lunes, 20 de octubre de 2014

Entrevista de Nick Arandes a David Sócrates

Me ha gustado mucho la siguiente entrevista:

https://www.youtube.com/watch?v=eweFYoBa4fo&feature=youtu.be

Dura 36 minutos. Nick Arandes entrevista a David Soria, apodado "Sócrates" por algunos de sus amigos. David habla de su experiencia con la paz interior y toca algunos temas muy interesantes, en un tono distendido y elevador. Espero que os guste :-)

sábado, 18 de octubre de 2014

"Cursos" alternativos a UCDM

Es interesante sopesar unos avisos que se repiten en los 3 libros de Gary Renard, sobre "Cursos" alternativos a Un Curso de Milagros. Después de que Helen Schucman canalizara UCDM surgieron con el paso de los años más y más materiales canalizados, algunos de ellos supuestamente continuando el Curso de Milagros, o incluso rectificándolo o mejorándolo —en teoría. Pero como se dice en los libros de Gary, Curso hay únicamente uno. Y el ego está encantado de poder distraernos del Curso, dispersando nuestra atención en interminables textos "parecidos" pero que pudieran no ser tan eficaces (por haberse infiltrado interferencias del ego). No es malo sopesar un poco de todo comedidamente, pero si algo nos roba demasiado tiempo del camino que más rápidamente nos despertaría del sueño, eso alegraría al ego. Veamos los avisos de Gary (no da nombres exactamente, sino simplemente expone el tema, para quien tenga a bien reflexionar en ello). Recordemos que en estos libros, cuando habla de J, se refiere a Jesucristo.

Algunas de las siguientes citas se centran en lo que acabo de mencionar, mientras que otras se refieren más ampliamente a todo tipo de enseñanzas a lo largo de la historia, incluidas las que estoy diciendo en este post. Veamos algunas citas seleccionadas de sus 3 libros:

La Desaparición del Universo

☼ Pág. 120 en la publicación de la editorial SIRIO (1ª edición), págs. 113-114 en la de la editorial Grano de Mostaza (a partir de ahora abreviada como GM) (tb. 1ª edición):

PURSAH: (...) Desde que el Curso empezó a estar a disposición de la gente en 1975, ha habido una explosión de escritos «canalizados», técnicas de imitadores del Curso y diversas enseñanzas, muchos de cuyos seguidores dicen que son lo mismo o casi lo mismo que el Curso. Pero, para el ojo entrenado, a estas otras enseñanzas les faltan las partes más importantes del Curso: las partes que lo convierten en lo que es.

☼ Pág. 227 de SIRIO, 215 de GM:

ARTEN: (...) Recuerda que el Curso es único porque es J explicando lo que realmente quiere decir. Recuerda que es su único Curso. Desde que se publicó el Curso han salido otras cosas que, según la gente, también proceden de él. Y sin embargo, en realidad no enseñan lo mismo que el Curso. Yo te pregunto: ¿Crees que J se contradeciría? No estoy diciendo esto para criticar a nadie. Obviamente, no estamos enfadados con la gente con la que no estamos de acuerdo. Sólo decimos estas cosas para aclarar.

☼ Pág. 89 de SIRIO, 85 de GM:

ARTEN: (...) Ves, J enseñó toda la verdad, y sigue haciéndolo, mientras —como habrás podido deducir de lo que estamos diciendo— otros antes o después de él han enseñado partes de la verdad. La gente toma las partes que suenan parecido y suponen que todos están diciendo lo mismo de manera diferente. Pero J es único.

☼ Pág. 90 de SIRIO, 85 de GM:

ARTEN: (...) Ciertamente hay ciertas verdades universales que J tiene en común con otros. Cuando comprendes lo que está diciendo en su totalidad, entiendes que está hablando de un sistema de pensamiento original que te llevará mucho más rápidamente a Dios, y que en realidad no es igual a ninguno de los otros.

☼ Pág. 142 de SIRIO, 135 de GM:

ARTEN: (...) Quienes estén preparados para el Curso lo encontrarán. Su Curso es único.


Tu Realidad Inmortal

☼ Págs. 46-47 de GM (1ª edición):

PURSAH: Es simple. Helen Schucman tardó siete años en transcribir Un Curso de Milagros. Antes de eso, casi todos los canalizadores canalizaban en estado de trance. Tanto el psíquico Edgar Cayce, como Jane Roberts que canalizó a Seth, la gente que recibía información de una fuente superior no la oían por sí mismos, sino que necesitaban un dispositivo para poder quitarse de en medio y dejar que la información pasara a través de ellos. Como dice el propio Curso de Milagros: «Son muy pocos los que pueden oír la Voz de Dios directamente». Pero después, cuando salió el Curso y la gente oyó que esta mujer simplemente oía la Voz de Jesús, que era la manifestación del Espíritu Santo, de repente todo el mundo empezó a oír la Voz de J o del Espíritu Santo, ¡aunque el Curso decía que no podían! La razón es evidente. Si la gente pudiera oír la Voz del Espíritu Santo, no tienen que entender el Curso ni hacer el trabajo de perdón que se les pide. No tienen que mirar al ego ni su culpa inconsciente, ni hacer nada al respecto. En lugar de aceptar el reto de saltar al nuevo nivel que J les plantea, empleando el mismo trabajo de perdón que él había empleado, simplemente pueden hacer el Curso a su gusto. De modo que inmediatamente hubo gente actuando como profesores del Curso que no podían haber tomado el tiempo de aprenderlo y de hacer el trabajo. Antes de que pudieras darte cuenta, tenías a gente contando que J les estaba diciendo cosas que contradecían lo que dice en Un Curso de Milagros.

☼ Pág. 140 y 141 de GM:

PURSAH: (...) Ahora bien, nosotros nunca hemos dicho que el Curso sea el único camino a casa. Hemos dado a entender que es el más rápido. (...) No obstante, el Curso no es el único camino (...). Tal vez haya personas que piensen que actualmente hay otros profesores en el mundo que pueden llevarles a casa más rápido que J. Se equivocan, pero como el Curso no es para todos a la vez, eso no importa realmente. 

☼ Pág 270 de GM:

ARTEN: Eso es, y nosotros no estamos diciendo que el Curso sea el único camino. Lo que decimos es que si vas a hacer el Curso, entonces hazlo. No hagas otra cosa y le llames el Curso. Un Curso de Milagros fue dado para ahorrar tiempo a la gente si así lo eligen. Si no lo hacen, tampoco importa, porque el tiempo no es real. Pero de ti depende cuánto quieras permanecer atrapado en el ciclo de nacimiento y muerte. 

☼ Pág. 50 de GM:

PURSAH: (...) la práctica del perdón, que es la «vía rápida» de la espiritualidad.

☼ Págs. 27-28 de GM:

PURSAH: (...) Queremos ayudar a la gente a mantenerse enfocada. La aplicación del perdón avanzado o cuántico, que explicaremos, es la manera más rápida de experimentar tu realidad inmortal. Estamos aquí para enseñarte cómo romper el ciclo de nacimiento y muerte, de una vez por todas.

☼ Pág. 40 de GM:

GARY: (...) es la manera más rápida de deshacer [la separación, el ego, la culpabilidad, la dualidad].

☼ Págs. 265-266 de GM:

PURSAH: (...) Es cierto que el ego no puede sobrevivir sin juicios, de modo que si alguien consiguiera practicar el no-juzgar hasta el final, acabaría deshaciendo el ego, como hizo Buda. (...) El problema es que lleva más tiempo hacerlo así, y en realidad es más difícil. Es más fácil si cuentas con el sistema de pensamiento del Espíritu Santo para reemplazar lo que hace el ego. J no sólo practicaba el "no-juicio", también empleó una forma proactiva de perdón para cambiar su manera de mirar las cosas, acelerando enormemente el proceso. Por eso pone enfasis en que el Curso ahorra tiempo. Sus conocimientos tanto del misticismo judío como de budismo le llevaron a una versión más rápida de la salvación, en la que no sólo se deshace el ego, sino que se reemplaza por el sistema de pensamiento del Espíritu Santo.

El Amor no ha olvidado a nadie

☼ Págs. 151-152 de GM (1ª edición) (He modificado ligeramente la 1ª frase para que exprese exactamente lo que dice en la obra original en inglés):

(Gary Renard): (...) Helen Schucman fue probablemente la más grande canalizadora que jamás haya existido, por la calidad de la información que ofreció, y era única en el sentido de que no tenía que alterar su conciencia para que Jesús se comunicara a través de ella. (...) El problema fue que, como se dio a conocer que ella «oía» la voz de Jesús, se puso en marcha una oleada de imitadores que pretendían canalizar a Jesús sin llegar a entender la cantidad de cosas que filtraban. 

Por esta razón, la calidad y la consistencia de la información de Helen, procedente de Jesús, es mucho mejor que otras. Aunque otros canalizadores a menudo piensan que están diciendo «lo mismo» que Un Curso de Milagros, raras veces comprenden todas las distinciones y tampoco pueden ver dónde se han desviado del mensaje, y han incluido información que forma parte de sus creencias personales. Muchos de ellos crearon sus propias versiones del Curso, creyendo que lo mejoraban o continuaban, cuando lo cierto es que habrían hecho bien en dedicarse a aprender el original en lugar de fabricar otro. Sus egos filtraban la información canalizada. ¿Por qué no quedarse con la versión verdadera?

Posts relacionados:  

Reseña de Un Curso de Amor (por Bob Rosenthal): https://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/06/resena-de-un-curso-de-amor-por-bob.html

La historia de los manuscritos de Un curso de milagros (por Ken Wapnick): https://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/05/ken-wapnick-la-historia-de-los.html

Reseña del doctor Robert Rosenthal sobre la C&A Edition de Un Curso de Milagros: https://hablemosdeucdm.blogspot.com/2018/09/resena-del-doctor-robert-rosenthal.html

David Hoffmeister sobre la diversidad de canalizaciones y sobre las diversas versiones del Curso: https://hablemosdeucdm.blogspot.com/2020/05/david-hoffmeister-sobre-la-diversidad.html

martes, 14 de octubre de 2014

L-169 Journey ... de Ken Wapnick

Como ya indiqué en el post índice, los comentarios de Ken Wapnick son los que he puesto en color verde:

Lección 169. Por la gracia vivo. Por la gracia soy liberado. 

Continuando con el tema de la lección anterior, Jesús comienza con la gracia: 

(1.1) La gracia es el atributo del Amor de Dios que más se asemeja al estado que prevalece en la unidad de la verdad.

Reflejando el Amor de Dios, la gracia es su aspecto en el sueño y, al igual que su hermano el perdón, no se opone a su fuente. En otras palabras, la gracia es el estado natural del amor una vez que la separación pareció ocurrir —el recuerdo del Hijo que le permite elegir a su Padre en lugar de elegir al ego. 

La gracia es el estado natural de todos los Hijos de Dios. Cuando no están en estado de gracia, están fuera de su medio ambiente, y, por lo tanto, no se desenvuelven bien. Todo lo que hacen les produce tensión porque no fueron creados para el medio ambiente que ellos mismos se han labrado. (T.7.XI.2.1-3) (Pág. 151)

(1.2) Es la aspiración más elevada que se puede tener en el mundo, pues conduce más allá de él. 

Primero experimentamos la gracia de Dios y después entramos en el mundo real. En ese momento Dios desciende hasta nosotros y nos eleva de retorno hacia Sí Mismo, mientras desaparece el sueño de lo que era el mundo.

(1.3) Se encuentra más allá del aprendizaje, aunque es su objetivo, pues la gracia no puede arribar hasta que la mente no se haya preparado a sí misma para aceptarla de verdad. 

No podemos experimentar el Amor de Dios en el sueño hasta que nos preparamos para ello, lo cual hacemos con mucho gusto y agradecidamente cuando reconocemos que estábamos equivocados. Nos damos cuenta de que nuestro único objetivo es deshacer el sueño, no solidificar (consolidar, reforzar) nuestra experiencia dentro de él. Ya no queremos hacer que nuestras vidas soñadas sean más felices o más tranquilas, sino que utilizamos nuestras experiencias como vehículos para despertar del sueño. 

(1.4) La gracia se vuelve inevitable instantáneamente para aquellos que han preparado una mesa donde ésta pueda ser dulcemente depositada y gustosamente recibida: un altar inmaculado y santo para este don. 

El altar/mesa es la mente, la cual hemos ensuciado con los pensamientos de culpa y de odio del ego. Cuando nos defendemos contra el ego, estamos haciendo un mundo y un cuerpo que parecen proceder de sus pensamientos en la materia, y así nunca se podrán deshacer. Al decir que tenemos que limpiar el altar y que tenemos que preparar la mesa, Jesús nos está animando a volver a la parte de nuestra mente que toma decisiones [el "tomador de decisiones"] y le pidamos ayuda [a Jesús]. Esta ayuda viene —su amor junto a nosotros— al observar lo que hemos hecho y lo que hemos considerado verdadero, dándonos cuenta con una dulce sonrisa de que nos habíamos equivocado con respecto a todo, sin excepciones. En este sentido, en última instancia es Jesús quien limpia el altar, pero él no puede hacerlo hasta que le pedimos ayuda. En el siguiente pasaje del Texto aparece la palabra gracia, mientras Jesús nos invita a su mesa de comunión, purificada por la relación santa que da la bienvenida a su presencia, junto con nuestros hermanos: 

El amor también quiere desplegar ante ti un festín sobre una mesa cubierta con un mantel inmaculado, en un plácido jardín donde sólo se oye un cántico angelical y un suave y feliz murmullo. Es éste un banquete en honor de tu relación santa, en el que todo el mundo es un invitado de honor. Y en un instante santo la gracia es recitada por todos juntos [frase retocada para traducir más literalmente la palabra "gracia" que sí aparece como "grace" en inglés, y así hacer que el comentario de Ken sobre que en este párrafo aparece la palabra gracia, tenga sentido. Pero la versión oficial del Curso es más clara: la mesa es bendecida (bendecir la mesa, o dar gracias ante la mesa, es "recitar la gracia") por todos juntos, al unirnos fraternalmente ante ésta], al uniros fraternalmente ante la mesa de comunión. Yo me uniré a vosotros ahí, tal como lo prometí hace mucho tiempo y como todavía lo sigo prometiendo. Pues en vuestra nueva relación se me da la bienvenida. Y donde se me da la bienvenida allí estoy. (T.19.IV.A.i.16) (Pág. 458)

El conmovedor poema de Helen "Dedication for an Altar" ["Homenaje a un Altar"] expresa igualmente este proceso del perdón, en el que nos unimos a nuestro hermano, quien es también nosotros mismos.

