domingo, 20 de marzo de 2016

El sueño feliz (parte 9)

"El sueño feliz"

Extractos del seminario celebrado en la 
Fundación para Un Curso de Milagros (FACIM
en Temecula (California) 

Kenneth Wapnick


Parte 9

El soñador del sueño (continuación)

Ahora volvemos a la sección del Texto titulada "El soñador del sueño", párrafo 14:

(T.27.VII.14.3) Descansa en el Espíritu Santo, y permite que Sus dulce sueños [los sueños felices] reemplacen a los que soñaste aterrorizado, temiéndole a la muerte.

¿Cómo descansamos en el Espíritu Santo? Descansamos en el Espíritu Santo al despedir al ego, porque es uno o el otro ((no podemos tener al ego y al Espíritu Santo como nuestro maestro a la vez)). No elegimos al Espíritu Santo hasta que primero hayamos despedido al ego. Hay dos líneas del Texto que siempre me gusta citarlas juntas, a pesar de que aparecen separadas entre sí por cientos de páginas: «Renuncia ahora a ser tu propio maestro (,,,), pues no has sido un buen maestro» (T.12.V.8.3; T.28.I.7.1) ((citando la segunda frase más literalmente como se expresa en inglés podría ser: «Renuncia ahora a ser tu propio maestro (,,,), pues te has enseñado malamente»)). Primero tenemos que renunciar a ser nuestro propio maestro (al darnos cuenta de que nos hemos enseñado malamente a nosotros mismos) antes de que podamos aceptar a Jesús como nuestro maestro. En el Curso, la manera en que le decimos "sí" al Espíritu Santo es decirle "no" al ego. Decir "sí" es decir "no al no" (T.21.VII.12.3-4) (("no al no" es una forma de expresar más directamente la cita original en inglés: "not no")). Nuestra tarea, nos dice Jesús, es «negar la negación de la verdad» (T.12.II.1.5). Él no dice que nuestra tarea sea afirmar la verdad. ((Esto está obviamente relacionado con otras citas del Curso, como por ejemplo las dos siguientes: «Este curso no pretende enseñar el significado del amor, pues eso está más allá de lo que se puede enseñar. Pretende, no obstante, despejar los obstáculos que impiden experimentar la presencia del amor, el cual es tu herencia natural» [T.introd.1.6-7]; «Tu tarea no es ir en busca del amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has levantado contra él. No es necesario que busques lo que es verdad, pero sí es necesario que busques todo lo que es falso» [T.16.IV.6.1-2]; las negritas de ambas citas son mías)) 

La manera de elegir al maestro auténtico es mirar al falso maestro y decir: no quiero escucharte más. Eso es lo que significa que alguien está en la mente correcta, y eso es el sueño feliz. Es mirar a la pesadilla y decir alegremente: "no tengo por qué escucharte más". Nada podría hacernos más felices que mirar todas nuestras pesadillas, todos nuestros cuentos de abuso, culpa, dolor, ansiedad y terror; todos nuestros asuntos, preocupaciones y obsesiones, y decir que no tenemos por qué escuchar esas cosas más, y decirlo en serio. Así es como descansamos en el Espíritu Santo. No podemos descansar en el Espíritu Santo con nuestro ego. Y sin embargo eso es lo que todos quieren hacer. Ese es el juego de transigencias o juego de componendas al que todos juegan con Dios, con el Espíritu Santo, con Jesús, y lamentablemente con el Curso.

Eso no tiene sentido, y carece totalmente de significado hablar de un sueño feliz a menos que hablemos primero de lo que ese sueño feliz pretende corregir. El sueño feliz está destinado a corregir los sueños del ego —de terror, crueldad, dolor, sufrimiento, culpa y muerte—, lo cual implica que primero tenemos que tomar conciencia de nuestros sueños del ego. ¿Cómo hacemos eso? Prestamos atención a nuestros sueños del mundo, a lo que nuestro cuerpo está soñando —no por la noche necesariamente, sino a lo que estamos soñando durante todo el día, a todos nuestros pensamientos de especialismo. En ese contexto, pedirle ayuda a Jesús significa pedirle que nos ayude a mirar esos pensamientos de un modo diferente, y el modo en que él nos ayuda a mirar es recordándonos que esos pensamientos son proyecciones de lo que está en la mente. Tal como él nos dice en el capítulo 21, esos pensamientos son «la imagen externa de una condición interna» (T.21.introd.1.5).

Eso es lo que significa pedir ayuda a Jesús en nuestras relaciones. No se trata de pedir que él arregle nuestras relaciones, ni que él nos diga qué debemos hacer o decir, ni adónde ir para conseguir un trabajo, o qué número de lotería elegir, o en qué tipo de valores o capitales invertir. Él no sabe nada sobre estos temas. Como siempre me gusta decirle a la gente, Jesús no puede contar más allá de uno. Así que no le pidas que te diga cuánto dinero deberías ganar, adónde deberías ir, qué numero de lotería deberías escoger, o por cuál caballo deberías apostar (¡a menos que sea el número uno!). Él no sabe sobre detalles concretos. Él sólo conoce la unidad del Hijo de Dios, así que la unidad que representa el amor de Jesús teje automáticamente todos los fragmentos y los convierte en uno. ¿Y qué significa eso? Significa darse cuenta de que aquí todas las personas son iguales: tanto los abusadores como los abusados, los opresores como los oprimidos, las personas buenas y las malas personas. Todas ellas tienen la misma mente dividida. Tienen el mismo ego, la misma mente correcta, al Espíritu Santo y al mismo tomador-de-decisiones. Cada persona, sin excepción; esa es la clave. Aprender eso es el sueño feliz. Pero primero tenemos que mirar la necesidad de nuestro ego y la inversión que hacemos en ver la separación, y en ver los intereses especiales y separados.

(T.27.VII.14.4) El Espíritu Santo te brinda sueños de perdón, en los que la elección no es entre quién es el asesino y quién la víctima.

Ese es el sueño del ego. ¿Quién sale ganando? ¿Quién sale perdiendo? ¿Quién va a ir al Cielo? ¿Quién al infierno? ¿Quién es un verdadero estudiante de Un Curso de Milagros y quién no lo es? ¿Quién está estudiando Un Curso de Milagros de manera correcta y quién no? Es uno contra otro.

(T.27.VII.14.5) Los sueños que Él te ofrece no son de asesinatos ni de muerte. 

No hay un ganador frente a un perdedor. Sólo hay uno; sólo hay unidad. ¿Cómo podría haber un ganador frente a un perdedor si solamente hay uno? Esto significa que si te veo como a un perdedor, yo tengo que ser también un perdedor, porque sólo hay uno, lo cual se interpreta como igualdad en este mundo de multiplicidad. Somos lo mismo. Si te considero un villano o una mala persona, o si te considero "el hogar del mal, de la oscuridad y del pecado", y en realidad somos uno, eso implica que somos lo mismo aquí, y entonces todo eso lo estoy diciendo sobre mí mismo.

Por otro lado, si reconozco que tu ego es en realidad una petición de ayuda, y que por debajo de todo tu odio y de tu despiadada crueldad hay una pequeña voz suplicando lastimeramente que "Por favor, muéstrame que estoy equivocado; por favor, muéstrame que no tengo por qué hacer esto para poder sobrevivir; por favor, muéstrame que soy amado a pesar de la persona despreciable en que me he convertido", escucharé la misma súplica lastimera en mí mismo. Cualquier cosa que veamos en otro, la vemos en nosotros mismos, porque no hay otro. Pero como pensamos que hay otros, tenemos que practicar. Así que practicamos en todas nuestras relaciones, comenzando el proceso de aprendizaje en el que al final todos somos iguales, y más allá de nuestra inherente igualdad está nuestra inherente unidad. Como dije antes, todos somos fragmentos de una misma mente dividida ((por ejemplo en el penúltimo párrafo de la parte VII)), y reconocer esto nos ayuda a despertar finalmente a la verdad de que todos somos uno como Cristo. Es el sueño del perdón, el sueño feliz del Espíritu Santo que nos conduce suavemente y con seguridad hasta el final del camino.

(T.27.VII.14.6) El sueño de culpabilidad está desapareciendo de tu vista, aunque tus ojos están cerrados.

No hemos despertado todavía, pero vamos camino del despertar. Aún percibimos cuerpos separados. Aún creemos que entablamos relaciones separadas. Aún creemos que hay situaciones o circunstancias en la vida, y que algunas son buenas y otras son malas. Aún creemos que el cuerpo cambia, crece y envejece. Aún creemos que algún día nuestro propio cuerpo y el de nuestros seres queridos morirán. Aún estamos dormidos, pero estamos empezando a darnos cuenta de que todas las figuras o personajes de nuestros sueños son lo mismo. Eso es la clave.

No se nos pide que abramos los ojos, porque el ego nos dice que la luz nos cegaría. El ego nos dice que no miremos en nuestro interior porque, si lo hacemos, nuestros ojos se posarán sobre el pecado y Dios nos cegará (T.21.IV.2.3), lo cual es una manera amigable de decir que Dios nos destruirá. No abrimos todavía los ojos porque antes tenemos que aprender que la luz es nuestra amiga. De hecho, la luz es nuestro Ser, lo que significa que tenemos que aprender poco a poco a dejar de invertir en el falso ser que creemos ser, porque mientras valoremos este ser que percibimos, consideraremos como algo demasiado aterrador la opción de desaparecer dentro del Ser único de Dios. Así que todavía seguimos con los ojos cerrados, pero empezamos a abrirlos un poco para que algo de luz se filtre a través de ellos. Esa luz es la que nos enseña que todos somos lo mismo. Nuestros ojos cerrados y nuestros sueños aún perciben diferencias porque los cuerpos son diferentes unos de otros. Pero nuestra mente está curándose y empieza a entender que las diferencias no establecen ninguna auténtica diferencia, y que a pesar de todas las diferencias perceptuales que nuestros ojos nos muestran, es la percepción de nuestra mente la que nos dice que todos somos lo mismo.

No negamos lo que el cuerpo nos dice. No negamos lo que nuestro cuerpo ve, oye, huele o saborea. Lo único que negamos es la interpretación del ego. El Espíritu Santo no nos quita nuestros sueños. No nos quita las figuras que aparecen en nuestro sueño, ni la relación que entablamos con esas figuras. Lo que el Espíritu Santo nos ofrece es otra manera de verlas. Esa es la transformación. Por consiguiente sigo relacionándome contigo, pero ahora estoy comenzando a ver que somos iguales. Mi ego es tu ego, el mismo ego. La corrección que el Espíritu Santo lleva a cabo en mí es la misma que lleva a cabo en ti, y tanto tú como yo disponemos del poder de elegir. Ambos estamos aterrados de usar este poder de elegir debido a la insignificante voz odiosa que constantemente nos susurra: "Si regresas adentro hasta retornar al poder de elegir, ¿adivinas qué? Volverás a abusar otra vez de este poder. Volverás a atacar, a dar rienda suelta a tus necesidades egoístas y egocéntricas, y a apropiarte del amor de otro y del ser de otro para moldearlo a tu gusto. Así que no te acerques al poder de tu mente, porque si lo haces, pecarás otra vez".

