viernes, 13 de mayo de 2016

Facimoutreach P-63

Sobre la ira

P-63: En nuestro grupo de estudio estuvimos hablando sobre la ira, y una de las cosas que se comentó fue que cuando sintiéramos ira, procurásemos no expresarla exteriormente, y que en vez de eso hiciésemos como el Curso nos anima a hacer, o sea, estar "Por encima del campo de batalla" (T.23.IV), «Elévate, y desde un lugar más alto, contémplalo» (T.23.IV.5.1). Hacer eso, ciertamente suena mejor que maltratar abiertamente a otra persona al descargar nuestra ira sobre ella. Pero, ¿qué tal son las ideas de, por ejemplo, gritar bajo una almohada o golpear un saco de boxeo para descargar así nuestra ira? ¿Eso todavía se consideraría un ataque? ¿Qué pasa si mi ira es tan intensa que soy incapaz (o no estoy dispuesto) a "elevarme y contemplar esa situación desde un lugar más alto"?

Respuesta: Tu pregunta insinúa una confusión que afecta a muchos estudiantes en su trabajo con el Curso. El Curso, al igual que el Espíritu Santo, se ocupa únicamente del contenido (pensamiento) y no de la forma (comportamiento). Si estoy en conflicto y estoy sintiendo ira, ya no estoy en paz, tanto si expreso esa ira exteriormente como si no. La ira y el ataque están en la mente y es ahí donde es necesaria la corrección. Ser lo suficientemente disciplinado como para no expresar la ira exteriormente, o como para dirigirla hacia un objeto inanimado (como por ejemplo una almohada o un saco de boxeo) en vez de hacia una persona, es algo que tiene ciertas ventajas porque no pone en marcha una secuencia de ataque abierto seguido de la represalia y los respectivos contraataques a nivel de la conducta, lo cual probablemente reforzaría la culpa tanto en tu mente como en la mente de la persona con la que estás peleando/discutiendo/atacando. Pero el ataque —aunque no lo expreses exteriormente— está todavía vivito y coleando en tu mente, y el problema de la ira no quedará resuelto hasta que lo abordes en su fuente: en tu mente. Esto implicará que te des cuenta de que tus sentimientos de ira y tus pensamientos de ataque no tienen nada que ver con la otra persona a la que estás dirigiendo esos sentimientos porque parece que esa persona los ha provocado (o eso crees erróneamente).

"Elevarte, y desde un lugar más alto contemplar" tu ira, es recordar que eres una mente que puede elegir si mirar/contemplar el conflicto con tu ego o con el Espíritu Santo como tu maestro. Cuando "mires" con tu ego, todavía creerás que tus sentimientos de enfado están de alguna manera justificados, creerás que has sido tratado injustamente en algún nivel y que tu reacción es una respuesta razonable, incluso si decides no actuar exteriormente en base a ella (si decides no expresarla exteriormente). Si tu percepción sigue siendo esa, entonces no se ha producido la curación.

Pero cuando mires con el Espíritu Santo, entenderás que el problema no es la otra persona, sino más bien una decisión que tomaste antes en tu propia mente de verte como separado del amor. Esa decisión, como siempre, produce culpa, la cual encuentras insoportable. Así que la culpa tiene que ser proyectada fuera de ti, sobre alguien a quien quieras ver como que te trata injustamente, alguien a quien poder echar la culpa y dejarla allí. Así que los sentimientos de conflicto que vienen de tu propia decisión en tu mente de separarte del amor, parecen entonces estar causados por lo que esta otra persona te ha "hecho" a ti. Y sin embargo, si tú no hubieras elegido la culpa inicialmente, las palabras y acciones de esa persona no tendrían absolutamente ningún efecto sobre ti. El hecho que las personas a las que culpas parecen hacer, te habla únicamente de ti, de tu decisión inicial de volverte hacia tu ego y apartarte del amor. Una vez que has aceptado darte cuenta de esto junto con la corrección ofrecida por el Espíritu Santo —que no estás separado del amor y nunca lo has estado— la culpa se desvanece, así como la ira y el conflicto que eran su efecto, y entonces ya no necesitas ver a otra persona como tu oponente ni como merecedora de tu ataque (¡en defensa propia, por supuesto!).

Por cierto, aunque el Curso dice que «la ira nunca está justificada» (T.30.VI.1.1) —y por qué es eso cierto debería ser obvio después de lo que acabamos de comentar—, el Curso jamás dice que no deberíamos enfadarnos. De hecho, gran parte del Curso se dedica a decirnos qué es lo que ocurre cuando nos enfadamos y cómo puede corregirse eso, y es así porque Jesús entiende que nosotros seguiremos enfadándonos y necesitaremos la corrección que él nos ofrece. Y puede que a veces seamos capaces de refrenar nuestra ira hasta el punto de conseguir no expresarla exteriormente, mientras que otras veces puede que nos sintamos compelidos a expresarla exteriormente, pero el problema —la culpa en nuestra mente— y la solución —darnos cuenta de la decisión que hemos tomado asignándole un propósito a todo eso— siguen siendo el mismo problema y la misma solución de siempre. En vez de negar nuestra ira, Jesús quiere que la miremos con él para que podamos reconocer su verdadera fuente (de dónde viene realmente, de la mente), en vez de intentar justificarla basándonos en nuestras percepciones erróneas de nuestra propia victimización. Nuestras justificaciones, sencillamente, nunca son válidas.

Link original en inglés: http://www.facimoutreach.org/qa/questions/questions14.htm#Q63

Índice de las P&R traducidas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/11/indice-de-traducciones-de-p-de.html

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