jueves, 3 de agosto de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XXIV)

No hay dos sin tres.

En este mundo las situaciones se repiten una y otra vez. Por lo tanto, si seguimos eligiendo el sistema de pensamiento del ego, seguiremos sufriendo decepciones y molestias una y otra vez. En cambio, si elegimos al Espíritu Santo en nuestra mente (el sistema de pensamiento de mentalidad recta), los momentos de paz se repetirán uno tras otro.

Por otro lado, si nos hemos comprometido con la enseñanza del Curso y detectamos que hemos fallado al desperdiciar una ocasión de practicar el perdón, no nos lamentemos. La oportunidad se repetirá y repetirá una y otra vez hasta que hayamos perdonado la lección simbolizada por esas circunstancias. Las oportunidades de perdonar nunca se agotarán: nunca hay dos sin tres. Solo cuando ya no haya nada de culpa inconsciente en nuestra mente, el perdón será por fin innecesario.

Así que no nos lamentemos por una oportunidad perdida. Es el ego quien se lamenta siempre. El Espíritu Santo simplemente sonríe. Y además, cuando finalmente nos damos cuenta de que pudimos haber perdonado, no solo es que la oportunidad se repetirá, sino que incluso podemos perdonarla ahora que nos hemos acordado, sin necesidad de esperar a que se repita. No importa el tiempo que haya pasado (un minuto, un día, una semana o diez años), porque el tiempo es ilusorio. La situación es simplemente una idea en nuestra mente, y cuando detectamos que hemos perdido de vista la paz, podemos aprovechar para perdonar. Por cierto, no es casual que este comentario tenga tres párrafos. Ya lo dice el refrán.

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No hay enemigo pequeño.

No debemos subestimar nuestro ego, ni siquiera cuando se manifiesta en formas comparativamente bajas de intensidad. No se trata de grados de intensidad, porque el ego es siempre ego al 100%. Por lo tanto, es tan importante que perdonemos un leve enfado como una enorme furia o incluso un asesinato. Las formas cambian, pero el contenido (mantenernos atados al sufrimiento de la dualidad, dormidos en el sueño del mundo) es el mismo. Así que es igual de importante perdonar un leve resfriado que un cáncer, o perdonar un robo con violencia que un pequeño hurto del que nadie se da cuenta. Todo acto de perdón es un paso que damos en dirección a despertar. El Curso nos lo dice así:

La ira (o miedo, dolor, odio, etc; ego) puede manifestarse en cualquier clase de reacción, desde una ligera irritación hasta la furia más desenfrenada. El grado de intensidad de la emoción experimentada es irrelevante. Te irás dando cuenta cada vez más de que una leve punzada de molestia no es otra cosa que un velo que cubre una intensa furia. (L.21.2.3-5)

Tal vez sea útil recordar que nadie puede enfadarse con un hecho. Son siempre las interpretaciones las que dan lugar a las emociones negativas, aunque éstas parezcan estar justificadas por lo que aparentemente son los hechos o por la intensidad del enfado suscitado. Éste puede adoptar la forma de una ligera irritación, tal vez demasiado leve como para ni siquiera poderse notar claramente. O puede también manifestarse en forma de una ira desbordada acompañada de pensamientos de violencia, imaginados o aparentemente perpetrados. Esto no importa. Estas reacciones son todas lo mismo. Ponen un velo sobre la verdad, y esto no puede ser nunca una cuestión de grados. O bien la verdad es evidente, o bien no lo es. No puede ser reconocida sólo a medias. El que no es consciente de la verdad no puede sino estar contemplando ilusiones. (M.17.4)

(Nota: si alguien desea profundizar más en este tema, escribí varios comentarios en el foro Concordia y plenitud, en los que incluí estas citas y algunas otras, acompañadas de aclaraciones).

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No hay felicidad completa.

En este mundo no hay felicidad que sea completa, porque al ser un mundo dual de opuestos, toda felicidad tiene su contraparte de infelicidad que se evidenciará en un momento u otro. Incluso el "guión perfecto" del ego acaba igualmente en la muerte. Por eso el Curso dice que la única felicidad aquí consiste en perdonar, para así despertar de esta pesadilla y reconocer la Verdad.

El perdón es la llave de la felicidad. (L.121)

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No hay mayor dificultad que la poca voluntad.

El único problema que tenemos realmente es nuestra poca voluntad de perdonar/despertar. Seguimos aferrándonos a los resentimientos, lo cual nos mantiene en dualidad. Pero si entrenamos nuestra mente en el perdón, cada día nos resultará más fácil, hasta que se convierte en un hábito automático. Entonces todo se vuelve más fácil.

Una mente sin entrenar no puede lograr nada. El propósito de este libro de ejercicios es entrenar tu mente a pensar según las líneas expuestas en el texto. (L.PI.introd.1.3-4)

Los milagros son hábitos, y deben ser involuntarios. (T.1.I.5.1)

Puesto que la capacidad de crear reside en la mente, todo lo que creas es necesariamente una cuestión de voluntad. (T.2.VIII.1.4)

El hábito de colaborar con Dios y Sus creaciones se adquiere fácilmente si te niegas diligentemente a dejar que tu mente divague. No se trata de un problema de falta de concentración, sino de la creencia de que nadie, incluido tú, es digno de un esfuerzo continuo. (T.4.IV.7.1-2)

Y para quien piense que es difícil tener voluntad, el Curso nos ofrece el concepto de la "pequeña dosis de buena voluntad": basta con un pequeño gesto de voluntad por nuestra parte para que el proceso del perdón dé comienzo. Los pasitos del perdón se irán agrandando y volviendo más fáciles conforme continuamos con nuestro entrenamiento mental del perdón.

El instante santo no procede únicamente de tu pequeña dosis de buena voluntad. Es siempre el resultado de combinar tu buena voluntad con el poder ilimitado de la Voluntad de Dios. (T.18.IV.4.1-2)

Él te capacitará para que vayas mucho más allá de la curación que lograrías por tu cuenta, pues a tu pequeña dosis de buena voluntad para reinstaurar la plenitud Él sumará toda Su Voluntad, haciendo así que la tuya sea plena. (T.11.II.4.3)

No es difícil. Toda maratón comienza por un pequeño pasito. Los pasitos del perdón son muy accesibles si los abordamos sin prisas, uno por uno. No se necesita más voluntad que esta pequeña buena disposición a comenzar nuestro entrenamiento.

No hay peor ciego que el que no quiere ver.
No hay peor sordo que el que no quiere oír.

Es inútil tratar de convencer a alguien de que vea lo que no quiere ver. Si no tiene la voluntad de ver o entender algo, ni aunque Dios baje del Cielo lo creería. Esto tiene que ver también con la voluntad.

Tu voluntad es libre, y nada puede prevalecer contra ella. (L.73.7.7)

La percepción puede dar forma a cualquier imagen que la mente desee ver. (M.19.5.2)

Vemos lo que queremos ver (inocencia o culpa), y al Espíritu Santo le resulta muy difícil ayudarnos cuando nuestra mente está cerrada. Por eso, entre las diez características de los "maestros avanzados de Dios" que se dan en el Manual, una de ellas es la de tener una mentalidad abierta (M.4.X), pues a una mente receptiva el Espíritu Santo sí le puede enseñar a perdonar.

No hay mejor lotería que el trabajo y la economía.

Esto significa que no debemos dejar nuestra suerte en manos de la lotería del ego, pues su "azar" está trucado y los resultados de sus sorteos acaban siempre en sufrimiento: unas veces de manera inmediata, y otras con el tiempo (cuando las apariencias de placer se quitan su disfraz). Se nos aconseja que en vez de jugar a la tramposa lotería del ego, hagamos nuestro trabajo del perdón y seamos constantes en ello, pues esto sin duda alguna nos lleva a la liberación. Con el perdón tenemos el verdadero éxito asegurado.

No hay que empezar la casa por el tejado.

La escalera espiritual debemos subirla peldaño por peldaño. No conviene tratar de subir de abajo arriba de un solo salto, pues eso suele ser síntoma de arrogancia y acaba en batacazo. Los pequeños y humildes pasitos del perdón conducen gradualmente a los peldaños superiores de la escalera del despertar, y si avanzamos pacientemente peldaño por peldaño, cada paso nos resultará obvio, accesible, lógico y natural.

No hay que mezclar churras con merinas.

Nunca hay que mezclar los sistemas de pensamiento del ego y del Espíritu Santo. Únicamente el segundo nos saca de la pesadilla y nos despierta en la liberación. Nunca mezclemos, pues, la unión con la separación, ni la inocencia con la culpabilización, ni el miedo con el amor.

No hay regla sin excepción.

El ego dice que no hay regla sin excepción; y va siempre en busca de las excepciones. Las reglas del ego están llenas de excepciones, al igual que su mundo: uno ama... hasta que llega la gota que colma el vaso y decide hacer una excepción para odiar, etc.

La verdad, en cambio, no conoce excepciones. Para ayudarnos a despertar en la verdad, el Espíritu Santo nos enseña que las excepciones no están nunca justificadas. Por eso nos enseña a perdonar de manera universal, sin excluir a nadie del abrazo de nuestro perdón, sin excepción.

No hay rosa sin espinas.

El mundo del ego, al ser un mundo de opuestos, es un mundo de mezclas: el placer viene mezclado con el dolor; el amor, mezclado con el odio; las rosas, mezcladas con las espinas. La felicidad completa es imposible en este mundo de opuestos. No es aquí donde debemos buscar la felicidad. Es en nuestro interior donde está; y la hallaremos con la ayuda del proceso del perdón. Así el mundo desaparecerá y volveremos a experimentar el Cielo, la Rosa Única, que es todo felicidad, absolutamente sin ninguna espina ni interrupción.

Otra forma del mismo refrán es la siguiente:

No hay vida sin muerte, ni placer sin pesar.

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No muerdas la mano que te da de comer.

El ego está constantemente atacando a la mente, a pesar de que de ella procede su propia existencia. El ego está constantemente esforzándose en separarse de la mente, pero al mismo tiempo reconociendo que depende de ella para subsistir, pues sin ella el ego desaparecería por completo. El ser individual que el ego ha fabricado —el cuerpo— no es más que un reflejo de la luz de la mente, y sin la mente ni siquiera podría aparentar ser. De manera que la situación en que el ego se ha puesto a sí mismo es muy estresante: está constantemente alejándose de la Vida, pero procurando que el alejamiento no sea tanto como para desaparecer por completo. ¿Cómo no iba a ser estresante vivir continuamente entre la espada y la pared?

El ego no puede oír al Espíritu Santo, pero cree que parte de la mente que lo hizo está en su contra. Interpreta esto como una justificación para atacar a su hacedor. Cree que la mejor defensa es el ataque, y quiere que creas eso también. A no ser que lo creyeses no te podrías poner de su parte, y el ego tiene gran necesidad de aliados, aunque no de hermanos. Al percibir en tu mente algo ajeno a sí mismo, el ego hace del cuerpo su aliado porque el cuerpo no forma parte de ti. Esto hace del cuerpo el amigo del ego. Ésta es una alianza claramente basada en la separación. Si te pones de parte de esta alianza no podrás sino sentir miedo porque te estarás poniendo de parte de una alianza basada en el miedo. (T.6.IV.4)

Por lo tanto, dejemos de apoyar esta alianza de nuestra conciencia con el ego y el cuerpo. Pues el objetivo de esta alianza es mantenernos en el miedo, es decir, ser desagradecidos a la Vida que nos ama y nos creó, y en vez de responder con amor reaccionar con el miedo del ego, mordiendo la mano de la Vida que nos da de comer (nos da su propia Vida). En resumen: No morder la mano que nos da de comer significa simplemente que elijamos el perdón en lugar de la culpa/ego/separación.

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No sólo de pan vive el hombre.