Así que nos mantenemos alejados de la mente, y empezamos a ver qué es lo que todos hacen. ¿Qué problema hay? (vemos que no es para tanto). Después de un tiempo, todos estos sueños se vuelven aburridos porque todos son iguales. Ya sabes, te encuentras con algunos artistas y escritores que no están muy inspirados, y cada cuadro, novela, obra y película es lo mismo. Encuentras compositores y todas las composiciones musicales que componen son iguales: aburridas. En fin, en cierto sentido basado en la mentalidad-correcta, algo así es lo que deberíamos empezar a ver en nuestras vidas. Todo es lo mismo. Sin embargo no será aburrido, porque nos daremos cuenta de que ver a todos como lo mismo es el trampolín que nos ayuda a despertar del sueño. Eso no es aburrido, porque ahora el propósito de nuestra vida aquí ha cambiado de manera notable. Ya no se trata de conseguir todo lo que podamos, ni de maximizar nuestro placer y de minimizar nuestro dolor. Se trata de elegir estos sueños felices del perdón, que nos llevarán más y más hacia delante hasta que un día ya no tendremos miedo de la luz, y entonces podremos abrir nuestros ojos y darnos cuenta de que no estamos en nuestras camas ((durmiendo)). Estamos en el hogar en Dios. Simplemente estuvimos soñando con el exilio, y el sueño ya se ha terminado ((T.10.I.2.1)).

(T.27.VII.14.6-8) El sueño de culpabilidad está desapareciendo de tu vista, aunque tus ojos están cerrados. Una sonrisa ha venido a iluminar tu rostro durmiente. Duermes apaciblemente ahora, pues estos son sueños felices. 

Todavía estamos dormidos; todavía estamos en un cuerpo. Jesús no nos está diciendo que tengamos que dejarlo todo de repente. Él no nos está quitando nada. No nos está quitando a nuestra familia, nuestros placeres, ni nuestras preferencias. Él simplemente nos ayuda a que nos demos cuenta de que aquí todas las cosas y todas las personas son lo mismo. Todavía estamos dormidos, pero «una sonrisa ha venido a iluminar tu rostro durmiente». Podemos entender ese "iluminar" de dos maneras: "iluminar" en el sentido de luz o iluminación, la cual pone fin a la oscuridad, o en el sentido de no seguir llevando la pesada carga de la culpa sobre nosotros y alrededor de nosotros. Todavía estamos dormidos, pero el sueño es ahora tranquilo (duermes apaciblemente). Nada ha cambiado excepto que ahora nos hemos dado cuenta de que somos el soñador. Una vez más, «el milagro establece que estás teniendo un sueño y que su contenido no es real» (T.28.II.7.1).

Esto parecería aburrido únicamente si pensáramos que la paz y el amor son aburridos. Al ego esto le parecería aburrido porque el ego se nutre del drama. Basta pensar en el pensamiento original de la separación. Ese pensamiento es un agudo drama. Ese es el argumento o guión con el que se hacen las mini-series y las telenovelas, ¿a que sí? Destruimos a Dios y ahora Dios viene a por nosotros. Esa (y sus variantes) es una idea que nunca pasa de moda. La Biblia es un intenso drama, y ese es el motivo de que sea un libro tan popular. Es un enorme mito, y desde el punto de vista del ego cualquier otra cosa sería aburrida. Pero desde el punto de vista de la mentalidad-correcta, esto ((el sueño feliz que nos conduce a la paz, al amor, a la ausencia de drama/conflicto)) es algo tremendamente jubiloso porque nos está sacando de aquí, y a un ritmo suave, amable y paciente, un ritmo que nos resulte cómodo. Eso es lo que es tan encantador y amoroso de este Curso.

Jesús es tajante en cuanto a qué es verdad y qué no lo es; no hay lugar para la discusión, pero él es dulce, amable y paciente. Él dice que todo esto es un sueño, que todo esto es imaginario, inventado, pero él nos va a enseñar a descansar y dormir más confortablemente hasta que estemos listos para abrir los ojos, y entonces todo habrá acabado. Así que este sueño tranquilo —en el que soñamos que todos son lo mismo— no resulta aburrido. Se vuelve maravillosamente jubiloso porque ya no hay culpa. Pero por supuesto que para el ego eso es aburrido porque todo es igual y uniforme. Todos nos alimentamos de los altibajos, de los vaivenes, de las buenas y las malas experiencias, de los continuos éxitos y fracasos cotidianos. Eso es lo que sucede en el gran drama de la "vida" en el mundo, ¿no es así? Eso es lo que capta nuestro interés, lo que nos atrae.

Si descubrimos que de hecho nos regodeamos y nos alimentamos de tal caos, podremos salir de esto al darnos cuenta de que esta dinámica no nos ha hecho felices —este reconocimiento tiene que venir primero. Al principio del Texto Jesús dice (lo cual es una reminiscencia de lo que sucedió originalmente con Helen y Bill) que: «La resistencia ((tolerancia)) al dolor puede ser grande, pero no es ilimitada. A la larga, todo el mundo empieza a reconocer, por muy vagamente que sea, que tiene que haber un camino mejor» (T.2.III.3.5-6). Todo el mundo tiene un umbral del dolor, y cuando se cruza ese umbral reconocemos que esto ya no nos compensa, ya no nos sale rentable; nada funciona. En las experiencias mundanas —o altibajos—, los altos son magníficos, pero los bajos son horribles, y empezamos a darnos cuenta de que no podemos tener los altos sin los bajos. "Todo lo que sube tiene que bajar", por lo que tenemos que reconocer que nuestra vida aquí no funciona. En el capítulo 14 hay una sección que tiene cierta semejanza con lo que estamos diciendo ahora, titulada "El alumno feliz", en la cual Jesús empieza diciendo que el Espíritu Santo nos necesita y quiere que nos demos cuenta de lo desdichados que somos:

«El Espíritu Santo necesita un alumno feliz en quien Su misión pueda llevarse a cabo felizmente. Tú que eres tan partidario de la aflicción, debes reconocer en primer lugar que eres infeliz y desdichado. El Espíritu Santo no puede enseñar sin este contraste, pues tú crees que la aflicción es felicidad» (T.14.II.1.1-3).

Hasta que reconozcamos lo desdichados que somos y el hecho de que nuestras vidas de relaciones especiales no nos han funcionado, no estaremos motivados para dejarlas atrás y para pedir la ayuda de Jesús. Por lo tanto, Jesús se ve obligado a esperar pacientemente entre bastidores hasta que nos cansemos del teatro y del drama y finalmente vayamos hacia él y le digamos: "Sabes, tiene que haber otro juego. Tiene que haber otro grupo de actores. Tiene que haber otro autor, otro dramaturgo, porque esto ya no funciona. Es demasiado doloroso". Lo que él intenta con el Curso es convencernos de lo desdichadamente infelices que somos. Esto se debe a que si tú piensas que tu vida está funcionando para ti, entonces no te vas a poner a estudiar el Curso. Puedes ahorrarte el dinero, porque el Curso es para quienes piensan que sus vidas no están funcionando, es para quienes están hartos de su sueño y quieren que se les enseñe otra cosa. Y por supuesto que lo que se nos enseña es que nuestro sueño, el sueño del mundo, es un espejo o reflejo del sueño secreto, que es una defensa para obstaculizar que elijamos la Expiación.

Parte 10: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2016/03/el-sueno-feliz-parte-10.html

Fuente original en inglés: https://www.facim.org/online-learning-aids/excerpt-series/the-happy-dream.aspx

Índice en español (10 partes en total): http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2016/03/el-sueno-feliz-por-kenneth-wapnick.html

sábado, 19 de marzo de 2016

El sueño feliz (parte 8)

"El sueño feliz"

Extractos del seminario celebrado en la 
Fundación para Un Curso de Milagros (FACIM
en Temecula (California) 

Kenneth Wapnick


Parte 8

El soñador del sueño

Ahora volvemos a la sección del Texto titulada "El soñador del sueño" ((parte de la cual ha sido comentada en las partes IV y V de esta serie, y también era el tema implícito de la parte III)):

(T.27.VII.13.1-2) eres el soñador del mundo de los sueños. Éste no tiene ninguna otra causa, ni la tendrá jamás.

Nota que la palabra "" viene en cursiva: « eres el soñador». El es el soñador, no el personaje o figura que aparece en el sueño. La figura del sueño es la persona que pensamos que somos —el nombre que nos damos a nosotros mismos, el cuerpo que experimentamos y percibimos, etc. El es el soñador, la parte de la mente que toma-las-decisiones. En otras palabras, el mundo no proviene de sí mismo —el mundo no contiene en sí mismo su propio comienzo y su propio final ((como ya se comentó en la parte IV, en el comentario a la frase T.27.VII.11.6)). El mundo es literalmente la proyección de nuestra mente —al igual que cuando dormimos por la noche, los sueños que tenemos son literalmente las proyecciones de nuestro cerebro. Las proyecciones no tienen realidad más allá de eso.

Y ahora Jesús se refiere una vez más al sueño secreto:

(T.27.VII.13.3) Todo lo que aterrorizó al Hijo de Dios y le hizo pensar que había perdido su inocencia, repudiado a su Padre y entrado en guerra consigo mismo no es más que un sueño fútil. 

El uso del adjetivo "fútil" (("idle"= fútil, inútil, vacío, sin importancia, vago, holgazán, improductivo)) nos indica que en realidad no está sucediendo nada. Cuando decimos que algo es improductivo (("idle", fútil)), queremos decir que con eso no se consigue nada. Si el motor de un coche está en marcha pero el coche no avanza, decimos que el coche no es útil, que es fútil, que no hace nada, que no nos lleva a ninguna parte: el coche está "holgazaneando", es inútil, improductivo. El "motor" de nuestra mente puede que esté en marcha, aliándose con el ego, pero así no nos lleva a ninguna parte. No sucede nada. Nunca hemos salido del Cielo. Por lo tanto, el sueño secreto del pecado, la culpa y el miedo, es un sueño fútil.

(T.27.VII.13.4-5) Mas ese sueño es tan temible y tan real en apariencia, que él no podría despertar a la realidad sin verse inundado por el frío sudor del terror y sin dar gritos de pánico, a menos que un sueño más dulce precediese su despertar y permitiese que su mente se calmara para poder acoger —no temer— la Voz que con amor lo llama a despertar; un sueño más dulce, en el que su sufrimiento cesa y en el que su hermano es su amigo. Dios dispuso que su depertar fuese dulce y jubiloso, y le proporcionó los medios para que pudiese despertar sin miedo.

Jesús está describiendo el sueño feliz. No podemos pasar directamente de las pesadillas al despertar porque, tal como Jesús explica aquí, eso nos llevaría a vernos inundados "por el frío sudor del terror y gritos de pánico". El ego nos dice que si regresamos a Dios, Él nos destruirá. Es este miedo a la ira de Dios lo que constantemente nos impulsa a mantenernos en un estado de inconsciencia ((de sin-mentalidad, mindlessness)). La manera de preservarnos de una segura destrucción a manos de Dios es salir de la mente, olvidando por completo que una vez que estemos en el mundo experimentaremos la muerte en el mundo también. Pero puesto que olvidamos cómo es que aparecimos aquí en el mundo, se nos olvida que fue el ego quien nos dijo que estuviéramos aquí. Por esta razón es tan importante que se entiendan las defensas del ego, las cuales funcionan increíblemente bien. Puesto que olvidamos que tenemos una mente, no recordamos cómo es que llegamos y aparecimos aquí en el mundo, no recordamos que sucedió porque decidimos seguir el consejo del ego: "Sal corriendo de tu mente, porque Dios te destruirá si te quedas aquí en la mente. Huye al mundo y al cuerpo, y estando allí, Él no podrá destruirte".