Los templos son donde se encuentran los sagrados altares de Dios, 
y Él ha erigido un altar en cada Hijo
que Él creó. Alabemos aquí
agradecidamente que lo que Él da a uno
lo da también a todos, siempre dando y nunca quitando. 
Pues Su Voluntad se cumple siempre. 

Los templos son donde un hermano viene a orar
y descansar un rato. Quienquiera que él sea,
él trae consigo una lámpara encendida para mostrar
que el rostro de mi Salvador está ahí para que yo lo contemple
sobre el altar, y recuerde a Dios. 
Hermano mío, ven y adorémoslo aquí juntos. 

(The Gifts of God, p. 93)

(2.1) La gracia es la aceptación del Amor de Dios en un mundo de aparente odio y miedo. 

Jesús nos informa de que este es un mundo de odio y miedo, no de alegría y paz. Pero dice que es un mundo "aparente" porque no es real. Aun así, tienes que tener cuidado y no saltarte pasos. El que Jesús diga que el mundo es una ilusión no significa que tú no prestes atención a lo que sucede aquí. El mundo es de hecho una ilusión, pero tú no estarías leyendo estas líneas si no creyeras en la realidad del mundo. Por lo tanto, no niegues tus sentimientos o lo que tus ojos ven, pero pide ayuda para interpretar todo eso de una manera diferente. Tal reinterpretación es la esencia del perdón, el cual elimina la culpa proyectada que engendra el odio y el miedo, la cual a su vez contradice el amor dentro de nuestras mentes. El Espíritu Santo guarda este amor —gracia— hasta que estemos listos para elegirlo, y cuando nosotros estemos dispuestos a ver a nuestros hermanos libres de pecado estaremos listos para recibir Su gracia. El siguiente pasaje del Texto se hace eco del mensaje del poema de Helen que hemos citado anteriormente: 

La gracia no se le otorga al cuerpo, sino a la mente. Y la mente que la recibe mira instantáneamente más allá del cuerpo, y ve el santo lugar donde fue curada. Ahí es donde se alza el altar en el que la gracia fue otorgada, y donde se encuentra. Ofrécele, pues, gracia y bendiciones a tu hermano, pues te encuentras en el mismo altar donde se os otorgó la gracia a ambos. (...)

En el instante santo tú y tu hermano os encontráis ante el altar que Dios se ha erigido a Sí Mismo y a vosotros dos. (T.19.I.13.1-4; 14.1) (Pág. 446)

(2.2) Sólo mediante la gracia pueden desaparecer el odio y el miedo, pues la gracia da lugar a un estado tan opuesto a todo lo que el mundo ofrece, que aquellos cuyas mentes están iluminadas por el don de la gracia no pueden creer que el mundo del miedo sea real.

Una vez más: no puedes reclamar la gracia hasta que te hayas preparado para ella. Ella es la respuesta al ego, pues en el estado de gracia el mundo de odio y miedo desaparece mientras que el Amor de Dios es reflejado en el mundo real. Sin embargo, no es la gracia lo que has de pedir, sino la ayuda para alcanzar ese santo estado, lo cual logras al mirar de una manera diferente el mundo y tus relaciones, tal como leemos ahora:

(3.1-3) La gracia no es algo que se aprende. El último paso tiene que ir más allá de todo aprendizaje. La gracia no es la meta que este curso aspira a alcanzar. 

Se nos enseña a perdonar, y la gracia llega después. Por lo tanto aprendemos a perdonar, y experimentamos la gracia —el mundo real— mientras Dios da el último paso. El lector recordará estas dos declaraciones que reflejan el objetivo del Curso —la paz—, el cual se logra por medio del perdón: 

El conocimiento no es la motivación para aprender este curso. La paz lo es. La paz es el requisito previo para alcanzar el conocimiento, simplemente porque los que están en conflicto no están en paz, y la paz es la condición necesaria para el conocimiento porque es la condición del Reino. El conocimiento sólo puede ser restituido cuando satisfaces sus condiciones. (T.8.I.1.1-4) (Pág. 153)

No olvides que la motivación de este curso es alcanzar y conservar el estado de paz. En ese estado la mente se acalla y se alcanza la condición en la que se recuerda a Dios. (T.24.introd.1.1-2) (Pág. 559)

(3.4-5) No obstante, nos preparamos para ella en el sentido de que una mente receptiva puede oír la Llamada a despertar. Dicha mente no se ha cerrado completamente a la Voz de Dios. 

Cuando en un principio hicimos nuestra decisión de ir contra el Espíritu Santo, lo que hicimos fue rechazar Su verdad, absolutamente convencidos de que éramos nosotros los que estábamos en lo cierto. Esto nos llevó a la actual situación, nuestro actual convencimiento acerca de nuestros problemas y de todo lo que tenemos que hacer para defendernos de ellos. Así que una mente abierta comienza diciendo: "No entiendo nada, ni sé quién soy. Pero gracias a Dios que hay Alguien dentro de mí que sí sabe, Cuyo Amor me enseñará a recordar mi Identidad y olvidar la amarga ilusión que hice de mí mismo y del mundo". ¿Qué estudiante de Un Curso de Milagros puede olvidar estas líneas tan frecuentemente citadas?: 

No sé lo que soy, por lo tanto, no sé lo que estoy haciendo, dónde me encuentro, ni cómo considerar al mundo o a mí mismo. Sin embargo, con esta lección nace la salvación. Y lo que tú eres te hablará de Sí Mismo. (T.31.V.17.7-9) (Pág. 744)

La mentalidad abierta es la última de las características de los maestros avanzados de Dios, y está relacionada con la ausencia de juicios, del prototípico juicio que consiste en creer que nosotros teníamos razón y la Voz de Dios estaba equivocada: 

La mentalidad abierta procede de una ausencia de juicios. De la misma manera en que los juicios cierran la mente impidiéndole la entrada al Maestro de Dios, de igual modo la mentalidad abierta lo invita a entrar. De la misma manera en que la condenación juzga al Hijo de Dios como malvado, de igual modo la mentalidad abierta permite que sea juzgado por la Voz de Dios en Su Nombre. (M.4.X.1.2-4) (Pág. 17)

(3.6) Se ha dado cuenta de que hay cosas que no sabe, y, por lo tanto, está lista para aceptar un estado completamente diferente de la experiencia con la que se siente a gusto por resultarle familiar. 

Esa experiencia es especialismo [deseo de ser especial], conflicto, juicio y enfermedad. Sin embargo sólo necesitamos una pequeña voluntad de ser conscientes de que no lo sabemos todo, la cual es todo lo que Jesús necesita para entrar en nuestras mentes y corregir nuestros pensamientos equivocados. 

(4.1) Tal vez parezca que estamos contradiciendo nuestra afirmación de que el momento en que la revelación de que el Padre y el Hijo son Uno ya se ha fijado.

Esto se refiere a la lección 158, donde Jesús nos dice que el momento en el que ha de llegar la revelación ya está fijado, pero ahora hará hincapié en nuestra necesidad de elegirlo. Como en otras partes de Un Curso de Milagros, Jesús nos permite saber que es posible usar sus palabras de formas aparentemente contradictorias. Sin embargo, él ahora explica que no hay contradicción cuando entendemos los diferentes niveles en los que él habla: 

(4.2) Pero hemos dicho también que la mente es la que determina cuándo ha de ocurrir ese momento, y que ya lo ha determinado.

Hay una parte de nuestra mente que ya ha aceptado la Expiación. Cuándo decidiremos aceptar esa aceptación es nuestra elección. El "guión de la salvación" ya está escrito, como veremos en seguida, y por lo tanto nosotros elegimos —a nivel de la mente que está fuera del tiempo y del espacio— cuándo experimentar la decisión que ya ha sido efectuada. Un popular dicho cristiano contiene la misma paradoja: la salvación está aquí, pero aún no; la salvación está aquí porque Jesús está presente entre nosotros, pero aún no porque nosotros todavía no le hemos elegido. Usando como analogía las cintas de vídeo [hoy día quizás se diría: los DVD], podemos entender que hay una cinta de vídeo en la que el Padre y el Hijo son experimentados como uno: la aceptación de la Expiación. Esa cinta de vídeo está en la librería de nuestra mente como un recuerdo. Una vez más: cuándo decidimos reproducir [recordar, rememorar] esa cinta depende de nosotros. Por lo tanto Jesús no se contradice: la Expiación está aquí, pero aún no. 

(4.3) Te exhortamos, no obstante, a que des testimonio de la Palabra de Dios para hacer que la experiencia de la verdad llegue más pronto y para acelerar su advenimiento a toda mente que reconozca los efectos de la verdad en ti.

Una vez más Jesús nos dice: "El mundo se ha acabado y en realidad nunca ocurrió, sin embargo tú crees que estás dormido dentro del sueño. ¿Por qué seguir retrasando la felicidad de despertar; por qué esperar al Cielo?" (L.188)

El siguiente párrafo [y los que le siguen] es importante, tanto por ser una declaración de la Unicidad no-dual de Dios como porque Jesús nos dice que de ninguna manera podemos entender eso: 

(5.1-5) La Unidad es simplemente la idea de que Dios es. Y en Su Ser, Él abarca todas las cosas. Ninguna mente contiene nada que no sea Él. Decimos "Dios es", y luego guardamos silencio, pues en ese conocimiento las palabras carecen de sentido. No hay labios que las puedan pronunciar, ni ninguna parte de la mente es lo suficientemente diferente del resto como para poder sentir que ahora es consciente de algo que no sea ella misma. 

En el Cielo no hay conciencia separada: no hay un Hijo distinto del Padre y que se experimente a sí mismo en relación con Dios, ni tampoco hay un Dios distinto de Su Hijo que se experimente a Sí Mismo en relación con Su creación. Dios y Cristo no son dos seres distintos en el Cielo. Ellos son Uno. Jesús usa estas palabras dualistas para simbolizar la realidad no dualista del Amor de Dios. Recordemos este pasaje sobre la Trinidad:

Puesto que crees estar separado, el Cielo se presenta ante ti como algo separado también. No es que lo esté realmente, sino que se presenta así a fin de que el vínculo que se te ha dado para que te unas a la verdad pueda llegar hasta ti a través de lo que entiendes. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son Uno, de la misma manera en que todos tus hermanos están unidos en la verdad cual uno. Cristo y Su Padre jamás han estado separados, y Cristo mora en tu entendimiento, en aquella parte de ti que comparte la Voluntad de Su Padre. El Espíritu Santo es el vínculo entre la otra parte —el diminuto y alocado deseo de estar separado, de ser diferente y especial— y el Cristo, para hacer que la unicidad le resulte clara a lo que es realmente uno. En este mundo esto no se entiende, pero se puede enseñar. (T.25.I.5) (Pág. 584)

No hay manera de que nosotros podamos entender esa "Unicidad unida cual Una" (T.25.I.7.1) [en UCDM se tradujo "Oneness" a veces por "Unidad" y a veces por "Unicidad"; en este caso podríamos también decir: "Unidad unida como Una"], y por lo tanto Jesús habla de la Divinidad en el lenguaje trinitario tradicional. Sin embargo, él quiere que entendamos que esto es un mero conjunto de símbolos que están "doblemente alejados de la realidad" (M.21.1.10), y que por lo tanto no son la realidad. No obstante, estos símbolos sirven para el útil propósito de llevarnos más allá de la experiencia de la dualidad —la mentalidad recta corrigiendo a la mentalidad errada— hasta la verdad no dualista de la viviente Unidad del Cielo (y nuestra).

(5.6-7 y 6.1) Se ha unido a su Fuente, y al igual que Ella, simplemente es. No podemos hablar, escribir y ni siquiera pensar en esto en absoluto.

Jesús nos dice —y lo dirá de nuevo en esta lección— que no va a entrar en detalles sobre esta verdad porque no podríamos entenderla. Por lo tanto él se enfoca en hablarnos de lo que podemos entender —cómo podemos despertar del sueño de la dualidad— y usa los símbolos para referirse a una realidad que no es necesario que nosotros comprendamos: 

Todavía estás convencido de que tu entendimiento constituye una poderosa aportación a la verdad y de que hace que ésta sea lo que es. Mas hemos subrayado que no tienes que comprender nada. La salvación es fácil de alcanzar precisamente porque no te pide nada que no puedas dar ahora mismo. (T.18.IV.7.5-7) (Pág. 425)

Lo único que necesitamos es aprender a perdonar, y el amoroso perdón refleja la voluntad de "mostrarse" que es intrínseca a sí mismo. Y entonces nosotros sabremos [recordaremos/reconoceremos el conocimiento, la verdad].

(6.2) Pues aflorará en toda mente cuando el reconocimiento de que su voluntad es la de Dios se haya dado y recibido por completo. 

Cuando nos damos cuenta de que dar y recibir son lo mismo, y hemos aceptado la totalidad que Dios ha dado, experimentamos Su gracia.  Por consiguiente estamos en el mundo real, después del cual, digámoslo una vez más, el mundo desaparece y volvemos a la Unidad que "llega a cada mente".

(6.3) Ello hace que la mente retorne al eterno presente, donde el pasado y el futuro son inconcebibles. 

No existe el pasado ni el futuro, únicamente el eterno Amor de Dios. Volviendo al "The Shining Instant" ["El instante resplandeciente"], de Helen, ahí podemos leer "the endless present" ["el eterno presente"]:

Acaricia este instante. Todo el tiempo está insertado 
dentro de sus límites. El pasado no pudo sino conducirnos
a este previsto momento. El futuro aún
no ha nacido, y es silencioso
como una palabra inexpresada. Busca en su lugar el espacio eterno
de la intemporalidad. 
(The Gifts of God, p. 74)

(6.4-7) El eterno presente yace más allá de la salvación; más allá de todo pensamiento de tiempo, del perdón y de la santa faz de Cristo. El Hijo de Dios simplemente ha desaparecido en su Padre, tal como su Padre ha desaparecido en él. El mundo jamás ha tenido lugar. La eternidad permanece como un estado constante. 