Este refrán "recuerda que el ser humano tiene más necesidades, además de las meramente alimenticias" (CVC). Y efectivamente: la única verdadera necesidad que tenemos es la de perdonar. Pues el perdón nos conduce a despertar en la Vida eterna, mientras que el mundo que el ego nos ofrece no es vida: es sólo una apariencia de vida.

No tires piedras sobre tu tejado.

Cuando nos negamos a perdonar estamos tirando piedras sobre nuestro propio tejado, es decir, estamos negando nuestra propia felicidad.

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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miércoles, 2 de agosto de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XXIII)

Muchos son los llamados y pocos los elegidos.

Proviene de un dicho bíblico: 

Porque muchos son los llamados, y pocos los elegidos. (Mt 22:14)

Un Curso de Milagros lo corrige así:

Todos son llamados, pero son pocos los que eligen escuchar.

Y en el propio Curso se explica:

No puedo elegir por ti, pero puedo ayudarte a que elijas correctamente. "Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos" (Mt 22:14) debería rezar: "Todos son llamados, pero son pocos los que eligen escuchar". Por lo tanto, no eligen correctamente. Los "elegidos" son sencillamente los que eligen correctamente más pronto. Las mentes sanas pueden hacer esto ahora, y al hacerlo hallarán descanso para sus almas. (T.3.IV.7.11-15)

Es decir, que la verdad nos invita a todos sin excepción a que la reconozcamos, pero son pocos los que eligen escuchar esta llamada/invitación.

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Muerto el perro, se acabó la rabia.

O las variantes:

Muerto el perro, se acabaron las pulgas.

Perro muerto no muerde.

Significa que cuando desaparece la causa o la base, desaparecen también sus efectos. En nuestro contexto sería así: cuando desaparece el ego (mediante el perdón), desaparecen todos los problemas y sufrimientos. Ego muerto no muerde.

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Mundo redondo, quien no sabe nadar, vase al fondo.

Basta con cambiar una palabra para darle un significado ucedemiano:

Mundo redondo, quien no sabe perdonar, cae al fondo.

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Nada nuevo bajo el sol.

Significa que en este mundo no hay auténticas novedades. No hay auténtica creatividad, ni auténticos progresos, ni tragedias que sean realmente novedosas. Todo es un refrito de lo mismo de siempre. Los acontecimientos se repiten cíclicamente variando únicamente sus formas, pero no su esencia: un mundo de separación que nos lleva siempre de un conflicto a otro, de las ilusiones a las decepciones, de arriba hacia abajo y de nuevo arriba y abajo en la noria de la vida, con una constante alternancia entre placeres y dolores, falsas esperanzas que acaban siempre decepcionadas, y finalmente el postre estrella de la muerte, como la corona final en cada partida de este juego de líos que es el mundo del ego. ¿Quién no querría despertar de este sueño de locos, dejando la noria de los conflictos y volviendo a la Realidad, donde se encuentra la verdadera Vida?

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Nadie da lo que no tiene.

Por sus frutos los conoceréis. Cada causa produce efectos similares a sí misma. El ego solamente puede dar lo que es: separación y conflicto. El amor solamente puede dar lo que es: amabilidad, unión, felicidad, inocencia.

Por los efectos que surgen podemos saber a quién estamos eligiendo en nuestra mente inconsciente: al Espíritu Santo o al ego. Si estamos dando paz, perdón e inocencia, estamos viniendo desde la mente de la paz (eligiendo al Espíritu Santo), mientras que si damos conflicto y condenación, estamos viniendo desde el ego.

Ya hemos comentado esto con un poco más de detalle (y citas) en el capítulo IX, comentando refranes como: "De tal palo, tal astilla", "De tal cepa, tal vino", etc.

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Nadie es perfecto.

En este mundo nadie ni nada es perfecto, pues lo único perfecto es Dios, que no tiene nada que ver con el mundo. Reconocer esto puede ayudarnos a no condenar con ira las torpezas (nuestras o de los demás) y a no sentirnos superiores o inferiores a nivel esencial, pues aquí todos tenemos la mente dividida entre la mentalidad errada (ego) y la mentalidad recta, y todos compartimos por igual la necesidad de despertar de este sueño de separación y sufrimiento.

En definitiva, no es conveniente que seamos obsesivamente exigentes con nadie porque aquí nadie es infalible. Ni siquiera los iluminados son infalibles: un iluminado puede, por ejemplo, cometer faltas de ortografía al escribir.

Lo mejor es enemigo de lo bueno.

En este mundo no hay nada perfecto. Buscar una relación perfecta a nivel de las formas, un objeto que nos dé perfecta felicidad, es siempre apego, es decir, especialismo. La perfección no se encuentra en el mundo, porque sólo Dios es perfecto y Dios está más allá del ilusorio mundo. Por lo tanto, este refrán nos avisa de los peligros de ser demasiado perfeccionistas a nivel del mundo. Como acabo de decir al comentar el refrán anterior, ni siquiera los iluminados son perfectos a nivel del mundo, pues este es un mundo de errores y distorsiones. Pero el ego nunca se conforma, ni siquiera con lo bueno. Cuando tenemos una buena relación a nivel del mundo, el ego busca una todavía mejor, "la relación perfecta", que solo existe en su imaginación. Y entonces el ego nos lanza a la búsqueda, dispuesto a sustituir a la persona especial que ahora es nuestro socio o pareja, por otra "mejor". El ego siempre quiere más. Pero el sabio sabe que en este mundo la mejor relación es simplemente la relación en la que practicamos el perdón. Y para ello cualquier relación es buena. Con esto desaparece nuestra actitud de exigencia y de especialismo. Aceptamos a nuestro hermano tal como es, y tenemos la paciencia de practicar el perdón hasta que despertemos del sueño del mundo. Y entonces sí: a nivel del Cielo, en nuestro Ser de Unidad, todo es bueno y todo es lo mejor, aunado como Uno.

A nivel de la tierra podemos tener preferencias, eso no es problema. Pero el sabio sabe que su preferencia es solamente eso, una preferencia, y no un valor en sí mismo ni tampoco es una cosa mejor que cualquier otra preferencia.

Nadie está contento con su suerte.

A veces pensamos que al vecino le va mejor y envidiamos su situación, sin saber que en ocasiones ese mismo vecino también se siente descontento con su situación, tal vez incluso él nos envidia a nosotros por la nuestra. Por ejemplo, si estoy casado y me siento descontento de mi vida, tal vez envidie a los solteros y su libertad. Pero si soy soltero y me siento solo, tal vez entonces envidie a los casados y su vida familiar. En definitiva, el ego nos conduce a la insatisfacción; y cuando nos sentimos insatisfechos, imaginamos que si las cosas fueran de otra forma estaríamos mejor. Sin embargo, el Espíritu Santo nos recuerda que no es la forma de nuestra vida lo que debemos cambiar, sino su contenido: cuando dejemos de creer y de practicar el sistema de pensamiento del ego, encontraremos la satisfacción y la paz, sean cuales sean nuestras circunstancias externas.

Nadie nace enseñado.

Debemos tener humildad y receptividad para aprender. El despertar del sueño de la dualidad no ocurre por arte de magia. Ocurre mediante nuestra práctica repetida con algún método para volver nuestra mente hacia dentro, como por ejemplo el proceso del perdón que enseña UCDM. Nadie nace con el perdón ya completamente enseñado. El perdón se aprende con años de estudio y práctica. A andar se aprende andando. A nadar se aprende nadando. A montar en bicicleta se aprende practicando con la bici. Y a perdonar se aprende practicando el perdón.

Como escribió Gary Renard, uno no nace sabiendo tocar un instrumento musical, por ejemplo la guitarra. Uno puede tener aptitudes para ello, pero la maestría se alcanza con mucha constancia en la práctica. Y lo mismo sucede con el perdón.

Nadie se meta donde no le llamen.

Ya hemos visto esta idea reflejada en varios de los capítulos anteriores. Tenemos la tendencia a meter nuestra nariz en los asuntos de los demás para arreglar sus problemas, sin antes haber arreglado los nuestros. Simplemente recordemos dos citas que ya hemos mencionado en más de una ocasión:

¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no miras la viga que está en tu propio ojo?  (Mt 7:3)

La única responsabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expiación para sí mismo. (T.2.V.5.1)

Y otro refrán relacionado con el mismo tema (estas dos citas son aplicables también a él):

Ningún jorobado ve su joroba.

Significado: "Recrimina a quien critica los defectos de los demás cuando los suyos son iguales o, incluso, mayores" (CVC). Nuevamente: vemos antes la brizna en el ojo de otro que la viga en el nuestro. Esta actitud surge cuando nos dejamos llevar por el ego. 

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Lo que necesitas es amor.

Este lema daba título a un programa de televisión de hace años. Puesto que en este mundo lo que desvela el amor es el perdón, podríamos parafrasear la idea así: Lo que necesitas es practicar el perdón.

En cuanto a "lo que necesitas es amor", aquel programa de televisión se refería al amor especial, y concretamente a las relaciones de pareja. Así que más directo hubiera sido titularlo: "lo que necesitas es casarte"... E incluso esto podríamos darlo por cierto, en el sentido de que lo que todos necesitamos es divorciarnos del ego y casarnos con el Espíritu Santo.

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No es lo mismo ser que parecer.

El ego es un maestro de las apariencias, un experto para ocultar lo que es (sus verdaderas intenciones asesinas). Por ejemplo, para disimular su odio, a veces lo disfraza de amor (el amor especial); o para disimular su miedo, se disfraza de "valentía" y ataca sin piedad. Pero quien tenga una mirada aguda no se dejará engañar por las apariencias y se dará cuenta del propósito real que hay tras ellas. Pues una cosa son las formas (las apariencias) y otra su contenido (el propósito).

Veamos otro refrán con un significado parecido:

No es oro todo lo que reluce.

En definitiva, que no todo lo que parece bueno lo es realmente. Por ejemplo, el ego nos presenta el mundo como un tesoro, pero no es oro todo lo que reluce. O nos presenta el amor especial como lo que nos hará felices. Pero tarde o temprano acabamos decepcionados. Y el ego entonces intenta que fijemos otra meta mundana que sustituya a la anterior, o cuando no es posible debido a nuestro exceso de decepción, nos invita a la resignación, haciéndonos creer que la causa de nuestra miseria es el mundo, del cual somos víctimas. Pero el mundo no es la causa de nuestro dolor, ni tampoco de nuestra felicidad. La causa es siempre la decisión que estamos tomando en nuestra mente en favor de una de las dos opciones disponibles: el sistema de pensamiento del ego o el de la mentalidad recta.

No es tan fiero el león como lo pintan.

El ego asegura que no debemos mirar en nuestra mente porque ahí veremos que nuestro pecado contra Dios es tan descomunal que no podríamos soportarlo (una de las variantes de esta afirmación es que si miramos dentro, nuestra horrible culpabilidad hará que Dios nos persiga hasta dejarnos ciegos [T.21.IV.2.3] o matarnos). Identificados con el ego tememos esa supuesta culpabilidad interior, y por lo tanto la proyectamos en un mundo de formas donde podemos echar la culpa a otros seres, etc. Pero en la proyección el conflicto se perpetúa: simplemente se representa mediante formas, pero el sufrimiento sigue ahí. La única salida a esto es unirnos al Espíritu Santo y mirar con Él en nuestra mente. Para nuestra sorpresa, no veremos ni rastro de la culpabilidad que el ego nos había prometido, sino solamente la inocencia que en suave paz nos permite despertar del sueño de separación del ego.

Quien quiera repasar estas ideas más detalladamente en el Curso, puede leer la sección T.13.IX ("La nube de culpabilidad") y los tres primeros párrafos de la sección "El miedo a mirar adentro" (T.21.IV.1-3).

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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martes, 1 de agosto de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XXII)

Más vale saber que haber.

Es otra forma de decir que es preferible lo permanente que lo temporal. Otras formas de expresar esta idea:

Es preferible la ciencia que la riqueza.

