de ellas. E incluso las preocupaciones "crónicas", como el miedo general a la vida, a la muerte, o el miedo a la carencia, no nos preocupaban antes de nacer ni nos preocuparán tras morir (en ese punto todos calvos).

¿Realmente puede ser tan preocupante lo que alguna vez ni siquiera existía y que un día tampoco existirá? Si algo no es constante, no es real. Así que no hay por qué darle el poder de preocuparnos. Si en vez de temer algo lo miramos con los ojos del Espíritu Santo (con los ojos del perdón, de la unión y de la paz), al mirarlo con discernimiento el motivo del miedo desaparecerá. Y así aceptamos nuestro estado constante de paz.

Otras versiones de este refrán:

Dentro de cien años, todos salvos. 

Antes de mil años, todos seremos calvos.

Y un refrán relacionado:

Después de la tempestad, viene la calma.

Está relacionado con los anteriores en el sentido de que se afirma que el conflicto (la tempestad) no durará eternamente. Nadie acepta al ego continuamente, porque nos produce dolor y tarde o temprano nos cansamos de sufrir. Incluso en este mundo nos cansamos del ego regularmente y necesitamos ponerle una pausa de vez en cuando (calmas temporales entre tormentas).

La resistencia al dolor puede ser grande, pero no es ilimitada. (T.2.III.3.5)

Cuando el dolor nos sobrepasa, cambiamos de opinión y soltamos al ego. Entonces parece venir la calma. Pero la única verdadera calma, la calma permanente, la lograremos mediante la práctica del perdón, que es la manera de despertar del ego y reconocer la Realidad de nuestro eterno Ser de Paz.

Como tarde o temprano todos acabamos por cansarnos de sufrir y llegamos a la conclusión de que los regalos del ego no son más que apariencias (sufrimiento disfrazado de cosas aparentemente atractivas), el que cambiemos de opinión es cuestión de tiempo:

El que todos acepten la Expiación es sólo cuestión de tiempo. (T.2.III.3.1)

Y como Dios (nuestro verdadero Ser) está de nuestro lado, el despertar es finalmente inevitable:

Aun así, el desenlace final es tan inevitable como Dios. (T.2.III.3.10)

Que transcenderemos el ego está garantizado por Dios. (T.8.V.4.4)

El final es indudable y está garantizado por Dios. (C.Ep.1.10)

Pasemos a otro refrán:

Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces.

Este es un dicho perspicaz y que conviene tener en cuenta, porque nos muestra uno de los típicos funcionamientos del ego. El ego es pura apariencia. Cuando teme o le preocupa algo, a menudo finge lo contrario e incluso a veces alardea de ello. Por ejemplo, quien ante una situación de miedo se comporta como un valiente (acciones violentas y de guerra que en realidad proceden del miedo, aunque superficialmente parezcan "actos valientes"). O cuando alguien habla con palabras bravuconas cuando interiormente está asustado realmente (lo sepa conscientemente o no).

Otros ejemplos son el de quien se siente pobre pero finge disfrutar de un nivel financiero superior, por temor a ser despreciado en la opinión de los demás. O quien se cree superior a los demás, sin darse cuenta de su inconsciente complejo de inferioridad.

En realidad todos somos iguales. Así que no tenemos por qué compararnos con los demás, ni para creernos superiores ni para creernos inferiores. Somos iguales: mentes durmientes con la necesidad de perdonar y despertar.

Es el ego quien busca hacer comparaciones destructivas, o sea, comparaciones que apoyen la creencia de que somos diferentes de los demás.

El ego vive literalmente a base de comparaciones. (T.4.II.7.1)

Hacer comparaciones es necesariamente un mecanismo del ego, pues el amor nunca las hace. Creerse especial siempre conlleva hacer comparaciones. (T.24.II.1.1-2)

El Espíritu Santo, en cambio, nunca hace comparaciones destructivas. Si compara algo, es para unir, no para separar. Para despertar, no para dormir. Por ejemplo, el Espíritu Santo compara el sufrimiento que nos produce el ego con la paz que nos proporciona el perdón, para que así podamos ver con claridad qué nos conviene elegir. Y si alguna vez el Espíritu Santo compara personas, es para ver lo que tenemos en común (nuestra necesidad de transcender el ego y despertar), pues el Espíritu Santo sabe que no somos diferentes, sino iguales (a nivel de la forma claro que parecemos ser diferentes —cuerpos diferentes, personalidades diferentes, etc—, pero en esencia todos somos iguales porque tenemos una mente igual, con dos sistemas de pensamiento opuestos: el del conflicto y el de la paz).