Antes de que completemos nuestras lecciones de perdón y recordemos la perfecta Unidad, aprendemos a experimentar su reflejo; esto lo aprendemos al no ver a otros con intereses separados [distintos, en conflicto] de los nuestros. Cuando se entiende este singular principio de la salvación y se generaliza a todas las relaciones, el mundo de la separación desaparece, Dios da el último paso y nosotros desaparecemos en Él como Él desaparece en nosotros: un Hijo, un Padre, un Ser. En el Texto, Jesús nos exhorta a compartir su visión de la unidad de la Filiación: 

Unámonos para derramar bendiciones sobre el mundo del pecado y de la muerte. Pues lo que puede salvar a cualquiera de nosotros puede salvarnos a todos. No hay diferencias entre los Hijos de Dios. (...) 

Tu Nombre ancestral es el de todos ellos, tal como el de ellos es el tuyo. (...) Un milagro no puede cambiar nada en absoluto. Pero puede hacer que lo que siempre ha sido verdad sea reconocido por aquellos que lo desconocen; y mediante este pequeño regalo de verdad se le permite a lo que siempre ha sido verdad ser lo que es, al Hijo de Dios ser él mismo y a toda la creación ser libre para invocar el Nombre de Dios cual Una sola. (T.26.VII.19.3-5; 20.1,4-5) (Pág. 627)

(7.1) Esto está más allá de la experiencia que estamos tratando de acelerar. 

La palabra "Esto" se refiere a todo lo que Jesús describe en el párrafo anterior. La experiencia que Jesús aceleraría es la consecución del mundo real, que completa el proceso de perdón. Lo que está más allá de esta experiencia —la realidad y la eternidad— él no puede comunicárnoslo en palabras. 

(7.2) No obstante, cuando se enseña y se aprende lo que es el perdón, ello trae consigo experiencias que dan testimonio de que el momento en que la mente misma decidió abandonarlo todo excepto esto, está por llegar. 

El perdón está compuesto por los pasos que Jesús nos pide que demos hasta alcanzar el mundo real y, lo decimos una vez más, elegir la cinta de vídeo en la cual recordamos la unidad de Padre e Hijo: nuestro objetivo de aceptar la Expiación. La total unicidad de la realidad, cuando Dios da el último paso, está más allá de lo que Un Curso de Milagros debiera enseñar. 

(7.3) No es que realmente lo podamos acelerar, toda vez que lo que vas a ofrecer es algo que simplemente se había ocultado de Aquel que enseña el significado del perdón. 

No aceleramos ese momento, en tanto que sabemos que un día ofreceremos a nuestro Maestro del perdón lo que Le habíamos ocultado —y así aceptaremos la Expiación. Nuestro "yo especial", que busca mantener fuera del alcance del Espíritu Santo los lugares de oscuridad que nos "protegen" [nos mantienen separados] de la verdad, todavía teme el último paso, lo cual refleja nuestra necesidad de retener nuestra individualidad y nuestras defensas, lo cual será tratado en la próxima lección. Jesús nos pide que tengamos paciencia con nosotros mismos, pues él no nos está coaccionando para que hagamos lo que aún tememos. Puede que recuerdes estas reconfortantes líneas del Texto

No temas que se te vaya a elevar y a arrojar abruptamente a la realidad. El tiempo es benévolo, y si lo usas en beneficio de la realidad, se ajustará al ritmo de tu transición. (T.16.VI.8.1-2) (Pág. 384)

Jesús no nos empuja a aceptar lo que tememos. Así es como sabemos que él es Jesús. 

(8.1) Todo aprendizaje ya se encontraba en Su Mente, consumado y completo.

La aceptación de la Expiación ya ha ocurrido, enteramente presente en nuestras mentes a través del Espíritu Santo. El problema es que nosotros todavía no hemos elegido aceptarla. Sin embargo, cuando lo hacemos, ella está ahí; digámoslo una vez más: la salvación está aquí, pero aún no.

(8.2) Él reconoció todo lo que el tiempo encierra, y se lo dio a todas las mentes para que cada una de ellas pudiera determinar, desde una perspectiva en la que el tiempo ha terminado, cuándo ha de ser liberada para la revelación y la eternidad. 

Esta lección es complementaria con la Lección 158, como hemos señalado en las referencias a esa lección. Como recordarás, Jesús habló del "guión" como algo ya escrito —tanto el del ego como el de la corrección del Espíritu Santo— y por lo tanto nosotros simplemente estamos revisando mentalmente lo que ya ha ocurrido; reproduciendo antiguas cintas de vídeo. Cuándo vamos a aceptar el vídeo de "la aceptación de la Expiación" es decisión nuestra. Como Jesús nos dice en la introducción al Texto

Tener libre albedrío no quiere decir que tú mismo puedas establecer el plan de estudios. Significa únicamente que puedes elegir lo que quieres aprender en cualquier momento dado. (T.introd.1.4-5; letras en cursiva omitidas)

A eso es a lo que Jesús hace referencia aquí: al "tomador de decisiones" —fuera del tiempo y del espacio— que elige para escoger su identificación —el ego o el Espíritu Santo, cuyos dos sistemas de pensamiento, una vez más, son completos y están completados. Esta comprensión nos permite mantenernos en la perspectiva de la mente recta a medida que avanzamos a través de nuestras clases diarias de relaciones especiales. Saber que el guión está terminado nos ayuda a no tomarnos tan en serio los eventos que antes tanto nos preocupaban. Jesús continúa en la misma línea: 

(8.3) Hemos repetido en varias ocasiones que no haces sino emprender una jornada [un viaje] que ya concluyó. 

El viaje a casa es "un viaje sin distancia hacia una meta que nunca ha cambiado" (T.8.VI.9.7). En un momento veremos, de nuevo, que no hay manera de que nosotros podamos entender esto —un tema relevante de la lección. Es importante, sin embargo, que al menos reconozcamos qué es lo que no entendemos, y que reconozcamos también que, lo que pensamos haber entendido, en realidad no tiene sentido. Esto es el comienzo de la humildad, lo que nos permite partir hacia nuestro destino de retorno a casa, esa "jornada que ya concluyó" [o ese "viaje que ya está hecho"].

(9.1) Pues la unidad no puede sino encontrarse aquí. 

La unidad no puede ser comprometida ni perdida. Sin embargo el ego nos dice que, para poder lograr nuestra existencia separada, la Unidad fue destruida. En nuestros sueños, de hecho, hemos vagabundeado por la lejana tierra de la individualidad, pero la Unidad de la Divinidad —Dios en uno [siendo uno] con Cristo— nunca ha cambiado. Recordemos esta hermosa apertura de El Canto de la Oración

La oración es el mayor regalo con el que Dios bendijo a Su Hijo cuando lo creó. Ya era entonces aquello que habría de llegar a ser, la única voz que el Creador y la creación comparten; el canto que el Hijo entona al Padre, Quien le devuelve las gracias que el canto Le brinda. La armonía es perpetua, y perpetua es también la gozosa concordia de amor que eternamente Ambos se profesan el Uno al Otro. (...) El amor que comparten es lo que toda oración habrá de ser por toda la eternidad, cuando al tiempo le llegue su fin. Porque así era antes de que el tiempo pareciese existir. (...) Lo que Dios creó uno debe reconocer su unidad, y alegrarse de que lo que las ilusiones parecían separar es uno por siempre en la Mente de Dios. (O.1.introd.1.1-3,7-8; 2.3) (Pág. 7)

Lo que nunca sucedió no ha sucedido. Por lo tanto la culpa y el miedo son infundados y no hay necesidad de defensas. El reconocimiento de este hecho feliz es el núcleo del perdón. 

(9.2) Sea cual sea el momento que la mente haya fijado para la revelación ello es completamente irrelevante para lo que no puede sino ser un estado constante, eternamente como siempre ha sido, y como ha de seguir siendo eternamente. 

La eternidad está siempre presente, y totalmente inafectada por el sueño del tiempo —unos pocos minutos o unos pocos miles de millones de años no suponen ninguna diferencia para una ilusión:

¿Qué son cien años para Ellos [Dios y Cristo], o mil, o cientos de miles? Cuando Ellos llegan, el propósito del tiempo se consuma. Lo que nunca tuvo lugar desaparece en la nada cuando Ellos llegan. (T.26.IX.4.1-3) (Pág. 631)

Por lo tanto, cualquiera que sea el momento que la mente ha fijado es irrelevante, pues nuestra decisión de recordar la verdad debe ser una decisión ilusoria, ya que nunca la dejamos [nunca sucedió que abandonásemos a la verdad]. Estas ideas deberían ser un gran consuelo, puesto que nos dicen que a pesar del incómodo malestar de nuestras vidas, ellas siguen siendo parte de un sueño. Jesús no nos exige que aceptemos esto ahora, sólo nos dice que nos sentiremos mejor si lo hacemos —pero no hay prisa. De hecho, en cualquier momento que experimentamos a Jesús, el Espíritu Santo o incluso Dios presionándonos, podemos estar seguros de que en realidad se trata de nuestro ego. Pasajes como este dejan claro que el tiempo que se tarda en elegir la verdad no es relevante. Por lo tanto, ¿por qué Ellos iban a convertir en un asunto importante lo que en realidad es irrelevante? La urgencia que pudiéramos sentir procede de nuestro dolor y desasosiego —la necesidad del ego de hacer real la ilusion. 

(9.3) Nosotros simplemente asumimos el papel que se nos asignó hace mucho, y que Aquel que escribió el guión de la salvación en el Nombre de Su Creador y en el Nombre del Hijo de Su Creador, reconoció como perfectamente realizado. 

En "El pequeño obstáculo" Jesús habla de "el brevísimo lapso de tiempo" —el instante ontológico durante el cual la separación pareció ocurrir— que contiene todos los errores que resultaron de ese brevísimo lapso. De hecho, el holograma completo del tiempo y el espacio se encuentra en ese instante original, el cual incluye también la corrección y todas las formas de perdón que resultaron de eso —el antiguo guión del ego y su deshacimiento mediante el guión corrector de la salvación: 

El tiempo tan sólo duró un instante en tu mente, y no afectó a la eternidad en absoluto. Y así es todo tiempo pasado; y todo permanece exactamente como era antes de que se construyese el camino que no lleva a ninguna parte. El brevísimo lapso de tiempo en el que se cometió el primer error —en el que todos los demás errores están contenidos— encerraba también la Corrección de ese primer error y de todos los demás que partieron de él. Y en ese breve instante el tiempo desapareció, pues eso es lo que jamás fue. Aquello a lo que Dios dio respuesta ha sido resuelto y ha desaparecido. (T.26.V.3.3-7) (Pág. 618)

Estos guiones son "el papel que se nos asignó hace mucho". No es que Dios o el Espíritu Santo asignaran estos papeles. Somos nosotros quienes cometimos el error de establecer una relación especial con Dios, y a continuación fragmentándola en las relaciones especiales de nuestra vida personal. El pensamiento corrector de la Expiación está presente en nuestras mentes también, y su guión de salvación deshace la descabellada idea que tiene el ego acerca de la verdad. Simplemente aceptamos un aula que nosotros mismos establecimos, y ahora elegimos a un Maestro diferente para que nos instruya. Una vez más: nadie nos obliga a aprender. Lo único que Jesús espera es convencernos de nuestra miseria, la cual seguirá en pie mientras continuemos retrasando aprender su perdón —nuestro papel asignado en el guión de la salvación. 

(10.1) No hay necesidad de clarificar más lo que nadie en el mundo puede entender. 

Aquí tenemos otro ejemplo de Jesús rociándonos con perlas metafísicas y a continuación diciéndonos que nunca las entenderemos, al no haber modo alguno de que la mente separada pueda comprender la ilusión del tiempo, y ya no digamos la realidad intemporal. Sin embargo podemos entender —tal como él nos dirá unas líneas más adelante en esta misma lección— cómo perdonar y elegir dentro del sueño de una manera diferente. Enseñarnos a hacer esto es el único propósito y la única meta de Un Curso de Milagros

(10.2) Cuando la revelación de tu unidad tenga lugar, lo sabrás y lo comprenderás plenamente. 

Hasta entonces, sin embargo, no conocerás la unidad, y desde luego que no la entenderás. No obstante, lo único que se requiere es nuestra disposición para ser enseñados. Por consiguiente Jesús vuelve a su tema principal del perdón y de nuestro "trabajo" de perdonar nuestras relaciones especiales: 

(10.3-4) Pero por ahora aún nos queda trabajo por hacer, pues aquellos que se encuentran en el tiempo pueden hablar de cosas que están más allá de él, y escuchar palabras que explican que lo que ha de venir ha pasado ya. Mas ¿qué significado pueden tener dichas palabras para los que todavía se rigen por el reloj, y se levantan, trabajan y se van a dormir de acuerdo con él? 

Eso nos incluye a todos, pues habitamos un mundo de espacio, gobernado por el tiempo: nos sentimos cansados en determinados momentos, hambrientos en otros; marcamos las etapas de desarrollo del cuerpo mediante períodos de tiempo claramente delimitados. De hecho, aquí todo se rige por el reloj. Nos guste o no, es así como el mundo y el cuerpo están configurados, y como el universo sigue existiendo. Por lo tanto, mientras sigamos identificados con el cuerpo, ¿cómo podríamos jamás entender la naturaleza no-lineal e ilusoria del tiempo? 

(11.1) Baste, pues, con decir que para desempeñar tu papel aún te queda trabajo por hacer.

No es importante entender la metafísica, pero es importante aprender las lecciones que están basadas en esta metafísica, pues así es como volvemos a casa. 

(11.2) El final seguirá siendo nebuloso para ti hasta que hayas desempeñado por completo tu papel. 

Es por eso por lo que Un Curso de Milagros no es sobre el amor, Dios, o el Cielo —Ellos son el fruto final, el cual sigue siendo oscuro para nosotros—, sino que el Curso va sobre el deshacimiento de la culpa por medio del perdón, lo cual está al alcance de nuestro aprendizaje. 

(11.3-4) Pero eso no importa, pues tu papel sigue siendo el pilar sobre lo que todo lo demás descansa. 