Más vale ser que tener. (Más vale Ser con Dios que tener con el ego)

En el lenguaje del ego, "tener" y "ser" significan dos cosas distintas, si bien para el Espíritu Santo son exactamente lo mismo. El Espíritu Santo sabe que lo "tienes" todo y que lo "eres" todo. Cualquier distinción al respecto es significativa solamente cuando la idea de "obtener", que implica carencia, ha sido previamente aceptada. (T.4.III.9.4-6)

Obviamente, cuando decimos que "más vale ser que tener", ese "tener" se refiere al tener del ego, que es un tener basado en la dualidad (un sujeto que tiene, y un objeto que es tenido), que es llamado por el Curso a veces "obtener" (implicando así cierto grado de violencia que demuestra que es algo perteneciente al ámbito del ego).

Si quieres recordar la eternidad, debes contemplar sólo lo eterno. (T.10.V.14.5)

Por lo tanto, debemos funcionar en el ser, en vez de en el tener o el hacer. Y esto, llevado a su sentido último, pone fin a todos los problemas.

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Más vale ser cabeza de ratón que cola de león.

Es un lema del ego, quien siempre quiere el poder para sí; quiere ser el líder, destacar. Detesta que haya otra autoridad por encima de él. Por eso, el ego prefiere ser el amo del mundo, antes que ser un niño en Dios. Hay un refrán que dice lo contrario a éste, y que ya vimos justo al final del capitulo XX de esta serie. Es el refrán que dice: "Los últimos serán los primeros". Es decir, que más vale servir que mandar (más vale la humildad que la arrogancia). O, en definitiva... más vale ser cola de león que cabeza de ratón...

Más vale un hoy que diez mañanas.

La verdad y la libertad se encuentran en el presente, no en el mañana. Más vale centrarnos en el ahora, que distraernos en cientos de pasados y futuros inexistentes. En el instante presente se halla todo cuanto se pueda desear. Toda plenitud reside en el presente.

A menos que aprendas que todo el dolor que sufriste en el pasado es una ilusión, estarás optando por un futuro de ilusiones y echando a perder las múltiples oportunidades que el presente te ofrece para liberarte. (T.13.IV.6.5)

El Espíritu Santo quiere desvanecer todo esto ahora. No es el presente lo que da miedo, sino el pasado y el futuro, mas éstos no existen. El miedo no tiene cabida en el presente cuando cada instante se alza nítido y separado del pasado, sin que la sombra de éste se extienda hasta el futuro. Cada instante es un nacimiento inmaculado y puro en el que el Hijo de Dios emerge del pasado al presente. Y el presente se extiende eternamente. Es tan bello, puro e inocente, que en él sólo hay felicidad. En el presente no se recuerda la obscuridad, y lo único que existe es la inmortalidad y la dicha. (T.15.I.8)

Ello hace que la mente retorne al eterno presente, donde el pasado y el futuro son inconcebibles. (L.169.6.3)

En cierto sentido, el pasado son resentimientos, el futuro son miedos, y el presente es o bien culpa (el presente del ego) o bien perdón (el presente de la mentalidad recta). Si ahondamos en el presente benigno de la mentalidad recta, entramos en la modalidad del perdón:

Pues el presente es perdón. (T.17.III.8.2)

Pero ahondando en ese presente, insistiendo en la práctica del perdón, llegamos al eterno presente que está más allá de todo lo que podamos decir:

No podemos hablar, escribir, ni pensar en esto en absoluto. Pues aflorará en toda mente cuando el reconocimiento de que su voluntad es la de Dios se haya dado y recibido por completo. Ello hace que la mente retorne al eterno presente, donde el pasado y el futuro son inconcebibles. El eterno presente yace más allá de la salvación; más allá de todo pensamiento de tiempo, del perdón y de la santa faz de Cristo. El Hijo de Dios simplemente ha desaparecido en su Padre, tal como su Padre ha desaparecido en él. El mundo jamás ha tenido lugar. La eternidad permanece como un estado constante. (L.169.6)

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Médico, cúrate a ti mismo.

Muchas veces insistimos en corregir a los demás sin habernos antes corregido a nosotros mismos. Pero sería conveniente que antes de meter nuestras narices en los asuntos de los demás nos ocupáramos de nosotros mismos. Tratar de sanar o corregir a otros sin haber sanado antes uno mismo es el tema que el Curso llama "el sanador no sanado" (T.9.V). Si cuando nos relacionamos con los demás aceptamos humildemente que todavía no hemos sanado completamente, recurriremos a la ayuda del Espíritu Santo en vez de a la arrogancia del ego. De lo contrario, creeremos que somos especiales y diferentes del prójimo, por lo que estaremos cayendo en nuestra mentalidad errada.

El sanador que no ha sanado desea la gratitud de sus hermanos, pero él no les está agradecido. (T.7.V.7.1)

No les está agradecido porque se siente especial (superior).

Insistir en que podemos corregir a los demás sin haber salido antes nosotros mismos de nuestra mentalidad errada es la actitud contra la que avisa esta cita bíblica que ya vimos anteriormente en esta serie:

¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no miras la viga que está en tu propio ojo? ¿Cómo dirás a tu hermano: «Déjame sacar la paja de tu ojo», cuando tienes una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. (Mt 7:3-5) (la misma idea aparece también en Lc 6:41)

Por eso el Curso nos anima a que primero de todo nos centremos en corregirnos a nosotros mismos:

La única responsabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expiación para sí mismo. (T.2.V.5.1)

La única responsabilidad del maestro de Dios es aceptar la Expiación para sí mismo. (M.18.4.5)

Esto no quiere decir que no podamos ser de ayuda a los demás hasta que no finalicemos nuestro proceso (pues esto suele ir para largo). A fin de cuentas, un "terapeuta" o "maestro de Dios" completamente libre de ego es algo muy raro. Como dice el Curso en el Anexo Psicoterapia:

Un terapeuta completamente desprovisto de ego podría curar al mundo sin una sola palabra, simplemente por el hecho de estar ahí. Nadie necesitaría verlo ni hablar con él, o ni siquiera saber de su existencia. Su simple presencia es suficiente para curar. (P.2.III.3.7-9)

Pero:

En cierto sentido, el psicoterapeuta sin ego ((el Maestro de maestros; el iluminado)) es una abstracción que se encuentra al final del proceso de curación; demasiado avanzado para creer en la enfermedad y demasiado cerca de Dios para mantener los pies sobre la tierra. (P.2.III.4.4)

Es decir, que no es práctico esperar a estar en ese nivel, pues son muy pocos los que han deshecho completamente al ego. Sin embargo, el Curso nos invita a ayudar a nuestros hermanos aunque no hayamos finalizado nuestro propio proceso. Para ello, simplemente se nos pide que prestemos atención a estar en nuestra mentalidad recta a la hora de ayudar, o de lo contrario estaremos obrando desde el ego (mentalidad errada) y en vez de una ayuda puede convertirse en un estorbo. Cuando nuestra actitud es la de ayudar humildemente desde la mentalidad recta, no nos consideramos especiales ni diferentes de los demás: reconocemos que nosotros también nos estamos sanando y que por lo tanto todos nos ayudamos a todos: todos somos alumnos y maestros. Y cuando enseñamos algo, lo hacemos principalmente mediante el ejemplo: si me mantengo en paz, estoy enseñando que la paz es posible. Las palabras no son imprescindibles en el proceso de enseñanza/curación.

Por lo tanto, podemos ser útiles para nosotros mismos y los demás si estamos alerta ante este tipo de cosas.

El sanador que confía en su propio estado de preparación pone en peligro su entendimiento. Estás perfectamente a salvo siempre que no te preocupes en absoluto por tu estado de preparación, pero mantengas firme confianza en el mío ((el de Jesús o el Espíritu Santo)). (T.2.V.4.1-2)

Por lo tanto, al elegir la mentalidad recta nos curamos a nosotros mismos al mismo tiempo que somos de ayuda para la curación de los demás. Esto ilustra una vez más el principio de los intereses compartidos y que todos somos esencialmente iguales. Así es como el médico o terapeuta (o el maestro de Dios) se cura a sí mismo, siendo al mismo tiempo útil para el proceso de curación de los demás.

No te desesperes, pues, por causa de tus limitaciones. Tu función es escapar de ellas, no que no las tengas. (M.26.4.1)

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Mente sana en cuerpo sano.

La mente es la causa, y el cuerpo simplemente el efecto. El cuerpo no hace nada. Es irreal. La mente dividida también es irreal (lo único real es la Mente de Dios), pero una vez que hemos aceptado las ilusiones es en la mente donde debemos centrarnos, porque es la causa del problema: la mente decidió creer en lo imposible (el error de la separación), y el cuerpo simplemente refleja lo que dicta la mente, como una marioneta sigue las pautas que le comunica el titiritero que la dirige.

Aunque desde el punto de vista del Curso la curación es para la mente, no por ello debemos maltratar al cuerpo ni tratarlo con obsesivo rigor. Eso sería otorgarle realidad al cuerpo. La actitud que recomienda el Curso hacia el cuerpo es una actitud amable: no nos apegaremos a él (es decir, no creeremos que nuestra felicidad depende de él), pero lo cuidaremos para que esté en unas condiciones aceptables. A fin de cuentas, el cuerpo es la herramienta con la que nos desenvolvemos en este mundo de formas. El cuerpo, en el fondo, no es físico sino que es mental, aunque como hemos proyectado una parte de nuestra mente para que parezca externa (el cuerpo, el mundo), lo consideramos no-mental.

La actitud correcta, por lo tanto, no consiste en negar el cuerpo, pues forma parte de nuestra experiencia. Negamos que sea real y por ello procuraremos no apegarnos a él, pero puesto que de momento forma parte de nuestra experiencia, seremos bondadosos con él. Le daremos comida y los cuidados que necesite: medicinas, ir al médico, agua, aire, ejercicio, tiempo de descanso, o lo que sea que necesite. Si vamos descalzos y en nuestro camino hay cristales rotos, no obligaremos al cuerpo a pasar descalzo por ahí. Se trata de simples cuidados de sentido común, que reflejen bondad, sin por ello caer en la hipnosis de que el cuerpo es real (será "real" en nuestra experiencia mientras sigamos soñando con él, así que es conveniente que seamos amorosos con respecto a él).

El cuerpo es sencillamente parte de tu experiencia en el mundo físico. Se puede exagerar el valor de sus capacidades y con frecuencia se hace. Sin embargo, es casi imposible negar su existencia en este mundo. Los que lo hacen se dedican a una forma de negación particularmente inútil. (T.2.IV.3.8-11)

Por lo tanto, mente sana en cuerpo sano. Y si detectamos cualquier problema en relación a cualquiera de ellos, la solución es siempre el perdón (sanar la mente; volver a la mentalidad recta). Si notamos que nuestra mente está en desequilibrio (ausencia de paz), tenemos la oportunidad de perdonar. Y si notamos que el cuerpo está en desequilibrio, igualmente tenemos la oportunidad de perdonar, reconociendo que el cuerpo es simplemente un reflejo de lo que estamos eligiendo a nivel mental. Así, podemos utilizar el cuerpo como un sensor que nos avise de nuestros errores en la mente inconsciente, para así corregirlos mediante el perdón. Esto no impide que, al mismo tiempo, usemos los complementos a nivel de la forma que sintamos que son oportunos, como poner una tirita en la parte afectada o ir al médico.

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Mucho ruido y pocas nueces.

Eso es el ego, el mundo, el cuerpo: mucho ruido y pocas nueces. Mucha parafernalia pero nada de sustancia. Creemos que tiene valor en sí, pero el único valor que podemos darle es el de utilizarlo para despertar de él.

Puesto que las ilusiones no son más que ruido sin nada de valor detrás... puesto que son una armadura vacía sin nada de valor dentro... sabiendo esto, no hagamos una montaña de un granito de arena. No nos tomemos a pecho nada de ello: al ego; al mundo; al cuerpo, etc. No pueden dañarnos. Estamos soñando y simplemente necesitamos perdonar y despertar para así volver a reconocer nuestra inmutable felicidad.

