lunes, 7 de septiembre de 2020

El agobio del mundo (y III): Arenas movedizas

Parte 1: El agobio del mundo (I): La pesada carga de un trabajo insoportable

Parte 2: El agobio del mundo (II): Y lo demás vendrá por añadidura

En este tercer y último post sobre este tema, incluyo únicamente mi email de respuesta y añado al final un pequeño complemento citando también un par de citas de Ramana Maharshi.

Comentario de Toni:

Ese tipo de problemas relacionados con el trabajo están conectados a nuestros torpes intentos de valernos por nuestra cuenta ("humanamente", individualmente) y eso es un modo de distanciamiento de Dios, y da miedo, nos asusta porque nos sentimos frágiles y solos y cansados, aplastados por una tarea imposible, como un ratoncito teniendo que enfrentarse a un imperio de dragones. Otro modo de decirlo es que esos problemas ocurren cuando nos alejamos del instante presente y entonces nos ponemos a proyectar sobre un futuro imaginario, conectados a un pasado ilusorio e incluso a un falso presente que en el fondo no es más que pasado. Nos autoconvencemos de que somos un cuerpo y luego pagamos el duro precio.

La solución, para un aspirante espiritual, es muy simple: retornar nuestra conciencia al instante presente (nosotros tenemos la ventaja de disponer de todo un Curso que nos enseña cómo hacerlo). O, expresándolo con otras palabras, centrar nuestra atención en Dios y Su Reino, y así todo lo demás aparece espontáneamente sin esfuerzo, por añadidura.

Las preocupaciones son del futuro (que es siempre imaginario). La paz está siempre disponible en el presente. Lo sensato es primero centrarnos en el presente y relajarnos en la paz, y luego lo demás fluirá por sí solo. Algunos logran esto poco a poco mediante meditaciones, etc, pero el Curso nos ofrece un atajo bien corto mediante el perdón en el contexto de nuestras relaciones.

El presente es perdón y es paz. En el presente no hay problemas, ni siquiera hay cuerpo, ni mundo. Si uno vuelve la mente hacia dentro hacia el instante presente, la ansiedad desaparece y todo se siente en paz. De ese estado de paz pueden venir también intuiciones que nos impulsen a qué hacer con el trabajo (o con la vida), o si dejarlo o si cambiar algo o simplemente seguir fluyendo con la paz encontrada en el presente. Pero primero es el cambio mental interno (elegir el presente) y luego viene la percepción que refleja eso. No funciona al revés: tratar de cambiar el mundo para sentirse en paz es lo que siempre ha intentado el ego, y no funciona, o a veces puede parecer que funciona un rato pero solo temporalmente y luego deja de funcionar, como ocurre siempre con las "soluciones" del ego.

La salvación es inmediata (T-26.VIII; L-135; L-194), pues el presente está siempre disponible. Podemos elegir la paz ahora. Podemos elegir relajarnos un rato sin darle importancia a ese futuro imaginario que tanto parece preocuparnos. Si elegimos la paz del presente, todo lo demás sale bien porque estamos en paz. No hace falta ser un Ramana Maharshi para disfrutar eso. El presente está presente en todas las mentes. En la nuestra también.

No se trata de trabajar o no trabajar, sino de relajarse en el presente y sentirse tranquilo y feliz. Y si uno está relajadamente feliz, estará bien tanto si está trabajando como si deja el trabajo. Y si deja el trabajo no importa si hay casa donde vivir, o si uno es un mendigo sin-techo, o lo que surja, porque lo que importa es que uno está relajado en el presente. Ha habido santos que vivían sin casa, en las calles o los bosques. Y otros que tenían casa, o incluso que parecían trabajar mucho en el mundo de las formas. Pero estaban felices no por tener casa o trabajo o bosque o calles que pisotear, sino felices por estar orientados hacia dentro en el instante presente, y de ahí intuitivamente fluían con lo que fuese más conveniente para todos.

Hace años leí sobre arenas movedizas. Había una zona de arenas movedizas que eran bastante densas. Y había gente que caía atrapada allí y luchaban por salir, agitando manos y pies tratando de alcanzar la orilla y finalmente se ahogaban bajo las arenas movedizas. Sin embargo, proseguía aquel texto, los que no luchaban se salvaban. La explicación era que las arenas movedizas aquellas eran lo suficientemente densas para que la persona se hundiera bastante pero no del todo. Si no te agitabas, el cuerpo se hundía hasta la altura del cuello aproximadamente y no bajaba más, así que no tenían más que esperar tranquilamente a que llegara la ayuda. Pero quienes por miedo intentaban salvarse por su cuenta luchando contra las arenas, movían manos y pies y el resultado era que al remover las arenas su cuerpo poco a poco terminaba hundiéndose del todo y morían asfixiados cuando no podían respirar.