Una lección posterior se titula "De mí depende la salvación del mundo" (L.186), comprensible cuando recordamos que somos el único Hijo de Dios. Jesús no quiere decir que nosotros como individuos especiales seamos los responsables de la salvación del mundo, la cual reside únicamente dentro de la única mente del Hijo. Creemos que somos fragmentos separados, pero cuando nuestras mentes son sanadas reconocemos nuestra inherente unidad, y nos damos cuenta de que el universo físico es sólo una proyección del pensamiento de separación. Esta comprensión incluye nuestra función en la Expiación, nuestro papel en su "plan" para salvar al mundo. 

(11.5) Conforme asumas el papel que se te encomendó, la salvación se acercará un poco más a cada corazón inseguro cuyo latir no esté aún en sintonía con Dios. 

Esto pasa a ser un tema importante en el resto de la lección, tal como lo ha sido a lo largo del Libro de ejercicios y de Un Curso de Milagros mismo. Cuando nuestras mentes son sanadas en el instante santo, nos convertimos en un faro de luz que brilla en la mente de la Filiación, recordando a los otros aparentes fragmentos que pueden elegir como nosotros. Estos son los corazones inseguros que entonan notas discordantes y laten a ritmos distantes que no están en armonía con Dios. 

(12.1) El perdón es el eje central de la salvación, pues hace que todos sus aspectos tengan una relación significativa entre sí, dirige su trayectoria y asegura su resultado. 

Por consiguiente el perdón unifica nuestra experiencia: sin él, nada tiene sentido aquí; con él, el mundo se transforma en el aula en la que aprendemos las lecciones de la vida eterna. Nuestro especialismo, forjado para odiar, matar y morir, se convierte así en la fuente de nuestro despertar al amor:

Dios dispuso que el especialismo que Su Hijo eligió para hacerse daño a sí mismo fuese igualmente el medio para su salvación desde el preciso instante en que tomó esa decisión. Su pecado especial pasó a ser su gracia especial. Su odio especial se convirtió en su amor especial. (T.25.VI.6.6-8) (Pág. 596)

El Espíritu Santo necesita que desempeñes tu función especial, de modo que la Suya pueda consumarse. (...) Ésta es la función que se te encomendó con respecto a tu hermano. Acéptala dulcemente de la mano de tu hermano, y deja que la salvación se consume perfectamente en ti. Haz sólo esto y todo se te dará. (T.25.VI.7.1,8-10) (Págs. 596 y 597)

El "todo" que se nos dará es la gracia.

(12.2) Y ahora pedimos que se nos conceda la gracia, el último regalo [o: el regalo final] que la salvación puede otorgar. 

Hemos visto que la gracia llega después de que aprendemos nuestras lecciones; es el último remanente de la experiencia dentro del sueño, lleno del reflejo del amor. Nuestro amable perdón de los demás y de nosotros mismos permite que este regalo final —de la visión de la gracia— llegue a nosotros y a la Filiación.

La gracia de Dios descansa dulcemente sobre los ojos que perdonan, y todo lo que éstos contemplan le habla de Dios al espectador. Él no ve maldad, ni nada que temer en el mundo o nadie que sea diferente de él. Y de la misma manera en que ama a otros con amor y con dulzura, así se contempla a sí mismo. Él no se condenaría a sí mismo por sus propios errores tal como tampoco condenaría a otro. No es un árbitro de venganzas ni un castigador de pecadores. La dulzura de su mirada descansa sobre sí mismo con toda la ternura que les ofrece a los demás. Pues sólo quiere curar y bendecir. Y puesto que actúa en armonía con la Voluntad de Dios, tiene el poder de curar y bendecir a todos los que contempla con la gracia de Dios en su mirada. (T.25.VI.1) (Pág. 595)

(12.3) La experiencia que la gracia proporciona es temporal, pues la gracia es un preludio del Cielo, pero sólo reemplaza a la idea de tiempo por un breve lapso. 

La gracia no acaba con el mundo, pero conduce al "breve lapso" del instante santo, presagiando [o: preludiando, anunciando] el Cielo. 

(13.1-2) Mas ese lapso es suficiente. Pues ahí es donde se depositan los milagros, que tú has de devolver de los instantes santos que recibes a través de la gracia que experimentas, a todos los que ven la luz que aún refulge en tu faz. 

Esta idea se explica con más detalle en la lección 184. Nuestra función —incluso dentro de nuestra experiencia en un mundo espacial y temporal— es adentrarnos en el tranquilo lugar de nuestra mente donde está Jesús. Y una vez rebosantes de su paz, llevamos nuestra atención al mundo, pero ahora lo vemos desde una nueva perspectiva. La luz irradia desde este instante santo de mentalidad recta, y aunque algunos pueden no aceptarla, no pueden dejar de responder a lo que ellos perciben como algo nuevo y diferente en nosotros. 

(13.3) ¿Qué es la faz de Cristo sino la de aquel que se adentró por un momento en la intemporalidad y al volver trajo consigo —para bendecir al mundo— un claro reflejo de la unidad que experimentó allí? 

"La faz de Cristo" simboliza la inocencia del Hijo de Dios. Lo que se nos pide en Un Curso de Milagros es vivir en el mundo, pero dándonos cuenta de que no somos de él [en realidad tampoco estamos en él, pero lo que Ken quiere remarcar aquí es que no pertenecemos a la apariencia de mundo que percibimos, aunque no negamos que en efecto lo percibimos; de ahí que remarque la palabra "de" —en inglés "of"— con letras en cursiva, para indicar que nos percibimos como cuerpos en el mundo pero que en realidad no formamos parte de él, pues nuestra verdadera patria es el Cielo, el Cual será nuestra experiencia cuando completemos nuestras lecciones de perdón y Dios dé "el último paso". Pero para todo esto, primero tenemos que perdonar, y este proceso parecemos hacerlo inmersos en el mundo, pues durante el proceso de perdón todavía nos percibimos como un cuerpo en el mundo, lo cual no debemos negar pues es nuestra aparente situación actual, de la cual saldremos mediante el perdón]. El reto de ser un estudiante del Curso es restar importancia a lo que parece ser importante y valioso aquí, y hacer hincapié en lo que es verdaderamente valioso: la perdonadora Presencia del Espíritu Santo en nuestras mentes. Así somos capaces de estar plenamente para otros [capaces de funcionar en el mundo y seguir cumpliendo con nuestras interacciones con los demás], pero de una manera diferente [con la inspiración interior del Espíritu Santo como Guía]. En lugar de ser una sombra [o proyección] de odio, separación y ataque, reflejamos la intemporal paz del amor. Por lo tanto lo que se nos pide, junto a nuestro hermano, es iluminar el oscurecido mundo [o: "el mundo en penumbra"] con la brillante luz del perdón y el Amor de Cristo:

Y así, tú y tu hermano os encontráis ahí en ese santo lugar, ante el velo de pecado que pende entre vosotros y la faz de Cristo. ¡Dejad que sea descorrido! ¡Descorredlo juntos! Pues es sólo un velo lo que se interpone entre vosotros. (...) Piensa en lo que os espera después: el Amor de Cristo iluminará vuestros rostros e irradiará desde ellos a un mundo en penumbra y con necesidad de luz. Y desde este santo lugar Él regresará con vosotros, sin irse de él y sin abandonaros. Os convertiréis en Sus mensajeros, al restituirlo a Él a Sí Mismo. (T.22.IV.3.1-3,6-9) [Según la numeración en inglés de las frases, pues en la traducción al español 1ª edición hubo error al numerar las frases de ese párrafo]

(13.4) ¿Cómo podrías llegar a alcanzarla para siempre, mientras una parte de ti se encuentre afuera, ignorante y dormida, necesitada de que tú des testimonio de la verdad? 

Jesús nos invita a considerar cómo podríamos volver a casa durante nuestra identificación con una parte separada de nuestra mente, la cual se manifiesta como un cuerpo. El "tú" al cual él apela [el "tú" al que Jesús le habla] —"necesitado/a de que tú des testimonio de la verdad"— es la parte de la mente que podemos llamar el "tomador de decisiones", que está conectado con el Espíritu Santo, y el cual está reflejado en tu existencia mundana. Sin embargo, no hay forma de que podamos retornar al "lugar" sin forma de la intemporalidad mientras sigamos identificándonos con un cuerpo arraigado en el espacio y el tiempo.

(14.1-2) Siéntete agradecido de poder regresar, de la misma manera en que te alegró ir por un instante, y acepta los dones que la gracia te otorgó. Es a ti mismo a quien se los traes. 

Ten cuidado de no caer en una actitud de egoísmo espiritual, en el que sólo te preocupas de tus maravillosas experiencias espirituales [literalmente dice: "de tus maravillosas experiencias de la presencia de Jesús"], las cuales querrías reservar exclusivamente para ti mismo. Si haces eso, no es su presencia [de Jesús, o de lo auténticamente divino] lo que experimentaste. Al ser real, su amor no-exclusivo tiene que ser extendido, y esto es lo que Jesús nos señala aquí: nuestro ser es el ser del único Hijo de Dios. 

Por lo tanto deberías estar agradecido de estar en el mundo, ya que habrás aprendido que no estás en el mundo separado —el del especialismo y los cuerpos. De este modo ya no seguirás detestando estar aquí, porque tu cuerpo servirá a un diferente propósito: recordar a tus hermanos y hermanas que ellos simplemente cometieron un error, y que pueden volver a casa con sólo cambiar de mentalidad. Esto a su vez refuerza ese mismo cambio en ti mismo, basado en un cambio de actitud que consiste en identificarte menos con tu ser corporal y más con el Pensamiento del Amor de Dios que eres verdaderamente. Este cambio no ocurre de la noche a la mañana [no sucede repentinamente], pero tu experiencia en el mundo comienza a cambiar. En lugar de sentirte aprisionado en el cuerpo, ves el mundo como un aula en la cual te conviertes en un reflejo y extensión de tu Maestro, al mismo tiempo que aprendes de Él. Este es el foco de la aplicación de Un Curso de Milagros en general, y de estas lecciones en particular.

(14.3) Y la revelación no está muy lejos. 

Esto refleja la fórmula ya mencionada de Un Curso de Milagros: ves la faz de Cristo en tu hermano y recuerdas a Dios. A medida que aprendemos a ver la cara [la faz, el rostro] inocente de los demás, la vemos en nosotros mismos. Así es deshecho el sistema de pensamiento del ego, de modo que permitimos que Dios dé el último paso mientras recordamos Su Amor. Ese es el significado de "la revelación no está muy lejos". Tal como Jesús dice en el Texto

La faz de Cristo se ve antes de que el Padre se pueda recordar, pues Éste permanece en el olvido hasta que Su Hijo haya llegado más allá del perdón hasta el Amor de Dios. El Amor de Cristo, no obstante, se acepta primero. Y entonces aflora el conocimiento de que Ambos son uno. (T.30.V.7.5-8) (Pág. 717) [La palabra final puede escribirse también Uno en mayúscula, pues en ACIM inglés escribieron "one" en la 2ª edición pero lo cambiaron a mayúscula en la 3ª edición, acabando esa frase con "(...) They are One"].

(14.4-6) Su llegada es indudable. Pedimos que se nos conceda la gracia y la experiencia que procede de ella. Damos la bienvenida a la liberación que les ofrece a todos. 

La experiencia no ofrece la liberación sólo para mí. Si soy verdaderamente liberado, lo cual significa que estoy liberado del sistema de pensamiento de la separación, todo el mundo debe estar liberado también, porque el Hijo de Dios es uno. Una vez más, esto no puede ser entendido desde una perspectiva fragmentada tal como la que nosotros tenemos aquí, sino sólo cuando suspendemos nuestra creencia en la separación y nos damos cuenta de la naturaleza de plenitud de la verdad.

(14.7-9) No estamos pidiendo lo que no se puede pedir. No tenemos nuestras miras puestas en aquello que está más allá de lo que la gracia puede conceder. Pues eso lo podemos dar con la gracia que se nos ha concedido. 

Damos la gracia porque la hemos aceptado en el interior de nosotros mismos, y no nos hemos saltado los pasos del perdón que nos conducen a casa.

(15) Nuestro objetivo de aprendizaje de hoy no excede lo que expresa esta plegaria. Mas ¿qué puede haber en el mundo que sobrepase lo que en este día le pedimos a Aquel que nos concede la gracia que pedimos, tal como se le concedió a Él? 
Por la gracia vivo. Por la gracia soy liberado. 
Por la gracia doy. Por la gracia he de liberar. 

Dar y recibir son lo mismo, y nosotros no pedimos sino lo que ya se encuentra presente en nosotros. Por lo tanto pedimos ayuda para aceptar el medio que nos permite aceptar la verdad que ya está aquí. El medio para lograr esta aceptación es el perdón, el cual es el propósito de ésta y de cada una de las lecciones que Jesús quiere que aprendamos y enseñemos.

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Fuente: Journey Through the Workbook of a Course in Miracles, de Ken Wapnick.

Índice de capítulos traducidos en este blog, aquí: link-indice.

lunes, 13 de octubre de 2014

L-168 Journey ... de Ken Wapnick

Como ya indiqué en el post índice, los comentarios de Ken Wapnick son los que he puesto en color verde:

Lección 168: Tu gracia me es dada. La reclamo ahora. 

Esta lección y la siguiente hablan de la gracia de una forma diferente a la de otras exposiciones de este tema en otras partes del Curso. Por ejemplo en el primer capítulo del Texto Jesús habla del espíritu como siendo en un estado de gracia (T.1.III.5.4), el equivalente del Amor de Dios. Pero aquí, y más aún en la siguiente lección, él habla de la gracia como un aspecto de este Amor dentro de la ilusión. No es el Cielo, sino lo más cerca que podemos estar de ello en la tierra. Por lo tanto vemos aquí otro ejemplo de cómo el Curso hace un uso inconsistente de las palabras —la forma— y sin embargo la enseñanza —el contenido— sigue siendo la misma. 

(1.1-2) Dios nos habla. ¿No deberíamos nosotros acaso hablarle a Él? 

