sábado, 4 de junio de 2016

Facimoutreach P-269

¿Cómo regresan a Dios las mascotas?

P-269: En referencia a la pregunta P-134 sobre las mascotas siendo parte de la Filiación, puesto que las mascotas, sea cual sea la forma que adopten, no son capaces de razonar, ¿cómo consiguen ellas regresar a la Unidad de Dios? ¿Somos responsables de su regreso?

Respuesta: La pregunta que haces tiene sentido para nosotros, al autoidentificarnos como cuerpos. Pero es una pregunta que se basa en una premisa falsa: que es el cerebro de nuestros cuerpos el que entiende, razona y decide. Es la mente colectiva —de la cual nuestra mente individual es un fragmento— fuera del tiempo y el espacio la que está proyectando las figuras con las que nos identificamos dentro del sueño del mundo. Y esa misma mente está proyectando las figuras de los animales, además de las plantas, las rocas, etc.

Una analogía podría ayudar. Cuando ves una película, estás mirando una sola imagen (de hecho una serie de imágenes individuales en rápida sucesión, creando la ilusión de movimiento, tiempo y causalidad en la pantalla, pero eso es otro tema) proyectada en la pantalla frente a ti de la película o film que está pasando por el proyector. Pero tu mente separa las figuras de la pantalla y generalmente se centra en las que pueden ser vistas como humanos y fabrica la idea de que hay cuerpos individuales reales frente a ti, a pesar de que toda la imagen de la pantalla es una sola proyección. Cualquier figura de animal, arbusto, árbol, mueble, edificio y cualquier otro escenario que esté también siendo proyectado sobre la pantalla, no es en realidad diferente de las figuras a las que identificas como humanos. Todas las figuras son simplemente sombras de diversos colores y formas, fabricados por el film, que bloquean la luz que se extiende desde el proyector, produciendo en la pantalla diversos patrones que interpretas como reales. Es la interpretación que le das a la percepción de esas imágenes lo que les da el significado que tienen para ti.

Si quieres producir cambios del tipo que sean en las figuras que están siendo proyectadas sobre la pantalla, el proceso siempre es el mismo. Ninguna de las figuras aparentemente separadas en la pantalla tiene más poder que cualquiera de las otras para efectuar cambios sobre la pantalla. Todas ellas son el efecto de lo que decide el proyeccionista en la cabina de proyección —es ahí donde radica el poder de decidir lo que será visto en la pantalla. Si eres el proyeccionista en la cabina, puedes elegir una película o film diferente, o puedes decidir que ya no estás interesado en las proyecciones sobre la pantalla y que quieres regresar a tu vida fuera de la sala de cine. Ahora bien, no tiene relevancia con qué figura de la pantalla puedas haberte estado identificando —la imagen de un humano, de un perro o incluso de una roca—, cuando traes tu atención de vuelta, desde la pantalla hasta el film y el proyector, te das cuenta de que todo es una sola proyección. Y todas las figuras que aparentaban estar separadas y estar vivas sobre la pantalla simplemente desaparecen en la luz cuando ya no se están proyectando. La igualdad/equivalencia de todas las formas proyectadas sobre el mundo se refleja en lo que señala Jesús: «¡Cuán sagrado es el más diminuto grano de arena, cuando se reconoce que forma parte de la imagen total del Hijo de Dios!» (T.28.IV.9.4).

Ahora bien, no hay duda de que hay límites en esta analogía, pero el punto es que las figuras sobre la pantalla del mundo en el que nos vemos a nosotros mismos no están tomando ninguna decisión —ni los humanos, ni los animales, ni las plantas, ni los minerales. Pensar que estamos aquí en la pantalla en vez de atrás en la mente, es simplemente un truco que nos estamos jugando a nosotros mismos para convencernos de que la separación es real. Pero la mente, cuando ya no quiere proyectar las sombras de la culpa sobre la pantalla del mundo, puede tirar hacia atrás de las proyecciones y retirarlas, permitiendo que la luz que ha estado siempre ahí en la mente, simplemente se extienda. Y eso es el regreso a la Unidad. Y puesto que las mentes están unidas, cuando tomamos esa decisión para nosotros mismos, la tomamos para la totalidad de la Filiación (T.14.III.9.3-5). Y el entendimiento es que ninguno de nosotros se fue jamás en realidad, así que nunca ha sido realmente necesario regresar.

Para más comentarios relacionados con la mente-cerebro, los animales y la elección, pueden verse las preguntas P-117 y P-211.

Link original en inglés: http://www.facimoutreach.org/qa/questions/questions51.htm#Q269

Índice de las P&R traducidas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/11/indice-de-traducciones-de-p-de.html

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