Con las mentiras del ego pasa lo mismo. Si luchamos contra ellas entonces nos parecen reales y nos molestan todavía más (aunque en última instancia sean inofensivas porque toda la dualidad es ilusión). Pero si en vez de luchar contra el ego y sus mentiras elegimos simplemente relajarnos volviéndonos hacia el presente interno, entonces los pesares desaparecen, reconocemos la paz y todo fluye bien incluso a nivel de la percepción (la añadidura de la que hablaba el Evangelio), pues nuestra paz interior se refleja perceptualmente. La ayuda ha llegado. Porque estamos en paz.

Si vos estás en paz interna, tu hijo tendrá también esa paz. Porque tu instante presente y el suyo es el mismo. No hay más que un solo instante presente, compartido por todos. Y en él únicamente hay paz. Y el resplandor de la paz es plenitud. Y de la plenitud vienen todas las añadiduras espontáneamente sin esfuerzo, feliz y juguetonamente, y ni siquiera las necesitamos esas añadiduras porque lo importante es que ya estamos en paz. Pero de todos modos las añadiduras ocurren. Porque son un reflejo de la paz interna. Igual que si sonríes ante un espejo, la imagen reflejada te da como añadidura una sonrisa, pero es simplemente el reflejo de tu propia sonrisa interior. Si no elegimos sonreír, la imagen reflejada en el espejo nunca nos sonreirá por sí sola jejeje. Por tanto la buena noticia es que somos libres. Podemos sonreír. Podemos elegir volvernos hacia el presente, hacia Dios, y dejar de dar tanta importancia a ese tonto ego que solo quiere atención y autobombo, porque el ego desea que tengamos la creencia de que él es real. Pero simplemente da risa. Y la risa interior es la luz que deshace todas las sombras y cuyos reflejos en la percepción son las añadiduras que son meros adornos pues lo que importa no es la percepción, sino lo que somos: la felicidad, la paz que siempre brilla como nuestro ser en el presente.

Todos los problemas son imaginarios. Todos los futuros son imaginarios. Solo existe el presente y es únicamente paz. ¿Acaso lo imaginario que no existe puede impedirnos elegir el brillante instante presente que es lo único que existe? No somos cuerpos. Somos libres. Ahora. Y el futuro, como dice el Curso, lo pongo en Manos de Dios. Ahora.

Una de las citas que incluí en mi email anterior nos da la misma clave aunque usando otras palabras:

No tienes que preocuparte por nada, sino, más bien, desentenderte de todo, salvo del único propósito que quieres alcanzar. (T-20.IV.8)

Eso es elegir el presente. Soltarlo todo (miedos, futuros imaginarios, ilusorios resentimientos pasados, preocupaciones, etc) excepto lo que Dios quiere para nosotros: la voluntad de despertar, la voluntad de prestar atención al instante presente, la paz , la felicidad.

El Curso nos aconseja que nos desentendamos de todo (del mundo) excepto de Dios. La lección 194 nos enseña a hacerlo, «Pongo el futuro en Manos de Dios», y nos dice cosas como las siguientes (que refuerzan la cita que acabo de copiar arriba):

Y así, cada instante que se le entrega a Dios con el siguiente ya entregado a Él de antemano, es un tiempo en que te liberas de la tristeza, del dolor y hasta de la misma muerte. (...) Sólo se te pide que te desentiendas del futuro y lo pongas en Manos de Dios. (...) Libera el futuro. Pues el pasado ya pasó, y el presente, libre de su legado de aflicción (...) se transforma ahora en un instante santo (...). ¿Qué preocupación puede asolar al que pone su futuro en las amorosas Manos de Dios? (...) ha encontrado el camino de la paz en el presente y la certeza de un cuidado que el mundo jamás podría amenazar. (L-194.3:4; 4:5; 5:1-2,3; 7:1,6)

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Como complemento de las citas del final vienen bien estos dichos de Ramana Maharshi que, aunque desde otro sistema metafísico, apuntan exactamente a lo mismo que las últimas citas que acabamos de ver. Veamos cómo lo expresa Ramana:

El poder que te creó a ti, también creó el mundo. Si puede cuidarte a ti, también puede cuidar el mundo. Si Dios creó el mundo, es asunto de Él hacerse cargo del mundo, no tuyo. (Ramana Maharshi)

Tú ocúpate de ti mismo. Deja que el mundo se encargue de sí mismo. Debes ver sólo el Yo. Si tú eres el cuerpo, entonces también existe el mundo corpóreo. Si tú eres espíritu, todo es sólo espíritu. (Ramana Maharshi)

Podemos ver la resonancia de estas dos citas con la idea de las citas anteriores acerca de desentenderse del mundo, desentenderse de todo excepto de simplemente ser.

Ambas citas las he copiado de un antiguo post donde incluí un buen número de citas de Ramana Maharshi, que no tienen desperdicio. Dado su poder inspirador, si alguien quiere leerlas están aquí:

https://jugandoalegremente.blogspot.com/2010/05/citas-de-ramana-maharshi.html

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