Todos necesitamos despertar del ego. Así pues, ¿cómo podríamos presumir? ¡Como si fuéramos diferentes de alguien! Pero todos somos iguales y necesitamos lo mismo: despertar. Todos estamos igualados en esto. Y los pocos que han deshecho totalmente al ego están iluminados y no necesitan presumir de nada, pues disfrutan de una paz permanente.

Un refrán relacionado:

Perro que ladra no muerde.

Quien está asustado presume de valiente y alardea de ser peligroso ("ladra"), pero en realidad es una pobre marioneta en manos del ego. El ego es la creencia en la separación, que siempre conduce a carencia, debilidad, culpa, sufrimiento, conflicto y miedo.

Si uno realmente se sintiese fuerte no necesitaría presumir de fuerza, ni necesitaría defenderse (solamente lo frágil necesita defensa, y las ilusiones o ego son lo único frágil, de ahí las defensas y el miedo). Pero quien interiormente se siente débil se ve impulsado a ladrar y defenderse/atacar (lo llama "defensa", pero es un ataque). Pero aparentar fortaleza no es la verdadera fortaleza. Fingir felicidad no es felicidad. Hacer como que las heridas no duelen no es lo mismo que no tener heridas. Por eso el único verdadero bálsamo es el perdón, que nos permite reconocer que las heridas y problemas que percibíamos no eran más que sombras imaginarias. Es por esto que el perdón es la única verdadera defensa ante las ilusiones, ya que las deshace pacíficamente. Todas las demás "defensas" no son defensas, sino ataques que multiplican lo que queríamos esquivar:

Es esencial darse cuenta de que todas las defensas dan lugar a lo que quieren defender. (T.17.IV.7.1)

Es decir, que el conflicto (las "defensas" del ego) genera más conflicto. Pero todas estas poses de aparente fortaleza, todos estos aparentes ataques y alardes del ego, no son más que ladridos que no muerden: inofensivas ilusiones incapaces de hacer verdadero daño y que desaparecen cuando dejamos de creer en ellas. Por lo tanto, no ladremos: perdonemos.

Donde hay amor, hay dolor. 

O: No hay amor sin amargor.

Pero obviamente se refiere al amor especial del ego. Y el Curso dice lo mismo así:

Es imposible tratar de obtener placer a través del cuerpo y no hallar dolor. (T.19.IV.B.i.12.1)

No importa la palabra que usemos como ejemplo: amor frente a odio/dolor, placer frente a dolor, etc. El amor especial y el placer especial son disfraces del ego para el dolor. Pues el ego usa el placer físico para que nos identifiquemos con el cuerpo, y eso nos lleva al dolor: 

El resultado inevitable de equipararte con el cuerpo (...) es la invitación al dolor. (T.19.IV.B.i.12.4)

Por eso el amor del mundo se convierte tan fácilmente en odio, y el placer se convierte tan fácilmente en adicción y en dolor. Como ya vimos en el tercer refrán comentado en este capítulo, "del amor al odio no hay más que un paso". Pero si renunciamos al amor especial, reconoceremos el verdadero amor que no tiene opuesto. Y ese Amor es lo único permanente, inmutablemente en paz y plenitud. Es nuestro verdadero Ser.

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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miércoles, 19 de julio de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (IX)

¿Dónde va Vicente? Donde va la gente.

