domingo, 16 de julio de 2017

Refranes populares a la luz de UCDM (VII)

Arrieros somos, y en el camino nos encontraremos.

Si nos negamos a ayudar a un compañero en el camino de la vida, tal vez en otra ocasión seamos nosotros quienes necesitemos ayuda y nos encontremos con la persona a la que no quisimos ayudar. Igualmente al revés: si elegimos apoyarnos unos a otros, cuando nos reencontremos habrá una colaboración natural.

Desde el punto de vista de UCDM todos somos compañeros en el camino del despertar, con la misma necesidad de ayuda para vencer la adicción al ego. Si nos ayudamos unos a otros (principalmente mediante la benévola actitud del perdón), facilitaremos nuestro propio camino y el de todos.

Un refrán relacionado:

El mundo es un pañuelo.

Tarde o temprano, todos nos volvemos a encontrar.

Y otro refrán también relacionado: 

Hoy por ti, mañana por mí.

El significado es el mismo. Si nos ayudamos unos a otros percibiendo lo que tenemos en común, todos saldremos ganando. Pero si nos distanciamos unos de otros haciendo hincapié en las diferencias que parecen separarnos, todos saldremos perdiendo. Pues el despertar es total: o todos juntos, o ninguno. No podremos recordar el Cielo mientras rechacemos a alguno de nuestros hermanos. Porque la paz no es algo solitario, sino compartido. No se puede tener paz a solas para uno mismo exclusivamente.

Al arca de la paz se entra de dos en dos. (T.20.IV.6.5)

O como dice el Jesús bíblico:

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que estás en conflicto con tu hermano, deja allí tu ofrenda delante del altar, y ve a reconciliarte primero con tu hermano, y después de eso vuelve y presenta tu ofrenda. (Mt 5:23-24)

El altar de la paz está en nuestro interior, pero no reconoceremos la paz mientras mantengamos resentimientos contra algún hermano. Pero si lo perdonamos, entonces sí podemos dirigirnos al altar interno para disfrutar de la paz.

Aunque seas muy sabio y viejo, no desdeñes el consejo.

En otras palabras: debemos estar siempre receptivos, con una mente abierta y humilde. Los buenos consejos nunca están de más. Y excepto que ya estemos iluminados, necesitaremos prestar atención a los buenos consejos.

Ave que vuela, a la cazuela.

Se nos invita a practicar el perdón en cualquier situación. Toda oportunidad vuela. Cualquier situación ("ave que vuela") es válida para practicar el perdón y convertirla así en una oportunidad aprovechada para avanzar en nuestro proceso de despertar.

Justo lo que tengamos delante de las narices, eso es lo que tenemos la oportunidad de perdonar. Aquí y ahora. "Ave que vuela a la cazuela". Situación que acontezca, a aprovecharla para la cazuela del perdón.

Boca dulce y bolsa abierta te abrirán todas las puertas.

Si uno es amable y generoso, con palabras dulces y un corazón abierto, las interacciones sociales se facilitan en gran manera. Si uno es de corazón bondadoso y tranquilo (por haber elegido al Espíritu Santo como guía), la paz será nuestra compañera y su brillo resonará en los corazones de todas las personas con las que nos encontremos.

Que cada palo aguante su vela.

Todos podemos ayudarnos a todos (principalmente inspirando mediante el ejemplo), pero mientras que uno mismo no elija desengancharse del ego y despertar, nadie le podrá obligar. Como dice el Curso:

La única responsabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expiación para sí mismo. (T.2.V.5.1)

Si uno mismo no elige el despertar, entonces uno mismo tendrá que aguantar la vela del ego y sus aparentes consecuencias. Pero cuando elegimos despertar, entonces se despliega la dulce vela del Espíritu Santo, que no pesa y fluye por sí sola con el Viento del Espíritu.

Cada persona es dueña de su silencio y esclava de sus palabras.

Aunque el refrán suele referirse a no caer en la tentación de expresarnos impulsivamente desde el ego (resentimientos, críticas destructivas, etc), nuestro principal interés para este refrán es el de enfatizar el valor del silencio. Ya hemos dedicado casi todo un post de refranes para destacar el valor del silencio: concretamente en la parte VI, desde el refrán que dice "Aprended a bien callar, para que sepáis bien hablar" hasta el final del post.

Aquí vamos a aprovechar simplemente para recordar el valor del silencio/perdón, y ya de paso incluimos otra cita del Curso:

Puedes hacer mucho en favor de tu propia curación y la de los demás si en situaciones en las que se requiere tu ayuda piensas de la siguiente manera: Estoy aquí únicamente para ser útil. Estoy aquí en representación de Aquel que me envió. No tengo que preocuparme por lo que debo decir ni por lo que debo hacer, pues Aquel que me envió me guiará. Me siento satisfecho de estar dondequiera que Él desee, porque sé que Él estará allí conmigo. Sanaré a medida que le permita enseñarme a sanar. (T.2.V.A.18)

Al aquietarnos en silencio, permitimos que sea el Espíritu Santo Quien exprese Su amor a través de nosotros. Entonces, si surgen palabras que decir, no serán palabras de rencor que nos esclavicen en el conflicto, sino palabras de bondad y perdón que nos conducirán a todos juntos a la unión y la liberación.

Cada moneda tiene dos caras.

Este refrán nos sirve para recordar que toda situación puede mirarse desde dos puntos de vista opuestos: o mediante la percepción del ego, o mediante la percepción del Espíritu Santo. Todo evento tiene dos interpretaciones (la del amor y la del miedo), como toda moneda tiene dos caras.