La palabra "habla" no debe interpretarse literalmente. Dios no tiene una boca con la que hablar, ni oídos con los que escuchar nuestras palabras. Lo que Jesús nos está señalando es que Dios está siempre dentro de nosotros. Podemos creer que Él nos abandonó, pero Él no se ha ido. Su Amor, por medio del Espíritu Santo —Su Voz dentro del sueño—, nos habla por Su misma Presencia en nuestras mentes, a pesar de que nosotros nos hayamos alejado/separado. Por lo tanto, al decir "¿No deberíamos nosotros acaso hablarle a Él?", Jesús nos insta a retornar al lugar en la mente donde habíamos elegido alejarnos/separarnos, elijamos de nuevo, y así situarnos en la presencia de Dios, tal como explica en el Texto

Tu papel consiste simplemente en hacer que tu pensamiento retorne al punto en que se cometió el error, y en entregárselo allí a la Expiación en paz. (T.5.VII.6.5) (Pág. 99)

(1.3-5) Dios no es algo distante. No trata de ocultarse de nosotros. Somos nosotros los que tratamos de ocultarnos de Él, y somos víctimas del engaño. 

El engaño o ilusión no es sólo que podamos escondernos de Él, sino que de hecho lo "hacemos". Entonces el mundo y el cuerpo se convierten en instrumentos de este pensamiento engañoso/ilusorio de que podemos distanciarnos de Dios. Pero si las ideas no abandonan su fuente, entonces incluso si nos experimentamos a nosotros mismos como cuerpos, en realidad nunca hemos dejado nuestro lugar en la Mente de Dios. El principio de la Expiación es por lo tanto la respuesta a estos pensamientos delirantes y engañosos (ilusorios). 

(1.6) Él siempre está enteramente accesible. 

El objetivo de Un Curso de Milagros es que nos demos cuenta de que el Amor de Dios es "enteramente accesible" para nosotros, pues está en nuestro interior y aguarda pacientemente a que Lo elijamos.

(1.7-8) Él ama a Su Hijo. De nada excepto de esto se puede estar seguro, pero con esto basta.

Sólo necesitamos recordar que Dios nos ama, y recordar esto significa deshacer el sistema de pensamiento del ego, el sistema de pensamiento del pecado, la culpa y el miedo, el cual es el fundamento de su mundo [del mundo del ego], el cual es el producto final de la creencia de que Dios está enfadado y ya no nos ama. La verdad de la Expiación, sin embargo, es que Su Amor nunca ha cambiado, y esto implica que todo lo que el ego ha enseñado es falso. Por lo tanto no hace falta luchar contra su sistema de pensamiento, sino que basta con simplemente mirarlo con una dulce sonrisa. En la certeza de la feliz verdad del Espíritu Santo, el odio del ego se disuelve desapareciendo en su propia inexistencia. 

(1.9-11) Él amará a Su Hijo eternamente. Aun cuando su mente duerme, Él lo ama. Y cuando su mente despierte, Él lo seguirá amando con un Amor que jamás ha de cambiar. 

A pesar de que nuestro sueño viene acompañado de oscuras pesadillas de pecado, miedo y odio, nada de eso ha cambiado la luz, tal como Jesús nos asegura tranquilizadoramente cuando habla del anti-Cristo del ego: 

Toda forma de anti-Cristo se opone a Cristo. Y pende ante Su faz como un obscuro velo que parece separarte de Él, dejándote solo y desamparado en las tinieblas. La luz, sin embargo, está ahí. Una nube no puede apagar el sol. Ni un velo puede hacer desaparecer aquello que parece dividir, ni atenuar en lo más mínimo la luz misma. (T.29.VIII.3.5-9) (Pág. 698)

(2.1-2) Si supieras el significado de Su Amor, tanto la esperanza como la desesperación serían imposibles. Pues toda esperanza quedaría colmada para siempre y cualquier clase de desesperación sería inconcebible. 

En este mundo es imposible conocer el significado del Amor de Dios. Sin embargo, como veremos en breve, podemos aprender los medios mediante los cuales recordaremos ese Amor, reconociendo que en Su Presencia la desesperanza es inconcebible (impensable). Por lo tanto cuando estamos desesperados, solos, tristes o sin esperanza, eso no es el resultado del mundo externo, sino de la creencia de que nosotros nos hubimos separado del Amor de Dios. Recuerda estas inspiradoras palabras del Epílogo de la Clarificación de Términos

Nadie puede dejar de hacer lo que Dios le ha encomendado que haga. Cuando te olvides de esto, recuerda que caminas a Su lado, con Su Palabra impresa en tu corazón. ¿Quién puede desalentarse teniendo una Esperanza como ésa? Ilusiones de abatimiento parecerán asaltarte, pero aprende a no dejarte engañar por ellas. Detrás de cada ilusión está la realidad y está Dios. ¿Por qué querrías seguir esperando por esto y substituirlo por ilusiones, cuando Su Amor se encuentra tan sólo un instante más allá en el camino donde todas ellas acaban? (C.Epílogo.1.4-9) (Pág. 99)

(2.3-6) Su gracia es Su respuesta para toda desesperación, pues en ella radica el recuerdo de Su Amor. ¿Cómo no iba Él a proporcionar gustosamente los medios a través de los cuales puede reconocerse Su Voluntad? Su gracia es tuya sólo con que la reconozcas. Y Su memoria despertará en la mente que le pida los medios a través de los cuales su sueño termina. 

La idea que tradicionalmente se tiene sobre la gracia es que Dios la concede donde quiere y cuando quiere: Él elige dónde (a quién) y cuándo. Por lo tanto no es constante: el bueno recibe Su gracia y el malo no. En lugar de esto, Jesús quiere hacernos comprender que la gracia de Dios está plenamente presente en todos, todo el tiempo. Puesto que hemos elegido en contra de ella, debemos elegir su abundante plenitud en lugar de la escasez y la carencia del ego. Deshacer las percepciones de separación y carencia del ego a través del perdón permite que amanezca en nuestras mentes el recuerdo de nuestra semejanza y unidad inherentes. ¿Dónde está la desesperación cuando la verdad del amor ha vuelto, y dónde están los sueños de odio cuando recordamos el Amor que creíamos haber abandonado, pero el Cual nunca nos abandonó? 

(3.1-2) Hoy le pedimos a Dios el regalo que con más celo ha conservado dentro de nuestros corazones, en espera de que se le reconozca. Se trata del regalo mediante el cual Dios se inclina hasta nosotros y nos eleva, dando así Él Mismo el último paso de la salvación. 

En otras partes de Un Curso de Milagros, Jesús se refiere a esto como el "último paso" de Dios. 

(3.3) Todos los pasos, excepto éste, los aprendemos siguiendo las instrucciones de Su Voz. 

El Espíritu Santo, y en concreto este Curso, nos ayudan a subir la escalera que nos lleva a casa, paso a paso, a medida que profundizamos nuestra experiencia del perdón. Podemos aprender esto hasta que el ego es deshecho. En ese punto la escalera desaparece y Dios "se inclina hasta nosotros y nos eleva". Ni que decir tiene que la imagen de la escalera es una descripción metafórica de un proceso que es ilusorio, ya que en realidad nosotros nunca nos fuimos del Cielo. 

(3.4-6) Pero al final es Él Mismo Quien viene, y tomándonos en Sus Brazos hace que todas las telarañas de nuestro sueño desaparezcan. Su regalo de gracia es algo más que una simple respuesta, pues restaura todas las memorias que la mente que duerme había olvidado y toda la certeza acerca del significado del Amor. 

Jesús no está hablando de recuerdos específicos, sino del recuerdo (o memoria) de Quién somos como Cristo. A medida que llevamos a cabo nuestro propósito del perdón, se desprenden de nuestros ojos las telarañas del miedo, y la visión —el reflejo de la gracia de Dios— nos permite ver solamente amor o peticiones de amor. A medida que despertamos, este reflejo desaparece en lo que refleja: la certeza del significado del Amor. Pero para esto, primero tenemos que perdonar: 

Aún no se recuerda el Cielo totalmente, pues el propósito del perdón todavía necesita alcanzarse. Sin embargo, todo el mundo está seguro de que irá más allá del perdón y de que sólo seguirá aquí hasta que éste se perfeccione en él. (...) Todo temor ha desaparecido porque él está unido a sí mismo en su propósito. (...) Pues así es como se prepara para dar el paso con el que se transciende el perdón. 

El paso final lo da Dios porque únicamente Él pudo crear un Hijo perfecto y compartir Su Paternidad con él. (T.30.V.3.1-2,4,7; 4.1) (Págs. 716 y 717)

(4.1-2) Dios ama a Su Hijo. Pídele ahora que te proporcione los medios a través de los cuales este mundo desaparece, y primero vendrá la visión, y un instante más tarde, el conocimiento. 

El mundo desaparecerá en este último paso. Nuestra tarea es dar los pequeños pasos que Dios nos pide que demos hacia Él (L.193.13.7). Éstos son nuestro día a día: nuestras oportunidades diarias de perdón, en las que somos conscientes de cuándo elegimos contra el amor de Jesús y nos ponemos a favor de ser indulgentes con nuestro deseo de ser especial. Una vez que hemos dado nuestros pasos, Dios completa el viaje sin distancia en el que el mundo se desvanece. Citando de nuevo el poema de Helen, "The Star Form" ["La forma de estrella"], leemos su hermosa conclusión: 

Entonces el silencio llega
en el cual no hay forma, ni sonido, ni sueño.
Había una cruz, pero ha desaparecido.
Había un mundo, pero sólo hay Dios.
(The Gifts of God [Los regalos de Dios], pp. 66-67)

(4.3-5) Pues en la gracia ves una luz envolver al mundo con amor, y al miedo borrarse de todos los semblantes conforme los corazones se alzan y reclaman la luz como suya. ¿Qué queda ahora que pueda demorar al Cielo un solo instante más? ¿Qué queda aún por hacer cuando tu perdón descansa sobre todas las cosas? 

Cuando hayas perdonado totalmente, el mundo se habrá ido porque él existía únicamente dentro de una mente que no perdona, la cual creía en la separación. Cuando nuestras mentes son sanadas, la Filiación es sanada también, pues su mente es una. Por lo tanto el mundo desaparece. Esto podría no parecer así, pues dentro del sueño las figuras/personajes podrían optar por seguir dormidas. Sin embargo en la mente que ha sanado todo se ha ido. El mundo, primero transformado en el mundo real —"el mundo del amor"—, se disipa dulcemente "conforme los corazones se alzan y reclaman la luz como suya". El sueño de crucifixión ha acabado, la cruz ha desaparecido, y la resurrección saluda al mundo con alegría: 

Los maestros de Dios tienen como meta despertar las mentes de aquellos que duermen y ver la visión de la faz de Cristo ocupar el lugar de lo que ellas sueñan. El pensamiento de asesinato es reemplazado por bendiciones. Se abandonan los juicios y se le entregan a Aquel cuya función es juzgar. Y en Su Juicio Final se restaura la verdad del santo Hijo de Dios. Él ha sido redimido, pues ha escuchado la Palabra de Dios y ha comprendido su significado. Es libre porque ha permitido que la Voz de Dios proclame la verdad. Y todos aquellos a quienes antes pensó crucificar resucitan ahora con él, a su lado, según se prepara con ellos para encontrarse con su Dios. (M.28.6.3-9) (Pág. 76)

(5.1) Hoy es un día nuevo y santo, pues recibimos lo que se nos ha dado.

Jesús asume que hemos tomado la decisión correcta de reclamar la gracia que ya nos ha sido dada a través del Espíritu Santo. Nosotros habíamos elegido contra esto, al tomar en su lugar al ego como nuestro maestro, pero ahora nosotros cambiamos nuestras mentes [cambiamos nuestra opinión, nuestro modo de pensar, nuestra decisión]. El siguiente extracto, del "The Shining Instant" ["El instante resplandeciente"] de Helen, expresa el nuevo y sagrado instante del que nace este día de perdón, culminando en el final del sueño del mundo: 

Acaricia este instante. Todo el tiempo está situado
dentro de sus límites.

(...)

En el espacio libre de los agobios
abre tus brazos dejando que cese todo conflicto,
y llama a la tranquilidad a aquellos en todas partes
quienes esperan por la libertad. Tú no los traicionas
en su agonía y paciencia, cuando sus gritos
se desvanecen en el silencio aquí. Pues Cristo se quedará
hasta que el débil eco final se extinga
y la quietud reclame el mundo. Y luego Él toma
eso en Su mano y espera un instante más,
y el tiempo ha terminado. Incluso ahora Él hace
tu camino hacia Él. Este instante es la puerta 
hacia eso en lo cual el mundo desaparecerá 
en Él, tal como Él se desvanecerá en Uno
Quien permanecerá eternamente. En este claro
y resplandeciente instante todo el tiempo está acabado. 
(The Gifts of God, p. 74)

(5.2-3) Nuestra fe radica en el Dador, no en nuestra aceptación. Reconocemos nuestros errores, pero Aquel que no sabe de errores es Quien responde a ellos proporcionándonos los medios con los que podemos dejarlos atrás y elevarnos hasta Él con gratitud y amor. 

Dios es ese "Aquel" del que habla Jesús, y por medio del Espíritu Santo Él nos ha dado el perdón, el deshacimiento del sueño de muerte del ego. Esto es logrado cuando alegre y agradecidamente admitimos que nosotros estábamos equivocados y que solamente Jesús estaba en lo cierto [solamente Jesús tenía razón, y no nosotros].

(6.1) Y Él desciende para recibirnos, según nosotros nos acercamos a Él. 

Una vez más, Jesús emplea metáforas y símbolos. "Nosotros nos acercamos a Él" a través del perdón, y a medida que nos acercamos más, comenzamos a experimentar el Amor de Dios, hasta que nuestra identidad individual se desvanece y nosotros desaparecemos para siempre en Su Corazón. En realidad, sólo "nosotros nos acercamos", puesto que sólo nosotros nos habíamos "alejado". Dios simplemente es, y no hace nada. 

(6.2-4) Pues lo que Él nos ha preparado, Él lo da y nosotros lo recibimos. Tal es Su Voluntad, pues Él ama a Su Hijo. A Él elevamos nuestras oraciones hoy, devolviéndole tan sólo la palabra que Él nos dio a través de Su Propia Voz, Su Palabra, Su Amor: 

"Su Propia Voz" es el Espíritu Santo, y "Su Palabra" es la Expiación, o, concretamente, las palabras de este Curso

(6.5-9) Tu gracia me es dada. La reclamo ahora. Padre, vengo a Ti. Y Tú vendrás a mí que te lo pido. Soy el Hijo que Tú amas. 

En términos de estos símbolos, una vez más, Dios no "viene a nosotros" hasta que primero nosotros vamos a Él. No es que Él ponga condiciones o tenga exigencias, sino que como fuimos nosotros quienes nos alejamos, somos nosotros quienes tenemos que retornar. Así llegamos a experimentar el Amor que amorosamente nos ha esperado.