Y en fin, entonces acabamos en el mundo y en el cuerpo, ¿y adivinas qué? Resulta que somos destruidos. Pero para entonces ya nos hemos olvidado del sueño secreto, así que el hecho es que estamos aquí y no nos queda otra que tratar de sacar lo máximo que podamos de esta situación. Entonces nos inventamos todo tipo de cuentos de hadas. Decimos, por ejemplo, que hay una vida después de la muerte, y que por lo tanto morimos pero no morimos realmente. Las personas malas mueren y van al infierno. Pero ellas tampoco mueren realmente: simplemente son castigadas en el infierno eterno mientras que nosotros disfrutamos de la eterna felicidad. Existe también el concepto de las múltiples vidas: me muero pero regreso, y regreso otra vez, y otra vez, etc. ¡No es eso maravilloso?

No es que ese tipo de conceptos no puedan ser útiles, pero todos ellos son ilusorios. ¿Cómo podríamos regresar a un lugar en el que en realidad nunca estuvimos una primera vez? Las ideas no abandonan su fuente. La idea del Hijo separado de Dios nunca ha salido de su fuente en la mente. Ni siquiera estamos en un cuerpo, así que tanto si vivimos una sola vida como si vivimos miles de vidas, o incluso si hay una vida después de la vida, es todo lo mismo. Ni siquiera es una vida después de la vida, sino más bien una no-vida después de la no-vida. ¿Qué importancia tiene, o qué tiene de bueno, una no-vida después de la no-vida? No es más que una no-vida ((el ilusorio "más allá")) que viene tras una no-vida ((el sueño del mundo)) que también se originó en una no-vida ((el sueño secreto)). No es más que eso, pero nos inventamos historias porque estamos muy asustados.

Jesús también inventa para nosotros una historia, pero la suya es una historia dulce, amable y bondadosa. Él dice que Dios nos ama. Que Él no está enfadado. Sí, Dios sabe que nos fuimos del hogar y que nos separamos, pero no nos guarda rencor. Dios no está disgustado, molesto ni enfadado con nosotros. Dios no creó al Espíritu Santo para que nos engañara para que volviéramos al Cielo y así entonces Él pudiera destruirnos. Dios nos ama muchísimo. Él nos echa de menos y se siente solo sin nosotros. Él solloza cuando no estamos con Él; llora. Él anhela nuestro regreso. Quiere que volvamos con Él. En fin, todas estas frases o ideas son inventadas, pero son agradables, son una historia dulce y agradable que corrige el egoico sueño del pecado, la culpa y el miedo. El pecado, la culpa y el miedo son elementos que se basan en que Dios entró en ira porque nosotros le atacamos. El cuento de hadas de Jesús, y es un cuento de hadas, es que no atacamos a Dios. No sucedió nada realmente. Nuestro Papi no está enfadado, y el Espíritu Santo es nuestro Amigo.

Esto da comienzo al proceso de aprender a perdonarnos a nosotros mismos por lo que no hicimos. Puesto que lo que hicimos con lo que creímos haber hecho es proyectarlo sobre los demás, nuestro viaje comienza cuando logramos tener una percepción diferente de ellos gracias a un maestro diferente. En otras palabras, retiramos todas nuestras proyecciones de culpa que habíamos colocado sobre los demás. Reconocemos que nuestro sueño externo, en el cual otras personas son los agresores y los abusadores que nos hacen sufrir, es el sueño del mundo. Y el sueño del mundo es la proyección del sueño secreto en el cual creemos que somos nosotros los asesinos, los carroñeros, los pecadores, los traidores y los desertores o abandonadores. Pero ahora disponemos de una amorosa presencia en nuestra mente que no tiene miedo ni está enfadada, una presencia amorosa que nos dice que fuimos nosotros mismos quienes lo inventamos todo. Al final del todo, por lo tanto, nos damos cuenta de que la pesadilla del ego es una invención imaginada, pero el sueño feliz es una invención también, así que ambos desaparecerán y todo lo que quedará es la realidad.

(T.27.VII.14.1) Acepta el sueño que Él te dio en lugar del tuyo.

Ese es el sueño que Dios ofreció, aunque en realidad no es Dios Quien lo ofrece ((Recordemos que en realidad Dios no sabe nada del mundo ni del sueño de la dualidad, pues el mundo/dualidad no existe. Así que, para ser más precisos, podemos decir que es el Espíritu Santo Quien ofrece ese dulce sueño alternativo que nos ayuda a despertar, siendo el Espíritu Santo un símbolo de nuestro recuerdo de la Verdad o de Dios)). Se trata del sueño feliz. Es aún un sueño, pero es un sueño feliz, un sueño de perdón.

(T.27.VII.14.2) No es difícil cambiar un sueño una vez que se ha identificado al soñador.

Esta es otra frase muy importante. Se está hablando de levantar el velo del olvido, para que podamos reconocer que no somos el cuerpo, sino la mente que es el soñador. No es la Mente de Cristo la que sueña, sino la mente dividida. Y eso es lo único que esa mente es: un soñador. No es difícil cambiar los sueños cuando nos damos cuenta de que somos el soñador, y entonces vemos claramente qué opciones tenemos. Tal como dice el Texto unos capítulos antes: «¿A quién que esté respaldado por el Amor de Dios podría resultarle difícil elegir entre los milagros y el asesinato?» (T.23.IV.9.8).

Cuando sabes que eres el soñador, y que un sueño es el sueño del asesinato y que el otro es el sueño del milagro, esto se convierte en una obviedad. Es algo tan fácil que hasta un niño o alguien sin-cerebro (sin-mente) podría elegir lo correcto. Pero tienes que saber que tú eres el soñador. La resistencia a eso es enorme. Nunca podré repetirlo lo suficiente. Eso es lo que tienes que reconocer; de lo contrario te confundirás con el Curso muy rápidamente, mientras estarás seguro de tener razón debido a que podrás repetir alguna cita del Curso y sin embargo no estarás entendiendo ni una palabra de lo que estés citando. Tienes que entender tu resistencia a darte cuenta de que tú eres el soñador, no la figura/personaje del sueño. Tú eres una mente, no el cuerpo. Jesús no te está hablando como si fueras una persona, por el nombre, usando palabras. Él es en tu mente un pensamiento de amor que es una luz, el cual por su mera presencia te está llamando a recordar que tú también eres una luz. El Curso se dirige al tomador-de-decisiones, al soñador. Así, en la sección del capítulo siguiente titulada "La inversión de efecto y causa" se dice:

(T.28.II.7.1-3) El milagro establece que estás teniendo un sueño y que su contenido no es real. Este es un paso crucial a la hora de lidiar con ilusiones. Nadie tiene miedo de ellas cuando se da cuenta de que fue él mismo quien las inventó. 

Recuerda que este libro se titula Un Curso de Milagros. "El milagro establece que estás teniendo un sueño". Tú eres el soñador, y lo que estás soñando no es real. "Este es un paso crucial a la hora de lidiar con ilusiones". ¿Cuál es el paso crucial? Darte cuenta de que tú eres el soñador. Por eso es un Curso de con-mentalidad (mindfulness), el cual corrige la sin-mentalidad (mindlessness) del ego. Simplemente ten eso en cuenta y siempre estarás en el buen camino con respecto al Curso.

Esto nunca va sobre el cuerpo. Nunca va sobre el mundo. Nunca va sobre tu personalidad. Nunca va sobre tu relación especial con otro cuerpo. Eso es el contexto porque nosotros pensamos que es ahí donde nos encontramos. Por eso Jesús usa el lenguaje del sueño para llevarnos hasta el soñador del sueño. Nadie tiene miedo de las ilusiones. Nadie tiene miedo de todos los sueños del mundo. Esto es el mismo punto que Jesús señaló en "Los regalos de Dios", como vimos antes ((En la parte VII)). Repitamos la tercera frase de la cita que tenemos entre manos ahora:

(T.28.II.7.3) Nadie tiene miedo de ellas [de las ilusiones] cuando se da cuenta de que fue él mismo quien las inventó.

Si sé que no hay monstruos ahí fuera, que yo los inventé, ¿qué habría que temer? Sólo cuando olvidamos que nosotros los hemos inventado es cuando nos asustamos. Cuando olvidamos que esto es nuestro sueño nos da miedo el cáncer, la guerra nuclear y la contaminación; tenemos miedo de toda la mala gente que hay ahí fuera, y de todas las personas abusivas que encontramos en nuestras vidas. Todos estamos muriendo de cáncer. Es un cáncer mental; es el cáncer de creer en la separación. En eso es en lo que tienes que concentrarte, porque eso es el asesino. De ahí es de donde viene la muerte, pero nosotros nos centramos en el cuerpo y en las enfermedades del cuerpo. Nos enfocamos en desarrollar el sistema inmunológico del cuerpo, lo cual no es una mala idea si eres un cuerpo, pero nos olvidamos del sistema inmunológico de la mente. Ese es el problema. La Expiación es el sistema inmunológico de la mente. Eso es lo que realmente te conviene desarrollar; con eso es con lo que te conviene identificarte.

Parte 9: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2016/03/el-sueno-feliz-parte-9.html

Fuente original en inglés: https://www.facim.org/online-learning-aids/excerpt-series/the-happy-dream.aspx

Índice en español (10 partes en total): http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2016/03/el-sueno-feliz-por-kenneth-wapnick.html

viernes, 18 de marzo de 2016

El sueño feliz (parte 7)

"El sueño feliz"

Extractos del seminario celebrado en la 
Fundación para Un Curso de Milagros (FACIM
en Temecula (California) 

Kenneth Wapnick


Parte 7

El final del sueño (continuación)
Los regalos de Dios (Pág. 120)

Nadie dudaría en abandonar un sueño de sobresalto y terror, de decaimiento despiadado y contorsiones repugnantes/enfermizas, con la desesperación siempre a la vista y la muerte no mucho más allá, si creyera que no es más que un sueño. 

Jesús dice que este mundo que nosotros pensamos que es tan maravilloso es en realidad "un sueño de sobresalto y terror". Y el cuerpo, dice Jesús, experimenta un "decaimiento despiadado y contorsiones repugnantes" o enfermizas. Eso es lo que le sucede a nuestro cuerpo, el cual Jesús describe en algunas citas como una "parodia" o una "caricatura" del glorioso Cristo que Dios creó (T.24.VII.1.11; 10.9). El cuerpo, incluso cuando funciona bien, es una distorsión, una deformidad, y ya no digamos cuando empieza a decaer y a deteriorarse, a morir, y a descomponerse. El problema es que creemos que es la realidad. Si realmente supiéramos que es parte de un sueño, desaparecería.

A nuestro ego, que es la parte de nosotros que desea estar aquí, no le importa cómo sea este "aquí", si feliz o triste, con dolor o con buena salud, siempre y cuando sigamos pensando que nuestro cuerpo está aquí. Por eso, en el segundo y tercer obstáculos a la paz, Jesús dice lo mismo: si crees que el cuerpo puede darte placer, creerás también que puede darte dolor, porque el placer y el dolor son las dos caras de la misma moneda de hacer real la separación (por ejemplo T.19.IV.A.17.11). Si mi cuerpo siente placer, entonces el cuerpo es real; si mi cuerpo siente dolor, entonces mi cuerpo es real. ¿Acaso hay alguna diferencia? Para el ego no hay ninguna diferencia entre una forma y la otra. Nosotros creemos que para nosotros aquí hay una diferencia entre ambos, así que tratamos de maximizar el placer y de minimizar el dolor. Pero no hay ninguna diferencia. No importa si somos ricos o pobres. Nuestra vida gira en torno al dinero, tanto si quieres cada vez más como si no tienes lo suficiente. Al ego no le importa que sea de un modo u otro, siempre y cuando hagas real el sueño, porque si haces real el sueño entonces no podrás abandonarlo.