También nos sirve como un recordatorio para tener una mentalidad abierta, una mente receptiva. Todo asunto tiene dos caras: lo que ya sabemos, y lo que no. Por eso es conveniente que estemos abiertos a todas las partes, abiertos a todo lo que los demás tengan que decir. Puede que no nos hayamos dado cuenta de algún dato relevante para un asunto determinado. Siempre es bueno escuchar, reconociendo humildemente que cualquier situación puede tener una faceta que desconocemos. Y si estamos receptivos, sabremos escuchar cuando alguien nos ayude a desvelar la clave que sea más útil para todos.

En última instancia, lo único realmente útil es despertar de la dualidad. Visto así, todos los eventos tienen básicamente dos caras: la del perdón o la de la condenación. La de la paz o la del conflicto. La de despertar o la de seguir durmiendo. Y somos libres de elegir cuál de las dos caras contemplar. Si no nos gusta lo que vemos (si no nos sentimos en paz), simplemente giremos la moneda, cambiando de la cara del ego a la del Espíritu Santo.

Más vale pájaro pájaro en mano que ciento volando.

Este refrán lo comenté brevemente en un pequeño post que hice en 2012 en otro de mis blogs, dedicado a tres refranes: http://jugandoalegremente.blogspot.com/2012/01/tres-refranes.html

Añadamos a eso lo siguiente: más vale algo seguro, que cien alternativas poco fiables (esto es similar a lo explicado en los 4 primeros refranes de la parte III). Lo único seguro e inmutable es la verdad, que es eterna y es nuestro Ser. Todo lo demás es cambiante y por lo tanto inseguro e ilusorio. De ahí esta variante del refrán: Más vale conocerse a Uno mismo que alucinar con cien mundos imaginarios.

Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

Este refrán trasluce miedo, y por lo tanto es un refrán del ego. Lo comenté con algo de amplitud en este hilo del foro Concordia y plenitud: El refrán del ego y el de la iluminación.

Conócete a ti mismo.

Este es un dicho muy antiguo, que incluso estaba inscrito hace muchos siglos en el templo de Delfos (el del famoso «oráculo de Delfos», en la Antigua Grecia, siglos antes de Jesucristo), para que lo leyeran los visitantes del templo.

Se puede entender en dos niveles: a nivel psicológico del mundo dual es bueno conocer nuestras virtudes y defectos. Esto incluye conocer bien el sistema de pensamiento del ego, para no ser engañados por él.

A un nivel más profundo, el verdadero conocerse a uno mismo es descubrir nuestro verdadero Ser. En este sentido, quien se conoce a Sí Mismo no muere jamás, ni puede volver a tener ningún problema ni molestia, pues es la paz total y definitiva. Para descubrir esto (lo que ya somos), el perdón es el camino.

Corazón alegre, hombre sano.

La verdadera salud no es de lo físico, sino de lo mental. 

Cría cuervos y te sacarán los ojos.

Si nos aferramos a las ilusiones... si alimentamos al ego... si nos identificamos con apego a nuestra individualidad separada... en ese caso estaremos criando los cuervos del ego que nos sacarán los ojos (los ojos del discernimiento y de la paz) mientras dormimos. Es decir, que al estar dormidos en la dualidad, estamos inconscientemente alimentando el conflicto, y consecuentemente eso mismo recibiremos: más y más conflicto, decepciones y dolores.

Pero no es obligatorio que criemos cuervos. También podemos criar y nutrir al perdón, lo cual nos despertará a nuestra felicidad inmutable, cuya luz no puede ser afectada por la oscuridad de los cuervos, que en realidad no existen.

Cuando el diablo no tiene nada que hacer, con el rabo mata moscas.

Este refrán, en su sentido usual, «critica a quien pierde el tiempo o lo derrocha en cosas inútiles» (CVC). Para nosotros, perder el tiempo significa desaprovechar las oportunidades de practicar el perdón, pues lo único útil en este mundo es utilizar nuestro tiempo para deshacer el tiempo, es decir, para despertar.

El diablo es el sistema de pensamiento del ego, nuestra creencia en la separación. Creer que somos individuos en un mundo de formas es equivalente a "no tener nada que hacer", porque se trata de ilusiones y las ilusiones no son nada: hacer cosas en el mundo es no hacer nada realmente, pues la única verdadera creación ocurre en el Cielo, a nivel de nuestro verdadero Ser. Así que, cuando creemos ser individuos en el mundo, no hacemos otra cosa que perder el tiempo en nada: matando moscas. Matar moscas es dedicarnos a combatir en el campo de batalla de las ilusiones. Las ilusiones pueden parecer enemigos grandes o pequeños, pero en el fondo todas son tan pequeñas e irrelevantes como las moscas. Aunque como creemos en ellas, "nos mosquean" (dejamos que nos molesten).

No necesitamos insecticida. Las moscas (nuestras proyecciones: los conflictos, la dualidad) son ilusorias. Lo único que necesitamos es el perdón. Con el perdón, las moscas desaparecerán, no porque el perdón las mate, ya que las ilusiones no existen realmente y por lo tanto no pueden morir. Simplemente desaparecen cuando se deja de creer en ellas. Y eso es lo que hace el perdón: retiramos nuestra creencia en la realidad de las cosas externas, y al dejar de alimentarlas con nuestro deseo por ellas, se desvanecen.

Al final del proceso del perdón ya no hay diablo (ego, conflicto, individuo, separación), ni rabo (deseo de atacar, creencia de que tenemos que defendernos), ni moscas (proyecciones). Solo hay paz, unidad y plenitud.

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