El ego nos distrae para que mantengamos nuestro "piloto automático" en el "modo ego", lo que nos conduce al conflicto una y otra vez. Por si esto fuera poco, en el mundo casi todos vamos con el "modo ego" conectado en "piloto automático". Y como todos o la inmensa mayoría hacemos lo mismo, parece lo normal. ¿Dónde va Vicente? ¿Dónde voy yo? Adonde todos vamos: de cabeza al conflicto. Vamos adonde todos vamos: directos a más conflicto, reforzando la ilusoria separación. Sin darnos cuenta de que en todo instante podemos desconectar el "piloto automático" del ego y en vez de eso elegir el "modo paz y unión" del Espíritu Santo.

Al principio de nuestro proceso de despertar, acordarnos de desconectar una y otra vez el piloto automático del ego requerirá entrenamiento mental y llevará tiempo. Pero poco a poco, cada vez nos acordaremos más de desconectarnos del ego. Y llegará el día, en una fase más avanzada del proceso, en que nuestro "piloto automático" esté conectado de manera casi automática al "modo Espíritu Santo". Cuando eso ocurra, la iluminación estará verdaderamente cerca de ser reconocida y plenamente aceptada.

Mientras tanto, no nos desanimemos cuando nos distraigamos y caigamos de nuevo en las trampas del ego. Simplemente reconozcamos nuestra resistencia a despertar, tomando conciencia de que una vez más hemos elegido ir a parar adonde todos estamos acostumbrados... adonde va Vicente... adonde va la gente y vamos todos cada vez que nos distraemos... de nuevo de vuelta al ego. Pero al tomar conciencia de esto, ya podemos cambiar esta decisión, desconectando de nuevo del "modo ego" y volviendo al "modo Espíritu Santo", es decir, al perdón/unión.

La unión/perdón nos lleva a la verdad. Cualquier otra opción son disfraces de separación y nos lleva siempre al mismo sitio: adonde Vicente está, con toda la gente, en el baile de conflictos del ego. Por lo tanto, cada vez que nos demos cuenta de esto, elijamos el perdón, en vez de la separación. ¿Dónde va quien perdona? Adonde fue Jesús. A la paz, a la iluminación y al Cielo de Unidad del Ser.

Vayamos adonde no hay gente porque allí no hay nadie: no hay personas humanas porque no hay seres separados. Esto no quiere decir que no haya nada: sí está el Todo que todos somos como Uno. Elegir el perdón es elegir ir adonde realmente nos corresponde estar: donde ya estamos realmente... donde no hay gente... donde solo hay plenitud y Ser... el Cielo de la Unidad donde no existe el sufrimiento.

De músico, poeta y loco, todos tenemos un poco.

A simple vista podemos parecer unos diferentes de otros: en nuestro aspecto físico, en nuestra personalidad, en nuestras circunstancias de vida (inteligencia, dinero, salud, etc). Pero en realidad somos iguales en lo esencial: todos tenemos una mente dividida entre el sistema de pensamiento del ego y el sistema de pensamiento del Espíritu Santo; y todos tenemos la capacidad de elegir entre uno u otro de estos dos sistemas de pensamiento.

Así pues, cuando veamos a alguien que parezca comportarse como un loco, no le veamos tan diferente a nosotros: todos estamos locos en un grado u otro, en la medida en que aún nos dejamos afectar a veces por el ego. Y del mismo modo, cuando veamos a alguien que nos parezca santo, acordémonos de que todos tenemos en nuestro interior y compartimos por igual la santidad del sistema de pensamiento del Espíritu Santo.

Y todos, absolutamente todos, unos antes en el ilusorio tiempo y otros después, acabaremos cansándonos de elegir al ego y finalmente decidiremos aceptar de una vez por todas al Espíritu Santo. Lo cual quiere decir que, finalmente, todos acabaremos aceptando el despertar. Por lo tanto, el sufrimiento no solo es una ilusión, sino que es una ilusión que tiene fecha de caducidad.

Un refrán relacionado:

Mucho o poco, todos somos locos.

Porque todos tenemos una parte egoica en nuestra mente. Por eso no debemos considerarnos superiores a nadie. También nosotros tenemos ego. Solamente los iluminados (que son muy pocos, más la excepción que la norma) están totalmente libres de ego.

De inteligentes y de sabios es perdonar injurias y olvidar agravios.