Sin embargo, si piensa que primero debe pasar a través de un terror todavía más grande, tiene que ver esperanza en lo que ahora parecerá ser el sueño "mejor" [lo que el mundo llama el "sueño feliz" ((no hay que confundir este tipo de "sueño feliz" del mundo, con el sueño feliz del perdón))].

No importa lo terribles que estén las cosas aquí, el ego dice que sería aún peor si te dirigieras al interior de la mente, porque allí ciertamente Dios te destruiría. Así que «si piensa que primero debe pasar a través de un terror todavía más grande», a pesar de que el mundo es tan horroroso y terrible y de que es una fuente de desesperación, muerte, terror y decadencia despiadada o decaimiento despiadado, aun así lo sigue eligiendo, porque no quiere tener que pasar por un terror todavía mayor. Por lo tanto, «tiene que ver esperanza en lo que ahora parecerá ser el sueño "mejor"».

Por desgracia, como lo he venido diciendo, eso es lo que muchos estudiantes del Curso hacen con el Curso. Quieren hacer del mundo un lugar mejor. Quieren hacer que el sueño sea mejor. Quieren hallar esperanza en el mundo. Así que dirán lo maravilloso que es que Un Curso de Milagros haya llegado al mundo. ¡Ahora hay esperanza! Pero en realidad no hay esperanza en hacer de este sueño uno mejor. ¿Por qué quieres hacer un sueño mejor cuando Jesús nos está pidiendo que le permitamos que nos ayude a despertar del sueño?

El comienzo de nuestra sanación es darnos cuenta de que aquí no hay esperanza. Un Curso de Milagros no estaba destinado para el mundo. No se pretendía que fuera algo para cientos y cientos de miles de personas. Estaba destinado para una única persona, y esa persona eres . Nunca debes olvidar eso. Está destinado sólo para ti. Y cuando el "tú" que tú crees que eres queda con la mente sanada, todo el mundo queda sanado también porque la mente dividida es una sola mente —una mente es todas las mentes. No hay nadie a quien tengamos que convertir, enseñar o convencer. Lo único que las personas necesitan es la demostración de que ellas pueden estar contentas y agradecidas de que han estado equivocadas, porque lo que las hará verdaderamente felices es estar equivocadas y saber que al final era Dios Quien tenía razón: la separación nunca sucedió. Y aprendemos eso al practicar día tras día los felices sueños de darnos cuenta de que nuestras necesidades e intereses son uno. Nuestros egos, el Espíritu Santo, nuestras lecciones de perdón y nuestras mentes son todo uno. No estamos separados; no somos diferentes. Pero he aquí lo que sucede cuando caemos presa de lo que el ego nos dice.

Y ahora busca dentro de su sueño [el sueño del mundo] encontrar qué regalos puede este contener. ¿Qué puedes conseguir entre sus sombras? ¿Quién puede salvarte ahora dándote el amor que tú tiraste? ¿Qué puedes aprender a hacer para convertirte en un maestro sobre los demás? ¿Qué hay que sea tu regalo especial en el sueño? Encuentra estos regalos y no despiertes del sueño, pues este sueño puede darte lo que tú piensas que te falta. 

Y eso es lo que estamos intentando hacer siempre. Creemos que el Curso nos dará lo que nos falta. Creemos que el Curso nos dará esperanza, paz y amor. Pero no puede darnos eso. Lo que el Curso hace es mostrarnos el modo de recordar que el amor, la esperanza y la paz están dentro de nuestra mente. El Curso simplemente nos muestra la manera de recordarlo. No nos da la esperanza o el amor. La única esperanza está en la parte de nuestra mente que es la tomadora-de-decisiones. En el mundo, la única esperanza que hay es aprender que en él no hay esperanza, lo cual nos ayuda a darnos cuenta de que el mundo fue hecho para impedir que entremos en contacto con la esperanza que está en la mente: el poder que la mente tiene para elegir.

Pero si despiertas, todos sus regalos se irán, tu armadura y tu espada desaparecerán, y los buitres, siempre revoloteando en lo alto, te reclamarán finalmente como su legítima presa. ((nota: recordemos que lo que en estas frases se está expresando es el temor del ego, y por tanto el nuestro cuando nos identificamos con él))

Si despertamos, todos los regalos del mundo —los regalos del especialismo— se irán; nuestra armadura y nuestra espada desaparecerán, lo cual significa que nuestra actitud defensiva desaparecerá por completo, tanto la actitud defensiva ante los ataques de otras personas contra nosotros, como la actitud defensiva que nos lleva a atacar a los demás. Eso es lo que el ego nos dice —que si despertamos se irá todo nuestro especialismo, y todas nuestras defensas. Eso es lo que nos mantiene en el sueño. Los buitres revoloteando en lo alto son un símbolo: las proyecciones simbólicas del Dios del ego ((el imaginario Dios del terror, del cual tenemos pánico pues es un Asesino despiadado según el ego)). Él ((ese terrible Dios imaginario)) está siempre a la espera. Tal como dice el Manual: «No creas que Él se ha olvidado» (M.17.7.4). Él nunca se ha olvidado de lo que tú le hiciste. Él nunca se ha olvidado de lo que le hiciste a Su Hijo. Él nunca se ha olvidado de que tú destruiste Su Hogar. Todo esto es lo que dice el ego. Que Él nunca se ha olvidado de ti. Que está simplemente a la espera ((que Dios es un asesino que está al acecho, esperando la oportunidad de atacarte y destruirte a ti)). Y que lo que mantiene alejado a Dios son las ilusiones del especialismo. Y es por esto por lo que no queremos renunciar a ellas. El propósito del Curso es que soltemos nuestra inversión en las relaciones especiales, pero el ego es tan astuto, sutil y hábil para el engaño que nos induce a entablar una relación especial con el propio Curso. Esto es una brillante estrategia por parte del ego.

El propósito del Curso es ver la unidad del Hijo de Dios, ¿y qué es lo que hacen los estudiantes del Curso? Ellos establecen divisiones y separaciones, atacan y juzgan, todo ello en nombre de Un Curso de Milagros. Lo cual no es diferente de lo que se ha estado haciendo durante los dos mil años que llevamos de cristianismo. Esa actitud es la que nos mantiene en el sueño. Es muy importante que entendamos esta dinámica para que podamos empezar a entender la resistencia que tenemos en nuestra vida cotidiana a aprender y practicar lo que el Curso nos enseña. Siempre será útil que tengamos bien presente en nuestra mente que el propósito del Curso es que Jesús nos conduzca en un viaje que nos lleva desde la sin-mentalidad ((mindlessness, inconsciencia o alejamiento de la mente)) hasta la con-mentalidad ((mindfulness, plena atención o presencia en la mente)). La sin-mentalidad tiene que ver con el cuerpo y el mundo, tiene que ver con la separación o los intereses separados. El libro (del Curso) es algo separado. Es el contenido del libro lo que queremos, no la forma. Es el contenido de Jesús lo que queremos, no la forma de su persona, no su identidad individual. El contenido de Jesús es el amor que todos somos, del cual él es simplemente un símbolo. Siempre debemos pasar del símbolo a la fuente, de la forma al contenido, del sueño del mundo al sueño secreto y al sueño feliz.

Otro modo de entender el sueño feliz es que consiste en mirar los sueños-pesadillas del ego y sonreír. Eso es todo lo que es el sueño feliz: mirar los sueños de pesadilla del ego, la fealdad del especialismo en todas sus formas y en todas las formas en que se expresa en el mundo, tanto en nuestras propias actitudes/ejemplos como en las actitudes de los demás, pero mirar todo eso con la feliz sonrisa del Espíritu Santo. Así es como se convierte en un sueño feliz, al igual que una definición de la mente correcta es estar en tu mentalidad errada pero sin juzgar eso.

El Curso nos dice que el milagro «contempla la devastación y le recuerda a la mente que lo que ve es falso» (L.PII.Preg13.1.1-3). Contemplamos la devastación y los sueños del mundo, entendemos que son proyecciones de los pensamientos devastadores del sueño secreto de la mente, y nos recordamos a nosotros mismos que lo que estamos contemplando es algo imaginario. Es algo imaginario en sus dos modalidades, tanto "ahí fuera" en su forma aparentemente externa ((el nivel del sueño del mundo, el efecto)), como igual de imaginario es en su modalidad interna dentro de la mente ((el nivel del sueño secreto, la supuesta causa)). Reconocer eso es el sueño feliz, es el milagro; y eso es el perdón. Es tranquilo y sosegado, y no hace nada. Simplemente observa, espera y no juzga (L.PII.Preg1.4.1-3).

Una vez más, el sueño feliz es mirar el mundo, reconocer que es la sombra de la decisión de la mente, y que lo que estás mirando en la mente no ha tenido ningún efecto sobre la paz y el Amor de Dios en nuestro interior. En un nivel muy práctico de nuestra práctica cotidiana, esto se traduce en que siempre que veas cualquier sombra fragmentada del ego, sea en ti mismo o en los demás (sea en alguien de tu vida personal o de tu vida pública), mires a eso sin juicio, mirándolo a través de los ojos del sueño feliz, lo que significa que no le des a nada de lo que veas el poder de quitarte la paz y el Amor de Dios dentro de ti. Nada de lo que el mundo haya hecho, nada que el sistema de pensamiento del ego haya hecho podrá jamás quitarte el Amor y la paz de Dios que tú tienes y eres. Saber eso y aprender eso es el sueño feliz. No cambias nada. No cambias el mundo. No cambias tu ego. Si cambias tu ego, si deseas desesperadamente ir más allá de tu ego, lo estás haciendo real. ¿Cómo podrías dejarlo ir y darte cuenta de que es una ilusión si todavía lo consideras real, si estás luchando contra él, si sostienes una espada contra él, si te pones una armadura contra él? Sólo puedes ir más allá del ego cuando lo miras y te das cuenta de que no tiene el poder de hacer nada. Acordarte de reírte de la diminuta y alocada idea significa no tomarla en serio, lo que significa no darle el poder de sacarte de lo que eres.

Lo que convierte todos estos principios en algo tan práctico y útil es practicarlos todas y cada una de las veces que te sientas tentado de darle a alguien o a algo el poder de interrumpir o de perturbar tu paz. Si no te sientes tranquilo, si estás enfadado, ansioso, deprimido, asustado o molesto, siempre te sientes tentado a pensar que alguien o algo te está haciendo eso a ti: que alguien o algo es el causante que te ha provocado esa pérdida de paz. Tanto si se trata de que es tu propio cuerpo el que está actuando contra ti, como si se trata del cuerpo de otros, o del clima, o de las personas que viven en Washington, o de Dios, eso es lo que el mundo querría que tú creyeras. Entonces es cuando le pides ayuda a Jesús y él te contestará que la razón de que no estés en paz no es ninguna de esas cosas —no es el sueño del mundo; la razón es tu sueño secreto. Pero, ¿adivina qué? El sueño secreto es tu sueño, y como es tu sueño puedes cambiar de opinión con respecto a él. Este cambio de opinión es el sueño feliz.

Un último punto. No hay necesidad de que recordemos el primer sueño ((el sueño secreto)) con el fin de deshacer el segundo sueño ((el sueño del mundo)) en el que nos experimentamos. Sólo necesitamos saber que lo que está sucediendo aquí no es lo que aparenta ser. El punto que quiero señalar es que lo único que tenemos que hacer es reconocer que no estamos disgustados o molestos por lo que otra persona u otros han hecho. Estamos disgustados/molestos debido a la decisión que nosotros mismos hemos tomado. Eso es lo único que necesitamos saber. «Nunca estoy disgustado por la razón que creo» (L.5).