☼☼☼

Fuente: Journey Through the Workbook of a Course in Miracles, de Ken Wapnick.

Índice de capítulos traducidos en este blog, aquí: link-indice.

domingo, 12 de octubre de 2014

L-158 Journey ... de Ken Wapnick

Como ya indiqué en el post índice, los comentarios de Ken Wapnick son los que he puesto en color verde:

Lección 158 — Hoy aprendo a dar tal como recibo

Las dos próximas lecciones, la 158 y la 159, comparten un tema similar: dar y recibir son lo mismo, un principio equiparado con la visión. Probablemente recuerdes que la lección 108, "Dar y recibir son en verdad lo mismo", también hablaba del paralelismo que hay entre el dar-recibir y la visión. Un importante tema en Un Curso de Milagros, al cual Jesús se refiere en repetidas ocasiones, es que dar es igual a recibir debido a la unidad del amor. Puesto que la base de la verdad es la realidad no-dualista de la Unidad del Cielo, cualquier cosa que el Padre da, el Hijo debe recibirla; cualquier cosa que el Hijo da, la recibe él también: el amor es Uno.

En este mundo, la unidad es reflejada así: si quiero saber que estoy perdonado, debo perdonar. De la misma manera, si le echo la culpa a alguien, se refuerza la culpa en mi propia mente. Por lo tanto, dar y recibir son uno, no sólo para el Espíritu Santo —reflejando la Unidad del Cielo— sino también para el ego. La mente del Hijo de Dios es una, y el mundo externo y el cuerpo son simplemente sombras del pensamiento de culpa. Por lo tanto, cuando hablamos de dar y recibir, lo que queremos decir con eso es que solamente nos damos a nosotros mismos porque no hay nadie más. 

(1.1-3) ¿Qué se te ha dado? Se te ha dado el conocimiento de que eres una mente, de que te encuentras en una Mente y de que no eres sino mente, por siempre libre de pecado y totalmente exento de miedo al haber sido creado del Amor. No has abandonado tu Fuente, por lo tanto, sigues siendo tal como fuiste creado. 

Jesús se está refiriendo de nuevo al principio de que las ideas no abandonan su fuente. La idea del Hijo de Dios, Cristo, nunca ha abandonado Su Fuente en Dios. He aquí otra declaración de la Unidad del Cielo: 

Dios creó a Sus Hijos extendiendo Su Pensamiento y conservando las extensiones de Su Pensamiento en Su Mente. Todos Sus Pensamientos están, por lo tanto, perfectamente unidos dentro de sí mismos y entre sí. (T.6.II.8.1-2) (Pág. 107)

(1.4-5) Esto se te dio en forma de un conocimiento que no puedes perder. Ese conocimiento se les dio asimismo a todas las cosas vivientes, pues sólo mediante él viven. 

Al comentar la lección 156, dije que el uso que hace Jesús de la expresión "cosas vivientes" (L.156.5.2) indica vida según nuestro punto de vista. Aquí, sin embargo, se utiliza para referirse a nuestra Identidad como espíritu, la cual es la única que está viva, ya que nada externo al Cielo vive. El conocimiento de esta verdad se ha dado a todos, ya que todos formamos parte de la Unidad de Cristo. Es imposible que Su amoroso conocimiento se ausente de nosotros, y sin embargo el sistema de pensamiento del ego enseña lo contrario: que las ideas abandonan su fuente y que por lo tanto el Hijo de Dios puede abandonar su Fuente Celestial. Así el amor se hace añicos y la unidad de la verdad desaparece, destruida por el pecado al cual el ego ha hecho real, como también hizo real el mundo proyectado: 

El pecado es la creencia de que el ataque se puede proyectar fuera de la mente en la que se originó la creencia. Aquí la firme convicción de que las ideas pueden abandonar su fuente se vuelve real y significativa. Y de este error surge el mundo del pecado y del sacrificio. Este mundo es un intento de probar tu inocencia y, al mismo tiempo, atribuirle valor al ataque. Su fallo estriba en que sigues sintiéndote culpable, aunque no entiendes por qué. Los efectos se ven como algo aparte de su fuente, y no parece que puedas controlarlos o impedir que se produzcan. Y lo que de esta manera se mantiene aparte jamás se puede unir. (T.26.VII.12.2-8) (Pág. 625)

Esa es la mala noticia. La buena es que nuestra creencia no establece la realidad: las ideas no abandonan su fuente; el Hijo nunca abandonó a su Padre.

(2.1-2) Has recibido todo esto. No hay nadie en este mundo que no lo haya recibido.

Todos tenemos la ilusión de que estamos aquí en cuerpos. Sin embargo el recuerdo de la unidad está presente en nuestras mentes por medio del Espíritu Santo. Hemos recibido este regalo porque el Amor de Dios nos lo ha dado. Recuerda, estos términos no tienen un sentido dualista: Dios no es una entidad separada dándole algo a Su Hijo, otra entidad separada. Hemos visto que Jesús usa palabras dualistas porque le está hablando a un público que no conoce la unidad. Sin embargo, estas palabras deberían ser tomadas como símbolos que reflejan la unidad no dualista de Dios y Cristo. 

(2.3) No es éste el conocimiento que tú transmites a otros, pues ése es el conocimiento que la creación dio. 

Lo que damos en el sueño es el perdón, el cual refleja el Amor del Cielo. El amor verdadero —es decir, sin ambivalencia— es imposible en este mundo, como podemos leer en el Texto

Proyectas sobre el ego tu decisión de estar separado, y esto entra en conflicto con el amor que, por ser su hacedor, sientes por él. No hay amor en este mundo que esté exento de esta ambivalencia, y puesto que ningún ego ha experimentado amor sin ambivalencia, el amor es un concepto que está más allá de su entendimiento. (T.4.III.4.5-6) (Pág. 67)

Por lo tanto, reflejamos la paz del Cielo, para que podamos recordar el Amor del Padre: 

Sé un reflejo de la paz del Cielo aquí y lleva este mundo al Cielo, pues el reflejo de la verdad atrae a todo el mundo a ésta, y a medida que todos entran en ella, dejan atrás todos los reflejos. 

En el Cielo la realidad no se refleja, sino que se comparte. Al compartir su reflejo aquí, su verdad se vuelve la única percepción que el Hijo de Dios acepta. De este modo aflora en él el recuerdo de su Padre, y a partir de ese momento nada más puede satisfacerle, excepto su propia realidad. (T.14.X.1.6-7; 2.1-3) (Pág. 324)

(2.4-7) Nada de esto se puede aprender. ¿Qué es, pues, lo que vas a aprender a dar hoy? Nuestra lección de ayer evocó un tema que se expone al principio del Texto: La experiencia, a diferencia de la visión, no se puede compartir de manera directa. 

Jesús distingue entre la verdad no dualista, la cual no tiene lugar en este mundo, y su reflejo, también conocido como la visión. La distinción es entre lo que Dios nos dio —Su conocimiento y Amor— y lo que nosotros damos aquí: un recordatorio de ese amor, el cual Un Curso de Milagros nos enseña a recordar. No se nos enseña lo que recordamos, sino cómo recordar —perdón. Así leemos en el Texto:

De la misma manera en que la nada no puede ser representada, tampoco existe un símbolo que represente a la totalidad. La realidad, en última instancia, sólo se puede conocer libre de cualquier forma, sin imágenes que la representen y sin ser vista. El perdón aún no se reconoce como un poder completamente exento de límites. Sin embargo, no fija ninguno de los límites que tú has decidido imponer. El perdón es el medio que representa a la verdad temporalmente. Le permite al Espíritu Santo llevar a cabo un intercambio de imágenes, mientras los recursos de aprendizaje aún tengan sentido y el aprendizaje no haya concluido. (T.27.III.5.1-6) (Pág. 645)

Lo que sigue es un pasaje importante, en el que Jesús dedica unas breves líneas para comentar con nosotros sobre la metafísica del tiempo. De hecho podríamos dedicar muchas páginas a este tema, pero dado que ya lo he hecho en otra parte*, aquí lo revisaremos brevemente. Ten en cuenta que Jesús se refiere a la total irrealidad del tiempo mismo, así como a nuestra experiencia personal del tiempo lineal: 

*  [La nota]: A Vast Illusion: Time According to A Course in Miracles [es un libro, todavía no publicado en español; traduzco aproximadamente: "Una vasta ilusión: el tiempo de acuerdo con Un Curso de Milagros"]; “From Time to Timelessness” (audio tape) ["Del tiempo a la intemporalidad" (formato de audio)]; “The Time Machine” (audio, video tape) ["La máquina del tiempo" (audio, vídeo)].

(2.8-9) La revelación de que el Padre y el Hijo son uno alboreará en toda mente a su debido tiempo. Sin embargo, ese momento lo determina la mente misma, pues es algo que no se puede enseñar. 

La parte de la mente que determina cuándo recordaremos que el Padre y el Hijo son Uno es el "tomador de decisiones", el cual está fuera del tiempo. Se nos enseña a deshacer las interferencias a nuestra conciencia de este recuerdo, pero lo que no se nos puede enseñar es lo que hay más allá de esas interferencias. Aceptar la Expiación para nosotros mismos —la separación nunca ocurrió— revela la unidad del Padre y del Hijo. Dado que todo el tiempo ocurrió en el instante ontológico —el cual en realidad nunca sucedió en absoluto— la experiencia de deshacer ese instante ocurrió también. Lo que no ha sucedido todavía es la atemporal decisión del "tomador de decisiones" eligiendo re-experimentar el deshacimiento. 

Imagina una videoteca [este libro tiene unos años, la 1ª edición es de los años 80 o 90, y el ejemplo que da es también de dicha época. Hoy día podemos imaginarnos este ejemplo con DVDs o con una enorme colección de archivos de vídeo en un PC] con un número casi infinito de cintas de vídeo [o de DVDs, o de archivos en la colección del PC, o en una lista de archivos de reproducción] que contienen los diferentes aspectos del sistema de pensamiento del ego, así como un número casi infinito de cintas de vídeo reflejando la corrección de este sistema de pensamiento. Cada cinta de vídeo del ego es una sombra de la culpa, mientras que los vídeos del Espíritu Santo reflejan el deshacimiento de la culpa a través del perdón. Cuando Jesús dice más abajo que "el guión ya está escrito" (4.3), piensa en estas videotecas como el guión, con el "tomador de decisiones" eligiendo a cuál videoteca va a acceder.

Una de las cintas de vídeo de la videoteca del Espíritu Santo representa la aceptación de la Expiación, y depende de nosotros cúando elegimos identificarnos con la verdad. Un Curso de Milagros nos ayuda a ahorrar el tiempo que se tardaría en darnos cuenta de que esta es la única opción que nos hará feliz. Probablemente recordarás que ahorrar tiempo es el propósito del milagro:

El milagro reduce al mínimo la necesidad del tiempo. (...) El milagro substituye a un aprendizaje que podría haber durado miles de años. (...) El milagro acorta el tiempo al producir su colapso, eliminando de esta manera ciertos intervalos dentro del mismo. (T.1.II.6.1,7,9)

(3.1-3) Ese momento ya ha sido fijado. Esto parece ser bastante arbitrario. No obstante, no hay nadie que dé ni un solo paso al azar a lo largo del camino. 

En otras palabras, nada es accidental. La cinta de vídeo de cuándo elegiremos aceptar la Expiación para nosotros mismos está ya en la videoteca de la mente, como de hecho lo están todos los vídeos de la mentalidad errada y de la mentalidad recta: 

Dios te dio Su Maestro para que reemplazase al que tú inventaste, no para que estuviese en conflicto con él. Y lo que Él ha dispuesto reemplazar ya ha sido reemplazado. El tiempo tan solo duró un instante en tu mente, y no afectó a la eternidad en absoluto. Y así es todo tiempo pasado; y todo permanece exactamente como era antes de que se construyese el camino que no lleva a ninguna parte. El brevísimo lapso de tiempo en el que se cometió el primer error —en el que todos los demás errores están contenidos— encerraba también la Corrección de ese primer error y de todos los demás que partieron de él. Y en ese breve instante el tiempo desapareció, pues eso es lo que jamás fue. Aquello a lo que Dios dio respuesta ha sido resuelto y ha desaparecido. (T.26.V.3) (Pág. 618)

Esto no quiere decir, como ya hemos dicho muchas veces, que Dios ordena nuestro guión particular o que elige por nosotros. Es nuestra planificación y nuestra elección, fabricadas bien con el ego o con el Espíritu Santo. 

(3.4) Todos lo han recorrido ya, aunque todavía no hayan emprendido la jornada. 

La primera parte de esta frase expresa la idea de que todo esto ya ha sucedido y está terminado. Recordemos: "Hace mucho que este mundo desapareció/acabó" (T.28.I.1.6). La aceptación de esa verdad es el paso ya dado por nosotros [o el camino ya recorrido por nosotros, según se traduzca; esa frase también puede traducirse como "Todos han dado ya cada paso (...)", o dejarse como la 1ª edición de UCDM: "Todos lo han dado ya (...)", que no dice explícitamente qué se ha dado, tal como en inglés], y "aunque todavía no hayan emprendido la jornada" significa que todavía estamos eligiendo seguir dormidos, soñando que estamos aquí, como nos recuerda esta frase familiar: 

En Dios estás en tu hogar, soñando con el exilio, pero siendo perfectamente capaz de despertar a la realidad. (T.10.I.2.1) (Pág. 202)

(3.5-7) Pues el tiempo tan sólo da la impresión de que se mueve en una sola dirección. No hacemos sino emprender una jornada que ya terminó. No obstante, parece como si tuviera un futuro que todavía nos es desconocido. 

