miércoles, 29 de junio de 2016

Facimoutreach P-598

¿Qué puedo hacer con respecto a la conducta sexual compulsiva?

P-598: Siento que tengo una adicción a la masturbación y, aunque a menudo le hablo de esto a Jesús, parece seguir siendo un problema. ¿Qué puedo hacer?

Respuesta: Es sólo nuestro ego el que quiere que creamos que tenemos un problema con lo que hacemos con nuestros cuerpos. Pero eso no es nunca el problema. Tal como Jesús nos anima reiteradas veces que hagamos, la única pregunta que deberíamos hacernos sobre cualquier cosa es: «¿Para qué es? ¿Qué propósito tiene?» (por ejemplo: T.4.V.6.6-11; T.17.VI.2.1-3; T.24.VII.6.1-3; L.96.6).

Todos tenemos también "adicciones" a respirar, a comer y a beber, y es nuestro ego el que quiere hacer que las diferencias entre nuestras diversas conductas sea importante. El sexo es en el sueño uno de los símbolos más potentes de la culpa, y mantiene con mucha eficacia a la mente preocupada por los "pecados" del cuerpo, para que la mente se mantenga en conflicto y nunca mire en el interior de sí misma donde está la subyacente falsa creencia en el pecado (el pecado de la separación). Cualquier cosa que parezca darnos placer, el ego nos dice que es simplemente una prueba más de que hemos robado de Dios lo que en realidad no nos merecemos. ¿Por qué crees que nuestro idioma empareja frecuentemente la palabra placer con adjetivos del estilo de secreto, culpable, robado y prohibido? ((En nuestro idioma, el español, también sucede esto, lo vemos incluso en los anuncios, por ejemplo decir de algo que "es tan bueno que tiene que ser pecado", siendo pecado otra palabra que podríamos añadir a esa breve lista de adjetivos que relacionan lo agradable con la culpa))

Ahora bien, si el comportamiento compulsivo —sexual o de otro tipo— está interfiriendo en tus relaciones o te dificulta cumplir con las responsabilidades básicas de tu vida, en ese caso puede interesarte mirar qué propósito le estás dando a esa conducta en particular —ser una justificación para reforzar tu creencia subyacente en tu ineptitud, tu falta de merecimiento y tu culpabilidad. Pero, una vez más, el problema no es la conducta en sí, sino el propósito que le estás dando en tu mente. Así que es ahí donde siempre te interesa empezar. Una vez que entres en contacto con el propósito y con el costo que este tiene para tu paz mental, puedes sentirte motivado para hacer cambios a nivel de la conducta, pero sin ningún sentimiento de culpa, miedo o coerción ((sin coacción; en otras palabras, sin necesidad de reprimir, sin la desagradable sensación de estar forzándonos a renunciar a algo; sin sentimiento de sacrificio)) —pues ese tipo de motivaciones ((miedo, culpa, sacrificio, etc.)) se basan siempre sólo en el ego. Jesús no quiere privarnos de ninguna de nuestras relaciones especiales ni de ninguno de nuestros pequeños placeres. Lo que él enseña por medio de Un Curso de Milagros es que él quiere que nos demos cuenta de que el único «placer real procede de hacer la Voluntad de Dios» (T.1.VII.1.4), y eso en este mundo significa practicar el perdón —perdonarnos a nosotros mismos y a los demás.

Link original en inglés: http://www.facimoutreach.org/qa/questions/questions106.htm#Q598

Índice de las P&R traducidas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/11/indice-de-traducciones-de-p-de.html

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