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Muchos cocineros estropean el caldo.

Significado: "No conviene que intervengan muchas personas en un asunto, porque puede provocar desorden o desconcierto, al haber pareceres diversos" (CVC).

Para nuestros propósitos, esto significa que no tratemos de combinar como guías al ego con el Espíritu Santo. En esto sí se trata de elegir a uno o el otro. Cada vez que no estemos atendiendo solamente al Espíritu Santo, estaremos influidos en alguna medida por el ego y se estropeará el caldo de nuestra paz.

Algunas citas del Curso son muy instructivas sobre este tema y ya las hemos incluido en el capítulo XIV, comentando el refrán de "Encender una vela a Dios y otra al diablo".

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Muchos pocos hacen un mucho.

Los pequeños pasos del perdón nos conducen dulcemente a la mayor grandeza existente: reconocer nuestro infinito Ser inmortal.

No menospreciemos, pues, dar estos pequeños pasos del perdón. Pasito a pasito se deshace el ego. Un pequeño pasito de perdón es un gran paso para reconocer la Divinidad.

Citemos, para acabar, un refrán sinónimo del anterior:

De pequeños principios resultan grandes fines.

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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lunes, 31 de julio de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XXI)

Mañana será otro día.

Es un mensaje de esperanza: nunca hay que desesperarse ante los problemas, pues este mundo es cambiante y aquí todo se pasa. Muchas veces somos nosotros mismos quienes alimentamos el problema al tratar de resolverlo por nuestra cuenta (como egos). Si simplemente dejamos de querer controlarlo obsesivamente todo, los problemas pasan y la inspiración llega. Entonces recordaremos cuál es nuestro único problema (la creencia en la individualidad/separación) y que en realidad ya se ha resuelto: simplemente tenemos que aceptar esto mediante el perdón.

Las situaciones se transforman. Mañana será otro día. Pero si queremos estar libres de problemas para siempre en vez de simplemente transformar un problema en otro, tendremos que aprender a practicar el perdón, que nos saca de este juego basado en alternar entre continuos problemas.

Ya hemos comentado sobre el tiempo en otras partes de esta serie, por ejemplo en el capítulo anterior, al comentar el refrán de que "Los tiempos cambian".

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Manos duchas comen truchas. 

Alude a las ventajas de ser hábil. Y puesto que habilidad más útil es la de perdonar, podemos parafrasear así este refrán:

Corazón que perdona, siente que la paz aflora.

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Manos frías, corazón caliente.

Lo que importa no es lo externo, sino lo interior. No la forma, sino el contenido. Alguien puede parecer ser frío o distante a nivel del comportamiento ("manos frías") y sin embargo sentir un gran amor por los demás en su corazón.

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Más daño hacen amigos necios que enemigos descubiertos.

Los enemigos declarados, al no esconderse podemos afrontarlos como veamos oportuno, pues somos conscientes de su presencia. Pero un amigo necio es un enemigo oculto, disfrazado en forma de amigo. Y por "amigo necio" nos referimos, por supuesto, al ego. Mientras pensemos que el ego es nuestro amigo y sigamos su sistema de creencias, estaremos indefensos porque experimentaremos multitud de problemas pero no comprenderemos de dónde vienen, pues nuestro "enemigo" está escondido y creemos que es nuestro amigo. El ego nos distrae con los problemas aparentes del mundo —que son ilusorios e irrelevantes— para que no prestemos atención a nuestro verdadero enemigo (el ego) y en vez de eso nos unamos con él —creyéndolo amigo— para combatir contra los otros supuestos enemigos del mundo. Pero cuando nos damos cuenta de que el ego no es nuestro amigo (de hecho es nuestro único "enemigo"), nos volvemos conscientes del verdadero problema y por fin podemos ponerle solución. La solución es el perdón (dejar de creernos cuerpos separados, dejar de creer en el sistema de pensamiento de la separación).

Más quiero libertad con pobreza que riqueza con esclavitud.

Más vale ser libres aunque tengamos pocos medios materiales, que disponer de muchos medios materiales pero carecer de libertad. Pero la riqueza o pobreza materiales no importan; no son algo bueno ni malo. De lo que conviene ser pobres es de ego. Porque el ego es esclavitud. Cuanto más pobres seamos de ego, menos esclavos seremos.

La verdadera riqueza es estar libre de ego, porque solo entonces podemos reconocer la verdad de nuestro Ser, que es la única e infinita Riqueza.

Más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Con el tiempo, atención y paciencia todos tenemos muchas oportunidades de aprender de nuestras experiencias. Quien aprende de sus experiencias es en cierto sentido un "viejo que se vuelve sabio". Tarde o temprano todos debemos aprender, por propia experiencia, que este mundo de dualidad no nos da felicidad, por lo que debe haber algún otro camino. Y hallaremos ese camino, que es el perdón, es decir, volver la mente hacia dentro para despertar del sueño de la dualidad. Los despiertos son los verdaderos sabios que ya han "hecho sus deberes" del perdón.

Más se ha de estimar un diente que un diamante.

Este refrán aparece en el Quijote. Significa que tienen más valor las cosas básicas que las cosas accesorias. Cuando Don Quijote, apaleado, se vio dolorido y con varios dientes partidos y rotos, se dio cuenta de que más le gustaría tener de nuevo sus dientes sanos que cualquier otro regalo, incluso un diamante.

Lo más básico que todos tenemos es nuestro propio Ser. Todo lo demás es accesorio. Más se ha de estimar el Ser, que el ego (el cual ni siquiera es un diamante, sino una piedra común y sin valor). Cuando queramos nuestro Ser por encima de todo, las ilusorias baratijas del ego desaparecerán y reconoceremos lo verdaderamente valioso. Cuando uno suelta el mundo y el cuerpo —las ilusiones— y renuncia a los resentimientos, el Ser aparece. La Vida, que siempre estuvo ahí, se revela.

Más vale quien Dios ayuda que quien mucho madruga.

Sale mejor parado quien acepta la ayuda de Dios —del Espíritu Santo— que quien trata de resolver las cosas por su cuenta, confiando en su propia pericia personal. Porque el primero está receptivo a recibir ayuda desde más allá de su limitada individualidad, mientras que el segundo es arrogante en el sentido de creer que podrá resolver sus problemas exclusivamente desde el ego.

En otras palabras: más vale quien es humilde y acepta aprender a volver la mente hacia dentro, que quien sigue lidiando orgullosamente entre las proyecciones del mundo.

Más vale estar solo que mal acompañado.

Especialmente si nos referimos a la compañía del ego. Pero en realidad nunca podemos estar del todo solos en este mundo: estamos siempre con uno de los dos compañeros posibles: el ego o el Espíritu Santo. Y en cada instante de nuestras vidas estamos eligiendo al uno o al otro. ¿A cuál estoy eligiendo ahora mismo? Puedo saberlo así: si estoy en paz y amabilidad, estoy con el Espíritu Santo. De lo contrario estoy con el ego y más me valdría estar a solas.

En cuanto dejamos al ego a un lado, el Espíritu Santo nos sonríe y nos hace saber que no estamos solos sino que ahora —conscientes de Él— estamos muy bien acompañados.

Más vale maña que fuerza.

Se refiere a que en muchas ocasiones es más útil la habilidad que la fuerza bruta.

Para nuestros propósitos, puesto que la habilidad más útil que hay en este mundo es la de despertar de él, podríamos expresar el refrán así: Más vale el perdón que la lucha y la imposición. Porque más vale la suave habilidad con que el perdón hace desaparecer los problemas, que la fuerza bruta del ego tratando de imponer sus crueles soluciones guerreras basadas en "o tú o yo".

Más vale pedir que robar.

El quid de la cuestión es que en este mundo todo lo que no sea amar o practicar el perdón es robar. Y somos cada uno quienes nos robamos a nosotros mismos nuestra propia paz. Así que podríamos expresar la idea así: Más vale perdonar que perder nuestra paz. Porque el perdón es la oración más elevada para quienes creemos estar en este mundo.

La oración es una forma de pedir algo. Es el vehículo de los milagros. Mas la única oración que tiene sentido es la del perdón porque los que han sido perdonados lo tienen todo. Una vez que se ha aceptado el perdón, la oración, en su sentido usual, deja de tener sentido. La oración del perdón no es más que una petición para que puedas reconocer lo que ya posees. (T.3.V.6.1-5)

Más vale poco y bueno que mucho y malo.

La calidad es preferible a la cantidad. Más vale prestar atención a la calidad de algo (el contenido) que a la cantidad de ese algo (lo que abulta a nivel de la forma). Más vale un solo instante unido a Dios que mil años devaneando junto al ego. Porque mil años de ego son mil años de conflicto y sufrimientos, mientras que en ese único instante de unión con Dios está contenida la infinita eternidad.

También: Más vale un instante de perdón que cien años de lamentación.

Más vale preguntar viejo, que morir necio.

El aprendizaje no tiene edad; lo que requiere es la humildad de estar dispuesto a aprender. Lo más útil que podemos aprender en este mundo es a volver la mente hacia dentro (perdonar; despertar). Y no importa la edad en que uno empiece a aprender esto. Podríamos, pues, expresar esta idea así: Más vale empezar a perdonar en la vejez, que morir en la estupidez. Porque si morimos sin haber perdonado, cargados con la culpa y el resto de creencias ilusorias del ego, nuestro apego al conflicto nos impulsará a seguir soñando nuevas vidas de sufrimientos y de problemas. Y así una y otra vez, hasta que finalmente en una de ellas nos dignemos a perdonar y así despertar del sueño del mundo.

No importa si empiezas a perdonar de niño o de viejo; simplemente perdona y dejarás de ser preso.

Más vale prevenir que curar.

Y como siempre con nuestro sistema de pensamiento del Curso, la mejor manera de prevenir los problemas es el perdón. Que sirve también para curar los problemas cuando ya se han presentado.

Si practicamos el perdón asiduamente, muchos problemas ni siquiera llegarán a presentarse, al haber perdonado la culpa inconsciente que los generaba. Otros problemas sí aparecerán (pues durante la mayor parte del proceso de despertar nuestro perdón no es completo), pero una vez nos percatemos de ellos podremos aplicarles también la receta del perdón. Así mantendremos la paz, y el problema desaparecerá o dejará de importar.

Más vale perdonar (prevenir, o la verdadera curación) que lamentarse por los sufrimientos y tener que recurrir a la ineficaz magia del ego. (Nota: la magia del ego a veces sí parece eficaz, pero esto es una apariencia, pues cambia los efectos pero deja intacta la causa que los origina, por lo que deja sin resolver el problema de nuestra falta de plenitud, y por lo tanto es un "remedio" que en el fondo es ineficaz).

Más vale que sobre que no que falte.

Más vale la abundancia que la escasez. Creer en el sistema de pensamiento del ego implica siempre escasez. El ego es incapaz de gozar de la verdadera abundancia, pues la abundancia solo se encuentra en la verdad, que es unión y no separación.

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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domingo, 30 de julio de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XX)

Los amigos de mis amigos son mis amigos.

Nuestro verdadero Amigo es el Espíritu Santo. Haremos bien en aceptar la amistad de los amigos del Espíritu Santo, pues son también nuestros amigos y solo quieren amarnos, y ayudarnos a despertar para que seamos completamente felices. Estos amigos son: Jesús (o cualquier iluminado, o la esencia de cualquiera de nuestros hermanos), el perdón, el milagro, la inocencia, la paz, la amabilidad, el aprecio, la confianza, la bondad, el amor, la unión, etc.

Más específicamente, no deberíamos negar nuestro amor ni a uno solo de nuestros hermanos, pues todos ellos forman parte indispensable de nuestra bienaventuranza, al formar parte de nuestro propio Ser. 

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No dejes que los árboles te impidan ver el bosque.

