lunes, 25 de julio de 2016

Facimoutreach P-852

Si Jesús renunció a su ego, ¿por qué no lo hicimos todos?

P-852: En referencia a que «La redención es una» (L.295.1.4), me pregunto cómo Jesús o cualquier "individuo" puede estar fuera del sueño mientras el resto de nosotros estamos dentro del sueño. Parece que el éxito de Jesús en renunciar a su "ego" se debería haber logrado para todos nosotros. Pero nosotros seguimos aquí en el sueño.

Respuesta: Sí, "nosotros seguimos aquí en el sueño" mientras elijamos seguir dormidos. Mientras tanto, la verdad es que todos estamos despiertos con Jesús, quien representa la parte de la mente que está "fuera del sueño". La diferencia para él, es que él se identifica únicamente con esa parte de la mente, mientras que los que duermen se identifican con el ego. Además, no hay un "individuo" que se despierta, porque despertar significa aceptar la unidad del Hijo de Dios. Es una decisión en favor de la verdad de la unidad, en vez en favor de la separación del ego. Ni tampoco hay nadie "dentro del sueño" en realidad. Por ejemplo, aunque puedes soñar que recorres las colinas de la Toscana (Italia) durante un sueño nocturno, cuando te despiertas sabes que no estuviste en la Toscana en absoluto. El problema no es que soñamos, sino que nos identificamos con el personaje del sueño y con todos los acontecimientos del sueño. Esto es una elección deliberada, cuyo objetivo es estar separado y ser especial, lo que refleja la decisión de la mente de decir "no" a la Identidad que Dios le dio a Su Hijo.

En realidad no hay distinción entre Jesús y "el resto de nosotros". La unidad es unidad y ahí moramos todos. Lo que nos impide tomar conciencia de esto es la decisión de creer que la separación ofrece «algo que sea más que lo que lo es todo, como si una parte de ese todo estuviese separada y se encontrase donde el resto no está» (T.29.VII.2.3). El "algo" es el especialismo. Eso es lo que es elegido, apreciado y preferido más que la redención, y lo que nos distingue de Jesús. No es que él renunciara de hecho al ego. Más bien, él es el nombre que le damos a la parte de la mente de la Filiación que desde el principio nunca se tragó la idea de la separación: «El hombre [Jesús] era una ilusión, pues parecía ser un ser separado que caminaba por su cuenta, dentro de un cuerpo que aparentemente mantenía a su ser separado del Ser, como hacen todas las ilusiones. (...) vio lo falso y no lo aceptó como verdad» (C.5.2.3,5). Cuando la «diminuta y alocada idea» (T.27.VIII.6.2) pareció suceder, parte de la mente sabía desde el comienzo que era imposible. Esta parte de la mente no fue anulada por el sueño de la separación. Por eso Jesús nos dice: «Cuando dije: "Estoy siempre con vosotros", lo dije en un sentido muy literal. Jamás me aparto de nadie en ninguna situación» (T.7.III.1.7-8). Por lo tanto, volviendo al ejemplo del sueño nocturno en la Toscana, tú llevas dentro del sueño un sentido (recuerdo) de lo que eres. No sueñas que eres Napoleón vagando por las colinas, ni abandonas tu cama para hacer tal viaje. En realidad no sucede nada, aunque durante el sueño parece muy real: «Reconoces por experiencia propia que lo que ves en sueños lo consideras real mientras duermes. Mas en el instante en que te despiertas te das cuenta de que todo lo que parecía ocurrir en el sueño en realidad no había ocurrido. Esto no te parece extraño, si bien todas las leyes de aquello a lo que despiertas fueron violadas mientras dormías» (T.10.I.2.3-5). Nuestra analogía termina con la significativa distinción de que el sueño de separación es el resultado de una decisión en la mente, y de la proyección de la culpa por esa decisión. Para defender su decisión por la separación, la mente niega su propio poder, al fabricar un cuerpo en el que agentes externos parecen ser la causa de todo lo que ocurre desde el nacimiento hasta la muerte. El guión del sueño, por lo tanto, empieza con el llanto: "No sé cómo llegué aquí, ¡pero no es mi culpa que esté aquí!". El mensaje de Jesús desde fuera del sueño es decirnos, primero de todo, que no estamos realmente aquí, y en segundo lugar que es nuestra decisión creer que aquí estamos. Es la resistencia a escuchar y aceptar su mensaje lo que nos lleva a divagaciones de distracción, como por ejemplo la "injusticia" de la envidiable posición de Jesús como el primero en salir del sueño, dejándonos atrás. Probablemente él es consciente de la "leve irritación" que sentimos hacia él por esto, así que nos dice: «No hay nada con respecto a mí que tú no puedas alcanzar. No tengo nada que no proceda de Dios. La diferencia entre nosotros por ahora es que yo no tengo nada más» (T.1.II.3.10-12). Nuestro objetivo, por lo tanto, es unirnos con Jesús en nuestra unidad al deshacer nuestra creencia de que tenemos lo que no procede de Dios, es decir, separación/especialismo. Su amoroso mensaje en Un Curso de Milagros de que la mente que eligió la separación puede elegir de manera diferente es toda la ayuda que necesitamos para ir más allá del sueño hasta la verdad de nuestro despertar. Jesús silencia todo miedo de que nos hayamos quedado fuera de su redención: «Mi mente será siempre como la tuya porque fuimos creados iguales. Fue sólo la decisión que tomé lo que me dio plena potestad tanto en el Cielo como en la tierra. El único regalo que te puedo hacer es ayudarte a tomar la misma decisión» (T.5.II.9.1-3).

Link original en inglés: http://www.facimoutreach.org/qa/questions/questions166.htm#Q852

Índice de las P&R traducidas: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2015/11/indice-de-traducciones-de-p-de.html

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