Lo que nos libera es perdonar; pero no mediante el perdón-para-destruir (El canto de la oración.2.I y II), que es el perdón del ego, sino mediante el verdadero perdón (El canto de la oración.2.III), que no ve como real el agravio, sino como un sueño en el que una de dos: se nos está expresando amor, o en caso contrario se nos está pidiendo amor y ayuda para despertar (T.12.I.3). El verdadero perdón es señal de sabiduría.

De tal palo, tal astilla.

Cada causa produce efectos similares a sí misma. La verdad solo produce efectos verdaderos. Lo ilusorio solo produce efectos ilusorios.

Del sistema de pensamiento del ego, nacido de la creencia en la separación, lo que surge es siempre más y más conflicto y separación. Por lo tanto, todo lo similar: soledad, conflicto, culpa, escasez, vacío, miedo, carencia, dolor, sufrimiento, insatisfacción, enfermedad, desesperanza, inquietud... LO ILUSORIO Y TEMPORAL.

Del sistema de pensamiento del Espíritu Santo, nacido del recuerdo de la Verdad en nuestro interior, lo que surge es siempre lo que se asemeja a la verdad: paz, unión, intereses compartidos, felicidad, esperanza, confianza, armonía, plenitud... Lo que conduce a LO VERDADERO Y ETERNO.

Cuando despertemos por completo de la dualidad, la felicidad que experimentaremos será infinita, inexpresable en palabras. Nos daremos cuenta de que lo único que existe es Dios, y que Él crea solamente a semejanza de Sí Mismo. Por lo tanto, el sufrimiento y la separación son imposibles. Solamente existe la inmutable plenitud, tan constantemente deliciosa que no puede describirse con palabras. Pero que será experimentada eternamente por todos, conforme vayamos aceptando el perdón, permitiendo que todas las cosas temporales sean deshechas.

Sin embargo, este Hijo tiene que haber sido creado a semejanza de Sí Mismo: como un ser perfecto, que todo lo abarca y es abarcado por todo, al que no hay nada que añadir ni nada que restar; un ser que no tiene tamaño, que no ha nacido en ningún lugar o tiempo ni está sujeto a límites o incertidumbres de ninguna clase. (T.24.VII.7.2)

Ve en él ((en nuestro hermano; mediante la inocencia/perdón)) la creación de Dios, pues en él su Padre aguarda tu reconocimiento de que Él te creó como parte de Sí Mismo. (T.24.VI.1.8-9)

El Amor te creó a semejanza de Sí Mismo. (L.67.6.4)

Dios te conoce sólo en paz, y ésa es tu única realidad. (T.3.IV.7.16)

De tal cepa, tal vino.

Es un refrán similar al anterior. Añadamos que tanto este refrán como el anterior se pueden utilizar también en el mismo sentido del refrán que dice: "Cuando el río suena, agua lleva", que ya comentamos justo al principio de la parte VIII. Otra manera de expresar esta idea es la cita bíblica: "Por sus frutos los conoceréis" (Mt 7:16; Lc 6:43-44). Es decir, que si nos sentimos en paz, eso nos dice que en la mente inconsciente estamos eligiendo al Espíritu Santo y el despertar. Y si nos sentimos en conflicto, eso nos indica que en la mente inconsciente estamos eligiendo el sistema de pensamiento del ego, y al darnos cuenta de eso, podemos cambiar de decisión. Como dice el Evangelio (Lc 6:43-44), al árbol se le conoce por sus frutos: un árbol bueno (el sistema de pensamiento del Espíritu Santo) no da frutos malos, ni un árbol malo (el ego) produce frutos buenos; no se vendimian uvas de las zarzas. Ni conseguiremos paz si acudimos al sistema de pensamiento del ego. Pues del ego (conflicto), solo sale más ego/conflicto/separación.

Y otro refrán también relacionado con los dos anteriores:

Dios los cría y ellos se juntan.