Cuando prestamos demasiada atención a los detalles concretos perdemos de vista la visión más amplia, la perspectiva global. El ego tiende a lo concreto (porque busca la separación y lo concreto está limitado/separado de lo demás) y rehúye lo abstracto. El mundo de las formas, generado por el ego, es el lugar de las cosas concretas. Cada forma es concreta, limitada, separada de las demás. En cambio, el Cielo o conocimiento no-dual es abstracto, pues al no haber separación/límites no se puede definir. El cuerpo es concreto; Dios, abstracto. Al identificarnos con el sistema de pensamiento del ego (la creencia en la separación y sus ramificaciones), creemos ser un cuerpo y al percibirnos como cuerpos perdemos de vista a Dios (nuestro verdadero Ser), que es abstracto. El cuerpo es el árbol que nos impide ver el bosque que es Dios. El mundo es el árbol que nos impide ver a Dios (ser Dios; ser Lo que somos).

Si nos acercamos demasiado, un solo árbol puede taparnos todo lo demás (ocultando tanto la verdad como el resto de las ilusiones), al igual que un dedo cerca del ojo puede tapar la luna. Del mismo modo, si nos aferramos demasiado al cuerpo (o al mundo: los resentimientos, etc) prestándole demasiada atención, estaremos permitiendo que lo concreto (la forma) nos impida ver lo abstracto. Aquí, "ver" significa comprender, experimentar, incluso ser (conscientemente).

Veamos algunas citas del Curso en relación a esto:

Nada es tan cegador como la percepción de la forma. (T.22.III.6.7)

El pensamiento abstracto es pertinente al conocimiento porque el conocimiento es algo completamente impersonal, y para entenderlo no se necesita ningún ejemplo. La percepción, por otra parte, es siempre específica y, por lo tanto, concreta. (T.4.II.1.4-5)

La condición natural de la mente es una de abstracción total ((en la que todo es uno, sin diferencias, distinciones ni excepciones)). (...) Un hermano es todos los hermanos. Y en cada mente se encuentran todas las mentes, pues todas las mentes son una. (...) La mente que se enseñó a sí misma a pensar de manera concreta ya no puede aprehender la abstracción en el sentido del abarcamiento total que ésta representa. (...) Los cuerpos no son sino símbolos de una forma específica de miedo. El miedo desprovisto de símbolos no suscita respuesta alguna, pues los símbolos pueden representar lo que no tiene sentido. El amor, al ser verdad, no tiene necesidad de símbolos. Pero el miedo, al ser falso, se aferra a lo concreto. (L.161.2.1; 4.1-2,7; 5.2-5)

Y en la sección del Texto "Creación y comunicación" (T.4.VII) se ofrecen algunas aclaraciones relevantes sobre este tema:

Las ilusiones del ego son muy concretas aunque la mente es naturalmente abstracta. Parte de la mente, no obstante, se vuelve concreta al dividirse. La parte concreta cree en el ego porque el ego depende de lo concreto. El ego es aquella parte de la mente ((la mentalidad errada)) que cree que lo que define tu existencia es la separación. (T.4.VII.1.2-5)

El espíritu está en completa y directa comunicación con todos los aspectos de la creación, debido a que está en completa y directa comunicación con su Creador. (...) Creación y comunicación son sinónimos. (...) Esta comunicación es perfectamente abstracta, ya que su aplicación es de una calidad universal y no está sujeta a ningún juicio, excepción o alteración. (T.4.VII.3.4,6,9)

Tanto la existencia como el estado de ser se basan en la comunicación. La existencia, sin embargo, es específica en cuanto a qué, cómo y con quién vale la pena entablar comunicación. El estado de ser carece por completo de estas distinciones. Es un estado en el que la mente está en comunicación con todo lo que es real. En la medida en que permitas que ese estado se vea coartado, en esa misma medida estarás limitando la idea que tienes acerca de tu propia realidad (...). (T.4.VII.4.1-5)

La Abstracción Divina se deleita compartiendo. Eso es lo que significa la creación. Las preguntas "¿qué?", "¿cómo?" y "¿con quién?" son irrelevantes toda vez que la verdadera creación lo da todo, ya que sólo puede crear a semejanza propia. Recuerda que la diferencia que hay entre tener y ser en la existencia, en el Reino no existe. En el estado de ser la mente siempre lo da todo. (T.4.VII.5.4-8)

Por lo tanto, si queremos ser felices y no perder de vista la plenitud de nuestro verdadero Ser, no dejemos que los árboles nos impidan ver el bosque. No nos apeguemos a lo concreto cegándonos a la infinitud abstracta de nuestro Ser. La manera de desapegarnos es practicar el perdón. El perdón no separa, sino que une. No ve diferencias concretas, sino que entiende nuestra universal igualdad. No ve las cualidades concretas que aparentemente nos diferencian y separan a unos de otros, sino que se centra en lo que todos tenemos en común: lo universal. Por ejemplo, nuestras formas difieren y el ego considera importantes esas diferencias, pero el perdón reconoce que las diferencias son ilusorias y no les da importancia, centrándose en lo universal que todos compartimos: todos aquí estamos dormidos, con un ego del que nos conviene despertar. En esto somos iguales. Y en el Cielo somos incluso más que iguales, pues en el Ser somos Uno.

No dejemos que lo plural (las ilusiones) nos vuelva ciegos a lo universal (el Ser/Unidad). A medida que practiquemos el perdón, los ilusorios árboles de lo concreto dejarán de taparnos el bosque de la verdad universal.

Los celos son malos consejeros.

Los celos, como la envidia y el resto de baratijas del ego, provienen de la creencia de estar separados e incompletos. Provienen de la sensación de carencia, que a su vez proviene de haber elegido creer en el sistema de pensamiento del ego. Estas baratijas refuerzan la sensación de carencia de la que provienen, y nos vuelven ciegos e incapaces de ver con sabiduría. Librarnos de estas baratijas, por lo tanto, nos devuelve la plenitud y la libertad que creíamos haber perdido.

Los extremos se tocan.

El ego cree en las diferencias, pero en lo básico no somos diferentes unos de otros, ni siquiera en casos considerados extremos por el ego. Por ejemplo, un fanático de la política "de derechas" puede parecer superficialmente muy diferente de un fanático de la política "de izquierdas", sin embargo ambos comparten las características de su común fanatismo: odio por los rivales, enfado ante las opiniones contrarias, incapacidad de ver los aciertos del lado opuesto, etc. Otro ejemplo: un policía puede parecer diferente de un ladrón, pero ambos, como todos nosotros, tienen un lado mental egoico y un lado mental pacífico, junto con la capacidad de elegir entre ambos lados. Un policía puede llegar a robar cuando está en su mentalidad errada, mientras que un ladrón puede comportarse con virtud cuando está en su mentalidad recta.

Otro ejemplo de que los extremos se tocan es lo fácilmente que pasamos del amor (el amor especial del mundo) al odio. Esto se debe a que en este mundo de opuestos, los aparentes opuestos (los extremos) son en realidad lo mismo. El amor especial no es más que una forma disimulada de odio. El amor de este mundo es odio disfrazado, por eso nuestros comportamientos y sentimientos son tan cambiantes, pues cambiamos constantemente de un disfraz a otro, aunque el contenido es siempre el mismo:

No hay amor en este mundo que esté exento de esta ambivalencia, y puesto que ningún ego ha experimentado amor sin ambivalencia, el amor es un concepto que está más allá de su entendimiento. (T.4.III.4.6)

Un ejemplo final: la diferencia entre el héroe y el cobarde es a veces inexistente, cuando ambos actúan desde el miedo. A veces, por miedo, uno reacciona huyendo y se le llama cobarde. Pero otro, debido al miedo, siente el impulso de atacar y se le llama valiente. Pero ambos son lo mismo: miedosos expresando su miedo de formas diferentes. Una vez más, los extremos u opuestos se tocan; porque ambos son ilusorios.

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Los niños y los locos dicen las verdades.

O sus variantes:

Del loco, del bobo y de la criatura se sabe todo.

Los niños, los borrachos y los locos no callan nada y lo largan todo.

Significa que aquellos incapaces de razonar o de disimular, muchas veces hablan más de lo debido, sin poder callarse o mentir de un modo creíble (las mentiras de un niño se descubren en menos que dura un guiño).

Pero a nosotros nos interesa otro matiz: cuando alguien descubre una verdad espiritual y la cuenta a otros, frecuentemente le menosprecian o se ríen de él, como si fuera un tonto, un niño, un loco o un borracho. Por eso, si uno afirma que el mundo es un sueño, o que la vida no tiene forma, o que el tiempo no existe, o que no somos cuerpos, es fácil que se le considere tonto o loco.

En este sentido, para el mundo resulta muy difícil distinguir al sabio del loco, pues ambos pueden llegar a decir "locuras", ideas increíbles.  En el mundo se confunde al genio con el borracho, al sabio con el niño o con el bobo, etc.

Visto así, podríamos recordar el dicho bíblico de "Dejad que los niños se acerquen a mí" y parafrasearlo con "Dejad que los sabios se acerquen a mí". Aunque el sentido de ese dicho bíblico no es exactamente ese, pues ahí la palabra "niño" no simboliza al sabio, sino más bien la inocencia y humildad, es decir, a aquellos que son receptivos y están dispuestos a aprender: "Dejad que los humildes y los inocentes se acerquen a mí". Porque ellos son sinceros y buscan y respetan la verdad.

Los reyes y los jueces no se casan con nadie.

Es decir, que quienes desempeñan cargos de poder deberían ser imparciales y no beneficiar a ninguna de las partes en litigio (pues eso sería ser parcial). Recordemos lo que hemos hablado más arriba sobre lo concreto y lo abstracto. El ego busca lo concreto y es parcial: ve intereses separados y prefiere a unos sobre otros, en interés propio. El Espíritu Santo reconoce lo universal (los intereses compartidos, y en última instancia la abstracción pura) y es imparcial: ama y bendice a todos por igual. En este sentido, no confiemos en el ego como líder o guía, pues el ego es un rey/juez cruel y parcial. Y un líder parcial perjudica a quienes le siguen, pues les conduce al sufrimiento y a la muerte. Confía, pues, en el Espíritu Santo, que es un guía bondadoso e imparcial que nos lleva hacia la Vida y que nos conduce a reconocer nuestra propia verdadera realeza.

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Los tiempos cambian.

El mundo de espacio/tiempo, de la dualidad, es cambiante: en él nada es seguro. La felicidad se troca en tragedia, la tristeza se troca en alegría, el placer se troca en dolor, y así sucesivamente en ciclos que se repiten indefinidamente. Unas veces estamos arriba en la noria de la vida, otras abajo. Pero siempre girando, alternando entre placeres y conflictos inacabables. La única escapatoria es despertar de este mundo/sueño irreal, lo cual podemos hacer mediante la práctica del perdón.

Aquí, en el mundo de la dualidad, todo pasa y es fugaz, alegrías y dolores por igual. Aquí nada es permanente. Si buscamos algo de verdadero valor, algo permanente, debemos buscarlo donde está: en la verdad, en lo eterno. Y el perdón es el medio que nos conduce a esta gozosa revelación. Todo lo demás no importa, pues ahora aparece y luego desaparece. Todo pasa, excepto la verdad. Y el perdón es el medio para eliminar los obstáculos que nos impiden reconocer la verdad.

Sobre el tiempo ya hemos comentado algunas ideas en esta serie, por ejemplo al final de la parte VI, en los comentarios a los refranes "El tiempo es oro", "El tiempo todo lo cura", "No hay mal que cien años dure", "No hay bien que dure ni mal que no se acabe".

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Los toros se ven mejor desde la barrera.

Explicación normal: "Resulta fácil juzgar algo desde un sitio donde no hay peligro alguno" (CVC).

Desde la tranquilidad y la seguridad todos somos valientes, pero cuando estamos en medio del peligro aparecen amenazas aparentemente urgentes de afrontar y perdemos el buen juicio y la tranquilidad. En definitiva, perdemos los papeles y es más fácil que caigamos en las redes del ego, reaccionando con miedo, crueldad, remordimientos, a la defensiva, etc.