Experimentamos el tiempo como algo lineal, en el que hay un pasado, presente y futuro por los cuales avanzamos a lo largo de lo que creemos que es un camino espiritual que nos llevará a casa. Este pasaje está diciéndonos —como muchos otros— que este viaje está ya terminado. De hecho, no hay viaje. Una vez más, sin embargo, mientras tengamos la ilusión de estar aquí, tendremos la ilusión de que el tiempo y el espacio son algo real, al igual que el pecado y la culpa. Así que de vez en cuando Jesús nos recuerda que todo esto es irreal, como por ejemplo en el siguiente pasaje en el que usa como metáfora una alfombra: 

No es en el tiempo donde no eres culpable, sino en la eternidad. Has "pecado" en el pasado, pero el pasado no existe. Lo que es siempre no tiene dirección. El tiempo parece ir en una dirección, pero cuando llegues a su final, se enrollará hacia el pasado como una gran alfombra extendida detrás de ti, y desaparecerá. Mientras sigas creyendo que el Hijo de Dios es culpable seguirás caminando a lo largo de esa alfombra, creyendo que conduce a la muerte. Y la jornada parecerá larga, cruel y absurda, pues en efecto, lo es. (T.13.I.3.2-7) (Pág. 262)

Todos caminamos por esta alfombra del tiempo, sin darnos cuenta de que nuestras vidas son ilusorias: yendo desde ningún lugar, a través de ningún lugar, hacia ningún lugar. ¿Cómo podría este viaje no parecer "largo, cruel y absurdo"? 

(4.1) El tiempo es un truco, un juego de manos, una gigantesca ilusión en la que las figuras parecen ir y venir como por arte de magia.

El mundo del tiempo y espacio no es sino otra parte de la estrategia del ego para convencernos de que la separación de Dios es real, y en última instancia que el problema está fuera de nosotros en el mundo y no dentro de nuestra mente. La cita de arriba es una reminiscencia de la siguiente del Texto:

¿Qué pasaría si reconocieses que este mundo es tan sólo una alucinación? ¿O si realmente entendieses que fuiste tú quien lo inventó? ¿Y qué pasaría si te dieses cuenta de que los que parecen deambular por él, para pecar y morir, atacar, asesinar y destruirse a sí mismos son totalmente irreales? (T.20.VIII.7.3-5) (Pág. 495)

(4.2-3) No obstante, tras las apariencias hay un plan que no cambia. El guión ya está escrito. 

El plan es la Expiación. Otra vez, "el guión ya está escrito" significa que el sistema de pensamiento del ego ya ha sucedido, junto con la corrección del Espíritu Santo. En realidad, por decirlo una vez más, estamos fuera del tiempo y del espacio, observando los acontecimientos por encima del campo de batalla de los cuerpos.

(4.4) El momento en el que ha de llegar la experiencia que pone fin a todas tus dudas ya se ha fijado. 

La cinta de vídeo de nuestra decisión de aceptar la Expiación ya está ahí —ella "ya se ha fijado"— y espera a nuestra decisión de re-experimentarla, como vemos ahora: 

(4.5) Pues la jornada sólo se puede ver desde el punto donde termina, desde donde la podemos ver en retrospectiva, imaginarnos que la emprendemos otra vez y repasar mentalmente lo ocurrido. 

Imaginémonos sentados en una sala de cine viendo la historia de nuestra vida desplegarse ante nuestros ojos, olvidando que somos los espectadores [o sea: que no soy parte de esa película titulada "mi vida", sino un espectador en el cine donde se proyecta]. Esto no es diferente de nuestra identificación psicológica con los personajes de una película real [de TV o en el cine, por ejemplo], donde temporalmente perdemos todo sentido de la realidad y nos olvidamos de que estamos simplemente observando esa ficción. De hecho, ya no estamos observando a los personajes: nos hemos convertido en los personajes. De lo contrario no reiríamos o lloraríamos, ni estaríamos ansiosos, deprimidos o excitados durante la película. Sin embargo, la diferencia es que cuando la película acaba volvemos en sí [recordamos nuestra vida normal, fuera de esa ficción]. Pero de la película que llamamos nuestra vida nunca volvemos en sí. Un pasaje como éste, por lo tanto, nos ayuda a darnos cuenta de que estamos observando lo que ya ha sucedido. Podríamos decir que cuando nuestros "tomadores de decisiones" se sientan en el cine con Jesús, se convierten en observadores [se dan cuenta de que son espectadores de esa ficción, y no uno de los personajes de la "película"].

Ahora volvemos a la visión:

(5.1-3) Un maestro no puede dar su experiencia, pues no es algo que él haya aprendido. Ésta se reveló a sí misma a él en el momento señalado. La visión, no obstante, es su regalo. 

Lo escrito aquí suena como si Dios, el Espíritu Santo o Jesús fuesen los que nos revelan eso. En realidad el amor está siempre con nosotros. Es uno mismo quien elige si recordarlo o no, quien elige "el momento señalado" en el cual recordar quién somos como los hijos del amor. La experiencia sucede espontáneamente cuando se toma esa decisión, pero esa experiencia no podemos darla a nadie directamente. Otros maestros y sistemas espirituales pueden decirte que ellos te dan una experiencia del Amor de Dios, pero Un Curso de Milagros no te dirá eso. En este sentido, lo "único" que nosotros podemos hacer por los demás es recordarles que la decisión que nosotros hemos tomado en ese instante santo, es una decisión que ellos pueden tomar también. Este es el significado de la visión, la cual damos mediante el perdón. Una vez que el sistema de pensamiento de la separación del ego es deshecho mediante la visión omniabarcadora del perdón, somos restaurados a la conciencia innata de nuestro Ser, el Amor que Dios nos dio en nuestra creación. 

(5.4-6) Esto él lo puede dar directamente, pues el conocimiento de Cristo no se ha perdido, toda vez que Él tiene una visión que puede otorgar a cualquiera que la solicite. La Voluntad del Padre y la Suya están unidas en el conocimiento. No obstante, hay una visión que el Espíritu Santo ve porque la Mente de Cristo también la contempla. 

En esta lección, al igual que en la anterior, Jesús identifica a Cristo con el Espíritu Santo, una identificación basada en la función. En términos de la teología del Curso, Cristo está en el Cielo y no sabe nada de este mundo; así que aquí Jesús está usando el término "Cristo" libremente. Él habla en otras partes de la "faz de Cristo" —un símbolo que usa el Curso para referirse al perdón— a pesar de que en realidad Cristo no tiene cara. Aquí, la visión de Cristo es lo mismo que la percepción del Espíritu Santo, y Cristo comparte Su función dualista [la del Espíritu Santo], descrita en Un Curso de Milagros como si Él tuviera un pie en el Cielo (conocimiento) y el otro en el sueño (percepción) (por ejemplo, T.6.II.7). Por lo tanto, la visión deshace la percepción de lo que nunca existió realmente: el pecado y la separación. En el siguiente pasaje del Texto, Jesús habla de la visión en el contexto de ser el resultado de poner nuestra fe en el Espíritu Santo, lo que conduce a creer en la verdad de Su mensaje: 

La fe, la creencia y la visión son los medios por los que se alcanza el objetivo de la santidad. A través de ellos el Espíritu Santo te conduce al mundo real, alejándote de todas las ilusiones en las que habías depositado tu fe. Ése es su rumbo, el único que Él jamás ve. Y cuando te desvías, Él te recuerda que no hay ningún otro. Su fe, Su creencia y Su visión son para ti. Y cuando las hayas aceptado completamente en lugar de las tuyas, ya no tendrás necesidad de ellas. Pues la fe, la creencia y la visión únicamente tienen sentido antes de que se alcanza la certeza. En el Cielo son desconocidas. El Cielo, no obstante, se alcanza a través de ellas. (T.21.III.4) (Pág. 504)

(6.1) Aquí el mundo de las dudas y de las sombras se une con lo intangible. 

Lo "intangible" es el Espíritu Santo, o el principio de la Expiación el cual está fuera del sueño, al cual llevamos la mentalidad errada o sistema de pensamiento del ego, que es el "mundo de las dudas y de las sombras". El resultado es el mundo real, bellamente descrito en el Texto

Este mundo de luz, este círculo de luminosidad es el mundo real, donde la culpabilidad se topa con el perdón. Ahí el mundo exterior se ve con ojos nuevos, libre de toda sombra de culpabilidad. Aquí te encuentras perdonado, pues aquí has perdonado a todo el mundo. He aquí la nueva percepción donde todo es luminoso y brilla con inocencia, donde todo ha sido purificado en las aguas del perdón y se encuentra libre de cualquier pensamiento maligno que jamás hayas proyectado sobre él. Ahí no se ataca al Hijo de Dios, y a ti se te da la bienvenida. (T.18.IX.9.1-5) (Pág. 440)

(6.2) He aquí un lugar tranquilo en el mundo que ha sido santificado por el perdón y el amor. 

Aquí se encuentran la corrección de la percepción y el deshacimiento del ego: 

Los milagros que el perdón deposita ante las puertas del Cielo no son insignificantes. Aquí el Hijo de Dios Mismo viene a recibir cada uno de los regalos que lo acerca más a su hogar. Ni uno solo de ellos se pierde, y a ninguno se le atribuye más valor que a otro. Cada uno de esos regalos le recuerda el Amor de su Padre en igual medida que el resto. Y cada uno le enseña que lo que él temía, es lo que más ama. (T.26.IV.4.1-5) (Pág. 617)

(6.3-7) Aquí se reconcilian todas las contradicciones, pues aquí termina la jornada. La experiencia —que no se puede aprender, enseñar o ver— simplemente se encuentra ahí. Esto es algo que está más allá de nuestro objetivo, pues transciende lo que es necesario lograr [n.t.: lo que es necesario cumplir, consumar, perfeccionar, completar o lograr, es el perdón o visión]. Lo que nos interesa es la visión de Cristo. Esto sí que lo podemos alcanzar. 

El viaje termina en el mundo real o puerta del Cielo, y lo que hay más allá no es la meta del Curso porque el amor no tiene equivalente en el mundo de la percepción. El deshacimiento del mundo es el único foco del perdón, cuyo otro nombre es la visión de Cristo, que refleja el pensamiento de la Expiación —que el Hijo de Dios no está separado de Su Fuente. Por lo tanto no se me pide experimentarte como uno conmigo, sino comenzar a aprender que tú y yo compartimos la misma necesidad, propósito y meta. La visión enseña que tú y yo no somos diferentes de ninguna manera excepto en lo superficial. Las diferencias aparentes que nos mantienen separados a unos de otros existen solamente en el nivel de la forma, que es parte del plan del ego para convencernos de que la separación es la realidad y la unidad es ilusión. Por lo tanto, el propósito de Un Curso de Milagros es enseñarnos que todos compartimos la necesidad de aprender el perdón. Si la realidad es la unidad de Dios y Cristo, la percepción de diferencias debe ser parte de la ilusión del ego. Cualquier cosa que nos ayude a darnos cuenta de que somos uno en propósito refleja la verdad no-dualista de nuestra unidad en el Cielo.

(7.1-2) La visión de Cristo está regida por una sola ley. No ve el cuerpo, ni lo confunde con el Hijo que Dios creó. 

Esto no quiere decir que se nos esté pidiendo negar el cuerpo, sino que lo que se nos pide es negar la interpretación que el ego hace del cuerpo —consintiendo el deseo de ser especial como una manera de mantenernos separados. Recuerda este pasaje: 

La salvación no te pide que contemples el espíritu y no percibas el cuerpo. Simplemente te pide que ésa sea tu elección. Pues puedes ver el cuerpo sin ayuda, pero no sabes cómo contemplar otro mundo aparte de él. Tu mundo es lo que la salvación habrá de deshacer, permitiéndote así ver otro que tus ojos jamás habrían podido encontrar. (T.31.VI.3.1-4) (Pág. 745)

Así que veo el cuerpo, pero no le doy el poder que le estaba dando en el pasado. No veo al cuerpo como la fuente de mi placer o dolor, sino como una mera expresión del pensamiento. Por lo tanto, si veo tu cuerpo como una expresión de culpa o de pecado, es porque proyecté sobre ti ese pensamiento de mi mente. Una vez más, esto puede enseñarse, y la experiencia del amor que está más allá de la visión simplemente aparece cuando las interferencias a su recuerdo han desaparecido. 

(7.3) Contempla una luz que se encuentra más allá del cuerpo; una idea que yace más allá de lo que puede ser palpado; una pureza que no se ve menguada por errores, por lamentables equivocaciones, o por los aterradores pensamientos de culpabilidad nacidos de los sueños de pecado.

El problema es que en el instante inicial nos pusimos a favor de la interpretación del ego de la diminuta y alocada idea, en lugar de elegir la interpretación del Espíritu Santo. De la misma manera, el problema dentro del sueño de nuestras vidas es nuestra elección de la interpretación que hace el ego del cuerpo, que inevitablemente nos lleva a creer que eso nos dará lo que necesitamos —odio especial, mediante el cual uso a los demás como chivos expiatorios para mantenerme a mí mismo inocente y a ellos culpables, o amor especial, mediante el cual uso al prójimo para llenar una necesidad que Dios no podría llenar. De cualquier manera, el cuerpo simboliza el pecado y por lo tanto merece ataque. Sin embargo, cuando miramos a través de los ojos de Jesús, miramos más allá de la forma de la aparentemente sólida oscuridad del pecado hacia el contenido de la llamada de la luz:

¡Si tan sólo reconocieseis lo poco que se interpone entre vosotros y la conciencia de vuestra unión! No os dejéis engañar por la ilusión de tamaño, espesor, peso, solidez y firmeza de cimientos que ello presenta. Es verdad que para los ojos físicos parece ser un cuerpo enorme y sólido, y tan inamovible como una montaña. Sin embargo, dentro de ti hay una Fuerza que ninguna ilusión puede resistir. Este cuerpo tan solo parece ser inamovible, pero esa Fuerza es realmente irresistible. ¿Qué ocurre, entonces, cuando se encuentran? ¿Se puede seguir defendiendo la ilusión de inamovilidad por mucho más tiempo contra lo que calladamente la atraviesa y la pasa de largo? (T.22.V.5) (Pág. 536)

Una vez más, no se nos pide negar nuestros cuerpos, sino verlos como aulas [recursos de aprendizaje] en las cuales elegimos al maestro que nos ayudará a aprender que lo que experimentamos fuera proviene de la decisión que hemos tomado en nuestro interior. 

(7.4-5) No ve separación. Y contempla a todo el mundo, y todas las circunstancias, eventos o sucesos, sin que la luz que ve se atenúe en lo más mínimo.