Este discernimiento deshace el primer sueño ((el sueño secreto)) porque todo es lo mismo. Todos los sueños del mundo provienen de y nunca han abandonado ese primer sueño. Así que al sanar cualquier parte del sueño que experimento, estoy sanándolo todo, porque el conjunto se encuentra en cada parte. La totalidad de la Filiación durmiente se encuentra en cualquiera de sus partes. Por eso dice el Curso que si perdonas totalmente a una persona, las has perdonado a todas. Sólo hay una cosa que perdonar: tu propia decisión en favor de la culpa. En última instancia es eso lo único que estás perdonando —tu ser ((a ti mismo, pero no como individuo sino como el único ser a nivel de la mente)). No hay nadie más.

Tú deseas regresar a la unidad; y lo que nos lleva de regreso al ser único, el cual es tu ser, es considerar todos los aparentes fragmentos como siendo lo mismo. Empezamos con la idea de verlos como iguales —no necesariamente viéndolos a todos como literalmente uno, pero sí viendo que todos tenemos el mismo ego, el mismo Espíritu Santo, y el mismo poder de elegir entre ambos. Vemos esa misma estructura ((mente errada, mente correcta y el tomador de decisiones que puede elegir entre ambas)) en todas las personas, tanto en las buenas como en las malas, tanto en quienes han hecho algo terrible y en quienes son horribles agresores y opresores, como en quienes son las víctimas. Vemos a todo el mundo como lo mismo, a todas las personas como iguales. Estos son los peldaños importantes. Son los sueños felices que nos llevan a empezar a entender que no sólo tenemos todos el mismo tipo de mente dividida, sino que tenemos la misma mente. Todos somos lo mismo. Simplemente somos las partes escindidas de un único y gigantesco sistema de pensamiento del ego, de un único y gigantesco sistema de pensamiento del Espíritu Santo, y de un único y gigantesco tomador-de-decisiones. Todos somos uno. Por lo tanto, cuando lo he perdonado todo completamente y mi mente ha quedado sanada, es la mente de todos la que está sanada, porque es una única mente: «Cuando me curo no soy el único que se cura» (L.137). Entonces todos vamos hacia el hogar dando saltitos alegremente. Los violines tocando y sonando alegre y melodiosamente, y las arpas. Oh, es precioso.

Por repetir algo de lo que ya he hablado anteriormente, es muy importante que aprendamos a tomarnos con menos seriedad a nosotros mismos. Nos tomamos a nosotros mismos muy en serio, con una increíble seriedad. Pensamos que lo somos todo o que no somos nada. No importa cuál de esas opciones elijamos, pero ciertamente creemos que somos una de esas dos opciones: o especialmente maravillosos, o especialmente desastrosos. Y pensamos que nuestros problemas son gigantescos. Eso es lo que el ego quiere que hagamos. Pero el "yo" del que pensamos estas cosas es el cuerpo, nuestro "yo" personal, psicológico y físico, el cual es enteramente una parte del sueño del mundo. Y todo este "yo" proviene de una diminuta, minúscula e infinitesimal idea que no es nada. El ratoncillo asustado que le ruge al universo ((T.21.VII.3.11; T.22.V.4.4-9)); eso es el ego.

Parte 8: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2016/03/el-sueno-feliz-parte-8.html

Fuente original en inglés: https://www.facim.org/online-learning-aids/excerpt-series/the-happy-dream.aspx

Índice en español (10 partes en total): http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2016/03/el-sueno-feliz-por-kenneth-wapnick.html

jueves, 17 de marzo de 2016

¿Quién o qué se ilumina? ¿Es la persona quien despierta, o se despierta uno de la creencia de ser la persona?

Este post se basa en un mail que recibí (el cual copio también) y los comentarios que surgieron sobre el tema (después copio mi mail de respuesta).

El tema central de estos dos mails es la iluminación. Simplemente añadir que cuando aquí hablamos de iluminación nos referimos a la iluminación completa (en la que ya no queda ni rastro de sufrimiento mental, pero además tampoco hay posibilidad de volver a sentir dolor físico —el cual de todos modos es también mental realmente—, al contrario de lo que algunas personas consideran como "iluminación", y que en mi modo de usar la palabra no hablamos de auténtica iluminación hasta que no sea un total despertar, el cual imposibilita cualquier tipo de sufrimiento y de dolor, sea físico o mental, emocional, etc).

La iluminación es la última de las ilusiones (porque el Ser nunca se ha dormido y está despierto desde siempre), pero es una ilusión por la que se parece pasar antes de reconocer "nuevamente" la verdad a la que habíamos fingido ignorar: como si jugáramos a no saber lo que somos.

Por lo tanto, el SER ya ES, y no necesita de iluminación ni tampoco ha estado no-iluminado jamás. Pero puesto que creemos estar en dualidad, necesitaremos jugar al juego de la iluminación, el cual no requiere de tiempo realmente (aunque lo parece, y de hecho lo experimentaremos como un proceso gradual en el tiempo, excepto muy al final cuando todo se revele instantáneamente comprendiéndose la innecesariedad del tiempo), y una vez completado el juego/proceso, sucede esa última ilusión llamada iluminación y se reconoce la verdad (que ES completa plenitud y felicidad... una paz tan profunda que es un éxtasis indescriptible en palabras... no se puede describir, solamente se puede vivir/experimentar/ser). El Ser siempre ES, así que tras la iluminación se sabe que nunca hubo realmente "no-iluminación".

Todo lo que se diga sobre este tema con palabras, no es la verdad absoluta, sino algún tipo de indicación aproximada que puede aportar algunas pistas intuitivas a la mente.

En el mail mencioné en varias ocasiones a la persona a la que le escribí estos comentarios. Voy a cambiar ese nombre y usaré el nombre de Felipe cada vez que me refiera a esta persona. Elijo ese nombre al azar y no queda mal, a fin de cuentas la palabra "Felipe" comparte las primeras 4 letras con la palabra "feliz", y no hay nada más feliz que la iluminación, ya que nuestro Ser es la verdadera Felicidad más allá de toda dualidad y de toda forma.

¿Quién o qué se ilumina? ¿Es la persona quien despierta, o se despierta uno de la creencia de ser la persona?

Comenzamos con los dos mails:

Primer mail:

Hola Toni, jaja. Buenos días. He leído la entrada que has subido hoy y me gustaría que me ayudaras con una duda. Verás, en mi comprensión he llegado hasta esto:

1) Cuando vemos, oímos, etc. en el mundo exterior, en realidad estamos viendo tan solo una película en la mente, como cuando soñamos por la noche.

2) El sueño (o la peli) es proyectado por el soñador para sacudirse de encima los espantos (que considera ciertos) al soñar el sueño secreto.

3) En dicha película (o sueño mundano), el yo personal que creemos ser (con cuerpo, nombre, etc) es una figura más, un actor más, y para nada es el que sueña.

Si en lo anterior estoy en lo cierto... Sigo:

4) Es un error albergar esperanzas acerca del despertar del sueño de este yo personal. Este (o sea yo, entendido como Felipe) no tengo ninguna posibilidad de tal cosa dado que solo soy una imagen. En realidad no tengo ninguna posibilidad de despertar, pues no soy el que está soñando, sino un elemento más en la película.

5) Solo puede despertar del sueño el soñador (que es el que está soñando), la gran mente global impersonal.

6) Todo lo que uno "hace" (prácticas espirituales, etc) como individuo, como persona, como entidad especial, pensando en cosechar un despertar privado es por tanto absurdo.

Y mi duda:

¿Ponerse en manos del Espíritu Santo (confiarse), es decir, entregarse a "lo que ocurra" (y aplicar el perdón) es todo lo que puede "hacer" la mente individual, ya que como persona no tiene ninguna posibilidad real?

Gracias de antemano.

Un abrazo.

((Fin del mail))

Y ahora pasamos al otro mail:

Respuesta de Toni:

Hola :-)

Los puntos 1, 2 y 3 están perfectamente expresados, así que comentaremos algunos matices sobre los puntos siguientes: los puntos 4, 5 y 6, que forman parte de la duda final.

4) Sobre esto que comentas, pueden matizarse algunas cosas. Efectivamente la iluminación es del soñador (la mente), no del yo personal con el cual nos identificamos. Efectivamente, Felipe no se va a iluminar en tanto que un yo personal. Pero sí. Lo que pasa es que ese no es el yo personal que pensamos que somos, sino el soñador (a nivel metafísico de la mente). Aún más: con la iluminación ya no hay ni siquiera ese soñador, puesto que está despierto, no soñando. Pero este tema es difícil de tocar con palabras. Como ayudas para hablar de esto tenemos los conceptos de "mundo real" y "cielo", o de "percepción sanada" y "conocimiento" (conceptos que conviene no confundir, porque la percepción sanada no es el conocimiento, aunque lo facilita).

Mira, es curioso: cuando te ilumines, se podría decir que Felipe se ha iluminado, o que no, dependiendo del ángulo desde el que se mire y de lo que se quiera enfatizar. Se ilumina la mente (la que antes de la iluminación era el soñador), pero una vez que un aspecto de esta mente global se ilumina (por ejemplo tú), ese aspecto iluminado de la mente puede utilizar la proyección del cuerpo como herramienta aparente dentro del sueño, para comunicar la buena nueva (inspiración) a los otros aspectos de la mente (supuestamente todavía dormidos, o eso creen), comunicando con ellos en un lenguaje que estos aspectos todavía dormidos de la mente puedan entender (este lenguaje abarca entre otras cosas las herramientas aparentemente "físicas": cuerpos, libros, etc). Por eso en el Curso se dice que la mente iluminada irradia su luz sobre el cuerpo (el cuerpo a fin de cuentas es lo que otras "personas" —mentes— percibirán). Por ejemplo:

El cuerpo no tiene necesidad de curación. Pero la mente que cree ser un cuerpo, ciertamente está enferma. Y aquí es donde Cristo suministra el remedio. Su propósito envuelve al cuerpo en Su luz y lo llena con la santidad que irradia desde Él. Y nada que el cuerpo diga o haga deja de ponerlo a Él de manifiesto. De este modo, el cuerpo lleva a Cristo, dulce y amorosamente, ante aquellos que no lo conocen, para así sanar sus mentes. Tal es la misión que tu hermano tiene con respecto a ti. Y tu misión con respecto a él no puede sino ser la misma. (T.25.introd.3)

La gran paz del Reino refulge en tu mente para siempre, pero tiene que irradiar desde ti hacia fuera para que tomes conciencia de ella. (T.6.II.12.8)

Y ahora la cita que realmente estaba buscando, que me estaba costando encontrarla jejeje:

La mente, sin embargo, puede hacer llegar su iluminación hasta el cuerpo al reconocer que éste no es el estudiante y que, por lo tanto, no tiene la capacidad de aprender. (T.2.V.6.5)

Estas citas no se refieren obligatoriamente a la iluminación como tal, pues son válidas también para hablar de comunicar la inspiración. Uno puede compartir la inspiración de la mentalidad correcta, reflejando aspectos de la mentalidad correcta incluso si todavía no está iluminado.

Si te iluminas totalmente, en tu experiencia propia sabrás que Felipe nunca existió realmente, así que para ti Felipe no se habrá iluminado en sentido literal. Pero si decides mantenerte en la percepción correcta sin dejar el cuerpo a un lado inmediatamente, entonces usarás a "Felipe" como una herramienta de comunicación dentro de la proyección, para inspirar a las demás mentes a despertar. Y las demás mentes, al percibirse a sí mismas como cuerpos, te percibirán también a ti como un cuerpo, te llamarán por un nombre, por ejemplo Felipe. Y si se dan cuenta de que estás iluminado, dirán o pensarán que "Felipe se ha iluminado, ¡qué suerte tiene!", y si no se dan cuenta, tal vez no piensen nada, o puede que algunos simplemente piensen: "Qué dulce y amable está últimamente Felipe... da gusto estar con él".