El mundo del ego es un campo de batalla en el que, identificados con un cuerpo implicado con diversidad de problemas, luchamos por sobrevivir. Al sentirnos implicados en el campo de batalla no vemos las cosas con tranquilidad ni ecuanimidad, por lo que se cierra nuestro discernimiento y caemos fácilmente en el miedo y los líos resultantes de pensar y reaccionar como egos.

Ante este feo y desconcertante panorama, el Espíritu Santo nos da la solución: "Elévate por encima del campo de batalla y no serás afectado por las ilusiones, pues en ese elevado punto no podrán tocarte". Elevarse por encima del campo de batalla es desidentificarnos del cuerpo (el "héroe" del sueño) e identificarnos con el soñador, es decir, con la mente que está proyectando el sueño. El soñador, también llamado "Testigo" en otras tradiciones, o "Tomador de decisiones" por Kenneth Wapnick, es libre de cambiar su identificación con el sistema de pensamiento del ego, eligiendo en su lugar dar su lealtad al sistema de pensamiento de perdón del Espíritu Santo. Esto nos eleva del campo de batalla, nos despierta del sueño y nos conduce de vuelta a casa, a nuestro Ser.

Hay una metáfora que es la de ver el mundo como un teatro. Si nos identificamos con el personaje que encarnamos en la obra de teatro, sufrimos. Un paso en la dirección correcta es recordar que no es un mundo real, sino puro teatro, una escenificación (un sueño irreal, etc). Entonces pasamos de ser un personaje en la obra de teatro, a ser el actor. Esto es un paso ventajoso porque el personaje es quien parece estar en peligro; en cambio, el actor es alguien que ha recordado que la historia que está representando es una ficción. En consecuencia, sufre menos que el personaje. El siguiente paso es desidentificarnos del actor y pasar a vernos como el espectador. El espectador está aún más libre y tranquilo que el actor, porque el actor aún está en el escenario mientras que el espectador se sabe tranquilamente sentado en la butaca, observando la obra sin implicarse en ella. Simplemente la observa. Es el testigo de la obra de teatro. El soñador; el tomador de decisiones; la mente que se durmió y que puede elegir despertar. El paso final, que ocurre espontáneamente tras una continuada práctica espiritual (como por ejemplo el proceso del perdón), consiste en salir del teatro. Es decir, ahora nos desidentificamos del espectador y simplemente salimos del teatro. Y entonces ya no hay ilusiones que observar. Ya solo se reconoce la inmutable Verdad (lo Absoluto); y se entiende que el teatro nunca existió, ni tampoco el actor ni el espectador. Nunca hubo teatro, pues lo único siempre existente es Dios; el Ser Libre de ilusiones. La Plenitud ilimitada.

Pero en este refrán no se está haciendo hincapié en ese paso final, sino en el paso intermedio de convertirnos en el espectador, en el soñador, en la mente tomadora de decisiones: el Testigo. Esto es lo que significa "elevarse por encima del campo de batalla". O lo que es lo mismo, "ver los toros desde detrás de la barrera". Pues ahí estamos a salvo. Como cuerpos parecemos estar en peligro, pero como la mente que sueña (el espectador, el Testigo, etc) estamos completamente a salvo. Ahí no puede pillarnos el toro. Y entonces vemos las cosas de otra manera, desde otra perspectiva que nos permite estar en paz, elegir el sistema de pensamiento del Espíritu Santo y despertar.

Elevarnos por encima del campo de batalla (T.23.IV) es lo mismo mantenernos en el "centro tranquilo" de la paz (T.18.VII.7-8) y consiste básicamente en lo que hemos comentado: pasar del sueño al soñador, y desde ahí elegir la paz del perdón. Otra manera de decirlo es que consiste en soltar el pasado y el futuro y centrarnos únicamente en el presente puro (que no debe ser confundido con el presente temporal). En este oasis interior podemos sentirnos seguros, amados y en paz.

Algunas citas del Curso relacionadas con este tema:

Tu propósito ahora es pasar por alto el campo de batalla. (T.23.IV.4.7)

Elévate, y desde un punto más alto, contémplalo. Desde ahí tu perspectiva será muy diferente. Aquí, en medio de él ((del campo de batalla del mundo)), ciertamente parece real. Aquí has elegido ser parte de él. Aquí tu elección es asesinar. Mas desde lo alto eliges los milagros en vez del asesinato. Y la perspectiva que procede de esta elección te muestra que la batalla no es real y que es fácil escaparse de ella. (T.23.IV.5.1-7)

Cuando la tentación de atacar se presente para nublar tu mente y volverla asesina, recuerda que puedes ver la batalla desde más arriba. Incluso cuando se presenta en formas que no reconoces, conoces las señales: una punzada de dolor, un ápice de culpabilidad, pero sobre todo, la pérdida de la paz. Conoces esto muy bien. Cuando se presenten, no abandones tu lugar en lo alto, sino elige inmediatamente un milagro en vez del asesinato. Y Dios Mismo, así como todas las luces del Cielo, se inclinarán tiernamente ante ti para apoyarte. Pues habrás elegido permanecer donde Él quiere que estés, y no hay ilusión que pueda atacar la paz de Dios cuando Él está junto a Su Hijo. 

No contemples a nadie desde dentro del campo de batalla, pues lo estarías viendo desde un lugar que no existe. (T.23.IV.6; 7.1)

Tal vez pienses que en el campo de batalla todavía hay algo que puedes ganar. Sin embargo, ¿podría ser eso algo que te ofreciese una calma perfecta y una sensación de amor tan profunda y serena que ninguna sombra de duda pudiera jamás hacerte perder la certeza? ¿Y podría ser algo que durase eternamente? 

Los que son conscientes de la fortaleza de Dios jamás podrían pensar en batallas. ¿Qué sacarían con ello sino la pérdida de su perfección? Pues todo aquello por lo que se lucha en el campo de batalla tiene que ver con el cuerpo: con algo que éste parece ofrecer o poseer. Nadie que sepa que lo tiene todo podría buscarse limitaciones ni valorar las ofrendas del cuerpo. La insensatez de la conquista resulta evidente desde la serena esfera que se encuentra por encima del campo de batalla. ¿Qué puede estar en conflicto con lo que lo es todo? (T.23.IV.8.7-9; 9.1-6)

((la mente: el Testigo; el Tomador de decisiones)) eres el soñador del mundo de los sueños. (T.27.VII.13.1)

Sueña con la bondad de tu hermano en vez concentrarte en sus errores. (T.27.VII.15.3)

Lo anterior es una llamada al perdón. Al sustituir nuestros resentimientos por el perdón estamos dando el paso de dejar atrás el personaje para tomar conciencia del Testigo o soñador.

El secreto de la salvación no es sino éste: que eres tú el que se está haciendo todo esto a sí mismo. (...) Pues no reaccionarías en absoluto ante las figuras de un sueño si supieses que eres tú el que lo está soñando. No importa cuán odiosas y cuán depravadas sean, no podrían tener efectos sobre ti a no ser que no te dieses cuenta de que se trata tan sólo de tu propio sueño. 

Basta con que aprendas esta lección para que te libres de todo sufrimiento, no importa la forma en que éste se manifieste. (T.27.VIII.10.1,5-6; 11.1)

¡Qué diferente te parecerá el mundo cuando reconozcas esto! (T.27.VIII.13.1)

Y con referencia al "centro tranquilo":

No hacer nada es descansar, y crear un lugar dentro de ti donde la actividad del cuerpo cesa de exigir tu atención. (...) Con ello se niega el tiempo, y, así, el pasado y el futuro desaparecen. (...) A ese lugar llega el Espíritu Santo, y ahí mora. Él permanecerá ahí cuando tú te olvides y las actividades del cuerpo vuelvan a abarrotar tu mente consciente. 

Mas este lugar de reposo al que siempre puedes volver siempre estará ahí. Y serás más consciente de este tranquilo centro de la tormenta, que de toda su rugiente actividad. Este tranquilo centro, en el que no haces nada, permanecerá contigo, brindándote descanso en medio del ajetreo de cualquier actividad a la que se te envíe. Pues desde este centro se te enseñará a utilizar el cuerpo impecablemente. Este centro, del que el cuerpo está ausente, es lo que hará que también esté ausente de tu conciencia. (T.18.VII.7.7,5,8-9; 8.1-5)

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Y para finalizar este capítulo de la serie, comentemos brevemente este último refrán:

Los últimos serán los primeros.

Su fuente son estas palabras de Jesús en el evangelio: 

Los primeros serán los últimos, y los últimos serán los primeros. (Mt 20:16)

Significa que quienes son humildes (los últimos) serán los primeros en despertar a la paz, pues están receptivos para aprender y practicar el perdón. Por el contrario, los arrogantes que creen saberlo ya todo y se creen superiores, están hundidos en el ego y tardarán más en despertar: los arrogantes (los "primeros") serán los últimos en despertar. En realidad estas aclaraciones ya vienen incluidas en la propia Biblia también:

Pero que el mayor de vosotros sea vuestro servidor. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. (Mt 23:11-12)

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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sábado, 29 de julio de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XIX)

Las desgracias nunca vienen solas.

El origen de todo disgusto es nuestra elección en favor del ego. Una vez que decidimos apoyar al ego en nuestra mente, aunque nos olvidemos de esa decisión seguimos experimentando las consecuencias en el mundo: un disgusto tras otro; una desgracia tras otra; la pérdida de nuestra paz. Los disgustos se sucederán uno tras otro mientras no cambiemos la decisión de nuestra mente. Pero cuando dejemos de apoyar al ego y elijamos en su lugar el perdón del Espíritu Santo, los disgustos se desvanecerán y nos sentiremos en paz independientemente de las circunstancias externas. Esto facilita el despertar, tras el cual se comprende que nunca hubo desgracias.

Las malas noticias vuelan.

Esto es así porque al ego le gusta propagar malas noticias; se siente protagonista y especial cuando es portador de novedades trágicas (incluso se emociona cuando se entera antes que otro de una noticia trágica, para así tener el placer de contársela, haciéndose a veces el interesante y demorando ir al grano, pues una vez que ya ha avisado de que sabe algo importante que el otro desconoce, le encanta disfrutar de esos momentos de superioridad durante los que ambos saben que él tiene más "conocimiento" —información— que el otro). Por otro lado, el Espíritu Santo tiene muchas noticias buenas que darnos, pero mientras sigamos identificados con el ego, en esa misma medida nos sentiremos atraídos por la tragedia. No tenemos más que ver los informativos del mundo para ver la importancia que se les da a las noticias trágicas y la poca atención que en comparación despiertan las noticias amables. Por eso el Curso nos explica nuestra atracción por los problemas: nos habla de la atracción por el dolor (T.19.IV.B.i), la atracción de la culpabilidad (T.19.IV.A.i) junto con nuestro deseo de deshacernos de la paz (T.19.IV.A), la atracción por la muerte (T.19.IV.C), etc. Tales atracciones, junto con el miedo a Dios (miedo a la verdad) (T.19.IV.D), son los obstáculos a la paz. Pero cuando queramos más la paz que los conflictos comenzaremos a practicar con más intensidad el perdón, logrando así acelerar enormemente el despertar. ¡Y eso producirá felicísimas noticias! Las noticias felices sí que vuelan, pero de verdad: nos elevan hasta la Realidad. Son noticias que vuelan y nos hacen volar.

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Lo cortés no quita lo valiente.

Este refrán es muy ucedemiano, por lo que nos vale así tal cual, sin necesidad de cambiarle nada. El ego confunde la debilidad con la fortaleza. Cree que el amor es débil. Cree que la crueldad y el ataque son muestras de fortaleza. El ego ve la amabilidad y la bondad como síntomas de debilidad. Al asesino lo considera fuerte, y al inocente y amable, débil. Y en el mundo hay mucha gente que, identificada con estas creencias del ego, considera que las personas amables y bondadosas son fáciles de manipular y así aprovecharse/abusar de ellas. Con una creencia así nos cuesta esfuerzo ser amables, pues tememos que si lo somos el mundo se aprovechará de nosotros. Debido a eso "guardamos las distancias" y nos disfrazamos con una máscara de rigor, de seriedad, a veces mostrando mal genio o indiferencia, todo ello para aparentar fortaleza.

