lunes, 13 de junio de 2016

Facimoutreach P-401

¿Cómo podemos devolverle nuestra mente a Dios?

P-401: a) Un Curso de Milagros nos insta a devolverle nuestra mente a Dios. Supongo que eso significa acordarme de Él todo el tiempo. ¿Es así? Y, ¿hay algo que podamos hacer para conseguirlo sin más demora, sin más retrasos?

b) Jesús encomendó a Dios su espíritu mientras estaba clavado en la cruz, y nos dice que hagamos lo mismo. ¿Puedes explicar en qué consiste esto y cómo hacerlo?

c) El Curso dice que si aplicamos todas nuestras capacidades a un solo propósito unificado durante el tiempo suficiente, esas capacidades se unifican. ((T.7.IV.3.6)) ¿Cómo podemos hacerlo?

Respuesta: a) Devolverle nuestra mente a Dios significa que primero nos demos cuenta de que de alguna manera hemos preferido estar separados de Él y que estamos manteniendo activamente esa separación en nuestra vida cotidiana. Así que Jesús nos ayuda a reconocer (especialmente en las lecciones del Libro de ejercicios) la forma en que estamos haciendo eso, para que así podamos decidir si todavía vale la pena seguir en el camino de la separación, que es el camino del especialismo y de los intereses separados. Si decidimos que no vale la pena seguir así, entonces simplemente podemos decidir en contra de nuestra decisión de estar separados. Esto lo hacemos al estar dispuestos a practicar el ver a todo el mundo como compartiendo el mismo sistema de pensamiento de mentalidad-errada y el mismo sistema de pensamiento de mentalidad-correcta, y que las diferencias que percibimos no tienen, en última instancia, la más mínima importancia. Devolver nuestra mente a Dios es devolver nuestra mente a la unidad, nuestro estado natural. Lo que nos "retrasa" es nuestra tremenda resistencia a realizar este cambio, debido a que este cambio implica decidir contra el yo individual y especial que hemos llegado a conocer como nuestra única identidad. Por tanto la única motivación para hacer este cambio es que reconozcamos que este yo es falso y no nos conduce a la felicidad, de modo que ahora algo diferente nos atrae más. No necesitamos abandonar este yo, basta con que ahora le demos un propósito diferente. En vez de usarlo para mantener la separación y las diferencias, ahora podemos usarlo para deshacer la separación. Y así es como empezamos el proceso de devolver nuestra mente a Dios.

b) Encomendar a Dios nuestro espíritu es en realidad lo mismo que devolverle nuestra mente a Dios —es nuestra voluntad de deshacer todo sentido de separación mutua, reconociendo primero que la separación está ahí porque nosotros quisimos que estuviera. «Nada puede prevalecer contra un Hijo de Dios que encomienda su espíritu en las Manos de su Padre. Al hacer esto, la mente despierta de su sueño y recuerda a su Creador. Toda sensación de separación desaparece» (T.3.II.5.1-3). Véase también T.5.VII.3.

c) Al practicar con constancia el ver nuestros intereses como idénticos a los de todos los demás, eliminamos gradualmente el conflicto de nuestra mente y entonces nuestros intereses se vuelven más unificados. Las diferencias entre nosotros pierden importancia, y nuestra paz se encuentra cada vez más en la aceptación de nuestra unidad. Si usamos nuestras vidas y nuestras interacciones cotidianas como un medio para deshacer la separación, entonces ya no sufriremos la tensión de tener que encarar cada día como si estuviéramos en un campo de batalla lleno de rivales y depredadores —un entorno de "mata o muere" (o matas o te matan). Cuando nos elevemos con Jesús por encima del campo de batalla, nuestra percepción será unificada: percibiremos peticiones de amor y expresiones de amor en todos los acontecimientos. Y este será nuestro estado mental permanente porque reflejará la verdadera unidad del Amor del Cielo. No querremos nada más, pues habremos aceptado plenamente que no hay nada más.

Link original en inglés: http://www.facimoutreach.org/qa/questions/questions72.htm#Q401

Índice de las P&R traducidas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/11/indice-de-traducciones-de-p-de.html

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