Por lo tanto, sería correcto al hablar de esto en palabras decir que "Felipe se ha iluminado", y también sería correcto decir que "Felipe no se ha iluminado". Todo depende de a qué se refiere uno exactamente.

Cuando se habla de iluminados, por ejemplo Jesús, Shankara, Buda, etc, pues podría añadirse Felipe a la lista, si se usa en el mismo sentido. Quienes aún están soñando pueden creer que estos seres iluminados fueron personas o que siguen siendo personas ahora iluminadas, así que el Espíritu Santo usará esta creencia para comunicar. Por eso los iluminados se comportan y hablan en muchos aspectos como personas, se comportan con normalidad (al menos con frecuencia jejeje), aunque solamente cuando se les pregunta de manera detallada y sincera podrán comentar matices más profundos, como que la personalidad/cuerpo no es real y ahora en el iluminado es solamente un símbolo dentro del sueño, como ayuda a las mentes aún dormidas, un símbolo de la mentalidad correcta del despertar.

Así que, el iluminado, al gozar tanto de la percepción correcta como del conocimiento, podemos decir de él que desde el punto de vista de la mentalidad correcta, funciona dentro del sueño/mundo como un símbolo que represente o inspire el despertar, mientras que si hablamos tomando como referencia el conocimiento, la experiencia total del iluminado es que no hay percepción (ni correcta ni errada) y que ya no hay mundo ni ninguna mente soñando: cuando "él" despertó, todos despertaron, pues la experiencia en el conocimiento/Cielo es de totalidad, sin que nada esté dormido ni proyectado: no hay formas, ni mundo. El estado definitivo (que en realidad ya es) es la Unidad pura, la cual reconocemos definitivamente (todos unidos como uno) cuando parece producirse "la desaparición del universo" (la disolución del mundo dual en su totalidad, no quedando ni rastro de las formas, ni habiendo ni una sola mente dormida, ni necesidad de iluminados, ni nada dual).

Pero aunque he dicho que cuando "él" despertó, todos despertaron, incluso esto es metafórico (algo había que decir para indicar uno de los matices desde la perspectiva de la mentalidad correcta más que del conocimiento), ya que tras la iluminación se sabe que en realidad —y siempre— sólo existe el Cielo y nunca hubo soñador ni proyección.

Por eso, cuando hablamos de iluminados, nos referimos principalmente a su función como símbolos a nivel de la percepción verdadera: pues los vemos como cuerpos o al menos como mentes individuales, como seres amorosos que nos ayudan, nos aman e inspiran.

A muchos podría asustarles saber que el iluminado no es en realidad una persona/individuo, pero no habrá problemas porque el iluminado se comportará como una persona cuando se le necesite así.

Por lo tanto, sí tienes la posibilidad de despertar, y despertarás. Tús intentos de despertar son en gran medida como Felipe, pues nos identificamos con nuestro yo personal. Esta identificación personal va debilitándose con la sadhana, y finalmente despertarás, no como Felipe en tanto que una persona, sino como mente libre de formas. Pero si sigues usando a Felipe como herramienta de comunicación, a los demás les parecerá que sigues siendo una persona (iluminada o no, dependiendo de si intuyen tu iluminación, pero creerán que eres una persona). En ese caso, el iluminado usa "la persona" como herramienta para inspirar a los demás a saber que no existen las personas.

En ese sentido, el uso que se hace del cuerpo es como si fuera una especie de micrófono para hacerse uno entender en el sueño de la dualidad.

Estaba comentando el punto 4 de tu mail, pero como me he enrollado un poco puede que ya haya tocado todos los demás temas que había (que además están todos relacionados).

Sí, al releer el punto 5 veo que ya está tratado.

Y en cuanto al punto 6 junto con la duda final, aunque el que despierta no es el individuo, no es la persona, aún así tú todavía estás identificado con la persona (de lo contrario estarías iluminado). Así que realizas tu práctica espiritual desde donde estás, desde el punto en que crees encontrarte según tu experiencia ((aclaración añadida: digo "crees encontrarte", y esto lo decimos incluso aunque uno sepa intelectualmente que no es la persona; saber esto intelectualmente no es suficiente, y por eso incluso sabiendo intelectualmente que no somos una persona, creemos ser una persona según nuestra experiencia práctica... en otras palabras, con un ejemplo, si unos "desalmados" torturaran nuestro cuerpo, sentiríamos dolor, mientras que si nuestro conocimiento de la ilusoriedad de la persona fuese completo y no meramente intelectual, estaríamos iluminados y no sentiríamos dolor ni siquiera si nuestro cuerpo fuese crucificado o torturado, fuese en una "cruz externa" o en una "cruz interna" como sería un cáncer, etc)). Puesto que te percibes como un cuerpo, lees el Curso con ojos físicos, practicas el perdón ante situaciones de cuerpos en el mundo, etc. Todo eso son reflejos, parece físico pero es todo mental (en realidad no vemos con los ojos del cuerpo, aunque lo parezca, etc), y refleja lo que en realidad está sucediendo internamente en la mente. Cuando estás leyendo el Curso, ese símbolo físico (de un cuerpo leyendo un libro) es un reflejo de la mente metafísica aceptando en mayor grado la verdad, abriéndose al despertar. Tú aplicas el Curso en lo que percibes. Cuando percibes molestias físicas, emocionales, etc, te ocupas de eso porque esa es tu experiencia, pero cuando estás eligiendo el perdón ante esos símbolos proyectados, en el fondo, es tu mente a nivel interno eligiendo la Expiación. Es un proceso, así que no tengamos prisas. Usando como referencia la metáfora de las 4 divisiones de la mente, es en la 4ª división donde practicamos principalmente el perdón, porque nos experimentamos a nosotros mismos principalmente como cuerpos en el mundo. El perdón se practica fundamentalmente ahí. La persona es la que parece practicar el perdón (desde nuestra actual experiencia), sin embargo en realidad eso es un reflejo de quien realmente está practicando el perdón: nuestra mente metafísica. Pero como nos experimentamos como personas, practicamos así. El Curso lo practica aparentemente la persona, pero quien finalmente despierta no es la persona, sino que es la mente la que despierta de la creencia de ser una persona.

El Curso ya ha tenido en cuenta, de antemano, el hecho de que nosotros nos confundamos creyendo que somos una persona. Así que simplemente basta con que sigamos las instrucciones (al principio como personas, según nuestra experiencia).

Este curso opera dentro del marco de referencia del ego, pues ahí es donde se necesita. No se ocupa de lo que está más allá de todo error, ya que está planeado únicamente para fijar el rumbo en dirección a ello. Por lo tanto, se vale de palabras, las cuales son simbólicas y no pueden expresar lo que se encuentra más allá de todo símbolo. El ego es el único que pregunta, puesto que es el único que duda. El curso simplemente ofrece otra respuesta, una vez que se ha planteado una pregunta. Dicha respuesta, no obstante, no recurre a la inventiva o al ingenio. Ésos son atributos del ego. El curso es simple. Tiene una sola función y una sola meta. Sólo en eso es totalmente consistente, pues sólo eso puede ser consistente. (C.introd.3)

Lo que hacemos en el mundo (incluso practicar el perdón), no es más que el reflejo de lo que realmente se está cociendo internamente en la mente. Si estamos practicando el perdón en el mundo, eso es buena señal porque simboliza que al nivel de la mente metafísica (para nosotros un nivel generalmente inconsciente) estamos eligiendo internamente la Expiación. Si nos negamos a practicar el perdón, es decir, si nos dedicamos a juzgar a los demás o a tomar en serio los conflictos y el sufrimiento del mundo, eso simboliza la decisión interna de nuestra propia mente a nivel metafísico de preferir lo ilusorio en vez de despertar aceptando la Expiación. ¡Lo importante es que tenemos el poder de elegir! Incluso si no somos conscientes de nuestra mente metafísica inconsciente, somos libres de elegir entre juzgar o perdonar. Y si elegimos perdonar, aunque nos parezca que esto lo estamos eligiendo como personas, en realidad es un reflejo de nuestra decisión como mente metafísica. Pues nunca existe la persona. Nos vemos como personas, pero somos mente. Y, desde el punto donde creamos encontrarnos, sea cual sea y tome la forma que tome, siempre podemos elegir. Si elegimos despertar, despertaremos. Nos parecerá que somos una persona eligiendo el despertar, pero finalmente reconoceremos que desde el principio somos mente, y despertaremos de la persona e incluso del soñador metafísico.

Empezamos practicando el Curso como personas, y paulatinamente vamos reconociendo cada vez más que no somos una persona sino el soñador, e incluso que tampoco somos el soñador, sino el Cristo (Dios, la Unidad) siempre despierto.

La infinita felicidad que desde siempre está disponible para nosotros como Cristo (nuestro propio Ser, el Uno), es nuestra inevitable herencia. ¡Esto debería animarnos a elegir despertar, empezando humildemente donde parecemos estar!

Un abrazo

((Fin del mail)) 

Hace pocos días posteé comentando sobre otro aspecto de la enseñanza de UCDM. Por si a alguien le viene bien seguir leyendo, indico el post: «¿Desaparecen nuestros problemas en el mundo cuando perdonamos?». Saludos :-)

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El sueño feliz (parte 6)

"El sueño feliz"

Extractos del seminario celebrado en la 
Fundación para Un Curso de Milagros (FACIM
en Temecula (California) 

Kenneth Wapnick


Parte 6

El final del sueño

Quiero que ahora pasemos a mirar un pasaje de "Los regalos de Dios", el poema en prosa que se encuentra en la parte final de la obra poética de Helen llamada también Los regalos de Dios. Este material consistía originalmente en una serie de mensajes que fueron llegando a lo largo de varias semanas para confortar a Helen en una época en que ella estaba atravesando una etapa de mucho estrés y ansiedad. Vamos a ver la sección titulada "El final del sueño", que fue escrita durante el segundo o tercer día de esta difícil época de Helen. Lo que provocó estos mensajes fue básicamente un no-evento que terminó en un solo día, pero los mensajes continuaron llegando en los días y semanas posteriores. Yo los coleccionaba y guardaba, pues estos mensajes parecían formar todos parte de una misma pieza. Tiempo después de que Helen muriera, fueron publicados como un poema en prosa (escrito como prosa, pero en verso blanco).

Como mencioné antes ((al principio de la parte 2)), este escrito es un espléndido resumen de todo el Curso. La parte que vamos a discutir ahora tiene que ver con los dos sueños de los que hemos estado hablando. Empezamos con el primer sueño, el sueño de la mente. Esta parte aborda concretamente el error al que me referí brevemente al principio: confundir el sueño feliz con algo externo ((algo mencionado directamente en la parte 1, aunque en las partes siguientes se evoca el tema de nuevo, de modo menos directo)). Esto ayuda a explicar y a profundizar en la idea de por qué hacemos esto.

"El final del sueño", Los regalos de Dios, al final de la página 119 ((de la edición en inglés; o en español, puede leerse la parte "Los regalos de Dios" que está en prosa en el siguiente documento en PDF de 9 páginas: https://nytz.files.wordpress.com/2015/12/los-regalos-de-dios-prosa-helen-schucman.pdf y en esa numeración de páginas, la parte que Ken Wapnick está comentando comienza a partir de la página 4, justo desde el final de esa página 4)):

Las ilusiones se construyen como sustitutos de la verdad, para la cual ningún sustituto es posible.

Esto es una manera de decir que la diminuta y alocada idea de estar separado de Dios fue un intento por nuestra parte de sustituir a la verdad, pero no puede haber ningún sustituto para la verdad, lo que significa que no hubo separación.