Pero el Espíritu Santo nos explica que lo cortés (ser amoroso) no quita lo valiente (ser fuerte). Los auténticamente fuertes no tienen miedo de que se les tome por débiles, pues saben lo que son. Y cuando lo estiman oportuno pueden actuar de manera tan amorosamente amable que al mundo le daría vergüenza (y la vergüenza es debilidad y miedo). Al mismo tiempo, en otras ocasiones pueden pararle los pies a algún listillo que se les acerque con afán depredador, pero le paran los pies sin perder la amabilidad interior. Exteriormente mostrarán tanta firmeza como sea oportuno, pero sin perder en ningún momento el amor y la paz interior. Por eso los verdaderamente valientes pueden permitirse ser corteses sin miedo a que nadie abuse de ellos. Unirnos al Espíritu Santo aumentará nuestra confianza y nos dará la verdadera valentía y la verdadera fortaleza. Y la cortesía fluirá por sí sola sin esfuerzo mientras nos mantengamos unidos a Él. Y si a veces hay que ser tajantes, fluirá espontáneamente también.

Quienes han elegido al ego y se comportan cruelmente no pueden escapar al miedo y la cobardía, por más que traten de disimularlo y ocultar eso incluso de sí mismos. Pero quienes se han unido al Espíritu Santo han elegido la inocencia, que es fortaleza. La inocencia fortalece; el ataque recicla la culpa y nos debilita. Puesto que el perdón deshace la culpa y desvela la inocencia, nos fortalece porque nos une al Espíritu Santo y nos acerca a nuestro Ser.

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Lo mío, mío, y lo tuyo, de entrambos.

Es uno de los lemas del ego. Lo mío es solo mío, y lo de los demás es para compartirlo entre todos. Se parece a la actitud del atracador que, según un chiste, repartía así con su cómplice el dinero que ambos habían robado: Aquí está el saco de billetes que hemos robado; vamos a hacer dos montones, uno para ti y el otro para mí. Voy sacando y repartiendo los billetes uno por uno: uno para mí, otro para ti y otro para mí; uno para mí, otro para ti y otro para mí; uno para mí, otro para ti y otro para mí...

En cualquier situación, el ego siempre está mirando qué es lo que puede sacar para sí. Y las personas le interesan también en el mismo sentido: en función de lo que pueda obtener de ellas (compañía, cariño, belleza, sexo, dinero, cuidados, disponer de alguien con quien discutir, a quien culpar, de quien sentirse víctima, a quien victimizar, a quien criticar, etc).

El ego entabla relaciones con el solo propósito de obtener algo. (T.15.VII.2.1)

El cuerpo es el arma predilecta del ego para obtener poder mediante las relaciones que entabla. (T.20.VI.4.3)

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Lo que no mata, engorda.

Interpreto el refrán a mi manera, con el fin de destacar algo interesante de recordar. En el mundo todo tiene contraindicaciones, pues es un mundo de conflictos y opuestos, generado por el ego. Cualquier sustancia tiene algún lado nocivo. Lo que no mata, engorda; lo que ni mata ni engorda, empeora la salud o es un pecado, o tiene algún tipo de defecto, o perjudica de alguna manera. De ahí también el dicho de que todo placer es pecado, que hoy en día ha llegado incluso a los anuncios de la tele, donde para enfatizar el placer de comer determinado dulce, lo presentan como un pecado: "comer algo tan bueno tiene que ser un pecado... disfruta de este pecado...".

Pero cuando practicamos el perdón, la situación se invierte y entonces todas las cosas pierden su poder de dañarnos y se convierten en bendiciones, pues nos ayudan a recordar la verdad.

Finalmente, como curiosidad, al redactar este comentario me he enterado del verdadero significado de este refrán, que hasta hoy desconocía. Resulta que la clave es que antiguamente la gordura era vista como fortaleza (esto me recuerda que a mi abuela siempre le agradaba mucho verme la cara más redondita, síntoma de que había engordado). Entonces el refrán está diciendo que si algo no te mata, al sobrevivir te haces más fuerte ("engordas"). Una forma más moderna de este refrán se expresa con estas palabras: Lo que no te mata, te hace más fuerte. Pero este otro significado del refrán no resulta tan interesante para nuestro propósito.

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Lo que no quieres para ti no lo quieras para mí.

Esto se parece a la regla de oro:

La Regla de Oro te pide que te comportes con los demás como tú quisieras que ellos se comportasen contigo. (T.1.III.6.2)

Todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ellos, porque en esto se resumen la ley y los profetas. (Mt 7:12)

Esto forma parte de la enseñanza del Espíritu Santo de ver los intereses compartidos, en vez de intereses separados. Si nos vemos iguales y hermanos con los demás, lo que deseemos para nosotros (paz, felicidad) deberíamos desearlo también para ellos. Y lo sepamos o no, lo que deseamos para los demás lo estamos decretando para nosotros mismos porque nuestra mente inconsciente sabe que somos lo mismo. Así que más nos vale desear a todos el bien. La regla de oro no puede aplicarse exitosamente sin disponer de discernimiento, pues de no ser así nuestra mente confundida podría creer que desea dolor, y entonces querer causar dolor también a los demás. Ese masoquismo desaparece cuando tenemos discernimiento (cuando nos unimos al sistema de pensamiento del Espíritu Santo).

Debido a estos matices, el Curso explica con un poco más de detalle:

Respondes a lo que percibes, y tal como percibas así te comportarás. La Regla de Oro te pide que te comportes con los demás como tú quisieras que ellos se comportasen contigo. Esto significa que tanto la percepción que tienes de ti como la que tienes de ellos debe ser fidedigna ((= sin distorsiones; con discernimiento)). La Regla de Oro es la norma del comportamiento apropiado. Tu no puedes comportarte de manera apropiada a menos que percibas correctamente ((con discernimiento)). Dado que tú y tu prójimo sois miembros de una misma familia en la que gozáis de igual rango, tal como te percibas a ti mismo y tal como lo percibas a él te comportarás contigo mismo y con él. Debes mirar desde la percepción de tu propia santidad a la santidad de los demás. (T.1.III.6)

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Lo que no se comienza, nunca se acaba.

Así que empecemos ya a perdonar. Cuanto antes empecemos el proceso del perdón, antes finalizará. Incluso una maratón comienza con un simple paso. La iluminación comienza también con pasos muy simples: los pasos del perdón. Si perdonamos con constancia, la meta es nuestra.

Lo que sea, sonará.

Significado: "Se dice para expresar conformidad ante una situación. No debe uno preocuparse por lo que todavía no ha sucedido y, por consiguiente, debe esperar el resultado con calma" (CVC).

Se trata de una invitación a que permanezcamos en calma, sin dejarnos llevar por la ansiedad ante los posibles resultados de un tema que nos interesa. Añado dos dichos relacionados, uno de ellos de UCDM:

Lo que tenga que pasar, pasará.

Pongo el futuro en Manos de Dios. (L.194)

De esta lección del Libro de ejercicios extraemos las siguientes ideas:

Acepta la idea de hoy, y habrás dejado atrás toda ansiedad (...). Y así, cada instante que se le entrega a Dios, con el siguiente ya entregado a Él de antemano, es un tiempo en que te liberas de la tristeza, del dolor y hasta de la misma muerte. (...) Tu futuro está en Manos de Dios, así como tu pasado y tu presente. Para Él son lo mismo (...) Sólo se te pide que te desentiendas del futuro y lo pongas en Manos de Dios. Y mediante tu experiencia comprobarás que también has puesto en Sus Manos el pasado y el presente, porque el pasado ya no te castigará más y ya no tendrá sentido tener miedo del futuro. Libera el futuro. Pues el pasado ya pasó, y el presente, libre de su legado de aflicción y sufrimiento, de dolor y de pérdida, se convierte en el instante en que el tiempo se escapa del cautiverio de las ilusiones, por las que ha venido recorriendo su despiadado e inevitable curso. (...) ¿Qué preocupación puede asolar al que pone su futuro en las amorosas Manos de Dios? (...) ¿Qué podría temer? ¿Y de qué otra manera podría contemplar todo sino con amor? Pues el que ha escapado de todo temor de futuros sufrimientos ha encontrado el camino de la paz en el presente y la certeza de un cuidado que el mundo jamás podría amenazar. (L.194.2.1; 3.4; 4.1-2,5-6; 5.1-2; 7.1,4-6)

Más adelante, en el 6º repaso:

El pasado ya pasó y el futuro aún no ha llegado. (L.214.1.2)

Y anteriormente:

Pues el pasado ya pasó y el futuro es tan solo algo imaginario. (L.181.5.2)

También en el Texto:

El milagro no hace sino mostrar que el pasado ya pasó, y que lo que realmente ya pasó no puede tener efectos. (T.28.I.1.8)

Y al deshacer el pasado, desaparecen también el futuro y la culpa y ansiedad del presente, pues todos procedían de un pasado amenazador que en realidad era inexistente.

La noción de pagar por el pasado en el futuro hace que el pasado se vuelva el factor determinante del futuro, convirtiéndolos así en un continuo sin la intervención del presente. (T.13.IV.4.4)

Por lo tanto, perdonamos. Y esto nos conduce al auténtico presente que es la paz, donde ya no escuece el pasado ni preocupa el futuro ni hay conflicto en el presente.

No es el presente lo que da miedo, sino el pasado y el futuro, mas éstos no existen. El miedo no tiene cabida en el presente cuando cada instante se alza nítido y separado del pasado, sin que la sombra de éste se extienda hasta el futuro. Cada instante es un nacimiento inmaculado y puro (...).  Es tan bello, puro e inocente, que en él sólo hay felicidad. (T.15.I.8.2-4,6)

Así pues, los milagros:

Cancelan el pasado en el presente, y así liberan el futuro. (T.1.I.13.3)

Es decir, nos liberan para permanecer en la paz intemporal. Esta paz es el conocimiento eterno, el recuerdo de Dios:

No es ni del pasado ni del futuro, al ser eterno para siempre. (T.12.VIII.4.8)

En la realidad del "ahora", sin pasado ni futuro, es donde se puede empezar a apreciar lo que es la eternidad. (T.13.IV.7.6)

O como lo expresó Ralph Waldo Emerson:

Este momento es tan bueno como cualquier momento de la eternidad. 

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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viernes, 28 de julio de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (XVIII)

La mayor riqueza es la voluntad contenta.

La felicidad es interior, no exterior. No depende de los objetos externos. Por lo tanto, no se trata de tener más, sino de estar contentos con lo que tenemos. Y lo que tenemos no es poco, pues es lo que somos: el Ser, que es infinito, que lo es Todo.

La música amansa a las fieras.

Por supuesto. Sobre todo la música del perdón, que amansa los resentimientos y nos lleva a la paz. Y en la Unidad del Cielo la Música del Amor es tan dulce que ya está todo eternamente amansado y no hay fieras.

La ocasión hace al ladrón.

No somos diferentes de los demás. Por muy santos que imaginemos que somos, mientras tengamos ego seremos ladrones (en acto o en potencia). Unos roban en lo mucho, otros en lo poco, otros simplemente no han tenido la oportunidad idónea. Y cuando no robamos a otros, nos robamos a nosotros mismos. El mero hecho de sentir resentimientos contra alguien significa que estamos robándonos nuestra propia paz. Al darnos cuenta de todo esto, y de que somos iguales a los demás (pues todos tenemos ego y la posibilidad de perdonarlo y deshacerlo), es cuando podemos darnos cuenta de la importancia de librarnos del ego mediante el perdón. Y lo practicaremos con frecuencia. Cuando el proceso del perdón se haya completado ya no seremos ladrones y habremos comprendido que el ego nunca existió. Habremos despertado del sueño de la separación. Ahora solo hay plenitud y paz. Ahora lo Uno disfruta de su propia Infinitud Inmutable.