La visión de Cristo nos ayuda a darnos cuenta de que no tenemos intereses separados —nuestras necesidades no se satisfacen a costa de otros. Es crucial entender —como hemos visto al comentar la frase 2— que esto no significa que con la visión de Cristo no veamos el cuerpo o el mundo. Nuestros ojos siguen viéndolos, pero ahora a través de los ojos de un Maestro diferente. En lugar de elegir la interpretación del ego del mundo que vemos —siempre una forma de especialismo— elegimos la del Espíritu Santo, la cual nos ve a todos recorriendo un camino común hacia una meta común. Si el camino difiere en la forma eso no importa, es irrelevante. Estamos aquí porque creímos las mentiras del ego, y todos queremos desesperadamente que se nos pruebe que estamos equivocados. El siguiente pasaje, escrito cerca del Año Nuevo, es la oración de Jesús para que nosotros hagamos un nuevo comienzo —de la separación a la unidad: 

Ésta es la época en la que muy pronto dará comienzo un nuevo año del calendario cristiano. (...) Dile, entonces, a tu hermano: 

Te entrego al Espíritu Santo como parte de mí mismo. 
Sé que te liberarás, a menos que quiera valerme de ti para aprisionarme a mí mismo. 
En nombre de mi libertad elijo tu liberación porque reconozco que nos hemos de liberar juntos. 

(...) Haz que este año sea diferente al hacer que todo sea lo mismo. Y permite que todas tus relaciones te sean santificadas. (T.15.XI.10.1,4-7,11-12) (Pág. 365)

(8.1) Esto se puede enseñar, y todo aquel que quiera alcanzarlo tiene que enseñarlo. 

Volvemos al tema de la lección: "aprendo a dar tal como recibo". Si quieres aprender la lección del perdón, necesitas demostrarlo. Cada vez que abrigas resentimientos, te sientes molesto, o piensas que la salvación viene de fuera, no haces sino declarar que no quieres aprender, pues no quieres experimentar las implicaciones de la lección. Aprender el perdón significa entender que tu deseo de ser especial y tu individualidad no sólo no son lo que tú pensabas, sino que no son nada en absoluto. Esto tú lo enseñarías dando ejemplo, y la igualdad de la enseñanza y el aprendizaje son un tema principal:

Un buen maestro clarifica sus propias ideas y las refuerza al enseñarlas. En el proceso de aprendizaje tanto el maestro como el alumno están a la par. Ambos se encuentran en el mismo nivel de aprendizaje, y a menos que compartan sus lecciones les faltará convicción. (T.4.I.1.1-3) (Pág. 58)

En el pensamiento del mundo, los papeles de maestro y estudiante están, de hecho, invertidos. (...) El curso subraya, por otra parte, el hecho de que enseñar es aprender, y de que, por consiguiente, no existe ninguna diferencia entre el maestro y el alumno. 

Enseñar es demostrar. (...) De tu demostración otros aprenden, al igual que tú. (...) No puedes darle nada a otro, ya que únicamente te das a ti mismo, y esto se aprende enseñando. (M.introd.1.1,5; 2.1,3,6) (Pág. 1)

Es importante saber que tus pensamientos de creerte especial no son el verdadero problema, el cual consiste en la decisión de la mente de no aprender las lecciones de Jesús —insistir en tener razón y que él se equivoca. Demuestras esto cuando juzgas el mundo, considerándolo un lugar terrible en el que ocurren cosas terribles, o un lugar maravilloso en el que suceden cosas maravillosas. Sin embargo, estas no son sino las caras opuestas de la misma moneda: la moneda del ego, como vimos en la lección 155.

(8.2) Lo único que es necesario es el reconocimiento de que el mundo no puede dar nada cuyo valor pueda ni remotamente compararse con esto; ni fijar un objetivo que no desaparezca una vez que se haya percibido esto.

En otras palabras, te das cuenta de que no hay nada en este mundo que te pueda dar más felicidad que la visión de Cristo. Esto no pretende ser un principio abstracto, sino que lo experimentas de manera concreta en tu vida diaria. Compartir la visión de Cristo significa no ver tus necesidades como si fueran independientes o estuviesen separadas de las necesidades de cualquier otro. Esfuérzate en ser consciente de las formas sutiles de amor especial y odio especial mediante las cuales estás resistiéndote a aprender este principio, tratando de demostrar que tú tienes razón mientras que Un Curso de Milagros está equivocado. 

(8.3-4) Y esto es lo que vas a dar hoy: no ver a nadie como un cuerpo y saludar a todo el mundo como el Hijo de Dios que es, reconociendo que es uno contigo en santidad. 

Como ya hemos dicho antes, Jesús no quiere decir literalmente lo de no ver el cuerpo. Lo que él no quiere que veamos es la interpretación que hace el ego del cuerpo como algo pecaminoso. Para ayudarnos en este cambio de percepción, él nos enseña a ver a través de sus ojos en lugar de los del ego: 

La impecabilidad de tu hermano se te muestra en una luz brillante, para que la veas con la visión del Espíritu Santo y para que te regocijes con ella junto con Él. Pues la paz vendrá a todos aquellos que la pidan de todo corazón y sean sinceros en cuanto al propósito que comparten con el Espíritu Santo, y de un mismo sentir con Él con respecto a lo que es la salvación. Estáte dispuesto, pues, a ver a tu hermano libre de pecado, para que Cristo pueda aparecer ante tu vista y colmarte de felicidad. Y no le otorgues ningún valor al cuerpo de tu hermano, el cual no hace sino condenarlo a fantasías de lo que él es. (T.20.VIII.3.1-4) (Pág. 494)

El siguiente párrafo amplía el primer principio de los milagros: no hay grados de dificultad entre ellos. Todos los problemas son lo mismo, porque provienen de un único pensamiento. El lector recordará nuestros comentarios de las lecciones 79 y 80, en las cuales Jesús hace hincapié en que no hay más que un único problema —la separación— y una única solución —la Expiación:

(9.1-3) Así es como sus pecados le son perdonados, pues la visión de Cristo tiene el poder de pasarlos a todos por alto. En Su perdón se desvanecen. Al ser imperceptibles para el Uno, simplemente desaparecen, pues la visión de la santidad que se halla más allá de ellos viene a ocupar su lugar. 

Esto no quiere decir que el mundo físico necesariamente desaparece, sino que tú dejas de identificarte con el egoico sistema de pensamiento de la separación —pecado, culpa y miedo— y de este modo el mundo que surgía de eso ya no será tu experiencia. En ese instante santo en el que decides desde la mentalidad correcta el cuerpo no existe. Los ojos físicos continuarán viéndolo, pero el "tú" que ve ya no estará ahí, pues tú has abandonado el sueño. Tu realidad ahora es el amor de Jesús en vez de cualquier cosa del mundo. Así todos los problemas desaparecen, porque procedían de la creencia en la separación. Si vuelves a unirte con Dios por medio del Espíritu Santo, el pecado de la separación desaparece. Por lo tanto, si defines los problemas como separación, y en el instante santo no estás separado, ahí no puede haber problemas ni pecado. En ese instante es sanado también el mundo. 

(9.4-6) No importa en qué forma se manifestaban, cuán enormes parecían ser ni quién pareció sufrir sus consecuencias. Ya no están ahí. Y todos los efectos que parecían tener desaparecieron junto con ellos, al haber sido erradicados para ya nunca más volver. 

La forma del problema, la forma del éxtasis o dolor, no importa. En el instante en que sales del sueño, la forma desaparece. El principio es simple, como explica la razón ahora: 

La razón te diría que no es la forma que adopta el error lo que hace que éste sea una equivocación. Si lo que la forma oculta es un error, la forma no puede impedir su corrección. Los ojos del cuerpo ven únicamente formas. No pueden ver más allá de aquello para cuya contemplación fueron fabricados. Y fueron fabricados para fijarse en los errores y no ver más allá de ellos. Su percepción es ciertamente extraña, pues sólo pueden ver ilusiones, al no poder ver más allá del bloque de granito del pecado y al detenerse ante la forma externa de lo que no es nada. Para esta forma distorsionada de visión, el exterior de todas las cosas, el muro que se interpone entre la verdad y tú, es absolutamente real. Mas ¿cómo va a poder ver correctamente una visión que se detiene ante lo que no es nada como si de un sólido muro se tratase? Está restringida por la forma, habiendo sido concebida para garantizar que no perciba nada, excepto la forma. (T.22.III.5) (Pág. 532)

En el sueño de la forma, el placer y el dolor son muy reales. Cuando sales del sueño, sin embargo, el cuerpo literalmente no existe, y eso nos ayuda a entenderlo la visión de Cristo. Alcanzar completamente ese estado es el mundo real, diferente de los instantes santos en los que nuestra mente todavía fluctúa, y el miedo a perdonar nos lleva de vuelta a los instantes profanos y de pecado del ego. 

(10) Así es como aprendes a dar tal como recibes. Y así es como la visión de Cristo te contempla a ti también. Esta lección no es difícil de aprender si recuerdas que en tu hermano te ves a ti mismo. Si él se encuentra inmerso en el pecado, tú también lo estás; si ves luz en él, es que te has perdonado a ti mismo tus pecados. Cada hermano con quien hoy te encuentres te brinda una nueva oportunidad para dejar que la visión de Cristo brille sobre ti y te ofrezca la paz de Dios.

La conclusión es tan increíblemente simple que es sorprendente con cuánta frecuencia lo olvidamos. Si pudiéramos ser realmente conscientes de que cada juicio que hacemos y mantenemos en contra de alguien es un juicio contra nosotros mismos, manteniéndonos fuera del Reino, entonces nunca juzgaríamos. Sin embargo la amnesia es una importante arma del ego, y entonces olvidamos que somos uno, y que —literalmente— nuestra manera de ver, experimentar y reaccionar con respecto a los demás, refleja la decisión que hemos tomado para nosotros mismos. Una vez más, si reconociéramos que todas y cada una de las veces que nos sentimos molestos —sea en mayor o menor medida— reflejamos la decisión de mantenernos apartados del amor, no atacaríamos. Así que necesitamos un curso y un maestro que nos explique que estamos juzgando continuamente porque de lo que tenemos miedo es precisamente del amor —porque en su presencia nuestro especialismo y nuestro "uniquismo" [nuestra singularidad o diferencia respecto a los demás] desaparecen, al igual que nuestra existencia separada.

Es esencial que yo sea consciente de la conexión entre cómo experimento a la gente y a mí mismo, con su efecto subyacente. Cuando elijo ver a alguien como diferente de mí, estoy buscando demostrar que yo tengo razón y Dios se equivoca. No me importa cuán miserable me sienta, porque mi propia miseria probará más claramente todavía que alguien me hizo esto. Por lo tanto, necesito prestar mucha atención durante todo el día a cómo respondo ante las personas y circunstancias, y luego ver que estas respuestas me ofrecen la oportunidad de recordar la decisión mental que tomé y olvidé. Es por eso por lo que es útil ver el mundo como un aula y desarrollar una relación con Jesús. Su enseñanza me recuerda que mi experiencia con vosotros refleja directamente lo que he experimentado con él. Si me siento uno con vosotros —no existen barreras entre nosotros— entonces sé que no existen barreras entre él y yo. Por otro lado, cuando veo diferencias entre nosotros —tu cuerpo tiene lo que quiero o lo que odio— entonces sé que mantengo un pensamiento que dice que estoy separado de Jesús, y por lo tanto separado de Dios. 

(11.1-2) Cuándo ha de llegar esta revelación es irrelevante, pues no tiene nada que ver con el tiempo. No obstante, el tiempo aún nos tiene reservado un regalo, en el que el verdadero conocimiento se refleja de manera tan precisa que su imagen comparte su invisible santidad y su semejanza resplandece con su amor inmortal.

Jesús está diciendo que no necesitamos preocuparnos sobre Dios, o prestar atención al Cielo, el amor o la verdad. En lugar de eso, deberíamos centrarnos en nuestras experiencias dentro del sueño. Al hacer real el sistema de pensamiento de la separación, le estamos haciendo un regalo al ego. Sin embargo, con Jesús como nuestro maestro, nos hacemos a nosotros mismos el regalo de darnos cuenta de que el mundo no es una prisión, sino un aula amorosa que nos llevará dulcemente a casa. Él nos instruye de manera similar —no centrarnos en la realidad— al final de las diez características de los maestros de Dios: 

Habrás notado que la lista de atributos de los maestros de Dios no incluye las características que constituyen la herencia del Hijo de Dios. Términos tales como amor, inocencia, perfección, conocimiento y verdad eterna no aparecen en este contexto, pues no serían apropiados aquí. Lo que Dios ha dado está tan remotamente alejado de nuestro programa de estudios, que el aprendizaje no puede sino desaparecer ante su presencia. (M.4.X.3.1-4) (Pág. 17)

Así, en efecto, Jesús nos dice: "En lugar de centrarte en la verdad, céntrate en el mundo que fabricaste para mantener al amor fuera. Ahora se ha convertido en tu aula del perdón, en la cual aprendes a aceptar el amor inmortal que es el regalo de Dios para ti". 

(11.3-4) Nuestra práctica de hoy consiste en ver todo con los ojos de Cristo. Y mediante los santos regalos que damos, la visión de Cristo nos contempla a nosotros también. 

El propósito de cada día es ser conscientes de nuestro deseo de la visión, y practicar la lección cuando tengamos la tentación de olvidarnos de esto. Concluimos con las dos últimas estrofas del precioso poema de Helen, "The Quiet Dream" ["El sueño tranquilo"], un bello retrato de la visión de Cristo, el regalo de paz que Jesús nos ofrece para llevarnos de regreso al Amor de nuestro Padre: 

Hay una luz que resplandece sobre este mundo, 
y lo juzga tal como Cristo habría de juzgarlo. 
No hay condenación en ese juicio.
Él contempla al mundo como libre de pecado, en la luz que brilla
desde Su Propia faz. Su visión contempla el seguro reflejo
del Amor de Su Padre;
la imagen que reclama Su recuerdo. 
¿Qué mal puede permanecer en el mundo
al que la visión de Cristo mira? ¿Y qué podría aún
parecerme temible, con la luz de Su perfección sobre él?
¿Qué cosa podría enseñarme que el dolor
tiene una causa, o que la muerte es real? 
Ayúdame a perdonar al mundo. La paz que Tú das
en mi perdón me será dada. 
(The Gifts of God, p. 65) 
["Los Regalos de Dios"]

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Fuente: Journey Through the Workbook of a Course in Miracles, de Ken Wapnick.

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