El Creador separado de la creación fue la primera ilusión, de la cual nacieron todos los regalos del miedo. 

Todas las expresiones de miedo que tenemos, tuvimos o tendremos en cualquier momento del tiempo desde el principio hasta el final, surgen de ese pensamiento original de que la creación puede separarse de su Creador; de que las ideas pueden abandonar su fuente.

Pues ahora la creación no puede ser como su Creador, Quien nunca podría abandonar lo que Él Mismo creó como parte de Él. 

En otras palabras, la creación está ahora separada. Ya no es una parte de la Unidad Viviente; está aparte de la Unidad Viviente [perdón por el juego de palabras ((el juego de palabras es más pronunciado en inglés, al comparar "a part" ["ya no es una parte"] con "apart" ["está aparte", o "es un aparte"]))]. Si el Creador "nunca podría abandonar lo que Él Mismo creó como parte de Él", entonces la separación nunca sucedió.

Ahora debe haber un sustituto para el amor, que no puede tener verdaderamente un opuesto, y siendo todo, no puede tener sustituto. 

En el Curso, el sustituto del amor es la relación especial. La relación especial original, y de hecho la única relación especial, es nuestra relación con el ego. Eso es el sueño original, el sueño secreto, y en realidad ese es el único sueño. Todas nuestras relaciones especiales que mantenemos en apariencia aquí en el mundo como cuerpos relacionándose los unos con los otros, son simplemente proyecciones fragmentadas en la forma de la única y original relación especial. Esa relación especial o sueño secreto es el sustituto original del amor.

Así se hizo el miedo, y con él vino la necesidad de regalos para prestar sustancia a un sueño en el que no hay sustancia. 

Este es el sueño del pecado, la culpa y el miedo. Nuestro pecado fue sustituir al amor, fabricando nuestra propia versión y por lo tanto destruyéndolo. Nos quedamos abrumados por la culpa y creímos que merecíamos ser castigados. Así nació el miedo. Esta es la base del sueño del mundo. El sueño del mundo da sustancia, forma y concretiza la creencia original de que podemos encontrar un sustituto para el amor. Como resultado de eso, nos llenamos de miedo ante la más que posible venganza del amor, que creemos que nos castigará. Ahora tenemos "la necesidad de regalos para prestar sustancia a un sueño en el que no hay sustancia". El mundo parece ser la prueba de que la separación sucedió, porque aquí todos estamos separados —nuestros cuerpos nos dicen que estamos separados. Esa es la "sustancia" a la que nos estamos refiriendo. ((En otras palabras, la "sustancia" a la que nos referimos es el sueño del mundo, el cual parece "demostrar" o dar sustancia al sueño secreto, el cual no tiene sustancia o significado per se (por sí mismo), pues en realidad nunca ocurrió y depende de que en algún nivel creamos que es cierto)).

Ahora el sueño parece tener valor, pues sus ofrecimientos aparentan esperanza y fuerza, e incluso amor, aunque sólo sea por un instante. 

Esto se refiere a nuestro viejo amigo, el amor especial. Así parece que nuestras necesidades se satisfacen. Parecemos tener momentos de éxtasis, de placer y de satisfacción, en los cuales todo parece rodar bien: las piezas del puzzle de nuestra vida parecen encajar. Se cubren nuestras necesidades y, una vez más, hemos conseguido demostrar que tenemos razón y que Dios está equivocado. Recuerda, el propósito del sueño es demostrar que tenemos razón, que la separación es real, que Dios se equivoca, y que la unidad es una mentira. El sueño del mundo parece dar testimonio de esto. Por eso invertimos tanto en que este mundo funcione, en hacer de este mundo un lugar espiritual, en llevar Un Curso de Milagros y a Jesús al mundo para que el mundo se convierta en un lugar espiritual. Invertimos en todo esto porque eso confirmaría que existimos. Ocultamos nuestra culpa cubriéndola bajo un velo de espiritualidad: soy tan santo y tan espiritual porque soy estudiante de Un Curso de Milagros, o un estudiante y devoto de la Biblia. Soy un cristiano tan fiel (o un judío, musulmán, hindú o lo que sea)... y con esta actitud la visión original se deteriora muy rápidamente encerrándose en la forma, en el ritual y en el especialismo.

Ellos contentan al asustado soñador por un rato...

Nuestros sueños de amor especial nos contentan por un rato porque parecen funcionar. Lo que también nos contenta por un rato son nuestros sueños de odio especial, en los que nos encanta odiar, juzgar, encontrar defectos y criticar. Nos sentimos muy bien cuando identificamos y destruimos al enemigo, independientemente de que lo hagamos en el contexto de un jefe de estado declarando la guerra a otro grupo o nación, o en el contexto en que como individuos nos ponemos en pie de guerra contra personas de nuestra familia, de nuestro círculo de amigos, entre colegas del trabajo, y cosas así. Así es como los sueños especiales, los sueños del mundo, parecen funcionar y aparentan hacernos felices, al menos por un tiempo.

Ahora aquí está la clave:

(...) y no le dejan recordar el primer sueño que los regalos del miedo le ofrecen de nuevo.

Los regalos del miedo del especialismo en este mundo nos ofrecen el sueño secreto, pero eso no lo recordamos. ¿Cuál es la esencia del sueño secreto? La esencia es que mantengamos nuestra separación pero que culpemos a algún otro como responsable de ello. En el sueño secreto ese "otro" es Dios —Dios es el pesado, el matón, el opresor, el origen de nuestras molestias. Una vez que proyectamos eso hacia fuera de la mente, mantenemos nuestra existencia separada como un cuerpo y entonces todos los demás cuerpos que interaccionan con el nuestro en nuestra vida —empezando por nuestros padres y después todos aquellos con quienes nos cruzamos en nuestra vida— son responsables en nuestro lugar. Ellos lo son —y no importa quiénes sean "ellos"—, ellos son los únicos responsables. Nosotros conservamos el pastel de separación de nuestro ego, nos lo comemos y nos divertimos con él, pero todos los demás morirán por el veneno del pastel. Esta simple frase nos indica el propósito del mundo. ((El pastel del ego es la separación; el veneno del pastel es la culpa y sufrimiento que implica siempre la separación; al elegir el pastel [la separación] estamos eligiendo sufrir las consecuencias de su veneno [incomodidad, culpa, sufrimiento, limitación], pero como no queremos asumir la responsabilidad por haber elegido el pastel [la separación: haber destruido el Cielo] entonces les echamos la culpa a otros, por lo que en cierto modo es como querer mantener el pastel e incluso comérnoslo, pero esperar que su veneno afecte solamente a los demás, y nunca a nosotros mismos)).

El aparente consuelo de los regalos de las ilusiones [del especialismo] son ahora su armadura y la espada que esgrime para salvarse a sí mismo de despertar.

¿Qué sucede si me despierto? El sueño desaparece; mi ser desaparece y estoy de vuelta con el Dios al que nunca abandoné. ¿Qué me dice que no estoy de vuelta con Dios? El sueño secreto. ¿Qué es lo que protege al sueño secreto? El sueño del mundo, los sueños de especialismo del mundo. Recuerda, el propósito lo es todo. Los sueños del mundo suponen una tremenda inversión en el cuerpo. Y cada aspecto de la vida corporal, sea a nivel físico y/o psicológico, tiene como objetivo proteger el sueño secreto, lo cual protege el hecho de que jamás tenemos que reconocer que nunca salimos de casa, porque el sueño secreto evita que miremos al pensamiento de Expiación en nuestra mente, el cual nos dice que en realidad no ocurrió nada.

Pues antes de que pueda despertar, primero estaría obligado a recordar el primer sueño una vez más.

En alguna parte de nuestro interior reconocemos que la única manera de que podamos regresar al hogar y despertar del sueño es regresar a ese sueño secreto. Le juramos al ego y a nosotros mismos que nunca haríamos eso, porque si miramos al primer sueño con Jesús a nuestro lado, reconoceremos que no hay sueño. El sueño fue todo inventado, imaginado, no existe. No era nada, y detrás de la nada del ego se encuentra la brillante luz de la Expiación, detrás de la cual está la unidad de Dios. Aceptar la brillante luz de la Expiación es el mundo real. Los sueños felices son los peldaños que nos conducen hacia el mundo real. Nos acercan cada vez más a la Expiación. Y como dice el Curso, en el mundo real estamos un solo instante, y luego Dios se inclina hasta nosotros y nos levanta hasta Sí Mismo y todo se ha acabado (ver T.17.II.4.4-5) ((se puede ver también L.168.3.2)).

No es Dios Quien le pide un pago a él ((no es que Dios le exija pagar ese precio para poder despertar))...

Dios no cree en el sacrificio. No tenemos que sufrir. No tenemos que pagarle a Dios a cambio del despertar. Mirar al sueño secreto no tiene por qué ser doloroso. ((Si miramos con Jesús o el Espíritu Santo, o en otras palabras, con la mentalidad correcta, no habrá miedo, ni por tanto dolor, sino que simplemente nos reiremos del absurdo de haber creído que el sueño pudiera haber sido real)) 

(...), pero al haber corrido un velo sobre la verdad, él [el soñador: todos nosotros] tiene ahora que permitir el descorrimiento del velo para que se pueda ver su falta de sustancia.

Eso es el sueño feliz. El sueño feliz es mirar al sueño o pesadilla dándose cuenta de que es un simple sueño. No se debe confundir con nada externo. El sueño del mundo encubre al sueño secreto, ocultándolo. Jesús toma las experiencias que tenemos en el sueño del mundo —nuestras experiencias corporales y nuestras relaciones especiales— y las usa para enseñarnos que son simplemente símbolos y fragmentos sombríos del sueño secreto. Él nos lleva de vuelta hacia dentro ((a la mente)). Eso es lo que él hace en el Curso. Él simplemente descorre el velo que el ego corrió entre nosotros y la mente, para que ahora sí podamos mirar.

Cuando le pides ayuda a Jesús, es para eso ((descorrer el velo, volver a reconocer el sueño secreto de la mente, mirarlo con la mentalidad correcta —sin miedo— y ver su ilusoriedad)) para lo que le pides la ayuda —no para que él arregle el sueño o lo convierta en un sueño mejor, ni para hacerte a ti más feliz aquí en la ilusión. Le estás pidiendo que te ayude a descorrer el velo para que puedas mirar sin miedo lo que el sueño externo está ocultando: el sueño secreto. Cuando lo miras con el amor de Jesús junto a ti, miras más allá de él (del sueño secreto) hasta poder ver la luz de la Expiación. Pero no puedes alcanzar la luz de la Expiación, reconocer que la separación nunca ocurrió, sin antes mirar a lo que pusiste en medio para ocultarla. Tenemos muchísimo miedo de hacer eso. Por eso tenemos que hacerlo en pequeños pasos. Por eso necesitamos los amables sueños felices que poco a poco, paso a paso, nos llevan desde el estado de habernos olvidado de la mente ((mindlessness)), hasta el estado en que la recordamos.

Parte 7: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2016/03/el-sueno-feliz-parte-7.html

Fuente original en inglés: https://www.facim.org/online-learning-aids/excerpt-series/the-happy-dream.aspx

Índice en español (10 partes en total): http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2016/03/el-sueno-feliz-por-kenneth-wapnick.html

miércoles, 16 de marzo de 2016

El sueño feliz (parte 5)

"El sueño feliz"

Extractos del seminario celebrado en la 
Fundación para Un Curso de Milagros (FACIM
en Temecula (California) 

Kenneth Wapnick


Parte 5

El soñador del sueño (continuación)

Ahora tenemos aquí el sueño del mundo:

(T.27.VII.12.1) Sueñas que tu hermano está separado de ti, que es un viejo enemigo, un asesino que te acecha en la noche y planea tu muerte, deseando además que sea lenta y prolongada. 