La palabra convence, el ejemplo arrastra.

Significa que la teoría no tiene mucho de valor si no viene respaldada por la práctica: los hechos.

Citemos primero unos cuantos refranes sinónimos del anterior:

No hay mejor predicador que Fray Ejemplo.

Obras son amores, que no buenas razones.

El amor y la fe, en las obras se ven.

Palabras sin obras se venden barato.

También el Curso enseña el mismo mensaje:

Se puede enseñar de muchas maneras, pero ante todo con el ejemplo. (T.5.IV.5.1)

Es decir, que las palabras por sí solas son de poco valor. Lo realmente importante es la práctica. Lo que importa no es la teoría, sino los hechos, la honestidad sincera. Por ejemplo, decir "anhelo despertar de la dualidad" no significa nada si no respaldamos nuestras palabras con la práctica del perdón, pues es el medio para despertar. Por eso el Curso dice:

«Deseo la paz de Dios». Decir estas palabras no es nada. Pero decirlas de corazón lo es todo. Si pudieras decirlas de corazón, aunque sólo fuera por un instante, jamás volverías a sentir pesar alguno, en ningún lugar o momento. (L-185 - L.185.1.1-3)

Lo mismo pasa si decimos: "quiero iluminarme cuanto antes". Si realmente es cierto lo que decimos, entonces lo demostramos mediante nuestra constante práctica del perdón. Al entrenar nuestra mente en el perdón, demostramos que somos sinceros al decir que queremos iluminarnos: que lo estamos diciendo de corazón.

La práctica vale más que la gramática.

Similar a los refranes que acabamos de ver: no es la teoría, sino la práctica del perdón lo que nos despierta y libera del sueño de la dualidad. Más vale un año practicando el perdón que cien años de erudición. La teoría es útil, pero sólo como preparación para la práctica. Es la práctica lo que nos libera. Y por eso es la práctica lo que tiene más valor.

La perseverancia todo lo alcanza.

Si somos perseverantes con el perdón, tendremos muy cercana la liberación.

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La procesión va por dentro.

Lo que importa no es lo exterior, sino lo interior. Externamente podemos aparentar estar bien y sin embargo sentirnos interiormente deprimidos. Exteriormente nuestra vida puede aparentar ir bien, pero lo relevante es si interiormente estamos eligiendo al Espíritu Santo o al ego. Si lo primero, estaremos realizando lo único útil aquí: apoyar nuestro proceso de despertar. Si lo segundo, por bien que aparenten las cosas, estaremos girando en la noria sin sentido del ego, donde las cosas cambian constantemente hasta que los estropicios se vuelven evidentes. En cualquier caso, lo verdaderamente relevante es lo que estamos eligiendo interiormente en nuestra mente.

La realidad supera la ficción.

Nosotros podemos interpretar este refrán bastante literalmente: La realidad (el Cielo, o su reflejo la mentalidad recta) supera a la ficción (lo ilusorio, el mundo). Parafraseando el refrán de varias maneras: 1) El conocimiento transciende el mundo. 2) El perdón desvanece los resentimientos. 3) La paz supera el conflicto. 4) El Amor transciende las ilusiones.

Un refrán relacionado:

La respuesta mansa la ira quebranta.

La respuesta mansa es el perdón, que quebranta o deshace la ira. Como ya hemos citado en el segundo refrán de este capítulo, la música (el perdón) amansa a las fieras (desvanece la ira).

Las cuentas claras y el chocolate espeso.

A cada cosa le damos el tratamiento que le corresponde. Ejemplos: 1) Al Amor le prestamos atención; al ego, en cambio, le damos perdón. 2) Al Espíritu Santo lo abrazamos, y al ego lo rechazamos. 3) Al perdón lo contratamos; al ego, lo despedimos y lo olvidamos.

El uso normal de este refrán se refiere a no mezclar la amistad con los negocios. Se parece al consejo popular de no mezclar el amor/placer con el dinero, por miedo a que por lo segundo, se pierda lo primero. Visto así, nosotros podemos usar la idea para recordar no mezclar los sistemas de pensamiento del ego con el del Espíritu Santo. Con el ego, las cuentas claras (el perdón siempre a mano). Con el Espíritu Santo, el chocolate bien espeso (confianza y amor).

La suerte de la fea la bonita la desea.

Este mundo dual no es un lugar de plenitud, por lo que no todos disponemos de todas las cualidades. Unas personas pueden ser bellas físicamente, otras puede que sean inteligentes, otras ricas, otras con una salud de hierro, etc. A pesar de las inevitables diferencias externas, no hay motivos para envidiar a nadie. No sólo porque las diferencias son ilusorias, sino porque interiormente todos somos iguales.

La suerte está echada.

El guión ya está escrito. (L.158.4.3)

Pero puesto que no somos conscientes de los detalles, podemos concentrarnos en lo que depende de nosotros: perdonar o no perdonar. Si perdonamos, estamos aceptando la paz y acercando el momento del total despertar. Con el perdón somos libres, incluso del guión. Pues si perdonamos completamente ahora, nos iluminamos inmediatamente ahora. Debido a nuestra resistencia a despertar, en vez de perdonarlo todo de golpe y despertar repentinamente, solemos cortar el iceberg del perdón trocito a trocito para irlo perdonando y derritiendo más despacito.

La suerte está echada también en el sentido de que el final es inevitable: todos despertaremos.

La unión hace la fuerza.

No puede haber un refrán más cierto. El perdón es unión y deshace la separación. El ego es incapaz de unirse, pues nacido de la separación su impulso es siempre a separar y seguir separando, y la división no produce fuerza sino debilidad. Unirnos al Espíritu Santo y a nuestros hermanos nos hace infinitamente fuertes, pues es perdón, conduce a la paz y al despertar, y finalmente nos permite reconocer la Unidad con Dios. Dios es la Fuerza Única e Infinita. La Fuerza que no tiene opuestos, que no lucha. La Fuerza de ser totalmente pleno y feliz. La Fuerza que simplemente ES. La Libertad de Ser.

La verdad es amarga.

La verdad es lo infinitamente dulce. Solo podríamos decir que es amarga en el sentido de que a veces uno no desea escucharla, por preferir las ilusiones. Al ego le resulta amargo pensar que la individualidad pueda ser una mentira, porque eso significa que el ego no existe. Por eso el ego tiene miedo de la verdad y se niega a escucharla.

En definitiva, la verdad es lo más dulce, pero nos negaremos a escucharla mientras sigamos apegados a las ilusiones, identificados con nuestra ilusoria individualidad.

El perdón desvela la verdad. Por eso al comienzo puede parecernos un poquito amargo, cuando aún tenemos suspicacias contra la idea de que desaparezca nuestra individualidad. Sin embargo cuanto más practicamos el perdón más dulce se vuelve y menos amarga imaginamos la verdad. Y de todos modos no deberíamos temer la disolución de nuestra individualidad. Es ilusoria y terminará desapareciendo, pero el proceso es muy gradual: mientras sigamos queriendo en alguna medida la experiencia individual, la tendremos:

No temas que se te vaya a elevar y a arrojar abruptamente a la realidad. El tiempo es benévolo, y si lo usas en beneficio de la realidad, se ajustará al ritmo de tu transición. (T.16.VI.8.1-2)

Así que el perdón se va volviendo cada vez más dulce. Conforme disminuye nuestra individualidad, más dulce se vuelve el perdón y su paz/felicidad. Pero seguiremos experimentando la individualidad casi hasta el final del proceso. Solo muy al final de la escalera espiritual es cuando nos desprendemos de la individualidad, y para cuando llega ese momento ya estamos maduros, preparados y deseosos de que la individualidad desaparezca de una vez por todas. Y sucede de manera muy espontánea. Pero antes de eso, pasamos por el resto de escalones de la escalera espiritual, en los peldaños en los que aún tenemos individualidad, pero conforme perdonamos vamos teniendo una individualidad más ligera: cada vez con menos preocupaciones y resentimientos, con menos sufrimiento y con más paz y amor. Y cuando el proceso finalice por completo, nos reiremos a carcajadas del refrán de que "la verdad es amarga"; diremos: "¡la verdad es tan dulce que es lo único que quiero!".

La verdad, como el aceite, quedan encima siempre. 

Por mucho que el ego la quiera ocultar, a la larga la verdad sale siempre a flote. ¿Con cuánta rapidez? Con tanta rapidez como la deseemos. Quien quiere la verdad, la tiene y la es.

La vida no es un camino de rosas.

¿Será porque las rosas tienen espinas y la vida no? Pero no va por ahí el refrán, pues no se refiere a la Vida, sino a la vida en el mundo. Y no debemos idealizar el mundo, creyendo que está diseñado para darnos felicidad (un lecho de suaves y aromáticas rosas). El mundo fue diseñado por el ego para ser un lugar de dolorosas espinas, no un lugar de cómoda felicidad. Por lo tanto, la vida no es un camino de rosas. Es un camino de espinas, sin las rosas. O de vez en cuando con alguna rosa para despistar (de lo contrario, abandonaríamos al ego en seguida). Puesto que la vida no es un camino de rosas, convirtámosla al menos en un camino de azucenas (violetas). Las azucenas son uno de los símbolos que utiliza el Curso para representar el perdón. Si aprovechamos cada oportunidad para perdonar, sustituyendo las espinas (conflicto, culpa) por azucenas (perdón, unión), convertiremos esta vida en un aula en la que aprender feliz y tranquilamente a despertar. Por eso el Curso nos anima a ofrecer azucenas a nuestros hermanos, en lugar de las espinas que les hemos estado ofreciendo durante eones.

Hazle a tu hermano la ofrenda de las azucenas, no la de una corona de espinas; el regalo del amor, no el "regalo" del miedo. Te encuentras a su lado, con espinas en una mano y azucenas en la otra, indeciso con respecto a cuál le vas a dar. Únete a mí ahora, deshazte de las espinas y, en su lugar, ofrécele las azucenas. (T.20.I.2.5-7)

Ofrécele espinas y te crucificas a ti mismo. Ofrécele azucenas y es a ti mismo a quien liberas. (T.20.II.3.8-9)

Las apariencias engañan.

Lo que importa no es lo externo (la apariencia, la forma), sino lo interno (la mente, el propósito o contenido de la mente). Como ya hemos comentado en otro refrán más arriba, "la procesión va por dentro". Por lo tanto, no nos dejemos engañar por las apariencias. Porque el mundo son apariencias, y sus formas engañan y tratan de ocultar el contenido:

Nada es tan cegador como la percepción de la forma. (T.22.III.6.7)

Pero si prestamos atención a lo esencial, a si estamos en paz o no, aprenderemos a fijarnos en el contenido y nos daremos cuenta de cuándo hemos caído en la trampa del ego, por lo que podremos aplicar la solución del perdón. Cuando no estoy en paz, deduzco que he elegido mal y que es hora de perdonar.

Las comparaciones son odiosas.

Las comparaciones son uno de los recursos preferidos del ego para establecer diferencias. Las usa para menospreciar a alguien, o para encumbrar a alguien: en ambos casos separando, dando importancia a las diferencias. Las comparaciones son para el ego un medio de reforzar la separación.

Ya hemos hablado de las comparaciones en el capítulo X (comentando el refrán de "Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces"). Si estás interesado en un par de citas oportunas del Curso, y en unas explicaciones aclaratorias sobre las comparaciones, allí puedes leerlas.

De todos modos las diferencias externas son ilusorias, por lo que es de sabios darnos cuenta de que en lo esencial, interiormente, todos somos iguales. Y si somos iguales, no hay necesidad de comparaciones.

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Índice de la serie sobre los refranes populares a la luz de UCDM: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/08/refranes-populares-la-luz-de-ucdm-indice.html

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