Lo similar atrae lo similar. Si en nuestra mente elegimos al ego, no atraeremos otra cosa que sus frutos: separación, conflicto, sufrimiento, miedo. Pero si elegimos la paz del Espíritu Santo, atraeremos sus bendiciones: amor, unión, bienestar, confianza, paz, despertar. Nosotros elegimos qué sembrar, qué criar. Pero lo que elijamos se multiplicará y experimentaremos sus efectos.

Pasemos a otro refrán: 

Dime con quién andas y te diré quién eres.

Este refrán sigue funcionando si le damos la vuelta: "Dime cómo eres (o cómo te sientes) y te diré con quién andas" (con el ego o con el Espíritu Santo).

Si en mi camino he elegido al ego como mi acompañante, entonces seré alguien egoísta, con tendencia a separar, dispuesto a entrar en conflictos, a sufrir y hacer sufrir, etc.

Pero si he elegido al Espíritu Santo como acompañante, entonces lo que soy es lo que Él es: bondad, unión, inocencia, amor, paz, despertar.

Si nuestro comportamiento/actitud es egoísta, podemos deducir qué es lo que estamos eligiendo en el nivel inconsciente de nuestra profunda mente ontológica: estamos eligiendo la creencia en la separación, en la culpa, en el sufrimiento, en el ego.

Pero si somos bondadosos, amables, perdonadores, se deduce que en la mente inconsciente estamos eligiendo la paz y unión del Espíritu Santo.

Por lo tanto, cuando nos demos cuenta de que hemos caído en actitudes egocéntricas, en vez de culparnos sin piedad simplemente reconozcamos que esto indica que hemos vuelto a elegir inconscientemente al ego, y que podemos cambiar nuestra decisión si lo que ahora queremos es paz. Somos libres de elegir la paz.

De donde no hay, no se puede sacar. 

En el mundo todo es temporal/ilusorio. Solo lo eterno tiene verdadero valor, pues es lo único que no desaparecerá como si nunca hubiese existido. En el mundo no hay nada eterno. En el mundo no hay nada de valor para nosotros. En el mundo no hay nada real. En el mundo lo único que hay es separación, conflicto y sufrimiento. Es decir, ilusiones: nada. Por mucho que nos cansemos, no podemos encontrar la felicidad donde no está. En el mundo no hay nada real, nada permanente. Por lo tanto, no nos apeguemos al mundo. Usémoslo únicamente como un aula en la que aprender a despertar del mundo.

El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee. (L.128)

Cuando depositamos nuestras esperanzas en el mundo per se, no encontramos nada. La felicidad se escurre de nuestras manos hasta desaparecer de nuestra vista. Pero cuando utilizamos el mundo como un aula donde aprender el perdón y así despertar, el mundo adquirirá otro color para nosotros. Visto así ya no nos producirá sufrimiento, sino que será un mundo deseable porque nos ayuda a despertar:

Más allá de este mundo hay un mundo que deseo. (L.129)

Veremos en él paz y finalmente el mundo real. Tal mundo finalmente desaparecerá también cuando hayamos aceptado completamente la salvación, pues en el Cielo no hay mundo ni aulas. Solo hay Unidad.

Pasemos a otro refrán:

De aquellos polvos vienen estos lodos.

Nada sobreviene por casualidad. Todo lo que nos sucede lo hemos pedido. Puede que lo hayamos olvidado, reprimido, menospreciado. En nuestra mente profunda, antes incluso de existir el universo de espacio/tiempo, decidimos creernos la idea de la separación. Ahora hemos olvidado/reprimido aquella ancestral decisión, de modo que nos parece algo lejano, remoto, incluso inexistente. Nos parece nada. Pero esa "nada", esos "polvos", son el origen de todos nuestros sufrimientos en el mundo de las formas (los lodos).

Y sin embargo, a pesar de todo, seguimos manteniendo activa aquella antigua decisión de creer en la separación. La hemos olvidado, pero la pusimos activada con el "piloto automático", por así decir.

La buena noticia es que al darnos cuenta de esto (al ver "los lodos" del mundo y no querer seguir sufriéndolos) podemos elegir deshacer aquella decisión. Podemos elegir desactivar el piloto automático del ego. Hacemos esto mediante el proceso del perdón no-dual.

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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