Esa es la fantasía paranoica que todos tenemos, de modo que todos somos paranoicos. Así es como vivimos. Estamos siempre siendo acechados, y finalmente moriremos. Aquí el "hermano" último y definitivo es Dios, porque tal como enseñó Freud y muchas más personas han dicho, desde el momento en que nacemos estamos preparándonos para morir. Pero es una muerte lenta y prolongada. Con frecuencia nuestras vidas duran décadas, pero el final es seguro. Eso es nuestra vida aquí; esa es la proyección del pecado, la culpa y el miedo.

El comienzo del capítulo 13 tiene una de las descripciones más elocuentes de Un Curso de Milagros sobre en qué consiste realmente la vida corporal. Es horrible. El segundo párrafo de la introducción describe la vida corporal como una vida llena de sufrimiento, dolor, privación y carencia. Esta exposición culmina con la siguiente línea con la que comienza el párrafo siguiente: «Si éste fuese el mundo real, Dios sería ciertamente cruel» (T.13.introd.3.1). Se deduce claramente que este no es el mundo real. Es el mundo ilusorio, y Dios no sabe nada de él. Se trata del sueño del mundo. Se trata de la proyección de nuestra culpa (la proyección del sueño secreto del cual no somos conscientes) sobre el mundo, y ahora el mundo va a castigarnos: ahora no soy el pecador, sino la sufriente víctima contra la que se comete el pecado. Ya no soy el agresor que destruyó el Amor del Cielo, que mató a Dios y crucificó a Su Hijo; el culpable es cualquier otro que no sea yo: todos los demás. He proyectado mi pecado y mi culpa sobre ellos. Y ahora veo que el mundo me hace lo que yo creo secretamente (en mi sueño secreto) que le hice a Dios, al amor y a la verdad.

Y ahora se comenta sobre el sueño subyacente ((el sueño secreto, oculto, del que no somos conscientes)):

(T.27.VII.12.2) Mas bajo este sueño yace otro, en el que tú te vuelves el asesino, el enemigo secreto, el sepultador y destructor de tu hermano así como del mundo.

Todos llevamos dentro esta creencia tan horrenda y horrible de que somos el asesino y que todos los que nos rodean deberían ser precavidos y tener cuidado con nosotros. Por eso intentamos parecer que somos civilizados. A veces tratamos de fingir que somos agradables, amables, dulces y amorosos, pero por dentro somos unos carroñeros; por dentro somos unos caníbales al acecho de nuestra presa, esperando poder sacar el jugo y aprovecharnos de cualquier cosa que nuestro especialismo exija. Estamos abrumados por la culpa, y cuanto más abrumados estamos, menos conscientes somos de ello. Cuando somos inconscientes de la culpa la proyectamos, y eso lo único que consigue es reforzar el sueño secreto.

(T.27.VII.12.3) He aquí la causa del sufrimiento, la brecha entre tus míseros sueños y tu realidad. 

La causa del sufrimiento no es el sueño del mundo, no es lo que le pasa a mi cuerpo, ni lo que ocurre dentro de mi cuerpo, ni lo que mi cuerpo le hace a otros cuerpos. La causa del sufrimiento está en el sueño secreto —la creencia de la mente de que ella ha pecado contra Dios y se ha separado de Él. Es la brecha, la grieta, el espacio que separa al ser del Ser, al cual creo haber destruido.

(T.27.VII.12.4) La pequeña grieta que ni siquiera ves, la cuna de las ilusiones y del miedo, el momento de terror y de un odio ancestral, el instante del desastre, están todos aquí [no en el mundo].

El sueño del mundo es ni más ni menos que la proyección del sueño durmiente, del sueño secreto en la mente. La causa de todo sufrimiento está en el sueño original.

(T.27.VII.12.5-6) He aquí la causa de la irrealidad. Y es aquí donde se deshará. 

La última frase es la más importante de todas: «Y es aquí donde se deshará». No se deshará en el mundo. No tiene sentido intentar cambiar un mundo irreal, tratar de corregir un sueño que no existe. Es una proyección del sueño que creemos que existe, el cual está en la mente y no tiene absolutamente nada que ver con el cuerpo. Es aquí (en el sueño secreto o de la mente) donde se puede deshacer, y donde se deshará. En el sueño secreto es donde hallaremos la respuesta. Hay una cita espléndida en el capítulo anterior del Texto, que dice: «Junto a la crucifixión se extiende la redención» (T.26.VII.17.1). La crucifixión del Hijo de Dios no es algo que suceda en el cuerpo. No sucedió en el Calvario o Gólgota. No tiene nada que ver con lo que podemos leer en el Nuevo Testamento. La crucifixión del Hijo de Dios es el sueño secreto, en el cual creemos que lo que hicimos fue que "crucificamos" o destruimos a Cristo, y esto es algo que continuamente revivimos y proyectamos. Creemos que la cruxifixión está siendo revivida, y ((al proyectarla)) que somos las víctimas.

Una vez más, la brecha es la separación entre mi Ser-Cristo y mi ser egoico, entre la mente unificada y la mente dividida. Es cuando la diminuta y alocada idea se toma en serio. Se trata básicamente del pensamiento de separación hecho realidad. Esa es la brecha, y ese es el problema. Aún más concretamente, el problema es que mi mente tomadora-de-decisiones eligió la manera del ego de considerar la brecha, la manera de ver la diminuta y alocada idea, mirándola de manera opuesta a como la ve el Espíritu Santo. La manera en que el ego ve la brecha es decir que es pecaminosa y algo muy grave, algo serio. La manera en que el Espíritu Santo considera la brecha es decir: "¿qué brecha?" —nada ocurrió. Pero desde el interior de esa pequeña brecha surgió el mundo entero, porque la pequeña brecha es el sueño secreto. Esa pequeña brecha tomada en serio explota como el monstruoso pensamiento de que hemos destruido el Cielo, un pensamiento que a continuación se vuelve tan terroríficamente real que la única manera de escapar de la carga de la culpa que acarrea ese pensamiento es proyectarlo y deshacernos de él.

Por consiguiente, inventamos un mundo que no es más que un pequeño punto, un breve parpadeo, un pequeño pensamiento en una brecha que ni siquiera llegó a ocurrir. Pero dentro de esa pequeña brecha, creemos que todo ha sucedido, creemos que todo es gigantesco, monstruoso y terrible. En esa pequeña grieta se encuentra todo el dolor y el sufrimiento, salvo que no hay dolor ni sufrimiento porque esa grieta no existe. Por tanto, el problema es que creemos que hay una grieta; creemos que existe la separación, y por consiguiente que existen el dolor y el sufrimiento. Así que el dolor y el sufrimiento no son el problema, ni tampoco lo es la pequeña grieta o separación. El problema es que creemos que todo eso está ahí. Pero a continuación tapamos u ocultamos esa creencia sepultándola bajo la culpa y el miedo, y luego la volvemos a tapar otra vez con el sueño del mundo, para que no haya manera de volver a ella, y esto es el motivo por el que el mundo, como dice el Manual, se arrastra pesadamente y está muy cansado (M.1.4.4-5). El mundo está muy, muy cansado porque estamos siempre repitiendo y reciclando el mismo odio y la misma culpa, sin que nada cambie jamás realmente. Nada cambiará jamás, a menos que uno vaya más allá del sueño del mundo hasta regresar al sueño secreto.

Es muy importante que reconozcamos lo aterrados que estamos de hacer eso, y cuán grande es la resistencia que tenemos a pasar desde el sueño del mundo hasta el sueño secreto. Ese es realmente uno de los puntos principales de esta clase. Es realmente importante que nos demos cuenta de cuánto nos resistimos a hacer eso. Por eso es por lo que pensamos que Jesús está hablando de cuerpos, y es el motivo por el que las personas piensan que lo que Jesús quiere es que ellas lleven este Curso al mundo. ¿Qué mundo? ¿Acaso hay un mundo ahí para salvarlo? Eso es el sueño del mundo. El ego quiere que salvemos el mundo. Al ego le encanta cuando la gente pone libros espirituales en todas las habitaciones de un motel. El ego quiere que creamos que los cuerpos tienen que ser salvados, y que cuanto mayor sea el número de cuerpos que entren en el redil, mayor será la salvación.

Pero el sueño secreto sucede en la mente, y cada uno de nosotros somos un fragmento de esa única mente. Cuando nuestro propio "fragmento" de mente es sanado, somos esa mente única ((completa)) quedando sanada, pero la resistencia a dar este paso es enorme. Y una vez más, el motivo de esta aclaración es ayudar a las personas a que no cometan ese error con el Curso. ((El proceso que se explica en el Curso no tiene realmente nada que ver con el cuerpo, con la conducta ni con el mundo o las formas)). Esto no se trata del cuerpo; no se trata del sueño del mundo. Un Curso de Milagros es parte del sueño del mundo. La fuente del Curso es el sueño feliz de la mente que llamamos con el nombre de Jesús, pero la fuente u origen real del Curso es el pensamiento de Amor que está en la mente de todos. Le damos un nombre porque creemos que nosotros tenemos un nombre, así que el Curso juega a este juego con nosotros hasta que eso nos ayude a darnos cuenta de que hay una verdad más allá del juego. Y esa verdad está en la mente; no está en el cuerpo. No está en un conjunto de páginas ni en un grupo de palabras; no está en una persona de la que se dice que es el autor ((sea Jesús o quien sea)). Eso es un cuento de hadas. Es un cuento de hadas agradable, muy significativo para nosotros, pero si te quedas en eso y no vas más allá del símbolo hasta reconocer la fuente, estarás dando realidad al sueño del mundo.

Recuerda que lo que al ego le gusta mucho hacer y es muy experto haciéndolo (casi mejor que cualquier otra cosa de las que hace el ego) es espiritualizar los sueños del mundo. El ego lleva la religión y la espiritualidad adentro del mundo, hacia el cuerpo, hacia la presencia de gurus, hacia las enseñanzas espirituales, textos espirituales, lugares santos/sagrados, libros santos, reliquias santas —cualquier cosa que hagan al mundo y al cuerpo reales, en vez de considerar todo lo de aquí —sin excepción— como un símbolo potencial que nos lleve de regreso al sueño secreto. El sueño feliz es la corrección o antídoto para el sueño secreto, en tanto que Jesús reinterpreta el sueño del mundo para nosotros. Él nos ayuda a que entendamos que el sueño del mundo es un símbolo, una proyección del sueño secreto. Una vez que regresamos al sueño secreto de la mente errada, podemos entonces tener acceso a la mente correcta, porque en ella es donde está Jesús, y ella —la mente o mentalidad correcta— es el sueño feliz. Si intentas perdonar el mundo externo, no estarás haciendo nada. Si hicieras eso, simplemente te atarías al mundo externo y así nunca regresarías a la mente. Mientras sigamos sin acceder a la mente correcta, la decisión equivocada de la mente eligiendo a favor del ego nunca será mirada, y por lo tanto, si esa decisión equivocada no es mirada ni reconsiderada, la mente nunca será sanada, con lo que nuestro ser individual seguirá estando vivito y coleando.

Parte 6: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2016/03/el-sueno-feliz-parte-6.html

Fuente original en inglés: https://www.facim.org/online-learning-aids/excerpt-series/the-happy-dream.aspx

Índice en español (10 partes en total): http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2016/03/el-sueno-feliz-por-kenneth-wapnick.html